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lunes, 6 de abril de 2026

No Normal Tour: Por qué hay que actuar ya

 


Queridos lectores:

Incluso si por algún milagro la guerra de Irán parase hoy, teniendo en cuenta todo el destrozo ya hecho el mundo se enfrentaría a una importante crisis económica, justo cuando acumula una gran cantidad fragilidades y burbujas financieras. Pero es que encima la guerra no está acabando.

Pase lo que pase, no vamos a volver a eso que los medios de comunicación denominan "normalidad" (a pesar que esa "normalidad" esté llena de contradicciones y de prácticas horribles y aberrantes).

No se va a recuperar el statu quo. Su vida, querido lector, va a cambiar para siempre.

Que ese cambio suponga una gran pérdida de calidad de vida o una transformación hacia una sociedad más sana o sostenible, dependerá de cómo reaccionemos a lo que se nos viene encima.

Si seguimos persiguiendo el crecimiento económico, tendremos, en el largo plazo o no tan largo, ruina, paro y escasez, hasta miseria.

Si apostamos por poner las necesidades de la gente en el centro y por la sostenibilidad, podremos construir un mundo mejor.

Es ahora. No es en ningún otro momento: es ahora. Hay que entender, y hacer entender, que no hay vuelta atrás. Antes era necesario cambiar: ahora ya es imprescindible.

Por ese motivo, más de 30 personas (del mundo de la ciencia, la divulgación y el activismo) recorrerán durante una semana (del 13 al 19 de abril) toda España. Dando charlas. Explicando que esto se acabó. Que hay que cambiar. Que es bueno cambiar. Que podemos cambiar.

Todas con la misma presentación. Todas con el mismo mensaje. Cada una, con su manera de entenderlo y explicarlo. Cada una, poniendo su tiempo y su entusiasmo por un objetivo común. 

¿Y qué puede hacer Vd., querido lector, querida lectora?

El post que seguirá a este contendrá una lista de días, horas, ciudades y direcciones donde se van a impartir estas charlas. Hemos intentado conseguir salas lo más grandes posible para intentar que venga el máximo de gente.

Y ahí entra Vd., querido lector, querida lectora.

Busque la charla más próxima a Vd. y venga acompañada por una persona, por esa persona que jamás iría a una charla como ésta. Esa persona a la que esta charla quizá le cambiará la vida cuando vengan los eventos que por desgracia tienen que venir.

Ahora es el momento. El de crear momento. Podemos hacerlo.  

Empieza el No Normal Tour. Cuento contigo. 

Salu2.

AMT 

viernes, 7 de octubre de 2022

El porqué de un llamamiento

 


Queridos lectores:

Ayer, mientras aún me encontraba en Toulouse, escribí un mensaje en el canal de Telegram en el que difundo noticias de este blog y anejas. Dicho mensaje, en el que llamaba a una movilización de todas las personas concienciadas con el verdadero alcance de la crisis energética, alertaba sobre sus previsibles efectos a corto plazo sobre Europa y cómo eso favorecerá la implantación de discursos simplistas y fascistoides, y que por eso era crucial ocupar el espacio de debate desde ya. 

El mensaje se difundió rápidamente por las redes, siendo muchas veces replicado (aquí un ejemplo en LinkedIn, aunque creo que sobre todo ha corrido por WhatsApp, Telegram y similares). Quizá porque el tono del mensaje no es el habitual que yo suelo usar, y porque me encontraba de viaje y no fui muy reactivo en las redes, hay bastantes personas que han pensado que es un mensaje falso y que alguien me había hackeado el canal de Telegram. Así pues, creo que debo una explicación de qué es lo que digo y por qué lo digo, y a eso dedicaré el post de hoy.

Qué está pasando.

Están pasando muchas cosas, y llevan pasando meses. Desafortunadamente, no las he ido reportando regularmente en este blog como hacía antaño, en parte por la carga de trabajo, en parte porque he aceptado dar muchas charlas (el momento lo justifica), en parte porque en verano estuve acabando mi último libro donde detallo muchos de los procesos en marcha, en parte porque blogger está fallando mucho (y probablemente acabaremos migrando el blog a otra plataforma) y en parte porque últimamente atiendo a muchos medios de comunicación y escribo ensayos en otros medios, particularmente en Contexto y Acción. Eso puede hacer que aquellos lectores de este blog que no sigan mis publicaciones regulares en Twitter u otros medios no sean conscientes del alcance de lo que pasa ahora mismo. Sin pretender hacer un análisis muy exhaustivo (que preferiría dejar para otro post de la serie "Crónica del caos"), describiré someramente los aspectos generales de "lo que está pasando".

