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miércoles, 15 de julio de 2015
Frente al saqueo
Queridos lectores,
Hace no tantos siglos como nos gustaría, en esa época en la cual las naciones europeas estaban aún forjándose, cada vez que las arcas de sus amos se vaciaban los ejércitos de conquista de estas naciones solían financiarse mediante el saqueo y el pillaje de las poblaciones donde guerreaban. A veces, la perspectiva de conseguir un buen botín hacía que los asaltantes mantuvieran largos asedios de las amuralladas ciudades, que acababan por caer más por razón del hambre que por las escaramuzas militares. En algunas ocasiones, los defensores se resistían a su destino final y, quizá movidos por la desesperación, lanzaban un osado ataque a los sitiadores con la esperanza de romper el asedio; en los muchos casos en que esta medida precipitaba la caída de la ciudad, el saqueo se volvía más despiadado, con un peaje de víctimas indefensas superior al que los asaltantes se habrían cobrado si el arrojo de los asediados no les hubiera enardecido y el rencor por las propias bajas sufridas no los hubiera cegado de furia. Así los pueblos frecuentemente asediados aprendían una dura lección: por mal que causase el pillaje final, a veces era muy inferior al que sobrevenía si te resistías.
Estos días pasados me han venido a la cabeza estas imágenes de asedios medievales (y no tanto) al leer tantas noticias sobre lo que está pasando en Grecia y ver cómo evoluciona la situación de este país aún europeo y reputado como la cuna de la democracia.
Asumo que están Vds. al tanto de las principales noticias, así que me permitirán que haga un resumen de los hechos con un enfoque un tanto diferente al que han oído en los noticieros de estos días.
Como comentábamos en un reciente post, la ratio de endeudamiento público al PIB de Grecia ha crecido a buen ritmo durante los últimos años, hasta llegar a ser el 177% del PIB de ese país. Y eso ha pasado a pesar de que los sucesivos gobiernos de ese país (incluyendo el tecnocrático que se impuso en 2011 con un golpe de Estado blando) han aplicado a rajatabla el recetario que le ha ido marcando el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (a veces travestida de "EuroGrupo" o grupo de ministros de finanzas de la UE). Estos tres organismos se han constituido en una especie de organismo tripartito, denominado en la prensa "la troika", que esencialmente está representando los intereses económicos de los grandes poderes económicos que tienen la mayoría de la deuda griega (y de otros países). En vez de representar los intereses de una mayoría de ciudadanos, esta troika está representando a los intereses privados de una minoría, eso sí, muy poderosa.
El caso es que los griegos, cansados de tantos recortes y tantas medidas de austeridad (como también lo están tantos ciudadanos europeos, de Londres a Berlín, de París a Dublín, de Madrid a Lisboa, y de Roma a Bruselas), decidieron confiar en un nuevo partido, Syriza, calificado habitualmente al menos en los medios españoles de "izquierda radical" (aunque si uno mira su programa parece más bien socialdemocracia bastante clásica pero, eso sí, democrática, que parece que es eso lo que ya no se lleva). Y resulta que ese Gobierno nombró como ministro de economía a Yanis Varoufakis, doctor por la universidad de Essex, profesor de economía en varias universidades del Reino Unido, Australia y últimamente de Atenas, y por encima de todo un autor reputado por su condena del ultraliberalismo económico que asfixia el mundo. Así que cuando este profesor asumió el cargo pensó que se podía convencer a la troika con argumentos lógicos y razonados de que las medidas que estaban imponiendo a los griegos eran un suicidio económico y que llevarían a una situación de endeudamiento insostenible; y que por el contrario otra política haría viable la economía griega y el pago razonable de la deuda. Tras muchos encontronazos con los responsables de la troika llegó el momento de renegociar un paquete de deuda que Grecia tenía contraída con el FMI y que vencía el 30 de Junio de 2015.
Renegociar, según la troika, consistía en pedir un nuevo crédito (con su plazo de vencimiento y sus intereses) para poder pagar la deuda que vencía. Pero, como cualquier hijo de vecino puede darse cuenta, financiar deuda vencida con más deuda es la receta segura hacia el desastre, pues los intereses hacen crecer la cantidad adeudada a un ritmo exponencial. Pues no se engañen: si la deuda supone ahora el 177% del PIB de Grecia no es porque los griegos sean unos manirrotos o unos vagos. Los ejemplos concretos de abusos y despilfarro cometidos por administraciones griegas, que por lo demás podrían encontrarse por toda la geografía europea si se toman la molestia de buscarlos, se convierten en los medios de comunicación en categorías universales, como si esos excesos explicasen todo el drama griego; pero no es verdad. Lo que verdaderamente ha llevado la deuda pública griega a la estratosfera (y también lo que la hace crecer enormemente en los demás países europeos) son dos factores: por un lado, el absurdo de financiar deuda con más deuda, y por el otro, la transferencia de deuda privada de los bancos hacia el sector público mediante el truco aberrante de pedir prestado a bajo interés al BCE para después prestarlo al estado griego a un interés mayor.
El gran pecado de Varoufakis fue creer que, porque tenía la razón de su lado, podría argumentar con un discurso construido a fuerza de datos y hechos y mostrando un plan alternativo y viable que llevaría a Grecia a un futuro mucho mejor de lo que le proponía la troika. Lo que se encontró delante fue un ejército de matones disfrazados de ministros y altos funcionarios que hacían el trabajo sucio a ciertos intereses que en realidad no son los de ninguna nación, sino los del gran capital. Como él mismo contaba en una reciente entrevista, daba igual lo que dijera y que hasta sus interlocutores reconocieran que Varoufakis tenía razón: iban a machacarle. Con la opinión pública europea en contra, retratados por los medios occidentales como poco menos que una pandilla de descerebrados radicales incapaces de comprender la inexorable y evidente lógica del ultraliberalismo, el Gobierno de Alexis Tsipras convocó de urgencia un referéndum para consultar al pueblo griego para saber si aceptaba las condiciones del acuerdo de "rescate" ofrecido por la troika; y a pesar de que los medios occidentales anunciaban una y otra vez que el referéndum sería reñido la realidad mostró que casi dos tercios de los griegos rechazaban las condiciones que se les quería imponer.
