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miércoles, 5 de noviembre de 2014

El paso del tiempo




Queridos lectores,

Hace pocos días tuvo lugar una efemérides importante para mi: hace ahora 5 años que di mi primera charla divulgativa sobre el Oil Crash. Fue delante del Departamento de Oceanografía Física del Instituto de Ciencias del Mar, mi departamento en mi instituto.

Aquel seminario fue la culminación de un proceso de varios meses en los que, por fin, me había puesto a estudiar a fondo del problema de los recursos naturales. Recuerdo esos meses de verano en que iba estudiando para preparar el seminario y no me podía creer lo que iba descubriendo. Dato a dato, cada vez quedaba más claro que había una gravísima crisis energética que se estaba comenzando a desarrollar, y que no había soluciones sencillas para hacerle frente; que no se iba a producir una sustitución rápida y eficaz de las viejas energías fósiles por ninguna solución de las que entonces se presumía que iba a coger el relevo, ya fuera renovable o nuclear. Cuando más leía más inverosímil me parecía todo, pero ahí estaban los datos. Hacía años que conocía (y me preocupaba) el problema del peak oil, años en los que de tanto en tanto curioseaba en las páginas de Crisis Energética y en otras webs en inglés (Energy Bulletin, The Oil Drum), pero siempre había mantenido cierta distancia, asumiendo que el problema del petróleo sería resuelto por "los que están al mando". Fue en esos meses que descubrí que nadie está al mando o, quizá peor, que si no se intentaba aplicar una solución es porque ésta no existía.

Concluida mi primera investigación, habiendo llegado a conclusiones que me parecían inexorables, pasé muchos días con una sensación de irrealidad (sensación que sólo empezó a desvanecerse, y muy paulatinamente, cuando empecé a poner en orden mis ideas y plasmarlas por escrito en este blog), de futilidad de todo lo que hasta entonces había ocupado mi tiempo, de miedo por mis seres queridos, de final de la civilización... Buscaba desesperadamente alguna noticia que refutase todos los datos que había leído, y unos días antes de mi charla en el departamento - que impartí con la ayuda de mi compañero Jordi Solé - fui a una conferencia que casual y oportunamente dió Pedro Prieto en el Consorci del Far de Barcelona. Tenía todavía la fatua esperanza de que Pedro, al que conocía de haber leído algunos artículos suyos en Crisis Energética y del que sabía que era un gran estudioso del tema energético, desmontaría mis temores dando buena cuenta de grandes planes de sustitución que se me habían pasado por alto. Obviamente, lo que pasó fue justo lo contrario: Pedro confirmó uno por uno todos mis temores, subrayó mis mismas conclusiones... Unos días más tarde tomé la decisión de dedicarme al menos en el tiempo libre a hacer divulgación de este tema tan crítico.

¿Qué es lo que ha cambiado en cinco años?

Si pudiéramos mirar las cosas con la suficiente perspectiva, veríamos que ha habido muchísimos cambios y muy radicales, pero nos cuesta aceptarlo, porque nuestra mente tiende a aferrarse a lo que tiene y no a lo que puede perder. A nivel local, en 2009 el paro en España comenzaba a ascender con fuerza, pero a principios de aquel año estaba aún en el 14%, casi 10 puntos por debajo de donde está ahora (y podríamos estar peor si la emigración no estuviese "aliviando" este problema, aunque sea a costa de dejar a España más debilitada de cara al futuro). Ha habido un empobrecimiento generalizado, una clara disminución de la renta media: sueldos congelados de trabajadores públicos y reducciones de sueldo masivas vía recontratación más precaria en el sector privado, y dos tercios de los españoles sufren carencias en aspectos esenciales (según el informe FOESSA de Cáritas). En estos años se ha hablado varias veces de un posible rescate y de los problemas de la deuda pública. Las mal llamadas "políticas de austeridad" se han convertido en norma, generando mucho desencanto, movimientos de protesta generalizados (del cual el 15M fue su mayor exponente) y una ira creciente contra la clase política y las instituciones, cada vez más percibidas como intrínsecamente corruptas, cada vez más denostadas porque la mayoría cree que son las causantes de nuestra desgracia. En España el sentimiento de rabia crece, sin que la prometida recuperación (que probablemente se hundirá en los próximos meses) consiga calmar los ánimos, y eso está desencadenando procesos inimaginables hace 5 años. Por ejemplo, hace 5 años era impensable que Cataluña se separase de España, y ahora en esta comunidad prácticamente no hay otro tema de discusión en la calle, en los días previos a la consulta que no es una consulta pero es una consulta del 9 de Noviembre. Cataluña ha optado por regenerarse por la vía de cortar por lo sano, cortar con la pobre y denostada España, y dejar que el resto se pudra. Y ese resto ha optado por su propia vida regenerativa, con un desplazamiento masivo de electores hacia una nueva fuerza política, Podemos, de orientación progresista y martillo dialéctico (en ocasiones con tono populista)
de "la casta política". La irrupción de Podemos provoca cada vez más inquietud y congoja en los partidos tradicionales, y es que según algunas encuestas recientes Podemos se ha convertido ya en la primera fuerza política de España por intención de voto.

Pero si abrimos el zoom y nos fijamos en Europa, nos daremos cuenta de que España no está experimentando un fenómeno aislado. En la vecina Francia se aventura que un movimiento populista, en este caso escorado a la derecha, podría conseguir la próxima presidencia de la República; Italia y Grecia, intervenidas en lo económico y habiendo sufrido, ambas, cambios no muy diferentes a un golpe de Estado; Alemania, que ha aguantado mejor el tipo pero ve negros nubarrones en su futuro... Si uno mira el factor petróleo, cómo la demanda está cayendo en medio de una crisis que no puede jamás acabar, se entiende que la escasez de energía y en particular de petróleo probablemente tiene mucho que ver con lo que está pasando. Alemania ha podido recurrir al carbón para disminuir su propia caída energética, utilizando en demasía a su propio lignito, en un camino sin mucho recorrido e incierto final; y los demás han tenido que afrontar la caída, que en algunos casos (Italia, España, Portugal) ha sido simplemente brutal.

Imagen extraída de "Energy briefing: Global Crude oil demand & supply ", de Yardeni Research: http://www.yardeni.com/pub/globdemsup.pdf

Ampliando más el zoom y yendo ahora a las puertas de Europa, podemos ver en este momento varias guerras civiles: Ucrania, Libia, Siria, Egipto, ahora Irak... Y si miramos por fin el panorama global, hay numerosas fuentes de preocupación, en Latinoamérica, en Asia, en África... Sólo un puñado de países, que incluyen a los EE.UU. y China, han conseguido capear, con no pocas dificultades, a lo peor de estos años, aunque ahora mismo tampoco se divisan en lontananza días de vino y rosas para este selecto grupo (viendo por ejemplo el deterioro de las perspectivas económicas para los dos países).



Dramático como ha sido el curso de los acontecimientos durante el último lustro, no ha sido tan malo como temíamos muchos de los que nos dedicábamos a la divulgación de la crisis energética. Hay que reconocer que ha surgido un freno imprevisto a la caída de la producción de petróleo, un recurso con el que no contábamos y que explica la relativa estabilidad del suministro de petróleo y de su precio (aunque haya sido elevado) durante los últimos 5 años: la irrupción del fracking en los EE.UU. Gracias a la introducción de esta técnica a escala masiva, primero en la búsqueda del gas de esquisto y luego para extraer el mucho más interesante y rentable petróleo ligero de roca compacta (Light Tight Oil), los EE.UU. han conseguido invertir la tendencia al declive de su producción de petróleo, que ya estaba en torno a los 5 millones de barriles diarios (Mb/d) y añadir en un tiempo récord 3 Mb/d de LTO y condensados, y aún el Departamento de Energía de los EE.UU. sueña que el año que viene los EE.UU. podrían alcanzar su máximo histórico de producción de petróleo crudo de 1970, que fue de 10 Mb/d.





Nota para los que se sientan confusos porque han leído que EE.UU. ya supera a Arabia Saudita en producción de petróleo: esas noticias se refieren a "todos los hidrocarburos líquidos" o, dicho a veces en abuso de notación, "todos los líquidos del petróleo", lo que incluye los biocombustibles (que no aportan energía neta) y los líquidos del gas natural (que sólo parcialmente pueden sustituir al petróleo).