Europa está en este momento en una situación crítica. Es mucho peor de lo que mucha gente se imagina. El corte de suministro del gas proveniente de Rusia (que antes de la guerra en Ucrania representaba el 40% de lo que se consumía en la Unión Europea) no puede ser cubierto de forma completa  con cualquier posible combinación de otros proveedores (y eso incluye el propio gas ruso que China nos reexporta por buques metaneros). El anuncio el pasado mes de julio de un recorte de un 15% del consumo de gas por los países de la UE (reducido al 7% en el caso de España) no es ni de lejos suficiente para cubrir las "necesidades" del Viejo Continente. Pongo entre comillas "necesidades" porque éstas implican el consumo de la potente industria europea, que en la actual situación lo más probable es que acabe colapsando de manera más o menos completa, y en ese caso la demanda de gas de la UE caerá en picado, al mismo ritmo que aumenta el desempleo y la miseria. Es difícil exagerar la gravedad de la situación industrial de Europa: tanto la industria metalúrgica como la química enviaron sendas misivas a la Comisión Europea para comunicarles que no pueden continuar su actividad con los actuales precios de la energía y que se veían abocados al cierre de sus actividades en Europa y la deslocalización a otros territorios más asequibles. Una de las amenazas más severas al tejido industrial europeo es la situación del gigante químico BASF. La viabilidad de BASF se basaba en dos premisas básicas: la optimización extrema de las economías de escala con su macrocomplejo de Ludwigshafen, y el gas barato proveniente de Rusia. Recordemos que Rusia emprendió  sucesivas reducciones del flujo de gas a través del gasoducto NordStream 1, que conecta directamente Rusia con Alemania, hasta su detención total en julio; recordemos también que Alemania se ha visto obligada a nacionalizar tres grandes empresas distribuidoras de gas (Uniper, VNG y SEFE) para evitar el colapso de sus sistema gasístico. Pero BASF está renqueante, y si BASF detuviera sus operaciones toda la industria europea se vería afectada, ya que BASF proporciona todo tipo de productos (plásticos, disolventes, reactivos para metalurgia, medicamentos, etc) a buen precio que hacen la industria europea lo suficientemente competitiva. Si BASF cae, todo cae. Éste es el contexto en el cual tiene lugar la voladura de los gasoductos NordStream 1 y NordStream 2. Ahora ya no hay vuelta atrás. Alemania anuncia el establecimiento de unas cuotas de gas por persona, un mínimo vital (un racionamiento, a fin de cuentas) y también que cortará las exportaciones de electricidad, ya que consumen mucho gas natural. Exportaciones eléctricas de las que actualmente Francia es muy dependiente, con 31 de sus 57 centrales nucleares paradas y sin fecha clara para su reapertura.

Y en este contexto, España cortó sus exportaciones de electricidad hacia Marruecos, Portugal y Francia durante las horas punta de consumo de los días 4 y 5 de octubre. La producción prevista ya el día anterior no daba para cubrir la demanda proyectada, y la única opción fue detener las exportaciones.

Este tipo de situaciones, en las que con un día de anticipación ya se sabe que no se podrá cubrir todo el consumo, son infrecuentes. Muy infrecuentes. Las razones de la caída de la producción fueron una parada programada de la central nuclear de Almaraz y el nulo viento en esos días. Pero en condiciones normales se hubiera usado más gas natural en las centrales de ciclo combinado, y listos. Sin embargo, si se han fijado en su factura eléctrica, actualmente la compensación del coste del gas natural hace que el precio de la factura se duplique (bajo la rúbrica "Compensación gas natural RDL 10/2022"). La situación podría ser peor: España, con el mecanismo de topado de precio, evita tener que pagar toda la electricidad al precio del gas natural (cosa que está pasando en toda Europa), y así, las facturas eléctricas, que en España se han multiplicado por 2 o por 3, en la mayoría de Europa se están pagando a precios entre 5 y 10 veces superiores a lo de otros años.

España podría haber decidido quemado más gas, pero no lo hizo. No lo hizo porque no tiene sentido encarecer más el precio de la electricidad simplemente para que la consuman nuestros vecinos, encima a mejor precio que la de su propia electricidad en el caso de Francia. En España, al igual que en Europa, ya se está gastando más gas de lo habitual para generar electricidad por la necesidad de estabilizar la red eléctrica (algo que el maestro Beamspot ya ha abordado parcialmente en su serie "La lavadora de medianoche" y que se extenderá en futuras entregas). En suma, España no parece dispuesta a asumir los riesgos eléctricos y financieros de sus vecinos. Como decía recientemente Fatih Birol, la crisis energética puede deshacer la Unión Europea. Eso significa también que estamos solos. En realidad, cada Estado de Europa está ya solo para hacer frente a lo que viene, a este invierno. Es un sálvese quien pueda.

Conviene también recordar que la escasez de diésel ya está empezando a hacer mella en Europa. En la actualidad, falta casi el 25% del consumo de diésel de Europa, el cual se está cubriendo con las reservas estratégicas de algunos estados: Austria, Croacia, Suiza, Alemania y ahora Francia por culpa de las huelgas en las refinerías de Total. Pero las reservas estratégicas están ahí, se supone, para cubrir las necesidades delante de problemas puntuales, limitados en el tiempo. Las autoridades de todos esos países asumen que sus problemas son pasajeros, coyunturales. Lamentablemente, no lo son del todo, hay una fuerte componente estructural. Y vaciar las reservas estatales no es la mejor manera de comenzar el inevitable racionamiento que acecha en el horizonte (el cual solo puede retrasar una crisis tan fuerte que haga bajar temporalmente el consumo).

El problema de la falta de combustible no afecta solo a Europa. De hecho, ha afectado mayoritariamente a todo el planeta. Y últimamente también a los EE.UU.: la Secretaria de Estado de Energía exhortó hace un par de meses a las compañías petroleras a moderar sus exportaciones y a priorizar el mercado nacional, amenazándolas incluso con medidas ejecutivas. Con precios altos de la gasolina por todo el país y las elecciones de medio mandato en el horizonte, los EE.UU. han visto como un acto hostil el anuncio realizado por la OPEP+ de reducir en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus objetivos de producción de petróleo. Según la OPEP+ (que, no lo olvidemos, incluye a Rusia), el objetivo es mantener unos precios suficientemente altos para el petróleo delante del riesgo de recesión. Cosa realmente chocante, si se tiene en cuenta que el precio no era bajo en el momento de la decisión (más de 80 dólares por barril) y que los inventarios mundiales están en mínimos. En realidad, lo que ha hecho la OPEP+ es oficializar el hecho de que no pueden producir más petróleo, sino menos: hace meses que están a 3,5 Mb/d por debajo de los objetivos, sin ser capaces de revertir la tendencia. La OPEP ya ha superado su peak oil. Arabia Saudita probablemente ha pasado ya su peak oil. Pero nadie quiere hablar de ello.

