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viernes, 28 de febrero de 2014

Remontando la tercera ola



Queridos lectores,

Javier Pérez nos deleita esta semana con una breve pieza sobre Alvin Toffler, quien por contraste con la mayoría de los que suelen hacer previsiones y errarles tuvo un elevado grado de acierto. Que lo disfruten.


Salu2,
AMT


El atractivo de las previsiones caducadas


Suelo decir, más en serio que en broma, que la revistas de humor existen porque la gente aún no ha descubierto las revistas económicas caducadas. No hay nada más divertido, y más sonrojante, que leer la prensa económica un par de años después de su publicación: no aciertan lo que sucedió al final, no aciertan las razones por las que sucedió y no aciertan tampoco qué es lo relevante ni  qué información del momento, del suyo, era simple ruido desechable.
¿Y lo más gracioso de todo? Que las mismas personas, sin cambiar siquiera de seudónimo, siguen firmando previsiones, mes tras mes, año tras año, sin memoria alguna, sin arrepentimiento de sus errores y sin reconocer de una maldita vez que no tienen idea de lo que hablan. Cualquier otro profesional con su mismo porcentaje de aciertos sería ahorcado al amanecer, pero los economistas no. Los economistas fallan un año tras otro, ¡y aquí no pasa nada!
Precisamente por eso, y al hilo también de la valentía que ha demostrado AMT en sus previsiones para este año, quiero hoy romper una lanza por los que hacen previsiones y de alguna manera aciertan. Y si no aciertan los datos, o el punto en que caerá el dardo, aciertan al menos la dirección del vector que lo mueve. ¡Y eso es mucho!
Me refiero, para concretar a Alvin Toffler y su libro la Tercera Ola, que fue muy famoso a principios de los ochenta y que hoy, treinta y cinco años después de que fuese escrito, podemos ver aún como razonable y acercarnos a sus ideas sin la sospecha de que alguien, por razones que desconocemos, nos esté vendiendo alguna moto.

 

Para Alvin Toffler, la Humanidad había sufrido dos tremendas olas que habían devastado las sociedades anteriores. Al principio, todos éramos cazadores recolectores, pero llegó la gran ola de la agricultura y así se generaron culturas, instituciones, jerarquías, religiones y todo un conjunto de estructuras humanas que determinaron nuestra vida y cultura durante diez milenios. A mediados del siglo XVIII, más o menos, llegó una nueva ola: la revolución industrial, y todas las características de la sociedad agraria se tambalearon, dando lugar a nuevas instituciones, nuevas relaciones y hasta nuevas formas y estructuras de familia. Todo cambió radicalmente y buena parte de las grandes guerras de los periodos sucesivos lo fueron entre los defensores de la estructura agraria que se oponían a los abanderados de la nueva ola industrial (guerra de Secesión Americana, revolución rusa, etc…)
Nosotros asistimos a una tercera ola, con la sociedad de la información. De hecho, gran parte de lo que se ha inventado en los últimos años tiene que que ver con la nueva ola de la información. 

 

¿A que suena bien? Pues suena aún mejor si tenemos en cuenta que este tipo lo escribió en 1978, antes de que los ordenadores fuesen algo más que artefactos monstruosos, antes de internet, los teléfonos móviles y el mundo globalizado. Por eso mismo, hay que escuchar a este tipo. ¿No creéis?


Pues esto decía sobre el problema energético:
“El prerrequisito de cualquier civilización, vieja o nueva, es la energía. Las sociedades de la primera ola obtenían su energía de “baterías vivientes” —potencia muscular animal y humana— o del sol, el viento y el agua. Los bosques eran talados para tener leña con que preparar la comida y calentarse.
Ruedas accionadas por corrientes de agua o por la fuerza de las mareas hacían girar piedras de molino. Los molinos de viento rechinaban en los campos. Los animales arrastraban el arado.
Se ha calculado que en la época de la Revolución francesa, Europa obtenía energía de unos 14 millones de caballos y 24 millones de bueyes. Todas las sociedades de la primera ola explotaban, pues, fuentes renovables de energía. La Naturaleza podía reponer los bosques que se talaban, el viento que hinchaba las velas de los barcos y los molinos, y los ríos que hacían girar sus ruedas de paletas. Incluso los animales y las personas eran fuentes energéticas renovables.
Más tarde y en contraste con ello, todas las sociedades de la segunda ola empezaron a obtener su energía del carbón, el gas y el petróleo. Es decir: de combustibles fósiles irreemplazables.
Este revolucionario cambio, acaecido tras la invención por Newcomen de una máquina de vapor susceptible de explotación en 1712, significaba que, por primera vez, una civilización estaba consumiendo el capital de la Naturaleza, en vez de limitarse a vivir del interés que producía. Y cuando se emplea el capital y no sólo su rendimiento, hay que prever que antes o después se acabará, y que sus intereses menguaran de manera irrevocable.
Este bucear en las reservas energéticas de la Tierra proporcionó una oculta ayuda a la civilización industrial, acelerando en gran medida su desarrollo económico. Y desde entonces hasta nuestros días, por dondequiera que pasó la segunda ola, las naciones edificaron elevadas estructuras tecnológicas y económicas, basadas en la presunción de que nunca dejarían de poder obtenerse combustibles fósiles baratos.
Tanto en las sociedades industriales capitalistas como en las comunistas, en Oriente como en Occidente, se ha operado este mismo cambio, de la energía dispersa a la concentrada, de la renovable a la no renovable, de muchas fuentes y combustibles diferentes, a unos pocos. Los combustibles fósiles formaron la base energética de todas las sociedades de la segunda ola.”
A partir de aquí, y partiendo de la premisa de que al emplear el capital de la naturaleza consumimos algo que se acaba, Alvin Toffler trata de ser optimista y ofrecer soluciones.
No dejéis de leer el libro si podéis pero, me temo que sus soluciones ni las hemos visto aún ni se las espera. Y esto, como siempre, es lo que más joroba de los científicos: que sepan identificar la enfermedad pero no encuentren la vacuna. Para eso, dirían en mi pueblo, ¡buena gana!
O quizás necesitemos más gente así. Cada cual, que juzgue. Pude haber salida o puede que estemos ante esto otro…


Javier Pérez (www.javier-perez.es)




miércoles, 5 de diciembre de 2012

Bucolicum carmen del futuro

Queridos lectores,

Hace ya unos cuantos días Altair me hizo llegar este relato sobre cómo ve el futuro en una pequeña población rural, reminiscente de cómo ha sido nuestro pasado y un apagado eco de esa carta desde el futuro que nos escribió Richard Heinberg hace años, aunque bastante más amable. Un relato sencillo y agradable de leer, una visión simple y sin dramatismos de la vida más allá del colapso. Una manera de ver las cosas de un joven de hoy en día que quizá sea capaz de ver mejor que los que nos encontramos en la segunda edad hacia dónde vamos.

Salu2,
AMT

 

Un día cualquiera, en un pueblo cualquiera, a 40 años vista.


Esta es mi visión de un futuro austero, conectado con la naturaleza y realmente democrático. Ya saben, es posible en lo técnico, y en lo social. Solo haría falta ponerse a ello.



