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lunes, 4 de noviembre de 2019

La casa en llamas en lo alto de la cumbre



Queridos lectores:

"La casa está en llamas" es un eslogan repetido por los integrantes de Friday for Future, desde que la propia Greta Thunberg lo pronunciase por vez primera. Es un aforismo potente, que condensa la urgencia a la que nos lleva el Cambio Climático. La casa está en llamas, tenemos que actuar si no queremos perderlo todo, si no queremos morir. Una idea sencilla que sintetiza la verdad simple de que ya no hay más tiempo para esperar; el tiempo de actuar es ahora.

No es por tanto casual que el último libro de Héctor Tejero y Emilio Santiago lleve el significativo título "¿Qué hacer en caso de incendio?". Se sobreentiende que en este largo ensayo (nada menos que 256 páginas) se pretende abordar, desde el punto de vista de la teoría política (campo al que pertenece esta obra), el que sin duda es el gran reto de nuestro tiempo. Sin embargo, tampoco es casual el epígrafe que lleva este libro: "Manifiesto por el Green New Deal". Es decir, no se trata de dar una perspectiva amplia de cómo abordar el desafío que nos plantea el Cambio Climático, sino que lo que se nos presenta es un manifiesto a favor del Green New Deal.

Hace semanas que llevo ese libro en mi mochila, con el objetivo de acabar de leerlo en algún momento y escribir aquí una reseña. A pesar de que tener tiempo para leer es una cosa siempre difícil con la carga de trabajo que llevo, lo he seguido llevando en mi mochila, esperando avanzar en sus páginas y en la síntesis de lo que para mi es más esencial. Lamentablemente, a estas alturas he perdido la esperanza de acabar de leer el libro y comentarlo. Aunque me sepa mal decirlo (conozco a Emilio y es una persona a la que aprecio y respeto por su trabajo), reconozco que el libro no me interesa en absoluto.

Por lo que respecta al análisis factual que realiza el libro, tomadas aisladamente estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas que se comentan en sus páginas pero no tanto en el discurso que se va hilando, ya que, a mi entender, hay grandes omisiones que probablemente obedecen a ese deseo, explícitamente expresado en el libro, de no asustar a la gente para evitar el miedo paralizante. Y en cuanto el libro entra en el discurso político para mi pierde la mayoría del interés. En el libro se propone una estrategia de "negociación" con el statu quo y la adaptación progresiva del actual sistema capitalista, cosas las cuales, sinceramente, yo no las veo posibles. Entiendo el esfuerzo honesto de Héctor y Emilio de buscar una vía posible para salir de este atolladero, pero a estas alturas de la partida ya sabemos que el posibilismo es solo otra forma de rendición.

Huelga decir que no entiendo que se puedan escribir 256 páginas con la excusa de un texto bastante vago, vacuo y prepotente,  y mucho más corto, como fue la propuesta inicial de Alexandria Ocasio-Cortez. Ya discutimos en este blog el contenido de aquellas escasas 14 páginas del Green New Deal: nunca tan poco ha dado para hablar tanto. Quizá porque precisamente unos y otros aprovechan la absoluta vaciedad del texto original para exponer sus filias y fobias, para hablar de lo que ellos quieren hablar, que poco o nada tiene que ver con el espantajo al que dicen referirse. 

El libro de Héctor Tejero y Emilio Santiago ya ha recibido algunas críticas significativas justamente de gente que está lógica e ideológicamente próxima a ellos. En particular, veo muy destacable la prolija crítica de Manuel Casal Lodeiro (se ve que es mentar el Green New Deal y todo el mundo vierte ríos de tinta o de electrones), de la cual querría entresacar un párrafo que creo que sintetiza muy bien la carencia mayor que yo le veo al libro:

Página 27: "En el mismo campo que ello es verdad que el Green New Deal no nos permitirá apagar el incendio. Pero si mitigarlo, conseguir tiempo, forzar una prórroga. Mucho más de lo que ahora tenemos." El problema, aunque parezca mentira tener que decirlo, es que los incendios no se "mitigan": se apagan o no se apagan. Y ellos no hablan de que sea imposible apagarlo, sino que afirman, simplemente, que su propuesta no permitirá hacerlo. ¿Por qué no buscar, entonces, una que sí lo haga? ¿Por qué quedarnos en la"mitigación" o contención del fuego cuando sabemos que otro tipo de abordaje podría permitir su extinción? Además, como ya he señalado antes, ni siquiera explican (ni aquí ni en el resto del libro) cómo se supone que se ganará ese "tiempo" del que tanto hablan, sin abandonar el capitalismo.

Quizá a otras personas les resulte interesante ese libro; a mi, llegado a un punto, simplemente no me aporta nada. Y sin embargo éste es el planteamiento más avanzado que se está haciendo en el mundo político: no en vano el libro lo prologa Íñigo Errejón, líder del nuevo partido de izquierdas Más País. Esto es lo más que podemos esperar de los grandes partidos estatales, aquí en España.

¿Cómo hacer frente al cambio climático? Pues tal y como se nos presenta la cuestión, parece que básicamente hay dos opciones: o se ignora el problema (lo que hacen los negacionistas) o si no tenemos el Green New Deal, es decir, el pactismo con el capitalismo en el que a las malas prácticas de siempre se les da la pátina de "lo verde" para hacerlas políticamente digeribles. ¿Y qué es eso de "lo verde"? Muchas cosas que de verde tienen muy poco: más extracción de materiales, más contaminación, más consumo; y poca reparación ambiental, poca autocrítica y poca contención. Muchos productos presentados como "verdes" se elaboran con procedimientos más contaminantes que sus contrapartidas convencionales. Y no casualmente, mucho más caras.

Al ciudadano de a pie, a fuerza de repetirle los mensajes durante años, y por la mera observación directa de la realidad, ya le ha quedado claro que el mundo está cambiando. El tiempo está loco, las estaciones ya no son lo que eran, los eventos extremos parecen multiplicarse con el paso de los años... También ha llegado a la mayoría de la población el mensaje de que es la actividad humana, sobre todo la industrial, la que está provocando estas graves alteraciones. Los poderes políticos han ignorado mayoritariamente los problemas ambientales durante décadas, especialmente cuando se trataba de algunos bien localizados e identificados (¿cuántas poblaciones no han sufrido en sus carnes los efectos de la contaminación persistente del aire y del agua por parte de fábricas cercanas o de centrales térmicas?). Y sin embargo ahora, por fin, se dice que hay que hacer algo, y más incluso: se dice que hay que emprender una Transición Ecológica. Un cambio completo de la manera de producir y de consumir. Ser menos contaminante, más verde, reciclar más y mejor. Con todo eso el ciudadano común puede estar más o menos de acuerdo. Sin embargo, cuando se han empezado a tomar medidas en la práctica para implementar esa transición, lo que los ciudadanos han visto es que van a salir caras. Muy caras. Y que previsiblemente el coste no se va a repartir de manera justa. No en vano, en los documentos que hablan tanto de Transición Ecológica de manera genérica, como los que hablan de Green New Deal como plan más concreto, se suele poner el acento en que la transición ha de ser "socialmente justa". Obviamente, si se insiste en esto es porque ya se ve venir que no va ser socialmente justa, en absoluto.

La casa está en llamas, sí. Pero si miramos al suelo veremos un reguero de pólvora ardiendo. Un reguero de fuego que viene de Brasil.