Qué va a pasar.

Con estos mimbres, este invierno va a ser un sálvese quien pueda, en todo el mundo y particularmente en Europa y quizá en EE.UU. Va a faltar energía. Va a haber repetidos cortes de luz, programados seguro (cortes rotatorios) y accidentales posiblemente (aunque en España es probable que no haya ningún corte de luz reseñable, pero en Europa es ya inevitable). Va a morir gente de frío. Va a producirse un hundimiento industrial, con despidos en masa. Y si el descenso industrial no es suficientemente rápido, va a acabar habiendo racionamiento de diésel (que aunque a España no le debería afectar, porque está tan bien abastecida que incluso exporta, de acuerdo con el paquete REpowerEU aprobado por la Comisión Europea en mayo se le puede imponer racionamiento si otros países se ven obligados a racionar, y que exporte los excedentes así creados hacia esos países). En el peor de los casos, comenzarán a faltar incluso alimentos. Y todo eso durante este mismo invierno.

Y cuando pase el invierno las cosas mejorarán, pero solo un poco: sobre todo por lo que se refiere al frío, y en menor medida por lo que se refiere a la escasez de energía. El problema ha venido para quedarse, y aunque habrá altibajos, va a seguir una tendencia a la creciente escasez en los próximos años.

Estamos entrando ya en el Oil Crash. El escenario que hemos querido prevenir, el escenario que hemos querido evitar, el escenario para que el que nos queríamos preparar, ya está aquí.


El por qué del llamamiento.

Porque ahora es la última oportunidad para hacer entender que el problema es estructural, que se trata de algo previsible y previsto. Y que no se sale de él con soluciones fáciles, con las eternas promesas de unas soluciones tecnomágicas que no acaban de realizarse.

Ciertamente, entre las personas que trabajamos sobre el problema de la crisis energética y la transición ecológica hay una gran disparidad de opiniones. Hay gente, como yo, que vemos muchas limitaciones en el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se quiere imponer a machamartillo, mientras que hay quien cree que sí que es la solución. Eso ahora mismo no importa, porque hay algo más importante en juego.

Cuando el Oil Crash debute con fuerza en Europa este invierno, la población se quedará en estado de shock. No se lo podrán creer. No se lo querrán creer. La gente sufrirá, perderá su empleo, pasará frío, pasará hambre. Y se desesperará.

Tenemos, urgentísimamente, que ocupar el espacio del debate, antes que el ruido de todo al caer haga imposible escuchar ninguna voz, antes que la desesperación colectiva arrastre a la mayoría social en brazos de aquellos que les prometen soluciones sencillas a problemas complicados. El espacio que nosotros no ocupemos ahora, otros lo llenarán, con un discurso de odio y resentimiento, de represión y de autoritarismo.

Tenemos que tener unidad en medio de la diversidad. Ahora es el momento de actuar. Probablemente, es ahora o nunca. O hacemos escuchar la voz de la razón, o empezamos a imponer un poco de sentido de común en las discusiones sobre nuestro futuro como sociedad, o seremos aplastados por la apisonadora del populismo y del odio.

Es ahora o nunca. Escojamos ahora.

Salu2.

AMT

lunes, 20 de junio de 2022

Crónica del caos - Junio de 2022

 

 

Queridos lectores:

He pasado unas semanas excepcionalmente ajetreadas, con mucho trabajo y una cantidad desmesurada de charlas y actos (44 de momento en este 2022), aparte de multitud de entrevistas en diversos medios (creo que salgo a una media de 3 por semana, más o menos). En añadidura, he escrito algunos artículos para revistas más convencionales. Eso ha hecho que haya tenido que descuidar bastante este blog, hasta el punto de que hace un mes que no publico nada. Creo que ya va siendo hora de corregir esta tendencia, y al tiempo dar paso al numeroso material acumulado que tengo de otros autores.

Antes de empezar a dar salida a los posts acumulados, me gustaría comenzar con un post de resumen de cuál es la situación que nos encontramos en este primer semestre de 2022. Año que por lo que parece ya ha sido bastante agitado, y bastante más que lo va ser. Por eso mismo, preveo que tendré que escribir con cierta periodicidad este tipo de posts, "Crónica del caos". Ojalá me equivoque.

No hay ninguna duda que el evento que más ha marcado este semestre es la invasión de Ucrania por parte de Rusia que comenzó el 24 de febrero. No voy a entrar en el análisis de las causas de esta agresión, ni cómo está evolucionando la guerra: el lector interesado seguramente encontrará muchos textos que le resultarán mucho más adecuados en otros lugares. La parte que a mi me interesa es la de las consecuencias de esta guerra. Al margen del coste de sufrimiento humano que ha supuesto y que va a suponer, sobre todo en Ucrania pero también fuera de ella, una consecuencia importante es que ha servido para disimular las tendencias en las que ya estábamos embarcados desde mediados del año pasado. Efectivamente, ahora parece que todo lo que está pasando es culpa de Vladimir Putin y de la guerra, y aunque es innegable que la guerra en Ucrania está complicando, y mucho, la situación, sobre todo por lo que se refiere al abastecimiento energético de Europa y de cereal en amplias zonas del globo, no lo es menos que muchos de los problemas actuales comenzaron unos meses antes del 24 de febrero de 2022. Por lo tanto, creo que es importante poner en un contexto más amplio y general todo lo que está pasando y evidenciar que los problemas vienen de lejos.

