Mostrando entradas con la etiqueta agotamiento del modelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta agotamiento del modelo. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de octubre de 2016

¿Cuándo se hundirá el sistema?

Queridos lectores,

Esta semana, Javier Pérez ha escrito este sencillo pero esclarecedor ensayo de perturbador contenido. Para reflexionar.

Les dejo con Javier.


Salu2,

AMT


¿Cuándo se hundirá el sistema? Pues ayer.

Llara. La maldición de las águilas

    Hoy quiero empezar con una extraña confesión: mi experiencia leyendo y escribiendo sobre peak oil y temas energéticos no me llevó a escribir sobre el apocalipsis de los recursos ni una novela madmaxista. A fuerza de sumergirme en el tema, acabé escribiendo una novela de romanos. La maldición de las Águilas, se llama. No os voy a contar cual es la maldición, pero sí dónde está el paralelismo: en la encarnizada lucha entre la naturaleza y la técnica, en la carrera suicida en la que por un lado nos amenaza el desastre medioambiental y por otro el económico. En las consecuencias de la extracción de un recurso, con medios de la antigüedad, hasta el punto de crear un paisaje como el de las Médulas, digno de un bombardeo atómico.

    Porque en esas estamos. Primero lo medioambiental.

    De los problemas con el Fósforo ya se ha hablado aquí. Del cambio climático, se habla aquí y en todas partes, cada vez más a menudo, y se aportan gráficas como esta que dan más miedo que otra cosa. No vale la pena insistir.
July and August 2016 were Earth’s hottest months on record in absolute terms, while February 2016 had the largest departure from average (in relative terms) from average of any month in the historical record


La población de la Tierra ha alcanzado una cifra en la que una sucesión de dos o tres malas cosechas podría llevar a la hecatombe, y resulta que las cosechas son producto de sistemas vivos dependientes de una enorme cantidad de variables, desde la humedad a las horas de sol, pasando por los insectos polinizadores como las abejas hasta llegar a un número de variables, que dependen a su vez de otras, demasiado complejo para darle otro nombre que no sea azar. ¿Cuánto falta para que falle uno de esos eslabones, forzados ya por la inestabilidad climática, la destrucción de la biodiversidad o el abuso en la utilización de ciertos recursos? Depende del humor que se levanten los números aleatorios. La producción mundial de trigo, por ejemplo, sigue creciendo, pero un poco más lentamente que el crecimiento de la población, lo que hace que cada día estemos más expuestos al picotazo del cisne negro, o al garrotazo de alguna enorme estupidez que cometamos.

http://www.roperld.com/science/graphics/WheatWorldCapita.jpg

    Posiblemente, y es de temer, Malthus no estuviera equivocado, sino que le falló el calendario. Como a nosotros con el peak oil, lo que nos lleva a reflexiones como la de este artículo de Antonio en el que explica perfectamente que tampoco es cosa de preocuparse por un poco más o un poco menos de repercusión.

    En segundo lugar, vamos a lo económico. Y ahora, seguramente, es cuando esperáis que hable de China y la tremenda olla caníbal que se está cociendo allí. Pero no. Hoy no.

    Hoy me gustaría poner todo el énfasis sobre un dato del que se habla muy poco y que, para mí, certifica que el sistema no es que esté a punto de caer, sino que ha caído ya y nos ocultan su cadáver con toda clase de malabarismos, a ver lo que tardamos en darnos cuenta. Se trata, seguramente, de que el sistema gane alguna batalla después de muerto, como el Cid, o de postergar la muerte del dictador para dar tiempo a una facción a posicionarse más cómodamente para la sucesión.

Y me explico, pero sin extenderme mucho.
   
Lo que más desconfianza me causa en esta crisis que no va a terminar nunca es que trate de arreglarse ofreciendo dinero a espuertas, y además a tipos de interés negativo. Ya sabéis: el abuelo está mejorando, le vamos a dar el alta esta misma semana, va a quedar como nuevo, pero de momento, esta noche, le vamos meter tres litros de sangre, un pulmón, y un hígado nuevos. ¿Poco creíble, verdad? Pues lo que nos están contando de la recuperación económica es más o menos lo mismo.

Pero eso sólo es un síntoma de que algo no va bien: mi  desconfianza ha ido en aumento a medida que he ido comprobando la decorrelación entre las cotizaciones bursátiles, de bonos y de deuda pública con los datos reales, hasta que me he llegado a convencer de que todo se ha ido ya al carajo y no lo han hecho público.