Al convocar el referéndum el Gobierno de Syriza había cruzado un punto de no retorno para la troika. Al apelar a la voluntad del legítimo poseedor de la soberanía griega para que decidiese sobre un asunto de tanta enjundia para su futuro, Tsipras dejaba claro que la troika era un organismo no sólo no democrático, sino contrario a la democracia. El daño a la imagen del FMI, el BCE y la CE ha sido grande, pues, a pesar de toda la cantidad de ruido mediático volcado para intentar confundir a los pueblos soberanos del resto de naciones europeas, no son pocos ya los ciudadanos europeos que están convencidos de que la troika es solamente una pandilla de extorsionadores a sueldo. Así que la canciller alemana dejó claro que no quería ningún trato con Grecia hasta que se supiese el resultado del referéndum, con la esperanza de que éste fuera desfavorable a Tsipras y así se viese obligado a dimitir y convocar elecciones. No tuvo suerte, pero para la troika el objetivo prioritario fue, desde ese momento, derribar al gobierno griego. Y el proceso ha sido implacable: primero consiguieron forzar la dimisión de Varoufakis y después endurecieron aún más el paquete de medidas que exigen a Grecia. ¿Qué lógica tiene que, después de recibir un mandato popular tan claro (que no sólo obliga al Gobierno Griego sino a la Comisión Europea, pues Grecia es parte de la UE) la troika decida que tal mandato puede ser avasallado y, a modo de escarmiento, decide incrementar el pillaje? El caso es que, con la probable complicidad del Banco de Grecia (no olvidemos que las personas en el gobierno de estas instituciones centrales suelen pertenecer al mismo grupo de intereses), consiguieron asustar lo suficiente a Tsipras para que sucesivamente echase a Varoufakis y después aceptase un paquete de medidas peor que el que su pueblo rechazó no hace ni dos semanas. En este mismo momento el Parlamento griego vota en una tempestuosa sesión la implementación de tales medidas, que serán aprobadas con el apoyo de la oposición y de la mitad de Syriza que aún es leal a Tsipras, mientras su Gobierno salta por los aires, las protestas se multiplican en la calle y el país se ve abocado a unas nuevas elecciones en unos pocos meses; elecciones en las que su partido será enterrado junto con las ilusiones que se albergaron durante estos pocos meses.
¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo puede ser que se hayan torcido tanto las cosas? ¿Cómo puede haber fracasado en un lapso tan breve el único Gobierno que se ha atrevido a plantar cara a los matones financieros?
La clave de todo está en la orientación que Syriza le ha dado y le da a esta crisis. La lectura que hace Syriza, al igual que la que están haciendo otros movimientos políticos surgidos de la protesta popular como el español Podemos y el italiano Movimiento 5 estrellas, es que esta crisis es una estafa del gran capital y que podemos salir de ella con un plan sensato para reactivar la economía y con una mejor distribución de la riqueza; y que de hecho aceptar ese plan también sería del interés del gran capital, porque garantiza un retorno viable de la deuda (en un plazo más extendido, eso sí). Esta lectura de la situación, como ahora explicaré, es profundamente errónea y por eso el resultado más probable para los partidos que la sustentan es el fracaso más estruendoso y la condena a desaparecer rápidamente por ese desagüe de la Historia por donde fluyen las grandes desilusiones.
Fíjense que una de las raíces de la actual crisis griega está en la imposibilidad, debido a la normativa que lo regula, de que el BCE pueda financiar directamente a los países de la zona euro. Según los mil y uno analistas económicos que menudean en nuestras teles, es "evidente" que tal posibilidad debe estar prohibida porque si no los Estados abusarían de la "barra libre" que les daría el BCE. Sin embargo, tal argumento es obviamente espurio, desde el momento en que los bancos privados usan esa facilidad de crédito a buen interés para en cuestión de segundos prestar ese mismo dinero a los Estados a través de la compra de deuda soberana, eso sí, a un mayor interés. Si el BCE fuese un organismo público, no tendría demasiado sentido que favorezca un infundado beneficio privado que se basa en este espurio arbitraje. Y si el BCE fuese un organismo privado, debería ser de su mayor interés ahorrarse los intermediarios y obtener él directamente un mayor beneficio por el dinero que presta. Planteo las dos hipótesis (que el BCE sea un organismo público o un organismo privado) puesto que, como suele pasar con los bancos centrales en Occidente, no está del todo claro qué es; como explica la Wikipedia, se rige por la legislación europea pero tiene capital social y acciones. Esa extraña dicotomía del BCE, análoga en ciertos aspectos a la que tiene el FMI, explica muchas de las cosas que suceden hoy en día, pues mientras que los medios presentan al BCE y al FMI como organismos públicos, en realidad sus medios y fines dejan claro que están al servicio de intereses privados. Sólo desde la perspectiva del interés del gran capital internacional se explica esa extraña normativa del BCE: por medio de la financiación de la deuda pública, el BCE garantiza el negocio de la banca privada, y en caso de emergencia el rescate "invisible" de la misma transfiriendo su deuda privada a deuda pública de países que luego serán acusados de "vagos" e "incumplidores". Un saqueo más perfecto que los de la antigüedad (aunque no menos cruento, puesto que sus víctimas se cuentan por millones).
¿Y por qué el BCE ha pasado de simplemente garantizar un lucrativo negocio a la banca a orquestar un saqueo, que hoy se cobra Grecia, mañana Portugal, Italia y España, y en unos años Francia o Holanda? La razón es, en realidad, bastante simple: porque hemos llegado a un momento histórico del capitalismo, el fin del crecimiento. El crecimiento económico toca a su fin porque, simplemente, la oferta de recursos naturales que ha de impulsar la actividad económica se está estancando, y cuando la oferta caiga así tendrá que hacerlo la demanda y la actividad: es el Peak Everything y su consecuencia, la Gran Escasez. No faltarán los expertos de turno que nos asegurarán que, con el progreso tecnológico y las mejoras en la eficiencia, la demanda material y energética estaría llegando a su máximo sin que eso suponga que la actividad económica tenga que resentirse: es la vieja falacia del pico de demanda. Sin embargo, es difícil argumentar que se esté produciendo una mejora en eficiencia en medio de una crisis económica que no acaba, justamente porque ese (falso) argumento es que la mejora en eficiencia permite producir más con menos; ¿dónde está, entonces, esa prosperidad sin consumo de recursos? Lo que se ve, por el contrario, es la caída económica acompañada de la caída del consumo de recursos (hecho que se disimula tanto como se puede con otra recurrente falacia, la de la mejora de la intensidad energética, la cual se consigue en los países civilizados externalizando a otros países las actividades más sucias y intensivas en recursos para la producción de bienes que luego son transportados para ser consumidos en Occidente, con un mayor gasto energético implicado). En realidad, que la ligadura entre economía y energía es tan estrecha que cualquier mejora tiene un recorrido limitado es fácil de argumentar científicamente, aunque eso no guste a los economistas.