Y es que otro de los motivos para escribir este post es para intentar desmontar la ficción de normalidad que está bastante instalada en Europa y particularmente en España. Como a España aún no han llegado los peores efectos de la crisis energética global en la que estamos inmersos, no es para mi extraño encontrarme con gente que, altanera, se burla de mis preocupaciones sobre el peak oil y el peak everything, a pesar de la fuerza con la que ambos fenómenos se están manifestando. Querría que toda esa gente que dice "¿dónde está esa escasez de diésel de la que hablabas hace un par de meses?" sepa dónde, efectivamente, se está produciendo esa escasez de diésel y que vea que no tardando mucho podría llegar a producirse aquí, en España (y para mis lectores de otros países puede, por desgracia, ser ya evidente dónde se está produciendo la escasez de diésel).

Y es que una de las tendencias más preocupantes de nuestra sociedad es que, como dice el aforismo, se mueve sin solución de continuidad y sin paradas intermedias entre la autocomplacencia y el pánico. Pasamos de considerar que no hay ningún problema y que no tiene sentido tomar medidas preparatorias, tachando de alarmista a quien avisa de los peligros, a la histeria más absoluta, en la que todo el mundo quiere hacer cosas rápidamente para reaccionar, aunque se no sabe muy bien el qué y si realmente las cosas propuestas sirven para su fin declarado. 

Se añade a esto que los prejuicios, también ideológicos, no permiten ver la magnitud del problema: ya hace algún tiempo que me encuentro con excesiva frecuencia quien pretende desmontar mi argumentación sobre la base de mis presuntas predicciones fallidas  cuando pocas hay en este blog, no porque yo no me equivoque, sino porque hago pocas predicciones concretas. En vez de centrarse en la discusión técnica de las cosas que se presentan, en vez de intentar la imposible tarea de refutar que se está produciendo un pico en la oferta de petróleo o en la de diésel, se eluden las discusiones técnicas y se ataca a la persona, usando frases completamente fuera de contexto (ejemplo perfecto son los ataques basado en extractos de mis posts de finales de años sobre las previsiones para el año que entra, a pesar de que el párrafo inicial de descargo deja claro que no se puede acertar lo que va a pasar en tan breve plazo y que lo que se hace es un mejor ejercicio de prospectiva especulativa). Pero quien está contaminado por los prejuicios no quiere saber nada de eso, y busca a posteriori los motivos que justifiquen su toma de posición a priori, y nada de lo que se le diga le hará cambiar de opinión, por más evidencia que se le presente. A estas personas que tienen tales anteojeras de prejuicios, sobre todo los ideológicos, recomiendo dejarlas aparte, porque discutir con ellas no sirve para nada y porque solo ellas mismas podrán salir del agujero en el que han caído, si es que así lo desean alguna vez.

Hechas todas esas aclaraciones iniciales, centrémonos en la descripción de la actual situación de creciente caos y desconcierto en la escena internacional,  los cuales son principalmente consecuencia de los problemas que genera la Gran Escasez, o peak everything.

Escasez de combustibles:

A finales de 2021 publicamos la actualización del post "El pico del diésel". En aquel post mostrábamos que la producción mundial de diésel había caído prácticamente un 15% desde los máximos de 2015, 

 

y que la disminución de la producción de diésel tenía mucho que ver con los problemas del transporte en general y con los de extracción minera en particular, agravando la escasez de materiales en la que aún seguimos instlados (a pesar de que tantos insistían entonces en que era pasajera y que en pocos meses volveríamos a "la normalidad". Esta escasez de diésel viene motivada por el cambio de la proporción de los diversos hidrocarburos líquidos a los que llamamos petróleo y a la fuerte desinversión en todo el sector. Efectivamente, desde 2015 la única categoría de "petróleo" cuya producción crece es el petróleo ligero de roca compacta que se extrae con la técnica del fracking, sobre todo en los Estados Unidos. Al refinar este petróleo ligero se genera una mayor proporción de gasolinas y naftas y una menor de diésel y querosenos. Este problema podría ser compensado introduciendo mezclas adecuadas de petróleos y haciendo adaptaciones en las refinerías, pero lo cierto es que la inversión en refinerías está disminuyendo. Y es que, consistentemente, las petroleras no solo han desinvertido en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (recordémoslo, un 60% desde los máximos de 2014),


es que además tampoco están invirtiendo en las refinerías, en algunos países desde hace décadas. Así que incluso en países como los EE.UU. hay un problema de escasez de combustibles, aunque es un problema ahora mismo extendidísimo; por poner unos ejemplos: Reino Unido, Hungría, Sri Lanka, Laos, India, Paquistán, Kenia, Senegal, Nigeria (país que por cierto exporta petróleo a España), Sudáfrica, Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia o Argentina. Y luego otros sitios donde sale el Gobierno a decir que "no hay escasez", como en Kazajistán. M
uchos de estos países son productores de petróleo pero aún así se enfrentan a una situación de escasez de combustibles, en parte por el descenso de la producción de petróleo desde el máximo de noviembre de 2018, en parte por la cuestión de la desinversión en refinerías. La crisis, que afecta sobre todo al diésel, genera efectos rebote en el resto de combustibles, y particularmente en el queroseno, ya que se puede añadir una pequeña proporción de queroseno al diésel y se está haciendo para paliar la rampante escasez del mismo. De hecho, el problema de escasez de combustibles es tan rampante ahora mismo en la mayoría del mundo que sorprende la enorme ceguera de los europeos (excepto los que lo viven en sus carnes, como los húngaros) sobre este tema, y cómo es que no anticipan que pronto les va a afectar a ellos, máxime cuando la Agencia Internacional de la Energía dice que van a faltar combustibles este mismo verano, "especialmente en Europa".


