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miércoles, 14 de octubre de 2020

World Energy Outlook 2020: La dificultad de seguir engañándose


Queridos lectores:

Un año más, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual sobre la situación actual y la previsible evolución futura del consumo mundial de energía, el World Energy Outlook (WEO). La edición de este año es un tanto peculiar, porque se ha adelantado en un mes a la fecha habitual de publicación, justificándose este adelanto por los importantes cambios económicos y estructurales que han sobrevenido a consecuencia de la irrupción de la CoVid-19. Por esa misma razón, se nos dice, aunque los escenarios de previsión que se desarrollan como cada año tienen un horizonte de previsión de 25 años, el foco del informe se va a poner en los próximos 10 años. Esto es ya en sí bastante inquietante, porque es conocido que cuando uno se acerca a un punto de transición o de ruptura la capacidad de predecir se acorta considerablemente (lógicamente, uno no sabe qué pasa exactamente después de ese punto, que representa un cambio brusco). Que la AIE no quiera discutir en profundidad qué va a pasar más allá de 2030 es bastante significativo, porque en el fondo es un reconocimiento de que en el momento en el que estamos intentar vislumbrar qué puede suceder en los próximos 25 años, cosa ya de por sí difícil, es ahora completamente imposible. Siguiendo con las peculiaridades de este WEO, nos encontramos que es el más corto que yo haya leído desde que comencé este blog: "solo" 464 páginas, cuando algunas ediciones anteriores habían tenido casi el doble. También eso es mala señal, porque da la impresión de que los responsables del informe de este año no quieren involucrarse demasiado ni complicarse con previsiones que saben seguro que no se van a cumplir. Así que este año, por lo que parece, iremos más al grano.

Como siempre, lo primero que he hecho es buscar la expresión "peak oil". Solo la he encontrado una vez, en la página 178, y encima asociado a la palabra "demanda", es decir, una vez más el falaz concepto de "pico de la demanda de petróleo"; y la frase donde aparece la expresión en cuestión también tiene su miga: "El cenit de la demanda de petróleo ya es una realidad en las economías avanzadas, con la demanda bien por debajo del punto alcanzado en 2005". Curiosa coincidencia de fecha, que es aproximadamente la del cenit de producción de petróleo crudo convencional; justamente, por culpa de que el petróleo convencional ya no daba para más fue cuando el mundo se lanzó a una loca carrera para buscar fuentes extrañas (y poco eficientes) para compensar esa caída. La palabra "peak", sin embargo, aparece la friolera de 56 veces, asociada a conceptos como "pico de emisiones de CO2" (lo cual en principio sería positivo), "pico de producción de carbón" (!!), "pico de ventas de coches" (!!) e incluso "pico de producción de electricidad" en ciertos países (!!!!). Es decir, que a pesar de que se intenta proyectar una cierta imagen de normalidad, todo el WEO parece estar hablándonos de límites.

Yendo ya al análisis del WEO en sí, está estructurado de una manera que no es la habitual: comienza con el resumen ejecutivo,  una introducción y visión general, y después tiene solo 3 secciones: una titulado "Recuperación sostenible", otra "Un regreso incierto" (usa la palabra "return", que en este contexto podría interpretarse como "retorno" o "rendimiento" de una inversión) y la última sobre "Una pandemia más larga". Como cabía esperar y ya comentamos en su día, la CoVid se está utilizando como chivo expiatorio para justificar los cambios profundos que nos esperan en los próximos (y pocos) años. También esto explica el interés de la AIE de no mostrar los resultados de sus previsiones a 25 años vista, para no evidenciar cómo, más allá de lo que dure la pandemia de la CoVid, vamos a seguir cayendo durante décadas (cosa que sí mostraba el reciente informe de BP y que causó tanta extrañeza, porque en 2050 "aún se sentían los efectos de la CoVid").

Pero vayamos ya a desgranar, sección por sección, el contenido de este WEO 2020.

Resumen ejecutivo:

Comienza enumerando los efectos ya constatables de la CoVid-19: en el conjunto de 2020 la demanda de energía habrá caído un 5%, las emisiones de CO2 directamente relacionadas con el consumo de energía un 7% y la inversión en energía un 18%. Este último dato es crítico, porque incluye la desinversión en los yacimientos de combustibles fósiles (y que garantizan la carencia de combustibles a los 5-10 años vista que cuesta desarrollar los yacimientos), pero también la que se está produciendo en los sistemas de energía renovable. Toda una debacle que augura un futuro complicado, y eso en un solo año.

A continuación nos presentan los escenarios que se han trabajado para este WEO. Primera sorpresa: ya no está el escenario de "Business as Usual" (que en los últimos años se había denominado "Políticas Actuales"). Se mantiene, sin embargo, el escenario de "Nuevas políticas", que siguiendo la ruta marcada el año pasado ahora se llama "Políticas anunciadas" ("Stated policies"), un cambio de nombre que sin duda busca evitar que se establezcan comparaciones con escenarios de WEOs previos; también se mantiene el escenario de "Desarrollo sostenible" y se introduce uno que se llama "Emisiones netas cero en 2050", que sería una versión radical de los escenarios "calentamiento de 1.5ºC" de los informes de otros años. Segunda sorpresa: aparece un nuevo escenario que se llama "Recuperación tardía" ("Delayed recovery"). Es interesante el uso de las palabras: no hablan de una recuperación "lenta", sino una que sucede más tarde en el tiempo. Y otra cosa interesante es que este escenario no es una variación del antiguo BAU, sino que lo es del de "Políticas anunciadas", construido sobre la base de que la pandemia directa o indirectamente genera un problema económico de mayor duración del que cuesta salir. Así que, primera noticia de este WEO, se acabó el BAU. Solo se contemplan políticas que van en la dirección de cambiar radicalmente en mayor o menor medida nuestro statu quo. Realmente, un giro copernicano en la AIE.