20 de Octubre de 2062:
Humm...Debería continuar escribiendo mis memorias. Bueno, pues a ello voy, que ya tengo 54 años y la esperanza de vida llega a los 70, así que no debo dormirme en los laureles dejando de escribir.
Hoy, 20 de Octubre de 2062, me levanté a las 10 de mi hamaca. Ya lo decían que este tipo de cama serán más saludables y confortables que las de látex o las de muelle. Y son una alternativa barata a las horribles camas de paja. Tan buenas son que me perdí la Asamblea Semanal.
Bueno, pero suerte que el próximo domingo vuelve a haberla después de misa. Curiosamente, la religión se ha recuperado desde la Transición, pero el cristianismo ya no es lo que era. Ahora tiene muchísimos elementos más bien budistas y gaianistas que antes. Pero vayamos al grano: después de levantarme pasteuricé algo de la leche de mis cabras y las mojé con tortas de castaña y bellota, que ya empieza a ser la época. Después de desayunar fui caminando hacia mis campos, casi todos ellos de lino o algodón, ya que desde que impusieron el mínimo de superficie de bosques comestibles comunitarios, la comida, al no tener que trabajar casi para conseguirla, es prácticamente gratis, al menos la vegetal. Las proteínas si que las tienes que ganar con el sudor de tu frente, aunque tampoco es tanto trabajo.
Hoy vino Miguel, un Nexo de la Indústria Eólica y Hidráulica de Tejidos (IEHT), que produce todos los tejidos y en todas las variedades necesarias, pero no todas las deseadas. Es una empresa de administración pública, pero los beneficios y la administración las hace cada Asamblea de trabajo, compuesta por los Nexos, trabajadores administrativos que velan por el cumplimiento de ciertos mínimos impuestos por el Estado y la relación de cada eslabón de la producción de la empresa, por los trabajadores y por los Técnicos.
Bien, pues Miguel es uno de esos Nexos y su centro de trabajo es la fábrica que funciona con energía eólica directa, sin intermediación de la electricidad, pero con inconvenientes como la intermitencia. Él supervisa la producción de algodón y lino de la zona, su conversión en hilo y posteriormente la producción de tejido. Hoy vino a hablarme de que debería aumentar la producción. Que la poca biodiversidad de mi plantación es intolerable y más patrañas. Yo creo que lo hace por tocar las narices, porque con mi cobertura de trébol blanco en el suelo, mi simbiosis algodón-algarrobas-hierbas del bosque (algo incómoda para cosechar, eso sí) y el compost que le añado puedo mantenerlo todo.
Después de la visita de ese pesado, y de haber hecho los pocos trabajos necesarios en una plantación en la que sigo a Fukuoka y su doctrina de no-hacer, fui a la plaza del pueblo. Allí la gente se concentraba cada día por la tarde, ya que las jornadas, por decreto, eran todas de 4 horas si no era extremadamente necesario, o simplemente tu trabajo se veía condicionado por la naturaleza. Otra vez, la fábrica de Miguel sería un ejemplo. Si había viento, una campana llamaba a los trabajadores, si no, pues tenían fiesta. Eso sí, respetando una franja horaria razonable de 8 horas, por lo que no les podían llamar a las 12 de la noche, por ejemplo.
Al llegar las 5, fui a casa a merendar. Cogí algo de miel de mis abejas en mi plantación y la unté con las fresas que fui a recoger a uno de los más de 300 bosques, cada uno de no menos de 2 hectáreas, que hay repartidos por el término municipal. Hablando de bosques, recuerdo que alla por los años 20’ costó mucho su aceptación y implantación, pero que, después de esa implantación por fases, todo el mundo estaba encantado con ellos. ¡Y encima fuimos uno de los primeros pueblos en implantar el sistema Free-Food! Además, como la natalidad se mantiene, al igual que la población, hoy por hoy de 25 millones de habitantes en España, siempre habrá comida gratis. Aún habiendo incendios, ya que hay caminos-cortafuegos que impiden su avance.
Después de merendar, fui a la biblioteca, donde en la sala de abajo estaban hablando de algo llamado Internet y de como la gente en aquella época, cuando yo aún era un niño, hacían blogs hablando sobre la futura Transición o el colapso. La verdad, ahora eso ya no importa, son batallitas de viejos. Colapsaron los que colapsaron, como EE.UU., África o China por su falta de gobierno, o su adoración enfermiza al capital y transicionaron Europa, Rusia y Sudamérica, por su pasado, por sus (algunos) buenos gobiernos y por su aún viva memoria histórica de épocas más difíciles.
Cogí un libro para leer en casa y volví. Mi pareja y los niños deberían estar al llegar de su viaje a la ciudad. Lo peor de esta época y lo más crispante es que puedes recorrer de ciudad en ciudad todo el país en menos de un día, en tren, pero necesitas dos para llegar desde la ciudad a tu pueblo. Suerte que los caminos son seguros y que España hizo lo que debía hacer para evitar la inseguridad y el MadMax: copiar a Europa y seguirla en su camino hacia otra sociedad.
A las ocho llegaron. Todos contaban inquietos lo grande que era Barcelona, y lo bonito de los campos que había a su alrededor por Badalona, Sant Adrià o Hospitalet. Les preparé la cena, cosa muy fácil en esta época, la más frugívora desde el Paleolítico, y nos fuimos a dormir. Apagamos el quinqué, nos metimos en las hamacas, nos tapamos con las mantas hechas por la IEHT y a dormir.








 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

World Energy Outlook 2012: Haciendo de la necesidad virtud




Queridos lectores,

El pasado lunes 13 de Noviembre la Agencia Internacional de la Energía (AIE, en lo que sigue) sacó la edición de este ejercicio de su informe anual sobre el estado de la energía mundial, el World Energy Outlook (WEO, para abreviar). Este informe (690 páginas, 70 euros si es para fines de investigación) es esperado con gran expectación, ya que los mejores economistas de la AIE nos muestran en él sus modelos de previsión de demanda futura, y es la base de las recomendaciones que en materia de política energética la AIE hace a los gobiernos y con las que se toman muchas decisiones de futuro.


El informe fue recibido con la fanfarria mediática habitual, entre la que cabe destacar una afirmación hecha por el propio economista jefe, Fatih Birol, durante su presentación a la prensa: los EE.UU. se convertirán en el primer productor de petróleo del mundo hacia 2020, pasando por delante de Arabia Saudita hasta mitades de la década de los 20, y hacia 2030 el país será autosuficiente energéticamente y podrá comenzar a exportar. Diversos lectores me han contactado por e-mail y dejado comentarios en el blog, preguntándome si quizá el milagro que esperábamos ha llegado por fin y que el mundo no se dirige hacia un caos económico-energético. Vaya, que al final se han cumplido los deseos de Jaume Barberà (y los míos propios) expresados al acabar la entrevista de la semana pasada.


Después de unos años de seguir los informes de la AIE uno se ha acostumbrado a ese sentimiento agridulce que dejan, a escarbar detrás de las afirmaciones de corte triunfalista y mirar lo que dicen los datos en realidad, y ver que aún hay noticias positivas pero que los datos también muestran tendencias bastante negativas que no permiten mirar el futuro con confiado optimismo. Este año, sin embargo, el sentimiento es más amargo que el de otros años. Porque las noticias reales, las que nos muestran los datos de la AIE, no pueden ser en realidad peores. La única noticia de corte netamente positivo viene de las expectativas de crecimiento de producción en Iraq, las cuales pueden ser largamente matizadas como comentamos en un post reciente.