La escasez de energía en general, y de diésel en particular, está llevando a una situación de escasez de alimentos. Muchos países están tomando medidas proteccionistas porque no están seguros de contar con alimentos para su propia población:  Rusia dejó de exportar cereales en marzo, y tampoco Ucrania puede exportar ahora mismo con la guerra que les ha traído Rusia devastando su territorio. También Kazajistán y la India han prohibido exportar trigo. Malasia ya no exporta pollo e Indonesia ha prohibido las exportaciones de aceite de palma. Todo eso en un año en que la fuerte sequía en muchas regiones agrícolas de todo el planeta anticipa unas malas cosechas generalizadas, mientras en España vivimos la segunda ola de calor del año y ni siquiera ha llegado el verano. Todo eso en un contexto en el que a nivel mundial nos queda trigo para seis semanas más, justo para acabar la próxima cosecha, pero ya no tendremos reservas, se acabó la despensa y seremos más vulnerables que nunca. Todo eso, tenemos. El pasado mes de octubre la FAO avisaba que íbamos hacia una crisis alimentaria mundial sin precedentes, con sus índices de precios en máximos históricos.


Actualmente, el Banco Mundial habla de "catástrofe humanitaria" que va a afectar al 40% de la población mundial este año. Aquí, en la próspera e indolente Europa, también se va a notar. Ya se está notando en una fuerte inflación de los alimentos, y probablemente de ahí no pasará la cosa, pero en otros países habrá hambrunas y revueltas, porque de hecho ya las está habiendo: repasen la lista de países que di más arriba hablando de la escasez de combustibles y verán que en la mitad de ellos ya hay revueltas del hambre. Y recen para que el comercio mundial no se vea excesivamente afectado, o que el mundo deje de considerar el euro una divisa fiable, porque si no quizá nosotros mismos también tendríamos algunos problemas con los alimentos...

En medio de esta crisis desatada, de este desastre en progreso, de este caos que solo crece, la desorientación de nuestros líderes es sangrante. En EE.UU., la Administración Biden amenaza con utilizar una ley de tiempos de guerra para obligar a las petroleras a sacar más combustible de las refinerías, a pesar de que eso sea química y termodinámicamente imposible. Si esto falla, la última carta es prohibir la exportaciones de productos petrolíferos fuera de los EE.UU., con consecuencias a escala mundial. Al otro lado del Atlántico la desorientación no es mucho menor: en febrero la Comisión Europea declaró la nuclear y el gas como "energías verdes" (decisión ahora contestada por el Parlamento Europeo), pero lo que es peor es que en el reciente paquete de medidas REpowerEU se ha decidido incrementar el uso del carbón un 5% respecto a los niveles actuales, durante 15 años, para compensar la falta de gas ruso, tirando así a la basura tres décadas de legislación europea en la lucha contra el Cambio Climático. Porque, no nos engañemos, la transición energética nunca se basó en una preocupación por el clima y el medio ambiente: el telón de fondo era asegurar el mantenimiento del sistema económico actual, usando para ello las fuentes de energía que fueran necesarias; y si las renovables no valen, pues bueno es el carbón. Mientras tanto, se intenta dar un impulso desesperado a las renovables con los fondos NextGenerationEU, a ver si por casualidad suena la flauta y salvamos el capitalismo, aunque ya sabemos que son una falsa solución.

Atención a las próximas semanas, porque pronto, muy pronto, se va discutir sobre el racionamiento. Será interesante ver cómo se compatibiliza con el libre mercado, o cómo se pretende hacer ver que se ha hecho compatible.

Ésta es la crónica por el momento. Seguiremos actualizándola cuando convenga, probablemente varias veces en este año turbulento.

Salu2.

AMT

miércoles, 22 de abril de 2020

La tormenta negra


Queridos lectores:

Tenía la intención de que mi próxima entrada fuera el siguiente capítulo de mi serie "Hoja de ruta", pero los interesantes eventos que se están desarrollando en el mercado del petróleo, y los aún más interesantes en el lado de su producción, me han llevado a dejar aparcado ese siguiente post y centrarme en este tema. 

Una cuestión que ha creado mucho interés, por lo extraño, es lo que los medios de comunicación han referido como "precio negativo del petróleo" en los EE.UU. Y es que algunos días el precio del barril WTI con entrega el 28 de abril ha cotizado a unos -30 dólares, lo cual quiere decir que uno se lleva el barril y encima le pagan 30 dólares. Toda una aberración, porque resulta incomprensible que alguien esté dispuesto a pagar por que se le lleven su mercancía: incluso si la demanda fuera tan baja que nadie quisiera ese petróleo, lo lógico es que simplemente no se produjera, con lo que aquí se produce una paradoja. Una paradoja que algunos plantean como una curiosidad, pero que en realidad es un signo ominoso de los tiempos.


Aclaremos primero qué es lo que ha sucedido. En realidad, el barril no ha llegado a un precio negativo, sino que los futuros (derechos de compra con una fecha de vencimiento fijada) que vencen el 28 de abril se están vendiendo a precio negativo.

En el mercado del petróleo existen diferentes tipos de contrato de compraventa: pueden ser "spot" (venta inmediata, te sirven el petróleo en seguida, uno o dos días), a 30 días, a 60 días y a 90 días. Cuando se compra a un cierto plazo, lo que se está haciendo es asegurar un precio que resulta conveniente tanto al comprador como al vendedor: el vendedor se asegura de que aunque baje el precio del petróleo él colocará su mercancía a un cierto precio y el comprador se asegura de que aunque suba el precio del petróleo él podrá comprarlo a un precio razonable. Estos contratos con entrega diferida comportan la obligación del comprador de adquirir la mercancía en el plazo previsto, y aquí es donde han comenzando los problemas. 