Hace ya cinco años, cuando este blog iniciaba su andadura, apuntaba a una hipótesis que cada día va cobrando más sentido: si el crecimiento se detiene y, peor aún, comienza el decrecimiento forzoso, las inversiones financieras, sin fundamento en el mundo material, simplemente no tienen sentido. Los agentes financieros más poderosos intentarán, por tanto, ir liquidando activos financieros y los irán convirtiendo en activos tangibles, bienes físicos, mientras la situación económica a su alrededor se va progresivamente agravando. Analicen a la luz de esta última reflexión la situación actual de Grecia: en el paquete de medidas que la troika conseguirá imponer en el altar de la inmolación política de Syriza está la obligación de que Grecia ponga activos públicos por valor de 50.000 millones de euros en un fondo que será gestionado por la troika y que servirá como aval en caso de impago. Impago que está asegurado, en realidad. Si estuviéramos en el siglo XIV, los asediados dirían que los asaltantes están penetrando por la brecha de la muralla de Atenas. Pero estamos siete siglos más tarde y los griegos no tienen la suerte de verse con los almogávares.
Los hechos que vemos y estamos viviendo nos indican que, en realidad, el capital es perfectamente consciente de la llegada del fin del crecimiento. Ya no basta con saquear países considerados periféricos por el gran capital, como se hizo en las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI (lo que magistralmente retrataba el documental "Memoria del saqueo"). Agotados los objetivos menores, los saqueadores van más hacia el Norte, y eso ya no nos gusta, porque no nos vamos a beneficiar de ello sino que lo vamos a padecer. En cierto modo se podría decir que el capital internacional es plenamente decrecentista, pues entienden el momento que estamos viviendo y propone medidas para él razonables con el fin de adaptarse al decrecimiento inevitable. Adaptarse a su manera, claro está, y con una estación de llegada a la que seguro no queremos ir.
Y ésa es la gran paradoja de nuestro tiempo: posiblemente el gran capital internacional es la única gran institución decrecentista del mundo (como mínimo, la mayor). Como su plan de decrecimiento incluye una activa desinformación (puesto que su plan de liquidación de activos no podría prosperar si todo el mundo comprendiera que el decrecimiento es inevitable), la población está completamente confundida sobre qué es lo que pasa. Y como consecuencia, tampoco los partidos políticos son capaces de tomarle el pulso al momento.
Desde los partidos de derecha, la comunión con los preceptos del liberalismo económico es tan generalizada que la simple mención a la necesidad de decrecer económicamente o simplemente a ser más sostenible lleva aparejada un aluvión de críticas descarnadas, muchas veces sustentadas argumentalmente por los expertos a sueldo de los intereses del capital. Lo peor es la tergiversación de los argumentos: así, un día sale el consejero de turno diciendo que "el decrecimiento lleva a la destrucción del empleo y a la pobreza", mientras que otro día el ministro nos enseña que los partidos que tibiamente coquetean con el decrecimiento "quieren la redistribución de la miseria", dándole propagandística pero efectivamente la vuelta al cada vez más conocido concepto de "redistribución de la riqueza". Lo más triste del caso es que se necesitan opciones decrecentistas "de derechas"; de hecho, con el tiempo acabarán surgiendo, puesto que el decrecimiento es un hecho físico y por tanto transversal a cualquier ideología. Sin embargo, el baño de propaganda hace que estos partidos aún no recorran el necesario trecho, y por fuerza se irán separando cada vez más de un electorado cada vez más menguado.
En cuanto a los partidos de izquierda, sobre todo los de nuevo cuño, falta aún la voluntad decidida de apostar por el decrecentismo, a pesar de que no pocos decrentistas militan ya en sus filas. Estos partidos intentan aún negociar con el sistema, en el convencimiento de que la única manera de ganar una amplia base electoral es tener un discurso más moderado y convencional. Sin embargo, el ejemplo de Syriza nos demuestra que no se puede negociar con el actual sistema económico y financiero, que la actual manera de funcionar y lo que está pasando no es una casualidad, y que cuanto más tiempo se pierda intentando contemporizar se avanza más en la dirección del fracaso político de estas opciones y en el descrédito generalizado de toda la clase política. Lo cual, por otra parte, conviene al gran capital, ya que el desgobierno político le favorece.
Si de verdad queremos hacer frente al saqueo, si de verdad queremos sobrevivir como sociedad frente al mayor desafío de nuestras vidas, tenemos que estar decididos a plantar cara, con la fuerza de la razón pero también con la de la voluntad, y simplemente decir que no. Que no pagaremos. Que no nos someteremos. Que no nos rendimos. Que no tenemos miedo. Tomar el libro de la Historia y escribir nuestro destino de nuestro puño y letra.
Salu2,
AMT
lunes, 6 de julio de 2015
Junio de 2015: Se alza la voz
Queridos lectores,
A pesar de mis muchos compromisos actuales, una vez más intento llevarles un resumen de lo que ha supuesto este mes de Junio en un año, el 2015, que podría pasar a la historia de los recursos naturales por ser el año en el que se produzca el máximo absoluto de volumen de petróleo y otros hidrocarburos líquidos producidos. El peak oil, vamos.
La llegada al cenit productivo de la materia prima energética fundamental de la Humanidad (aproximadamente un tercio de toda la energía primaria consumida en el mundo es petróleo) implica, más allá de la inviabilidad del capitalismo, la imposibilidad física y lógica del mismo. Dada la gravedad de esta conclusión, no es de extrañar que el poder económico rechace con fuerza la idea misma del peak oil, y por ello mismo la ofensiva mediática contra el peak oil se está recrudeciendo. Y así tenemos artículos en los que se ridiculiza el concepto de peak oil con argumentos espurios en medios generalistas como el Washington Post o en blogs económicos como reason.com, Outrun Change o Say Anything, y también en una nueva oleada de libros (por ejemplo éste y éste, o alguno más cercano como éste). Lo que sea con tal de gritar lo más fuerte que se pueda que no hay ningún problema con el petróleo, insistiendo en que la producción de petróleo de los EE.UU. continúa aumentando a pesar del escandaloso descenso de perforadoras activas en ese país, más de un 60% desde el pasado Octubre:
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| Imagen de http://marketrealist.com |
Los expertos que "informan" sobre este milagro de los EE.UU. (producir más petróleo con menos perforadoras) por supuesto no tienen en cuenta que en realidad los datos de producción de petróleo en los EE.UU. tienen un desfase de 6 meses y por tanto aún reportan una falsa subida, de acuerdo con lo que se preveía a principios de años (se ve que estos expertos no han leído la guía que les dedicamos... o no les interesa).