A finales de este año, como cada año desde hace un cuarto de siglo, se celebrará la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Clima. La cumbre de este año, la COP25, debía haberse celebrado en Brasil, pero en octubre de 2018 Jair Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales y en noviembre Brasil retiró su oferta de albergar la COP25. Alegó dificultades presupuestarias y otros problemas organizativos, pero a nadie se le ocultaba que Bolsonaro, negacionista convencido, no tenía el más mínimo interés en que precisamente la Cumbre Mundial sobre el Clima tuviera lugar en su país. Después de eso, los terribles incendios de la Amazonia este verano y en general el desprecio de su presidente a cualquier cosa que le suene a ecologismo han llevado a que Brasil no sea considerado un país fiable en cuestiones ambientales.

Y, sin embargo, dejando al margen los múltiples aspectos deleznables de la persona de Bolsonaro, Brasil ha seguido una evolución bastante lógica. Es un país muy poblado, con casi 210 millones de habitantes y con todavía altas tasas de desigualdad. La rápida subida de la producción de petróleo durante las últimas décadas hacían augurar un futuro brillante para Brasil, pero la producción tocó techo en 2017, sin haber conseguido cubrir el 100% del consumo doméstico.



Todos los escándalos de corrupción de los últimos años en Brasil tienen que ver de un modo u otro con PetroBras, la compañía de petróleos estatal. Como en tantos otros países latinoamericanos en su misma situación (México, Venezuela, Ecuador, Argentina, ...), en vez de aceptar que el país seguramente ya había rebasado su peak oil, los dedos acusadores apuntaban a que la caída de producción era debida la mala gestión (mala gestión que seguro que había, pero que también estaba ahí mientras la producción subía). Al llegar Bolsonaro al poder se producen cambios drásticos y se aprietan las tuercas en PetroBras. En mayo de este año se consigue romper el techo histórico y que Brasil produjese más de 2,7 millones de barriles diarios, para después caer estrepitosamente en junio, para luego recuperarse en julio y luego volver a caer...



En enero de 2020 podremos hacer el balance anual de 2019 y ver si la táctica de Bolsonaro ha tenido éxito, pero todo apunta a que la  producción media en 2019 podría ser del estilo o incluso inferior a la del 2018.

Como ven, Brasil está luchando para intentar mantener su producción de petróleo, para superar lo que parece el momento histórico de toda la región: la llegada de Latinoamérica en su conjunto a su peak oil regional. Bolsonaro se debe a esas clases medias, descontentas con la gestión del anterior ejecutivo, y que quieren que las lleve a la riqueza y al bienestar. ¿Creen Vds. que puede entretenerse con minucias como el clima del planeta? Si lo hiciera, además, sería hombre muerto desde el punto de vista político.

La casa está en llamas, y el reguero de pólvora ardiente nos lleva a un país cercano, Chile.

Al desistir Brasil, fue Chile la encargada de asumir la COP25. Con poco más de 17 millones de habitantes, Chile es un país bastante menos poblado e industrialmente más diversificado que Brasil. Hace un par de años tuve ocasión de pasar unos días en Chile, y durante mi breve estancia pude comprobar una cosa: para los estándares europeos de los que yo provengo, Chile es un país que profesa una gran fe en el liberalismo económico como mejor sistema para regirse socialmente. Se pretende que la intervención del estado sea mínima, y que los individuos, con su propia capacidad y trabajo, tracen su propio futuro, con las mínimas interferencias externas. Pero Chile tiene una excesiva dependencia en las exportaciones de su mineral más preciado, el cobre. A Chile le ha cogido con el paso cambiado la caída de la demanda mundial de cobre por un lado (fruto de la debilidad económica mundial) y por otro el brutal incremento de los costes de extracción del cobre (síntoma inequívoco del agotamiento de las minas y de la llegada al peak copper). Como resultado, la otrora altamente rentable industria del cobre ha reducido drásticamente sus beneficios, impactando la economía nacional. El continuado deterioro de las condiciones de vida de la mayoría ha provocado que un hecho banal como fue la subida de las tarifas del metro en Santiago de Chile haya degenerado en una revuelta de alcance nacional, que el Gobierno de Chile ha reprimido con dureza sin ser capaz de sofocar.  En estos días,  el presidente Sebastián Piñera se juega su futuro político, lo que le ha llevado a medidas desesperadas, como la de solicitar la dimisión de todo su Gobierno. Y en este contexto el propio Piñera decidió hace unos días cancelar la organización chilena de la COP25. Y de nuevo, es lógico: ¿creen Vds. que los chilenos verían con agrado que se les hable de esa futurible y quimérica economía verde a la que tenemos que transitar para "salvar el planeta", cuando tienen dificultades para llegar a finales de mes?

La casa está en llamas, y el reguero ardiente nos conduce ahora hasta España.

Ante el anuncio de Sebastián Piñera de que Chile no podría organizar la COP25, España se ofreció a hacerse cargo con un plazo muy breve de tiempo antes de que empiece la cumbre (poco más de un mes).

Con 46 millones de habitantes, España es un país con un perfil muy diferente a Brasil y a Chile. No es un gran exportador de materias primas, al contrario: es un gran importador de las mismas. Su principal manufactura son los coches, aunque su principal actividad económica se encuentra en los servicios, destacando el turismo como principal motor económico del país. Un país así, con gran cantidad de palacios de congresos y amplia experiencia en la organización de eventos, está más que preparado para hacerse cargo de la organización de un evento tan importante y en un plazo tan perentorio. Así que nadie ha cuestionado que España asuma la cumbre, y así será.

¿Es España el mejor país para acoger el COP25? En principio es un país con una paz social envidiable y un alto nivel de vida, así que todo indica que sí. Claro que si miramos un poco por debajo de la superficie, empezamos a ver muchos signos bastante preocupantes. Por un lado, tenemos la situación catalana, no tan desmadrada como hace un par de semanas pero aún lejos de estar controlada. Probablemente, para una buena parte de la opinión pública española el problema catalán solo tiene que ver con el seguidismo etnicisma, narcisista y borreguil de una gran masa manipulada por unos desaprensivos, aunque unos pocos pensamos que en realidad la deriva secesionista catalana tiene mucho que ver con la forma particular que tomará el colapso en España. Pero por el otro, hay muchos síntomas de que el español de a pie está bastante harto de ser el que paga todas las fiestas. Las crecientes restricciones a la movilidad privada, prohibiendo con carácter prácticamente inmediato el uso de coches "viejos" en Barcelona y pronto en otras ciudades, y que seguramente se acabará extendiendo a todas las carreteras, implica un gravamen extra sobre las deterioradas economías de muchas familias, máxime cuando en breve los coches se van a encarecer ostensiblemente. Numerosos colectivos, desde taxistas hasta estudiantes, pasando por jubilados, están en pie de guerra, con frecuentes manifestaciones. El futuro se ve incierto, y el panorama político no lo simplifica. Al ser los partidos políticos españoles incapaces de llegar a un acuerdo para gobernar, los españoles nos encaminamos a una repetición de elecciones generales el próximo 10 de noviembre. Para ocultar su mediocridad y la falta de ideas, tanto para proponer un acuerdo viable entre los partidos que se repartirán la representación parlamentaria como ante la crisis que todo el mundo reconoce que está al caer, los partidos políticos se han llenado la boca de... Cataluña, Cataluña y Cataluña, sin que nadie proponga nada útil para salir del atolladero catalán (tampoco los partidos catalanes que se presentan para el congreso español). En este contexto, el partido que mejor está capitalizando el descontento y el malhumor es Vox, formación esencialista para la cual lo español tiene una cualidad transcendente más importante que la democracia. Vox forma parte de eso que yo denominaba "la reacción", movimientos de nuevo cuño que intentan oponerse a la falacia del progreso por la vía quizá más radical pero no exenta de cierta razón. Por eso mismo no es de extrañar que Vox sea furibundamente negacionista del Cambio Climático, ya que intuyen la carga económica que se quiere endosar a la clase media, envuelta en el papel de celofán de la Transición Ecológica o del Green New Deal.