Lo cierto es que, si os fijáis, veréis que para las grandes empresas empieza a ser más o menos indiferente tener buenos resultados o tener pérdidas. Empieza a dar igual si sus expectativas mejoran o empeoran: si su deuda es admitida entre las elegibles para que la compren los bancos centrales en sus programas de expansión cuantitativa, entonces sus acciones suben. Y quien deja de estar en esos programas, ve bajar sus valores. Sin remisión.

Lo mismo sucede con los Estados: da igual tener Gobierno que no, un paro por las nubes o una productividad de risa: si el banco central del que dependes te compra de manera ilimitada e indefinida tu deuda, no hay problema con el déficit, no hay problema con los servicios, no hay problema con nada. Lo malo llega el día en que no te cuadras con el suficiente brío, o no te agachas con la debida complacencia, y el Banco Central decide que tu deuda ya no es elegible: y entonces te desplomas.

Desde siempre, podía verse una clara correlación entre los beneficios de una empresa, o sus activos, y su valor en bolsa. Ahora, podéis fijaros cualquier día, hay empresas que han superado en capitalización 25 veces el valor de sus ganancias, dan avisos de pérdidas, ¡y no pasa nada!

Desde siempre, se esperaban con temor o expectación los resultados de las empresas: ahora los grandes vaivenes de la bolsa y de las inversiones vienen dados por una u otra nimiedad que declara un banquero central. De hecho, las malas noticias económicas se celebran por todo lo alto, con grandes subidas en los mercados, porque eso supone que los bancos centrales tendrán que imprimir más dinero o no podrán, en esa tesitura, subir los tipos de interés. ¿Importa lo que pase en el mundo real? En absoluto: lo que importa es el dinero que los banqueros centrales imprimen de la nada, que es el que llega a chorros, y sin esfuerzo, a las plazas bursátiles.

¿De verdad es este el sistema que conocíamos? Pues no. Le siguen llamando capitalismo, o libre mercado, pero en realidad el timón no lo llevan ni los trabajadores ni los patronos, sino unos tipos, ajenos a ambos colectivos, que están al margen.

La oferta y la demanda siguen funcionando, pero sólo para lo pequeño. En las grandes magnitudes, sólo quedan los bancos centrales, al mando de todo, decidiendo qué deuda compran los bonos de qué empresas pueden entrar en su balance y la deuda pública de qué países es elegible para sus programas de expansión monetaria. Echemos un vistazo a este gráfico de Bloomberg:
Las Bolsas superan el ‘Brexit’ pero crece su dependencia de los bancos centrales

¿Creemos de veras que el Brexit es tan buena noticia como para que las principales bolsas suban con fuerza tras la caída inicial? Para nada: la cuestión es que, todos los bancos centrales dijeron que combatirían el enfriamiento con nuevos estímulos monetarios y que este evento retrasaría cualquier subida de los tipos de interés. Los mercados ya no siguen al mundo real, ni se correlacionan con él. La dependencia de los bancos centrales es absoluta y estos se han convertido en el único actor relevante en los corros financieros

Eso, amigos, no es capitalismo: eso es un remedo de la Unión Soviética, donde un solo actor económico centralizado determinaba con su planificación todos los movimientos económicos.

El sistema se ha venido abajo. En su lugar hay dos o tres manos poderosas que deciden donde se invierte y dónde no, quién gasta, quién produce, y el qué. Sin politburó, sin aplausos de momias rojas y sin planes quinquenales publicados a bombo y platillo en el boletín oficial del Partido.

Pero los efectos son los mismos: quien está cerca del poder, medra, y el díscolo perece. Quien tiene una idea, debe venderla al poderoso de turno para que sea explotada convenientemente, pero mejor que no se meta a intentar ponerla él en marcha. Quien tiene una fábrica obsoleta, puede seguir produciendo obsolescencia, mientras cuente con las simpatías del poder. La productividad no importa. La eficiencia, no importa. ¿Para qué, si el exceso de capacidad productiva y el desplome de la demanda hacen imposible vender más? Lo único que importa es que tu deuda corporativa siga en la lista de las elegibles, tu deuda pública sea canjeable pro euros recién impresos o tus pensionistas cobren con yenes recién salidos de una chistera.

El capitalismo liberal ha caído. La economía planificada y centralizada ya está aquí. Pero no es lo que esperábamos, ¿verdad?

