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martes, 16 de enero de 2018
El tsunami de plástico
Queridos lectores,
Con unas importaciones de unos 10 millones de toneladas métricas por año el año pasado, China es el principal importador de residuos plásticos del mundo, absorbiendo un poco más de la mitad del total mundial. A eso debe añadirse que el segundo principal importador es Hong Kong, que suma más del 20%, con lo que la inmensa mayoría de la importación de plásticos del mundo acaba en China, bien sea directamente bien sea a través de la ex-colonia inglesa (que, al fin y al cabo, sólo actúa como intermediario de tan lucrativa actividad). Tal vorágine importadora de lo que en el mundo occidental se considera un residuo se explica por la voracidad de materiales de la economía china, que transforma todo ese plástico usado, tras su clasificación, en resina de plástico que después es usada por las fábricas de la factoría del mundo para crear los mil enseres que luego nos son vendidos. Visto así, el trasiego de plástico usado hacia China y de productos elaborados desde China cierra un círculo virtuoso, al decir de las escuelas de negocios (de aquí). Y así era hasta que la cosa se torció.
En julio del año pasado China anunció a la Organización Mundial del Comercio que a partir de 2018 prohibiría completamente la importación de 24 tipos de plásticos, además de la de papel y material textil (de las que no hablaré aquí aunque también representa otro serio problema). Durante estos seis meses básicamente no se ha hecho nada aparte de intentar convencer al Gobierno de China que se replanteara la prohibición. Y ahora Occidente se encuentra delante de un problema de grandes dimensiones, el cual carece de capacidad de afrontar, dadas profundidad insodable de los cambios que se requeriría hacer.
Esta noticia ha tenido un eco bastante importante por todo el mundo, debido a los problemas ambientales que está empezando a causar la acumulación de residuos en los países de origen, que son básicamente todos los países occidentales (España incluida). Resulta bastante impresionante que ningún medio analiza la noticia desde el punto de vista chino: ¿cómo es que China hace colapsar una industria propia que ocupa a un gran número de personas y prefiere pasarse a la resina de plástico virgen, que es mucho más cara? En algunas noticias se apunta a razones ambientales y de salud de la población, que fueron las razones que alegó China en su anuncio a la Organización Mundial del Comercio, pero se comenta siempre de pasada, y en ningún caso analizando el grave problema ambiental que ya ha causado en China esta industria sucia que se sustenta en la explotación de las clases sociales más desfavorecidas. Pues efectivamente, para conseguir un reciclaje eficiente se necesita hacer una buena clasificación de los residuos plásticos, y la manera más barata y eficiente para hacer eso es usar mano de obra humana mal pagada, que en China aún abunda. Como refleja con horrible precisión el documental "Plastic China", la separación de residuos la hacen miles de personas que literalmente viven en medio de la basura, en unas condiciones de vida miserables e insalubres. Esencialmente, los chinos están explotando en el presente las minas del futuro de las que hablaba en este blog hace más de 7 años, aunque no con el objetivo de conseguir energía sino materiales, y lo están haciendo no introduciendo más tecnología sino con mano de obra semiesclava, justamente como se anticipaba también aquí hace 6 años. Frente a los adalides del tecnooptismo más irredento que se creen que la tecnología es prácticamente un sustituto de la energía, aquí no se ha visto ninguna implantación de nuevas tecnologías extremadamente eficientes a gran escala, no; lo que se ha producido aquí es una explotación inmisericorde del "ejército laboral de reserva" que tanto abarata la Gran Exclusión. No es ninguna casualidad: la tecnología no lleva siempre y necesariamente a un abaratamiento de los costes, y particularmente cuando se trata de hacer procesamientos complejos, para los cuales un ser humano con un poco de entrenamiento habitualmente hará el trabajo mejor y con menor coste energético que cualquier sistema automatizado. Aunque para que las cuentas salgan es fundamental que los salarios sean escandalosamente bajos y que no se respeten las mínimas normas de salubridad, que sólo servirían para encarecer el proceso. Es por eso que este tipo de reciclaje no se ha hecho aquí, aunque lo que ha pasado en China es una advertencia de lo que nos puede acabar pasando a nosotros mismos si continúa progresando la devaluación interna.
