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lunes, 20 de junio de 2022

Crónica del caos - Junio de 2022

 

 

Queridos lectores:

He pasado unas semanas excepcionalmente ajetreadas, con mucho trabajo y una cantidad desmesurada de charlas y actos (44 de momento en este 2022), aparte de multitud de entrevistas en diversos medios (creo que salgo a una media de 3 por semana, más o menos). En añadidura, he escrito algunos artículos para revistas más convencionales. Eso ha hecho que haya tenido que descuidar bastante este blog, hasta el punto de que hace un mes que no publico nada. Creo que ya va siendo hora de corregir esta tendencia, y al tiempo dar paso al numeroso material acumulado que tengo de otros autores.

Antes de empezar a dar salida a los posts acumulados, me gustaría comenzar con un post de resumen de cuál es la situación que nos encontramos en este primer semestre de 2022. Año que por lo que parece ya ha sido bastante agitado, y bastante más que lo va ser. Por eso mismo, preveo que tendré que escribir con cierta periodicidad este tipo de posts, "Crónica del caos". Ojalá me equivoque.

No hay ninguna duda que el evento que más ha marcado este semestre es la invasión de Ucrania por parte de Rusia que comenzó el 24 de febrero. No voy a entrar en el análisis de las causas de esta agresión, ni cómo está evolucionando la guerra: el lector interesado seguramente encontrará muchos textos que le resultarán mucho más adecuados en otros lugares. La parte que a mi me interesa es la de las consecuencias de esta guerra. Al margen del coste de sufrimiento humano que ha supuesto y que va a suponer, sobre todo en Ucrania pero también fuera de ella, una consecuencia importante es que ha servido para disimular las tendencias en las que ya estábamos embarcados desde mediados del año pasado. Efectivamente, ahora parece que todo lo que está pasando es culpa de Vladimir Putin y de la guerra, y aunque es innegable que la guerra en Ucrania está complicando, y mucho, la situación, sobre todo por lo que se refiere al abastecimiento energético de Europa y de cereal en amplias zonas del globo, no lo es menos que muchos de los problemas actuales comenzaron unos meses antes del 24 de febrero de 2022. Por lo tanto, creo que es importante poner en un contexto más amplio y general todo lo que está pasando y evidenciar que los problemas vienen de lejos.

Y es que otro de los motivos para escribir este post es para intentar desmontar la ficción de normalidad que está bastante instalada en Europa y particularmente en España. Como a España aún no han llegado los peores efectos de la crisis energética global en la que estamos inmersos, no es para mi extraño encontrarme con gente que, altanera, se burla de mis preocupaciones sobre el peak oil y el peak everything, a pesar de la fuerza con la que ambos fenómenos se están manifestando. Querría que toda esa gente que dice "¿dónde está esa escasez de diésel de la que hablabas hace un par de meses?" sepa dónde, efectivamente, se está produciendo esa escasez de diésel y que vea que no tardando mucho podría llegar a producirse aquí, en España (y para mis lectores de otros países puede, por desgracia, ser ya evidente dónde se está produciendo la escasez de diésel).

Y es que una de las tendencias más preocupantes de nuestra sociedad es que, como dice el aforismo, se mueve sin solución de continuidad y sin paradas intermedias entre la autocomplacencia y el pánico. Pasamos de considerar que no hay ningún problema y que no tiene sentido tomar medidas preparatorias, tachando de alarmista a quien avisa de los peligros, a la histeria más absoluta, en la que todo el mundo quiere hacer cosas rápidamente para reaccionar, aunque se no sabe muy bien el qué y si realmente las cosas propuestas sirven para su fin declarado. 

Se añade a esto que los prejuicios, también ideológicos, no permiten ver la magnitud del problema: ya hace algún tiempo que me encuentro con excesiva frecuencia quien pretende desmontar mi argumentación sobre la base de mis presuntas predicciones fallidas  cuando pocas hay en este blog, no porque yo no me equivoque, sino porque hago pocas predicciones concretas. En vez de centrarse en la discusión técnica de las cosas que se presentan, en vez de intentar la imposible tarea de refutar que se está produciendo un pico en la oferta de petróleo o en la de diésel, se eluden las discusiones técnicas y se ataca a la persona, usando frases completamente fuera de contexto (ejemplo perfecto son los ataques basado en extractos de mis posts de finales de años sobre las previsiones para el año que entra, a pesar de que el párrafo inicial de descargo deja claro que no se puede acertar lo que va a pasar en tan breve plazo y que lo que se hace es un mejor ejercicio de prospectiva especulativa). Pero quien está contaminado por los prejuicios no quiere saber nada de eso, y busca a posteriori los motivos que justifiquen su toma de posición a priori, y nada de lo que se le diga le hará cambiar de opinión, por más evidencia que se le presente. A estas personas que tienen tales anteojeras de prejuicios, sobre todo los ideológicos, recomiendo dejarlas aparte, porque discutir con ellas no sirve para nada y porque solo ellas mismas podrán salir del agujero en el que han caído, si es que así lo desean alguna vez.