Pero si una cosa no ha cambiado en los últimos 5 años son las estrategias de negación de que pueda existir un problema con la energía. Continuamos con los mismos disparates y tecnofantasías: seguimos hablando de la energía nuclear (convencional, de cuarta generación, de fusión...) o del inmenso futuro de las renovables, con repetidas noticias fuera de contexto y exageradas que hacen pensar al lector desinformado que una revolución energética está próxima y que todos los problemas se van a resolver pronto... y aquí estamos un lustro después, empantanados en problemas sociales y económicos crecientes y en vísperas de una nueva oleada recesiva que nadie quiere aceptar que ya está aquí.
La opción nuclear ha perdido fuerza después del desastre de Fukushima y el progresivo abandono de la nuclear convencional en Europa; por otro lado, sin embargo, aún hoy oímos cantos de sirena que nos prometen llevarnos a un paraíso renovable. Es verdad que el Gobierno de España, éste y el anterior, han boicoteado esta alternativa, pero no es menos cierto que los nuevos sistemas de energía renovable tienen muchas limitaciones pocas veces reconocidas (empezando por el hecho de que no es electricidad lo que nos falta, sino ese 79% de energía final no eléctrica que es difícil de electrificar; y a pesar de eso cada vez que se habla de energía en los medios de comunicación se insiste en el sector eléctrico). La única revolución energética que realmente se ha hecho es la del fracking, y ha sido a un coste inhumano: con los EE.UU. exportando inflación a los países proveedores, explotando yacimientos de rentabilidad económica a pesar de ello más que dudosa, incurriendo en cada vez más problemas económicos... ¿Y todo para qué? Para llevar a las 127 compañías productoras de gas y petróleo más grandes del mundo al borde de una bancarrota que no se hará esperar mucho, sobre todo ahora que la débil demanda fruto de la recesión en ciernes arrastra los precios del crudo hacia abajo. Hemos ganado unos años simplemente para ponernos en una situación peor cuando todo reviente, porque los Estados se verán obligados a intervenir y rescatar un montón de empresas estratégicas por su vinculación con la energía. Pero ahí siguen las estrategias de negación (la última consiste en decir que es Arabia Saudita la que está aumentando su producción para hundir los precios del petróleo y así acabar con el fracking americano, cuando en realidad Arabia Saudita redujo su producción en Septiembre para contener la actual sangría de precios).

No sólo las estrategias de negación de la crisis energética no han cambiado en los últimos 5 años, a pesar de los problemas cada vez más graves que nos aquejan. También se sigue acusando a los que alertamos del problemas y de que no hay soluciones sencillas de ser unos catastrofistas; quizá con mayor virulencia y violencia verbal últimamente, eso sí. Y sin embargo, si en el año 2009 hubiéramos contado que hoy íbamos a estar como estamos en este momento nos habrían tomado por locos agoreros y nos habrían denigrado por catastrofistas irredimibles. Y, en realidad, aquí estamos, a pesar de tanto brindis al Sol, a pesar de tantos anuncios hechos en este lustro (como en todos los precedentes) de que Eldorado energético ya estaba a nuestro alcance. ¿Qué han aportado, qué están aportando los que apodan la mera descripción de nuestra realidad como "catastrofismo"? Se podría decir que nada, pero no es verdad. Toda esta gente que reacciona con agresividad cuando se les habla de la crisis energética, esa gente que me escribe airada y con aire jactancioso, con un "¡Ja!" en la boca, cada vez que leen una noticia en el diario de un nuevo avance que creen definitivo pero que nunca saldrá del laboratorio o de pruebas piloto; toda esa gente que cree con la fe del carbonero en las mismas tonterías y en las nuevas tecnofantasías que hemos visto en los últimos 40 años, y que dentro de 5 años serán sustituidas por otras al tiempo iguales y nuevas; todas esas personas que siguen engañadas y ciegas a una triste y desagradable realidad, soñando en un futuro "Lleno de energía" mientras que en el mundo real el consumo de energía de España sólo cae... todas esas personas en suma, sin pretenderlo obviamente, están haciendo un daño terrible y están poniendo en peligro nuestro futuro. Puesto que el tiempo de tomar decisiones, de manera adulta, valorando correctamente la situación, tanto si nos gusta como si no, es ahora. Los verdaderos catastrofistas no somos los que denunciamos un sistema destructivo que se está desintegrando y está haciendo sufrir a tanta gente, no. Los verdaderos catastrofistas son aquellos que niegan a mirar la realidad a la cara; los verdaderos catastrofistas son los que rechazan que pueda haber un cambio y prefieren seguir en esta desgracia y profundizar en ella; los verdaderos catastrofistas son aquellos a los que les cuesta menos imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo, y que de hecho creen que ambas cosas son equivalentes cuando en realidad no es así, cuando en realidad puede haber un futuro brillante para la Humanidad si decide dejar de ser adolescente (intentando el imposible de crecer sin límites en un planeta finito) y asume una serena madurez. Acusan a los que hablamos como adultos de ser catastrofistas cuando son ellos los que nos arrastran a una catástrofe perfectamente evitable, simplemente porque no quieren imaginar otra posibilidad, y encima se ensueñan con ella.
 

También hace ahora 5 años desde que la misión europea SMOS despegaba desde una base rusa; era el primer satélite capaz de medir la salinidad superficial del océano desde el espacio. Este lanzamiento supuso un gran cambio en mi vida, pues mi actividad profesional se ha ido alineando progresivamente con la gestión de nuestra actividad en la misión, y en la actualidad consume una buena parte de mi jornada laboral. Una nueva realidad, la de la gestión de un grupo de investigación, que me lleva a tener que viajar continuamente, cumpliendo compromisos y buscando dinero para mantener en marcha mi equipo, un grupo de gente muy capaz y competente (y, por encima de todo, buenas personas) que tiene la desgracia de padecer a un jefe esquizofrénico que durante el día mantiene una intensa actividad bautomática mientras por la noche y en las horas muertas de los aeropuertos escribe sobre el fin de la sociedad industrial en este blog.

En estos 5 años mi vida personal también ha cambiado mucho. Entonces tenía una hija, ahora también un hijo. Durante este lustro perdido pelo y vista pero no mucho peso, sólo un poco cuando estuve a punto de perder la vida hace tan sólo seis meses. También ese terrible evento ha cambiado mi vida. Ya no me quedo escribiendo de madrugada, ya no pico entre horas para mantenerme despierto e intento hacer una vida más sana, sólo una pizca, sólo una miaja. Con mayor frecuencia me da por pensar en qué será de mi familia cuando yo no esté; a veces atisbo que a la larga solo puedo meterme en problemas (como las amenazas de muerte de un loco que tuve que soportar hace algo más de un año, y como las cosas que sin duda están por venir en estos tiempos turbulentos que ya se adivinan) y que no merece la pena continuar para lo poco o nada que vamos a conseguir. Pero todavía, me digo, sigo estando vivo.

¿Qué pasará en los próximos 5 años? No lo sé. Difícil es de saber. Muchas de las estrategias de huida hacia adelante que se han emprendido en los últimos años parecen estar llegando a su fin, sin haber mejorado la situación global y en muchos casos habiéndola empeorado, habiendo creado más estrés en el sistema y haciendo más probable una caída precipitada y desordenada. Hace 5 años creía que estaremos peor de lo que en realidad  estamos. Hoy creo que dentro de 5 años estaremos en una situación francamente nefasta; ojalá me equivoque. En realidad, allá a donde lleguemos depende completamente de nosoros. Siempre ha dependido de nosotros.

Salu2,
AMT

P. Data: De momento me tengo que ir a Bruselas un par de días (aunque no podré escuchar a Ugo Bardi allí). Y dentro de una semana tenemos una cita anual importante: la salida del World Energy Outlook 2014, la que para mi marca el cambio del año "Oil Crash". Yo estaré esos días entre Valencia y Castellón y por eso mi análisis del informe de referencia en el mundo de la energía se demorará probablemente más de lo habitual; espero que sepan disculpármelo

jueves, 10 de enero de 2013

El refugio de los menesterosos



Queridos lectores,


Más de una vez he detectado, como seguramente Vds. también, la presencia en The Oil Crash de ciertas personas poco equilibradas, sociópatas e inadaptadas. Llegan a esta página atraídas por la que creen que es la profecía del advenimiento próximo del fuego purificador, de la catarsis definitiva, de la destrucción del mundo tal y como lo conocemos. Para ellas, el derrumbe de la sociedad es una buena noticia, porque les ofrece el inesperado regalo de un nuevo comienzo, de hacer borrón y cuenta nueva con sus vidas, de poder ser por fin importantes y útiles.


Y por ese motivo se lanzan con la fe del carbonero a predicar el fin del mundo, no importándoles para ello tergiversar el mensaje real. Por esa misma razón, convierten en dimensión moral lo que no deja de ser más que raciocinio, y reprochan a unos y a otros no ser coherentes con una ética crashoil (así, invirtiendo el orden lógico de las palabras, tomando el nombre del dominio del blog por el nombre del blog, sin conocer la historia de esta aliteración). Ética crashoil cuyas normas ellas solas conocen y que guardan con furia de zelote y celo de nuevo converso, y con la que machacan implacables a todo aquél que juzgan impuro según sus estándares, buscando el beneplácito de su referente indeseado, el pobre desgraciado que intenta hacer divulgación rigurosa y meramente técnica de estas cuestiones, y que en el caso de The Oil Crash soy yo.



