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viernes, 26 de diciembre de 2025

The Oil Crash: Año 20


Queridos lectores: 

Como cada año, llegamos a ese momento en el que hacemos un resumen de los eventos más importantes que han marcado su devenir, principalmente desde el punto de vista de la crisis de sostenibilidad en la que estamos inmersos, sin descuidar cada uno de sus aspectos: ambientales, de recursos y sociales. Y este año ha venido especialmente cargado de eventos, por desgracia, por todos los frentes.

- La presidencia de Trump: La nueva entrada de Donald Trump en la presidencia de los EE.UU. ha sido de todo menos plácida. La mayoría de las medidas que ha tomado, tanto el frente interior como el exterior, son violaciones claras y sistemáticas de leyes nacionales e internacionales que buscan proteger derechos básicos. En el frente interior, destaca la actuación represiva y con nulo respeto a los derechos humanos de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (los infaustos ICE) y la toma de medidas personales dirigidas a individuos concretos como represalia por sus acciones en favor de los derechos humanos, como es el caso de la relatora especial de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, aparte de otras medidas más bizarras como declarar Antifa organización terrorista (cuando es solo una etiqueta genérica, no una organización) y en general la violencia verbal contra sus oponentes políticos o simplemente periodistas, buscando la intimidación siempre. Enturbian aún más la situación doméstica los actos de violencia política (como el asesinato de Charlie Kirk) o la turbia historia con los archivos de Jeffrey Epstein. Mientras tanto, en el frente exterior la política del Sr. Trump ha sido todavía más destructiva: aranceles (que propone o quita en función de la capacidad de coacción del otro, especialmente ridícula la actuación de los EE.UU. con los aranceles a China), afán expansionista (ahí tenemos las declaraciones de Trump diciendo que necesitan Groenlandia o que el petróleo de Venezuela es suyo) y en general un alto grado de injerencia geopolítica, con resultados que van a acabar siendo desastrosos: ahí está el plan de paz para Ucrania que es de facto un plan de rendición incondicional y de sometimiento al capital americano, su plan de reconstrucción de Gaza que pasa por consumar la actual limpieza étnica y crear un resort para ricos, la guerra de (aún) baja intensidad contra Venezuela incluyendo la incautación de petroleros, y ahora el bombardeo de posiciones en Nigeria  (de repente los EE.UU. se han dado cuenta de que en el principal productor de petróleo de África se mata a cristianos). En resumen, un desastre total... y aún no lleva ni un año.

- El reagrupamiento geopolítico: Mientras los EE.UU. intentan reforzar su papel como amos del mundo, los BRICS no se han estado quietos y avanzan en su consolidación como contrapoder global. La enorme torpeza de los EE.UU. ha favorecido un mayor acercamiento entre dos rivales regionales tradicionales, como son Rusia y China, los cuales están estrechando cada vez más sus lazos comerciales y haciendo más fuerte su unión. En particular, Rusia exporta cada vez más gas natural hacia China y más petróleo hacia la India, y con la consolidación de estas rutas comerciales la importancia de Europa como cliente se va debilitando a marchas forzadas. El hecho es que Rusia no volverá ya nunca a ser un suministrador tan importante de Europa: ha diversificado su mercado, lo cual le dota de resiliencia y disminuye la capacidad de coacción de Occidente. El problema es más bien para Europa, ya que que, ¿de dónde va a conseguir ahora energía barata? Por si fuera poco, los BRICS están consolidando su sistema de intercambios bancarios y cada vez se están usando más sus propias monedas, como los rublos y los yuanes, para los intercambios de materias primas, debilitando así el papel del dólar como divisa de reserva. Quizá los EE.UU. han entendido que ya no van a poder imponer su moneda al resto del mundo, y que su "privilegio exorbitante" está llegando a su fin: de ahí los aranceles y de ahí su prisa por forzar su propia reindustrialización. El problema es dónde queda Europa en todo esto. 

 

- El hundimiento de Europa: Europa se está quedando sin escapatoria. Abandonada por los EE.UU. en una guerra imposible de ganar en Ucrania, carente de energía barata para poder mantener su industria (el gráfico que acompaña estas líneas ilustra el hundimiento del sector industrial en Alemania desde 2017), con un modelo de transición energética que está fracasando por falta de tecnologías palanca capaces de producir una verdadera substitución energética... Europa no sabe a dónde va, porque en ningún momento ha contemplado la posibilidad de que su plan de transición y en general sus políticas no tuvieran una base técnica: el dominio de los tecnócratas formados en escuelas de negocios ha descuidado la comprensión de las leyes más básicas de las ciencias naturales, desde la Física a la Biología, pasando por la Geología y la Química. Nuestros líderes están desorientados y al tiempo se echan para atrás en la prohibición de coches con motor de combustión interna para 2035 pero siguen adelante con la idea del rearme mientras proponen 47 proyectos de minas para la extracción de minerales estratégicos en el todo el territorio de la UE. Mientras tanto, la intención de voto a los partidos de ultraderecha sube en toda la UE, como respuesta a la demostrada inoperancia de los desnortados partidos tradicionales. Europa no sabe a dónde va, Europa va a la deriva y probablemente se va a estrellar contra algo.

- La guerra de Ucrania: Un año más, y ya van casi tres, de guerra cruenta, de miles de vidas segadas, de ciudades destruidas, de poblaciones desplazadas... Este año, el ejército ruso ha decidido atacar masivamente la red eléctrica, así que en medio del crudo invierno ucraniano está faltando electricidad en la mayoría del país. Ucrania tiene problemas para seguir reclutando, en tanto que Rusia utiliza mercenarios de otros países afines y al mismo tiempo ha impulsado su propia industria armamentística. Las consecuencias de todo esto son claras, aunque sé que resulta de mal tono decirlo: la realidad es que la guerra se está perdiendo, el frente colapsa por diversos sitios y las fuerzas ucranianas ya no están en condiciones de evitar el avance de los rusos, solo de retardarlo. Europa no tiene un plan B, en tanto que los americanos ya están pensando en otras cosas...

- El genocidio en Palestina: Hace más de dos años que Israel comenzó una campaña de exterminio sistemático de la población palestina, sobre todo en la Franja de Gaza. Hay decenas de miles de muertos, posiblemente centenares. Naciones Unidas declaró la situación de hambruna, consecuencia de las política de bloqueo de acceso de alimentos y medicamentos a la Franja. Precisamente para intentar forzar ese bloqueo, varias flotillas han intentado llegar a la costa de Gaza, sin éxito, pero por lo menos han servido para aumentar la conciencia en el mundo occidental de la salvajada injustificable que está pasando en este rincón del mundo. En este momento, se supone que se ha iniciado una tregua y un proceso de paz, pero Israel sigue matando varias decenas de palestinos cada semana, y la vida en la Franja sigue siendo durísima. El exterminio sigue, solo que a otra intensidad; y por desgracia esta estrategia ha funcionado, ya que los medios de comunicación occidentales efectivamente han reducido la intensidad de su cobertura de esta tragedia.