Hay dos aspectos de esta crisis que no he visto tratar en ninguna de las noticias que he leído sobre este tema, y que me gustaría destacar.
En primer lugar, que además del grave problema ambiental y de salud que comporta el procesamiento y reciclaje de esos residuos, es bastante probable que si China se ha decidido a tomar tan drástica medida es debido a que ya no tiene prácticamente capacidad de absorber más residuos. Tengan en cuenta que lo que se reaprovecha para hacer resina plástica es sólo una fracción del volumen total, y el resto ha de ser incinerado (con mayor contaminación atmosférica) o bien enviado al vertedero. Es muy probable que los vertederos chinos estén ya muy saturados, y la peligrosidad de algunos residuos (pues Occidente ha aprovechado el envío de estos residuos para colar de matute materiales muy contaminados, aparte de lo contaminantes que ya de por sí son sobre todo algunos plásticos) hace imposible optar por la incineración. Mientras Occidente ha estado presionando a China para aceptar más de su basura, China se ha encontrado probablemente saturada e incapaz de asumir más.
El segundo aspecto de la noticia que me gustaría destacar es lo que yo calificaría de "cinismo industrial" de muchas de las empresas que en Occidente dicen dedicarse al reciclaje. Como ha evidenciado esta crisis, muchas de estas empresas no son verdaderamente empresas de reciclaje, sino más bien intermediarios o, en el mejor de los casos, plataformas de gestión logística de los residuos en su camino de ida y vuelta a China, seguramente llevándose una buena tajada por no realizar la tarea que se supone que es tan importante hacer, y que ellos en realidad se la han endosado a otros.
Al final, toda esta crisis es un buen ejemplo de cómo algo, que podría haberse anticipado y que se origina bajo la lógica del despilfarro a la que aboca nuestra sociedad de sobreconsumo, se gestiona desde la lógica capitalista imperante. La necesidad de mantener apretado el acelerador del consumo lleva un sobreconsumo de plásticos, sobre todo en forma de envases y embalajes, y este sobreconsumo acaba creando una "industria" que se dedica a su "reciclaje"; y la lógica de seguir creciendo impide poner freno a esta locura hasta que se llega un momento en que el problema tiene dimensiones tales que no se puede gestionar y estalla una crisis como la actual.
¿Y cómo se va a gestionar la crisis actual, una crisis que ya está aquí y que cada día que pasa va generando más residuos que se acumulan en los puntos donde se recogía la mercancía que ya no se puede enviar a China?
Por un lado, estamos escuchando muchos cantos de sirena sobre la oportunidad de negocio que se abre para las empresas de aquí y cómo esto va a favorecer la innovación y gestión local de los residuos, creando nuevos y mejores puestos de trabajo. Pero, como comentábamos arriba, es imposible hacer este reciclaje de manera mínimamente competitiva sin la mano de obra semiesclava que se prodiga en China. E incluso aunque nuestros grandes emprendedores locales consiguieran encontrar la manera (más probablemente, explotando el ejército laboral de reserva local) se requerirían unos cuantos años para poner a punto una industria local a la altura del volumen de residuos que generamos. Y no olvidemos que tal industria tiene fecha de caducidad, porque sólo se recicla efectivamente una fracción del total, mientras que el resto tiene que ir al vertedero o ser incinerado.