Otra de las grandes novedades que nos anuncian es que en todos los escenarios se produce un crecimiento espectacular de la generación de energía renovable, y también en todos ellos lo que más crece es la energía solar fotovoltaica, aunque la hidroeléctrica seguirá siendo la fuente más importante entre las renovables, al menos en 2030 (recordemos que no les interesa hablar sobre qué proyectan sus escenarios más allá de ese punto).

Ya en la introducción nos avisan de que la demanda (!) de carbón va a bajar en todos los escenarios, y que la de petróleo se va a aplanar hacia 2030. Dado que como es lógico aún se van a necesitar muchos combustibles fósiles en 2030, se supone que es el gas natural (única materia prima energética no renovable que no ha llegado aún a su pico, aunque lo hará en esta década) quien va a compensarlo incrementándose de manera brutal de aquí a 2030. Por cierto que no deja de ser curioso que siempre nos dicen que el cambio es en la demanda, no en la producción, en contra de la abrumadora evidencia de que el 86% de la energía primaria mundial ha sido durante las últimas décadas proveniente de los combustibles fósiles, sin mostrar signos de cambio ni de transición lejos de ellos. Por algún motivo que no explicitan, confían en que va a haber un cambio radical motivado por cambios en los hábitos de consumo, cambio injustificable en vista de la experiencia, en vez de reconocer que este cambio proviene del agotamiento de los yacimientos disponibles.

Dada la magnitud de lo que se está hablando aquí (y lo breve del lapso, ya que hablamos de solo 10 años), la AIE enumera toda una serie de problemas que emergerán como consecuencia. Se comenta que países como Nigeria o Irak tendrán problemas fiscales severos, pero en seguida la discusión se centra en la pérdida de valor de los activos de las compañías petroleras y gasísticas (para esto, curiosamente, en el mismo saco). Aquí nos encontramos una frase interesante: "La industria del shale norteamericano ha cubierto el 60% del incremento de demanda de petróleo y gas natural del mundo durante los últimos 10 años, pero este crecimiento fue impulsado por el acceso al crédito fácil que ahora se ha secado". Todo un reconocimiento casi explícito de que el fracking fue una burbuja financiera que ahora ha explotado. Y otro dato escalofriante: la inversión en petróleo y gas ha caído un 33% desde 2019, algo brutal teniendo en cuenta que ya habíamos caído un 50% desde los máximos de 2014. El sector de los hidrocarburos se muere porque ya no quedan yacimientos que sean rentables de explotar.

Y, a pesar de esta anunciada debacle, el WEO nos dice que si las infraestructuras existentes se mantienen tan cual nada podrá evitar un aumento de la temperatura global de 1,65ºC. Así pues, se tiene que ser aún más ambicioso con los cambios, y no confiar solamente en las tendencias de desinversión de las compañías. 

Concluye la discusión con una serie de reflexiones sobre el escenario de "Cero emisiones netas" y el papel de los Gobiernos para acelerar el cambio. Aviso a navegantes.


Introducción y visión general:

Tras una serie de observaciones generales, nos comentan que en el escenario de "Políticas anunciadas" la recuperación económica llegará en 2021 y en el consumo de energía en 2023, en tanto que en el de "Recuperación tardía" la recuperacion económica llegaría en 2023 y la del consumo de energía en 2025. Como ven, no están hablando de un escenario apocalíptico de una pandemia que dura décadas, sino más bien unos años, de una manera bastante realista. Con todo, los escenarios se quedan sensiblemente por debajo de lo que marcaba el escenario "Políticas actuales" del WEO 2019.


Sigue con unas extensas discusiones sobre la evolución de las emisiones de CO2, a las que yo no prestaré demasiada atención en este análisis, ya que me parece que se usan para distraer la atención del problema real y urgente, que es la escasez de petróleo; pero hay una que me parece curiosa: "El menor crecimiento económico no es una estrategia para tener bajas emisiones". Una observación interesante, sin duda. Otra cosa sería analizar cuál es el efecto del decrecimiento económico, pero aún es pronto en la AIE para hablar de eso.

Después, introduce la idea de que tenemos que apostar todo a las renovables y la electrificación, e inciden en un punto clave: las redes eléctricas son el talón de Aquiles de este plan. Y nos avisan de que muchas compañías eléctricas están en una situación económica precaria ahora mismo, aunque en muchos casos esto ya viene de la era pre-CoVid. Resulta difícil compatibilizar que todo se apueste a renovables y electrificación con que el sector de la electricidad en el mundo no tenga tan buena salud. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que la electricidad solo representa el 16% del consumo de energía final a escala global y que el otro 84% es difícil de electrificar? ¿Tiene sentido meter aún más electricidad y gastarse más recursos en ampliar y mantener la red eléctrica?

Y tras varias discusiones sobre la evolución futura de ciertas regiones (muy preocupantes todas, sobre todo en el caso de África) comienzan las piruetas para no reconocer la verdad sobre el agotamiento del petróleo, a pesar de que los signos son más que evidentes. La clave está en presentar las cosas de la manera más alambicada y confusa posible. Como se hace, por ejemplo, en la siguiente gráfica.