En Europa la situación política y económica se está complicando por momentos: el Gobierno griego se negó a aceptar las condiciones que sus acreedores, representados por la denominada troika, le querían imponer para renegociar un parte de su deuda, y delante de la presión que sufría decidió convocar un referéndum para saber si el pueblo griego estaba dispuesto a aceptar más recortes a cambio de un nuevo crédito que tampoco podría devolver, o si por lo contrario se negaba a este estado de cosas y quería negociar de otra manera. La troika (FMI, BCE y UE) consideraron la llamada de los griegos a las urnas como una demostración de la falta de voluntad de diálogo del Gobierno griego, dejando claro qué es lo que piensan de la democracia (según muchos "expertos" económicos de por aquí, los griegos no tienen capacidad de valorar las consecuencias de no cumplir con los para ellos sacrosantos compromisos de la deuda, a pesar de que a la vista está el fracaso que representa haberlos honrado todos estos años). El triunfo del "no" al acuerdo en los términos planteados en el referéndum de ayer supone todo un éxito para el gobierno de Alexis Tsipras y todo un fracaso para la troika y particularmente para la Comisión Europea. Si la UE se cierra a cualquier concesión a Grecia, quedarán a los ojos de la opinión pública como una pandilla de vulgares mafiosos, mientras que si ceden en algunos puntos se encontrarían con que en el futuro otros países usarían el caso griego como precedente, y la troika perdería su capacidad de imponer recortes. Así que la opción más lógica es que la troika siga tensando la cuerda y, si los griegos no ceden, fuercen su salida de la zona euro e incluso de la Unión Europea: es el temido Grexit. Y si Grecia sale de la UE será el preludio de turbulencias financieras y económicas que se prolongarán durante años en Europa. Y conviene no olvidar que ahora que el pueblo griego se ha atrevido a alzar la voz, quién sabe cuántos otros pueblos se atreverán a hacer lo mismo (por ejemplo, por qué no, el español).
Al otro lado del Atlántico hay también problemas: Puerto Rico se ha declarado en bancarrota, con consecuencias semejantes para los EE.UU. a los problemas que causará Grecia en Europa. El riesgo de crisis financiera y finalmente de recesión también va tomando cuerpo en la gran nación americana. Y por si fuera poco, la bolsa de China está mostrando una gran volatilidad, con subidas y caídas récord en los últimos meses; sobre todo las caídas están causando estragos en la clase media del País del Medio. Dadas las turbulencias financieras, y a pesar del consumo récord de petróleo en Arabia Saudita debido a las altas temperaturas (que podrían estar precipitando el pico de las exportaciones de petróleo en ese país), el precio del petróleo vuelve a caer. No es precisamente el mejor entorno económico para las empresas americanas de petróleo de fracking, cuyos beneficios actuales dependen de los seguros de cobertura de precios ya están expirando y que nadie quiere renovar.
No sólo el entorno económico es cada vez más desfavorable: también en Junio se ha comentado mucho sobre los terribles efectos de nuestras acciones sobre el medio ambiente. Que el hombre está alterando gravemente su entorno natural es cada vez más evidente, con efectos no sólo sobre los seres humanos: un reciente estudio confirma que se está produciendo la Sexta Extinción de las especies animales. La contaminación ambiental y la degradación generalizada del medio natural son los principales responsables de este desastre, y de entre todos los problemas ambientales el cambio climático ocupó un lugar destacado en las noticias del mes de Junio.
Este mes deja atrás una ola de calor en Pakistán que mató a varios centenares de personas, y la presente ola de calor que afecta a buena parte de Europa (incluida España). Respecto a esta última, un meandro de altas presiones en la corriente de chorro ha favorecido el desplazamiento de una masa de aire caliente del continente africano hacia el europeo, y el lento progreso de esta corriente, cada vez más remolona, ha hecho que esa condición se prolongue por espacio de casi dos semanas. Si esta fase cálida vendrá seguida de una relativamente fría y lluviosa es algo que todavía está por descubrir.
Y es en este contexto en el que el papa Francisco ha publicado su encíclica "Laudato si" (Alabado sea), una de las encíclicas más reivindicativas de los últimos tiempos y que carga directamente contra los males del capitalismo, poniendo el énfasis en los efectos ambientales (con el cambio climático a la cabeza) y con ciertos párrafos clave aludiendo al agotamiento de los recursos. Que el Sumo Pontífice católico le dedique una encíclica al medio ambiente y que, más aún, llame a una acción diligente y decidida para parar este desastre, no ha sido del gusto de todos, y especialmente no lo ha sido de los defensores del libre mercado y la autoregulación (quienes parecen ignorar que una extinción es una forma de autoregulación).
Pero no es sólo un líder religioso el que se atreve a levantar la voz contra los excesos ambientales del capitalismo. Un tribunal holandés ha recientemente obligado a su gobierno a reducir emisiones de CO2 en alrededor del 20% para evitar agravar la situación de este país, cuya elevación media es inferior al nivel de mar, y que será por tanto de los países que más sufrirá con el cambio climático. El éxito de esta medida puede animar a asociaciones ecologistas por toda Europa a presentar demandas semejantes, y quién sabe si tendrán también éxito.
Por si no lo saben, este mes de Diciembre se celebra en París la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima. Después del fiasco de las últimas cumbres, en ésta las espadas están más en alto que nunca. Quizá en esta ocasión se pueda arrancar un acuerdo que merezca la pena, aunque lo más probable es que no. Lo que sí que está claro es que cada vez hay más consenso en la sociedad de que callar no sirve para nada, y las protestas prometen ser sonadas. Se está alzando la voz.
Salu2,
AMT
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martes, 30 de junio de 2015
Causas y consecuencias de la salida de Grecia de la zona euro: la perspectiva energética.
| Imagen de http://openeurope.org.uk/blog/revisiting-the-grexit-question-part-1/ |
Queridos lectores,
Como sin duda sabrán, Grecia ha originado una crisis sin precedentes en la Unión Europea. Los diarios, según su orientación, hacen un diagnóstico más tremendista o más contemporizador de la actual crisis europea, según quieran destacar las terribles consecuencias que tienen las políticas del gobierno griego (frecuentemente tildadas de "populistas" por esos medios) o la necesidad de llegar a un acuerdo (en estos medios, calificado de "inevitable") que acabará por devolver las aguas a su cauce. En esta breve nota pretendo hacer un somero repaso de la situación actual y de su posible evolución futura, centrándome particularmente en cómo, de entre muchos otros factores, la crisis energética está interactuando e interactuará con la crisis griega, que en el fondo es una crisis europea.
Situación actual:
A pesar del mucho ruido mediático y las interpretaciones sesgadas que se dan (usando términos deliberadamente acuñados para favorecer la confusión, como "rescate" o "mantener los bancos a flote"), la posición del gobierno griega no es tan infantil o infundada como se pretende hacer creer.