Justamente son esas dos (vertedero e incineración) las dos soluciones terribles que se están proponiendo a corto plazo para abordar este problema. Ya se anticipa el problema ambiental que supondría cualquiera de las dos soluciones, aunque obviamente es mucho peor en el caso de la incineración por la liberación de dioxinas y partículas en general. Pero los plásticos siguen amontonándose a gran velocidad y se tiene que encontrar una solución rápida. Así las cosas, es evidente que los países occidentales van a presionar a algunos países del tercer mundo o asimilables para que se conviertan en los nuevos importadores de residuos de último recursos para el mundo occidental, incluso sin tener la pretensión que estos importadores intenten hacer algo parecido a reciclar y se muestren claramente como lo que serían, los vertederos mundiales. Lo peor de esta lógica absurda de la huida hacia adelante y la búsqueda de la solución más económica a corto plazo que guía los razonamientos de mercado tradicionales es que tan sólo es un parche, una solución a corto plazo, hasta que los nuevos vertederos globales se saturen, y con la seguridad de que durante este tiempo añadido nadie va intentar buscar una verdadera solución a largo plazo.
Lo lógico sería comenzar a dar a este problema un tratamiento integral. No hay duda de que el uso masivo de envases y embalajes mantiene una fuerte industria local en los países occidentales, pero es un malgasto de recursos (que en realidad ya no nos podemos permitir, en las vísperas del declive energético) y genera el grave problema de gestión de residuos en el que estamos inmersos. Hay mucho camino posible a recorrer en la dirección en la que pocos analistas miran, que es la reducción. Si no se quiere explorar ahora que es más fácilmente gestionable, se tendrá que hacer cuando sobrevenga la nueva crisis de altos precios del petróleo. De momento tenemos a China como nuevo cliente global de resina virgen de petróleo tensionando este mercado, justo cuando la producción de hidrocarburos líquidos ya está cayendo.
Salu2,
AMT
lunes, 5 de septiembre de 2011
Preparando la transición: qué hacemos con los coches
Queridos lectores,
Hay en el mundo aproximadamente unos mil millones de vehículos privados para transporte personal, que de manera genérica denominaremos "coches", lo cual incluye desde los utilitarios más sencillos hasta los grandiosos SUV y las típicas camionetas con trasera descubierta que se usan en buena parte de los EE.UU. y en otros países para el transporte personal. Esta definición excluye sin embargo todas las furgonetas, triciclos, camiones y camionetas para uso comercial (transporte de mercancías o de herramientas para hacer un trabajo y demás). Mil millones de vehículos para la movilidad personal es una cantidad impresionante, es en media un vehículo por cada 7 habitantes del planeta, pero es que además están distribuidos de una manera bastante poco homogénea (en España, por ejemplo, hay aproximadamente un vehículo por cada dos habitantes). A pesar de que la sociedad de consumo en la que vivimos nos hace ciegos a verdades evidentes, está claro que tal distribución de recursos es completamente disparatada: con el coche, cada familia dispone de una tonelada de hierros y tecnología capaz de transportarlos grandes distancias con el mayor confort (los niños, que aún conservan la capacidad de asombro, sí que se dan cuenta del prodigio que representa el coche y así empiezan pronto a mamar lo que significa como símbolo de status). El problema viene cuando, en una situación de recursos decrecientes, la gente no se puede permitir el lujo de seguir pagando seguros, impuestos, garajes -los que los tengan-, revisiones periódicas, reparaciones y, por supuesto, gasolina. Lo cierto es que tener un coche resulta bastante caro como medio de transporte personal: un familiar cercano siempre me dice que teniendo en cuenta todos los gastos, la amortización del vehículo y el combustible el precio por kilómetro del coche típico no baja de los 30 céntimos de euro (seguro que alguno de los inteligentes comentaristas que se dejan caer por aquí podrá encontrar una estadística apropiada; aquí les dejo una estadounidense, según la cual el coche típico americano cuesta 52 centavos de dólar por cada milla recorrida). El caso es que se está observando una tendencia a arrinconar los coches, cuando no abiertamente abandonarlos (como los dos que salen en la fotografía que encabeza el post), tendencia que sólo puede agravarse con el tiempo. Como con el resto de los asuntos que requieren anticipación y preparación comunitaria, nuestra egocéntrica y ensimismada sociedad no tiene previsto qué hacer con esos mil millones de toneladas de coches (unos 20 millones en España) que pronto inundarán y