Nos dice que el valor futuro de la producción de petróleo y gas (calculado como el valor de mercado esperado menos los costes de exploración y desarrollo) van a caer sustancialmente (escenarios "Políticas declaradas" y "Desarrollo sostenible") con respecto a lo que se esperaba en el WEO 2019. Lo cual es muy interesante si uno tiene en cuenta que los costes de exploración y desarrollo están cayendo, en buena medida porque se exploran y se desarrollan menos yacimientos. Además, de acuerdo con el WEO 2019 se esperaba que el precio del petróleo y del gas (en dólares constantes) aumentara de forma mantenida hasta 2040. Por tanto, estas gráficas son una forma de decir sin decirlo que probablemente se va a producir menos petróleo y gas. 

Siguiendo con esa práctica de decir sin decir, nos comunican más abajo que si la inversión en el shale oil (petróleo de fracking) se quedara en los niveles de este año, la producción en 2030 será 4 millones de barriles diarios (4Mb/d) inferior a lo que sería si se mantuviera en los niveles de 2014 (que por cierto fueron superiores a lo que teníamos justo antes de la CoVid). Teniendo en cuenta que el petróleo de fracking representaba en su momento álgido (diciembre de 2019) unos 8 Mb/d, lo que nos están diciendo es que la producción caería a la mitad, y eso teniendo en cuenta que no hace mucho la AIE esperaba que llegase a 15 Mb/d para que el descenso inevitable de la producción de petróleo no fuese tan abrupto.

Se discute luego el escenario de "Desarrollo sostenible", los cambios en emisiones, en polución, etc. A mi esta parte me parece de poco interés, así que no comentaré nada excepto la mención a Sentinel 5P (un satélite de la ESA que mide emisiones de metano), que me ha hecho gracia por mi propio trabajo.

Por último y para cerrar el primer capítulo de la introducción, se habla del escenario de cero emisiones. Significativamente, se habla más de inversión que de otros aspectos que me parecerían más importantes, como la dificultad para hacer una transición renovable.

El segundo capítulo está dedicado entero al impacto de la CoVid en el sector energético. Arranca con la siguiente e impactante figura, en la que se muestra el descenso en demanda, emisiones de CO2 e inversión en el sector energético este último año gracias al impacto de la CoVid.


Se supone que tenemos que estar contentos con ese exiguo incremento percentual de las energías renovables, aunque conviene recordar que, debido a su pequeño tamaño, los porcentajes de incremento de las mismas solían ser otros años de dos dígitos y ahora están en un miserable 1%. En cuanto a las demás, qué decir; y la caída en inversión global del 18% deja claro hacia donde vamos. Todo este capítulo presenta muchos datos sobre la magnitud del desastre, y luego se dedica a presentar y justificar los cuatro escenarios, dejando claro que en una situación tan compleja ninguno de ellos es una referencia más que a la hora de definir políticas. Está claro que no tienen demasiada esperanza de que sus pronósticos se cumplan.


Recuperación sostenible:

Esta sección del WEO se dedica al análisis en detalle de los escenarios de "Desarrollo sostenbile" y "Cero emisiones netas de CO2 en 2050". Estos escenarios no tienen ningún interés para mi porque se basan en la suposición errónea de que se puede conseguir hacer crecer la economía con energía renovable, así que poca cosa comentaré sobre ellos. Llama la atención, eso sí, que el foco se pone en la inversión y en las emisiones de CO2, y se descuida bastante discutir propiamente de energía. Y por cierto que se menciona muchas, muchísimas veces a lo largo de este WEO al hidrógeno, pero casi siempre como "low-carbon hydrogen", es decir, lo que se está llamando aquí "hidrógeno azul" o de bajas emisiones de CO2. Es decir, que de momento el meme del momento en Europa, el hidrógeno verde, aún no ha entrado a la escena de la AIE.

 

Un regreso incierto:

Esta sección del WEO se dedica al escenario de "Políticas anunciadas" y es donde me detendré más, porque a pesar de todo lo que se dice es obviamente el escenario de referencia para la AIE o, al menos, por donde se desearía ir. Ya la primera figura de esta sección nos indica qué cabe esperar.


La figura de la izquierda nos muestra las tendencias para demanda de energía y para emisiones de CO2, mientras que la de la derecha nos habla de las variaciones relativas de la demanda de los diferentes combustibles. Son variaciones porcentuales hasta el 2030 (todos los indicadores están normalizados a 1 en el año de inicio, 2019), y aparte de la bajada inexorable del carbón  lo más destacable es la subida fulgurante de las renovables, que se incrementan un 60%... con respecto a lo que son ahora, que es poco, así que la cosa no es tan espectacular. También llama la atención la subida de la nuclear a pesar de su obvia decadencia de décadas, pero en realidad lo más destacado sería que el petróleo aún llega a subir, aunque sea lentamente, y que el gas natural, aunque crezca bastante, no se dispara. Para que vean que el cambio indicado hasta 2030 no es nada del otro mundo, vean cómo consideran que variará la composición de las fuentes de energía primaria en porcentaje de aquí a 2030.