Según el último Oil Market Report de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se espera que la demanda de petróleo mundial caiga en el segundo trimestre de 2020 en 23,2 millones de barriles diarios (Mb/d) con respecto al mismo período de 2019: una caída del 25% de la demanda con respecto al valor que tenía hace un año. Sin embargo, esa estimación peca de un considerable optimismo, porque si nos fijamos en los datos del mes en curso, de abril, lo que se observa es una caída de más de 28 Mb/d, es decir, de alrededor de un 30%. Obviamente, las caídas observadas son fruto del parón impuesto por el confinamiento del coronavirus; y si la AIE espera que sea un poco mejor en el conjunto del segundo trimestre de lo que ya es en abril es porque confían en que haya una cierta recuperación hacia junio. 


Conviene destacar que incluso en el escenario más optimista estamos hablando de una caída brutal: en lo peor de la crisis de 2008 la producción de petróleo cayó como un 4%, para que se hagan una idea. Estamos ahora mismo en un momento con una bajada considerable de la demanda de petróleo por culpa del parón económico, y eso ha hundido el precio del petróleo. 
 
Al principio de la actual crisis de demanda, los principales operadores del mercado del petróleo aprovecharon para comprar barato y almacenar ese petróleo, pensando en que cuando la demanda repunte tendrán sus buenas reservas que habrán conseguido a precio de ganga. El problema es que en EE.UU. los almacenes empiezan a estar bastante llenos, y eso ha motivado cierto pánico de los que tenían futuros de los que se tienen que ejecutar el 28 de abril. Muchas veces estos futuros los tienen especuladores, que "apuestan" en el mercado del petróleo y que la última semana venden esos derechos de comprar petróleo al precio pactado a los que realmente lo necesitan. Esta vez, debido al CoVid, se han quemado las manos y por eso estos contratos (los que vencen la semana que viene) se están vendiendo con descuento, o "precio negativo". En todo caso, no son los productores los que pierden dinero (el precio se acordó en el contrato en su momento y es obviamente positivo), sino los que tenían esos contratos que no saben qué hacer con ellos ahora. Visto de esta manera, se puede decir que de alguna manera se lo han merecido, por especuladores.

Nótese, empero, que los precios spot o de entrega inmediata son y siempre han sido positivos: si pides petróleo porque realmente lo quieres usar te lo venden a un precio; actualmente barato, sí (unos 20$ por barril, algunos día menos incluso), pero no "te pagan porque te lo lleves" como se estaría dando entender en algunos medios de comunicación. Los productores tienen problemas ahora y van a tener problemas mucho más serios en los próximos meses, pero como he dicho no son los que están vendiendo a precios negativos.

 
Los problemas de verdad van a comenzar en los próximos meses, si no semanas. El petróleo crudo puede ser almacenado sin una degradación significativa durante seis meses, pero al cabo de ese tiempo el proceso de descomposición que comienza en cuanto entra en contacto con el aire y con las bacterias que son capaces de descomponer los hidrocarburos se va haciendo cada vez más importante; y ese proceso no solo degrada el producto, sino que induce corrosión en cañerías y depósitos, almacena limos, obstruye válvulas y en ocasiones puede ocasionar pequeñas explosiones por los gases inflamables que se generan. Se aplican tratamientos, sobre todo biocidas, para aquellos hidrocarburos líquidos que deben estar almacenados mucho tiempo y eso alivia todos estos problemas, pero al final el tratamiento más eficaz es no dejar el petróleo demasiado tiempo parado y que vaya circulando. Sin embargo, nuestro mundo moderno no está adaptado a una ralentización tan importante de la circulación de la "sangre del sistema" durante tanto tiempo, y eso hace que las medidas preventivas, los tratamientos y demás sean los justos para lo que se consideraba una "situación normal", y que se vayan a ver comprometidos por la prolongación de la crisis de demanda causada por el CoVid primero y después por la crisis económica.

Lo más simple para hacer frente a la crisis de demanda, por supuesto, es reducir ahora la producción para adaptarla a la demanda actual con la esperanza de recuperar más tarde una producción creciente. Sin duda, esta estrategia es lo que progresivamente se va ir haciendo para que el flujo de petróleo discurra de manera adecuada. Hay sin embargo dos cuestiones que posiblemente van a hacer que la producción de petróleo se reduzca en los próximos años más rápido de lo que se desearía y encima de manera permanente.

La primera es que el flujo de extracción en muchos pozos de petróleo veteranos no pueden regularse fácilmente: si se baja demasiado el ritmo de extracción, debido a la enorme presión a esas profundidades, la roca reservorio de la que se extrae el oro negro tiende a consolidarse y a colapsar los canales por los que fluye el petróleo; y una vez recementada resulta prácticamente imposible recuperar la porosidad inicial y volver a los ritmos productivos anteriores - peor aún, una parte del petróleo in situ deja de ser recuperable. Es por eso que muchos productores son reacios a bajar demasiado su producción, porque después no podrán volver a los ritmos de producción anteriores e incluso podrían perder reservas de petróleo.

