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miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

Queridos lectores:

Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento 8 refinerías de las que había, y solo ha cerrado una, en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.
  • Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
     
  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.
  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...
  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...
  • La solidaridad europea: Desde la aprobación de la directiva RepowerEU en 2022, justo después del arranque de la guerra de Ucrania, se estableció un mecanismo de solidaridad entre los países europeos que tiene como finalidad compensar los déficits de combustibles de algunos socios con la ayuda de los otros socios. Aunque el mecanismo de solidaridad está más bien pensado para hacer compras conjuntas, no será de extrañar que, en medio del marasmo actual, se le pida a España un esfuerzo extra dado que España puede cubrir bien durante bastantes meses sus necesidades de gasolina y diésel, y parcialmente las de queroseno, gracias a sus 9 refinerías y sus reservas. De hecho, ya se ha ofrecido que España compense parte de los faltantes europeos de queroseno. Habrá que ver qué sucede cuando lo que falte sea la gasolina y el diésel - que ya empiezan a faltar en países como Irlanda, Francia o Eslovenia. Si España comienza a compartir con Europa sus productos refinados, dado que las refinerías españolas no pueden aumentar mucho más su capacidad de producción, significaría que se tendrían que implementar de manera inmediata medidas restrictivas en España. Se tiene que hacer notar, además, que las paradas de mantenimiento programadas para las refinerías españolas se han aplazo sine die, dada la situación actual, lo cual incrementa el riesgo de averías críticas y tiempo sin funcionamiento en el futuro.

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto. 

 

Salu2.

AMT 

lunes, 11 de octubre de 2021

La crisis del carbón

 

Queridos lectores:

Prácticamente de manera simultánea con la crisis del gas que se ha desatado sobre todo en Europa, durante los últimos días hemos visto cómo se desarrollaba una crisis paralela, la del carbón, aunque ésta ha afectado sobre todo a China y a la India. En China, la escasez de carbón está provocando apagones en 20 provincias y está afectando ya a la capacidad manufacturera de la fábrica del mundo. En la India, se ha llegado a anunciar varias veces que quedaba carbón para pocos días, y ya se han producido apagones y restricciones parciales de acceso a la electricidad. Recordemos que son los dos países más poblados del mundo, con unos 2.800 de los 7.900 millones de habitantes del planeta, es decir, más de la tercera parte de toda la Humanidad.

Una característica que China e India comparten es su enorme dependencia del carbón para la producción de electricidad (el 65 y el 70%, respectivamente). La agresiva introducción de sistemas renovables en China ha conseguido disminuir sensiblemente el peso del carbón en su mix eléctrico, pero porcentualmente las centrales térmicas de carbón siguen siendo la principal fuente de electricidad con diferencia.


Que ambos países usen tanto carbón es lógico si tenemos en cuenta que a nivel mundial son el 4º y 5º país, respectivamente, en volumen total de reservas de este combustible; y si miramos las reservas de los carbones con mayor contenido energético son el 2º y 3º en importancia. Y, sin embargo, ambos países están teniendo problemas para abastecer su creciente demanda de esta materia prima. Delante del marasmo actual, el Gobierno chino ha ordenado aumentar la extracción de carbón de sus minas, y al mismo tiempo está permitiendo que se vacíen los almacenes de carbón proveniente de Australia, que llevaban más de un año paralizados por una disputa entre ambos países. Por su parte, en la India, más del 70% de las nuevas concesiones de mina de carbón subastadas por el Gobierno el pasado mes de julio quedaron desiertas por falta de postores; las razones aducidas para esa falta de interés, los problemas ambientales y el escaso margen comercial.

Esa cuestión, el escaso margen comercial, nos lleva a la cuestión central del problema del carbón. Igual que con el petróleo, se está acabando el carbón barato. Las minas de carbón del mundo tienen cada vez peor rendimiento, dan un producto de calidad decreciente y cuesta más de procesar. Aunque teóricamente China podría aumentar aún un poco su propia producción de carbón, se enfrenta a enormes problemas logísticos para su transporte y utilización, siendo recurrentes atascos ocasionados por camiones de carbón que duran días y se extienden más de 100 kilómetros.

Si miramos la cuestión a escala mundial, todo indica que estamos superando o a punto de superar el pico del carbón. La gráfica que sigue muestra la producción mundial de carbón (en energía, ya que en volumen hay mucha disparidad de energía dependiendo del diferente tipo de carbón).