Como ven, los combustibles fósiles pasarían de representar el 81% de la energía primaria en 2019 al 76% en 2030. Nótese también que la AIE ha cambiado sus criterios en la contabilidad de la energía renovable, convirtiéndola en su "térmica equivalente" como ya comentamos el año pasado, y básicamente más que duplica la aportación real de energía de las fuentes renovables. Aún con todo, su previsión resulta bastante magra.

Es particularmente interesante su previsión para la evolución del consumo de las diferentes fuentes de energía según la región del planeta.



Una vez más, nos encontramos con que los EE.UU., Japón y la Unión Europea van a tener que reducir su consumo de petróleo y carbón para que el resto del mundo lo pueda aumentar. Significativamente, en EE.UU. y en la Unión Europea se va a reducir además la cantidad de energía nuclear (pobres de aquéllos que aún creen que esta fuente condenada es el futuro) y, sorpresa, en la UE también se va a reducir el consumo de gas natural. Al final, si se fijan bien, el previsto aumento del consumo de energía renovable no va a compensar el descenso de las otras materias, y tanto Japón como EE.UU. y la UE van a tener un importante descenso energético... y eso solo hasta 2030.

Y llegamos por fin a la parte dedicada específicamente al petróleo. ¿Qué cabe esperar? De acuerdo con este escenario, que después de la caída vayamos por una senda paralela a la que seguíamos.



Pero eso es solo si nos fijamos en la demanda. Si nos fijamos en la oferta (que aparece dos capítulos más adelante, para hacer más confusa la lectura) nos encontramos con la gráfica que estaba buscando.


Esta es de las pocas gráficas que se enseñan hasta 2040, como ven. Observarán también que si las petroleras no invierten, la producción descenderá en picado, desde los 98 Mb/d de 2019 hasta alrededor de 20 Mb/d en 2040. Si simplemente se invierte en los pozos existentes, se produce un pequeño repunte hacia 2022 y después se sigue cayendo bastante rápido hasta quedarse en poco más de 40 Mb/d en 2040. Solo trayendo nuevos campos en línea (menos en el escenario de "Desarollo sostenible", franja verde, que en el de "Políticas anunciadas", que añade la franja azul a la verde) podríamos estabilizar la producción alrededor de los 100 Mb/d en 2040. La cuestión es, ¿dónde estamos ahora mismo? Ya antes de la CoVid nuestra situación se parecía más a la de invertir solo en los campos existentes, ya que eso es lo que hacían la mayoría de las compañías del mundo con la sola excepción de los EE.UU., que aún apostaba todo el fracking. Solo EE.UU. nos evitaba empezar a caer. Con la llegada de la CoVid y la destrucción final de fracking, nuestro curso más probable ni siquera ya es ése, porque las compañías están abandonando explotaciones debido a la dificultad de encontrar financiación. Nuestro rumbo comienza cada vez más a parecerse al peor posible, el de la Tormenta Negra. Es decir, que de aquí a 2025 podríamos llegar a perder más del 40% de la producción de petróleo, si no media una intervención de los estados. Máxime cuando el propio texto del WEO explicita las dificultades financieras de las compañías y de los estados productores de petróleo.

Y lamentablemente, en este WEO simplificado y de baratillo no hay referencia a la producción de petróleo según el tipo, aunque posiblemente se pueda encontrar, con paciencia, en las tablas Excel que se adjuntan al documento.

No hay gráficas claras para la evolución de la producción de gas natural, solamente gráficos confusos como el siguiente, que expresa la variación relativa de la producción de gas respecto al período anterior.



Como cosa más reseñable, es la primera vez que un WEO refleja una caída, aunque sea temporal y fruto de la CoVid, de la producción de gas natural. El informe también discute sobre la resiliencia económica del gas y los difíciles números del LNG, el gas natural licuado que se exporta con buques metaneros.

Tampoco se encuentra una gráfica aislada para el carbón, y menos aún detallando el tipo de proyectos, como se presentaba otros años. Este WEO omite muchos detalles esenciales que en ediciones anteriores se podían encontrar. Al final, la gráfica que mejor muestra la situación es una con la evolución prevista de todos los combustibles.

 

Inquietante categoría la de "low-carbon fuels", porque tengan presente que los biocombustibles y el biogás ya son contabilizados en las categorías de petróleo y gas natural, respectivamente.

Otro detalle interesante es que en este WEO (toca uno sí y otro no), aunque sea poco, sí que se habla de uranio, y aunque se afirma que hay grandes reservas en el mundo, se reconoce que los retrasos en los proyectos de las minas y la actual situación económica creada por la CoVid ha favorecido que muchas minas proyectadas hayan quedado paralizadas. Otro claro aviso a navegantes.

La parte de esta sección dedicada a la electricidad no me ha resultado particularmente interesante, pero sí que he encontrado algunos detalles dignos de mención. Uno es la siguiente gráfica, sobre la evolución prevista para la inversión en instalaciones eléctricas.


Como ven, tendrá que subir con fuerza la inversión en la expansión y mantenimiento de la red eléctrica (grid), si se quiere que estos planes tengan sentido.

La otra cosa interesante a destacar es la previsión de cómo deberían de aumentar las capacidades de almacenamiento eléctrico en las diferentes regiones para poder cumplir con los planes previstos. Crecimientos excesivamente rápidos y que no hay ninguna garantía financiera, de disponibilidad de materiales ni tecnológica que asegure que se puedan cumplir.