Como ya suele ser habitual, el informe está estructurado en diversos escenarios de futuro. La propia AIE se encarga como siempre de aclarar que son escenarios, no previsiones sino más bien tendencias en función de decisiones políticas y otros desarrollos. El escenario central o más probable es el de la implementación de Nuevas Políticas (implementación de políticas proactivas por parte de los gobiernos para mejorar la eficiencia y disminuir el gasto energético), y será el que tomaremos como referencia en esta discusión. Los otros dos escenarios que ya estaban presentes en el WEO 2011 son el de Políticas Actuales (básicamente, un Business as Usual, continuación de las tendencias pre-2010, aunque el curso real de los acontecimientos hacen este escenario cada vez más desfasado) y el de objetivo 450 ppm, llamado así porque lo que se perseguiría en él es estabilizar el contenido de gases de efecto invernadero en la atmósfera en la frontera simbólica de las 450 partes por millón equivalente a CO2. A estos tres escenarios, los mismo del WEO 2011, la AIE añade esta vez un cuarto escenario, Mundo Eficiente, en el que las medidas de eficiencia se adoptan de una manera radical. Este cuarto escenario pretende valorar los efectos económicos de apostar por un mundo mucho más eficiente en su uso de la energía que el actual, con unas dosis de optimismo bastante importante, sobre todo por lo que respecta a sus implicaciones económicas (ya sabemos que el derroche es la base de nuestro sistema económico). Como de costumbre, los escenarios se construyen en base a unas hipótesis de crecimiento económico para todo el globo de un pasmoso 3,5% anual en términos reales, aunque "sólo" de un 2,1% anual para el conjunto de la OCDE y del 1,7% anual para la Unión Europea (página 37). Significativamente, la AIE preve que el precio medio del barril de petróleo (en dólares constantes, es decir, descontada la inflación) se mantenga relativamente elevado, en valores que como sabemos son incompatibles con la recuperación económica según sus propios parámetros (ya hemos comentado alguna vez que la AIE acepta como bueno el límite de James Hamilton, que en dólares de hoy representa unos 90$ por barril). Fíjense en el contraste entre la evolución que la AIE preve para los precios este año y la que preveía el año pasado.





Previsiones de la evolución del precio medio del barril de petróleo según el WEO 2012
Previsiones de evolución del precio medio del barril de petróleo según el WEO 2011

Es de destacar que en sólo un año se ha conseguido superar el precio medio del barril récord del año 2008 (la serie representa medias anuales con ventana móvil). Si se fijan (cuidado: la escala vertical de una y otra figura no coinciden), verán que el año pasado, milagrosamente, el escenario 450 hacía posible mantener los precios en el límite de la sostenbilidad económica. Este año, ningún escenario consigue mantenerse en tal nivel debido a la fuerte subida de precios del petróleo (por ser justos, la curva del año pasado debería ser corregida por la inflación de este año para poderlas comparar, ya que los precios del año pasado eran en dólares de 2010 y los de éste en dólares de 2011; en todo caso, la diferencia observada es mucho mayor que el diferencial de inflación). Hay, por tanto, una contradicción implícita en los datos de la AIE, pues los precios en todos los escenarios implican recesión económica forzosa según los propios criterios de la AIE.

Analicemos seguidamente con detalle los cuatro capítulos que son, a mi entender, cruciales en el WEO 2012: el resurgir energético de los EE.UU. que hizo los titulares de la prensa generalista, las buenas perspectivas para la producción de petróleo en Irak, la cruzada por la eficiencia energética y el problema del uso del agua en la generación de energía.

Comencemos por la afirmación de que los EE.UU. serán la nueva Arabia Saudita del petróleo. Realmente es una afirmación un tanto chocante, sabiendo como sabemos cómo ha ido evolucionando el panorama energético en el mundo y en ese país durante los últimos años. Bien es cierto que desde hace unos tres años se está publicitando mucho que en los EE.UU. se ha producido una revolución energética gracias a la introducción de nuevas técnicas de explotación de formaciones de rocas compactas y de esquistos bituminosos (lutitas). Cabe decir que ni las técnicas de explotación ni los recursos que ahora se explotan son realmente nuevos; lo que es nuevo es que salga a cuenta económicamente explotarlos y de esa manera, debido a los altos precios del petróleo. Hace tres años a tal despliegue extractivo se le denominó "la fiebre del gas", ya que en aquel entonces las perspectivas maravillosas eran para el gas natural. La realidad ha mostrado que tales perspectivas para el gas natural eran desmesuradas (como ya comentamos aquí hace dos años) y como consecuencia la rentabilidad de las explotaciones de gas no convencional ha caído en picado (y eso sin hablar de los problemas ambientales que crea la técnica de extracción usada, conocida como fractura hidráulica o hydraulic fracking, o fracking para abreviar). Sin embargo, las cantidades residuales de petróleo o sustancias similares que salen con el gas han permitido que algunas explotaciones tengan cierta rentabilidad precisamente porque el precio del oro negro está por las nubes; mutatis mutandis, el foco de esas explotaciones se ha puesto ahora en la extracción de petróleo y se habla de las maravillosas perspectivas de explotación de los campos de petróleo no convencional en los EE.UU., gracias a sus formaciones de pizarras bituminosas y roca compacta. Pero, ¿es esta tan cacareada revolución del gas y petróleo no convencional lo que está llevando a EE.UU. a ser la nueva Arabia Saudita? La cuestión ya ha sido analizada en profundidad y descartada en otros foros con anterioridad, pero merece ahora la pena detenerse a ver qué dice en realidad el WEO 2012.


La expresión literal del WEO 2012 con respecto a los EE.UU. es que los Estados Unidos superarán a Arabia Saudita y se convertirán en el primer productor de petróleo del mundo hacia el año 2020, y que hacia el año 2035 los EE.UU. serán, de manera neta, autosuficientes energéticamente. Todo lo cual, a la vista de los datos del informe, es cierto, pero para nada representa buenas noticias. Fijense en la siguiente figura, extraída de la presentación a la prensa (documento público).




Fíjense que el informe acumula producción de petróleo y de gas (expresados en términos de energía equivalente a la de igual cantidad de petróleo) en un intento de mostrar que en realidad los EE.UU. son, de manera neta, autosuficientes energéticamente. El problema es que gas y petróleo no son perfectamente fungibles (intercambiables) y es dudoso que en un plazo de tiempo relativamente breve como es éste se produzca una rápida sustitución de máquinas que trabajan con derivados del petróleo para que lo hagan con derivados del gas natural. Tampoco se pretende eso: lo que se pretende demostrar es que, de manera neta, los EE.UU. serían energéticamente autosuficientes. Es decir, la energía de una forma que les sobrará en 2035 y que por tanto exportará (gas) equivaldrá a la energía que necesitará importar entonces (petróleo). Tal afirmación ya es de por sí un tanto escurridiza, porque esconde el hecho de que el precio por unidad de energía de petróleo y gas es muy diferente, fruto de la mayor versatilidad (y por tanto, mayor valor añadido) del primero respecto al segundo. Piénsese que un barril de petróleo, hoy en día, no baja de 100 dólares y equivale a una energía de 5,8 MBTU (milion of British thermal units, millones de unidades térmicas británicas), es decir, cada MBTU de petróleo se valora a unos 17,25 dólares como mínimo. Por contraste, los precios del gas natural en Europa rondan los 7 dólares por MBTU (en EE.UU. no llegan a 4 dólares por MBTU). Por tanto, a igual cantidad de energía los EE.UU. tendrían que pagar, a precios de hoy, más del doble por el petróleo que importarían en relación al gas que exportarían (y eso sin contar con los costes añadidos de hacer plantas suficientemente capaces de licuefacción y regasificación para el transporte del gas en buques metaneros).