Se ve que desde 2014 la producción de carbón ha entrado en una fase de meseta ondulante, que es un fenómeno característico cuando se está llegando al máximo de producción de una materia prima. El máximo de 2014 ha sido ligeramente superado en 2019, y aún es pronto para asegurar que se ha llegado al pico absoluto del carbón a nivel mundial  puesto que geológicamente aún se podría incrementar ligeramente, pero en la práctica el margen de crecimiento va a ser pequeño a partir de ahora. Lo que sí es cierto es que, debido a que la geología permitiría subir un poco más durante unos años extra, la duración de la actual meseta va a ser seguramente bastante dilatada en el tiempo. Es decir, la producción de carbón no va a subir mucho más de donde está ahora (quizá un 5% como mucho), pero se puede mantener en los niveles actuales fácilmente durante un par de décadas o quizá más. Al contrario de las curvas de producción del uranio, que suben lentamente y bajan rápidamente, las curvas de producción del carbón tienen tendencia a tener caídas lentas y tardías. Por tanto, la gestión del pico del carbón va tender a ser agónica, sin reconocer que se está tocando techo a nivel energético y alargando durante muchos años la cuestión con noticias de nuevos yacimientos que están a punto de aparecer y que resolverán la carestía y la escasez. Para más INRI, la acelerada caída de la producción de petróleo durante los primeros años de esta década hará que el carbón cobre más relevancia como sustituto y sostén de la sociedad industrial.

La crisis del carbón no es exclusiva de China e India, por supuesto. Media docena de países están viendo apagones por culpa de la escasez del carbón que usan para sus centrales térmicas. En ese sentido, llama la atención la tranquilidad que reina en EE.UU respecto a este tema. Aunque aún genera un 30% de su electricidad usando carbón, sus reservas son muy grandes (las mayores del mundo) y puede abastecer sin problemas su consumo doméstico e inclusive exportar carbón. El enorme aumento del consumo estadounidense de gas para la generación de electricidad en estos años, hasta el 34% actual, no se ha visto tampoco afectado por la paralela crisis del gas, debido a la abundancia de gas de fracking, económicamente ruinoso pero subvencionado para apuntalar el resto de actividades. En ese sentido, los EE.UU. se están mostrando más resilientes que el resto del mundo para hacer frente a la crisis energética, al menos en lo que al gas y el carbón se refiere - otra cosa será cuando la crisis del petróleo se muestre con toda su crudeza.

En Europa, la crisis del carbón también tiene consecuencias. Debido a la crisis del gas, los precios de la generación eléctrica se han disparado en toda Europa, pero donde menos ha afectado es en aquellos países donde se usa más carbón. Y muy notablemente, Polonia, donde el 72% de la electricidad se genera quemando carbón y solo un 9% quemando gas.

Precio de la electricidad en Europa el 7 de octubre de 2021



Por eso no es de extrañar que Alemania haya recuperado su interés por el carbón. Hace tan solo 3 años, Alemania aún generaba el 40% de su electricidad usando carbón; en la actualidad, el carbón solo aporta el 26% de la energía eléctrica (lo cual, por cierto, ha venido acompañado de un descenso generalizado del consumo eléctrico).


La causa más probable de esta caída no es tanto los votos de Alemania para cumplir con sus compromisos climáticos, sino la dificultad de encontrar carbón, sobre todo antracita, dada la ya comentada meseta ondulante en la que se encuentra la producción mundial de carbón desde 2014.

Pero la prueba más palpable es que los compromisos de Europa en la lucha contra el Cambio Climático no valen nada es la petición desesperada que Europa le hace a Rusia para que aumente sus exportaciones de carbón hacia el Viejo Continente. Petición que Rusia (segundo país del mundo por reservas totales de carbón) no podrá atender, porque ya está comprometido con sus voraces vecinos asiáticos. Sin embargo, que, en medio de una situación de crisis energética como la actual, Europa se vuelva sin miramientos hacia el consumo de carbón (en España, Endesa ha planteado reabrir la central térmica de As Pontes) demuestra que no importa, ni nunca ha importado, el Cambio Climático. Toda la monserga que estamos escuchando actualmente acerca de la necesaria descarbonización y las declaraciones institucionales de Emergencia Climática son solo palabras vacías cuando empiezan los problemas económicos. Toda la Transición Energética, a veces etiquetada de "Ecológica", no ha estado nunca dirigida a solventar la cuestión climática, sino la crisis energética desencadenada por el cenit del petróleo, acompañado por el cenit del gas y el cenit del carbón. Quizá muchas personas que de buena fe creen en el modelo de transición energética imposible que se pretende imponer, deberían abrir los ojos al hecho de que aquí nunca importó la defensa del medio ambiente, sino del negocio para unos pocos, aunque eso nos lleve a todos a un peligroso callejón sin salida como sociedad y como civilización.

El gas y el carbón están en crisis, y ponen de rodillas a Europa y a Asia. Ya solo falta el petróleo para culminar la crisis energética definitiva, la que abocará a nuestra civilización a su colapso o a su transformación definitiva. Que pase una u otra cosa depende de todos nosotros. Ya no es momento de dudar, sino de actuar.

Salu2.

AMT

viernes, 8 de enero de 2021

Se acerca el invierno


Queridos lectores:

El día de Reyes de este 2021 asistimos al bochornoso espectáculo de ver a una turba de manifestantes estadounidenses que no aceptan los resultados de las últimas elecciones presidenciales en ese país, y que intentaban detener el proceso de validación que tenía lugar en su Congreso por la fuerza. La continua apelación por parte del presidente saliente Donald Trump a un supuesto fraude electoral ha acabado de espolear a sus seguidores, que finalmente han decidido tomarse la justicia por su mano.