Avanzando más en esa deriva personal de las cosas, en ocasiones los neófitos de este desmadejado culto imploran una implicación personal de su referente, dando por descontado que, por ser buenas y de justicia sus demandas, no se podrá negar. Y así, comenzando por el problema de la escasez de recursos y de sostenibilidad de la sociedad se pide, se exige incluso, que el pobre referente de marras sea activista en causas muy variopintas, que pueden ser tan justas y respetables como la liberación de la mujer en comunidades donde es oprimida, o tan absurdas y estrafalarias como la liberación sexual del gusano pololo. Para el verdadero fanático todo forma un continuo sin comienzo ni final, y no pueden aceptar que su referente se dosifique y concentre en las no pocas tareas que afronta. Como en realidad la postura del fanático nace más de una reacción emocional que de una cerebral, consideran afrenta y grave que no todo el mundo se implique a fondo en sus particulare obsesiones; y más grave que cualquiera otro que su idolatrado gurú no les siga en su deriva. Descuidan en ello el hecho clave de que lo importante no son las personas sino las ideas, y que el referente sólo es un vehículo para el mensaje y no el mensaje en sí mismo. En suma, el referente no es importante en absoluto. Yo no soy importante.

La obcecación y porfía de los fanáticos genera más rechazo que adhesión, aunque para su dolorido ego cada nuevo converso cuenta por cien de los desafectos. Pero sin duda hacen flaco favor a la causa de la concienciación en problemas de la gravedad de los aquí tratados, con su estrechez moral y su fanatismo apocalíptico, hasta el punto de que no pocos lectores casuales acaban reprochándome a mi sostener opiniones y posiciones tremendistas que yo no reconozco como propias. Peor aún, con su intenso moralismo los fanáticos dificultan la búsqueda de soluciones reales. Puesto que al final lo que se requiere es una solución técnica y sobre todo social. No es útil ni provechoso dedicar todas las energías a buscar culpables (sin que eso no signifique que algunos tengan responsabilidades que no deben eludir) y descuidar lo que más necesitamos a día de hoy, que es encontrar soluciones. Soluciones que pasen, primero de todo, por redefinir un sistema enfermo que busca y procura su propia autodestrucción sin saberlo.


Lo más triste del caso es que estos pobres dementes, estos profetas del desastre, no comprenden que si inadaptados son en una sociedad opulenta, en una de magros recursos no serán los héroes que se sueñan, sino los despojos que quedan por el camino. Es una sociedad falta de todo lo que más sobra es la gente que pone palabras antes que el hombro, y que fustiga a los demás con el látigo de una auto-proclamada superioridad moral que nadie más que ellos reconoce.

Cuando hablamos del futuro post-industrial, de una sociedad que tendrá que ser por fuerza más sencilla pero no necesariamente (no si no queremos) menos igualitaria tenemos que pensar en qué acomodo tendrán las diferentes personas en ella. Resulta fácil imaginar cuál será el devenir, a pesar de las dificultades de adaptación (personales, psicológicas, de capacitación...) de un trabajador socialmente integrado y ahora en el paro. Resulta bastante más incómodo pensar en cómo se puede adaptar un pederasta drogadicto que ha visto en la divulgación del peak oil la redención de sus miserias particulares. Y sin embargo éste último también ha de formar parte de la sociedad post-peak. El gran reto que tenemos por delante no sólo consiste en integrar a las personas socialmente compatibles, sino en proporcionar un futuro a aquellos que se empeñan en destruírselo. 

Salu2,
AMT

lunes, 30 de abril de 2012

Suicidio

Imagen de http://imageshack.us
 
Queridos lectores,

No tenía pensado escribir sobre este tema, pero una reciente noticia de El País me ha motivado a ello. La noticia dice así: "La crisis cercena vidas en Italia". Se ve que en Italia cada día se suicidan dos personas por causas imputables a la crisis (dificultades económicas, principalmente), típicamente un empresario y un trabajador. Cada día. Y leyendo el texto se ve que aún pueden estar contentos porque en Grecia ya llevan 1.725 suicidios de esos en dos años (unos 5 al día), y eso que Grecia es algo menos de cinco veces menos poblado que Italia. ¿Qué pasa en España, país donde resido? Es difícil de saber, ya que hay un cierto consenso en no divulgar este tipo de noticias para no alentar a un comportamiento tan autodestructivo en gente ya susceptible. Y, sin embargo, algunas noticias se van filtrando, como por ejemplo ésta de El confidencial que sugiere que muchos accidentes de tráfico en realidad no son tales (aparte comenta otros problemas y da un rato revelador: en España se suicidan 9 personas cada día, aunque no sabemos cuántas de ellas lo hacen por razones imputables a esta crisis que no acabará nunca).


En realidad este triste fenómeno, el del suicidio provocado por la desesperación vital causada por la destrucción de las expectativas, es otra manifestación más de La Gran Exclusión. La gente va aceptando que los problemas que tiene, laborales, personales, de integración social, ... son en buena medida culpa propia y por ello, incapaz de superar su propio fracaso vital, algunos se suicidan. Especialmente vulnerables son aquellas personas autoexigentes y las que tienen que sacar adelante a familiares y se ven incapaces, superados por la situación. Contribuyen a agravar este problema los medios de comunicación y el discurso político estándar, que ve la situación actual como algo coyuntural que puede ser resuelto, en vez de ser una transición histórica que inevitablemente y por pura estadística lleva al paro y a la exclusión a un cierto porcentaje adicional cada año (España acaba de llegar al 24,44% de la población activa en el paro, por desgracia en línea con las previsiones que hacíamos en Diciembre pasado).


Todo el proceso puede también ser entendido como un proceso de crecimiento de la entropía social debido a la escasez de fuentes de energía con suficientemente baja entropía. La Gran Exclusión puede también ser entendida como un proceso en el que ciertos depredadores que ocupan los estratos sociales superiores fagocitan los recursos disponibles, arrojando entropía sobre su entorno y degradándose así las condiciones de vida para la mayoría. Pero no estamos alejando del foco de este post.


La clave es que la mayoría de esa gente que se suicida tiene una mentalidad tipo BAU, y no conciben que exista un modelo de vida diferente al que han conocido y con el que han modelado sus expectativas. De hecho, se suicidan porque consideran que sus vidas han llegado a su fin, una vez que -correctamente- entienden que nunca podrán volver a sus vidas anteriores.


El final de nuestras vidas en modo A no significa que no pueda haber una vida en modo B. Pero es justamente ahí donde radica la mayor dificultad. La de ver que puede existir otra vida, y que esta vida puede merecer la pena. Incluso, puede ser que en realidad esa vida B sea más satisfactoria y plena que la vida A, sin tantos agobios y más volcada en la familia, los amigos, la comunidad... Hablar de esa manera (vida sencilla, retorno a valores tradicionales, familia, amigos, comunidad...) está ya etiquetado desde la perspectiva BAU con el cliché de lo hippy, lo idealista, lo contracultural... lo infantil, en suma, y a dar esa visión han contribuido decisivamente los medios de comunicación. Es bastante natural, porque cuando había negocios para hacer no se podía consentir que una proporción significativa de la población se saliese del sistema; tal salida sólo era permisible una pequeña cantidad de personas y sólo a los efectos de ilustrar su disfuncionalidad, su discapacidad, su absurdo... en suma, para servir a la propaganda de que lo mejor es seguir en el calorcito del BAU.


Resulta, por tanto, muy complicado convencer a ese ejecutivo de una gran multinacional, ahora en el paro de larga duración a sus 40 y tantos años, de que podría ser un feliz zapatero remendón; incluso, resulta terriblemente arduo hacerlo con un albañil o el operario de una fábrica, por no hablar de tantos pequeños empresarios arruinados y empeñados (y habiendo dilapidado también ahorros de los familiares).


Al final de las charlas sobre el Oil Crash suelo decir que no debemos consentir que nuestro vecino pase hambre, que debemos hacer, cada uno de nosotros, un esfuerzo positivo por crear comunidad, por ayudarnos, para que el sufrimiento cercano no nos sea ajeno. Por el mismo motivo no podemos consentir que gente cercana caiga en el oscuro pozo de la desesperación y el suicidio. Porque ésta es una guerra contra todos, contra todos nosotros, y no hay nadie que sea menos valiosos. No consintamos que las fábulas absurdas creadas por un sistema disfuncional que agoniza y su aparato de propaganda arrastren a nuestros amigos, compañeros, hermanos...


¿Qué puedo hacer yo, qué puede hacer Vd, querido lector? En primer lugar, hacerlo entender. La gente tiene que saber que lo que le está pasando ni es culpa suya ni puede solucionarse, no desde una perspectiva convencional; pero eso no quiere decir que no haya salida. También será un primer paso de transición para nosotros mismos, si superamos el pasotismo y el miedo al rechazo, en línea con el individualismo que tanto conviene al BAU, y conseguimos evitar por lo menos una muerte evitable, inútil y dolorosa.


Salu2,
AMT

lunes, 13 de febrero de 2012

Rabia

Atenas en llamas, 12 de Febrero de 2012. 