Hechas todas esas aclaraciones iniciales, centrémonos en la descripción de la actual situación de creciente caos y desconcierto en la escena internacional,  los cuales son principalmente consecuencia de los problemas que genera la Gran Escasez, o peak everything.

Escasez de combustibles:

A finales de 2021 publicamos la actualización del post "El pico del diésel". En aquel post mostrábamos que la producción mundial de diésel había caído prácticamente un 15% desde los máximos de 2015, 

 

y que la disminución de la producción de diésel tenía mucho que ver con los problemas del transporte en general y con los de extracción minera en particular, agravando la escasez de materiales en la que aún seguimos instlados (a pesar de que tantos insistían entonces en que era pasajera y que en pocos meses volveríamos a "la normalidad". Esta escasez de diésel viene motivada por el cambio de la proporción de los diversos hidrocarburos líquidos a los que llamamos petróleo y a la fuerte desinversión en todo el sector. Efectivamente, desde 2015 la única categoría de "petróleo" cuya producción crece es el petróleo ligero de roca compacta que se extrae con la técnica del fracking, sobre todo en los Estados Unidos. Al refinar este petróleo ligero se genera una mayor proporción de gasolinas y naftas y una menor de diésel y querosenos. Este problema podría ser compensado introduciendo mezclas adecuadas de petróleos y haciendo adaptaciones en las refinerías, pero lo cierto es que la inversión en refinerías está disminuyendo. Y es que, consistentemente, las petroleras no solo han desinvertido en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (recordémoslo, un 60% desde los máximos de 2014),


es que además tampoco están invirtiendo en las refinerías, en algunos países desde hace décadas. Así que incluso en países como los EE.UU. hay un problema de escasez de combustibles, aunque es un problema ahora mismo extendidísimo; por poner unos ejemplos: Reino Unido, Hungría, Sri Lanka, Laos, India, Paquistán, Kenia, Senegal, Nigeria (país que por cierto exporta petróleo a España), Sudáfrica, Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia o Argentina. Y luego otros sitios donde sale el Gobierno a decir que "no hay escasez", como en Kazajistán. M
uchos de estos países son productores de petróleo pero aún así se enfrentan a una situación de escasez de combustibles, en parte por el descenso de la producción de petróleo desde el máximo de noviembre de 2018, en parte por la cuestión de la desinversión en refinerías. La crisis, que afecta sobre todo al diésel, genera efectos rebote en el resto de combustibles, y particularmente en el queroseno, ya que se puede añadir una pequeña proporción de queroseno al diésel y se está haciendo para paliar la rampante escasez del mismo. De hecho, el problema de escasez de combustibles es tan rampante ahora mismo en la mayoría del mundo que sorprende la enorme ceguera de los europeos (excepto los que lo viven en sus carnes, como los húngaros) sobre este tema, y cómo es que no anticipan que pronto les va a afectar a ellos, máxime cuando la Agencia Internacional de la Energía dice que van a faltar combustibles este mismo verano, "especialmente en Europa".


La escasez de energía en general, y de diésel en particular, está llevando a una situación de escasez de alimentos. Muchos países están tomando medidas proteccionistas porque no están seguros de contar con alimentos para su propia población:  Rusia dejó de exportar cereales en marzo, y tampoco Ucrania puede exportar ahora mismo con la guerra que les ha traído Rusia devastando su territorio. También Kazajistán y la India han prohibido exportar trigo. Malasia ya no exporta pollo e Indonesia ha prohibido las exportaciones de aceite de palma. Todo eso en un año en que la fuerte sequía en muchas regiones agrícolas de todo el planeta anticipa unas malas cosechas generalizadas, mientras en España vivimos la segunda ola de calor del año y ni siquiera ha llegado el verano. Todo eso en un contexto en el que a nivel mundial nos queda trigo para seis semanas más, justo para acabar la próxima cosecha, pero ya no tendremos reservas, se acabó la despensa y seremos más vulnerables que nunca. Todo eso, tenemos. El pasado mes de octubre la FAO avisaba que íbamos hacia una crisis alimentaria mundial sin precedentes, con sus índices de precios en máximos históricos.