bloquearán nuestras calles, causando problemas de movilidad, de seguridad y de salubridad. Nuestros políticos sólo son capaces de mirar horrorizados como caen en picado las cifras de ventas de coches, temiendo por el próximo cierre de las factorías y consecuente repunte abrupto del paro, porque en realidad no entienden qué es el Oil Crash y que el proceso no se puede detener; el terror les paraliza y no toman las necesarias medidas de adaptación. Los fabricantes, por su parte, huyen esquizofrénicamente adelante y se consuelan viendo que a pesar de que se les hunda la parte principal del negocio repunta la venta de coches de lujo y se ensueñan pensando en no depender de un segmento tan volátil como el del vehículo generalista, sin darse cuenta de que no habrá suficiente mercado para todos los fabricantes y que, en todo caso, los ricos también tendrán que reducir su nivel de gastos en algún momento. Y es que los economistas tampoco entienden el Oil Crash. Pero, en fin, dejemos a estos colectivos con su miopía y con sus problemas, y centrémonos en lo que es importante para el ciudadano de a pie. He aquí una serie de consideraciones relevantes, lista no exhaustiva y algo arbitraria, sobre qué hacer con los coches.
- Tenemos que despejar las calles: En épocas antiguas muchas grandes ciudades enfermaban por culpa del mal saneamiento; las miasmas atosigaban a los ciudadanos que enfermaban típicamente por vía respiratoria de mil dolencias diferentes. Estos nos parece ahora mentira, pero la pestilencia ha sido un problema de salud pública en las grandes aglomeraciones urbanas durante toda la Historia. Durante la era moderna se tomaron medidas radicales para sanear grandes ciudades; así, en París el barón Haussmann destruyó barrios enteros para abrir los grandes bulevares, en tanto que en Barcelona derribaron las murallas que encorsetaban la ciudad y así disiparon la niebla de los tintes de los comerciantes de paños catalanes. Así pues, en muchas ciudades disponemos de calles abiertas, bien ventiladas, saneadas, lo que es un buen fruto de la energía barata que hemos tenido, aunque eso trae el inconveniente de aumentar las distancias a recorrer en la ciudad. Tendremos que organizar medios de transporte públicos eficaces para vertebrar las partes de la ciudad que se mantengan vivas (algunas partes, lo tenemos que aceptar, se gangrenarán y morirán), y para ello es clave que las vías se mantengan expeditas. Por eso, no podemos consentir que millones de coches vayan cogiendo herrumbre en las calles, abandonados por sus dueños y sirviendo de nido para ratas. Lo cual nos lleva al siguiente punto.
- Necesitamos un plan integral de aprovechamiento y reciclaje de vehículos: Lo ideal sería que el Ayuntamiento organice (y punto, porque seguro que no podrá financiar) un sistema para la recogida y desmantelamiento ordenado de los vehículos; lo ideal sería ponerlo en marcha ahora, mientras las cosas son funcionales, previendo que aunque ahora será a pequeña escala en un futuro no muy lejano se tendrán que retirar muchos vehículos. Sería conveniente dar algún tipo de incentivo económico para que la gente se deshaga controladamente de su vehículo; en condiciones normales las personas tenderán a mantener el coche "por si acaso", y por no pasar el trago social de renunciar a este símbolo de status. Dado que las Administraciones están arruinadas el incentivo podría ser antes que un pago una exención del pago de ciertos impuestos o parte de ellos, o bien dando descuentos para abonos de transporte o la adquisición de bicicletas (lo cual favorecería esta industria de reemplazamiento aunque, como explicaré algún día, el futuro no es de las bicicletas). Sin embargo, no basta con recoger los vehículos y posteriormente achatarrarlos: aquí no estamos hablando de los miles de vehículos que se recogen anualmente en el caso de España, sino de millones de vehículos. Las chatarrerías no tienen suficiente capacidad, y además sería estúpido dejar que todo el material de alta calidad que hay en un vehículo se oxide y arruine. Lo suyo es plantear un plan para aprovechar la chapa de los coches para hacer tejadillos y latas, el acero del chasis para estructuras de hormigón, la electrónica para mil usos y las piezas del motor como recambios de los vehículos comunitarios y de transporte que habrá que mantener. Eso no se improvisa, teniendo en cuenta además la escala que tendrá, y por ese motivo se requiere un buen plan, con un arranque, clímax y después finalización, cuando se acaben los vehículos a procesar. Es una tarea bastante complicada y que requiere tal previsión a largo plazo que sólo es creíble que pueda pasar en municipios de medio y pequeño tamaño. ¿Y qué pasa si Vd. vive en un municipio donde no se ha previsto hacer nada de eso?