Queridos lectores,

En su documentado y altamente instructivo libro "Colapso: Por qué algunas civilizaciones perduran y otras sucumben" (para quien no tenga el libro y sepa inglés, puede ver "la película" en el enlace precedente), Jared Diamond repite una pregunta que le ha pasado por la cabeza a decenas de antropólogos cuando estudian la isla de Pascua y su colapso por exceso de explotación de los exiguos recursos de los que disponía: ¿qué debió pasarle por la cabeza al hombre que cortó el último árbol? Incluso asumiendo que una comunidad desesperada sea incapaz de ver el deterioro progresivo e inexorable de sus bosques, aquel último árbol significaba un punto de no retorno obvio incluso para los que tienen poca capacidad de anticipar el futuro. ¿Cómo pudo ser que aquel hombre no viera que era el último árbol, que después de eso ya no tendrían más leña? ¿Que por tan poca ganancia se condenaba? 

Yo me imagino a aquel hombre, y elucubro sobre lo que le pudo pasar por la cabeza. Subió a la pequeña colina, a buscar leña para el fuego, para una canoa o para hacer una palanca con la que desplazar un moai. De niño aún había visto aquella misma colina poblada por un bosque ralo, muy diferente de aquel tan frondoso que le refería su abuelo - aunque seguramente su abuelo exageraba su memoria de juventud. Pero era verdad que ya sólo quedaba allí su árbol. Se detuvo un segundo antes de comenzar a abatirlo: cuando hubiese acabado ya no quedarían árboles en toda la isla. Sintió un peso frío en el estómago. Bueno, pensaría para tranquilizarse, ¿quién dice que no hay árboles en toda la isla? Él hacía tiempo que no iba a los territorios de las tribus rivales, y seguramente ellos se están reservando sus árboles para asegurarse la victoria alzando los moais más grandes. Hijos de mala madre; habrá que entrar a buscar leña allí: la última guerra no fue muy bien, pero ahora puede ser diferente. Será diferente. En realidad estamos tan mal por culpa de ellos. Si no nos dan su leña por las buenas se la tendremos que arrebatar. Tenemos que echarles al mar, a esos malnacidos. Aún dudó un poco, pero pensó: si yo no corto el árbol, vendrá mi vecino y lo cortará él. Y eso sí que no. Y sin pensarlo más empezó a talarlo.


¿Somos tan diferentes nosotros? En una conferencia que impartió uno de mis colegas en el Instituto de Ciencias del Mar, hablando de sobrepesca, el ponente mostró una transparencia con las especies de pez documentadas a principio del siglo XX como propias del Mediterráneo Occidental que nosotros ya no habíamos llegado a conocer; eran unas 30, y eso sólo de las documentadas, que son una fracción ínfima. Los más viejos de mi instituto han visto peces que jamás verán los más jóvenes. Y aún así seguimos apretando las tuercas, a ver cuánto podemos exprimir la población de atún rojo del Mediterráneo, a ver si el pequeño aumento registrado el año pasado permite subir las cuotas de pesca. Ya no lo hacemos con la anchoa del Cantábrico porque de manera efectiva la hemos exterminado. Y, en realidad, si van mirando, pasa lo mismo con tantos y tantos recursos. ¿Somos de verdad diferentes de aquel habitante de la Isla de Pascua que cortó el último árbol?


En su libro, a partir de los indicios sobre el terreno, Diamond especula sobre cómo debieron ser los últimos 100 o 200 años antes de la llegada de los exploradores europeos, cuando la población declinaba irreversiblemente y se hubiera extinguido de no haber llegado los foráneos. Los restos de huesos humanos, muchos con heridas de arma, algunos roídos... los moais deliberadamente derribados o vandalizados... algunos retazos de la tradición oral de los pocos descendientes que poblaban la isla cuando llegaron los europeos... Diamond teje una trama más o menos realista, pero en todo caso muy evocadora. Según él, parece probable que en medio del cataclismo ambiental y de recursos, con la gente desesperada, muriendo de hambre, hubo una revuelta. La gente se alzó contra sus antiguos líderes políticos y religiosos, y la antigua religión (que les llevaba a erigir con gran coste de recursos los pesados moai) cayó en el total descrédito. La gente sintió rabia, entró en las casas de los ricos y vio como vivían mucho mejor que ellos. Arrasaron con todo. Derribaron algunos moais, los mismos que poco antes veneraban y eran el motivo de orgullo de cada tribu. La mera rabia, la impotencia por no saber salir del agujero donde ellos mismos se habían hundido, les llevó a una vorágine de muerte y destrucción que los dejó más debilitados e incapacitados que al principio.


¿Somos tan diferentes? Ayer el parlamento griego, en una sesión agónica, aprobó el enésimo paquete de medidas de ajuste, más represivo y ominoso que los anteriores, a los cuales se acumula. Mucha gente no lo soportó más y se echaron a la calle por miles, originando graves disturbios. La policía se quedó sin gas lacrimógeno, la turba entró a saco y quemó decenas de edificios del centro de Atenas, principalmente bancos. Los grandes símbolos del triunfo de hace una década, los banqueros, son ahora señalados con el dedo, al igual que los políticos (la analogía con los líderes religiosos y políticos de la isla de Pascua es inevitable, sobre todo teniendo en cuenta aquella máxima de que el único Dios verdadero es el dinero que de forma tácita se aceptaba hace tan sólo 10 años). Y todo eso, para conseguir el segundo paquete de ayuda económica de la Unión Europea que permitirá al país heleno capear sus obligaciones de pago del mes de Marzo pero posiblemente no por mucho tiempo. ¿Qué sentido tiene prolongar esta agonía cuando sabemos que esta crisis no va a acabar nunca? ¿Que la recesión que ahora comienza hará aún más complicado no el retorno de la deuda griega, sino la de los demás países europeos? ¿Que negarse a aceptarlo sólo nos lleva al colapso? ¿No sería más lógico aceptar que el modelo que intentamos mantener ya no funciona y que se tiene que redefinir? ¿No tiene eso más sentido que, empujados por el empeño de pagar unas deudas impagables, acabemos mal vendiendo el patrimonio que nos queda, acabemos cortando el último árbol de la isla?


El futuro no está escrito, pero el pasado sí. La mayor soberbia está en creernos mejores que nuestros ancestros; lo seremos sólo si somos capaces de aprender sus enseñanzas. Necesitamos un plan, y lo necesitamos ya.


Salu2,
AMT

viernes, 9 de septiembre de 2011

Correspondencia con los lectores: La pregunta difícil

Fuente: www.willielongiii.com

Queridos lectores,

Un lector me ha hecho llegar el siguiente mensaje, y me ha dado permiso para publicarlo en un post, este post (he preservado su contenido general pero he alterado algunos detalles para garantizar su anonimato). He aquí su carta:


Hola Antonio,

Pido disculpas si éste no es el medio más adecuado para dirigirme a ti. Me parecía el más directo y fiable… no lo sé.

Ante todo, un agradecimiento por tu blog "The Oil Crash", el que sigo desde hace poco.
Sinceramente, llevo casi un año siguiendo el blog “Hacia el Colapso” y encuentro interesante y real todo lo que se comenta allí pero no me acaba de convencer al 100%...
Tras ver el tuyo, ver tu currículum, ver tu profesión y la cantidad de pruebas y gráficas que pones en tus post… tu blog me parece mucho más científico que "Hacia el colapso".

Te escribo porque (quizás no he visto el post donde reciba una clara respuesta) estoy en una situación personal que empieza a ser crítica y… no me considero “de la borregada”… Tengo mis estudios (los universitarios inacabados por imbécil), ahora tengo 33 años, he trabajado 7 años en un conocido diario español como técnico hasta que nos hicieron un estupendo ERE en el 2009 que no fue sonado porque al ser un medio de comunicación, ellos mismos pueden tapar todo y hacer como si nada…


¡Tranquilo, que no estoy pidiendo un puesto de trabajo! Jajaja!

Te escribo para que me des tu opinión, tu consejo, lo que tú harías…

Y mi pregunta creo que se puede extender a casi el 100% de los españoles! (aunque haya muuuucha gente que no tiene ni idea de lo que significa y conlleva el Peak Oil).
Así pues, si quieres poner en el algún post “he recibido un correo donde me hacen estas cuestiones” o incluso si quieres pegar este correo o fragmentos, tienes mi completa autorización.

Verás… estuve desde Enero hasta Marzo (ambos inclusive) en Washington DC, USA. Tuve una historia con una mujer allí y estuve viviendo allí 3 meses. ¡Aquello es otro mundo!