Que en el país que se considera así mismo como referente universal de la democracia se den este tipo de sucesos, más propios de democracias menos consolidadas, es hasta cierto punto sorprendente. No se puede decir que sea una sorpresa completa, porque los cuatro años que ha durado la presidencia de Donald Trump se han caracterizado por el populismo, la difusión de noticias falsas y las astracanadas. Para cualquiera que haya seguido la situación política y social de los EE.UU. era evidente que una gran masa de seguidores de Trump le ven como un mesías salvador, el cual les liberará de la opresión de una cábala demoníaca de líderes políticos y económicos corrupots, y les llevará a una tierra de promisión, en la que América será grande otra vez. Lo que quizá haya sorprendido a algunos es que el delirio y el desatino llevara a una muchedumbre a intentar derribar la democracia mientras creían que estaban intentando salvarla.

Se ha escrito mucho sobre la disociación de la realidad que tienen los seguidores de Trump, y de cómo su fanatismo los está empujando a una radicalidad que pueden acabar llevando al país a una guerra civil. Una tendencia repetida en esos análisis es la de mirar a los seguidores de Trump como una panda de lunáticos, gañanes ignorantes que se dejan embaucar por cualquiera. Sin embargo, tales visiones tienen una considerable falta de autocrítica y por eso mismo no resultan útiles ni para entender el momento actual ni para proponer soluciones válidas. Porque, si bien los partidarios de Trump viven engañados, creyendo en un mundo pasado idealizado al que quieren regresar, ¿viven menos engañados los partidarios de Joe Biden, el nuevo presidente electo? Es decir, ¿creen que Joe Biden va a hacer algo realmente efectivo con alguno de los graves problemas que aquejan a su país? Por ejemplo, ¿va a conseguir reindustrializar su país y que las clases bajas recuperen los salarios dignos de los que disfrutaban hace 40 años? ¿Va a tomar medidas efectivas para la mejora del medio ambiente en general, y particularmente en la lucha contra el Cambio Climático? ¿Va a reducir la conflictividad internacional en aquellos escenarios donde EE.UU. tiene mucho que decir? ¿Pondrá Joe Biden coto a las aspiraciones de las grandes compañías de controlar y esquilmar cada vez más a sus ciudadanos y a los de otros países? Cualquiera que examine la historia reciente de los EE.UU. y la trayectoria del nuevo presidente con un poco de objetividad verá en seguida que nada de eso es de esperar. Habrá, quizá, algunas mejoras en términos de derechos sociales, y algunos gestos significativos en alguno de los temas arriba mencionados, pero poco más. Y, que sea efectivo, no podrá o no sabrá hacer nada realmente efectivo.

Ya lo explicábamos hace cuatro años, cuando Trump salió escogido. Los seguidores de Trump saben que nadie les representa en realidad, y por eso creen, necesitan creer, en que Trump les hará mejorar. Creen en él porque Trump no era el preferido del establishment, era un verso libre, una bala perdida. Con su discurso radical, sin tapujos, faltón e irrespetuoso, diciendo "verdades como puños", Trump se presentaba, para los que están desesperados al ver cómo se están hundiendo, como su última opción. Y por eso se agarran a él con desesperación. ¿Se equivocan acaso los votantes de Trump al pensar que Biden no hará nada por ellos? Pues probablemente no. ¿Quiere eso decir que Trump hará algo útil por ellos? Pues tampoco; en realidad, aparte de sus boutades, durante estos cuatro años no ha hecho ningún cambio sustancial en su país, excepto radicalizar a su electorado con mentiras e insidias (triste legado). Pero a pesar de todo, seguramente muchos de los votantes de Trump se engañan con respecto a su líder menos que los de Biden.

La discusión entre Trump y Biden, entre republicanos y demócratas, es en realidad una discusión vacía de contenido. No es entre estas dos opciones que encontraremos una solución real de los problemas que tenemos. Es la metáfora de la hormiga que nota el olor de una manzana que pende sobre su cabeza pero que no es capaz de llegar a ella porque se mueve en dos dimensiones inútiles cuando debería moverse en la tercera para llegar a la manzana. Es por ese motivo que la sociedad se divide en partes prácticamente iguales entre las dos opciones, porque las dos son igualmente inútiles para resolver el problema y, en el fondo, la elección propuesta es aleatoria, independiente del problema a abordar. Toda la discusión política, en EE.UU. pero también en el resto de los países del mundo, es completamente inútil porque se mueve en las dimensiones inútiles del problema, como si para abordar cómo apagar un incendio discutiéramos si las llamas son rojas o amarillas.