 

Una pandemia más larga:

La última sección del WEO está dedicada al análisis del escenario "Recuperación tardía". Este escenario, por diseño, corresponde claramente con la idea de explorar qué pasaría si las cosas no salieran tan bien como nos gustaría, aunque solo un poquito peor. Es una primera aproximación, aún tímida, a lo que va a pasar realmente. Las gráficas, simplemente, son un poco peores que para el escenario de "Políticas anunciadas". Así se ve con el petroleo, por ejemplo.


En el caso del gas natural, es interesante comprobar que el valle que se ha iniciado con la CoVid duraría hasta 2025 al menos.


El carbón iría un poco peor también.


Y eso es básicamente todo: comenta algo sobre la nuclear, sobre una ligera caída de la inversión en fuentes renovables y poca cosa más.


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Tras haber leído este más breve WEO, mi impresión es bastante triste. No me esperaba un reconocimiento directo (o al menos no me lo esperaba aún) de la AIE de que hemos chocado con los límites biofísicos del planeta, pero aún así me esperaba algo mejor, sinceramente. Este WEO peca de ser bastante más superficial que los anteriores. Los análisis son más incompletos y, en general, los argumentos son más difíciles de aceptar, incluso desde una perspectiva de la ortodoxia económica. Además, numerosas gráficas desmienten las afirmaciones que se hacen, y en diversas secciones las salvedades que se hacen (por ejemplo, sobre la inestabilidad fiscal de los países productores de petróleo o el riesgo de bancarrota de las compañías eléctricas en EE.UU.) deberían de hacer sonar las alarmas. Pero no. Falta información esencial sobre los tipos de combustible e incluso la información sobre los usos de la energía es menos detallada que otros años.

Básicamente, éste es un WEO hecho con prisas. La prisa de enviar un mensaje de esperanza antes seguramente de las elecciones presidenciales en los EE.UU. o de alguna otra decisión importante que se va a tomar en los próximos meses. Por eso mismo, no transmite un mensaje claro y las gráficas y evidencias que presenta parecen más destinadas a confundir que otros años, porque en los años anteriores al menos había un camino claro que se pretendía trazar. Hoy no. Hoy no sabemos hacia dónde vamos, y eso hace que la finalidad de este WEO sea más confusa que nunca. Porque cada vez resulta más difícil no ya engañar a los demás, sino engañarse a uno mismo y decir que todo está bien cuando resulta cada vez más evidente que ni las cosas están bien ni van a mejorar.

Salu2.

AMT

miércoles, 25 de abril de 2018

En transición hacia un período de precios altos del petróleo (dos)

Queridos lectores,

Recientemente, JotaEleEne me envió una revisión de su post del mismo título que el actual, aparecido en estas páginas hace menos de dos años. Como llevo unos días preparando un post largo sobre las actuales tendencias en la producción de petróleo que aún no he acabado, me ha parecido oportuno publicar el del JotaEleEne como introducción, y estoy seguro que será de su mayor interés. Les dejo con JotaEleEne.
Salu2,
AMT


En transición hacia un período de precios altos del petróleo (dos)
Ha pasado un año y siete meses desde que escribí el post En transición hacia un período de precios altos del petróleo. Ya entonces en el trabajo se consideraba que más de la mitad de la producción mundial de petróleo no podía soportar precios tan bajos.
También se decía que lo más lógico es que los precios se recuperasen hasta por encima de los 100 dólares el barril, como se mantuvieron desde el 2011 hasta el 2014, ya que fue un precio que facilitó la expansión de los petróleos no convencionales y que además convenía a la mayoría de productores de petróleo. Sin embargo también se decía que era posible que los precios tardasen un tiempo en recuperarse, lo cual se está cumpliendo. Y tardan en recuperarse porque no hay voluntad en todos los productores de recuperar precios, y también porque la capacidad de endeudamiento de algunos países productores y de  empresas energéticas es grande.
Escribo ahora este post porque considero que hay algunas razones para creer que a lo largo de este año se puede volver a precios próximos o superiores a los 100 dólares el barril.
Ante todo veamos la situación de la producción y el precio.
Gráfica 1: Producción, demanda y precio del petróleo. Datos de OMR.
 
Una vez terminada la sobreproducción de petróleo que provocó la caída del precio del petróleo y que se refleja en la gráfica en los años 2014, 2015 y mitad del 2016, había esperanzas de que el precio volvería a subir por encima de los 100 $/barril. Sin embargo la incapacidad de la OPEP para llegar a un acuerdo para estancar la producción y el aumento de la producción de EE.UU. con el fracking está retrasando el aumento esperado. Se puede ver en la gráfica como el precio del petróleo lleva una progresión de subida muy lenta, aunque ya en el año pasado se afianzó el precio sobre los 50 dólares por barril, un precio bastante más lógico que el pozo de los 34 dólares en el que cayó en el primer trimestre del 2016.
¿Qué razones hay para pensar que pueda continuar la progresión de subida del precio al final de la gráfica?.
Ante todo y quitando a los EE.UU., los demás grandes productores han conseguido salvar sus diferencias y tienen estancado el aumento de producción.
Estas son las gráficas:
 
Gráfica 2: Producción de petróleo OPEP. Datos de OMR
Gráfica 3: Producción de petróleo Rusia. Datos de OMR

Gráfica 4. Producción de petróleo de Canadá. Datos de OMR
Gráfica 5: Producción de petróleo de China. Datos de OMR