Pero la otra cuestión tiene implicaciones aún más perversas y que dificultarán mucho la adaptación a un descenso tan salvaje de la demanda, sobre todo si es suficientemente duradero, y es que las refinerías tienen un problema de imposible solución. Las refinerías suelen estar adaptadas para procesar determinados tipos de petróleo (más ligeros o más pesados, con más contenido en azufre o de ciertos hidrocarburos, etc), y eso implica que los porcentajes de los diferentes combustibles que van a obtener están también bastante acotados. Por poner unos números representativos, una refinería puede producir por defecto un 40% de sus refinados en forma de gasolina, un 25% en forma de diésel, un 9% en forma de queroseno, y el 26% restante como otros productos, incluyendo polímeros para plásticos, otros destilados medios, aceites para motores, alquitranes y coke. Sin tener que hacer grandes inversiones, haciendo ciertos ajustes esa refinería podría cambiar un poco su producción, y así quizá disminuir la gasolina hasta el 35% del total y hacer subir el diésel hasta el 30%. Pero poca cosa más, no tiene tampoco un margen infinito para cambiar las proporciones porque depende del tipo de petróleo que puede procesar (que tiene un cierto contenido de hidrocarburos de cada tipo) y del propio procedimiento de cracking. El caso es que, independientemente de estos ajustes, en cualquier proceso de refinado se va a producir mayoritariamente gasolina, cierta cantidad de diésel y un amplio porcentaje de otras cosas. Sin embargo, que se produzca una caída del 30% en la demanda de petróleo no significa la caída de la demanda de cada uno de productos del petróleo sea también del 30% para cada uno de ellos. El producto que tiene una demanda más fiel es el diésel, porque es el combustible que usa toda la maquinaria, y aunque también ha disminuido mucho la actividad de la maquinaria en general, siguen moviéndose maquinaria agrícola y de reparaciones, y camiones para transportar mercancías; además, no olvidemos que ahora los buques cargueros deben utilizar un combustible con características de diésel. Por tanto, se está observando que la caída de la demanda de diésel es de menos de la mitad que la de otros combustibles. Esto plantea un problema terrible: ¿qué hay que hacer con la gasolina y otros productos para los que no hay demanda? Si se refinase menos petróleo para que nada sobre, faltaría el diésel indispensable para la maquinaria que aún sigue en marcha, en tanto que si se refinase suficiente petróleo para producir diésel sobraría gasolina a carretadas. La gasolina además es muy volátil y tampoco se puede almacenar en cualquier tipo de depósito, y en seguida se llenarían los almacenes. Este problema, de que la caída de demanda no es homogénea en todas las categorías, es una cuestión estructural cuya duración se extenderá por varios años y que va a plantear dilemas complejos: obviamente se tendrá que incentivar el consumo de gasolina, pero, ¿para qué usos? Adaptar motores e incluso quemadores que usan diésel o gasóleo para usar gasolina no es sencillo y requiere bastante inversión. En un primer momento, no se puede descartar que simplemente esos productos sobrantes se quemen directamente; pero en el más largo plazo se tendrá que buscar una solución más duradera, una vez se comprenda que este problema va para largo y aparezcan otros cambios radicales que lo van a exacerbar (por ejemplo, la práctica desaparición del coche privado o el pico del diésel).

La crisis sanitaria del CoVid y la subsiguiente crisis económica van a suponer, también, el hundimiento final del fracking estadounidense. Los bancos ya se están preparando para embargar los bienes de las empresas del fracking y de las arenas bituminosas del Canadá. Teniendo en cuenta las abultadas pérdidas acumuladas por el sector y que las empresas que solo se dedicaban al fracking nunca habían realizado beneficios, está claro que esta burbuja ha llegado a su fin y está reventando. Incluso si la pandemia de CoVid estuviera completamente superada a finales de 2020 y sus efectos económicos se pudieran neutralizar, cosa que no va a pasar, el sector del fracking es ya irrecuperable: no pudo tener beneficios con los mayores precios medios del petróleo de 2011 a 2014, menos los podrá tener en un entorno mucho más incierto y con la mitad de las empresas embargadas, y ya nadie va a confiar en ese recurso tan pésimo que nunca debió ser explotado. Al final, los bancos lucharán entre ellos para deshacerse de los activos embargados que de manera real no valen nada, y eso terminará de hundir lo poco que pueda quedar del sector. La debacle del fracking va a ocasionar una pérdida permanentemente y ya este año de un 5% del total de la producción mundial de petróleo, un verdadero escalón hacia abajo. A esa caída se le tiene que añadir la alarmantemente rápida tendencia descendente que la propia Agencia Internacional de la Energía preveía en su informe anual de 2018, pues si recuerdan la única esperanza de que la producción en 2025 cayera "solo" un 13%, en vez del 34% que le daban sus modelos, era que el fracking multiplicara su producción por 3; pero ya vemos que en realidad se va a multiplicar por 0. Por tanto, llegaremos a 2025 con una caída de la producción de petróleo que, si no hay un medidas muy drásticas impulsadas por los Gobiernos, va a ser de alrededor del 40%.

Entiendan esto: con la mayoría de las grandes potencias económicas al ralentí y su población confinada y en niveles mínimos de consumo, el consumo de petróleo ha caído un 30%, y ya se ve la enormidad de la crisis económica que se nos viene encima. Pero es que de aquí al 2025 vamos a estar en una situación mucho peor. Porque para 2025 lo que habrá no será una caída del consumo de petróleo, de la que se puede remontar si las condiciones cambian, sino una caída de la producción, originada por factores físicos como es la falta de rentabilidad energética y económica de los yacimientos que quedan en el mundo, y que por tanto no se puede remontar: no será una caída provisional como la de ahora, sino una permanente y definitiva, que solo podría ir - y lo hará - a peor. Y no será una caída del 30% como ahora, sino que más bien rondará el 40%. La crisis del CoVid lo que ha hecho es precipitar nuestra caída por el acantilado energético al cual nos estábamos acercando. Es necio ahora discutir sobre cuándo será el peak oil: ya ha pasado, y jamás volveremos a producir tanto petróleo como se había llegado a producir. Ni nos acercaremos.