Pero el conglomerado pro-Trump tiene un rasgo crucial: lo que unifica la gran diversidad de opiniones dentro del campo trumpista es su componente fuertemente reaccionaria. En un país con una fuerte tradición cristiana, muchos trumpistas se declaran personas devotas y atribuyen los problemas actuales de EE.UU. a que el país ha dado la espalda a Dios (es siguiendo esa lógica que no es difícil concluir que los demócratas deben ser una banda criminal de adoradores de Satanás, pedófilos y Dios sabe qué más barbaridades, tal y como proponen una de las teorías de la conspiración con más predicamento, la de QAnon). Pero, sin necesidad de llegar tan lejos en la alucinación, lo cierto es que los trumpistas quieren volver a esos tiempos de antaño en que todo era más fácil y uno se podía ganar bien la vida con un trabajo decente. Y resulta evidente que algo se ha torcido durante las últimas décadas; en realidad, todos podemos estar de acuerdo con que algo ha ido horriblemente mal: la inestabilidad económica, el riesgo del desempleo, la creciente inseguridad doméstica e internacional... No sirve de nada negar lo que es evidente: en los países desarrollados hemos ido a peor en los últimos 20 años. Las políticas que se emprendieron, la globalización, la liberalización, etc, nos han llevado a un sitio peor. ¿Qué recetas proponen los demócratas estadounidenses? En el fondo, profundizar en esa vía, la que enfáticamente se denomina la vía del Progreso. Por eso los votantes de Trump consideran que hace falta reaccionar, y no se equivocan en eso: no podemos seguir por esa misma vía porque es una vía muerta. 

Como los lectores de este blog conocen, la verdadera razón de esta creciente penuria, de esta rampante Gran Exclusión, es la escasez de energía. El máximo de producción de petróleo, o peak oil, fue en diciembre de 2018; y debido a que el petróleo más versátil, el petróleo crudo convencional, está en declive desde 2006, el pico de producción del diésel (la verdadera sangre del sistema, porque se necesita para camiones y maquinaria pesada incluyendo tractores) fue en 2015. Años antes de llegar a estos picos ya teníamos problemas porque cada vez costaba más aumentar la producción de petróleo, pero desde que los hemos superado no dejamos de dar bandazos (como los que ha habido con las prohibiciones sobre los coches de diésel). Básicamente, todo lo que llevamos de siglo XXI ha sido una cuesta arriba de dificultades crecientes para mantener en marcha un sistema económico que necesita del crecimiento ilimitado y acelerado para poder seguir adelante. Un sistema que necesitaba un suministro de energía igualmente ilimitado y creciente pero que ha empezado a fallar. Por eso faltaban oportunidades de inversión y crecimiento, por eso florecieron las hipotecas subprime y otros artilugios financieros sin fundamento: porque el mundo real, el mundo físico, no daba para más. Ahora, la ilusión de que podríamos mantener vivo este sistema se están desvaneciendo rápidamente; peor aún, el haber estirado su duración unos años más con dudosos parches nos aboca a una caída más precipitada de lo que debería ser. Y todos lo sabemos: nadie vela por los intereses de los ciudadanos de a pie, que se sienten engañados y machacados por el poder. Por eso tampoco es de extrañar que la gente desconfíe de los cantos de sirena sobre la Transición Ecológica hacia el "paraíso renovable", porque ya intuye que en realidad las renovables tienen sus límites aunque no se hable de ellos, que en muchos casos sirven para transferir más dinero de los pobres a los ricos, y que toda la actual fanfarria sobre el hidrógeno verde solo oculta una estafa a gran escala.

En lo que se equivocan los seguidores de Trump es en cómo reaccionar. Ellos representan el movimiento reaccionario (la Reacción), que busca volver a algo anterior que, en realidad, tampoco es alcanzable (de hecho, lo idealizan y tampoco es tan deseable, pero ésa es ya otra discusión). Además, la Reacción incluye no solo un retorno a modos antiguos en la producción, sino que de matute se quieren colar retrocesos sociales (sobre todo, pérdida de derechos de minorías) que en realidad no son necesarios para los fines que se dicen perseguir. Como ya explicamos en su día, no se necesita la Reacción como oposición al deletéreo Progreso, sino el Conservacionismo. Pero hay una cosa en la que sí que acierta la Reacción: en superar el eje izquierda-derecha, que no lleva a ningún lado.

El día 20 de enero de 2021, Joe Biden Jr. jurará su cargo como Presidente de los EE.UU. Le esperan cuatro dificilísimos años, en los que tendrá que hacer frente a una peligrosamente rápida caída de la producción global de petróleo, propiciada por la fuerte desinversión de los últimos 7 años. No hay ningún Gobierno de ningún país del mundo que esté preparado para este reto, y Biden, con un país dividido y radicalizado después de Trump, está probablemente en una peor situación que muchos otros países. Cuando la situación económica de los EE.UU. sea un completo desastre y con la definitiva desaparición del fracking se agrave la profunda crisis industrial de los estados del medio Oeste, crecerá el descontento. ¿Qué hará ese white trash que se ve abandonado por el establishment y que verá confirmados sus prejuicios? ¿Qué haran los ex-trumpistas cuando vean que un presidente que consideran deslegitimado en origen les está hundiendo aún más en la miseria? Las revueltas serán el menor de los males; lo duro vendrá cuando en algunos estados aparezcan movimientos secesionistas. ¿Guerra civil en EE.UU. antes de 2030? Hace años plantear la posibilidad parecía un disparate; hoy en día, quién sabe...