Estando allí empecé a despertar de todo ese sueño profundo del que nos meten los medios de comunicación y la sociedad entera en sí… esa actitud consumista “despilfarrante”… eso que te transmiten constantemente: “tienes que tener el mejor coche”, “tienes que tener un ordenador con Gigas y Gigas y de lo último”, “tienes que tener una moto CBR 1100R R R special edition” o las estúpidas como la que dice aún a día de hoy (subliminalmente en películas o en la misma calle) “fuma y bebe whisky para ser un hombre” (esto lo pensé el otro día cuando ví la película "The Mechanic" recientemente estrenada, en la que se ve al actor Jason Stahman varias veces fumar y beber alcohol).

 
Fue en USA donde descubrí y empecé a leer Haciaelcolapso. Y he descubierto tu blog al ver una crítica por algún sitio que decía que "Hacia el colapso" es un plagio de tu trabajo.

En fin, respecto a lo de USA… tenía todas las opciones para quedarme allí… estaba a punto de conseguir un trabajo como profesor de español para niños… y… si me volví fue porque no vi clara la situación con la chica…

Y… no sé si cometí el error de mi vida o no…
No sé si es mejor emigrar a otro país… no sé…
Pero la pregunta general que te quiero lanzar es… “¿Cómo afrontar lo que se avecina…?”
Esto no es una crisis cualquiera… Hay mucha gente que piensa “crisis ha habido en varias épocas y al final se sale”… Creo que tú y yo sabemos que esta vez no es lo mismo….

Pues eso… ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos los ciudadanos de “a pie”? Aquellos que no tenemos grandes ahorros…

Mi situación quizás es algo “privilegiada” respecto a la media española… y lo digo porque fui inteligente y NO me metí en una hipoteca (y mira que tuve oportunidades y un –sueldazo- como el que tenía para poder hacerlo)… no tengo hijos… no tengo ningún gran préstamo pendiente (mi única deuda es algún gasto acumulado en la VISA. Punto.).
Pero claro… estoy en el paro, cobro 995 euros al mes y se me acaba en febrero’12… Y como yo… 5,000,000 de personas y en aumento… ¿tanto podrán pagar las arcas del estado…?

La pregunta final… ¿Qué hago? ¿Qué opciones viables tenemos los usuarios de “a pie”?

Y otra pregunta… es, ya que he visto que el 19 de octubre das una charla en la UB, en Barcelona (donde yo vivo)… ¿se puede asistir libremente?

Y finalmente, gracias por molestarte en leer mi correo y un agradecimiento también por el trabajo que desarrollas en tu blog.


Un cordial saludo,
X.

Comencemos por el final: la charla del 19 de Octubre es más bien un debate sobre el futuro energético y el cambio climático, con la participación de Salvador Pueyo del Institut Català de Ciències del Clima, Sergi Saladié de la Universitat Rovira i Virgili y un servidor (quien desentona un poco al lado de los otros, la verdad sea dicha). El debate, que organiza la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny, comenzará a las 4 de la tarde en el Aula Magna de la Facultat de Biologia de la Universitat de Barcelona y está abierto a todo el público; ojo, se prevé que dure unas tres horas.

Vayamos ahora a la pregunta, a la difícil cuestión. Tiene razón X cuando dice que esta pregunta, en realidad, se la pueden hacer hoy millones de españoles y más que se la acabarán haciendo: y ahora, ¿qué? Por eso me ha parecido relevante destacarla hoy aquí, por su valor cada vez más universal. De tanto hablar de temas abstractos, de escenarios futuros, dejamos de ver el escenario concreto de la gente como X que en Febrero se queda sin nada; y ahora, ¿qué? El problema, como es natural, transciende el del Peak Oil, es un problema relacionado con la gravedad y profundidad de esta crisis económica; sin embargo, el que uno esté convencido o no sobre la inminencia, si no pasado, del Peak Oil es muy relevante, ya que la primera y principal consecuencia del mismo es el final del crecimiento. Y aunque eso del crecimiento económico es algo un tanto abstracto, se traduce en algo muy concreto: las malas perspectivas de volver a encontrar trabajo en general, y la tendencia a que esa falta de trabajo se agrave con el tiempo.


La mayoría de la gente que se ha ido al paro ha ido capeando esta crisis como ha podido, buscando pequeños trabajos que le permitieran ganarse unos euritos y apoyándose, los que han podido, en la familia y en los amigos. Poco a poco han ido acumulando deudas, monetarias y de gratitud, con su círculo inmediato, respaldadas con una convicción íntima: Es sólo por un tiempo, cuando las cosas mejoren os lo devolveré todo y con creces, y nunca olvidaré lo que habéis hecho por mi. Sin embargo, la ansiado recuperación económica no acaba de llegar; de hecho, se anuncia ya cada vez en voz más alta la llegada de la nueva recesión, una nueva caída de la actividad económica que agravará esta crisis que ya ha cumplido cuatro años, y los que han estirado como han podido su capital de ahorros y de relaciones ven que en vez de salir a flote están a punto de hundirse más. Y ahora, ¿qué?


Los que aún vivimos dentro del sistema pero que somos conscientes del Peak Oil (una ínfima minoría) aún podemos jugar a mantener la vida A, la estándar, mientras comenzamos a pensar en la vida B, en algunos casos incluso haciendo algunos pasos reales en esa dirección. Pero los que ya han sido excluidos de la vida A no tienen opción, no pueden esperar. Y ahora, ¿qué? Pues ahora es el momento de tomar una decisión drástica, mal que nos pese.

Si Vd., lector, se encuentra como X y está convencido de lo que implica el Peak Oil, comprenderá que sus posibilidades de reintegrarse en el sistema económico y social por la vía convencional son pequeñas, por no decir nulas. Es el momento de cambiar, de buscar una alternativa de vida.

Yo, tan integrado en mi vida A, no soy la persona más adecuada para preguntarle qué hacer. Cada semana recibo algún mensaje de alguien que me pide consejo, qué hacer. Y qué se yo, pobre de mi; yo voy haciendo actividades de concienciación tanto como puedo, tocando todas puertas que alcanzo y guardando en la recámara un par de planes y algunos recursos para cuando me tenga que replegar, sin realmente poner en marcha nada, en buena medida por lo muy absorbido que estoy por mi trabajo convencional (y las cuatro horas de tren diarias). Así que, querido lector, querido X, lo que ahora sigue son algunas ideas que se me ocurren más o menos de sentido común, sin más valor que la opinión de cualquier otra persona. Espero que los comentaristas, con sus inteligentes aportes cual suelen, puedan redondear el cuadro.


  • Hacer una valoración realista de tus posibilidades de conseguir un trabajo: Aunque sea mediocre en lo pecuniario. Lo ideal sería que comiences tu plan de transición, pero es muy difícil ejecutar tal plan si no tienes con qué financiarlo; sería todo mucho más fácil si tienes unos ingresos estables, aunque sean escasos (los pocos ahorros que consiguieras los dedicarías al plan de transición, el cual además te va a absorber tu tiempo libre, así que fíjate si podrás ahorrar en actividades de ocio). Mira cuál es el panorama laboral de tu ciudad y si realmente podrías intentar conseguir un trabajo, aunque sea inferior a tu capacitación. Rebaja tus expectativas, acepta tener que desplazarte. En suma, apura al máximo tus posibilidades. Si consigues el trabajo podrás ir más tranquilamente, si no...
  • Hazte un plan de mantenimiento: Ok, imaginemos que no consigues un trabajo, y en todo caso mientras lo buscas es importante que sigas viviendo: que sigas pagando el alquiler o la hipoteca, que comas, que consigas ropas y útiles de aseo. Si no consigues nada, si estás en riesgo de exclusión social, ve a Cáritas y ofrécete como voluntario en los comedores a cambio de alimento y la voluntad; es una dinámica peligrosa y no debes conformarte con eso, pero ahí al menos conseguirás manutención (eso lo tendrías de todos modos) y contactos. Interésate sobre todo por las posibilidades de salir de la ciudad e ir a trabajar en el campo, a través de los proveedores del comedor o de los que los regentan.
  • Abandona la ciudad: Si estás a punto de ser excluido socialmente, si no tienes opción de conseguir trabajo, entonces probablemente perteneces a esa mayoría que tendrá que desplazarse a trabajar al campo (la mano de obra en el campo aumentará mucho tras la transición). ¿A qué esperar? Cuando antes llegues antes comenzarás a aprender las nuevas habilidades que se necesitan. Vende tu piso o deja de alquilarlo y deshazte de los enseres más pesados, conserva lo mínimo. Si tienes conocimientos especializados (e.g., informática) quizá consigas trabajo en un ayuntamiento pequeño a cambio de un poco de dinero y quizá un jergón en alguna dependencia municipal (en los pueblos la gente acepta más fácilmente estas cosas); has de ser amable y tranquilo, a pesar de lo mal que se pongan las cosas, y tendrás que aguantar muchas humillaciones: tranquilidad, por tanto. Si tienes algún lazo con alguna pequeña localidad (hay o hubo familiares allí, tu familia tiene alguna propiedad, tienes amigos que vivan allí, etc) posiblemente sea el mejor sitio para volver a empezar.
  • No te hagas agricultor a la fuerza: El campo rinde poco hoy en día, apenas da para vivir a los agricultores, aunque está claro que en el medio y largo plazo será la base de la supervivencia de la sociedad. No creas que es imprescindible que te dediques a la agricultura; quizá puedas ser zapatero, herrero o algún otro oficio, hoy en desuso, que tendrá su utilidad en un futuro no tan lejano. Aprender un oficio lleva tiempo; identifica tu nicho y comienza a aprender, mejor a las órdenes de alguien que se dedique. Pero aprende también a cultivar al menos un poco: haz tu huerto o ayuda en uno.
  • Rebaja tus expectativas: Las cosas van a ser duras para todo el mundo, aunque no al mismo tiempo. A ti te toca tragar ahora, a los otros les tocará más tarde. Ten paciencia. Al final, de lo que se está hablando aquí es de sobrevivir, y no tanto de vivir, la Transición. No te vas a hacer rico y no vas a vivir con el bienestar de ahora. Y no hablo de irte de vacaciones 4 semanas al año, sino de poder ducharte cada día, por ejemplo. Los cambios son tan radicales que ahora mismo parecen ininmaginables y demenciales, imposibles teniendo en cuenta cómo vivimos.
  • Intégrate en tu comunidad: No vayas solamente a buscar tu salvación individual; tienes que entender que formas parte de una estructura superior. Tu resiliencia es la resiliencia de la comunidad en la que vivas, que tendrá que pasar tiempos difíciles, por ejemplo cuando vengan oleadas de refugiados de la ciudad o aparezcan salteadores. No puedes hacerlo solo; por tanto, no lo hagas. Si tu cuidas de tu vecino éste cuidará de ti.
  • Desconéctate de la economía tradicional tanto como puedas: Si tienes deudas intenta que el banco no te localice para embargarte lo poco que ganes, y no te obsesiones con tener dinero convencional (que se puede esfumar de un día para otro). Intenta que lo que consumas sea lo más local posible, y haz acopio de lo imprescindible que ahora sea fácil de conseguir y que en el futuro no lo será tanto; más aún, convence a tus vecinos a hacer lo mismo (e.g., herramientas). Acostúmbrate a tener una relación mental de los precios relativos de las cosas por si en un momento de hiperinflación o masiva deflación te ves forzado a hacer trueques. Reduce tus facturas de servicios (electricidad, agua,...) a la mínima expresión, ya que sus precios explotarán cuando se agudice la crisis.
 