   

martes, 12 de enero de 2016

Puerto Rico como metáfora

Queridos lectores,

Demián Morassi me ha hecho llegar este ensayo, en el cual establece una interesante analogía entre lo que ha sucedido en Puerto Rico y lo que está sucediendo en el mundo. Estoy seguro de que será de su interés.

Salu2,
AMT


Puerto Rico como metáfora






Globalización. Si tuviera que imaginarme un nombre para un lugar en el auge de la globalización le llamaría "Puerto Rico".
Ese lugar me lo imagino como un puerto de pescadores cuyos ancestros fueron esclavos de alguna colonia europea y durante siglos se tuvo que dedicar a  la producción agrícola de alguna materia prima que no alimenta (azúcar, café o tabaco). Me lo imagino luego tomada por la fuerza de un país como Estados Unidos a tal punto que la sumó como un Estado más. Pero con la globalización este puerto, como todos los puertos del mundo, empezaron a ser lugares donde circulaban contenedores llenos de mercancías, donde se radican empresas multinacionales que aprovechan el puerto y la mano de obra barata y se recibían contingentes de turistas y el puerto se enriquece y derrama en una mejora económica de toda la población y con mayúsculas se lo nombra "Puerto Rico".
Imaginémonos ahora que nuestro Puerto Rico es una isla y para desarrollarse necesita adaptarse a la vida moderna y no tiene grandes ríos, ni muchos recursos fósiles para generar energía. No importa, nuestro puerto es Rico y comprará la energía. Como toda isla, la electricidad no la puede traer por cable así que montará generadores y para activarla usará el recurso energético más versátil: el petróleo. El mismo petróleo le servirá para aumentar su producción industrial, para llevar los turistas a dar vueltas por entre los corales o para usar automóviles y hacer muchas cosas en muy poco tiempo.
La isla no tiene recursos pero, en comparación, el petróleo es sumamente barato y los beneficios cada vez son mayores.
La orgía de la globalización hace que los nuevos jóvenes no puedan comprender los ideales independentistas o los rencores míticos de la esclavitud y disfruten todo lo que la vida moderna les ofrece, a tal punto que en el climax de esa amnesia sobre las raíces aparece un cantante que se hace llamar "Daddy Yankee" (papito yanqui) y no sólo no es desterrado por la comunidad, ni mucho menos lapidado sino que se lo aplaude y se lo imita y las madres quieren que sus hijas se casen con uno como él. Sí, dirán que exagero pero bueno, es para que la metáfora sea más eficiente.
Bueno, ahora imagínense que ese cantante difunde un corte de su disco llamado "gasolina", con el estribillo que dice "a ella le gusta la gasolina" ¿qué les parece? Por supuesto se convierte en el hit de la isla. La gasolina convirtió al puerto en "Rico". La gasolina ha sido el verdadero Dios.
Y este cantante cooptado por las multinacionales que quieren conquistar el mercado de la segunda lengua más hablada del mundo empiezan a difundir este hit y el estilo de música al que podemos llamar "reggaetón" pero que no tiene nada que ver con el Reggae, esa música que recordaba las raíces africanas y luchar por los derechos, porque la idea es justamente vaciar de sentido todo lo viejo, añejo, hay que resignificar la cultura, incluso la idea que se tiene del ser "latino".
La cuestión es que este cantante y sus seguidores empiezan a promocionar los carros de alta gama, las motocicletas veloces, los yates y cualquier cosa que tenga motor. Pero, para hacerlo bien esquemático, ese mismo año del hit "Gasolina" (2004) la isla empieza a tener problemas para mantener el consumo de petróleo, la materia prima básica para desarrollar la economía y mantener ese grado de consumo que promueven los nuevos ídolos. Imagínese que justo ese año por el aumento del precio del petróleo deben bajar un poco la importación y el año siguiente un poco más y entra en recesión  y unos años después por un crash en el país que más turistas le aporta (y que además es el dueño de la isla) les cuesta un poquito más aún acceder al maná del petróleo y hacer resurgir la economía.
Usted se imaginará que se olvidan de esos músicos y se ponen a trabajar de nuevo y vuelven a valorar el esfuerzo y condenar el derroche.
Pues no.
Aprovechan que pueden pedir préstamos; bueno, de algo sirve ser parte de la primera potencia mundial. Y piden préstamo tras préstamo para cumplir el mandato global de mantenerse en el sistema consumista. Obviamente el precio del petróleo en algún momento bajará y todo volverá a la normalidad, volverán los cruceros abarrotados de turistas, pagarán la deuda y no problem.
Pero no.
El petróleo se mantiene durante tres años a un precio inalcanzable para las finanzas de la isla y para cuando cae (10 años después del hit) ya no hay forma de pagar las deudas que alcanzan el 75% de su PIB, de todos la más endeudada es la compañía eléctrica y para colmo de males los ingresos por las ventas de los discos de sus cantantes se quedan en las arcas de las multinacionales y los dólares que podrían sobrar los cantantes siguen derrochándolos sin enterarse que su país está en bancarrota. Cientos de miles de personas abandonan la isla en esos años.
Imaginémonos ahora que este Puerto Rico entra en cesación de pago. "Listo" dirá usted, "ya está, hace como Argentina, no paga y listo".
Imposible, este Estado no tiene independencia. Las decisiones se toman en el congreso de la Nación (o sea de EE.UU.). Y en ese congreso nuestro país tiene voz pero no voto.
Pinta mal ¿no?
Ahora imagínese que en el mundo hay muchas islas que dependen del petróleo (como Chipre) o países que tienen más de cien islas como Grecia o Indonesia ¿cómo les ha ido con tres años de petróleo impagable? Ahora imagínese que vive en la isla llamada Planeta Tierra que cada año empiece a tener menos petróleo ¿a qué planeta le vamos a pedir prestado para pagar nuestro derroche? ¿A qué planeta emigrarán nuestros habitantes?
Hay dos formas de resolver este entuerto: o bien cambiar las canciones para promover, en las nuevas generaciones, el ahorro y la simplicidad voluntaria, o bien hacer como en la época de los romanos donde mientras todo se caía se les ofrecía al pueblo las carreras de cuadrigas y se les cantaba "A ella le gusta mi yegua arisca" mientras las elites se quedaban con los recursos año a año decrecientes.
Pero para poner un final feliz digamos que viven en un lugar donde hay buen clima todo el año, así que no se mueren de frío, las distancias no son muy largas así que con una buena bicicleta o un caballo se puede llegar a todos lados y hay frutos tropicales para comer que no necesitan cocción.
Sí, ya sé que ahí la metáfora del planeta Tierra la estoy echando por tierra, pero bueno, no hay que desmotivar al lector en este periodo de transición.

