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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Bucolicum carmen del futuro

Queridos lectores,

Hace ya unos cuantos días Altair me hizo llegar este relato sobre cómo ve el futuro en una pequeña población rural, reminiscente de cómo ha sido nuestro pasado y un apagado eco de esa carta desde el futuro que nos escribió Richard Heinberg hace años, aunque bastante más amable. Un relato sencillo y agradable de leer, una visión simple y sin dramatismos de la vida más allá del colapso. Una manera de ver las cosas de un joven de hoy en día que quizá sea capaz de ver mejor que los que nos encontramos en la segunda edad hacia dónde vamos.

Salu2,
AMT

 

Un día cualquiera, en un pueblo cualquiera, a 40 años vista.


Esta es mi visión de un futuro austero, conectado con la naturaleza y realmente democrático. Ya saben, es posible en lo técnico, y en lo social. Solo haría falta ponerse a ello.



20 de Octubre de 2062:
Humm...Debería continuar escribiendo mis memorias. Bueno, pues a ello voy, que ya tengo 54 años y la esperanza de vida llega a los 70, así que no debo dormirme en los laureles dejando de escribir.
Hoy, 20 de Octubre de 2062, me levanté a las 10 de mi hamaca. Ya lo decían que este tipo de cama serán más saludables y confortables que las de látex o las de muelle. Y son una alternativa barata a las horribles camas de paja. Tan buenas son que me perdí la Asamblea Semanal.
Bueno, pero suerte que el próximo domingo vuelve a haberla después de misa. Curiosamente, la religión se ha recuperado desde la Transición, pero el cristianismo ya no es lo que era. Ahora tiene muchísimos elementos más bien budistas y gaianistas que antes. Pero vayamos al grano: después de levantarme pasteuricé algo de la leche de mis cabras y las mojé con tortas de castaña y bellota, que ya empieza a ser la época. Después de desayunar fui caminando hacia mis campos, casi todos ellos de lino o algodón, ya que desde que impusieron el mínimo de superficie de bosques comestibles comunitarios, la comida, al no tener que trabajar casi para conseguirla, es prácticamente gratis, al menos la vegetal. Las proteínas si que las tienes que ganar con el sudor de tu frente, aunque tampoco es tanto trabajo.
Hoy vino Miguel, un Nexo de la Indústria Eólica y Hidráulica de Tejidos (IEHT), que produce todos los tejidos y en todas las variedades necesarias, pero no todas las deseadas. Es una empresa de administración pública, pero los beneficios y la administración las hace cada Asamblea de trabajo, compuesta por los Nexos, trabajadores administrativos que velan por el cumplimiento de ciertos mínimos impuestos por el Estado y la relación de cada eslabón de la producción de la empresa, por los trabajadores y por los Técnicos.
Bien, pues Miguel es uno de esos Nexos y su centro de trabajo es la fábrica que funciona con energía eólica directa, sin intermediación de la electricidad, pero con inconvenientes como la intermitencia. Él supervisa la producción de algodón y lino de la zona, su conversión en hilo y posteriormente la producción de tejido. Hoy vino a hablarme de que debería aumentar la producción. Que la poca biodiversidad de mi plantación es intolerable y más patrañas. Yo creo que lo hace por tocar las narices, porque con mi cobertura de trébol blanco en el suelo, mi simbiosis algodón-algarrobas-hierbas del bosque (algo incómoda para cosechar, eso sí) y el compost que le añado puedo mantenerlo todo.
Después de la visita de ese pesado, y de haber hecho los pocos trabajos necesarios en una plantación en la que sigo a Fukuoka y su doctrina de no-hacer, fui a la plaza del pueblo. Allí la gente se concentraba cada día por la tarde, ya que las jornadas, por decreto, eran todas de 4 horas si no era extremadamente necesario, o simplemente tu trabajo se veía condicionado por la naturaleza. Otra vez, la fábrica de Miguel sería un ejemplo. Si había viento, una campana llamaba a los trabajadores, si no, pues tenían fiesta. Eso sí, respetando una franja horaria razonable de 8 horas, por lo que no les podían llamar a las 12 de la noche, por ejemplo.
Al llegar las 5, fui a casa a merendar. Cogí algo de miel de mis abejas en mi plantación y la unté con las fresas que fui a recoger a uno de los más de 300 bosques, cada uno de no menos de 2 hectáreas, que hay repartidos por el término municipal. Hablando de bosques, recuerdo que alla por los años 20’ costó mucho su aceptación y implantación, pero que, después de esa implantación por fases, todo el mundo estaba encantado con ellos. ¡Y encima fuimos uno de los primeros pueblos en implantar el sistema Free-Food! Además, como la natalidad se mantiene, al igual que la población, hoy por hoy de 25 millones de habitantes en España, siempre habrá comida gratis. Aún habiendo incendios, ya que hay caminos-cortafuegos que impiden su avance.
Después de merendar, fui a la biblioteca, donde en la sala de abajo estaban hablando de algo llamado Internet y de como la gente en aquella época, cuando yo aún era un niño, hacían blogs hablando sobre la futura Transición o el colapso. La verdad, ahora eso ya no importa, son batallitas de viejos. Colapsaron los que colapsaron, como EE.UU., África o China por su falta de gobierno, o su adoración enfermiza al capital y transicionaron Europa, Rusia y Sudamérica, por su pasado, por sus (algunos) buenos gobiernos y por su aún viva memoria histórica de épocas más difíciles.
Cogí un libro para leer en casa y volví. Mi pareja y los niños deberían estar al llegar de su viaje a la ciudad. Lo peor de esta época y lo más crispante es que puedes recorrer de ciudad en ciudad todo el país en menos de un día, en tren, pero necesitas dos para llegar desde la ciudad a tu pueblo. Suerte que los caminos son seguros y que España hizo lo que debía hacer para evitar la inseguridad y el MadMax: copiar a Europa y seguirla en su camino hacia otra sociedad.
A las ocho llegaron. Todos contaban inquietos lo grande que era Barcelona, y lo bonito de los campos que había a su alrededor por Badalona, Sant Adrià o Hospitalet. Les preparé la cena, cosa muy fácil en esta época, la más frugívora desde el Paleolítico, y nos fuimos a dormir. Apagamos el quinqué, nos metimos en las hamacas, nos tapamos con las mantas hechas por la IEHT y a dormir.