En fin, éstas son son algunas ideas un poco arbitrarias, pero creo que se capta cuál es el espíritu general. Por supuesto estoy hablando de un horizonte temporal a corto plazo, unos pocos años a lo sumo; después, se tendrían que hacer transformaciones aún más profundad, pero entonces tendrás una idea más clara tú mismo de por dónde tirar, y en todo caso no me tendrás a mi para pedirme consejo.

Buena suerte.

Salu2,
AMT 

viernes, 8 de abril de 2011

Cuando suena la campana

Imagen del blog "Time 4 Dogs"


Queridos lectores,

Cuando era niño, en alguna -ejem, rara- ocasión tuve algún patinazo importante durante un examen. Quizá era un examen de Historia, o de Matemáticas; el caso es que justamente me preguntaban sobre temas que no llevaba bien aprendidos, o tenía ciertas dudas y lagunas y no acababa de encontrar la manera correcta de desarrollar el tema. Con el tiempo, uno aprende a centrarse en aquellos aspectos que uno sabe o intuye que va a poder defender, aceptando que el examen no será perfecto, que habrá partes que tendrán que abandonarse a su suerte y ser calificadas con un cero, pero que al final el conjunto pueda pasar el listón del aprobado. Pero, naturalmente, para aprender esa estrategia óptima con la que gestionar el recurso escaso que resulta ser el propio conocimiento uno tiene que primero que fracasar un par (o más) de veces. ¿A quién no le ha pasado que, necesitando concentrarse en un examen, justo al intentar extraer de lo más recóndito del consciente y del subconsciente la fecha dichosa de la batalla de las Navas de Tolosa o de la coronación de Carlomagno, o cómo se hacían las permutaciones con repetición, acaba su imaginación yéndose desbocada por los cerros de Úbeda? Y lo malo de esas excursiones recreativas es que, de repente, te dabas cuenta de que quedan cinco o diez minutos para que se acabase el examen, y no porque espontáneamente uno volviese de esas verdes praderas, no, sino porque lo decía en voz alta el profesor. Te asaltaba en ese momento un sudor frío y una opresión en el estómago de una intensidad difícil de describir. Y en ese momento acelerabas tanto como podías la actividad de las neuronas, pero de reojo no podías dejar de mirar el reloj de la clase, el cual implacable hacía caer minuto tras minuto. "Id entregando ya los exámenes, por favor", el sudor te resbalaba por las sienes. Los compañeros mayoritariamente ya habían entregado su prueba escrita, y ahí estabas tú con los dos o tres rezagados de siempre. Si el profesor era indulgente te dejaba seguir escribiendo hasta el momento más postrero, que era cuando sonaba la campana que marcaba el final de la clase. Entonces, lentamente, pasaba por los pupitres de los rezagados y les arrebataba sin violencia pero sin piedad el examen. Y entonces llegaba hasta tu pupitre...

Viene esto al caso de la ya inevitable intervención financiera, que al final será en realidad económica, de Portugal. Con él son ya tres países de la zona euro que han sido intervenidos (perdón, que se han acogido al fondo de rescate), después de Grecia e Irlanda. Entre los tres se habrán necesitado unos 300.000 millones de euros del fondo de rescate, que en su constitución contó con 500.000 millones de euros (contantes y "en especies") aportados por los países de la Unión Europea y otros 250.000 millones aportados por el FMI; en total, 750.000 millones, aunque últimamente se está hablando de ampliar este fondo. Esto último es natural: debido a sus propios desequilibrios internos y a las posiciones españolas en Portugal, es bastante probable que España tenga que acabar acogiéndose a ese mismo fondo de rescate en unos meses, con el agravante de que la economía española (contabilizada como PIB) es más del doble de la griega, la irlandesa y la portuguesa juntas, y por tanto es fácil de creer que las necesidades financieras de España superarán el medio billón de euros (oficialmente la deuda total de España es del 250% de su PIB -el cual es de aproximadamente un billón de euros- aunque muchos analistas la elevan al 350% y más).


Se debe tener muy a la vista que el FMI está poniendo una cantidad sustanciosa en este fondo de rescate. El Fondo Monetario Internacional, o FMI, no es exactamente una organización intergubernamental al uso. Aunque formalmente una agencia especializada de Naciones Unidas, su estructura administrativa, financiera y, sobre todo, gobernanza viene determinada por el peso económico de cada país. En la práctica, los representantes de los grandes grupos de inversión del mundo tienen el control de facto de la institución, y de esta manera ganan una visibilidad política que les permite implementar su agenda. Y las políticas del FMI siempre persiguen un único fin: que los grandes prestatarios no pierdan dinero. Por lo tanto, cuando un país necesita acudir a la tutela directa o indirecta del FMI, sus "recetas de choque" no buscan el crecimiento económico de ese país, sino garantizar por los medios que sean su solvencia, aunque ésta se consiga destruyendo el patrimonio actual y comprometiendo su crecimiento económico futuro. Los gobiernos se pliegan a las estrictas condiciones impuestas por el FMI ya que si no los mercados financieros se cerrarían para ellos y no podrían financiar sus presupuestos públicos (hoy en día la mayoría de los gobiernos occidentales funcionan sobre la base de una continua financiación de sus gastos corrientes e inversiones). Dicho con palabras más simples, el FMI es el cobrador del frac, y para que vayas pagando tus deudas, con intereses, a sus clientes si es preciso te obligará a vender las joyas de la abuela y tu tienda de ultramarinos con la que te ganas el pan; y si no accedes a ello te cerrará el grifo de golpe y no podrás pagar a tus proveedores, con lo que igualmente te irías a la ruina. Es una simplificación algo grotesca, pero capta la idea de fondo (al menos no he dicho que un matón te rompe las piernas, es decir, que un ejército te invade para quedarse con tus recursos, pero eso es ya otra historia...). Algunos de mis lectores de ultramar podrán corroborar con su experiencia personal qué es y cómo actúa el FMI.