Al comienzo de esta crisis que no acabará nunca, allá por el año 2007, la ratio de endeudamiento de Grecia superaba el 100% de su PIB. A pesar de los muchos recortes del Estado e incluso de varias quitas y reestructuraciones en los años subsiguientes, la proporción de la deuda al PIB no ha hecho más que crecer hasta llegar a más del 170% en la actualidad.
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| Imagen de http://www.tradingeconomics.com/greece/government-debt-to-gdp |
Tal crecimiento relativo de la deuda obedece, en parte, a la considerable caída del PIB de Grecia fruto de la crisis económica (ver gráfico debajo de estas líneas) y en parte al absurdo lógico de financiar deuda con más deuda (cosa, por cierto, que es hoy en día práctica habitual en las economías occidentales, no sólo de España pero también en Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos). Analicemos estos dos factores con un poco más de detalle.
La caída del PIB, es decir, el descenso del valor monetario de la actividad económica griega, tiene mucho que ver con el parón del consumo en ese país, el cual se retroalimenta de la crisis económica en sí, pero también del descenso de gasto del Estado, fruto de los recortes y de la disminución de las rentas de pensionistas y funcionarios. Y es que los recortes no conllevan sólo una disminución del gasto público sino también una disminución de la actividad económica, lo cual puede tener un efecto multiplicador según las circunstancias del país y llevar a una disminución más drástica de lo esperado de los ingresos públicos y por tanto a que el déficit público no descienda tanto como se deseaba. Los economistas de la escuela keynesiana conocen este efecto muy bien y por eso propugnan que el Estado debe seguir una política de gasto e inversión pública anticíclica, retrayéndose en los momentos de más actividad económica y fomentándose en los momentos de crisis (como ya se sabe, la respuesta keynesiana a las crisis económicas es eficaz en las crisis de demanda, pero no lo es en absoluto en las crisis de oferta, como en parte lo es ésta por la progresiva carestía de petróleo y la deficiente sustitutibilidad que ha tenido por parte de los hidrocarburos líquidos no convencionales). Como tantas veces señala Gail Tverberg, pagar las deudas con una economía en contracción es mucho más difícil, y por desgracia la economía está condenada a contraerse por la falta creciente de energía asequible: con una capacidad económica cada vez más mermada, incluso cuando el monto absoluto de la deuda no aumente, el peso de la deuda sobre la actividad económica es cada vez mayor y eso hace que cada vez se tengan que destinar una mayor proporción de recursos solamente para servir la deuda.
Pero es que encima el monto absoluto de la deuda crece imparable, exponencialmente, debido a la práctica de financiar deuda vencida con más deuda. Cuando la troika (FMI, BCE y UE) ofrece su "rescate" a Grecia no le está ofreciendo dinero gratis; lo que le ofrece es un crédito, con su fecha de vencimiento y sus intereses asociados. Es decir, no sólo tendrán que devolver ese por mal nombre "rescate", sino que encima tendrán que devolver más dinero que el que se les prestó. Dado que el uso real de ese dinero no es aumentar la capacidad productiva de Grecia (cosa difícil en un sistema económico que está chocando contra los límites materiales del planeta), sino básicamente poner parches y salvar los muebles hasta el siguiente vencimiento de deuda, la deuda no disminuye sino que sólo aumenta, y a qué ritmo: a modo de ejemplo, con un 7% anual de intereses (nada muy lejano al interés medio de la deuda griega, que llegó a financiar algunos tramos al 15%) solamente la refinanciación de la deuda haría aumentar ésta un 70% en los ocho años transcurridos desde el comienzo de la crisis.
No voy a entrar a discutir la aberración del sistema financiero de la zona euro, que sólo permite a los gobiernos financiarse desde la banca privada, o el hecho de que se haya mantenido un sistema de deuda soberana a pesar de tener una moneda única. Lo que sí que está claro es que el estado griego entró en una espiral, acelerada e imparable, de endeudamiento simplemente insostenible por la manera en que se ha concebido y ejecutado, y aquellos que dicen ayudarle en realidad están deliberadamente contribuyendo a agravar el problema. La continua exigencia de más y más recortes, a veces no directamente relacionados con el gasto público pero con los derechos individuales (por ejemplo, cuando se reducen las indemnizaciones por despido o se hace éste más fácil y menos objetivo), corresponde a una estrategia de extorsión social que sólo sirve al interés de los grandes capitales, para los cuales la troika actúa como representante de facto.
Causas:
La estrategia de endeudarse crecientemente sólo puede funcionar si el PIB es creciente y a un ritmo mayor, y ésta es la hipótesis que sustentan los economistas de guardia para aceptar acríticamente las recetas de la troika. Pero si, como dice Gail Tverberg, la demanda de energía no puede crecer más porque sus costes no son tolerables para la economía, la consecuencia es que estamos llegando a un momento histórico: el final del crecimiento. La visión de la economía clásica es prácticamente la de la magia o la religión, puesto que según ella los sentimientos mueven la economía: "el miedo de los mercados", "la aversión al riesgo", "la euforia alcista"... Sin embargo, en el mundo real es la energía la que mueve las máquinas que, en suma, mueven la economía, y lo que está pasando es que nuestras máquinas se están parando porque falta energía asequible. Conviene recalcar aquí qué significa eso de "energía asequible", puesto que éste es uno de los puntos de confusión interesada que suelen usar los "expertos" en energía cuando dicen que hay muchos recursos y mucha energía disponible. Es cierto que se puede conseguir mucha energía, pero sólo si se destinan cada vez más recursos y más máquinas a su extracción, dejando cada vez menos máquinas para mover la economía; se podría decir, parafraseando el viejo slogan: "¡Es la TRE, estúpido". Dado que es obviamente inútil a la economía sacar toda esa energía extra si el propio tejido económico no la va a aprovechar y sólo va a servir para alimentar los costes de la industria extractiva, lo que sucede es que aparentemente la demanda de energía baja. No es que no se quiera más energía (la vieja falacia del pico de demanda); es que no se quiere energía inasequible, sino energía asequible, barata, que mueva nuestras máquinas.
Grecia es un país geopolíticamente pequeño por razones histórica, y la Unión Monetaria Europea no le ha hecho ningún bien, puesto que no es un país principalmente exportador sino de servicios, sobre todo turísticos (no tan diferente en eso de España). Con una gran dependencia energética en el petróleo, al igual que Italia, Portugal y España, sobre todo porque es petróleo lo que se usa en el transporte y estos países tienen una gran dependencia en el transporte por su industria turística, es lógico que todos ellos lo pasen peor que otros cuando el petróleo se esté volviendo cada vez más inasequible. Por tanto, en esta situación de energía crecientemente inasequible es lógico que Grecia, país de pequeño tamaño, sea del primer lastre a ser soltado. Y tras años de recortes y estrecheces los griegos han elegido un Gobierno que les prometió que no les ningunearía. No deja de ser extremadamente preocupante el hecho de que al anunciar el Gobierno griego que consultaría a su población sobre si aceptan o no el pacto que les ofrecía la troika (más recortes a cambio no de más dinero sino de un nuevo préstamo), la troika diga que Grecia se cierra al diálogo; parecería que esa buena gente tenga miedo a la democracia.