Actualmente, el Banco Mundial habla de "catástrofe humanitaria" que va a afectar al 40% de la población mundial este año. Aquí, en la próspera e indolente Europa, también se va a notar. Ya se está notando en una fuerte inflación de los alimentos, y probablemente de ahí no pasará la cosa, pero en otros países habrá hambrunas y revueltas, porque de hecho ya las está habiendo: repasen la lista de países que di más arriba hablando de la escasez de combustibles y verán que en la mitad de ellos ya hay revueltas del hambre. Y recen para que el comercio mundial no se vea excesivamente afectado, o que el mundo deje de considerar el euro una divisa fiable, porque si no quizá nosotros mismos también tendríamos algunos problemas con los alimentos...

En medio de esta crisis desatada, de este desastre en progreso, de este caos que solo crece, la desorientación de nuestros líderes es sangrante. En EE.UU., la Administración Biden amenaza con utilizar una ley de tiempos de guerra para obligar a las petroleras a sacar más combustible de las refinerías, a pesar de que eso sea química y termodinámicamente imposible. Si esto falla, la última carta es prohibir la exportaciones de productos petrolíferos fuera de los EE.UU., con consecuencias a escala mundial. Al otro lado del Atlántico la desorientación no es mucho menor: en febrero la Comisión Europea declaró la nuclear y el gas como "energías verdes" (decisión ahora contestada por el Parlamento Europeo), pero lo que es peor es que en el reciente paquete de medidas REpowerEU se ha decidido incrementar el uso del carbón un 5% respecto a los niveles actuales, durante 15 años, para compensar la falta de gas ruso, tirando así a la basura tres décadas de legislación europea en la lucha contra el Cambio Climático. Porque, no nos engañemos, la transición energética nunca se basó en una preocupación por el clima y el medio ambiente: el telón de fondo era asegurar el mantenimiento del sistema económico actual, usando para ello las fuentes de energía que fueran necesarias; y si las renovables no valen, pues bueno es el carbón. Mientras tanto, se intenta dar un impulso desesperado a las renovables con los fondos NextGenerationEU, a ver si por casualidad suena la flauta y salvamos el capitalismo, aunque ya sabemos que son una falsa solución.

Atención a las próximas semanas, porque pronto, muy pronto, se va discutir sobre el racionamiento. Será interesante ver cómo se compatibiliza con el libre mercado, o cómo se pretende hacer ver que se ha hecho compatible.

Ésta es la crónica por el momento. Seguiremos actualizándola cuando convenga, probablemente varias veces en este año turbulento.

Salu2.

AMT

lunes, 22 de abril de 2013

Nuestra dependencia de los fertilizantes artificiales

Queridos lectores,

Luis Cosin me ha hecho llegar este análisis sobre la dependencia de la agricultura en los fertilizantes artificiales, y las limitaciones que emergen por los límites productivos de los mismos e incluso por la llegada del cenit energético. Imprescindible.

Salu2,
AMT

NITRÓGENO, FÓSFORO Y POTASIO
Este post pretende ser un alegato ecologista, aunque desde un punto de vista que quizá a algunos no les resulte familiar. Y es que ser ecologista tiene muchas caras, y es mucho más que protestar contra los humos y la contaminación.
No somos conscientes de la importancia del correcto reciclaje de los residuos orgánicos, y de la relevancia que va a tener en el futuro.
A continuación, intento explicar por qué:


El papel del Nitrógeno, el Fósforo y el Potasio
El Nitrógeno (símbolo N, número atómico 7), el Fósforo (símbolo P, número atómico 15) y el Potasio (símbolo K, número atómico 19) son tres elementos imprescindibles para los seres vivos.
  • El Nitrógeno forma parte de aminoácidos, proteínas y bases nitrogenadas del ADN. Entre un 10 y un 15% del peso de un ser vivo es Nitrógeno. Los aminoácidos enlazados en largas cadenas de enlaces peptídicos forman las proteínas, un componente básico de los seres vivos:






  • El Fósforo, aunque presente en menores cantidades en los seres vivos, es fundamental para los procesos biológicos, ya que es parte integrante moléculas tan importantes como los ácidos nucleicos (AND, ARN) y el ATP (que es el intermediario energético por excelencia dentro de la célula). Un ejemplo es la base Adenina (uno de los “ladrillos” del ADN):
     