Dentro del WEO podemos encontrar una gráfica más detallada de la producción específicamente de petróleo:





Si uno se fija en la evolución de la producción de petróleo que muestra la gráfica arriba, se ve que hacia el año 2020 ésta toca su máximo en unos 11 Mb/d. De acuerdo con la AIE, en esa fecha EE.UU. será el primer productor de petróleo del mundo. Pero tanto Arabia Saudita (primer productor hoy en día) como Rusia (segundo productor) han rebasado en el pasado los 10,4 Mb/d y en la actualidad rondan en algunos momentos esas cifras. Por tanto, que los EE.UU. lleguen a ser el primer productor con 11 Mb/d implica que tanto Rusia como Arabia Saudita estarán produciendo como mucho lo mismo que ahora. Es decir, esos dos países, los principales productores de petróleo hoy en día, habrán probablemente sobrepasado su Peak Oil en 2020 y su producción estará ya en declive (con el grave impacto que eso tendrá sobre las exportaciones). En suma, lo que se pretende presentar como una buena noticia en realidad es una noticia pésima. Algunos lectores me argumentarán quizá que en realidad Arabia Saudita estará, como siempre, reservando parte de su producción y que en realidad se puede mantener en esa meseta productiva por un tiempo todavía indefinidamente largo. La cuestión de Arabia Saudita ya fue discutida in extenso, y con respecto a la política de cuotas en la OPEP haré un post en fechas próximas en el que mostraré que en realidad la OPEP no tiene ya capacidad de regular la producción de petróleo a su antojo. Por lo demás, cabe destacar que el innegable declive productivo del petróleo convencional (franja azul oscuro más inferior, y dos cuñas más claras hacia el final del período) se compensa gracias a la contribución de los líquidos del gas natural (franja morada, que también tocan techo en 2020 y que, como sabemos, no sirven para refinar diésel) y al espectacular aumento de la producción de petróleo ligero en formaciones de roca compacta (franja roja). Ése último aumento es muy llamativo porque la producción de este tipo de petróleo aumentaría brutalmente después de una historia productiva más bien ridícula, con un cierto incremento en los dos últimos años. La gran esperanza de los EE.UU. se sitúa en la formación de Bakken, entre los estados de Dakota del Norte y Montana. Sin embargo, la capacidad productiva de esa formación está enormemente exagerada, como muestra Matthieu Auzanneau en su último post (dado el interés de ese post en particular, será en breve republicado aquí, traducido al español). Piensen que el milagro americano reposa principalmente en lo que pase en la formación de Bakken y como ven la historia pasada no refrenda el optimismo de la AIE; así que la historia principal de este WEO se debe tomar con bastante precaución. En un par de años debería estar claro si realmente los EE.UU. están consiguiendo incrementar su producción en Bakken a los niveles soñados o no.




Pero aún hay más. De acuerdo con el último Oil Market Report, los EE.UU. tuvieron un consumo medio de petróleo 19,01 millones de barriles diarios (Mb/d) durante el año 2011, bien por debajo de los 21 Mb/d que se llegaron a consumir en 2007. Sin embargo, la segunda parte del milagro estadounidense (ser exportador neto de energía hacia 2035) reposa sobre una inquietante suposición: una caída sostenida del consumo de petróleo en ese país. Esto se puede constatar en la gráfica que muestra como las importaciones de petróleo de los EE.UU. se irán reduciendo en los próximos 25 años, desde unos 9,5 Mb/d ahora hasta poco más de 3 Mb/d. Es decir, los EE.UU. importarán 6,5 Mb/d menos que ahora.





La parte del león de esa reducción se la lleva no el aumento (un tanto fabuloso) de la producción de petróleo autóctono, sino la mejora de la eficiencia en la demanda, la cual llegará a representar casi 4 Mb/d de los 6,5 Mb/d que se tienen que reducir las importaciones. Es una mejora en la eficiencia del consumo de petróleo extraordinaria. De hecho, es tan extraordinaria que nunca se ha observado una cosa así en el planeta Tierra. Después de los shocks del petróleo de los años 70 los países de la OCDE, especialmente los de Europa y Japón, mejoraron mucho su eficiencia energética, lo cual suposo que el crecimiento de la demanda de petróleo fue más lento en esos países, pero no que la demanda disminuyera. De hecho, la demanda sólo ha disminuido con ocasión de crisis económicas intensas (cosa que en realidad ya sabemos, dada la retroalimentación entre crisis energética y económica). Así pues, la AIE hace sus previsiones a partir de un fenómeno nunca observado, no en los términos que ellos lo describen. Para mi la única forma de conciliar las previsiones de la AIE con la realidad es que se esté diciendo que los EE.UU. están abocados a un descenso energético intenso, con una consecuente crisis económica de dimensiones de depresión o peor.


Las cosas están, pues, bastante claras: se está hablando de un descenso energético rápido y profundo, y no sólo para los EE.UU., sino para el conjunto de la OCDE. En ese sentido las perspectivas para la Unión Europea son bastante malas. De acuerdo con los datos de la tabla anexa al informe, la UE pasaría de tener una demanda (de nuevo se juega con las palabras: como si la demanda no se hubiera ajustado a la oferta, como si la demanda respondiera realmente a los deseos de los consumidores) total de energía primaria de 1.713 Millones de toneladas equivalente a petróleo (MToe, por sus siglas en inglés) a sólo 1.670 en 2035, de acuerdo con el escenario central, con un decrecimiento promedio del 0,1% anual. Desglosando por categorías el consumo de petróleo caería de 569 Mtoe a 417 Mtoe (caída del 27% en 25 años, un 1,2% anual) y lo que más sube es la bioenergía (de 130 Mtoe a 231 Mtoe) y las otras renovables (de 22 Mtoe a 119 Mtoe); a destacar que la energía nuclear permanecería prácticamente constante. En el caso de los EE.UU., y a pesar de su presunto resurgir energético, su demanda también se vería reducida al pasar de 2,214 MToe en 2010 a 2,187 en 2035. Como ya hemos comentado, el consumo de petróleo pasaría en el caso de los EE.UU. de 805 Mtoe en 2010 a 558 en 2035, una disminución del 31% que se traduce en una caída del 1,5% anual; y de nuevo son la bioenergía (que pasa de 90 Mtoe a 209 Mtoe) y las otras renovables (de 18 Mtoe a 101 Mtoe) las que toman parcialmente el relevo. Sin embargo, en el conjunto del mundo la demanda de energía crecería un espectacular 35% de 2010 a 2035 (de 12,730 Mtoe a 17,197 Mtoe), debido principalmente al enorme crecimiento de China (cuyo consumo se incrementa un 60%, pasando de 2,416 Mtoe a 3,872 Mtoe), India (un 145%, pasando de 619 Mtoe a 1,516 Mtoe) y Oriente Próximo (un 62%, de 624 Mtoe a 1,012 Mtoe). América Latina, África y resto de Asia también conocen incrementos espectaculares en términos porcentuales, aunque más modestos en términos absolutos; Rusia crece apreciablemente (un 23%) y Japón pierde bastante (un 10%) En suma, el escenario que plantea la AIE es uno de descolonización energética, en el que la energía pasaría a estar distribuída de manera más igualitaria que ahora entre las naciones del mundo, y en el que los países occidentales se conformarán con implementar medidas de austeridad y racionamiento mientras sus economías se estancan y languidecen, y al tiempo hacen una inversión sin precedentes, y contradicha por los actuales acontecimientos, en energía renovable. Creo que a todo lector le resultará evidente que tal escenario es una quimera, a juzgar por la conocida política exterior de los países que tendrían que ceder su parte del pastel.