- Si nadie recoge su vehículo, póngalo a disposición de la comunidad: El concepto clave es car sharing, coches compartidos. ¿Qué sentido tiene que use su vehículo para ir Vd. solo si su vecino va en la misma dirección? Esta opción, a la que cada vez se acoge más gente a medida que la crisis se recrudece, permite reducir los costes de desplazamiento y mantenimiento; algunas personas, incluso, encontrarán trabajo haciendo de taxista de sus conocidos o llevando pequeñas mercancías. Si son varios con varios coches, lo mejor es formar una suerte de cooperativa, de modo que todos los coches estén a disposición de todos con unas reglas claras de uso. Al principio, con la educación individualista que hemos recibido, esta posibilidad suena a absurda, pero a la larga será la más productiva; piense qué hará Vd. si su coche se avería de manera grave. En condiciones normales es el fin de su automoción, pero con un sistema comunitario su coche puede tener una segunda vida después de muerto. Y es que...
- Un coche es una buena fuente de recambios: Los coches fatalmente averiados serán los recambios de los que aún funcionen, y más en una época disfuncional donde ya no se fabricarán nuevas piezas. Por supuesto que los coches abandonados en la calle también serán útiles. Con el tiempo, los más manitas usarán las piezas descartadas y montarán motores burdos de mecánicas más sencillas que permitirán hacer nuevos coches, más ligeros, sencillos y lentos pero funcionales y fáciles de reparar. Tal tipo de comportamiento se ha observado en países con graves dificultades de suministro (el ejemplo de Cuba le vendrá a muchos a la mente) y es seguro que acabará pasando. No improvisen, anticipen.
Como verán, una parte importante de la movilidad futura e incluso del mantenimiento futuro se basará en apoyarse en la comunidad. Y es que éste es un aspecto clave de la transición, como ya discutimos: la comunidad.
Por cierto que la fotografía que abre el post no esta sacada de internet sino de mi móvil. Esos dos coches tan perfectamente aparcados como arruinados se encontraban el pasado mes de Mayo en una bocacalle de la madrileña Calle de Alcalá. Ya los había visto allí en una ocasión anterior, y me temo que los volveré a ver la próxima vez que vaya.
Salu2,
AMT
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sábado, 11 de septiembre de 2010
Las minas del futuro
Queridos lectores,
En un mundo industrial deprivado progresivamente de su acceso a energía barata y materiales fácilmente accesibles, el futuro de la construcción y el mantenimiento de nuestras construcciones (edificios, fábricas y máquinas) dependerá de varios cambios de concepción con respecto a la actual filosofía de usar y tirar. El primer paso será incrementar la eficiencia y durabilidad de nuestras construcciones; han de usar menos materiales, preferentemente locales y abundantes, y han de favorecer el mantenimiento y el reciclaje. Además, se ha de acabar con conceptos como la obsolescencia programada, es decir, construir un objeto con calidad inferior a la posible con la intención de que agote más rápidamente su vida útil y forzar su recambio (en otras palabras, dejar de hacer paraguas que se rompen cada año o dos y hacer paraguas que duren 20 años, como se hacían antes). El segundo paso a dar es, evidentemente, reciclar efectivamente los materiales, tanto los que resulten del desmantelamiento de nuestras construcciones presentes y futuras, como los que ya se hallan dispersos en nuestros vertederos. Y de eso va este post, de cuáles van a ser las minas que vamos a explotar en un futuro cercano, las cuales contienen materiales esenciales para continuar y que no se encuentran a cientos de metros de profundidad atrapados en dura roca, sino a nivel de la superficie; eso sí, muy dispersos. Nuestras futuras minas son los vertederos, cementerios de coches, chatarrerías y similares. Y de ahí va a salir también ese combustible no renovable que en el post anterior les prometí que nos daría mucha energía pero durante poco tiempo.