- Año de incendios: el año 2025 se estrenó con unos incontrolables fuegos en California, que amenazaron zonas muy pobladas y que causaron la destrucción de unas 18.000 viviendas y la muerte de hasta 400 personas (las estadísticas son muy variadas por la disparidad en la consideración de la causa de muertes, por ejemplo por inhalación de humo). Después, y como se está convirtiendo en costumbre, una nueva oleada de fuegos en la Columbia Británica, en Canadá, con la destrucción de casi 900.000 hectáreas de bosque. Y en España el mes de agosto vio incendios de grandes proporciones en el noroeste y en particular en mi provincia natal, León, con 135.000 hectáreas quemadas tan solo en Castilla y León. La sensación de impotencia, el abandono, la indiferencia y que a pesar de la tragedia nada cambie, todo eso contribuye a que este episodio en particular sea una de las píldoras más amargas de tragar este año para mis paisanos.

- Eventos extremos: A pesar de que el calentamiento global sigue acelerándose, 2025 no ha sido un año pródigo en eventos extremos: ha habido, por supuesto (por ejemplo, la tempestad que inundó la localidad marroquí de Safi causando 37 muertes hace un par de semanas), acompañado de otros eventos inusuales como la nevada en Arabia Saudita o los 20 grados que se marcaron ayer en Islandia, por encima de la máxima habitual en junio. Pero afortunadamente este año no han sido pródigo en eventos extremos particularmente en España, y los que ha habido han tenido una extensión espacial y temporal limitada. A una escala mayor, la temporada de huracanes de 2025 ha cerrado con uno de los conteos más bajos de la historia reciente, aunque con huracanes más fuertes. La causa de que se formen menos tempestades posiblemente tiene mucho que ver con una atmósfera mucho más inestable y mayor cizalla horizontal, que inhibe la formación de procesos convectivos. Eso sí, cuando se forman son más violentos. Qué pasará a medida que la energía disponible sea mayor, siguiendo el proceso de calentamiento, es algo con lo que solo podemos especular, pero la intuición es que veremos eventos nunca antes vistos por su violencia.

- Protestas pro-Palestina en España: España es uno de los países de Europa donde ha habido mayor concienciación de lo que está pasando en Gaza y donde la población ha podido más abiertamente manifestar su repulsa contra esta aberración, particularmente con motivo de la Vuelta Ciclista y el repudio a la participación de un equipo israelí. Todo comenzó con 5 manifestantes que cortaron la carrera unos minutos en Figueres, la localidad que me ha adoptado; al día siguiente, fueron 10 en Olot, pero más de 100 se manifestaban en la calle; en pocos días, centenares de manifestantes abarrotaban las calles del País Vasco, luego Cantabria, luego Asturias, Galicia y para finalizar miles de personas impidieron el transcurso habitual en Madrid. Unas semanas más tarde, las protestas se generalizaron en toda España con motivo del apresamiento de la Global Sumud Flotilla. En el momento actual, España se ha retirado del concurso de Eurovisión, y es posible que haya algunos boicots adicionales a actividades deportivas donde participe Israel. Solo el tiempo dirá si estas protestas han llegado para quedarse.

 - Ascenso de la ultraderecha en toda Europa: En medio de la total inoperancia de los partidos tradicionales (incapaces de dar respuesta a los problemas más acuciantes de los ciudadanos, desde la carestía y escasez de la vivienda hasta la creciente precarización de los trabajos y el deterioro de los servicios públicos), las encuestas reflejan un apoyo creciente a los partidos de extrema derecha. Partidos que para nada cuestionan la inviabilidad económica del capitalismo, y que centran sus "soluciones" en la persecución del diferente, en la criminalización de los emigrantes y en su furibundo ataque a lo que suene vagamente a ecologista. El objetivo más o menos declarado es que para superar la actual crisis social y económica lo que hace falta es más capitalismo, no menos. Muchos de estos partidos cuentan con un buen respaldo financiero, y obviamente su programa político es del gusto de una parte de las élites económicas.

- Sobra petróleo...: Llegamos al final de 2025 con un precio del barril de petróleo más que moderado, en el entorno de los 60 dólares para el barril de Brent. No solo eso, la narrativa en el mercado es que está "inundado" y que va a sobrar petróleo durante años, y que nos esperemos precios de hasta 30 dólares el año que viene. Sin embargo, este discurso oculta algunos aspectos importantes. Uno de ellos, que tan importante como el incremento de oferta es la caída de la demanda, sobre todo en Alemania y otras naciones de Europa. Por otro lado, el incremento se basa de manera muy importante en el petróleo de fracking de los EE.UU., en lo que puede ser su canto del cisne. Pero además esta abundancia oculta carencias graves y sistemáticas, y en particular del tipo de petróleo necesario para producir diésel (del que, como sabemos, hay una carencia estructural desde hace años). No deja de ser significativo que a los EE.UU. se les haya dado ahora por incautar petroleros venezolanos...

- ... pero faltan muchas materias primas: muchas materias primas están cotizando a precios de récord. En el caso de algunas, como el oro o posiblemente la plata, se puede alegar que su condición de metales precisos influye en la actual escalada de precios, ya que se buscan valores de refugio. Pero eso no justifica la subida incesante del precio del cobre, que toca máximos históricos. En realidad, tanto el cobre como la plata están ya entrando en el proceso final de su agotamiento geológico, y su extracción posiblemente ha tocado su pico, o está a punto de hacerlo. Incluso sin haber llegado a sus probables máximos de extracción, la producción ya no puede aumentar significativamente, y eso dispara su escasez y su precio, sobre todo en un momento en que su demanda es muy alta por los requerimientos tanto de la transición renovable como de las nuevas tecnologías. La creciente escasez de metales de interés industrial va a ocasionar graves problemas económicos en los próximos años, y tiene un potencial destructivo comparable al del propio peak oil.

 

- El apagón en España: Este 2025 que pronto se despide ha visto también un apagón en España, que se produjo a las 12:33 del día 28 de abril. Un apagón cuyas causas y consecuencias ya hemos discutido varias veces, y que en particular está precipitando la debacle del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI): para garantizar la estabilidad de la red, se mantiene cierta cantidad de generación eléctrica usando centrales de gas de ciclo combinado, lo cual encarece la factura y además disminuye el ya reducido margen de utilización de las plantas renovables, hundiendo aún más su rentabilidad, ya muy afectada por los crecientes curtailments. Todo lo cual era muy previsible y sobre lo que nadie ha querido actuar.