¿Y aquí? ¿Cómo estaremos en España? Viendo el tono actual de la discusión política en España, no se puede decir que estemos mucho mejor. La crisis de la CoVid (o, mejor dicho, las medidas que se toman para hacerle frente) están haciendo polvo a los pequeños negocios. Encima, comienzan a menudear los jetas y caraduras, eso sí, de grandes corporaciones; corporaciones que, por ejemplo, serán las grandes beneficiarias del fondo europeo de recuperación económica (por cierto que pronto dedicaré varios posts a hablar de las estafas que vienen en el mundo de la energía). La falta de capacidad real del Gobierno de España de hacerle frente a lo que se viene (recuerden: en 2025 la producción mundial de petróleo podría ser la mitad de la actual) y la penuria de los pequeños empresarios, comerciantes y autónomos y de sus trabajadores levantará cada vez más indignación colectiva contra un Gobierno precario en sus apoyos políticos y en sus ideas de gobierno. Cómo acabará esto, nadie lo sabe, pero bien no parece.

Empieza a hacer cada vez más frío. Se acerca el invierno.

Salu2.

AMT

viernes, 11 de octubre de 2013

El Gran Señor de la Guerra



Queridos lectores,

Javier Pérez me ha hecho llegar el siguiente ensayo, escrito con su estilo ameno, sobre las causas profundas por las que los EE.UU. se han convertido en una máquina de batallar, más allá de los típicos análisis superficiales. La realidad es mucho más frágil de lo que nos pensamos. A tener en cuenta en el futuro tan complicado que se avecina.

Salu2,
AMT 




Dólares, guerra y petróleo



Normalmente se habla de la necesidad de los Estados Unidos de buscar nuevas guerras, y se alude a los intereses de las industrias de armamento en gasta los stocks almacenados de bombas, probar los nuevos prototipos y dar a entender que es necesario mantener el arsenal al completo y a la última.


No le falta razón a este conjunto de motivaciones, pero creo que es totalmente incompleto y, en lugar de atender a las causas, lasa confunde con las consecuencias. A eso, en mi diccionario particular, se le llama frivolizar.


Si me lo permitís, vamos al fondo del asunto: la razón principal por la que Estados Unidos necesita demostrar cada cierto tiempo su calidad de superpotencia es el hecho de que el dólar carece de respaldo real en riqueza alguna, ya sea oro u otros activos, y sólo el prestigio del país como actor de primer nivel, más allá del bien y del mal, puede mantener su cotización en el punto deseado. Sólo la condición de superpotencia consigue que los norteamericanos eleven constantemente el techo de deuda y, lo que es más importante, que haya alguien interesado en comprar esa deuda.


En una economía de mercado, cuando la moneda deja de estar respaldada por riqueza real, ya sea oro u otro valor similar, lo único que queda es la percepción del mercado, y esa percepción puede ser modificada mediante actos de fuerza.


El crecimiento del deuda pública norteamericana en las últimas décadas es algo sin parangón y que debería preocupar muy seriamente a todas las economías mundiales, pero mientras su Gobierno dé a entender que puede permitirse el lujo de seguir exigiendo dinero a sus socios sin la más mínima intención de pagar esa deuda si llegara el caso, la deuda puede ampliarse, emisión tras emisión.


A los inversores les gustan los activos seguros y ahí es donde la cosa empieza a tener su gracia: ¿Qué es un activo seguro? Aquel que tiene toda la pinta de llegar a cobrarse, sea a costa de lo que sea. ¿Y qué creen los inversores? Que los norteamericanos son gente decidida, dispuesta a cualquier cosa para no caer en la pobreza y en la hecatombe de una suspensión de pagos. Por tanto, se entiende que serán capaces de lo que sea preciso para poder pagar sus deudas, sea con su riqueza, o con la de otros, convenientemente expoliada con cualquier pretexto, como aquella tontería del Maine que nos endilgaron a nosotros.


Podéis echarle un vistazo a las brutales cifras de deuda americana, clasificada por apartados, en este gráfico, tomado ahora mismo, a finales de septiembre:


Como quizás en estos casos las cifras desnudas no hablen tan claramente como la evolución de la deuda a lo largo de los años, os ofrecemos también un gráfico de la evolución de la deuda en los últimos años. En este gráfico se refleja la deuda en trillones de dólares americanos, que son los que aquí llamamos billones, o millones de millones.