Gráfica 6: Producción mundial de petróleo. Datos de OMR

En realidad el crecimiento de la producción de Canadá ya estaba afectado por los bajos precios desde finales del 2014, señal inequívoca de que los precios bajos también afectan a las arenas asfálticas de Canadá.
También China parece estar afectada por los bajos precios del petróleo, aunque si tenemos en cuenta que el crecimiento de la producción en China en estas últimas décadas había sido muy estable y que se está compensando este declive con importaciones, podría ser que la producción de China se encuentra entrando en una meseta por la  llegada a su cenit de producción. Algo que sin duda tardaremos algunos años en verificar.
Como se puede ver, el resto de los mayores productores de petróleo salvo EEU.U tienen detenido el aumento de la producción, lo cual ha hecho que la producción mundial entre en una pequeña meseta al final (gráfica 6).
Veamos cual es la situación de los EEUU:
 
Gráfica 7: Producción de petróleo de EE.UU. Datos de OMR
 
Vemos que la producción de EE.UU. después de una fortísima subida desde el 2008 (no representada en la gráfica), con la bajada del precio del petróleo tuvo un cenit de producción en abril de 2015, después del cual bajó levemente la producción hasta que nuevamente tuvo un ciclo alcista en septiembre del 2016, poco después de empezar otra vez a subir el precio del petróleo (gráfica 1). Esto nos indica que la producción de EE.UU., mayormente el fraking, también quedó afectada por los bajos precios del petróleo.
Si actualmente quitamos la producción de EEUU de la producción mundial, desde agosto del año pasado la producción mundial estaría disminuyendo, lo que quiere decir que desde que los grandes productores han estabilizado el crecimiento de la producción, el fracking es el único capaz de responder al crecimiento de la producción mundial; situación a tener en cuenta, ya que la demanda siempre tiende a crecer (gráfica 1). La demanda suele subir en los tres trimestres finales de cada año y suele bajar en el primero, esto es algo que se puede observar también en la gráfica 1.
Si como hasta el final del año es previsible que suba la demanda. ¿Será capaz el fracking de compensar él solo el crecimiento de la demanda mundial? ¿Se conformará con este precio o necesitará de precios más altos?.
A continuación una gráfica con la producción de las tres cuencas más importantes del fracking con el precio del petróleo superpuesto.
 
Gráfica 8: Producción de las tres cuencas más importantes del fracking y precio. Datos EIA.

Se puede observar como la bajada del precio del petróleo afectó a las cuencas de Bakken y Eagle Ford; sin embargo, Permian en principio moderó su crecimiento para posteriormente continuar creciendo. Según la evolución de la gráfica, a Permian no le afecta gran cosa la disminución del precio del petróleo.
¿Qué es lo que hace que el precio del petróleo no afecte a Permian?.
En principio hay varias características que favorecen la mayor rentabilidad de Permian:
  • Su geología está compuesta de varias zonas apiladas que pueden ser aprovechadas por una sola perforación.
  • Dispone de refinación local y de oleoductos existentes. Si nos fijamos en la gráfica el fracking en Permian empieza a crecer encima de una buena base de petróleo convencional que ya se estaba extrayendo.
  • Dispone de varias zonas donde se puede extraer petróleo de pozos verticales menos costosos de desarrollar y de más duración.
  • Se aplican con éxito nuevas técnicas de recuperación e innovaciones tecnológicas como perforaciones horizontales más largas.
  • Reducción del costo de servicio.
  • Se extrae el petróleo más rentable y de fácil extracción, dejando el resto para cuando suba el precio del petróleo.
Aunque algunas de estas características son también usadas en otras cuencas, es la combinación de todas lo que hace tan rentable la extracción de petróleo en Permian. Desde el punto de vista del rápido crecimiento que permite esta zona, pienso que la característica más decisiva de todas es la obtención de solo el petróleo más rentable; que sin duda se puede permitir esta zona más fácilmente gracias a las características geológicas de la zona y al rápido acceso a infraestructuras de distribución.
Teniendo en cuenta todo esto vamos a hacer unos escenarios de cómo puede evolucionar el precio del petróleo a corto plazo. Siempre teniendo en cuenta que la OPEP y Rusia siguen respetando su acuerdo y mantienen su producción estabilizada.
  • La extracción de Permian a precios parecidos a los actuales puede durante un tiempo compensar la subida de la demanda mundial.
  • Permian no puede compensar él solo la subida de la demanda mundial, por lo tanto sube el precio del petróleo y con ello se activa el aumento de producción en las cuencas de Eagle Ford, Bakken y demás cuencas de fraking. Canadá estaría también es esta situación, favorecida por subidas del precio del petróleo, aumentaría también su producción. Igual que Canadá estaría Brasil, cuya evolución de la producción ha sido muy parecida a la de Canadá.
  • El fracking, Canadá y Brasil no consiguen compensar el aumento de la demanda por lo tanto aumentarían la producción la OPEP y/o Rusia pero manteniendo precios altos.
  • La OPEP y Rusia son mucho gallo en el corral, así que hay rebeliones de gallos aumentando la producción. Esta situación rompería los escenarios anteriores y volvería al escenario de precios más bajos como pasó en el 2015. A mi juicio, esto no le interesaría a nadie, pero tampoco deberíamos descartarlo, ya que ha pasado en estos años anteriores.
La producción del resto de países no se contempla ya que la producción no-OPEP sin estos mayores productores estaría en declive.