Consecuencias:
Si el domingo triunfa el rechazo a las medidas de la troika, Grecia se verá más pronto que tarde obligada a abandonar el euro (de otro modo, la desconfianza a los impagos de Grecia se trasladará a toda la Unión Europea en su conjunto) e incluso la Unión Europea (esto último, como represalia). Si Grecia abandona el euro, en algún momento convertirá sus depósitos en euros en depósitos en dracmas, y al mismo tiempo devaluará el dracma, fundamentalmente para que la deuda nominada hoy en día en euros disminuya (la clave es renominarla en dracmas justo antes de devaluar). Lógicamente no sólo la deuda disminuirá: una parte sustancial de los ahorros de los griegos se esfumará. Se podría decir que de alguna manera se estaría produciendo una expropiación de los depósitos para pagar la deuda; también se podría decir que se está produciendo una redistribución de la riqueza, asignándole más deuda al que más tiene. Como todas las medidas tomadas a escala masiva, tendrá sus ventajas y su buena colección de inconvenientes, pero desgraciadamente, con las cartas que se están jugando este devenir de acontecimientos parece casi inevitable (de no mediar un golpe de Estado, como el que propició la UE en Grecia hace casi cuatro años). Ésa es la razón por la que el Gobierno griego ha decretado un corralito esta semana (los griegos sólo pueden sacar 60 euros al día del banco), para evitar que los capitales huyan del país mientras se decide si Grecia cumple o no con sus obligaciones financieras. Si triunfa el "no", el corralito se extenderá durante más tiempo, hasta que Grecia vuelva al dracma y se produzca la devaluación que mencionábamos antes.
¿Y qué pasará después de eso? De entrada, poca gente querrá prestar dinero a Grecia por no ser un país fiable, o al menos eso es lo que dicen nuestros economistas ortodoxos. La Historia nos enseña, sin embargo, que no mucho después de la suspensión de pagos de un país vuelven los prestatarios a dejar dinero, quizá no en tan grandes cantidades y sin duda con un mayor interés, pero no es cierto que no se preste dinero. En el momento actual, además, al capitalismo global no le quedan grandes oportunidades de inversión, y si Grecia devalúa su moneda su PIB sufrirá un súbito bajón (quizá del 50%), y a partir de ahí sus posibilidades de crecer a buen ritmo serán considerables, pues habrá quedado por debajo de su verdadero potencial económico. ¿Cuántos fondos se resistirían a invertir, a corto plazo eso sí, en un país que te ofrece un potencial de crecimiento del 5 o del 10% anual, en el actual contexto de casi estancamiento de la economía mundial? Pero no debemos olvidar, además, que hay otros países con intereses no directamente financieros que están deseando prestar dinero a Grecia, incluso una parte a fondo perdido: Rusia, China, Irán... Estos países aspiran a ampliar su zona de influencia, y darle una dentellada a la coraza de la Unión Europea sería de su máximo interés (el caso de Rusia es conocido desde hace meses). Grecia no se va a quedar sola y abandonada a su suerte, sino que se buscará otros aliados.
Desde el punto de vista del aprovisionamiento energético, en estos últimos años el sancionado Irán suministraba petróleo a una Grecia apurada por sus deudas, y en un futuro próximo el comercio griego con Irán será probablemente más fluido, sin tener que soportar la reprimenda europea por hacer tratos con el apestado. Ciertamente Irán ya ha superado su peak oil, pero en el corto plazo este tipo de tratos va a funcionar, e incluso Rusia venderá petróleo con descuento a su nuevo socio griego si así se desarrollan los acontecimientos. Con todo, el modelo griego basado en el turismo tendrá que evolucionar rápidamente, puesto que es una industria intensiva en el uso del petróleo y el petróleo asequible, como hemos comentado, ya escasea. ¿Hacia qué tenderá la economía griega? Ahora mismo es difícil de saber, pero lo que sí que parece claro es que al país heleno no le faltarán puntales donde apoyarse si decide irse de la UE.
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Es difícil predecir si el referendum del domingo resultará en un "sí" a aceptar el trato que ofrece la troika, lo que llevaría a más medidas de austeridad y a tensar más la cuerda del pueblo griego, o en un "no" a más imposiciones externas, lo que llevaría eventualmente a la salida de Grecia del euro. En todo caso, la salida de Grecia del euro parece algo inevitable, que tendrá que sobrevenir más pronto o más tarde, y con ella se desencadenarán muchos de los efectos señalados más arriba. Parece claro, por tanto, que la Unión Europea se acerca a su fin, puesto que la desconfianza al impago de la deuda soberana se extenderá a otros países de manera inmediata, incluida España. Y la posibilidad de que en un momento determinado España adopte las mismas medidas que Grecia no es ni mucho menos remota.
Salu2,
AMT
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lunes, 25 de junio de 2012
Diario de trinchera: estando allí, no viendo nada; mi viaje a Grecia
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| Imagen de http://crisdreams.blogspot.com.es |
"¡Sobre todo, no te olvides de llevar el pasaporte!"
Cuando hace semanas comentaba a mis amigos y familiares que tenía que ir a Grecia a una reunión anual obligatoria (coordino una red europea de grupos de investigación y todas las redes del área de medio ambiente tienen que rendir cuentas anualmente delante de la oficina correspondiente de la Comisión Europea) todo el mundo abría mucho los ojos, como diciendo: "Tú estás loco, a quién se le ocurre" y luego yo les explicaba que la reunión era obligatoria y que no me podía escaquear. "Pero si Grecia está fatal, te vas a meter en la boca del lobo". Hombre, qué se yo, si todavía hay vuelos allí y se puede reservar un hotel debe ser que las cosas funcionan un mínimo, como mínimo para hacer la reunión. Imagino además que si la Comisión decide que la reunión tenga lugar en un sitio de largo nombre (Alexandrópolis) y de tan largo recorrido para llegar debe ser para fomentar la industria turística local. De hecho, un compañero mío tuvo otra reunión hace un mes en el mismo sitio, el cual por cierto está muy a desmano (700 kilómetros por carretera desde Atenas, unos 300 por el aire). En fin, como quiera que algunos no se consolaban con estas explicaciones yo les decía que Alexandrópolis está tan sólo a 40 kilómetros de la frontera, así que siempre podría escapar por ahí si las cosas se pusieran feas. Frontera con Turquía, por cierto. Y de ahí la reiterada recomendación de que me llevara el pasaporte (Grecia, al igual que España, está en el Tratado de Schengen, así que para viajar allí no necesito más que mi DNI español, pero Turquía es otra historia). Y también que por si acaso llevara bastante dinero en efectivo, no fuera el caso de que estando allí se estableciera un corralito y no pudiera sacar dinero de los cajeros. Al menos a nadie se le ocurrió sugerirme que me llevara un repelente de caníbales, por si se desataba un apocalipsis zombi durante los tres días escasos de mi visita...