El último datos es de 2010, pero desde entonces ha vuelto a dispararse y actualmente se encuentra en el nivel de los 17, 54 trillones, siguiendo las magnitudes de este gráfico.
Lo cierto es que los norteamericanos están manteniendo su nivel de gasto a través de un mecanismo llamado Quantitative Easing, que no es más que un eufemismo por la más conocida expresión de "imprimir dinero a destajo". En estos momentos, y según los datos de la Propia Reserva Federal Americana, imprimen un total de 85.000 millones de dólares AL MES. Por supuesto, lo de imprimir es un atajo expresivo, pues hay muchas otras maneras de inyectar dinero, por ejemplo, mediante apuntes electrónicos, sin necesidad de usar papel.


A esto le llaman allí estímulo macroeconómico, y es la causa final de que las bolsas esté subiendo cuando la economía no acaba de despegar. ¿Y por qué? Porque en alguna parte habrá que meter el dinero, ¿verdad?


A la postre, este dinero se sigue aceptando en los mercados internacionales por el prestigio de los EEUU. Abandonado el patrón oro, y abandonado cualquier otro tipo de control cada país puede crear el dinero que le acepten, todo ése y justamente ése. 


Por eso, los norteamericanos entienden que su presupuesto depende de su prestigio internacional, de su capacidad para obligar a terceros países a comerciar y negociar en su moneda y de su capacidad para imponer el dólar como reserva mundial de riqueza. Una reserva donde los demás ponen la riqueza y ellos los papelitos, que no son más que un símbolo de esa riqueza, pero nunca la riqueza en sí.


    Lo que pasa es que a los economistas les cuesta mucho entender que el dinero no es riqueza, sino un símbolo de riqueza, y que imprimir dinero para aumentar la riqueza de un país es una estupidez comparable a fabricar banderas para que crezca el territorio.


    Y ahora, llegamos, a la pregunta más complicada: ¿Y por qué demonios crece de ese modo la deuda americana?
Las razones son varias:

       - Políticas fiscales contractivas. O lo que es lo mismo, que los ricos no quieren pagar impuestos y tienen maneras de evitarlo, con lo que no hay modo de subir la recaudación.

- Políticas de gasto expansivas, es decir, querer tener de todo, pagando lo mínimo. Los americanos, la verdad, pagan muchos impuestos para lo poco que reciben del Estado, pero la condición de superpotencia es cada vez más cara y hay que estirar la cartera.

- Y sobre todo, el problema energético. La gasolina, que allí cuesta ahora a unos 65 céntimos el litro, ha multiplicado su precio por tres en los últimos seis años. A ese precio, que a nosotros nos sigue pareciendo ridículo, hay ya muchas industrias y actividades que no pueden funcionar, y muchos trabajos que no se pueden aceptar, porque el desplazamiento desde la vivienda se llevaría una parte demasiado alta de los ingresos mensuales. A ese precio, para ellos, las cosas empiezan a ir mal, porque su economía es aún más dependiente que la nuestra de un petróleo barato.


    ¿Os parece que exagero? Un día hablaré de la doctrina Carter, que dice que cualquier amenaza contra los exportadores de petróleo se considerará al mismo nivel que una invasión de California o Kansas.


    Por eso resulta que petróleo, deuda y guerra son tres sinónimos del mismo problema: energía, expectativas y demostración de poder. Ninguna de estas variables funciona sin el apoyo de la otra.
¡Qué le vamos a hacer!



Javier Pérez. www.javier-perez.es

lunes, 2 de septiembre de 2013

La excusa del día

 
Imagen de http://blogs.publico.es/dominiopublico/2653/la-espana-del-avestruz/


Queridos lectores,

Estados Unidos se apresta para ir a la guerra contra Siria por razones humanitarias, después de muchos meses de dejar pudrirse la situación en aquel país. Seguramente el país americano prefería que la cosa se resolviese a una escala mucho menor, forzando la caída de la tiranía de Al Assad con un discreto apoyo a los insurgentes sirios, cuya legitimidad y motivos tampoco son revisados de manera demasiado escrupulosa. Pero de repente hay mucha prisa, y algunos analistas apuntan a la razón de fondo: el petróleo. El precio del petróleo comienza a subir rápidamente mientras resuenan los tambores de guerra, y su alza, se admite abiertamente, puede impedir la recuperación económica de la que tan necesitada está Occidente.


Justamente para saber más sobre esa misma escalada de precios hace unos días, mientras estaba visitando a la familia, me llamaron de la emisora de radio RAC1. Querían hacerme unas preguntas sobre la evolución del precio del petróleo y su relación, en ese caso, con las revueltas en  Egipto. Quizá porque yo estaba un poco desconectado de los medios en esos días la breve entrevista fue un tanto confusa: a mi interlocutora le sorprendían mis respuestas y a mi sus preguntas. Comprendí durante la entrevista que el leit motiv de la misma era mostrar que el precio del petróleo subía por culpa de las revueltas en el país árabe, mientras que yo le explicaba que el precio del petróleo llevaba subiendo unas seis semanas, un par de dólares por semana; ella me hablaba de precios de futuros mientras que yo me refería a precios spot o inmediatos... En fin, un desastre de comunicación. Una cosa curiosa de aquella entrevista fue que me preguntaron si yo creía que lo que estaba pasando en Egipto podría llevar a una crisis del petróleo como las de los años 70. Yo les contesté que el mayor problema era, obviamente, el Canal de Suez y todo el petróleo que pasa por allí, que la necesidad de hacerlo pasar por otras rutas podría crear problemas a algunas naciones y que ningún país estaba en condiciones de suplir el posible faltante que se originara. Y una vez más surgió la cuestión de si al subir los precios del petróleo la recuperación económica (inexistente en realidad en España) se podría ir al traste, delante de lo cual mi respuesta fue un categórico "sí".