El combustible de futuro:
He aquí el combustible que les prometí. Aquí tienen una foto.
Ése es el combustible, del que tenemos en gran cantidad: una botella de agua. No, no me he vuelto loco, tranquilos; no estoy proponiendo la recurrente falacia termodinámica del motor del agua. El combustible es la botella de agua, no el agua. En suma, el plástico de la botella. En general, el plástico, que tan descuidadamente hemos tirado en nuestros vertederos y en medio del monte, y ahora irónicamente nuestro indolencia puede darnos un balón de oxígeno.
El plástico tiene una energía interna que no es despreciable. La mayoría de los plásticos arden cuando se les acerca una cerilla, lo cual quiere decir que son combustibles (al contrario que el agua, que es el residuo de una combustión, la del hidrógeno - ¿a quién se le ocurriría pretender quemar cenizas?). Según una reciente noticia publicada en oil-price.net (por cierto, es la página que consulto cada día para ver el precio del petróleo), una empresa japonesa, Blest, ha inventado un procedimiento para convertir PETs 2,3 y 4 en petróleo o similar líquido, en la proporción de 1 litro por cada kilo, y consumiendo "1 kilovatio de electricidad" (sic) en el proceso (por el precio de 20 centavos que dice a continuación, supongo que quieren decir un 1 kilovatio-hora, medida de energía, no kilovatio, medida de potencia). A falta de saber si esta innovación es un bluff, está claro que tarde o temprano se desarrollará una tecnología similar a ésta, y que seguramente permita aprovechar la mayoría de los plásticos. Se ha de destacar que el EROEI de esta fuente no es extraordinario: si un barril de petróleo representa 1.7 Mw·h de energía, un litro representa 10.5 Kw·h, con lo que el EROEI sería de 10.5, que no estaría mal para una fuente secundaria como ésta. Sin embargo, éste cálculo no incluye el coste de recolectar el plástico en primer lugar y el de transportarlo. Normalmente, la repercusión del transporte es relativamente pequeña (se transportan muchos kilos en un sólo camión), pero la de recolección no es ni mucho menos despreciable. Dada la ingente cantidad de plástico que hemos desechado estúpidamente (hasta un 7% de todo el petróleo producido se destina a la fabricación de plásticos), el volumen acumulado a lo largo de tantas décadas ha de ser por fuerza grandioso y sería estúpido no aprovechar esta fuente, que tiene la ventaja de que es un petróleo ya importado (no dependes de otros países para acceder a él) y que perjudica al medio ambiente. Ahora bien, tendremos que recolectar ese plástico a mano, para que la energía neta que le quede a la sociedad sea notable. Habrá, por tanto, una cantidad importante de trabajos en los vertederos, para extraer a mano ese plástico que representará nuestra última gran fuente de energía no renovable, la segunda vida del petróleo.