Ahora imaginen que tras las elecciones del 10 de noviembre los votantes le dieran la mayoría a las tres formaciones de derecha, PP, Ciudadanos y Vox, y que éstas pudieran formar gobierno. ¿Se imaginan a este gobierno, con negacionistas acérrimos en él, organizando la Cumbre Mundial del Clima?

Afortunadamente no es posible que se produzca tan forzada situación, ya que los plazos para constitución del Parlamento e investidura del nuevo Gobierno son un poco más dilatados que el tiempo que le resta al actual Gobierno en funciones, pero el mero planteamiento de esta posibilidad nos muestra cuán frágiles son nuestras seguridades. E incluso si el tripartito de derechas no gana las elecciones, lo más probable es que será dificilísimo que se consiga formar un Gobierno estable. En este contexto, y con una crisis económica en ciernes, ¿cree alguien que España tomará medidas eficaces contra el Cambio Climático? ¿Medidas que realmente lo combatan y al tiempo no depauperen a las clases trabajadoras?

La casa está en llamas, y el reguero ardiente continúa corriendo, perdiéndose en el infinito.

¿Qué otro país podría, mejor que España, hacer bandera de la lucha socialmente justa e inclusiva contra el Cambio Climático?

No será Francia, con sus chalecos amarillos que saltaron inicialmente a las calles para protestar por la subida del precio del diésel. Está claro que a esos trabajadores no les importa contaminar más o menos, sino simplemente ganarse la vida.

No será el Reino Unido del Brexit, con su larvado racismo, contra el inmigrante, contra el otro, contra ese ser irreal que en su imaginario les roba el trabajo, ese trabajo que les cuesta tanto de conseguir y que cada vez se paga peor. Hagamos el Reino Unido grande otra vez, aunque sea a costa de hacerlo moralmente pequeño.

No será Italia, donde más gente de la que nos gustaría aplaude a un ministro que deja intencionalmente que personas se ahoguen en el mar; Italia está llena, Italia para los Italianos.

No será, me temo, ningún otro país de Europa, todos ellos apremiados por mil urgencias, en muchos de ellos con movimientos reaccionarios subiendo, si no están ya en el Gobierno.

Tampoco será EE.UU., por razones obvias. Ni Canadá, con su Primer Ministro que cínicamente apuesta por producir los combustibles más sucios del planeta.

No será Latinoamérica, donde ningún país se libra actualmente de las tenazas cada vez más cerradas de la crisis que aquí se describe como futura y allá es bien presente.

No será China, fábrica sucísima del mundo. No será Japón, agobiado desde hace más de 20 años por volver a la senda del crecimiento. Ni ningún otro país de Asia.

No sera Australia, gran productor, y a mucha honra, de carbón. Ni la Indonesia completamente volcada en la destrucción de bosques tropicales para cultivar palma. Ni el resto de Oceanía, por acción o por omisión.

No será Níger, Nigeria, Sudán del Sur, Argelia, Libia o Egipto, cada uno sufriendo una fase diferente de la maldición de los recursos. Ni será el resto de la sufrida África.

Solo nos queda la Antártida. Pero tampoco será allí.

La casa está en llamas, pero si miramos bien, está recorrida por infinidad de regueros en llamas. Y lo que se quema en ellos, en realidad, no es pólvora, sino personas. Personas que se queman, que malviven y sufren para mantener un sistema disfuncional que les está abrasando, simplemente porque no conocen ningún otro, porque no se les muestra ningún otro, solo variantes del mismo en las que lo único que puedes escoger es arder a la llama o a la brasa.

La casa está en llamas, sí. Pero si queremos apagar ese incendio, lo primero que tendríamos que hacer es apagar esos regueros de personas que arden, que son el combustible que mantiene vivas esas llamas que queman la casa.


Salu2.
AMT

miércoles, 26 de abril de 2017

Elegía del crecentismo



Queridos lectores,

Diez años después del inicio de la crisis, los indicadores macroeconómicos españoles nos muestran que el país está por fin saliendo de ese agujero. Durante más de dos años el PIB español ha estado creciendo y a buen ritmo. Lo peor de la crisis, nos dicen, ha pasado; ahora, por fin, avanzamos por la senda del crecimiento y de la recuperación.

Sin embargo, la percepción popular no es en general tan optimista.

Es verdad, dice la gente, que se está notando que la cosa mejora, que hay más empleo, que la gente sale más de vacaciones, que bares y hoteles se llenan... en suma, que hay más negocio y más actividad, y eso finalmente redunda en más empleo. Sin embargo, las condiciones laborales de la mayoría están cada vez más lejos del relumbrón de hace una década. La tendencia es a salarios más bajos y empleo con menos garantías: el salario más habitual en España es de unos 1.000 euros netos al mes, cantidad insuficiente para vivir con cierta holgura en las grandes ciudades, y hasta un 30% de los asalariados cobran menos que eso.

Pero no son sólo las bajas perspectivas salariales las que atormentan al asalariado español, o al que quisiera serlo. El fantasma del desempleo o del subempleo siempre merodean, y nadie puede sentirse relativamente seguro de no caer en ellos: porque ya tienes más de 40 años, porque tienes menos de 35, porque eres mujer, porque eres fácilmente sustituible... Todos saben que cuando se cae en el desempleo o en el empleo precario hay que salir inmediatamente de ahí, como si se hubiera caído en las brasas, pues en nada de tiempo se cae en la pobreza y la exclusión. Nadie quiere hablar de ello, las televisiones se afanan en disimular esa realidad disfrazándola de anécdota cuando es un fenómeno masivo y que, a pesar de la recuperación económica, apenas retrocede. De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística español, casi un 28% de los habitantes de España está en riesgo de pobreza o de exclusión social. Los medios de comunicación señalan que se ha producido una mejora con respecto al peor momento de la crisis, en 2013, cuando este riesgo llegó a afectar al 29,2% de la población. Poco más de un 1% que puede explicarse fácilmente con esos millones de españoles que han huido de España por razones económicas; de hecho, teniendo en cuenta ese éxodo la población en riesgo ha disminuido poco, quizá también porque los excluidos son poco dados a viajar, porque saben que serán excluidos aquí y en cualquier otra parte. O porque no tienen muchas esperanzas de poder mejorar.

No todos pierden, obvia decirlo. Hay quien ha salido ganando, pero en realidad son los menos. Hay algunos más que creen que podrían salir ganando, que pueden ascender dentro del sistema, y por ello siguen jaleando este absurdo y destructivo orden de las cosas, pero en realidad se autoengañan, porque el sistema necesita cada vez a menos, también de ellos. Pero mientras se engañan a sí mismos, nos engañan también a nosotros, repitiendo desde sus púlpitos mediáticos o sus carpas televisivas los mismos mensajes, modulados por matices aparentes pero con una unidad de fondo. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos dicen. Todos podemos mejorar si nos esforzamos, nos dicen. Ya nunca volveremos a la exuberancia de comienzos de siglo, nos repiten, aquello fue una locura y ahora hay que vivir de una manera "más racional", como si aquella exuberancia fuera en modo alguno culpa de los trabajadores. Tenemos que aprender a ser competitivos y adaptativos, nos peroran, tenemos que reinventarnos y, palabra estrella, emprender. Emprender quiere decir que dejemos de pensar en ser ocupados por cuenta ajena y que creemos nuestro propio negocio; trabajando duro y siendo más imaginativos que la competencia podremos medrar. Pero el hecho tozudo es que no hay grandes oportunidades de negocio, y la mayoría de la gente no tiene formación para aspirar a crear un negocio sofisticado con un gran nicho de mercado, entre otras cosas porque el mercado en su conjunto se está haciendo más pequeño con la pérdida de renta efectiva de las clases medias. Pero el consejo cala y algunos deciden "emprender", y así más de uno y más de dos redime todo su prestación de desempleo, pide dinero prestado a familia y amigos, y monta "su negocio": una cafetería, una panadería, una ferretería... La mayoría de estos negocios no duran más de seis meses; los pocos que atraviesan ese umbral temporal sobreviven porque posiblemente un negocio del mismo tipo y mayor trayectoria ha tenido que cerrar.
 