- El hundimiento del REI: Desde principios de año, y no solamente en España, se está produciendo un fuerte desinversión en la renovable eléctrica. La reevaluación de los costes operacionales de la eólica, y particularmente de la eólica marina, reflejan una baja o inclusive negativa rentabilidad. En cuanto a la fotovoltaica, dada su intermitencia y características, hacen falta muchos sistemas instalados pero compiten unos con otros cuando producen (lo que a veces se denomina canibalización), y también dejan de producir a la vez. Este problema no tiene ninguna solución, ya hace años que lo llevamos comentando, y encima tampoco se están introduciendo masivamente tecnologías palanca (como el coche eléctrico o el hidrógeno verde) para aprovechar el excedente porque simplemente no funcionan como estaba previsto, la tecnología no tiene las capacidades que se le presuponían. Para acabar de redondear la tragedia, se acaban los fondos NextGenerationEU, y encima no se van a poder cumplir algunos compromisos contractuales de suministro. El REI muere. Nadie lo va a reconocer, y se disimulará con pequeños proyectos que seguirán adelante, pero esto se acaba, ya no va a volver a haber el impulso fuerte de estos años - no en España ni en Europa, al menos. Cuántas empresas van a quebrar es a día de hoy una incógnita.

- La proliferación del biogás y la biomasa: Pero el capital lógicamente no se va a estar quieto, y ya está buscando masivamente oportunidades de inversión. Las cuales las centra actualmente en el biogás y en la biomasa - una aberración conceptual, energética y económica, aparte de social, pero que por desgracia seguramente se va a impulsar para intentar mantener rodando la pelota de nuestro insostenible sistema económico unos pocos años más. En ese sentido, en las comunidades autónomas españolas han proliferado como setas durante los últimos los planes de biometanización y de biogás, en los que se prevé el procesamiento de centenares de miles de toneladas de residuos, en conjunto millones, sin que haya capacidad en los territorios de implantación de generar ese enorme volumen de residuos, los cuales obviamente se prevén importar de otros sitios (posiblemente, desde Europa). Y ya comienzan a asomar la patita los planes de aprovechamiento masivo de la biomasa, primero con la excusa de la electricidad y el calor, pero ya también se empieza a mostrar el que desde luego siempre ha sido el objetivo último, hacer el proceso de Fischer-Tropsch para generar combustibles líquidos y compensar la creciente falta de diésel...


Y con esto acabamos el resumen de lo que ha dado el año. En el próximo post, enunciaremos nuestras previsiones para el 2026. Entre tanto, deseo que pasen unas Felices Fiestas.  

Salu2.

AMT 

miércoles, 10 de abril de 2024

El marco mental del enemigo

Queridos lectores:

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?" 

Ésta es la pregunta frecuente que oigo al finalizar cualquier acto en el que participo. Una pregunta muy lógica en el marco mental que nos movemos, y que por tanto es muy repetida.

En cualquiera de estos actos empleamos, aún, una cantidad increíble de tiempo en hacer el diagnóstico de la situación, y queda siempre poco margen de tiempo para hablar sobre el qué hacer. Pero no hay remedio: hay que repetir y profundizar una y otra vez en la explicación de qué es lo que pasa, por culpa de la abrumadora sordina mediática sobre la verdadera dimensión de la crisis biofísica de nuestra civilización (la policrisis como a veces se dice, fruto del choque repetido y obstinado contra los límites biofísicos del planeta). Porque la gente no sabe lo que está pasando en realidad. Ven que las cosas no funcionan, que no van bien, pero no entienden. Más aún: hay tal cantidad de basura comunicativa, de cachivaches (des)informativos, que resulta tan difícil avanzar en la discusión como lo es moverse en medio del desván de la abuela: a cada paso, alguien te saca una "noticia" que leyó o escuchó (a veces hace ya años, pero nunca fueron desmentidas), cáscaras vacías que siempre envejecen muy mal pero que continúan ocupando espacio en la discusión: que si grafeno, que si fusión, que si torio, que si combustibles sintéticos, que si hidrógeno verde, que si metanol, que si baterías de sodio, que si litio-fosfato, que si geotermia, que si undimotriz... Y en medio de ese espeso follaje de medias verdades y clamorosas mentiras, yo me encomiendo a nuestro patrono, San Brandolini, y voy paciente pero penosamente abriéndome camino con el machete de los datos y el análisis técnico. Y así, cuando por fin y ya sin tiempo llegamos a la claridad de comprender la situación, es cuando llega la pregunta de marras.

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esta frase es, en realidad, una falacia más, pero de un tipo diferente a las anteriores. Y es que si bien las anteriores se pueden refutar desde un punto de vista técnico, con argumentos científicos y datos contrastados, en este caso el problema es conceptual. Es una pregunta mal formulada porque parte de un marco conceptual erróneo.

El marco conceptual del enemigo.

Porque, después de una farragosa discusión técnica, sobre cuestiones técnicas, contrastando datos del mundo real, se plantea el "¿y entonces qué?" como si la respuesta debiera darse en el mismo plano conceptual, es decir, en el técnico.

Pero eso es una falacia.

Todo el trabajo previo, todo el trabajo que he hecho en estos 14 años de divulgación, se resume en que no hay ninguna manera técnica de mantener el capitalismo. No es posible, físicamente, seguir con el mismo sistema socieconómico. Faltarán recursos, faltará energía, y los problemas ambientales y el Cambio Climático en particular ya están causando desastres en cascada que afectan a la "normal" ejecución del sistema económico. Solo cabe esperar fallos y más fallos, cada vez más concatenados y al final en cascada, hasta que en la práctica el capitalismo, tal y como lo entendemos hoy en día, haya desaparecido de una manera u otra, bien porque haya evolucionado hacia un sistema democrático o - más probablemente - autoritario que sí que nos mantenga dentro de los límites biofísicos del planeta, bien porque la civilización colapse (y en el caso extremo la especie humana se extinga).

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esa pregunta contiene, implícita, la idea de que se den soluciones técnicas para mantener el sistema tal cual. Al formular esa pregunta de esta manera, se da por hecho que hay que mantener el capitalismo y solo se acepta escuchar sobre desarrollos científicos y tecnológicos.

Llevamos atascados en este punto literalmente décadas. Hace 50 años que sabemos que no hay soluciones científico-técnicas que permitan mantener el capitalismo, pero llevamos 50 años poniendo todo el peso de la discusión en las soluciones científico-técnicas. Es la doctrina del solucionismo.

Es el marco mental del enemigo. 

Pensamos con el marco mental del enemigo, lo cual imposibilita encontrar ninguna solución.

Los industrialistas (de los que ya hablamos hace unas semanas), esas personas que piensan que el único modelo de transición energética posible es uno basado en instalaciones de energía renovable a escala industrial para producir energía a escala industrial con el objetivo único y declarado de mantener la actual civilización industrial a la misma escala de hoy en día, no aceptan que pueda haber ningún otro marco de discusión. Continuamente vociferan y porfían que éste es el único marco de discusión, y que quienes se salen de él son catastrofistas, colapsistas o, en el mejor de los casos, políticamente ingenuos. Mientras tanto, como ya comentamos, avanzamos con paso firme hacia otro shock de precios en el petróleo y posiblemente en el gas natural, mientras que la repetición de curtailments y precios cero o negativos no solo en España sino en toda Europa evidencian que el modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) está fracasando, con el lógico nerviosismo generalizado, ataques mutuos entre diversos generadores de electricidad, y larguísimas y aburridísimas (aparte de técnicamente endebles) explicaciones por parte de presuntos gurús energéticos sobre por qué esto no es un problema y que hay un futuro brillante para el REI (y no será porque no se hubiese avisado, yo mismo en el Parlament de Catalunya en septiembre de 2022 en un rato que las honorables personas que me oían pudieron dejar de mirar sus móviles).