Como ya indiqué en el post anterior, no debemos desperdiciar este último aliento del petróleo para intentar continuar con el Bussiness As Usual (BAU). Primero, porque su energía neta es límite para permitirnos un esfuerzo industrial relevante (ya ha comentado Jaime que el acantilado de la energía neta -net energy cliff- se sitúa en torno a un EROEI de 8 a 1), y para poderlo aprovechar necesitaremos emplear muchos esfuerzo y mucha mano de obra; no tiene sentido esclavizarnos de esa manera para después caer en picado. Segundo, porque no podremos aprovechar esta fuente una gran cantidad de tiempo; no todos los plásticos se pueden aprovechar, y no todos se podrán recuperar debido a lo diseminados que están -aunque en EE.UU. lo tienen más fácil, en su costa este pueden ir a "pescar" en el gigantesco "mar de la mierda" que ocupa el Pacífico Nororiental. No tengo estimaciones del volumen que se podría aprovechar, pero dudo que pueda ser mucho más de 10 años de suministro. Tercero, porque si nos empeñamos en mantener el BAU y desplegamos, como es habitual, una gran infraestructura de reaprovechamiento, nos encontraremos que al cabo de unos años dependeremos completamente de las centrales de reciclado energético del plástico... pero no tendremos suficiente plástico. Llegaremos al Peak Plastic, y entonces, ¿qué hacer? Pues tomar la cruel decisión de destruir parte de nuestras pertenencias, de nuestras infraestructuras, para seguir alimentando nuestra sed energética. Al final, inmolaremos nuestros cepillos de dientes, las carcasas de nuestros ordenadores, las bandejas de nuestras neveras, los juguetes de nuestros hijos, nuestros peines y cepillos,... Después, rebañaremos todo lo que quede: los aislantes de los cables eléctricos, los pestillos de las ventanas, algunos barnices de nuestros muebles,... todo para satisfacer una sed que no se apaga. No lo hagamos. No permitamos que se malgaste así el plástico. Si tenemos que recurrir a esta energía, que sea para construir algo nuevo y útil, algo que nos dote de resiliencia; no para precipitarnos desde un precipicio más alto.
Otros combustibles: biogás
La materia orgánica al descomponerse produce metano, que es gas natural y puede aprovecharse como combustible. Ya comentamos hace meses sobre el aprovechamiento de los residuos orgánicos, en el post sobre el pico de la mierda (con perdón). Una sociedad que consuma menos energía y recursos produce menos desperdicios, y éstos son demandados para usos diversos, siendo el más eficiente de todos ellos, en el caso de los orgánicos, el servir de abono para los campos destinados a la alimentación (porque está la siempre ominosa cuestión del pico del fósforo, así que necesitamos cerrar el ciclo del fósforo como sea). El biogás tiene bastante menos recorrido que el plástico, aunque será de utilidad en algunos lugares y aplicaciones. Eso sí, tendremos que meter las manos en los desperdicios para poderlo aprovechar, en algunos casos con mano de obra importante para no disminuir su energía neta.
El reciclaje de los metales
Ya hemos comentado al principio que reciclar será una de las grandes obsesiones de la nueva sociedad. En realidad, aunque ustedes quizá no lo sepan, ya es una gran obsesión de esta sociedad en la que vivimos. Tanto el cobre como el hierro y los diferentes aceros se reciclan hoy en día en cantidad considerable, aunque nada puede compararse con el plomo, metal imprescindible para las baterías de los coches: ver la interesante noticia publicada sobre el tema al blog EcoLab de El País. En un momento determinado, será imprescindible cambiar los diseños de los diversos aparatos para que el reciclaje sea más sencillo, aunque con ello sacrifiquemos rendimiento. ¿Sabían ustedes que el e-waste (los artículos electrónicos desechados) contiene una concentración de oro, plata y otros valiosos metales pesados que es superior a la de las minas que se explotan hoy en día? Pero, de nuevo, para hacer rentable la extracción de los mismos se necesitará mucha mano de obra (situación que, por ejemplo, plantean al interesante, a la par que inquietante, documental de National Geographic: "Un mundo sin petróleo").
Así que, ya lo saben, en el mundo del futuro habrá un espacio muy importante para los mineros del futuro. Que en vez de parecerse a mis paisanos que se movilizan para defender sus puestos de trabajo en las minas de carbón, se parecerán más bien a éstos:
Salu2,
AMT
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