Éste es el panorama general. Consideramos que estamos recuperando "la normalidad", cuando el hecho es que un poco menos de un tercio de la población española malvive. Pero ésos no son los que leen blogs como éste, y si Vd. pertenece a esos dos tercios de la población aún segura y no le ve de cerca los colmillos a la pobreza y la exclusión, pensará que exagero. Algunos más displicentes dirán con sorna: "Ya está ese tipo de ese blog catastrofista diciendo que se acaba el mundo; pero mira, todo sigue igual".

En realidad, no todo sigue igual. Todo sigue su curso, que es un curso lento, como corresponde a los procesos históricos. El proceso histórico que estamos siguiendo es el del fin del crecimiento y el del fin de capitalismo. Si tal fin tendrá lugar de manera caótica u ordenada, revolucionaria o evolutiva, es algo que depende completamente de las decisiones que tomen los seres humanos que conforman esta sociedad. Puede haber muchas maneras de abordar y resolver este problema, algunas mejores y otras peores, algunas más tranquilas y otras más sobresaltadas, y yo no puedo decir cuál es la más conveniente porque no lo sé. Pero cerrar los ojos y negarse a aceptar que hay un problema, ésa sé seguro que no es una solución.

Y el primer paso para solucionar el problema es comprenderlo. Hay que comprender que estamos llegando al fin del crecimiento. Ésta es una realidad difícil de aceptar para quienes se sienten favorecidos por el sistema actual, por el mecanismo de crecimiento sin fin. Y sin embargo, independientemente de nuestros gustos y preferencias, el crecimiento está llegando a su fin porque está topando con los límites físicos que marcan nuestra biosfera.

Ahora mismo ya no hay grandes oportunidades de negocio. La gran esperanza de las TIC está tocando también sus límites, porque resulta difícil conseguir una mayor penetración de los sistemas de información y porque la Ley de Moore ha muerto, así que no se puede seguir integrando sistemas en cada vez menos tamaño. El negocio que da el planeta Tierra es el que es. Es inmenso, proporciona una gran prosperidad (no siempre bien repartida) y seguramente se pueden producir aún incrementos aditivos, pero el crecimiento porcentual, el tan buscado tanto por ciento de crecimiento anual, ya sea del 2 o del 5 por ciento, eso ya no se puede mantener. Ya no hay posibilidad de crecer de manera sostenida a esas tasas de crecimiento anual, sólo se puede crecer cuando primero ha habido una recesión, sólo para volver al mismo sitio de antes o un poco más abajo.  El sistema capitalista se está haciendo cada vez más pequeño, muy lentamente pero cada vez más sensiblemente, y para conseguir el crecimiento del capital el gran nicho que queda por explotar es el de las rentas de trabajo, básicamente reduciendo los salarios en aras de un incremento de productividad cada vez más difícil pues cada vez se valoran menos los productos en un mercado saturado y con menor renta disponible, justamente por la reducción de salarios. El proceso, de mantenerse, sólo podría conducir a la destrucción de la clase media y del Estado del Bienestar, y en el largo plazo ni por ésas se podrá garantizar las tasas de retorno del capital estipuladas. Eso pone una fecha de terminación al capitalismo tal y como lo concebimos ahora, puede que sea 20 años, puede que 50, quizá tan sólo 2, pero en todo caso sus días están contados.

Pero no se quiere creer que hemos llegado a este punto y se nos dice: "¿No lo veis? ¡La economía española lleva más de dos años creciendo a buen ritmo!". No es ninguna coincidencia que dos años y medio es el tiempo que el precio del petróleo lleva bajo, después del colapso de precios de septiembre de 2014. Este petróleo barato favorece el despegue de una economía tan basada en el petróleo como la española, donde a pesar de la gran caída general del consumo de energía desde los máximos de 2008 el petróleo aún representa más del 50% de la energía primaria consumida. Aquéllos que quieren creer en el espejismo económico español deberían mirar a Europa y darse cuenta de que en el resto del Viejo Continente no hay tal recuperación, la norma es el estancamiento o el crecimiento muy débil y renqueante. ¿Qué solidez tiene el crecimiento español, si los países más industrializados de su área no levantan cabeza desde el inicio de la crisis?


Mientras aquí se mantiene un modelo económico basado en los servicios de bajo valor añadido y en la construcción, a pesar de saber lo frágil que es delante de las crisis económicas internacionales, el resto de países van discretamente definiendo sus estrategias de cara a un futuro mucho más complejo de lo que aquí se intuye, y para el que nadie aquí se está preparando. Déjenme que analice con un poco de detalle un par de cuestiones asociadas con la crisis energética.

Desde hace casi 10 años Alemania se ha lanzado a un intenso programa de transformación de su matriz energética conocido como Energiewende ("transición energética", en alemán). El objetivo declarado de tal transición es aumentar la producción de energía de origen renovable dentro del objetivo de mejorar la sostenibilidad de la economía alemana y, se aduce, disminuir su huella de CO2. El hecho es que Alemania ha conseguido incrementar su producción energía renovable desde valores casi testimoniales hasta el 36% de la energía eléctrica (valor que no está nada mal, aunque recordemos que la energía eléctrica es sólo una fracción de la energía final consumida, en torno al 20% en los países industrializados y del 14% a escala global; así, en el caso de Alemania, la energía renovable representará menos del 9% de su energía final consumida). Lo curioso del caso alemán es que, a pesar del enorme despegue de la energía renovable las emisiones de CO2 no han disminuido, e incluso han aumentado ligeramente en 2015 y en 2016. ¿Por qué? La razón la podemos ver en el siguiente gráfico, que nos muestra la evolución de la producción eléctrica alemana durante los últimos años.



Si se fijan bien en la gráfica, verán que todo el aumento de energía renovable ha servido fundamentalmente para cerrar centrales nucleares (y en menor medida algunos ciclos combinados de gas). Sin embargo, el consumo de carbón se ha mantenido prácticamente constante, incluso el lignito -altamente contaminante y muy emisor de CO2 - ha aumentado ligeramente. Teniendo en cuenta que la huella de carbono de una central nuclear es muy pequeña, mucho más pequeña que la de una térmica de carbón, está claro que la Energiewende no está pretendiendo la descarbonización de la economía alemana, sino otra cosa. Básicamente, una salida ordenada de la energía nuclear. 

Se puede alegar que abandonar la energía nuclear es algo positivo debido a los riesgos que comporta. Siendo eso verdad, da más bien la impresión de que la urgencia del abandono de la energía nuclear tiene más que ver con la llegada del pico del uranio: como comentamos al analizar el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de 2014, todo apunta a que el pico del uranio ya se ha producido (y probablemente el del carbón también, pero ésa es otra historia). En ese sentido, el movimiento de Alemania contrasta con el de su vecina Francia, país que apostó mucho más fuerte por la energía nuclear. Las dificultades crecientes para conseguir uranio asequible estarían probablemente detrás de que en los últimos 4 años de manera permanente un 25% de las centrales nucleares francesas permanezcan paradas por uno u otro motivo; también estarían en el trasfondo de la intervención militar de Francia en Malí, y tendrían mucho que ver con el episodio del encarecimiento de la electricidad en España a principios de este año. En Francia se dejan oír ahora voces a favor de una rápida implantación de la energía renovable, a la vista de lo cara que resulta la nuclear. En Alemania esta decisión ya la tomaron hace tiempo, y a pesar de que los críticos atacan la Energiewende por haber encarecido la electricidad, probablemente Alemania está prefiriendo pagar más ahora para poder resistir mejor la crisis energética inminente. Una cuestión para meditar.