Por si esto fuera poco, la crisis ambiental sigue su curso. El desbalance radiativo del planeta llega a los 2 vatios por metro cuadrado, un valor extraordinariamente elevado (la última glaciación terminó por un desbalance, temporal, cuatro veces menor). La AMOC podría colapsar. Innumerables ecosistemas en todo el mundo podrían desaparecer. Los plásticos y otras sustancias tóxicas entran en nuestro torrente sanguíneo. El agua dulce escasea. La sequía es un fenómeno global que pone en peligro alimentario a millones de personas. Problemas todos ellos que el REI no solo no ayuda a resolver, sino que los agrava (incluyendo la presunta reducción de emisiones de CO2). Problemas que no admiten ningún tipo de aplazamiento

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Solo hay una.

Salir del marco mental del enemigo.

No hay solución posible dentro del capitalismo. Simplemente, no la hay.

El crecimiento económico es incompatible con la preservación ambiental. Lo dice la propia Agencia Europea del Medio Ambiente, que es un organismo dependiente de la Comisión Europea. 

No hay ninguna negociación posible con el capitalismo. Lo único que podemos discutir es su finalización, si es que queremos tener un futuro.

Hay soluciones, pero no son de carácter técnico. Eso no quiere decir que la ciencia, la técnica y el desarrollo tecnológico no sean útiles. Lo son; más aún, son parte imprescindible de la solución. Pero fuera de un marco capitalista.

Los industrialistas continúan haciendo ruido una y otra vez para evitar que nos paremos y nos demos cuenta de que el problema está mal planteado. Que el problema no se podrá resolver con más tecnología, sino con más cultura, más sociedad, más personas verdaderamente humanas. El solucionismo nos distrae de la discusión real.

Durante estos meses yo sigo hablando con representantes de muchas empresas muy diferentes, todas ellas en el sector productivo. Todas ellas son conscientes de la gravedad del momento. De hecho, para todas ellas (dicho por los propios directivos con los que he conversado) la clave ahora mismo no está en el crecimiento, sino en la supervivencia. No tienen claro si podrán sobrevivir, están buscando desesperadamente métodos y maneras, de todo tipo, para sobrevivir. 

Entonces, si la industria tiene claro que la batalla es otra, ¿a quién le interesa este solucionismo impuesto a grito pelado de los industrialistas, el mismo que nos está arrastrando al foso?

El solucionismo solo le interesa al poder financiero, puesto que en un mundo postcapitalista no tiene futuro. El sector financiero es el único que no acepta ni aceptará nunca que el mundo ha cambiado, porque aceptarlo significa aceptar que su negocio se ha terminado.

Los industrialistas, con su solucionismo machacón, están hablando solo en representación del poder financiero. Es al único al cual realmente representan. 

Mientras, en el mundo real, el cambio que más desesperadamente necesitamos es social y es cultural. Da vergüenza ajena ver personas que dicen venir del ámbito de las ciencias sociales claudicando a las exigencias del industrialismo, aceptando que el momento no está "políticamente maduro" para abandonar el capitalismo (en una muestra más de insultante y condescendiente paternalismo). 

Pues no. El cambio que necesitamos es cultural, es social, es económico, es político y es radical, ya que se necesita ir a la raíz del problema. Necesitamos salir del marco mental del enemigo, y empezar a pensar por nosotros mismos, a ser libres, a respirar.

Y a éstos que no se ven capaces de abandonar el marco mental del enemigo les diría que si no van a ayudar, que se aparten y no estorben - si es que su ego se lo permite.

Salu2.

AMT

P.Data: Quizá habrán notado que, a pesar de mi promesa de escribir más durante este 2024, el ritmo de publicación de posts continua siendo bastante ralo. Pero en realidad sí que estoy cumpliendo mi promesa, solo que no estoy escribiendo aquí: continúo preparando mi próximo libro, de título provisional "El futuro de Europa", que debería entregar en un par de meses (por cierto, el libro intenta dar respuesta al solucionismo que se plantea en este post, centrándome sobre todo en la cuestión técnica). Así que discúlpenme que me prodigue menos por aquí y permanezcan en sintonía.

jueves, 8 de febrero de 2024

El coste de negar el decrecimiento

Queridos lectores:

En los últimos dos meses, he tenido ocasión de participar en varios programas de televisión y radio de alcance nacional (español). En todos ellos hemos hablado sobre decrecimiento, siempre con la excusa de las palabras de la reina de España pero siempre yendo bastante más allá en la discusión. Yo habría preferido mil veces que hubieran hablado con los académicos que en España han trabajado (Joan Martínez Alier) o trabajan (Giorgos Kallis, Jason Hickel, Xoan Doldán, Óscar Carpintero, Íñigo Capellán, etc) sobre el decrecimiento y que tienen no pocos trabajos técnicos y prácticos sobre la cuestión; pero el problema es que los medios de comunicación prefieren hablar con aquellas personas en las que por una u otra razón se ha fijado la atención pública. Así que he intentado defender lo mejor que he podido la idea del decrecimiento, pensando que en todo caso en este momento lo importante es introducir el concepto en la discusión pública y ya vendrán más adelante quienes ampliarán los horizontes.

Lo más curioso del momento actual es cómo la palabra "decrecimiento" está saliendo con mayor frecuencia y en los lugares más insospechados. Hace unos días, en una entrevista a Salvador Illa, líder de los socialistas catalanes y previsible candidato a presidir la Generalitat de Catalunya, él proponía su modelo de desarrollo: candidatura para unos próximos Juegos Olímpicos de Invierno (en una comunidad donde la nieve escasea en las montañas), extensión de la tercera pista del aeropuerto de El Prat (sobre el mar, cuando se anticipan eventos cada vez más extremos y ya será difícil mantener las infraestructuras actualmente existentes) y un macrocasino cerca de Barcelona (¿para atraer más turistas? ¿En una ciudad ya desbordada por la presión turística? ¿Y qué tipo de turistas? Y por no hablar por la más que previsible disminución del turismo en una situación de desindustrialización en Europa y recesión continua...). El caso es que de repente y sin venir a cuenta el Sr. Illa dijo que no se podía aprovechar la sequía (en Cataluña está batiendo marcas históricas, 3 años seguidos ya) para "intentar imponer el decrecimiento". Es un doble lapsus muy interesante, el del Sr. Illa. En primer lugar, porque como es obvio nadie impone el decrecimiento: como mucho, se estará proponiendo desde algunos círculos académicos, pero desde luego no desde ninguna estructura de poder real. Que el Sr. Illa diga esto significa que se siente amenazado por esta idea del decrecimiento, hasta el punto de que cree que se intenta imponer de alguna forma. La segunda parte del lapsus es que, trasponiendo los términos de su frase, se entiende que el Sr. Illa cree que sí que se puede intentar imponer el crecimiento.