Con el desembarco del fondo de rescate, a Portugal se le acabó el tiempo de especular: el maestro le ha recogido ya su examen. No ha hecho las necesarias infraestructuras para reducir su dependencia del petróleo y ya no tendrá cómo financiarlas. Tampoco podrá financiar más investigación en biocombustibles o en fusión nuclear; suerte tendrá si consigue mantener la que tiene. No ha fortalecido sus redes locales ni ha pilotado un plan de descenso energético, y ahora le resultará mucho más difícil hacerlo, mientras el petróleo y la financiación ajena se hacen cada día más caros. Portugal, simplemente, está acabando la fase 1 del colapso (ya discutimos en el post correspondiente cuáles son las fases de un colapso) y cae en un agujero que, dado el contexto histórico de disponibilidad decreciente de energía, le costará salir. En el proceso que ahora arranca en el país vecino del que esto escribe, la economía se contraerá y su consumo energético decaerá, lo cual será positivo para todos los demás que podrán alimentarse de sus despojos. Claro que Portugal es pequeño y apenas se notará el efecto de los recursos liberados, así que no cabe esperar un gran descenso de los precios del petróleo durante los meses y años que durará este inducido declive energético y económico de Portugal. Eso sí, para Portugal este movimiento será un mazazo; a efectos prácticos para Portugal el declive post-Peak Oil se habrá acelerado. Y es que, ya lo comentamos, cada país vivirá una epopeya particular, su propia versión del Peak Oil entendida como su propio declive de consumo de petróleo, y por ende de energía.

Como ya he repetido tantas veces, la crisis energética irá por barrios, de modo diferente en cada lugar, de modo que aunque haya rasgos comunes cada territorio vivirá un inicio diferente de la escasez energética. Además, el hecho de que se produzcan transiciones de fase propias del lado derecho de la curva de Hubbert hace que el deterioro económico, con la subsiguiente bajada de consumo energético, sea percibido como la causa inmediata del descenso energético, y no al revés; esto es lo que lleva a hablar de "Pico de demanda" en contraposición al "Pico de producción" o Peak Oil. En realidad desmontar el mito del cenit de demanda es bastante simple: si el problema es el cenit de demanda,  al final el crecimiento económico volverá con fuerza, acabado este ciclo. Si el problema es la producción, entonces esta crisis no acabará nunca dentro de nuestro paradigma económico actual. Sin embargo, es de esperar que durante lustros y décadas incluso los países que hayan caído en este agujero negro, en este colapso catabólico, afirmen que la recuperación está a punto de empezar y que el descenso energético es cenit de demanda de múltiples causas, tan grande es nuestra ceguera y tan fuerte la fe en el crecimiento económico que nos hacen incapaces de reconocer el Oil Crash a pesar de estar viviéndolo. Este proceso involuntario de colapso realmente será catabólico, con destrucción deliberada o accidental de aquellas estructuras que ya no podremos mantener. Peor aún, destruirá aquellas instalaciones o inversiones que necesitábamos para paliar el déficit energético: se paralizará la exploración y desarrollo de nuevos pozos en los países afectados o donde operen las compañías oriundas del país colapsante, se dejarán de construir centrales térmicas, parques eólicos, etc. En el medio plazo la situación tenderá a degenerar hacia el caos, hacia la agudización del colapso siguiendo sus diferentes fases. El hecho de que para el resto de los participantes en este juego, los países que todavía no habrán colapsado, la situación sea más o menos normal, con una distribución eficiente del petróleo y de la energía en general, hará que ni siquiera en el país colapsante se sea consciente de que se está viviendo una crisis energética; es más, cuando se intente abordar el tema no tocará hacerlo, porque otras cuestiones más urgentes - la crisis económica y financiera- requieren nuestra atención. ¿Quién querrá invertir en una nueva línea de tren si no puede financiarla? ¿Quién se planteará establecer un plan de choque de ahorro energético cuando la prioridad será reducir el rampante paro? ¿Quién invertirá en investigación si no sirve para pagar ya las facturas? No se percibirá que hay un problema con la energía hasta que los precios se mantengan permanente altos, y entonces, cuando la fase volátil de los precios haya acabado, será porque el declive agudo de producción habrá comenzado, y en ese momento será demasiado tarde para hacer nada. Es decir, cuando sepamos que tenemos una crisis energética porque ésta sea plenamente evidente entonces ya será terminal.


La intervención económica (perdón, el rescate) significa una profundización irreversible de este proceso complejo y que no será reconocido como lo que es: una crisis sistémica asociada a una crisis de los recursos naturales. A Portugal le han recogido el examen y el profesor se ha parado ya en nuestro pupitre. Es un magro y a la vez estúpido consuelo que esos países que nos miran por encima del hombro, llamándonos a la cara CERDOS (por las siglas en inglés de los países caídos en desgracia) aún no se han dado cuenta de que después de recogernos nuestro examen el maestro irá a sus pupitres también. Y resulta que ninguno de nosotros, desde Grecia hasta los EE.UU., ha acometido las reformas que hacían falta a todos los niveles, energético, económico y financiero (por no hablar del medioambiental); todos nos hemos embobado pensando en fantasías de redes eléctricas inteligentes, millones de coches eléctricos, pilas de hidrógeno, biocombustibles de algas, reactores nucleares regeneradores rápidos y de fusión y cosas por el estilo... hemos dejado volar nuestra imaginación en vez de responder el examen. Ahora es tarde para lamentarse.


No me preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.


Salu2,
AMT

domingo, 3 de abril de 2011

Nuestra relación con la tecnología


Queridos lectores,

Debido a la incorporación de un creciente número de lectores de diversas procedencias al blog, y a la extensión que está cogiendo el mismo después de tan sólo un año, durante los últimos tiempos se está produciendo una discusión y rediscusión de conceptos de los que ya se había hablado en posts anteriores (aunque justo es reconocer que no siempre con la extensión que posiblemente requieren). Este proceso es normal, y no se puede culpar a los nuevos lectores de llegar a media discusión cuando justamente lo que se pretende es ir extendiendo ésta a toda la sociedad. Afortunadamente, una de las ventajas que tiene un sistema dinámico como es un blog es el de poder ir enlazando a conceptos discutidos con anterioridad sin tener que cortar el discurso actual; así, por ejemplo, cada vez que escribo por primera vez en un post la expresión "Peak Oil" suelo enlazar, como ahora, un artículo de la wikipedia que explica el concepto, o bien nuestro prontuario en la web del OCO (a falta, como me han hecho notar, de tener un texto de presentación más específico que espero poder redactar con calma un día de estos, Dios y mis compromisos mediante). Es por ello que animo encarecidamente a los lectores, aunque ello requiera muchos minutos de lectura, a permanecer atentos a las fracciones del texto marcadas con el color de hipervínculos, a seguirlos si el texto de enlace refiere a un concepto que les parezca importante, sea éste referido a los problemas de una sociedad completamente eléctrica, los problemas prácticos que plantea la separación entre lo factible y lo rentable, cómo resolver el dilema de si debemos reaccionar ya o no delante de la amenaza del Peak Oil, por qué la crisis actual no acabará nunca (dentro de nuestro paradigma, se entiende) o cómo podría sobrevenir el final de la economía o de la democracia (dejando al margen ensayos más pornográficos - y probablemente por eso más populares - sobre qué pinta tiene un colapso y cuál sería el peor escenario posible si todo conspirara en nuestra contra, nuestra estupidez incluida). Cada texto enlazado enlaza a su vez a otros, propios y ajenos, y al final hacerse una idea global puede requerir horas y horas de lectura, lo cual descorazona a muchos lectores que, malcriados por la sociedad del "todo ya", del impulso infantil, no conceden valor al esfuerzo y a la introspección. Sin embargo, ¿qué sentido tiene ponerse a discutir sobre temas complejos, pretendiendo que su solución vendrá de una idea que se nos ha ocurrido tras reflexionar sobre ello unos pocos minutos? Es probable que las soluciones obvias ya hayan sido analizadas y descartadas por muchas personas muy capaces que llevan años estudiando el tema, y aunque eso no impide que una ocurrencia personal y súbita pueda tener valor, antes de lanzarse a porfiar sobre sus méritos es mejor hacer un poco de búsqueda bibliográfica y ver si ya fue analizada y qué problemas se han identificado hasta la fecha en su detrimento. Cuando uno hace ese esfuerzo de análisis técnico muchas veces se acaba dando cuenta de que no exite una conspiración entre políticos corruptos y corporaciones satánicas para destruir el mundo (con ellos dentro, tal es su maldad que no les importa irse también al garete), sino que simplemente las leyes de la Física, con la Termodinámica como brazo ejecutor, están impidiendo milagros como el motor de agua o el aprovechamiento de la energía del punto cero, y están limitando severamente la implementación de Reactores Reproductores Rápidos y el aprovechamiento del torio que tendrían que llevarnos a una era de renacimiento nuclear (y eso sin contar que no es electricidad lo que más necesitamos, sino los otros usos de la energía).