Para darse una idea visual de esta relación entre el reggaetón y el consumo de petróleo los invito a ver este vídeo intitulado “Reggasolina”



viernes, 21 de octubre de 2011

Quememos la Tierra




Queridos lectores,

El miércoles tuve una nueva charla, esta vez en el contexto de un debate sobre la crisis energética y el cambio climático organizado por la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Tuve la suerte y el honor de compartir la mesa con Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, y con Salvador Pueyo, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima. El acto consistió en tres presentaciones de los tres ponentes, y después una ronda larga de preguntas de los asistentes y su ulterior discusión. Yo presenté un análisis rápido del estado de las diversas fuentes de energía y su interacción con la crisis económica y financiera; rápido, pero me extendí bastante más de los 25 minutos previstos. Sergi Saladié presentó un muy interesante, y también compacto, estudio sobre todas las incoherencias del sistema eléctrico español (y fue mucho más respetuoso con los límites de tiempo). Finalmente, Salvador Pueyo hizo una original presentación sobre la importancia del cambio climático incluso en una escenario de Peak Oil. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo por las muchas referencias que hizo a que un escenario de agotamiento de los combustibles fósiles no mermaba en absoluto la gravedad del cambio climático. Salva y yo nos conocemos desde hace ya algún tiempo y por supuesto sabía de qué iba a hablar yo; por otro lado, Salva ha participado en diversas actividades vinculadas al peak oil y al decrecentismo y conoce perfectamente la realidad y gravedad de la amenaza que supone La Gran Escasez. Sin embargo, tengo la impresión de que la realidad cada vez más palpable de la escasez energética le hizo ver como necesario defender la importancia del trabajo que desarrollan en su instituto (y que, por cierto, también es una actividad importante en el mío).