Los defensores de la energía nuclear suelen desdeñar el problema del pico del uranio alegando que si el precio es suficientemente alto aparecerán recursos de una manera exponencial. Esencialmente, a 200$ por kilo de uranio la producción se podría cuadriplicar. Este argumento resulta bastante miope, pues ya sabemos que hay un límite máximo al coste de la energía. James Hamilton, profesor de la Universidad de California San Diego, lo sitúa en torno al 10% del PIB, lo cual es consistente con los análisis basados en la Tasa de Retorno Energético (TRE) y con los que han realizado otros economistas como Gaël Giraud. De hecho, a 200$ dólares por barril de petróleo la producción de petróleo también podría cuadruplicarse, pero tal precio es simplemente imposible de soportar por la economía, porque en esencia el rendimiento energético de ese petróleo es demasiado bajo como para sostener una sociedad compleja.


De hecho, el escenario de precios altos para el petróleo parece el más probable para los próximos meses, de acuerdo tanto con la Agencia Internacional de la Energía como con el banco HSBC. La razón, analizada tiempo ha en este blog, es la brutal desinversión de las compañías petroleras, en su afán por simplemente sobrevivir (este tema se explica en detalle en la nueva versión del prontuario). En ese momento podremos comprobar si la inversión en explotación petrolífera se recupera o, como parece más probable, entramos en una nueva fase destructiva de la espiral del descenso energético. La crisis económica y financiera mundial que seguirá llevará de nuevo los precios del petróleo a la baja y a los países productores a un paso de las revueltas internas. ¿Invadiremos Argelia? Sólo el tiempo lo dirá.


Y a pesar de la relativa tregua que el petróleo barato le está dando a las economías occidentales, el malestar crece. Un malestar que lleva un día a un (fallido) referéndum en Grecia que habría sacado el país de la zona euro, otro día a un referéndum (exitoso) para sacar al Reino Unido de la Unión Europea, más tarde a la victoria de Donald Trump en la carrera presidencial de los EE.UU. y que en estos días lleva a Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que aunque no gane la ponen un paso más cerca del Elíseo, aunque sea a cinco años vista. Movimientos del mismo corte son generalizados en todo Occidente, hay un avance aparentemente imparable del populismo, de políticos de escasa catadura moral pero que proponen una reforma radical del sistema político, y mucha gente los considera una alternativa atractiva e interesante porque ya no compran el discurso tradicional de una élite vista como corrupta y subsidiaria del poder económico.

Y Vd., querido lector, incluso si es Vd. un afortunado miembro de esos dos tercios de la sociedad que no se ve en la pobreza o en la exclusión social, párese a pensar: ¿qué estamos ofreciendo a la juventud? Incluso los hijos de las clases altas no tienen claro el futuro. Se les pide que se esfuercen, que se sacrifiquen para que, quizá, tal vez, puedan tener un sueldo casi digno, no de emancipación, en algún momento no demasiado temprano de su vida.
Y a medida que vamos vamos más abajo en la escala social el futuro es más negro.

¿En aras de qué mantenemos esta situación? ¿Cuál es la ventaja de mantener un sistema económico que de manera palmaria es ya disfuncional, y que mostrará una mucho peor cara cuando la nueva oleada recesiva emerja?

El problema es la obsesión con el crecimiento económico. No sólo los agentes económicos; también los partidos y sindicatos sólo contemplan la creación de empleo a través del crecimiento económico, y se les hace impensable un escenario en que el crecimiento económico ya no sea posible; y no hablemos ya de abrazar el decrecentismo como fundamento ideológico. Hay demasiado miedo al rechazo social que genera la idea de decrecimiento, a pesar de que el 37% de la población española está ya, a día de hoy, dispuesta a abandonar el crecimiento. ¿Es que su opinión no cuenta? ¿Saben más los presuntos expertos que un día desbarran sobre el falso milagro del fracking en EE.UU. y otro apoyan con oscuros argumentos la austeridad como medida eficaz anti-crisis? En esa misma encuesta que enlazo arriba se muestra que sólo el 4% de la población española apuesta incondicionalmente por el crecimiento, frente a un 16% que apuesta incondicionalmente por todo lo contrario, por detenerlo por completo.

Seamos honestos: la idea de abandonar el crecimiento es ya bastante madura en la población, y el próximo recrudecimiento de la crisis hará que esta opción se convierta en mayoritaria. En realidad, hace una falta urgente un plan de decrecimiento. Pero tal cosa no va a suceder en tanto que nuestros dirigentes políticos y económicos no superen la fase de duelo en la que están respecto al crecentismo, es decir, la ideología del crecimiento. Ya está bien de maquillar estadísticas, ya está bien de mirar hacia otro lado, ya está bien de intentar ver con el prisma crecentista la evidencia que se acumula y que muestra que el crecimiento se acabó.

Así es, señores. Se acabó el crecimiento. Dejen de soñar quimeras, dejen de imaginar soluciones tecnológicos que nunca cuajan y no responden a los problemas que tenemos ya, aquí y ahora. No es una situación coyuntural, sino un problema estructural. Si lo necesitan, lloren por el crecimiento perdido; pero después séquense las lágrimas y pónganse a trabajar, pues nos falta, entre otras cosas, tiempo.

Si Vd., querido lector, es un responsable político y ha llegado aquí porque tiene dudas, sepa que tiene dos preguntas sobre la mesa: 
  1. ¿Es el crecimiento económico deseable? 
  2. ¿Es el crecimiento económico posible?
No se trata, no, de que conteste a estas dos preguntas: la respuesta a ambas ya es conocida y es un rotundo NO; este blog rebosa de la evidencia que avala estas respuestas. Lo importante es que piense cuál es el orden en que se plantea estas dos preguntas. Si se las plantea en el orden en que están escritas, probablemente Vd. comprenda los innumerables problemas que plantea el crecimiento, y con la segunda pregunta está intentando justificar la primera. Si las plantea en el orden inverso, probablemente comprende las limitaciones que imponen los límites biofísicos del planeta, y propone la segunda pregunta para consolarse. Si es así, aún está superando su fase de duelo. Dése su tiempo y supérelo. 

La ideología del crecimiento ha muerto, ¡Larga vida al decrecentismo!





Salu2,
AMT

jueves, 28 de abril de 2016

Distopía IX: El fin del dinero (y III)


[Nota: Los personajes que aparecen en este relato son completamente ficticios, y no se refieren a ni están inspirados en personas reales actuales o pasadas]

[Enlace a la primera parte  y a la segunda parte de este relato] 

Era evidente que Rick Evergreen tenía necesidad de explicar su historia, la historia real de lo que había pasado durante los últimos años, más allá del discurso oficial en el que también él había creído hasta hacía poco. Los consejeros, que habían llegado a aquella sala pensando que podrían solucionar la crisis en curso pidiendo la cabeza del consejero delegado, entendían por fin que la situación debía ser mucho peor de lo esperado cuando resultaba que el mismísimo Manuel Fernández de Córdoba parecía estar colaborando estrechamente con Evergreen. Manuel era un consejero muy veterano, y si había sobrevivido a mil batallas y fusiones había sido gracias a su habilidad para mantenerse a flote. Si Manuel estaba involucrado quería decir que ése era el bando ganador, si es que había algún bando ganador. Ni siquiera Koplack parecía tener ganas de discutir, después de ver la reacción de su viejo amigo.