Comienza a haber en la sociedad una percepción creciente de que la crisis económica en la que estamos inmersos va para largo (esto es lo primero que me dijo el taxista que me llevó el viernes a la estación de Madrid-Chamartín), e incluso algunos barruntan que de hecho no puede acabar. Algunos menos también empiezan a intuir que la escasez de energía es la pieza clave en este puzzle, en parte porque casi sin querer los medios de comunicación mainstream van sacando más noticias sobre el tema, relacionadas mayoritariamente con la necesidad de economizar energía o de buscar nuevas fuentes. Esa preocupación societaria todavía un poco amodorrada que está posiblemente trayendo algunos nuevos lectores aquí hace que en seguida muchos de ellos, todavía infectados por el pensamiento mágico del tecnooptimismo que domina nuestra sociedad, reaccionen delante de las desagradables conclusiones que emergen de algunos análisis aquí presentados y se lancen al contraataque, intentando más imponer que demostrar que existen muchas soluciones que en nuestro derrotismo (en ocasiones se insinúa "ecologeta") no hemos considerado. Esta reacción también la encuentro normal, porque uno de los vicios del partidismo instalado en nuestro sistema político lleva a ver siempre que por encima de las razones ponderadas existe un interés "de partido" y que no existen argumentos universales, sino afiliación a la opción A o a la B, sin posibilidad de no alineación (y alienación). Por tanto, todos los argumentos que se presentan en una discusión (y no sólo aquí, en todas partes) siempre son sospechosos, y nunca verdaderamente objetivos. Y es curioso ver cómo todo el mundo se lanza a proponer tal o cual opción, sin primero plantearse si realmente entiende una pregunta que ya fue respondida aquí: qué es la energía.

Tenemos una curiosa relación con nuestra tecnología. El hombre de campo de hace cien o doscientos años no necesitaba grandes estudios para comprender la tecnología que le rodeaba. Tenía la azada, a la cual se le daba la forma curvada adecuada para penetrara mejor y removiera la tierra de forma adecuada. Tenía el molino que trituraba la simiente o exprimía la aceituna. Tenía la rueca para hilar, la vela para iluminar, el lápiz o la pluma para escribir los pocos que sabían hacerlo. Todos los objetos que usaba en su día a día tenían una función precisa y un mecanismo trivial, donde sólo cabía mejorar la eficiencia a través de un diseño más optimizado. Sin embargo, nosotros nos movemos en un mundo en el nuestra comprensión de la tecnología cotidiana es limitada o nula. Usamos ordenadores para escribir o leer estos escritos, pero no entendemos el funcionamiento de su circuitería, ni tan siquiera conocemos cómo funciona el monitor donde aparecen. Llamamos por teléfonos móviles que son capaces de negociar rápidamente con las antenas cercanas su ancho de banda para la transmisión de nuestra voz y nuestros datos. Conducimos coches que no seríamos capaces de reparar, aunque tuviéramos las herramientas, si se averiasen. Nuesto día a día está lleno de magia, de una suspensión de la capacidad crítica de preguntarse: "¿y cómo funcionará esto?". Esta suspensión del razonamiento crítico llega al paroxismo cuando contemplamos o nos explican el funcionamiento de nuestras grandes instalaciones: desde las estaciones de transformación hasta una central eléctrica, desde un avión hasta los barcos y los trenes. Nuestra vida está llena de cosas que funcionan sin que sepamos por qué. Y encima son muy eficientes. Esta gran eficiencia, unida al halo de misterio que siempre envuelve a la tecnología, nos llena de asombro y nos deleita, pero produce un efecto perverso: renunciamos a nuestra reponsabilidad sobre la ejecución de la tecnología, delegamos de manera absoluta nuestra supervisión a otras personas, siempre no identificadas y en ocasiones de hecho inexistentes. Y las consecuencias de tal actitud pueden ser catastróficas.

Hace unas semanas, todavía era invierno, iba en el tren hacia mi lugar de trabajo. En un momento alcé la vista y vi la imagen con la que abro este post. En el monitor del interior del vagón se mostraba la hora, el destino, un rótulo rodante con las estaciones en las que teníamos que pasar y la temperatura en el exterior del tren. Como siempre. Sin embargo algo llamó mi atención y me hizo sonreir. "Vaya", pensé, "parece que hoy sí que hace frío". El monitor mostraba una temperatura de -47 grados centígrados. Obviamente, a pesar de lo intempestivo de la hora en el Alt Empordà no sufrimos temperaturas tan gélidas en ningún momento del año; simplemente, el sensor de temperatura exterior daba una lectura errónea, quizá porque se habría estropeado, o porque estaba sucio o cubierto de hielo. Quizá la lectura era correcta y lo que funcionaba mal era la transmisión. La verdad es que no tengo ni idea de qué era exactamente lo que estaba fallando, porque lo desconozco todo sobre la tecnología que la compañía de trenes RENFE utiliza para medir la temperatura exterior, lo único que puedo saber a ciencia cierta es que el dato era completamente erróneo; fuera estaríamos quizá a cero grados, pero a -47...

Este fallo anecdótico en el monitor revela muchas cosas sobre nuestra actitud hacia la tecnología. De entrada, el que diseño el sistema no consideró importante implementar una revisión de los valores registrados, de modo que si la lectura fuera considerada muy errónea no fuese volcada en la pantalla; al fin y al cabo, ese dato se ofrece como cortesía para el viajero, y no importa demasiado si está mal. En suma, la persona en la que hemos confiado para que diseñe el sistema que nos proveerá el dato no ha creído importante prevenirnos en contra de ese por lo demás inocuo error. Por otro lado, esta misma persona no ha considerado que el fallo fuese digno de ser reportado para su análisis y corrección (viajé varios días en trenes que daban ese valor erróneo, no sé si siempre fue el mismo tren). Esto es menos inocuo, porque los problemas del sensor de temperatura pudieran ser síntomas de algo más grave, particularmente si el fallo se produce por un error en el subsistema de transmisión, que pudiera tener luego otros fallos más importantes; por ejemplo, al anunciar las estaciones de parada, cosa que por cierto efectivamente suele fallar y ya es menos inocuo. Por otra parte, la empresa que fabrica el sistema defectuoso seguramente reciclará la tecnología empleada y la venderá para multitud de otras aplicaciones, y en algunos casos el error de funcionamiento puede causar problemas de mayor importancia; y justamente no me extrañaría encontrarme que para publicitar su eficacia esta compañía se jactase de tener a RENFE como cliente que le encarga y sigue encargando estos dispositivos.


Lo curioso es que como usuario asiduo que soy de RENFE puedo reportar un sinnúmero de fallos que suelen producirse, sobre todo en el material rodante más reciente, el cual introdujeron hace menos de dos años. Calefacción/aire acondicionado excesivos o inexistentes, cubiertas que se desencajan y dejan a la vista amasijos de cables, retretes que echan agua, puertas que no se abren... pequeños detalles sin mucha importancia, hasta que en el verano de 2009 se dieron todos ellos a la vez, un día que la catenaria había caído y el tren, que salió con 3 horas de retraso, llevaba tres o cuatro veces su pasaje normal en una tórrida tarde de Agosto con 40 grados centígrados en los andenes de Barcelona Sants. Al llegar a cada estación el maquinista se tenía que bajar del tren para volver a encajar una puerta que no cerraba sola... Afortunadamente, nadie se cayó del tren, éste no descarriló y a nadie le dio una lipotimia; pero a mi me dio mucho qué pensar. Los que íbamos en aquel tren (que poco después fue retirado para dar paso a los nuevos convoyes, que han empezado a hacer aguas antes que los antiguos) habíamos delegado nuestra responsabilidad a "ellos", los que se ocupan de las cosas, y asumimos que no nos podía pasar nada malo ya que nunca permitirían que nada malo pasara. La verdad es que podían haber pasado muchas cosas bastante desagradables que se evitaron gracias entre otros motivos a la pericia del maquinista (que evitaba dar acelerones o frenazos bruscos, aunque eso implicara ir más lento en algunos momentos).


El problema que tiene la tecnología es que nos mueve a ponernos en situaciones en las que nuestro instinto de animal nos dice que salgamos corriendo, que huyamos, mientras que nuestra razón de adultos nos dice: "no seas crío, no hay nada de qué preocuparse, lo tienen todo calculado". El problema, como observo en los trenes de RENFE y en otros muchos contextos, es que con la degradación económica se está primando más que nunca la reducción de los costes por encima de cualquier otra consideración. ¿O no fue en suma la reducción de costes lo que llevó al pésimo diseño de la central nuclear Fukushima que agravó los problemas del terremoto y ulterior tsunami? Y nuestra ciega fe en esa tecnología que no comprendemos, de la que no sabemos si está actuando correcta o erróneamente porque no sabemos qué hace, esa fe en la que nos han adoctrinado, hace que en vez de huir nos concentremos en el peor lugar posible, aumentando inimaginablemente los estragos humanos producidos. Si no entendemos que la tecnología es un fruto humano y que como tal está expuesta a los condicionantes que atormentan a los humanos, comenzando por la penuria económica y terminando por la impericia y la mezquindad, entonces estamos tontamente aumentando nuestra exposición al riesgo.


Reflexión hoy que el Brent está ya a 119$ por barril: ¿son los técnicos al cargo competentes y responsables para abordar el peligro que supone el Peak Oil? ¿Podemos fiarnos de sus criterios técnicos? ¿Seguirlos como borregos no nos lleva también al matadero del fallo técnico "imprevisto" pero previsible?


Salu2,
AMT