La cuestión no es menor. Es conocido que los escenarios de referencia del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) se basan en un aumento de las emisiones de CO2 siguiendo escenarios en los que se consume tanto combustible fósil como es requerido por la demanda, pero sabemos que eso simplemente no es posible, ya que todos los combustibles fósiles están muy cerca de su máxima producción, si no la han pasado ya. Desde hace algún tiempo el presidente de ASPO Internacional Kjell Aleklett critica la falta de realismo de los escenarios de emisiones del IPCC, y no le falta razón. ¿Quiere decir eso que el cambio climático es un problema del que ya no hace falta preocuparse? Pues no; en realidad, todo lo contrario.


Es completamente cierto que para tener una idea más clara de a qué riesgos nos enfrentamos el informe del IPCC debería hacer sus previsiones contemplando el decaimiento previsible de las emisiones de CO2. Recordemos, empero, que el IPCC no hace sus propios estudios, sino que compila el conocimiento científico según los estudios más recientes, más al día (aunque el IPCC sí que da recomendaciones sobre qué escenarios son representativos); por tanto, para que el informe del IPCC puede contemplar el efecto de la caída de emisiones este escenario tiene que ser un lugar común conocido por los climatólogos que las emisiones inexorablemente decaerán. Si ya sabemos qué problemas tenemos para hacer entender el Oil Crash a los ciudadanos y más específicamente a los científicos entenderemos que no vamos a llegar a ese punto de concienciación de manera rápida. Por otro lado, los escenarios de emisión necesitan un modelo económico detrás, el cual será mucho más complejo que lo que se suele tomar habitualmente, como ya hemos comentado en otras ocasiones; y eso enfrenta a los climatólogos con una complejidad que les es completamente ajena y que se les hace más difícil de integrar. Por tanto, los escenarios del IPCC todavía durante mucho tiempo no tendrán en cuenta, o lo harán de forma muy pobre, el declive energético. A pesar de esta limitación que nos acompañará durante algún tiempo sí que podemos conocer algunas de las cosas que nos cabe esperar de la evolución del clima.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta el riesgo que supone ciertos efectos no lineales que pueden estar desencadenándose ya. Por ejemplo, la liberación de metano (un gas de efecto invernadero más potente que el CO2) por la fusión del permafrost en la tundra siberia y la inestabilización de los caltratos o hidratos de gas (de metano) en algunos fondos marinos - efectos ambos consecuencia del calentamiento de estos entornos. La liberación de estas grandes masas de metano acentuarían el efecto invernadero de una manera más rápida y potente que las meras emisiones de CO2, y nos recuerdan la urgencia de intentar reducir las mismas. Otro efecto no lineal que inevitablemente se desencadenará cuando no nos quede más remedio que quemar menos combustibles fósiles es que la atmósfera se volverá más transparente al estar más limpia y sentiremos con mayor fuerza el efecto invernadero a nivel de la superficie; es el problema de la debilitación del dimming o apantallamiento (si quieren saber más sobre este tema, tienen aquí una excelente referencia). Y a éstos y otros efectos no lineales conocidos tendríamos que añadirles otros desconocidos, todo lo cual, en estricta aplicación del principio de precaución nos debería llevar a profundizar en las políticas de reducción de emisiones de CO2. Por tanto, no hay demasiado margen para la confianza por aquí.


Aparte está mi convencimiento personal, como ya expresé en el acto del miércoles, que en tanto no cambiemos el sistema económico y llevemos la lógica del actual hasta sus últimas consecuencias tenderemos a quemar todo lo quemable simplemente para mantener la maquinaria industrial en marcha, simplemente para producir hasta el último iPad. En particular, es bastante evidente que países como España aspiran a usar sus reservas de carbón, única fuente fósil autóctona, para compensar la caída que llega; pero el carbón produce mucho más CO2 a igualdad de energía producida en la combustión, con lo que el declive de emisiones será más lento que el de la energía. Encima, recuperaremos el carbón vegetal como se usó históricamente, lo cual, si no se gestiona correctamente, puede llevar a arrasar una parte importante de la cubierta vegetal terrestre, la cual actúa como un sumidero de CO2 y retiene una parte substancial de este gas fuera de la atmósfera... hasta que quememos los árboles que contenían esos átomos de carbono. Y, desgraciadamente, éste es previsiblemente el camino que seguiremos.  


¿Qué conclusión debemos extraer de lo que acabamos de discutir? Que la lucha contra el cambio climático no puede esperar y que no es negociable.