  • El Potasio es un elemento esencial para los seres vivos, ya que interviene en procesos como la fotosíntesis y en gran cantidad de procesos bioquímicos dentro de las células. Es el responsable de que las células acumulen agua en su interior y no se deshidraten.
El Nitrógeno y el Potasio son mucho más abundantes que el Fósforo, aunque los tres son imprescindibles para la vida. Los tres juntos forman una especie de “tríada mágica” que permite garantizar la fertilidad y la producción agrícola en gran cantidad de suelos. Se habla de abonos NPK como la base de todos los demás.
En porcentaje de peso sobre materia seca, la presencia de estos elementos en los seres vivos es:
 
Todos los seres vivos heterótrofos (es decir, los que “comen” y “digieren” partes de otros seres vivos) obtienen el nitrógeno y fósforo de su alimento.
Son las plantas y los organismos fotosintéticos o autótrofos los que deben capturarlos del medio (aire y suelo), con la excepción de algunas plantas como la Drosera, que lo consiguen capturando pequeños animales.


Nitrógeno, o la historia de un despilfarro en nuestros vertederos
El nitrógeno es abundante en la atmósfera, ya que un 75% del aire que respiramos consiste en moléculas de Nitrógeno (N2).
EL problema es que la molécula de N2, donde existe un triple enlace entre los átomos de Nitrógeno, es extremadamente estable. Es decir, es necesaria una gran cantidad de energía para separar la molécula en sus componentes (941 KJ/mol de N2, es uno de los enlaces más fuertes que existen).


El Nitrógeno gaseoso es inerte y muy poco reactivo. Para romper la molécula y poder usar el Nitrógeno como ladrillo para construir otras moléculas, es necesario suministrar al menos esta energía (una parte se recuperará luego al formarse los nuevos compuestos).
Las plantas toman el nitrógeno del suelo, en forma de nitratos (sales del ión NO3-). Este ión se forma por varios caminos:
  • Por acción de las bacterias nitrificantes, que toman el N2 de la atmósfera y lo oxidan a ión nitrato (consumiendo en el proceso gran cantidad de energía, que obtienen de las raíces de las plantas con las que conviven en simbiosis, por ejemplo, las leguminosas).


  • Por acción de los descomponedores de la materia orgánica muerta (saprófitos: hongos y bacterias) que generan amonio (NH4+) y éste posteriormente se oxida de nuevo a nitrito NO2- y nitrato NO3- por acción de las bacterias nitrificantes.


  • Una parte de los nitratos del suelo se pierden por acción de otras bacterias (desnitrificantes).
El resultado es un ciclo biogeoquímico:
El Nitrógeno que sale de la cadena (por ejemplo, porque forma parte de cosechas y/o productos de ganadería que se exportan a otros lugares) debe ser repuesto si no queremos que el suelo pierda fertilidad.
Los métodos tradicionales de agricultura permanente (permacultura) incluyen métodos como:
  • El barbecho, consistente en dejar “descansar” el terreno para que crezca la hierba (que es una leguminosa típica) y así permitir que las bacterias nitrificantes hagan su tarea. Las leguminosas son de las pocas especies de plantas que pueden crecer en suelos pobres en Nitrógeno. Típicamente el barbecho debe hacerse sobre un suelo “blando” que pueda ser aireado convenientemente para que las bacterias tengan acceso al nitrógeno atmosférico.


  • O bien la rotación de cultivos en la que una de las fases consiste en un barbecho o plantar una leguminosa comestible, como las judías, las habas o la alfalfa. Un esquema típico es: (1) trigo (2) avena y (3) barbecho.