- Esta bien, Sr. Evergreen. Parece que Vd. y el Sr. Fernández de Córdoba tienen algo importante que contarnos - dijo Koplack Shund muy pausadamente - Ahora tienen toda nuestra atención: somos todo oídos.
 
Rick Evergreen miró un momento a Manuel, quien asintió con un leve cabeceo y guiñando ambos ojos.

- De acuerdo, señores - dijo Rick, y tomó aire para continuar - Lo que ahora les contaré es la historia real de la evolución económica de la Humanidad durante las últimas décadas. No tiene nada que ver con lo que les acabo de contar, porque toma una perspectiva completamente diferente: en vez de fijarnos en la evolución de United (indiscutiblemente espléndida hasta 2040) me fijaré en la evolución de todo el mundo.

- Todos los datos que Rick presentará han sido recopilados exhaustivamente por un equipo multidisciplinar durante más de un año de duro trabajo, y han sido corroborados por diversos métodos, hasta tres veces - la voz de Manuel sonó ronca y profunda - No lo duden ni un momento: ésta es la verdad.
 
Rick miró un momento a Manuel, asintió levemente y retomó su discurso:

- Como han visto en la primera parte de mi presentación, el poderío de los holdings fue ascendiendo en paralelo a su concentración, hasta culminar en la fusión de los dos últimos holdings, el de United y el del National, en 2039. Si Vd. miran la evolución económica del United, ésta siempre ha seguido una curva ascendente (hasta, justamente, el comiendo del Lustro Negro en 2040); sin embargo  - dijo Rick, señalando imperiosamente los otros gráficos - el resto de compañías evolucionaron de manera menos brillante. De hecho, si comparan su evolución con la fecha de su fusión o absorción podrán ver que todas las compañías llevaban entre 2 y 5 años de pérdidas en el momento de desaparecer.

- Es un juego sólo para ganadores; aquellos que no se adaptan deben desaparecer - dijo Koplack.

- Es un juego no de suma cero, sino de suma negativa, Koplack - dijo Manuel - Si se mira lo que han hecho todas las compañías a la vez, se ve que su evolución conjunta lleva siendo negativa desde 2022, quizá desde antes: es difícil de saber debido a que antes de esa fecha había muchas más compañías.

- De hecho, el balance del United fue creciente hasta 2039 básicamente porque compraba a bajo precio - apostilló Rick - En la práctica, cada proceso de compra, absorción o fusión permitía regularizar la situación de pérdidas acumuladas, evaporando una parte de la deuda e incrementando los activos de United, aunque disminuyeran los del mundo en su conjunto. A United le benefició la política de la compañía de no asumir nunca ninguna deuda: United siempre exigió la liquidación de la deuda como paso previo a comprar una compañía; la razón, como saben, es que la mayoría de las compañías no tenían grandes deudas con United y United no quería adquirir obligaciones con terceros. Pero las otras compañías no fueron tan cuidadosas. En la mayoría de los casos, la absorción de una compañía pequeña por parte de otra mayor se efectuaba a cambio de una condonación de la deuda que la primera tenía contraída principalmente con la segunda. Muy frecuentemente, la deuda pendiente era superior al valor real de los activos adquiridos, y el desfase hacía tanto daño en el balance contable de la segunda compañía que la desestabilizaba a su vez, y acababa siendo absorbida por una tercera aún mayor, y así sucesivamente. Estas cascadas de absorciones y fusiones, producidas por la regularización forzada de la deuda, es lo que llamamos los "Excitantes años 30", cuando en realidad lo deberíamos haber llamado los "Agonizantes años 30". 

- No veo cuál es el problema en ello - repuso Nicolas - United ha sido capaz de detener el proceso de quiebras en cascada en todas sus adquisiciones. De hecho, mirando los gráficos que presentas, se ve que United es el punto final de todas esas cascadas: nunca nadie fue capaz de desestabilizar United hasta el punto de hacerlo quebrar. El balance de United siempre fue sobradamente saneado.

- ¿Y nunca te has preguntado por qué, Nicolas? - dijo Manuel, la cabeza hundida en los hombros; y antes de que Nicolas pudiera decir lo previsible, añadió - Y no me salgas con la vieja y manida excusa, "United efectuó una mejor gestión". ¿En qué, concretamente, se distinguió la gestión de United de la de los otros holdings? ¿En qué, por ejemplo, de la del National, que al final tuvo que ser rescatado - sí, Nicolas, no me pongas esa cara de ofendido - por United en una operación generosamente disfrazada de fusión? Tú estuviste en el National: ¿qué crees que hizo el National peor que el United?

- Bueno, no sé... - empezó a hablar Nicolas, y a cada cosa que decía Manuel le espetaba un cada vez más sonoro "¡No!" - el National tomó demasiados préstamos con riesgo... invirtió en actividades que al final no resultaron tan productivas... gestionó peor la productividad de sus trabajadores... o no les supo dar incentivos... no consiguió penetrar con sus marcas tan bien en el mercado... - al final, ya harto, Nicolas se dio por vencido - Bueno, Manuel, ¡no lo sé!
 
- Eso es, Nicolas. No lo sabes. - dijo Manuel - No lo sabes y eso que tú estuviste en el National... ¿cuánto, 20 años? 18 años. Y no es una crítica, Nicolas: tú hiciste correctamente tu trabajo: lo ejecutaste según los parámetros que te habían indicado. Lo que sucede es que esos parámetros de actuación eran erróneos. Suponían que se podía crecer siempre cuando el mundo estaba ya decreciendo.

En condiciones normales al menos media docena de consejeros hubieran protestado por esa mención al tema tabú, el decrecimiento; pero el aplomo de Manuel y lo inquietante de la situación - de la calle llegaba esporádicamente el sonido de algunos disparos de las fuerzas de seguridad - hizo que nadie osara abrir la boca, ni siquiera Koplack, cuyo semblante parecía cada vez más sombrío a medida que iba comprendiendo la gravedad de la verdad que Manuel y Rick habían traído a esa sala.

- La verdadera razón del éxito de United es ésta: - dijo Rick, retomando su presentación; en la transparencia se veía una foto de una máquina enorme que formaba una especie de aro gigante - Señoras y señores, les presento el Núcleo.

Las miradas de los consejeros reflejaban su extrañeza; ¿pensaba el consejero delegado perderse en la discusión de detalles tecnológicos?

- Ya sé lo que están pensando: Vds. son macroeconomistas, no tecnólogos. - dijo Rick, anticipándose a los comentarios - Quizá, después de todo, ésa es una buen parte del problema: de todos los que nos encontramos aquí, sólo hay una persona con conocimientos de ingeniería, Manuel Fernández de Córdoba. 

- El Núcleo - dijo Manuel - es un sistema informático de altas prestaciones que es el corazón de nuestro sistema monetario. Dotado de múltiples sistemas de protección y de encriptación, fue creado para garantizar la estabilidad del sistema monetario electrónico: todas las transacciones del mundo son mediadas por esta instalación. Se podría decir que todo el dinero del mundo, todo él, está allí. O mejor dicho: estaba...
 