Con respecto al segundo gran capítulo del WEO, las maravillosas perspectivas de la producción petrolífera en Irak, ya hicimos un post explicando las limitaciones de su propuesta, y a él me remito.


Para entender el contexto del tercer capítulo que quiero destacar, el de la eficiencia energética, la pieza clave en el puzzle que monta la AIE es el espectacular aumento de producción de energía de origen renovable que espera la Agencia. La AIE reclama, como ya hizo el año pasado, un fuerte incremento de las subvenciones a este sector estratégico para favorecer su despegue. Sin embargo, la tendencia actual es a una disminución de la contribución tanto
pública como privada, posiblemente por el hecho no considerado por la AIE de que los sistemas de captación de energía renovable que se están intentando implementar son, muy probablemente, meras extensiones de los combustibles fósiles. El WEO da bastante importancia a la denominada bioenergía (biomasa y biocombustibles). Ya hemos comentado otras veces que la biomasa tiene limitaciones. Así, no se puede sacar leña de un bosque a un ritmo de comprometa su viabilidad, y además está el problema a largo plazo de la pérdida de fósforo si los residuos de la quema no vuelven a la Tierra (algunos historiadores creen que si la antigua y fértil Mesopotamia es hoy el desértico Irak fue debido, en parte, a la progresiva pérdida de fósforo por el cultivo durante miles de años). Y con respecto a los biocombustibles, sus Tasas de Retorno Energético son muy bajas y hay pocas perspectivas de que mejoren a corto plazo: un estudio de 2010 (parte 1 y parte 2) mostraba que por ejemplo el etanol de maíz en los EE.UU. tiene una TRE de 1,07± 0,2; otro estudio sobre la soja argentina indica una TRE inferior a 2 para todos los tipos de cultivo considerado, sólo mejorable incluyendo el rendimiento de los subproductos (usados, fundamentalmente, para alimento animal) pero sin llegar en ningún caso al valor límite de 10. El factor TRE es perfectamente desconocido para los economistas de la AIE (y ya sabemos por qué), que sólo piensan en términos monetarios, y no se dan cuenta de que en realidad el aumento de la producción biocombustibles no supone un aumento de la energía que le llega a la sociedad. Por tanto, apoyar el despegue energético en la bioenergía es un error suicida.


El WEO de este año hace un foco intenso, casi un grito desesperado, llamando a la eficiencia energética. La afirmación de que se tienen que hacer las cosas de manera más eficiente, que es muy de sentido común, choca con la realidad de nuestro sistema económico y productivo. En una economía de libre mercado el derroche es una necesidad económica, como ya explicamos en su día. Las medidas de ahorro energético nunca tienen éxito si la economía está en expansión (y ya tenemos décadas de experiencia en ese sentido), porque siempre hay un incentivo económico a consumir más energía y si tú decides voluntariamente renunciar a consumir tanta energía otro tendrá más disponible para aumentar su producción y su ganancia económica. Y al revés: medidas de ahorro impuestas férreamente mediante leyes aseguran el retroceso económico de una nación. Entiéndase siempre: dentro de nuestro paradigma económico; nadie dice que con otro sistema económico y productivo no se pudiera implementar efectivamente el ahorro energético. Otro tanto de lo mismo pasa con la eficiencia, de acuerdo con la famosa paradoja de Jevons de la que tanto hemos hablado aquí. Por tanto, si los economistas de la AIE están apostando por la eficiencia y el ahorro para poder atender el consumo energético mundial, están diciendo que o bien una parte del mundo va a cambiar de sistema económico o bien se va a sumir en una crisis económica sin fin. Llama la atención el foco que hace la AIE sobre las seis medidas de carácter político que se deben tomar para conseguir esta Ítaca de la eficiencia energética:

  • Incrementar la visibilidad de la eficiencia energética, a base de medirla mejor y revelando sus beneficios económicos 
  • Hacerla más asequible con nuevos modelos de negocio y financiación adecuada
  • Convertir la eficiencia energética en un tema común (mainstream), incentivando las tecnologías más eficientes y penalizando las menos.
  • Haciéndola real a base del monitoreo, verificación y actividades de refuerzo
  • Haciéndola efectiva mediante medidas de gobernanza y capacidad administrativa a todos los niveles

Resumiendo: hacerle muy buena propaganda y después obligar a ella mediante medidas legislativas y persiguiendo las desviaciones. En definitiva, estas medidas son una imposición blanda de medidas de racionamiento, poco compatibles con un sistema de libre mercado. Si estas medidas se adoptan (como posiblemente tendrá que ser el caso), nuestro sistema evolucionará de la actual economía de aproximadamente libre mercado (en realidad, los oligopolios la desvirtúan bastante) a una economía intervenida y prácticamente planificada. De ahí a una dictadura falta sólo un paso (que quizá se tome por el camino).


Por último, quería destacar que el WEO de este año dedica un capítulo especial a la conexión entre consumo de agua y de energía. El capítulo discute extensamente la necesidad de usar agua en la producción de energía, sobre todo en plantas eléctricas, y cómo el bucle se cierra en muchos países en situación de estrés hídrico usando la energía para obtener agua dulce. Hay un mapa que resulta bastante revelador acerca de en qué países va a haber los problemas más gordos (y, lamentablemente, España está entre ellos, pero también el Reino Unido y Alemania):





La AIE estima que el 15% de toda el agua dulce consumida en el mundo en 2010 se usó en la producción de energía de todos los tipos, y en el escenario central esperan que suba al 18% del total (o un porcentaje mayor si la disponiblidad global de agua disminuye como consecuencia del cambio climático y la degradación ambiental en general). El WEO hace un análisis detallado de cuatro países que pueden tener importantes problemas con el suministro de agua: China, India, EE.UU. (a escala local, sobre todo asociado a la producción de, precisamente, el petróleo ligero de roca compacta) y Canadá (por los efectos de contaminación).

Me dejo muchos temas en el tintero, pero este primer análisis aborda la mayoría de los aspectos fundamentales. Después de todo lo explicado, valore el lector cuáles de las noticias positivas del WEO de este año se pueden considerar realmente positivas, simplemente leyendo los datos. Llevo cuatro años mirando con detalle estos informes anuales, y ciertamente esta vez es la que más negras impresiones me transmite.

Salu2,
AMT



martes, 9 de octubre de 2012

Del colegio a casa

Imagen de http://serconcientes.blogspot.com


- Los... recortes... hacen... la - escuela... pequeña.

Mi hija está aprendiendo a leer, y ahora lo lee todo, hasta la etiqueta del champú. Y es difícil dejar de ver alguna de las pancartas que cuelgan de las paredes de todos los colegios por delante de los cuales pasamos.