El problema con el crecimiento es que no se puede imponer, menos aún que el decrecimiento. Y es el que el crecimiento requiere de unos condicionantes físicos: tiene que haber disponibles cantidades crecientes de energía y recursos (solo para empezar y por no hablar de las limitaciones ambientales, cada vez más determinantes). Y dado que eso es lo que empieza a escasear de manera más notoria, el problema es que el crecimiento no se produce por pura imposibilidad física. Por eso el Sr. Illa se siente amenazado, pero no comprende que lo que atenta contra el crecimiento no es el decrecimiento, sino la Termodinámica (o, en última instancia, la propia idea de crecer para siempre en un planeta finito, ahogada en sus propias e irresolubles contradicciones).

Por su lado, los pelmas de siempre y algunas nuevas que se quieren subir al carro de hacer méritos siguen con la tabarra de llamar colapsistas o similar a los decrecentistas (y con un accésit especial de incordiarme en las redes sociales con esta murga: parece ser que tocarme directamente las narices a mi forma parte del training para conseguir según qué cargos en la administración). Últimamente, como el término "colapsista" ha quedado un tanto desgastado por el manoseo ventajista de algunos políticos disfrazados de académicos (hasta el punto de que yo diría que, en parte por ese machuconeo obsesivo, lo de ser colapsista está ganando cierto glamour; tiene mérito la torpeza de esos políticos que están convirtiendo al pobre y pionero Félix Moreno en oscuro objeto de deseo - un cariñoso saludo a Félix desde aquí), nuestros y nuestras inefables están volviendo al más clásico "apocalíptico" (aunque tampoco falta el original que va y le explica a mi hija que yo soy un "trumpista colapsista" - vaya Vd. a saber qué coño quiere decir eso, aunque estoy seguro de que en su cabeza sonaba tan bien como su modelo energético para Cataluña en un Excel de 5 columnas). Claro que si siguen en ese camino de retroceso terminológico acabaremos en el más clásico "disidentes" o inclusive, yendo ya a los que nunca pasan de moda del todo, "herejes". Resulta particularmente ridículo que algunas de las que con la palabra "apocalíptico" azotan esgrimen que no hay ningún problema con la producción de petróleo, y que más bien el problema es que no se acaba de reducir su consumo. Y dicen eso en un momento en que la producción mundial de petróleo (bien, crudo más condensado, que es lo que puede convertirse en combustible líquido) puede haber caído ya el año pasado más de un 4% con respecto a los máximos de 2018.

Imagen de https://peakoilbarrel.com/september-world-oil-production-rebounds/


No solo eso, sino que actualmente se anticipa que la caída de la producción de petróleo va a acelerarse en los próximos años: Arabia Saudita renuncia a sus planes de expansión de producción y en EE.UU. se anticipa un cierto frenazo en la producción de fracking (y no pierdan de vista la suspensión de nuevas exportaciones norteamericanas de gas natural).Y eso por no hablar de los numerosos países que están experimentado una escasez nunca antes vista de combustibles, particularmente diésel (por algo será), peligro que acecha también a Europa y máxime cuando una de las reclamaciones repetidas en las protestas de los agricultores estos días es la de una rebaja en el precio del diésel. Por eso, resulta sorprendentemente necio negar los datos que muestran que lo que está costando mantener es la producción de petróleo, y no precisamente su consumo, por más deseable que sería que fuera este último el que estuviera cayendo.

También es característico de estos futuros subdirectores generales de algo (esa nueva clase hispánica, los subdalgos) el considerar que la única opción que existe para luchar contra el Cambio Climático es apostarlo todo al modelo de transición energética basado en la Renovable Eléctrica Industrial (REI). El REI consiste en un modelo de grandes parques de generación eléctrica renovable, distribuida a larga distancia a través de la red de alta tensión hacia los actuales grandes centros de consumo y producción industrial. El problema con el REI son las mismas preguntas incómodas que formulábamos hace 3 años y que siguen siendo vigentes hoy en día. Peor aún, cuando cada día que pasa se acumula la evidencia de que el modelo REI no funciona: ahí tienen a Gamesa perdiendo otros 426 millones este último trimestre y con la amenaza de una demanda colectiva por daños y perjuicios de sus aerogeneradores defectuosos, a Örsted suspendiendo dividendos al menos hasta 2026 y retirándose de España y Portugal y a la deuda astronómica de Acciona, además de los crecientes curtailments a la solar. Todo eso en un contexto en el que el consumo de electricidad a través de la red de alta tensión lleva cayendo, con altibajos, desde 2008: 

Evolución del consumo eléctrico en España a partir de REE. Cortesía de Sergi Saladié.

16 años ya, tiempo más que suficiente como para cuestionarse si realmente funciona el modelo de sustituir todo el consumo energético por electricidad renovable generada en grandes parques, y si se van a cumplir alguna vez las eternas promesas del coche eléctrico y del hidrógeno verde (que tienen ya décadas de recorrido con limitado progreso, por más que se intenten vender como apuestas recientes y prometedoras).

Me gustaría poder encontrar un nombre con el cual designar a los adalides del REI, pero es complejo porque, cuando se examinan con cuidado sus biografías, se encuentra que son muy dispares y variopintas: desde anarquistas partidarios de la acción directa reconvertidos a europeístas recalcitrantes hasta directores generales de entes vinculados a combustibles fósiles ahora defensores a ultranza de las "energías verdes", pasando por economistas que desconocen cuál es la unidad internacional para la energía, empresarios de empresas muy contaminantes que son ahora ejemplo de transición verde o ingenieros antaño antinucleares y hogaño talibanes, pasando por una extensa caterva de oportunistas y business makers, y un número decreciente (a medida que van viendo el percal) de personas que apuestan por el REI de buena fe. En pos de ese término común, examinamos qué iguala a esta gente tan diferente. 

La primera cosa es su fe inconmovible en el REI: para ellos, transición energética es igual a REI. No solo eso, sino que "renovables" es igual a REI. Por eso, cuando alguien critica, aunque sea de manera razonada y argumentada, al REI, en seguida se le tilda demagógicamente de "antirrenovable", como si no hubiera ninguna otra manera de explotar la energía renovable. Al mismo tiempo, creen (o dicen creer) que la única solución al problema del Cambio Climático es el REI y que, de hecho, el REI solucionará automáticamente todos los problemas ambientales que tenemos o podríamos tener.