Y sin embargo leía hoy en el blog Oil Man de Le Monde que la Unión Europea se está empezando a plantear si merece la pena continuar con la lucha contra el cambio climático si es la única región a hacerlo (pueden acceder al documento original de la Comisión por cortesía de Oil Man siguiendo este enlace; ver página 9). Planea sobre esta decisión a tomar la certeza de que la lucha contra el cambio climático supone un encarecimiento de los costes industriales y al final una pérdida de competitividad económica. Con la nueva recesión sobre nosotros, la última cosa que puede pretender nuestros líderes es agravarla estableciendo nuevas obligaciones para nuestro tejido productivo. Encima, coincide este debate con la presidencia polaca de la UE; es importante destacar que Polonia genera el 95% de su electricidad quemando carbón, el combustible que más CO2 genera por unidad de energía producida. En suma, que lo del cambio climático, tal y como lo ven nuestros líderes, es algo muy bonito pero poco práctico y se ha de supeditar a la recuperación imposible, a la quimera del crecimiento económico. Y si en el camino tenemos que quemar todo el planeta, lo haremos. Eso es lo que vamos a hacer si no paramos esta locura: quemar hasta la última molécula quemable de este planeta, como si fuera el tren de los hermanos Marx. Coja su antorcha. Abrasemos este planeta. Quememos la Tierra.





Salu2,
AMT

P. Data: Desde InspirAction me acaban de pedir justo hoy que dé publicidad al siguiente mensaje, cosa que seguidamente hago al ser relevante al post de hoy:


Con su “Menú para Durban” InspirAction lo deja claro: es hora de hacer frente al cambio climático. Porque si sigue avanzando, el menor de nuestros problemas será alimentarnos de insectos.

Paella de hormigas, sushi de saltamontes… ¿Tendremos que acostumbrarnos? En InspirAction creemos que los primeros que deberían probar ese menú son los líderes que tomarán decisiones en Durban. Tal vez así sean más conscientes del riesgo que corremos si no hacemos frente con determinación al cambio climático. Firma ahora la petición on line de InspirAction, y hazles saber que no estamos dispuestos a acostumbrarnos a ese menú. Deben actuar ya.

 Tras los escasos resultados de las últimas cumbres climáticas, la esperanza de romper el estancamiento mundial descansa ahora en las iniciativas de la Unión Europea, indica la ONGD InspirAction. "Quedan menos de 50 días antes de abrir de nuevo el proceso de negociación en Durban (Sudáfrica). Seguimos sin avances significativos, así que sólo nos queda instar a la Unión Europea a utilizar su poder para impulsar un mayor apoyo internacional para conseguir un segundo período del Protocolo de Kyoto, sin el cual el mundo quedaría avocado al caos climático, sin posibilidades de estabilizar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, indican desde InspirAction.

 El protocolo de Kyoto encarna el principio de justicia climática, la idea de que los países industrializados que más han contribuido a crear el problema del cambio climático tienen  una mayor responsabilidad a la hora de reducir sus emisiones y ayudar a los países más pobres a hacerle frente. No podemos esperar más: es hora de que Europa lidere un paso adelante en la negociación climática, sin esperar a que EE.UU. lo haga. "Por desgracia, no podemos esperar más. El resto del mundo tiene que moverse, con o sin EE.UU. Es necesario que Europa lidere el camino”
 No todo es negativo: cada vez existe una mayor certeza entre la opinión pública de que es hora de actuar. Los resultados de la nueva encuesta del Eurobarómetro indican  que los europeos consideran que el cambio climático es el segundo problema más serio que enfrenta el mundo hoy en día. La pobreza, el hambre y la falta de agua potable fueron elegidos como el problema más grave por un 28 por ciento de los encuestados, mientras que el cambio climático ha sido seleccionada por el 20 por ciento, seguido por la crisis económica (16 por ciento) y el terrorismo internacional (11 por ciento). La encuesta también muestra que en la UE, la mayor parte de la población considera a los gobiernos nacionales responsables de la lucha contra el cambio climático (41 por ciento de los encuestados), seguidos por la propia Unión Europea (35 por ciento) y el comercio y la industria (35 por ciento).


"Esperamos que los ministros de medio ambiente europeos tomarán nota de la preocupación de los ciudadanos por el cambio climático, y decidirán por fin hacerle frente. Mientras los países más ricos del mundo no lleguen a un acuerdo internacional sobre el clima, las personas que viven en la pobreza seguirán sufriendo el impacto de los fenómenos climáticos extremos”, afirma Isabel Ortigosa, responsable de incidencia de InspirAction.