- Papá, ¿qué son los recortes?, con ése énfasis en la última palabra que los niños saben poner cuando quieren que les des una definición.

Ja. Eso. Nada menos.

- Recortes viene de recortar. En este caso están hablando de recortes de dinero. De que les están dando menos dinero a las escuelas.

Ella asiente en silencio y antes de que lance la siguiente pregunta, obvia, continúo:


- ¿Te acuerdas, A., de cuando papá fue a luchar
contra los malos? Tengo la tentación de añadir: "pues perdimos", pero pienso que la amarga afirmación, mitad irónica mitad realista, no puede ser asimilada por su infantil mirada. Tomo aire y prosigo: Los malos están haciendo muchas cosas malas. Nos están quitando dinero de las escuelas, de los médicos, de los científicos - mi hija sabe que yo soy científico; no acaba de entender muy bien qué quiere decir, pero sabe que investigo cosas y hago inventos para que la gente viva mejor. Siempre pronuncia la palabra "científico" con un énfasis especial, como si llevara otro acento en la "e": ingenuo orgullo filial.

- Pero, ¡¡no es justo!! - su grito es casi un lloro - ¿Porqué hacen estas cosas tan malas los malos?


Ya sabía yo que me estaba metiendo en un jardín.


- Los malos han perdido mucho dinero. Se metieron a hacer casas a lo loco, sin pensar si las podrían vender o no. Hicieron malos negocios y ahora pretenden que nosotros paguemos por sus errores - creo que cada vez la estoy liando más parda.


- Pero, ¿cómo es que nos pueden quitar nuestro dinero?


Nuestro. Qué querrá decir eso de "nuestro", me pregunto. Pero es una pregunta demasiado filosófica para una niña que ni siquiera tiene 6 años. Es lo malo de hablar con niños: que su simple y aplastante lógica te obliga a replantearte esquemas mentales en los que no quieres hurgar a menudo, porque sabes que las cosas allá dentro no están tan claras, que todo el andamiaje conceptual en el que nos basamos en realidad no resiste el más mínimo análisis de principios. En fin.


- Los malos, A., son capaces de convencer a los que nos mandan; y los que mandan nos quitan el dinero para dárselo a ellos. Otro día ya le había explicado que hay unos que nos mandan y a los que debemos obedecer, más o menos.


- ¿Los que nos mandan también son malos?

- No, yo creo que no, al menos no la mayoría. Como mucho son tontos. Bueno, pienso, en realidad eso casi seguro que sí. Lo que pasa es que los malos los engañan, o los compran con su dinero, o si no les amenazan. Mirada perpleja de ella. Pausa teatral. A., los malos tienen mucho dinero: son los bancos. Esto necesitaría muchas más precisiones para un adulto, pero para una niña puede valer más o menos. En realidad, he visto a más de un adulto hablar exactamente en esos mismos términos: los malos de la película son los bancos. Es un enemigo fácilmente identificable, y son bastante antipáticos con todas sus comisiones, préstamos e hipotecas.

Hay un momento de estupor. Ella vuelve a la carga.

- ¿Y si tienen tanto dinero, por qué nos quieren quitar el nuestro? Esta nena debería ser asesora de algún ministro.

- Porque ahora están perdiendo dinero, y aunque tienen de sobra no quieren perder ni un céntimo. Así que han decidido que abusarán de nosotros, como el otro día me contaste que en tu clase R. abusaba de M., con la ayuda de los que mandan. De hecho, A., ya nos están quitando dinero. Ahora Papá gana menos dinero, me pagan menos cada mes. Y Mamá. Y la tía I... La tía I. es maestra en la escuela de mi hija, y mi hija la quiere mucho, así que explota:

- ¡¡¡No es justo!!! ¡¡¡La tía I. es muy buena maestra!!! ¡¡¡Ya estoy harta de estos malos!!! Después se queda pensando un rato. He podido capear la cuestión principal pero que es la que tiene más consecuencias: por qué los bancos se metieron con ese entusiamo en negocios tan dudosos. No quiero llegar con ella a las causas últimas de la crisis, a decirle que la crisis no acabará nunca, que ella verá cómo nos iremos haciendo pobres a medida que crezca, ni mucho menos a los enormes peligros que nos acechan... Es demasiado para una niña tan pequeña, y yo siento que no tengo derecho a machacar sus infantiles ilusiones; al menos, no hoy. Es mi hija. No quiero. Ya llegará el momento.

Ella también ha estado cavilando todo este rato; me mira con sus grandes ojos de ese color indefinido, en algún sitio entre el verde y el marrón que cambia con el día, y me dice, con un tono entre decidido y travieso:


- Vamos a matar a los malos, son muy malos. Les voy a dar con una espada en la cabeza, y hace el movimiento de blandir una espada y golpear con ella. Sus dientes están apretados, en una explosión controlada de rabia infantil. Si tuviera delante a los malos es obvio que no les cortaría la cabeza, pero seguro que no se quedaría corta de darles una buena patada en el culo. Me hace reír, con risa verdadera.

- A., no podemos matar a nadie. Nosotros no hacemos esas cosas. Todas las vidas tienen que ser respetadas, incluso las de los malos. Los malos hacen eso porque creen que les beneficia, pero en realidad se perjudican porque todos salimos perjudicados. Me callo ahí. Por más que a la gente le gusten tanto las teorías de la conspiración y pensar en malos malísimos con una maldad demoníaca, tales pensamientos son el último refugio de quien piensa que podemos cambiar las cosas para que todo sea igual, de que en realidad la situación está bajo control sólo que quien la controla hace el mal, pero que aún podemos tomar las riendas y hacer que todo vaya bien. No es verdad. Lo que pasa no es fruto de una gran inteligencia, sino de una gran estupidez y una absoluta improvisación. Por más que algunos lo piensen, nadie va a salir beneficiado del Oil Crash. Pero mi hija no queda muy convencida con mis palabras, y mientras bajamos la calle va ensayando algunos golpes de karate...



[]

- ¿Por qué sacas dinero del banco, si son malos? En medio de la operación de sacar dinero del cajero, va y me suelta esto. Qué buena pregunta, la verdad. 

- A., los bancos tienen todo el dinero, incluso el nuestro. Por eso son tan poderosos. Pero el dinero que estoy sacando no es del banco sino nuestro; el banco no da nada a cambio de nada, y no me daría dinero si no fuera porque piensa ganar mucho más.

- ¿Y por qué no pones el dinero en otro sitio? En casa, o en casa de los abuelos, o en casa de los tíos...

- Porque no podemos. Cuando nos pagan el dinero al final de cada mes de trabajar, nos lo ponen en un banco. No nos dejan ponerlo en otro sitio. Recuerda que eso lo deciden quienes mandan.

- Y así, ¿cómo sabes que el dinero es tuyo?

Puf. Ya no respondo a eso. Pues no lo sé, la verdad. De hecho, no creo que propiamente ese dinero sea mío. Lo necesito, pero no es mío. Ese dinero proviene de un subsidio enorme que otros países, los productores de materias primas, le están haciendo a países occidentales como el nuestro, en un proceso que históricamente está llegando a su fin por agotamiento del modelo, y por incapacidad de la producción de materias primas de seguir acompañando a una demada que ha de ser creciente para que nuestro sistema económico y productivo funcione correctamente. Necesitamos ese dinero para poder seguir con nuestras vidas, para que yo pueda criar a mis hijos, pero no sé con qué derecho puedo decir que es mío. 