- Poco antes de los "Excitantes años 30" - la voz de Rick casi sonó cantarina - United se adjudicó el contrato de mantenimiento del Núcleo, lo cual incluía tanto la reposición del hardware como la mediación de las transacciones electrónicas, cuyo volumen era ya descomunal y requería muchos recursos; todo ello, a cambio de una minúscula comisión por cada gestión. En aquella época los otros holdings prácticamente se rieron de United por hacerse cargo de un negocio tan minorista - la sonrisa de Nicolas confirmó este extremo - Al haberse de emplear tan a fondo en la gestión del Núcleo, United redujo enormemente su actividad en otras áreas del negocio y dejó el campo expedito para el resto de holdings
  
- Nadie tuvo demasiado interés en adquirir United porque todo el mundo desdeñaba el negocio minorista del dinero y nadie quería cargar con él - continuó Manuel - Necios. Resultó que el único negocio rentable en un mundo en decrecimiento forzado por la escasez de recursos, desde el petróleo hasta el carbón, el gas y el uranio, y donde la degradación ambiental ha menoscabado durante décadas el rendimiento económico, el único negocio rentable a la larga era el cobro de comisiones por cada transacción.

- Así es - remachó Rick - Si uno mira la rentabilidad media durante los últimos 25 años de todo tipo de inversiones y actividades se ve que es negativa en todos los sectores excepto en el de la intermediación monetaria. Quizá por un golpe de genio o por un golpe de suerte, el caso es que United poseía el único negocio que podía tener una rentabilidad duradera mientras el mundo se iba haciendo más pequeño.

Hizo una pausa mientras bebía agua para mirar a los consejeros, los cuales iban con cierta resistencia aceptando que las cosas eran como les exponía Rick. Que si United había prosperado era porque se había dedicado a recoger los céntimos de cada pago millonario, siempre sin tener deuda de otros, siempre sin aceptar deuda como pago, siempre cobrando al contado, en el único negocio que, a la postre se vio, podía prosperar en un mundo en decrecimiento.

- En esa lucha diaria de los grandes holdings por mantener su rentabilidad - continuó Rick - se tomaron muchas decisiones que tenían sentido en las décadas previas a los años 20 pero que eran completamente contraproducentes en la nueva situación. Y cuando United se hizo con todos los activos que habían sido de los holdings y no tuvo a quién cobrarles sus comisiones, tuvo que seguir en esa misma lucha. Ese estancamiento económico de United es lo que llamamos el Lustro Negro: cinco años seguidos que rompen la tendencia creciente histórica de United. Ante este parón, todos los consejeros recibimos de nuestros accionistas el mandato de incrementar a toda costa la productividad, ¡y vaya si lo hicimos! Hubo despidos masivos de trabajadores por baja productividad, y se exprimieron al máximo los recursos de la Tierra, recurriendo a técnicas muy avanzadas pero también muy agresivas.

- Básicamente, lo quemamos todo; - dijo Manuel - quemamos las personas y también la propia Tierra. Los trabajadores despedidos dejaban de tener la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas, que antes les proporcionaba la empresa, y se convirtieron en auténticos parias. Hubo muchos choques violentos con las fuerzas de seguridad que tuvieron que ser reprimidos en enfrentamientos a sangre y fuego, sin piedad: yo mismo ordené varios. Los supervivientes se morían de hambre y comidos por las enfermedades en las calles, hasta el siguiente estallido violento, alimentado por las nuevas masas de desposeídos. Al final, hace cosa de un par de años, al principio unos pocos y luego la mayoría, los despedidos comenzaron a huir a los Territorios Perdidos.

 
- Como saben - dijo Rick con tono profesional, y pasando la transparencia correspondiente - los Territorios Perdidos son aquellas zonas del planeta donde la degradación ambiental debida a las actividades industriales hacen desaconsejable la permanencia de seres humanos, y que fueron abandonadas por los holdings cuando su rentabilidad se volvió negativa. La mayoría de los Territorios Perdidos son tan inhóspitos que han hecho el trabajo de acabar con los excluidos mejor que los cuerpos de seguridad, - Rick no pudo evitar mirar de reojo al capitán del retén que, impasible, se mantenía al lado de la pared - pero en algunos de ellos la Naturaleza ha sido capaz de regenerar el daño ambiental lo suficiente como para permitir la vida a pequeños campamentos de excluidos.

- Por concluir - dijo Manuel - todas esas medidas que tomamos expeditivamente para mejorar la productividad de United hicieron justamente lo contrario: hacer caer más rápidamente el balance de United: con menos consumidores y menos lugares de donde extraer recursos, la producción era cada vez más cara y menos gente se la podía permitir. De manera progresiva, los que aún trabajamos para United nos hemos ido confinando en áreas cada vez más pequeñas, en ciudades-fortaleza donde hemos vivido aislados de todo el caos y la destrucción que nos rodeaba. Caos que iniciamos hace décadas y que fue creado por los inútiles intentos de crecer en un mundo que ya no daba para más. Pero no somos conscientes de él porque hemos aceptado como cosa natural restringir nuestros movimientos e ir solamente de un lugar que consideramos seguro a otro similar, sin tener ya la curiosidad de mirar qué hay más allá de la valla. Pues es eso que les muestra Rick: miren, señores, en qué se ha convertido nuestro planeta; más bien, en qué lo hemos convertido.


Mientras Manuel iba hablando Rick iba pasando transparencias de imágenes de satélite. Cada transparencia mostraba las principales conurbaciones del planeta y cómo habían evolucionado en los últimos 60 años: creciendo exponencialmente hasta 2020, decreciendo después hasta convertirse en las fortalezas que comentaba Manuel. También mostraba imágenes de la evolución de bosques, praderas, montañas, lagos, ríos... Dios mío, Rick no se podía creer todo lo que estaba viendo y eso que era él mismo (guiado por la mano de Manuel) quien había preparado la presentación. ¿Cómo podía haber estado tan ciego¿ ¿Cómo podía ser que el consejero delegado de United hubiera sido tan ignorante y tan necio? Dios mío, si la cosa ya era completamente evidente 30 años antes. ¿Por qué no habían hecho nada ya entonces? ¿Por qué nadie había actuado ya desde aquel momento de principios del siglo XXI, delante de esas verdades evidentes?

El mar Aral

 
El lago Chad

 
 
Bosque amazónico


Groenlandia
 
Cráter en el permafrost siberiano, julio de 2015


Explotación de arenas bituminosas en Alberta, Canadá
 
El río Colorado, en los EE.UU., década de los 10.


Saltaba a la vista que los consejeros se sentían sobrecogidos con lo que estaban viendo; parecía que para muchos de ellos era su primer contacto con la realidad que habían creado o como mínimo contribuido a mantener. Rick creyó ver en algunos una cierta mirada de culpabilidad, un sentimiento de íntima vergüenza. Aquellos hombres y mujeres, que se creían que eran semidioses ,resultaban ser en realidad unos vándalos que lo habían destruido casi todo... En realidad ya todo, a tenor de lo pasado en las últimas horas.

El primero en reaccionar fue Koplack. Era evidente que para el viejo banquero nada de lo que estaba enseñando Rick era realmente una noticia. Además, al fin y al cabo, recordó Rick, provenía de una larga estirpe de banqueros que, por la fama que tenían, más valía calificar de usureros; y por eso mismo no le debía ver tan de mal al hecho de cargárselo todo.

- De acuerdo, hemos hecho cosas horribles. Pero ahora somos los amos de todo, de todo lo que todavía tiene algún valor en este planeta - dijo Koplack - Todo en este mundo es propiedad de United. ¿Por qué no disfrutamos simplemente de lo que tenemos? - y haciendo un esfuerzo para vencer la repugnancia que le causaban aquellas palabras añadió - Incluso si es cierto que ya no se puede crecer...
 
- Porque no somos amos de todo - dijo Manuel - No somos amos del Destino, y no podemos cambiar la naturaleza de las cosas. Como dijo Rick al principio, la suma de cada una de nuestras decisiones, racionales cada una de ellas, nos han llevado a nuestra autodestrucción. En nuestra necedad sin límites hemos destruido la base de nuestra riqueza. Se podría decir que le hemos prendido fuego al banco donde guardábamos nuestros ahorros. Por mor de seguir con esa estúpida busca de un crecimiento que ya no era posible hemos destruido, de manera perfecta y completa, el dinero.