Conclusión
Le ha llegado la hora al fracking de demostrar hasta dónde puede llegar. En principio salvo Permian, el fracking necesita de precios más altos. Si consigue Permian mantener el aumento de producción de la demanda mundial a estos precios tendremos que esperar durante algún tiempo más el tan ansiado aumento del precio del petróleo. Mientras tanto seguirá siendo difícil vender la idea del peakoil a estos precios... y los picoileros seguiremos hablando de política en foros de energía.

Saludos.
JotaEleEne 

miércoles, 9 de agosto de 2017

El camino imposible hacia la transición renovable


Queridos lectores,

Cada vez que discuto sobre el problema de la crisis energética con especialistas del sector de las renovables, me encuentro, siempre, con los mismos planteamientos y con la misma discusión. Suele comenzar mi interlocutor, quien me comenta de los avances que se están haciendo en tal o cual tecnología para el mejor aprovechamiento renovable o para incrementar su penetración en la generación eléctrica. A esto vuelvo yo recordando que la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida en un país avanzado como España, y que el 70 y muchos por ciento no eléctrico no es fácil de electrificar, y que se requiere mucho esfuerzo y planificación para llevar tal tarea a cabo, sabiendo que ciertos usos de la energía probablemente nunca se electrificarán. En añadidura, hacer toda esa transformación en el contexto que supone el desafío del peak oil, momento probablemente ya superado, en conjunción con los probablemente ya pasados picos del carbón y del uranio, y el no demasiado lejano pico del gas, implica que en relativamente poco tiempo vamos a necesitar mucha energía que ya no tendremos. Y que quizá el foco se debería poner en ver cómo se tienen que diseñar los escenarios para que la transición renovable sea estable, pues sin planificación podríamos acabar siguiendo un callejón sin salida (como los primeros resultados del proyecto MEDEAS parecen indicar - serán presentados el próximo septiembre, por cierto). En ese momento, mi interlocutor suele responder que todo lo que sea ir incrementando el potencial de generación renovable nos hace avanzar en la necesaria transición energética. Esa respuesta (la de que ir añadiendo sistemas de generación renovable es siempre avanzar en la buena dirección) demuestra, entre otras cosas, que mi interlocutor no ha entendido lo que le acabo de decir. Pues justamente uno de los problemas que tenemos es que, para que la transición renovable llegue a buen puerto y no nos conduzca más rápidamente al colapso, se requiere un alto grado de planificación.

Que la transición renovable, para que sea efectiva, requiere un alto grado de planificación, es algo que choca con las expectativas de la mayoría de los expertos, y no hablo aquí sólo de los despistados de los que me suelo mofar. Incluso a aquellos expertos con posiciones más aperturistas, que comprenden que lo que llamamos (sin serlo) libre mercado no lo puede regular todo, les resulta incomprensible que se tenga que tomar una medida tan drástica como inhibir la autoregulación y marcar férreamente desde una autoridad central qué se debe hacer y cómo se debe hacer. Sin embargo, tenemos ya muchos indicios de que tal planificación es absolutamente necesaria. Por ejemplo, en el trabajo que publicamos en 2012 (en el que asumíamos muchas simplificaciones pero como mínimo introducíamos planteamientos realistas sobre la capacidad tecnológica de los sistemas a utilizar y sobre el uso de materiales requeridos) llegábamos a la conclusión de que la meta del 100% renovable podría ser alcanzada pero 1) se tenía que implantar, a escala mundial, una economía de guerra inmediatamente y durante los siguientes 30 años; 2) se necesitaría un grado de cooperación internacional a una escala nunca vista; y 3) una vez llegado al 100% renovable se tendría que abandonar para siempre el objetivo del crecimiento, pues el abastecimiento energético ya no podría crecer sobre el nivel conseguido, y todo lo más que se podría hacer sería repartir lo que hubiese.

Existe entre los especialistas una gran (y alarmante) disparidad de opiniones sobre el potencial renovable y muchas discrepancias en cómo se podría construir un mix 100% renovable a escala global - conviene aclarar primero que por tal cosa queremos decir uno capaz de producir una cantidad de energía que mantuviera una parte substancial de la actual sociedad industrial; obviamente, si colapsaramos por completo las sociedades humanas sobrevivientes serían 100% renovables a la fuerza, pero lógicamente a un nivel energético muchísimo menor que el actual. Y las diferencias de opinión son tan grandes que algunos expertos afirman que se podría mantener el objetivo del crecimiento durante muchas décadas aún, mientras que otros indican que es imposible de conseguir el 100% renovable, si lo que se pretende es mantener el nivel de consumo similar al actual. Pero, a pesar de esas diferencias, los estudios medianamente serios suelen llegar a una conclusión no demasiado diferente de la de nuestro trabajo de 2012, es decir, que es necesario tomar medidas muy drásticas de planificación en el uso de recursos y en las políticas energéticas e industriales para poder conseguir el objetivo 100% renovable, y que tales políticas tendrían que ser vigentes durante muchos años. En algunos casos, análogamente a nuestras conclusiones, se explicita la imposibilidad de seguir creciendo; en todos ellos, queda claro que hay que poner coto a los sistemas de libre mercado e imponer una planificación obligatoria a escala mundial.