Y de hecho ese repelente es lo que más útil me hubiera resultado, porque los mosquitos nos acribillaban por la noche. Y es que prácticamente eso fue todo lo que vi. Estas reuniones no son un paseo: las sesiones de cada día duraban de 9 a 18:30, y ni siquiera la hora escasa para comer uno paraba de discutir diferentes aspectos del trabajo en común. Sólo a partir de las 18:30 podíamos tener otra vida, pero cada día lo empleamos en ir a cenar (y que los mosquitos cenasen; tanto es así que en el restaurante del último día el propietario nos trajo un repelente de mosquitos con los primeros platos). Por lo demás, los mismos errores de siempre: reuniones todo el día en una habitación con las cortinas echadas (a pesar del sol espatarrante que hacía afuera) y con el aire acondicionado a tope... El año que viene toca reunirse en Hanover, así que espero que las necesidades de acondicionamiento serán inferiores.
¿Vi miseria y pobreza? Alexandrópolis es una localidad turística y por eso presenta una cara limpia, bonita y pulida; a pesar de eso, vi cosas como las que he visto en España: cierto abandono de casas y calles, gente rebuscando en la basura, poca actividad en los comercios... La verdad es que los dos o tres sitios que vi se parecían mucho a España (lo único que se ve muy diferente son las iglesias; bueno, y los rótulos que más que palabras parecen ecuaciones). En realidad, todo se parece mucho a España, incluyendo el sistema fonético del griego. La gente está bastante preocupada, por lo poco que entendí hablando con un par de personas, pero da la impresión de que la mayoría culpabilizan de sus problemas a sus políticos, no a la canciller alemana Ángela Merkel (me resultó curioso el título de un programa de análisis del nuevo gobierno del que sólo entendí el título: autopsia. Espero que en griego signifique otra cosa). Incluso el chófer del autobús que nos trajo del aeropuerto se permitió hacer alguna coña sobre España. Consuelo de tontos. Mis colegas de otros países más favorecidos sí que se permitieron el lujo de pontificar sobre los males de España como país de mucho despilfarro, pero lo curioso es que al hablar de los problemas de los sistemas de investigación de los diferentes países todos tienen problemas serios: los italianos, los franceses, los ingleses... los únicos que parecen a salvo por el momento son los noruegos y los alemanes. Y los alemanes ya ven formarse algunos nubarrones en el horizonte...
Comenta Dimitri Orlov que durante el colapso de la URSS empezaron a circular historias terribles sobre lo que pasaba en ese país, con gente muriendo de hambre por la calle y escenas de canibalismo incluidas. Rusia se convirtió, en el decir popular y de los mass media, en un no-lugar, un sitio a evitar. Y aunque las cosas no fueron fáciles en ese período, la vida siguió y la gente, a pesar de las importantes dificultades, se adaptó y continuó adelante (aunque ayudó y no poco el petróleo con el que siguieron comerciando y que años después protagonizaría el resurgir económico de Rusia). Por supuesto que no pasaba en Rusia ni la mitad de las cosas que con tanto hincapié y ensañamiento enfatizaban los medios de comunicación occidentales. De hecho, si algo parece caracterizar la fase del colapso del Estado es la sorprendente normalidad de una vida en medio de su anormalidad.
Uno de los problemas para comprender fenómenos históricos como el Oil Crash reside en la fijación subjetiva de tiempos que hace el ser humano. Cuando hago mis exposiciones sobre el tema alguna gente intuye que les digo que de repente todo se va parar, y que eso va a pasar mañana. Y aunque debido a las no-linealidades del sistema sí que se pueden producir disrupciones muy rápidas de algunas de las funciones sociales, su ubicación temporal es bastante aleatoria. Y mientras tales eventos disruptivos llegan el tempo de los cambios es muy lento para la mayoría de la población. Para la mayoría, pero no para todos. No es tan lento para uno de ese casi 25% de trabajadores españoles que está en el paro, y para en el que en el mejor de los casos le quedan 24 meses para quedarse sin ningún tipo de percepción (y recuerden que en España hay ya un millón y medio de hogares en los que nadie trabaja y medio millón de personas que ya no reciben ningún tipo de ingreso). Medio millón de personas representa tan sólo el 1,1% de la población española en este momento, población que está decreciendo a un ritmo relevante, como algunos indicadores que maneja Juan Carlos Barba parecen mostrar (la gente sin expectativas y con posibilidades aún retorna a sus lugares de origen, si son emigrantes, o emigran, si son españoles). Y, sin embargo, en espera de una disrpución, de una transición de fase que cambie la linealidad evolutiva, las cosas progresan a un ritmo pausado para lo que es la percepción humana, y sólo somos conscientes de los cambios cuando nos preguntamos: ¿cómo estábamos hace un año? ¿y hace dos?
Las cosas en Grecia no van bien; hace pocos meses hubo explosiones de rabia en la calle y ahora la gente parece haberse instalado en la resignación de aceptar las medidas que vienen en la espera no ya de que este sufrimiento acabe de una vez pero como mínimo que ya no progrese más. Algo muy similar al derrotismo que ya está instalado en una parte importante de la sociedad española, por otra parte. Y, sin embargo, la vida sigue. Mientras la mayor parte de la economía siga funcionando no se producirán las revueltas finales; mientras la mayoría aún conserve la esperanza del retorno a la senda del crecimiento aún seguirá habiendo reuniones organizadas por la Unión Europea en enclaves turísticos en Grecia. La mayoría de las hebras de la cuerda han estallado ya y todo el peso de la sociedad recae sobre unas pocas que aún resisten. ¿Cuánto más? Difícil que aguanten un año, remoto que aguanten dos, imposible que aguanten cinco. Un suspiro en términos históricos, una eternidad en el tiempo psicológico de un hombre. La marea nos cubrirá por completo cuando acabe de subir y nos ahogaremos, pero de momento respiramos tranquilos y las pocas horas que faltan para el fatal desenlace se nos hacen una espera demasiado larga. Así es el ser humano.