- Lo único que sé seguro es que no es del banco...

[]

- Cuando sea mayor conduciré el coche de mamá, me dijo otro día.

Y es que en mi casa quien tiene el coche es mi mujer, que lo necesita para su trabajo; por eso muchos días bajamos andando, si perdemos el autobús (pues no pasan frecuentemente). Yo, la verdad, nunca tuve demasiado interés en conducir, me saqué el carnet tan tarde como pude y conduzco poco, cuando es imprescindible. Así que mi hija, que se mira en el espejo de su madre, se ve conduciendo su coche cuando sea mayor.


Trago saliva. Siento la necesidad de explicarle que
seguramente ella nunca tendrá un coche porque seguramente nunca se lo podrá permitir; ni siquiera sé qué podrá estudiar o qué oficio podrá aprender, si tendrá un trabajo que merezca el nombre de tal. De repente siento frío dentro de mis pulmones y los hombros me pesan. Siento que no puedo mentir a mi hija, que me mira con dos ojos enormes que iluminan la calle por la que pasamos.

- A., digo por fin, cuando tú seas mayor seguramente no habrá coches.


Se queda unos segundos callada, pensativa. Bueno, eso me parece a mi: en realidad está comenzando a llorar, pero lo hace de esa manera lenta y queda de los niños cuando están en plena desesperación, en absoluta impotencia.

- ¡Mi coche es muy bonito! - me dice por fin, las lágrimas ya brotando lentas de sus preciosos ojos. Y yo siento un peso en el estómago, porque no puedo soportar ver llorar a mi hija. Pero tampoco quiero mentirle.

Su coche. Su coche es el coche de su madre. Es otro de los efectos del fetiche coche: el poder que te da su posesión, más allá del status: es la sensación de libertad, de omnipotencia (al menos vehicular). Mi hija tenía poco menos de 5 años cuando tuvimos esta conversación pero ya había captado y absorbido la quintaesencia del BAU automovilístico. Y ahora, ¿qué hago? ¿Cómo le puedo hacer entender que cuando ella sea mayor el coche será un artículo de lujo, que sólo los más ricos poseerán? ¿Que la clase media irá cayendo progresivamente en la Gran Exclusión, y su preocupación ya no será tener un coche sino tener de comer?

- A. - le digo por fin - no sé, quizá tú tengas un coche cuando seas mayor. Pero lo que está claro es que no habrá tantos coches como hay ahora. Además, no los necesitamos. Fíjate: mira cuántos coches hay aparcados en la acera; nadie los usa, y siempre hay muchos así. Ella asiente: sí, está todo lleno de coches, a veces nos cuesta pasar por el paso de cebra. Todos estos coches contaminan mucho, ensucian mucho: ya te han contado en la escuela que por culpa del humo de los coches y de las máquinas el planeta se está calentando, y si seguimos así hará mucho calor y lo pasaremos mal. Además, los coches son peligrosos para los niños (si no te ven, te pueden atropellar) y hacen mucho ruido. La mejor manera de evitar todo eso es quitando coches. De hecho, no necesitamos tantos: los podemos compartir.

Lo que le digo la tranquiliza. En la escuela han trabajado varias veces el tema de la "sostenibilidad", entendido como que tenemos que preservar limpio el planeta, así que todo lo que le digo resuena con sus ideas aprendidas. Además, no le digo que no tendrá coche, sino que tendrá que compartirlo, y eso también resuena con cosas que en casa y en la escuela ha oído a menudo.

La niña ya está conforme con lo que le he dicho; de hecho, ve un bolsa de patatas fritas vacía que algún imbécil ha dejado tirada en medio de la calle, la recoge y la tira a la papelera que se encuentra a un par de metros, mientras dice, decidida y enfadada: "¡Salvemos el planeta!". Me hace gracia cómo funcionan los sloganes y las directrices que le dan en la escuela. Salvemos el planeta. No, hombre, no es tan altruista. Lo que pretendemos es salvar nuestro hábitat antes de que ya sea incapaz de soportar nuestra mera existencia. Pero es igual: la idea es buena, la dirección es buena; es el maximalismo lo que sobra, pero ya vale para una niña pequeña. Y, sin embargo, yo no puedo evitar meter una cuña:

- Además, tienes que pensar que los coches funcionan con petróleo. El petróleo es un líquido negro y maloliente pero que quema muy bien, que se formó debajo de la tierra cuando muchas plantas quedaron enterradas - entre medias tengo que darle muchas explicaciones, al nivel más sencillo posible, que les ahorro a Vds. - Pero el petróleo se va acabando; no podemos malgastarlo, porque es energía, porque nos permite hacer muchas cosas, pero un día se acabará, ¿y qué haríamos entonces, A.?

- ¿Qué haremos entonces, Papá? - hay un punto de preocupación en su mirada, pero al mismo tiempo hay esa expresión en su cara de "Mi Papá es científico y tiene respuesta para todo". Voy pensando la respuesta, intentando no mentirle ni mentirme a mi tampoco.

- Podemos sacar energía de otros sitios, que además no hacen daño al planeta. ¿Te acuerdas de cuándo jugábamos a buscar molinos al lado de la carretera, yendo en coche a casa de los abuelos? Pues esos molinos nos dan energía. También hay unas placas, que son como sartenes, que se calientan con el Sol y que también sirven para darnos calor y energía -  no pretendan que le explique a la niña el efecto fotoeléctrico; a Einstein le dieron el premio Nobel por eso. Quizá no podremos sacar tanta energía como la que usamos ahora, pero es que en realidad no necesitamos tanta. Tenemos que usarla mejor.

Ella se queda feliz y satisfecha. Su padre sabe lo que hay que hacer y se ocupa de todo; sigue caminando feliz, inmersa en sus ensoñaciones infantiles. Yo siento una sombra pesada que me empaña la frente. 


[]

- ¡Cuánto ruido hacen los coches! Suerte que un día no habrá tantos coches como ahora, ¿verdad, Papá?

Creo que me estoy ruborizando. Después de todo mis breves y ocasionales conversaciones sobre estos temas están teniendo impacto en ella. Al mismo tiempo me siento avergonzado; sin querer me cuestiono mi derecho a meterle estas ideas tan poco estándar en la cabeza. De hecho, limito estas conversaciones al mínimo, pero aún así algo han calado en ella. Pero, ¿qué dirá la gente si la oyen hablar así? Seguro que si alguien le pregunta por qué dice eso dirá que ha sido su padre quien se lo ha dicho y, conociendo como es de repipi a veces, dirá -bonito argumento de autoridad- que su padre es científico y lo sabe todo (cuando dice eso siempre pienso: tierra, trágame; porque le he dicho mil veces que yo no lo sé todo, pero ella tiene esto metido en la cabeza. Quizá porque siempre respondo a lo que me pregunta, sin esquivar las preguntas - bueno, casi siempre). Siempre pienso que tengo que dejar a mi hija al margen de mi actividad de concienciación sobre la falta de sostenibilidad (lo que dice todo el mundo: ya tendrá tiempo de más mayor de pensar esas cosas, como si lo que yo hago no fuera más que una excentricidad, una posición opinable y no una real y verdadera necesidad). Pero si yo no tengo derecho de decirle estas cosas a mi hija, aunque sea a salto de mata, una conversación cada tres meses, ¿quién lo tiene? De hecho, ella está continuamente siendo asaltada por un vehículo de propaganda poderosísimo que le convence de lo contrario de lo que le digo, que moldea sus apetencias, sus deseos y su visión de la realidad. Y sin pedir permiso. La televisión.