El segundo rasgo distintivo de este colectivo es su absoluto desprecio a toda evidencia científica o técnica que contradiga o ponga en peligro su visión REI. Es en cierto modo consecuencia del primer rasgo, pero si bien cuando aplican su primer rasgo abundan en argumentos de carácter más o menos técnico y apelaciones a la ciencia, en este segundo rasgo, de manera contradictoria, se niega toda validez a la ciencia presentada, en muchos casos sin más explicación y en todos casos sin ninguna argumentación científicamente consistente. Peor aún, son capaces de usar los mismos argumentos demagógicos (llamar "antirrenovables") del primer rasgo pero contra los científicos que denuncian las incongruencias del REI. Pero como en este caso resulta más difícil argumentar en su contra, es aquí donde redoblan su apuesta y es cuando aparecen los términos "apocalíptico" y "colapsista" (fíjense como se lo suelen aplicar principalmente a académicos, por razones que en su día ya comenté).

El tercer rasgo es que su modelo REI se apoya siempre en grandes empresas. De hecho, suelen poner todo tipo de pegas a modelos tipo comunidades energéticas, a veces con un actitud bastante agria. Su modelo es un modelo a lo grande, de la industria y para la industria.

Conocidos estos tres rasgos podemos buscar ya un término que defina a las personas que muestran estas actitudes. Se podrían escoger otros quizá, pero yo voy a preferir el de "industrialistas", por ser quizá el más aséptico. Para esta gente, el único modelo que vale es uno de características industriales, fundamental para mantener el sistema industrial actual. En el fondo esta gente son extractivistas y su objetivo, aunque sea inconsciente, es continuar con el saqueo del planeta. Además, la visión industrialista es la visión del poder político, da igual quien gobierne, porque es la visión del gran poder económico. O sea que en el fondo estas personas están a favor del mantenimiento del status quo político y económico.

El problema comienza cuando la disfuncionalidad del REI ya no puede ser disimulada. Por un lado, no se está produciendo ninguna sustitución energética, y en los países occidentales en los que ha habido recientemente un incremento porcentual del consumo de energía renovable es habitualmente porque cada vez se consume menos energía. Por el otro, el modelo REI es un modelo colonizador, extractivista y ambientalmente muy poco respetuoso, y se está aplicando despiadadamente sobre todo en zonas rurales, donde las inconsistencia del modelo saltan a la vista (no siendo la menor de ellas que crea más problemas ambientales que los que dice resolver). Y por último, como empieza a haber un problema real de acceso a los recursos por el encarecimiento energético y en algunas zonas incluso falta de abastecimiento, se empiezan a crear problemas nuevos.

La tormenta perfecta de todas esas contradicciones se ha encontrado en el sector primario y particularmente en los agricultores y ganaderos. La escasez de recursos ha llevado a la subida del precio del gasoil, de los fertilizantes y de las semillas Los problemas ambientales han llevado a nuevas y más estrictas regulaciones ambientales, que son necesarias pero que han sido mal explicadas y peor acompañadas, en aras del sacrosanto libremercado que no es tal; y a lo que ahora se ha añadido a la sequía que afecta a toda Europa y especialmente a ciertas zonas de España. No solo la sequía: la alteración de los patrones climáticos (30ºC se han registrado este enero en algunos puntos España) está causando problemas graves en las cosechas. Y como guinda del pastel, el saqueo indisimulado que representa el REI.

Llevamos meses explicando que el campo lo está pasando mal, que los costes se disparan y que las cosechas menguan, mientras los intermediarios mantienen o incluso aumentan sus márgenes. La lógica de la explotación capitalista ha llevado a considerar que era más importante el REI (por su promesa inalcanzable de garantizar la continuidad al sistema industrial) que mantener el sector agropecuario. Hasta que las gentes del campo han dicho basta y se han rebelado, por toda Europa.

Algunos medios se quejan de que los agricultores están siendo manipulados y mediatizados por la extrema derecha, y que incorporan en su discurso diatribas absurdas contra la Agenda 2030 o contra la inexistente manipulación climática vía chemtrails (un mito de largo recorrido y con interpretaciones que han variado con el tiempo). Pero, ¿qué esperaban? Nadie ha querido acercarse a ver los problemas de este colectivo. Nadie ha tenido el valor de explicar que el gasoil va a seguir caro porque escasea, que fertilizantes y semillas van a seguir caros porque escasea el gas natural, que los pesticidas nos están matando a todos... Son muchos años ocultando la verdad, ¿cómo se podrían reconocer todas las mentiras de golpe? Los agricultores solamente quieren recuperar su antiguo modo de vida, que dejen de atropellarles y que les respeten.

¿Quién va a tener valor para decirles que va haber que transformar radicalmente la agricultura y la ganadería para adaptarlas a un descenso en la disponibilidad de recursos que es inevitable?

¿Quién va a tener el valor de decirles que el Cambio Climático les va a hacer la vida mucho más difícil y las cosechas más inciertas, después de décadas de negar los problemas e incluso ahora, en medio de una sequía nunca antes vista, aún se intenta hacer ver que no es tan grave?

Los agricultores y ganaderos deberían sentirse arropados y acompañados por el conjunto de la sociedad. Una sociedad que ha de estar dispuesta a pagar el precio real de la producción agropecuaria, aunque los alimentos tengan que aumentar mucho de precio (o precisamente porque deben aumentar mucho de precio). Hay que abandonar la fantasía tecnócrata de los economistas liberales que piensan que aquí es preferible que sacrifiquemos el sector primario en aras de la industria, porque un país que descuida su producción de alimentos está condenado

Ahora vayan los industrialistas a los agricultores y ganaderos y explíquenles que hay que apostarlo todo al REI, aunque sabemos que no funciona, aunque cause grandes impactos ambientales, aunque a ellos no les abarate costes. 

Ahora vayan a los agricultores y ganaderos y explíquenles que tenemos que sacrificar su sector para intentar sacar adelante el REI, que ya importaremos los alimentos de fuera, que lo importante es la industria, aunque todo indica que el REI no está evitando (ni evitará) el hundimiento industrial de Europa.

Ahora vayan a los agricultores y explíquenles que Vds. se han equivocado y que ellos van a tener que seguir pagando el pato.

Éste es el coste de negarse a aceptar que el decrecimiento es la única solución real a nuestros problemas. Un decrecimiento que para ser tal debe ser democrático y planificado; si no, es empobrecimiento, no decrecimiento. Un decrecimiento que es un plan de gestión de las dificultades que tendremos informando honestamente sobre los retos presentes y futuros, y tomando entre todos las decisiones más justas para afrontarlos.

Los verdaderos apocalípticos, los verdaderos catastrofistas, los verdaderos colapsistas, son quienes apuestan por el REI a pesar de la clamorosa evidencia de su fracaso y que se niegan a rectificar. Porque son ellos los que nos llevan al hundimiento de nuestra sociedad.

Salu2.