62 horas en Grecia, y no he visto nada, no he podido ver nada de la realidad de ese país. Sólo una cosa es evidente: aún no ha llegado el fin del mundo para Grecia. ¿Cuál será la salida de este país? No lo sé. Quizá la que ponía en los letreros del avión: éxodos. Al menos en España ésta parece ser la solución para muchos...
lunes, 13 de febrero de 2012
Rabia
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| Atenas en llamas, 12 de Febrero de 2012. http://pic.twitter.com/gN46b9JX |
Queridos lectores,
En su documentado y altamente instructivo libro "Colapso: Por qué algunas civilizaciones perduran y otras sucumben" (para quien no tenga el libro y sepa inglés, puede ver "la película" en el enlace precedente), Jared Diamond repite una pregunta que le ha pasado por la cabeza a decenas de antropólogos cuando estudian la isla de Pascua y su colapso por exceso de explotación de los exiguos recursos de los que disponía: ¿qué debió pasarle por la cabeza al hombre que cortó el último árbol? Incluso asumiendo que una comunidad desesperada sea incapaz de ver el deterioro progresivo e inexorable de sus bosques, aquel último árbol significaba un punto de no retorno obvio incluso para los que tienen poca capacidad de anticipar el futuro. ¿Cómo pudo ser que aquel hombre no viera que era el último árbol, que después de eso ya no tendrían más leña? ¿Que por tan poca ganancia se condenaba?
Yo me imagino a aquel hombre, y elucubro sobre lo que le pudo pasar por la cabeza. Subió a la pequeña colina, a buscar leña para el fuego, para una canoa o para hacer una palanca con la que desplazar un moai. De niño aún había visto aquella misma colina poblada por un bosque ralo, muy diferente de aquel tan frondoso que le refería su abuelo - aunque seguramente su abuelo exageraba su memoria de juventud. Pero era verdad que ya sólo quedaba allí su árbol. Se detuvo un segundo antes de comenzar a abatirlo: cuando hubiese acabado ya no quedarían árboles en toda la isla. Sintió un peso frío en el estómago. Bueno, pensaría para tranquilizarse, ¿quién dice que no hay árboles en toda la isla? Él hacía tiempo que no iba a los territorios de las tribus rivales, y seguramente ellos se están reservando sus árboles para asegurarse la victoria alzando los moais más grandes. Hijos de mala madre; habrá que entrar a buscar leña allí: la última guerra no fue muy bien, pero ahora puede ser diferente. Será diferente. En realidad estamos tan mal por culpa de ellos. Si no nos dan su leña por las buenas se la tendremos que arrebatar. Tenemos que echarles al mar, a esos malnacidos. Aún dudó un poco, pero pensó: si yo no corto el árbol, vendrá mi vecino y lo cortará él. Y eso sí que no. Y sin pensarlo más empezó a talarlo.
¿Somos tan diferentes nosotros? En una conferencia que impartió uno de mis colegas en el Instituto de Ciencias del Mar, hablando de sobrepesca, el ponente mostró una transparencia con las especies de pez documentadas a principio del siglo XX como propias del Mediterráneo Occidental que nosotros ya no habíamos llegado a conocer; eran unas 30, y eso sólo de las documentadas, que son una fracción ínfima. Los más viejos de mi instituto han visto peces que jamás verán los más jóvenes. Y aún así seguimos apretando las tuercas, a ver cuánto podemos exprimir la población de atún rojo del Mediterráneo, a ver si el pequeño aumento registrado el año pasado permite subir las cuotas de pesca. Ya no lo hacemos con la anchoa del Cantábrico porque de manera efectiva la hemos exterminado. Y, en realidad, si van mirando, pasa lo mismo con tantos y tantos recursos. ¿Somos de verdad diferentes de aquel habitante de la Isla de Pascua que cortó el último árbol?
En su libro, a partir de los indicios sobre el terreno, Diamond especula sobre cómo debieron ser los últimos 100 o 200 años antes de la llegada de los exploradores europeos, cuando la población declinaba irreversiblemente y se hubiera extinguido de no haber llegado los foráneos. Los restos de huesos humanos, muchos con heridas de arma, algunos roídos... los moais deliberadamente derribados o vandalizados... algunos retazos de la tradición oral de los pocos descendientes que poblaban la isla cuando llegaron los europeos... Diamond teje una trama más o menos realista, pero en todo caso muy evocadora. Según él, parece probable que en medio del cataclismo ambiental y de recursos, con la gente desesperada, muriendo de hambre, hubo una revuelta. La gente se alzó contra sus antiguos líderes políticos y religiosos, y la antigua religión (que les llevaba a erigir con gran coste de recursos los pesados moai) cayó en el total descrédito. La gente sintió rabia, entró en las casas de los ricos y vio como vivían mucho mejor que ellos. Arrasaron con todo. Derribaron algunos moais, los mismos que poco antes veneraban y eran el motivo de orgullo de cada tribu. La mera rabia, la impotencia por no saber salir del agujero donde ellos mismos se habían hundido, les llevó a una vorágine de muerte y destrucción que los dejó más debilitados e incapacitados que al principio.
¿Somos tan diferentes? Ayer el parlamento griego, en una sesión agónica, aprobó el enésimo paquete de medidas de ajuste, más represivo y ominoso que los anteriores, a los cuales se acumula. Mucha gente no lo soportó más y se echaron a la calle por miles, originando graves disturbios. La policía se quedó sin gas lacrimógeno, la turba entró a saco y quemó decenas de edificios del centro de Atenas, principalmente bancos. Los grandes símbolos del triunfo de hace una década, los banqueros, son ahora señalados con el dedo, al igual que los políticos (la analogía con los líderes religiosos y políticos de la isla de Pascua es inevitable, sobre todo teniendo en cuenta aquella máxima de que el único Dios verdadero es el dinero que de forma tácita se aceptaba hace tan sólo 10 años). Y todo eso, para conseguir el segundo paquete de ayuda económica de la Unión Europea que permitirá al país heleno capear sus obligaciones de pago del mes de Marzo pero posiblemente no por mucho tiempo. ¿Qué sentido tiene prolongar esta agonía cuando sabemos que esta crisis no va a acabar nunca? ¿Que la recesión que ahora comienza hará aún más complicado no el retorno de la deuda griega, sino la de los demás países europeos? ¿Que negarse a aceptarlo sólo nos lleva al colapso? ¿No sería más lógico aceptar que el modelo que intentamos mantener ya no funciona y que se tiene que redefinir? ¿No tiene eso más sentido que, empujados por el empeño de pagar unas deudas impagables, acabemos mal vendiendo el patrimonio que nos queda, acabemos cortando el último árbol de la isla?
El futuro no está escrito, pero el pasado sí. La mayor soberbia está en creernos mejores que nuestros ancestros; lo seremos sólo si somos capaces de aprender sus enseñanzas. Necesitamos un plan, y lo necesitamos ya.
Salu2,
AMT
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