[]

- El coche de J. tiene televisión en el techo. Vaya, no la tenía tan desintoxicada de coches como yo me creía. 

- Pues muy bien.


- ¿Y por qué el nuestro no? Ahora es "nuestro," no de la madre, vaya.

- Pues porque cuando lo compramos  no había esas cosas. Y aún tiene que durar muchos años, por si se te ocurre preguntarme que por qué no nos compramos otro. Un coche vale mucho dinero. Y dudo que lo vayamos a amortizar nunca. Además, piensa que cada vez seremos más pobres.

- Yo no quiero ser pobre, y dos lágrimas caen por sus preciosas mejillas.

- No, A., nosotros no seremos pobres, le digo con el corazón encogido. Seremos más pobres que ahora, pero aún podremos vivir bastante bien. Crucemos los dedos.

- ¿Por qué no luchamos más contra los malos? Lo ha relacionado, sin que yo lo haya dicho explícitamente. Bien.

- Yo hago todo lo que puedo, pero estoy muy cansado, A. Los malos aún no han ganado, aún podemos vencerles, pero no seré siempre yo que lucharé contra ellos. Yo hago todo lo que puedo, y lucho entre otras cosas para no seáis pobres tu hermano y tú, pero al final no dependerá de mi. Al final dependerá de tí y de D. Por eso, A., te digo que tienes que trabajar mucho y estudiar mucho. Porque algún día tú tendrás que luchar, cuando yo sea ya mayor y no pueda trabajar; vosotros tendréis que luchar por mi. Y si trabajáis mucho no seréis pobres. Vaya versión deprimente del American Way of Life que le estoy dando: trabaja mucho para no caer en la indigencia. 



[]



- ¿Y por qué habéis elegido a los que nos mandan?, me dijo cuando yo le preguntaba sobre cómo le había ido en el cole. Se lo tuve que hacer repetir tres veces: la primera vez porque había construido mal la frase y no se entendía; la segunda porque no lo entendía yo aunque ella lo dijo correctamente, y la tercera porque no me creía que me estuviera preguntando exactamente eso.

- Bueno, A., a éstos en concreto no los he elegido yo. No lo entiende porque no sabe cómo es un sistema de votación, y yo no quiero entrar en esas honduras ahora sino hacerle entender la idea que hay detrás. Mira, los que mandan ahora convencieron a mucha gente; yo no los elegí, pero otras muchas personas sí, y así los que mandan ahora salieron elegidos. Y no es que los que mandan sean malos, que ya te lo expliqué; pero los malos tienen mucho dinero y al final los engañan o los compran. De hecho les dan dinero para que engañen a la gente y los elijan.

- Pero, ¿cómo engañan a tanta gente? - su voz revela verdadera indignación.

- Los malos controlan todas las noticias: la tele, los periódicos, la radio... - joder, hablo como un maniático de la teoría de la conspiración. Me doy cuenta de que ése es el resultado sobresimplificar los detalles de la realidad para que los entienda un niño de corta edad. No debe ser casualidad. No dicen más que mentiras, todo el día. Todo es mentira. Dicen mentiras para engañar a la gente, para que la gente se crea que los problemas son unos cuando en realidad son otros. Todo es mentira. Y así la gente se lo cree y eligen a los que mandan, quienes acaban haciendo lo que quieren los malos. Hace unos años me hubiera dado vergüenza que me oyeran hablar así con la niña en la calle; hoy en día, pienso, tales conversaciones son consideradas como normales y a nadie extraña hablar en estos términos tan banalizantes y maniqueos. ¿Qué le explicará el padre parado, con su mujer también en el paro, a su hija?

- ¿Todo lo que sale por la tele es mentira?

- Todo.

- Pero no lo que sale en la tele de los niños. En mi casa, la única que ve la tele es mi hija. Mi mujer y yo ocasionalmente ponemos las noticias, pero pueden pasar semanas que no toquemos el aparato. Así, ella está poniéndose siempre los canales infantiles, una cosa que desde luego no había cuando yo era niño. La "tele de los niños" significa los canales que ve ella.

- También dicen muchas mentiras en la tele de los niños, sólo que son otras mentiras. Mentiras que están hechas para que los niños crean cosas que no son verdad. Para que deseen consumir cosas que no necesitan. Para que no se cuestionen que tienen que consumir sin parar. Es toda una clase preparatoria, además de la escuela.

- Pero, Papá, ¿qué mentiras cuentan en la tele de niños? Me va preguntando uno por uno todas las series y programas que ella ve en la tele, si dicen mentiras, y yo le digo que sí, que todos ellos las dicen. 

- Mira, A., te pondré un ejemplo. ¿Te acuerdas el otro día cuando veías la serie esa, en la que la chica cogía una diadema de diamantes y le decían que valía un millón de dólares? ¿Sabes qué se puede comprar con un millón de dólares?. Se sonríe: sabe que es mucho dinero, pero no se hace una idea de cuánto. Pues con un millón de dólares se podrían comprar cinco pisos como el nuestro. "Hala", dice ella, riéndose, como diciendo: "Qué brutalidad". ¿Y te acuerdas que decía la chica? Decía: "¿sabes que podría comprar yo en mi pueblo con un millón de dólares? ¡Mi pueblo!" Ella se acuerda de la escena, y se ríe. Pues ahí está la mentira, A. Porque te hacen creer que todo se puede comprar con dinero; incluso, un pueblo entero. Pero, ¿quién ha dicho que los que viven allí quieran vender todo, sus casas incluidas? Es su pueblo, les gusta; ¿tú venderías tu casa? Su casa, su santuario; sus juguetes y sus rincones. Su respuesta es obvia: bien seria, dice que no. Pues ahí está. Los malos, que son quienes controlan estas cosas, te quieren hacer creer que con dinero todo se compra, y que de hecho si tienes dinero tienes derecho a comprarlo todo. Pero no es así.





[]

Seguimos andando hacia casa. Está ahora callada, pensando, dándole vueltas.

- La gente tendría que elegir a los científicos para mandar, porque los ciéntíficos - el acento adicional en la e es mas fuerte que nunca - lo saben todo y harían las cosas bien.

No lo sé, A., no lo sé. No sé si los científicos harían las cosas bien. Pienso que, al fin y al cabo, ser científico no es garantía de ser honesto, o incorruptible. El BAU es demasiado fuerte. Y no veo a los científicos que realmente saben muy proclives a presentarse a unas elecciones, las cuales por otro lado son una pantomima. Aunque si realmente pudiéramos escoger científicos por lo menos tendrían conocimientos y capacidad de actuar con rigor - ya sería una ganancia respecto a la situación actual. Igual sí, concedo al final.


[Nota: Lo arriba escrito es una compilación aproximada de mis conversaciones reales con mi hija. Son varias conversaciones, mantenidas en días diferentes y no en orden cronológico. Las conversaciones tuvieron lugar mayoritariamente en catalán, que es el idioma que más uso para hablar con mi hija, y han sido traducidas y adaptadas aquí]