Koplack le miraba perlejo, sobre todo por el crescendo de excitación con el que Manuel iba pronunciando sus palabras. Rick intervino:


- Permíteme, Manuel - dijo Rick - Lo que Manuel quiere transmitiros es que por culpa de nuestros errores colectivos hemos destruido lo que era la base de nuestra riqueza. Por culpa de errores concretos que han sido cometidos por todas y cada una de las personas que se sientan en esta mesa hemos permitido la destrucción del Núcleo.

- ¿El Núcleo está destruido? - preguntó, alterado, el consejero encargado de la dirección de finanzas - Entonces, no podré autorizar nuevos gastos...

- Ni pagar salarios, ni hacer reparaciones, ni comprar comida... ni tú ni nadie, muchacho - dijo Manuel.

- Pero, ¿por qué está destruido? - preguntó Nicolas.

- Porque tú, como consejero del área de suministros energéticos - le espetó Manuel a la cara - consideraste que no era primordial la reparación y mejora de la red eléctrica de la Región Norte-Occidental, dado que el número de trabajadores premium en aquella zona es mucho menor actualmente y sus necesidades podían ser cubiertas con la red actual, "aún cuando se produzcan a veces algunas pequeñas interrupciones temporales", me dijiste literalmente. Lamentablemente, y eso que te lo advertí, el Núcleo, al igual que otras instalaciones críticas que ahora no vienen al caso, está justamente en esa región; y tras el último apagón de 3 horas los sistemas de alimentación ininterrumpida no pudieron soportar más la carga y estallaron.  

- Eso es ridículo; - dijo el jovencísimo consejero de infraestructuras - un sistema de alimentación ininterrumpida puede soportar más de 3 horas y no debería, en ningún caso estallar.


- Quizá es así sobre el papel o en tu tabla Excel, pero en el mundo real los sistemas de alimentación ininterrumpida pueden estallar, y estallan, si no están bien mantenidos. Y éstos no lo estaban. Lo cual, por cierto, es culpa tuya - dijo Manuel, con evidente desdén - Tú ordenaste reducir la dotación de ingenieros del Núcleo porque la considerabas excesiva, y redujiste los suministros de hardware a la cuarta parte.


- ¡El análisis de costes mostraba que había un elevado grado de redundancia, del todo ineficiente! - se justificó el joven.

- ¡¡Por supuesto que era redundante!! ¡¡Te lo he explicado mil veces y nunca lo entendiste!! ¡¡No sabes nada de ingeniería ni de gestión de sistemas críticos, y aún así ignoras las peticiones de los que sí sabemos!! Contempla ahora las consecuencias...  - gritó Manuel, perdiendo por un momento los nervios - Pero, claro, tú no eres ingeniero. Estudiaste Macroeconómicas, que es prácticamente lo único que se estudia, los pocos que lo hacen, hoy en día. Y estás aquí porque tu padre se cansó de trabajar, cobró todos sus pluses y te metió aquí para bregarte y convertirte en un hombre, mientras él disfruta de unas vacaciones perpetuas en el Nuevo Caribe. Y lo único que has hecho aquí es seguir como un lelo las cuatro consignas que te dio tu viejo, que como mínimo sí que sabía lo que era un tornillo, por el amor de Dios. Qué narices os deben enseñar en la facultad.. 

- Manuel, los planes de formación de la Universidad de United están perfectamente homologados y cumplen sobradamente con los criterios de calidad reconocidos - dijo la consejera de capacitación.

- Para ti Sr. Fernández de Córdoba, preciosa - dijo Manuel con desprecio y poco disimulado machismo  - ¿Y tú que vas a saber, si estudiaste con esos mismos planes, si estás aquí porque también tu padre se cansó de trabajar? ¡Si la mitad de los que estáis aquí nos sabéis hacer la 'o' con un canuto! ¡Si no habéis tenido que trabajar en serio un sólo puñetero día de vuestras vidas, y os permitís el lujo de cuestionar el trabajo de tanta gente que se ha dejado literalmente la piel para sacar esto adelante!

El consejero de finanzas, que era un poco más viejo y un poco más sabio (o al menos prudente) que sus compañeros, carraspeó para llamar la atención de Manuel


- ¿Sería posible arreglar el Núcleo para recuperar las pérdidas? ¿O construir uno nuevo? - dijo.

- No tenemos ingenieros preparados - dijo lentamente Manuel, prácticamente deletreando cada palabra - El Núcleo se construyó hace décadas, y ahora ya no hay nadie con la preparación adecuada para repararlo o reprogramarlo, no digamos ya construir uno nuevo. Durante todos estos años no se ha planificado cuáles servicios eran críticos, y por tanto no ha habido incentivos para animar a la gente a formarse como ingeniero: es una carrera dura y sacrificada, y el trabajo de campo no lo es menos. La consejería de capacitación no tomó cartas en el asunto, a pesar de las decenas de informes que le envié sobre la cuestión - dijo casi gritando la última frase, mirando a la humillada consejera  - En el fondo, desde el punto de visto de la consejera formar más ingenieros para luego mantenerlos en nómina era un gasto más en la columna del Excel que iba en detrimento de la productividad global, y nunca había pasado nada que justificase tener ese ejército de ingenieros de reserva. Total, si a United ya le iban bien las cosas con el modelo actual. Nadie pensó que podría haber problemas con la sustitución programada de hardware; 

no digamos ya replicar un sistema como ése, con ese software tan complejo.

- Lo cierto es - dijo Rick - que con el Núcleo fallando ya no es posible hacer ninguna transacción económica más. La cuentas de todo el mundo, inclusive la de United,  se han esfumado: se han quedado todas a cero dólares - y antes de que el consejero de finanzas pudiera articular la siguiente frase, dijo - Y aunque ya hayamos reparado el sistema de alimentación, se han perdido los backups - también deficientemente mantenidos - y no tenemos a nadie con los conocimientos adecuados para hackear el sistema, rompiendo el encriptamiento, y reestableciendo el saldo de United. Créanme: llevamos meses trabajando sobre este escenario, buscando cómo remediarlo cuando se produjera lo inevitable, porque la situación actual se veía venir. Hemos intentado convencerles a todos Vds. de que era necesario invertir más en los servicios críticos: el Núcleo era uno de ellos, pero podía haber fallado otro, qué más da. Pero, no,  todos Vds. ignoraron nuestros requerimientos, los de Manuel y los míos, porque lo único que importaba eran los balances trimestrales, y sólo han pensando en recortar gastos. Pues bien, ya está: finalmente hemos llegado a donde nos dirigíamos. Se acabó. Básicamente, nos hemos quedado a cero: no valemos nada. Por eso los trabajadores no pueden adquirir ningún bien con sus bonos de United: porque no valen nada. Y por eso han comenzando las revueltas en la calle.



- Perdone, pero, ¿ha dicho que los bonos de United ya no valen nada? 

Todo el mundo se giró al r aquella voz, que no pertenecía a ninguno de los consejeros.

Rick miró al capitán del cuerpo de seguridad y dijo:

- Efectivamente. No valen nada. No podemos pagarles, ni a Vds. ni a nadie. Peor aún: no se puede comprar en los supermercados ni en ninguna parte. Ya no hay dinero. Es el fin del dinero.
  
El capitán miró a sus hombres y ellos a él, y sin decir nada todos ellos abandonaron la sala.

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- ¿Y ahora qué? - dijo Koplack.

- Ahora... - dijo Rick, y tras un segundo de titubeo, añadió -   Ahora nada.


Antonio Turiel
Abril de 2016