Los problemas sobre el terreno que se mencionan más arriba efectivamente son reales. Siria es un verdadero avispero: es importante por el proyecto de gasoducto que controla Rusia (y que EE.UU., que ha fallado en sus alternativas, tiene interés en controlar) y muchos países tienen allí intereses cruzados (EE.UU., Rusia, la Unión Europea, Arabia Saudita, Irán, China...). En el caso de Egipto, por otro lado, el cierre del Canal de Suez  y del oleducto SUMED tendría un gran impacto ya sólo en el mercado del petróleo (por no hablar del comercio en general) dado que unos 3,8 millones de barriles de petróleo pasan por allí cada día. Lo cual, comparado con los 90 Mb/d en total que consume el mundo puede parecer poca cosa (un 4,2% del total) pero esos 3,8 Mb/d en realidad representa más del 8% del petróleo disponible a la exportación, y que en el caso de algunos países (como la China) el tráfico por Egipto llega a suponer el 25% del petróleo que importa.  Y obviamente, si en cualquiera de esos dos lugares (o en los dos) se da el peor escenario posible el precio del barril de petróleo subiría mucho como consecuencia directa. Sin embargo, no es eso lo que está empujando al alza el precio del petróleo en este preciso momento (como no lo hicieron los problemas de Occidente con Irán que según los medios parecían tan graves el años pasado); al contrario, nos estamos pasando por alto que el precio del barril hace semanas que sube y nos damos estas explicaciones ramplonas para eludir la razón de fondo.  

Es verdad que durante las últimas décadas de manera continua ha habido problemas, inconvenientes e inestabilidad asociados a los países productores de petróleo. De alguna manera, ya se paga una cierta prima en el precio del barril - menor de lo que muchos se piensan - por ese motivo. En algunos casos concretos (embargo árabe de 1973, revolución islámica en Irán en 1978, guerra Irak-Irán en 1979, colapso de la URSS en 1991) el precio del barril ha registrado un aumento considerable de precio debido a los problemas geopolíticos, pero en contra de lo que se suele presentar en los medios (ya discutimos algo de eso cuando hablamos sobre el futuro de la OPEP) el precio del barril no ha sido, hasta el año 2008, excesivamente volátil, y el impacto de sus relativamente pequeñas variaciones sobre la economía ha sido bastante limitado (con ciertas excepciones). En la época pre-2008 el trauma de los años 70 hacía que con mucha frecuencia se hayan usado las subidas del precio del petróleo como excuse du jour (excusa del día) para justificar el mal comportamiento de la economía; en esta época post-2008, en el que realmente el precio del petróleo se mantiene continuamente a un precio muy elevado para lo que nuestra economía se puede permitir (de acuerdo con el umbral de Hamilton que ya discutimos) se sigue citando el precio del petróleo como factor amenazante para la economía mundial pero se magnifica la importancia de las variaciones de un momento determinado como el actual sin ver que el proceso de subida tiene ya semanas de recorrido, y se las relaciona inmediatamente y sin reflexión a factores geopolíticos coyunturales. En suma, que el problema que ocupa la centralidad mediática del momento se convierte a su vez en la excusa del día para justificar que el precio del petróleo está caro (abusando del hecho de que la mayoría de los ciudadanos no van siguiendo la evolución del precio y no sabe a cuánto está el petróleo si los medios no lo destacan).

Pero la razón profundad de esta carestía es simple: muy probablemente la cantidad de energía neta que nos está dando el petróleo ya está disminuyendo. Explicamos esta cuestión con profundidad en el post "El ocaso del petróleo" hace unos meses y a él me remito para la discusión a fondo, pero querría traer aquí las dos gráficas de ese post que mejor definen qué es lo que pasa. Por un lado, la evolución que seguiría la energía neta que nos proporciona el petróleo según el propio escenario de referencia de la Agencia Internacional de la Energía publicado en su último World Energy Outlook:


Previsión de la evolución de la energía neta proveniente de todos los líquidos del petróleo de acuerdo con el escenario de referencia (New Policies) del WEO 2012; la energía se expresa en millones de barriles equivalentes a petróleo por día.