AMT


jueves, 28 de diciembre de 2023

The Oil Crash: Año 18


Queridos lectores:
 
Llegamos una vez más a ese momento en el que hacemos un repaso de lo que ha sido este último año en los temas que son de interés para este blog. Un año caracterizado por muchísimas noticias importantes tanto en el terreno de la sostenibilidad en general como en el de la crisis energética y de recursos en particular. Un año que probablemente marque un punto de inflexión en nuestro inexorable declive energético y material y, si no le podemos remedio, de civilización. Un año tan lleno de noticias que es inevitable que algunos temas los deje en el tintero, pero intentaré al menos dar una visión general de lo que ha supuesto 2023. Comencemos, pues, con el resumen.

- La crisis energética no cesa: A pesar de que se repiten anuncios absurdos sobre la abundancia petrolera, no tienen ningún sentido. Hace poco, Art Berman publicaba la gráfica que acompaña a estas líneas, basada en datos hasta mayo de este año del Departamento de Energía de los EE.UU. Como se ve, la máxima producción de todos los líquidos de petróleo fue en noviembre de 2018, con 102,3 millones de barriles diarios (Mb/d), y en mayo era 1,1 Mb/d inferior (una caída del 1,1%). Si nos fijamos en la categoría "Crudo+condensado" (que es lo que puede usarse para hacer combustible líquido), de nuevo el máximo fue en noviembre de 2018 en 84,6 Mb/d y hasta mayo había caído un 3,9% (un 4,6% menos). Y a pesar de tantas tonterías como se dicen, la inversión en búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos continúa siendo un 50% inferior a lo que se invertía en 2014. Todavía no sabemos cómo vamos a acabar el año, pero es bastante probable que la caída de producción sea mayor de un 5% con respecto a los niveles de 2018. Lo malo es que todo indica que esta caída se acentuará fuertemente en los próximos años.

Esta caída se está reflejando en una escasez mundial de combustibles, que no afecta de momento a Europa y los EE.UU., pero que sí que hace estragos en Latinoamérica, África y partes de Asia. En algunos momentos de este año la producción de diésel llegó a ser un 20% inferior a los niveles del período 2015-2018 (Rafael Fernández publicará próximamente en este blog su análisis sobre el pico del diésel). Esto está llevando a problemas crecientes en toda la cadena de suministros global, ya que diésel es maquinaria (incluyendo de minería y agrícola) y camiones.

Mientras tanto, el gas natural se mantiene en precios relativamente elevados: no tan caros como llego a ser el año pasado, pero no baratos en todo caso. La producción de carbón toca máximos históricos, pero resulta difícil incrementarla de manera significativa. Al mundo le falta energía, y todo apunta a que cada vez le va a faltar más.

- Desindustrialización en Europa: Mientras en España se saca pecho porque se cerrará el año 2023 con una subida del 2% del PIB, lo cierto es que Europa está entrando en recesión, sobre todo Alemania y Francia. El mayor problema es la fuerte parada industrial. Con precios de la energía excesivamente caros y problemas con el suministro de materias primas (caras y escasas) muchas empresas están cerrando. Especialmente grave es la crisis en el sector de la automoción, donde, aunque nadie lo quiera reconocer, la transición al vehículo eléctrico está fracasando y suponiendo onerosas pérdidas a todo el sector en Europa.

La crisis industrial de Europa anticipa muchos problemas: falta de maquinaria, falta de repuestos, falta de reactivos químicos. De momento, un problema recurrente está siendo la falta de medicamentos, y otro grave problema en el horizonte va a ser la escasez de fertilizantes.

- Crisis de Gamesa: El año 2023 pasará a los libros de Historia por el principio del fin del delirio megalomaníaco de la macroeólica. Lentas décadas de desarrollo habían conseguido llegar a modelos funcionales de aerogeneradores de hasta unos 3 MW de potencia. Sin embargo, el desembarco de nuevas personas con nuevas ideas en el sector llevo a la locura de pensarse que en pocos años se podría incrementar la potencia de esos aerogeneradores a 5, 7, 9, 12, 15 MW... Hasta el infinito y más allá. Solo era cuestión de hacer aerogeneradores cada vez más grandes. Las consecuencias de esta carrera hacia ninguna parte ya les hemos comentado con detalle en el caso de Siemens Gamesa. Los problemas seguirán persistiendo, porque la dificultad estriba en construir aerogeneradores cada vez más grandes a un precio que se considere competitivo. Al final, o se acepta que el precio de la electricidad tiene que subir, o que la producción eléctrica es un servicio público asumido total o parcialmente por el Estado, o bien iremos a un abandono masivo de la eólica. El año que viene veremos exactamente hacia dónde vamos.

Mientras tanto, el fantasma de los curtailments (electricidad que no se aprovecha, ni por tanto se paga) a las renovables sigue creciendo en España. Estos excesos de electricidad inaprovechable llevan a momentos en los que el precio de la electricidad mayorista es nulo o incluso negativo. Un problema por el que ya pasó Alemania en 2016 y Australia en 2020, y que en ambos casos supuso un parón de su despliegue renovable. Es un síntoma adicional de los problemas que tiene intentar mantener a ultranza un modelo de hiperelectrificación de la sociedad sin tener realmente las soluciones tecnológicas requeridas.

- Inacción climática: La COP28, celebrada este año, ha sido absolutamente decepcionante, incluso para los que no esperábamos realmente nada de ella. Para intentar poner en valor el completo fracaso de esta cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se dice que por primera vez se ha reconocido que los combustibles fósiles causan el Cambio Climático. Por lo demás, ningún compromiso concreto para la reducción de su uso, mientras el planeta camina desbocado a una alteración climática profunda y las emisiones de CO2 de este año llegarán a máximos históricos. Los gobiernos de los países occidentales señalan como culpables de la falta de un compromiso sobre la eliminación de los combustibles fósiles a los países productores, intentando soslayar que para acabar con el comercio de los combustibles fósiles se puede, sí, actuar a nivel del vendedor (ellos), pero también a nivel del comprador (nosotros). Por otra parte, ¿qué solución tecnológica estamos ofreciendo para la transición? En realidad, ninguna. La única solución realista pasa por la reducción del consumo. Pero, ¿cómo vamos a querer que ellos abandonen los combustibles fósiles si no damos nosotros primero ejemplo de austeridad en su uso? En fin, todo es un despropósito.

- El clima del planeta entra en terreno desconocido, incierto y angustioso: Con una probabilidad de más del 99%, este año cerrará con una temperatura 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales, que era el objetivo a no rebasar el año 2100 en  el Acuerdo de París. Aún no se puede dar por perdido el objetivo de no sobrepasar el +1,5ºC, ya que seguramente parte del calentamiento observado este año sea de carácter temporal (en particular, por ser un año El Niño). Sin embargo, mirando la evolución de los últimos años da la impresión de que se está produciendo una aceleración del calentamiento y por eso mismo científicos como James Hansen consideran probable llegar a un calentamiento persistentemente por encima de +2ºC para el año 2050. A mi, sin embargo, la gráfica que más me preocupa es la de la enorme subida de la temperatura de la superficie del mar.