  • Y, por último, en la agricultura moderna, posterior a la “Revolución Verde”, el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados, que son sales de nitrato. Para evitar la salinización del suelo con cationes metálicos, el fertilizante de referencia es el nitrato amónico (sal de nitrato con el catión amonio, (NH4+)(NO3-) ). El nitrato amónico tiene la ventaja además que todos sus componentes (amonio y nitrato) forman parte del ciclo natural del Nitrógeno y así no dejan residuos permanentes.
Alternativamente, se usa el Sulfato de Amonio (NH4+)2(SO4-2), para corregir deficiencias en azufre (que es también un elemento necesario para las plantas) con el ión sulfato (SO4-2).
El problema aquí, aparte de la peligrosidad del compuesto (que puede provocar accidentes como el vivido recientemente en Texas con la explosión de una fábrica de fertilizantes que arrasó una población de 2.000 habitantes) es el elevado coste energético de obtener este compuesto a partir de las fuentes habituales de Nitrógeno (el aire).
La entalpía de formación (energía calorífica) es de 366 kJ/mol a partir de Nitrógeno, Hidrógeno y Oxígeno elementales. Teniendo en cuenta que 1 litro de gasolina almacena una energía de 38,65 MJ/litro, 1 litro de gasolina almacena la misma cantidad de energía interna que 105 moles de nitrato de amonio (8 kg de producto, más o menos).
En su conocido (y escalofriante) artículo “Comiendo combustibles fósiles”, Dale Allen Pfeiffer hace una contabilidad energética de la agricultura intensiva moderna y llega a la conclusión que un 31% de la energía total se utiliza para la fabricación de fertilizantes inorgánicos, principalmente nitrogenados. Es el apartado que consume más energía. Más, incluso, que la irrigación y el transporte juntos.
En los EEUU, se gastan anualmente 400 galones de petróleo equivalente (1.514 litros según la equivalencia del galón estadounidense; 1 galón = 3’785 litros; n. del t.) para alimentar a cada estadounidense (datos proporcionados en 1994). El consumo de energía agrícola se descompone como sigue:
  • 31% para la fabricación de fertilizantes inorgánicos.
  • 19% para el funcionamiento de la maquinaria agrícola.
  • 16% para el transporte.
  • 13% para regadíos.
  • 8% para aumentar la ganadería (no se incluye la alimentación del ganado).
  • 5% para el secado de cultivos.
  • 5% para la producción de pesticidas.
  • 8% gastos diversos (8)”
Pensemos que la mayor parte de ese precioso nitrógeno extraído de las cosechas acaba en las aguas residuales o en vertederos, lejos de los terrenos de cultivo. Reciclar adecuadamente la materia orgánica, tanto la sólida como la disuelta en aguas residuales, es una cuestión de eficiencia energética fundamental.


Fósforo, o el temido “peak agrícola”
El caso del fósforo es aún más delicado. No siendo un elemento abundante en la corteza terrestre, existe principalmente en forma de fosfatos (minerales que contienen sales de fosfato). El Fósforo sigue un ciclo en los ecosistemas que se ve alterado por la agricultura:

 
Aparte de los minerales de fosfato (como el fosfato de Calcio o Apatito) las principales fuentes de fósforo son los restos animales y vegetales (algunos ya fosilizados en rocas fosfáticas), y el agua del mar. Los excrementos de ave (guano) son excelentes reservas de fósforo y se usan ampliamente como fertilizante.
Con el fósforo ocurre algo parecido a lo que pasa con el Nitrógeno: la producción agrícola y ganadera con la exportación de la biomasa producida va retirando poco a poco el material (que no se recicla “in situ”, vía descomposición y compostaje) y va reduciendo por tanto la calidad del suelo.
Las principales vías para recuperar el fósforo perdido son:
  • Compostaje de materia orgánica traída de otros lugares (vertederos, algas marinas, pescado…etc.).


  • Guano (excrementos) de aves, sobre todo las que comen pescado. El Mar acumula una cantidad apreciable de fósforo que es asimilado por algas y peces y desde allí pasa a la cadena alimentaria.


  • Reservas de mineral de fosfato: son rocas fosfáticas que pueden ser minerales (como el Apatito) o fósiles (como el guano fosilizado presente en Marruecos y Chile).
En el marco del “peak everything”, se habla también del pico del fósforo. 5 países concentran el 90% de las reservas conocidas de fosfatos. Al ritmo actual de extracción, los EE.UU. agotarán sus reservas en menos de 30 años, y las reservas mundiales comenzarán a escasear en unos 75 o 100 años.   



El panorama para la agricultura es muy preocupante. Urge poner en marcha mecanismos de recuperación del fósforo utilizado en el sector agroalimentario para poder reducir la dependencia de los fosfatos importados.


El Potasio, de momento no supone un problema
Su abundancia en los suelos ricos en arcillas, que son los más frecuentes en la agricultura, es de un 3% aproximadamente.
 
La principal mena de potasio es la potasa (presente en California, Alemania, Nuevo México, Utah y en Canadá). En un futuro breve pueden convertirse en fuentes de potasio yacimientos en Argentina (Mendoza y Neuquén). Los océanos también son fuentes de potasio, pero a un coste energético mayor, ya que la cantidad de potasio del agua salada es muy inferior a la de sodio y es necesario un proceso de separación química.


Referencias