Las diferentes franjas de color representan los diferentes tipos de petróleo según su procedencia, tal y como se explicaba en aquel artículo. Como se ve, tan pronto como se expresan los valores en términos de energía neta, y no de volúmenes brutos producidos, se observa que ya estaríamos en una situación de estancamiento con un próximo declive de la energía procedente del petróleo que le va a quedar disponible a la sociedad. Pero es que si además corregimos tan sólo el maquillaje más burdo de este escenario (esencialmente descontando la injustificada dulcificación de la tasa de declive de los campos actualmente en explotación respecto al valor usado en previos informes y substituyendo los valores irrazonablemente altos de aprovechamiento de algunas fuentes por otros aún optimistas pero físicamente alcanzables) lo que se obtiene tiene aún peor aspecto.


Misma gráfica pero con las correcciones indicadas en el texto, corresponde a un escenario más realista sobre la evolución de la energía neta proveniente de todos los líquidos del petróleo.

Éste declive de la energía neta procedente del petróleo que ya está en marcha, y cuya primera manifestación es la disminución del volumen de petróleo crudo producido que hasta la propia Agencia Internacional de la Energía reconoce, es lo que está llevando el precio del petróleo a un alza sostenida que sólo acabará cuando la recesión se instale en un número suficiente de países. Es justamente debido a la reactivación de la economía en varias potencias que la demanda de petróleo ha subido pero la producción neta (no la total, sino la que realmente llega al mercado) no consigue aumentar porque ya es físicamente imposible hacerlo, lo cual empuja el precio hacia arriba y "amenaza la recuperación". También por razón de lo justo de la oferta actual el precio del petróleo sigue un patrón estacional, siendo más elevado en las épocas de mayor demanda (sobre todo verano y también algo en invierno) y menor en las de demanda más baja (aunque nadie parece darse cuenta de esta variación a lo largo del año y prefieren ir sacando cada año excusas: el año pasado y el anterior era Irán). Al final, la escasez de petróleo es la causa última y no la coyuntura geopolítica, la cual efectivamente puede cambiar este estado de cosas pero sólo en una dirección: a peor.


Este autoengaño sobre las verdaderas causas de la escasez creciente de hidrocarburos opera también a escala más local con excusas del día más locales. Por ejemplo, las empresas petroleras que operan a Nigeria advierten a las autoridades de ese país que si siguen adelante con su plan de subir los impuestos la producción de ese país caerá un 25% "debido a la falta de inversión" (y no porque Nigeria ya esté llegando a su propio peak oil). Mientras, al otro lado del Atlántico México se enfrenta a una caída vertiginosa de su producción de petróleo con anuncios de que se buscan inversores extranjeros para sacar una gran rentabilidad con el previsto "incremento de la producción" en los próximos años; semejante estrategia de negación de su realidad la podemos encontrar también en Argentina, donde las exportaciones de petróleo prácticamente se han desvanecido mientras se hacen continuos y a veces contradictorios anuncios sobre la inversión extranjera en sus yacimientos de petróleo no convencional (como dice Pedro Prieto, cuando los países que tenían sus recursos nacionalizados se abren así a la inversión extranjera es que ya queda poco más por arañar). En otros lugares, como en Polonia, se apunta a los problemas de regulación para justificar que el gas de esquisto no fluye (como en esta noticia que más parece publicidad engañosa) en vez de al hecho conocido de que las reservas de gas esquisto de Polonia sólo son marginalmente explotables. Y así podrían encontrar un sinfín de noticias similares en países donde su producción de hidrocarburos lleva ya algún tiempo disminuyendo. Pero no deja de ser verdad que con más inversión y menos regulación se puede conseguir más petróleo y más gas. Un petróleo y un gas más caros, tanto energética como económicamente. Los que los explotan se dan cuenta de que sus costes marginales crecen sin que haya un aumento de la producción, con lo que su beneficio baja. La ceguera de 150 años de producción de petróleo barato y la necesidad de amortizar la maquinaria lleva a continuar explotando recursos cada vez peores con beneficio bruto tendiendo a cero. Pero las pequeñas excusas del día que se citan en cada caso no dejan ver una realidad global de escasez de recursos y de recursos de peor calidad, con TREs cada vez más pequeñas.


A medida que los recursos escasean crece la crispación. Los problemas de hoy en Egipto y en Siria y los que se desencadenen en un futuro en otros países son realmente guerras por los recursos. En el caso de Egipto se trata de una bomba malthusiana, mientras que Siria es un productor menor de petróleo (menos de 0,2 Mb/d, muy por debajo de su peak oil que fue en 2002 con algo más de 0,6 Mb/d) pero que es estratégico para que los rusos puedan aumentar su exportación de gas. Mientras las grandes potencias libran en estos tableros prestados sus partidas actúan como si los problemas fueran coyunturales, pasajeros, cuando en realidad son estructurales, permanentes. La crisis de recursos no se va a resolver, la crisis económica no acabará nunca. No aceptar estas verdades simples puede provocar que la lucha soterrada por los recursos acabe siendo no tan soterrada, con consecuencias imprevisibles pero seguro que nada favorables.


Salu2,
AMT