El mar es la componente lenta del sistema climático, y ahora mismo sube a un ritmo sin precedentes (para quien le interesen los detalles numéricos, la curva de este año está a más de 6 desviaciones estándar de la media del período de referencia, 1982-2011, los 30 primeros años en los que tuvimos temperatura medida por satélite - y quién sepa de estadística entenderá por qué eso es tan alarmante). Peor aún: el comportamiento de la temperatura superficial del mar indica que está en una tendencia creciente que no parece querer abandonar. A mi personalmente me quita el sueño, por muchos motivos. Entre otros, porque el mar, siendo como es un gran reservorio de energía, favorece la formación de tempestades cada vez más violentas y otros fenómenos extremos.

- Proliferación de eventos extremos: Escojan lo que quieran, que el año ha sido prolijo. Masivos incendios en Canadá, la tormenta Daniel arrasando primero Grecia y luego Libia, el huracán Otis destruyendo Acapulco, y así un largo etc con tragedias no tan grandes, como Cirian, Domingos, la dana de Madrid, las inundaciones en Oriente Medio o los tornados en diciembre en las islas británicas. España ha salido relativamente bien parada del desastre que asuela medio mundo, aunque aquí la sequía no cesa y puede acabar volviendo inhabitable la costa mediterránea y particularmente el lugar donde yo vivo. Mientras los cuñados se ensueñan con memeces acerca de manipulación climática y chemtrails (un mito de más de 20 años de antigüedad e interpretación mutable: hace 12 años era que se usaban para la manipulación mental), en el mundo real tenemos 29 grados en Málaga en diciembre y la avena que ha sembrado mi suegro (y tanta otra gente en España y en buena parte de Europa) no crece. Todo normal y bien.

- Masacre de Gaza: No bastando con el matadero ucraniano y de las otras 17 guerras que asuelan el planeta y de las que nadie habla, una salvajada indiscriminada del grupo armado palestino Hamás ha servido para desencadenar una salvajada indiscriminada aún mayor por parte del Estado de Israel. Se destruye pública y sistemáticamente la Franja de Gaza y de manera menos pública pero igualmente sistemática Cisjordania, mientras la mayoría de la opinión pública internacional mira perpleja, pero nadie reacciona. Nadie, salvo la facción hutí de uno de esos conflictos olvidados, la guerra de Yemen (otro genocidio, en realidad). Ya me quedan pocas palabras para explicar la náusea y el desaliento que me embargan.

- Más problemas para la cadena de suministros: A las dificultades de abastecimiento asociadas fundamentalmente a la escasez de diésel se le están uniendo las limitaciones de los dos pasos marítimos más importantes para el comercio mundial: el canal de Suez y el canal de Panamá. En el caso del primero, las milicias hutíes de Yemen han decidido atacar todos los barcos que tengan como origen y destino Israel. Esto ha generado un considerable caos y la decisión de grandes navieras como Maerks, o petroleras como BP, de suspender temporalmente su tránsito por el mar Rojo y por tanto por el Canal de Suez (y una oportuna respuesta militar coordinada por los EE.UU. quien de facto gana el control de esta crítica área). Esto está originando unos sobrecostes muy importantes en el transporte marítimo, ya que la alternativa para comunicar Asia con Europa es rodear África, como se hacía hasta el siglo XIX. El otro canal importante, el de Panamá, está sufriendo severas limitaciones de tránsito debido a la escasez de agua, y es que a pesar de ser Panamá un país tropical, estos años está lloviendo menos y con la ampliación del canal éste requiere más agua para el rellenado y vaciado de esclusas. En este caso, la manera de comunicar marítimamente el Pacífico Oriental con el Atlántico Occidental implican rodear América del Sur, incrementando enormemente la longitud de los trayectos y, de nuevo, su coste. La combinación de las dos crisis del transporte marítimo, junto con la escasez general de combustibles, garantiza un repunte importante de la inflación y mayores problemas en la cadena de suministros a los observados hasta ahora.

- Represión ecologista: Este año se ha caracterizado en los países occidentales por un considerable incremento de la represión de los movimientos ecologistas que abogan por la protesta no violenta. En Francia, el gobierno ilegalizó el movimiento Les Soulèvements de la Terre en mayo, motejándolo de "ecoterrorista", una decisión que fue revocada por su Tribunal Constitucional unas semanas más tarde. En España ha habido varios eventos destacados: la apertura del juicio oral contra 15 activistas de la Rebelión Científica, con petición de penas de cárcel por haber pringado las escalinatas del Congreso de los Diputados con un líquido biodegradable conocido bajo el alias de "zumo de remolacha"; el informe anual de la Fiscalía General del Estado, que en su primera versión consideraba Rebelión o Extinción y Futuro Vegetal como grupos "ecoterroristas" (después enmendada en medio del escándalo que suscitó tal calificación) y en las últimas semanas la detención masiva de casi una treintena de miembros de Futuro Vegetal bajo la acusación de formar parte de una organización criminal (después puestos en libertad pero con cargos). En el Reino Unido, la represión ha subido varios puntos con el encarcelamiento de diversos activistas por acciones tan disruptivas como desplegar una pancarta o filmar a activistas mientras ejecutaban una acción de protesta pacífica. En Alemania, varios activistas (algunos españoles) han sido condenados a fuertes multas por protagonizar un acto de protesta en un concesionario de coches. En medio del verano más caótico en lo que a eventos climáticos en Europa se refiere, el acento se está poniendo en acallar a los grupos que de forma no violenta denuncian la gravedad de la actual inacción.

- El decrecimiento en el debate público: En mayo, se celebró en la sede del Parlamento Europeo un congreso sobre decrecimiento y post-crecimiento, con discurso inaugural de la presidenta del Parlamento y de la presidenta de la Comisión Europea, con una asistencia de 1.600 científicos y activistas de toda Europa. Un evento de gran importancia que fue sistemáticamente silenciado por los grandes medios de comunicación. Y es que hablar de decrecimiento aún incomoda a las instancias oficiales, a los poderes económicos y a quienes las representan. A pesar de lo cual, para sorpresa de todos, la reina Letizia decidió sacar el tema, y muchos otros de gran calado en la discusión de nuestros problemas de sostenibilidad, en un seminario sobre periodismo y comunicación que ella presidía. Un gran hito en la normalización del inevitable debate sobre el decrecimiento.

 

Este año fue también el del acoso sistemático por parte de un partido político español a los académicos que hemos osado hablar del decrecimiento, tabarra en la que afortunadamente han decidido de momento cesar, pero éste es un tema del que prometí no volver a hablar.

Y con esto concluyo el repaso de este intenso 2023. En el siguiente post hablaremos de las previsiones para 2024.

Salu2.

AMT