Éste es uno de los grandes problemas de la transición a un modelo de producción de energía 100% renovable (se sobreentiende siempre, manteniendo la sociedad industrial). Y es que, con esos planteamientos, el mix energético 100% renovable es incompatible con la economía de mercado. El problema es muy profundo, pues no afecta solamente a la producción y distribución de energía: dentro de un paradigma capitalista se podría llegar a aceptar que la energía fuera un servicio nacionalizado, con tal de que se permitiera que el resto de actividades fuera completamente liberalizado; sin embargo, dado que la energía es la precursora de la actividad económica (la energía es la capacidad de hacer trabajo, y porque somos grandes consumidores de energía podemos incrementar enormemente el PIB - recordemos que el incremento de consumo de energía es responsable del 60% del incremento del PIB), si uno limita el uso de la energía (y la planificación energética no se limita a la producción, sino que abarca también quién usa y cómo usa la energía) toda la actividad económica acaba sometida a planificación.

Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo. Debido a eso, es completamente natural que los grandes capitalistas sientan una profunda aversión por la transición energética, a la que ven como poco menos que un neocomunismo disfrazado de ecologismo (aunque, como ya vimos, el comunismo tiene el mismo problema de insostenibilidad energética que el capitalismo). No deja de ser curioso que la bastante manifiesta aversión de los máximos exponentes del capitalismo a la transición renovable sea interpretada por los grupos pro transición como un miedo a la posibilidad de "democratizar el acceso a la energía", ya que -interpretan estos grupos- la producción de energía renovable sería de manera natural descentralizada (o sea, que cada hijo de vecino podría "producir su propia energía", como suelen decir). Dejando al margen si los sistemas renovables podrían producir tanta energía como se piensan (cosa en sí misma discutible, habida cuenta de los límites de los sistemas renovables), resulta obvio que la liberalización real y absoluta de la producción de energía no es realmente lo que preocupa a los capitalistas, como tristemente muestra el caso de España (pues si es preciso se usa el poder político, completamente cooptado por el económico, para introducir barreras de acceso al mercado al productor minorista).

En realidad, el problema de los sistemas renovables, además de sus límites, es que la producción de energía de origen renovable (dejando de lado la hidráulica) tiene una baja densidad energética y baja exergía. En todas las transiciones energéticas que ha vivido la Humanidad desde el principio de la Primera Revolución Industrial, siempre se ha pasado de fuentes de energía menos densas energéticamente a otras más densas energéticamente, y además las fuentes antiguas no eran abandonadas, sino que todo se iba acumulando. En este caso, se requiere no sólo sustituir una energía densa y versátil, como la que nos proporcionan los combustibles fósiles, por una menos densa y menos versátil, y encima al tiempo ir eliminando el uso de los combustibles fósiles por la doble necesidad de su producción decreciente y por la lucha contra el cambio climático. Como digo, la restricción es doble: por un lado, es necesario reducir nuestras emisiones de CO2 a un ritmo muy rápido para evitar desestabilizar aún más el clima de nuestro planeta; pero, por el otro, aún cuando quisiéramos alargar la época de los combustibles fósiles todo lo posible, el progresivo y termodinámicamente inevitable descenso de la producción de energía fósil minará la viabilidad de nuestro sistema económico, condenándonos a una crisis que no acabará nunca. Bajo tales restricciones, nuestro sistema económico está tocado de muerte y es inevitable buscar un sistema de planificación energética y económica, como comentábamos más arriba, pero no por cuestiones ideológicas, sino meramente lógicas. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: ¡Es la Termodinámica, estúpido! Sin embargo, la mayoría de los grupos ecologistas y concienciados con el medio ambiente insisten en las vías evolutivas y posibilistas, como el ejemplo que explicaba al principio de este post. Estas personas creen de buena fe que el ir incorporando sistemas renovables va contribuyendo, aunque sea poco a poco, a disminuir las emisiones de CO2 y nos lleva por la buena dirección. Una buena dirección sobre la que siempre he dudado, y que por las razones expuestas en este post es más bien un malgasto de recursos, puesto que con ella no se consigue una disminución del consumo de combustibles fósiles y no se va a la raíz del problema. En suma, alentar las vías evolutivas dentro del mecanismo de un (presunto) libre mercado no es más que una distracción inútil, cuando lo que ya es inaplazable es un cambio del sistema económico y productivo. Sin embargo, todos somos conscientes de que el discurso de la mayoría de las organizaciones pro transición energética sigue encerrado en el posibilismo de una evolución del sistema, en vez de plantear abiertamente una revolución del sistema.

Por supuesto mi posición no sólo es minoritaria, sino  también bastante impopular. Por todo ello, viendo la falta de avances reales hacia una transición energética que merezca tal nombre mientras que en la prensa se jalean como si fueran grandes logros cambios verdaderamente anecdóticos, y viendo cómo proliferan los análisis que anuncian décadas de precios bajos del petróleo cuando claramente nos dirigimos hacia una caída abrupta de la producción que generará un nuevo shock de precios (que la Agencia Internacional de la Energía espera para antes del final del 2018), lamentablemente sólo puedo ser pesimista en lo que a nuestro futuro inmediato se refiere. Tal y como lo veo, un cierto grado de colapso es ya inevitable, porque sólo cuando haya graves disfuncionalidades a gran escala se comprenderá que hace falta algo más que un cambio cosmético y posibilista. Es una manera necia de obrar, pues para cuando los problemas tengan tal magnitud tendremos menos recursos y menos margen de maniobra para actuar de manera eficiente, pero aún quiero creer que en ese momento podremos implementar los cambios que todos necesitamos y que a todos nos benefician.


Salu2,
AMT