El CoVid nos ha hecho tomar demasiado impulso y de alguna manera nos hemos adelantado a lo que tenía que pasar dentro de unos años. No estábamos preparados para el descenso energético y ya lo tenemos aquí. La gente está mentalizada para la actual caída de actividad económica y para asumir un año o dos duros antes de que llegue la recuperación, pero lo que no saben es que ya no hay recuperación posible y que los próximos meses y años estarán jalonados de noticias impactantes y de gran calado, desde el desconfinamiento precipitado de ciertas regiones y países para intentar amortiguar el impacto económico, hasta la requisa de bienes de todo tipo o la obligatoriedad que se impondrá a ciertos sectores de la población de trabajar en ciertos trabajos, y eso por no hablar de la escasez, interrupciones en servicios esenciales, revueltas e incluso guerras.

El descenso por el lado derecho de la curva de Hubbert, la bajada desde el peak oil, al final será acelerado y terrorífico. Nos adentramos a toda velocidad en una tormenta negra, negra como ese petróleo que ahora no queremos consumir y que dentro de poco no podremos consumir.


Salu2.
AMT

P. Data: Tengo una tremenda sobrecarga de trabajo estos días, porque a pesar del confinamiento los plazos de entrega de muchas cosas no se paran y mientras la fiesta dure hay que seguir al máximo, y eso a pesar de que el confinamiento lo hace todo mucho más difícil (y más con dos niños intentando hacer "tele-escuela" en casa). A pesar de que trabajo también todo el fin de semana no llego a todo, y eso se está traduciendo en un menor ritmo de publicación en el blog; les ruego, por tanto, paciencia.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Oil Crash: año 10



Queridos lectores,

Hace 10 años ya que la producción de petróleo convencional llegó a su máximo y empezó su lento declive. A pesar de los enormes esfuerzos de la industria (sus costes se multiplicaron casi por tres durante la pasada década), no se ha encontrado ningún buen sustituto al petróleo convencional: los petróleos no convencionales no son tan versátiles, no pueden producir tanto y son mucho más caros. A pesar de la importancia que tiene para la economía mundial que la principal fuente de energía (representa un tercio de toda la energía primaria consumida en el mundo) no sea capaz de seguir el ritmo que le exige nuestro sistema económico y, peor aún, que vaya a declinar rápidamente en los próximos años, ningún diario escrito, radiado o televisado ha considerado, a día de hoy, que la noticia merezca una portada, y así la comunicación de este problema y otros relacionados ha quedado relegada a páginas técnicas o de divulgación como ésta. 


Y eso a pesar de (o quizá precisamente por) la relación que hay entre la silenciada crisis de recursos, la inacabable crisis económica y la creciente inestabilidad mundial. Intentando compensar parcialmente esta grosera omisión informativa, un año más les presento una selección de noticias de este año que ya acaba, intentando mostrar el nexo común que les une, que no es otro que la crisis terminal de sostenibilidad de nuestro sistema económico y social. He aquí el resumen.



Imagen extraída del blog de Art Berman:
- 2015, año del peak oil: Aún es pronto para afirmarlo con rotundidad, pero parece prácticamente inevitable que este año 2015 será en el que el volumen de hidrocarburos líquidos (convencionales y no convencionales) habrá llegado al máximo (aunque si miramos su contenido energético el máximo fue hace ya 5 años). Por un lado, la producción de petróleo de fracking en los EE.UU. cae con fuerza: se observan ya caídas del 30% en una de las zonas principales, Eagle Ford, y si se mira el conjunto de los EE.UU. las caídas en producción de petróleo extraído por fracking son ya superiores al 10% en los principales regiones donde se produce el denominado petróleo ligero de roca compacta, Light Tight Oil (LTO). Estas caídas son importantes porque ha sido la producción de LTO la que más ha ascendido en EE.UU. estos últimos años y la que en buena medida ha compensado la tendencia al declive productivo no sólo de los EE.UU., sino de todo el mundo. Las quiebras de las empresas dedicadas al petróleo no convencional se multiplican (ya son siete u ocho cada semana), y a los ingenieros financieros que idearon la huida hacia adelante que supuso el fracking se le están acabando las artimañas contables para mantenerse a flote. Este excesivo apalancamiento financiero es muy peligroso, pues cuando la situación sea ya insoportable puede propiciar una caída en cascada no sólo de las empresas mayores que se dedican a este negocio, sino de los bancos que las apoyaron. El problema se extiende a todo el petróleo no convencional, con supresión de subvenciones al ineficiente biocombustible, y con quiebras también de empresas dedicadas a la explotación de arenas bituminosas. Pero el problema está teniendo un grandísimo impacto a nivel mundial: en muchas naciones exportadoras de petróleo las tensiones internas crecen al mismo ritmo que su déficit público y eso hace que todas se acerquen a su colapso. Así, en Arabia Saudita el déficit de este año alcanza ya los 98.000 millones de dólares (el doble de lo previsto) y han tomado la decisión de subir un 40% los precios internos del petróleo; se une así a Emiratos Árabes Unidos y otras monarquías del Golfo, que tomaron estas medidas hace meses. Los problemas se multiplican y muchos países se han adentrado ya en el colapso (Yemen, Siria) o se van acercando rápidamente a él (Nigeria, Argelia, Venezuela). Para acabar de rematar una situación tan complicada, la fuerte contracción de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (que anticipábamos hace casi dos años) hace prever una caída brusca de producción de petróleo que empezará a ser muy visible en uno o dos años. En un contexto como el actual, que se degrada rápidamente, resulta patético escuchar al corifeo de expertos despitados alabar la revolución del fracking en los EE.UU. (justo cuando se está hundiendo) e incluso valorar el reciente intento de eliminar la prohibición de exportación de petróleo desde aquel país como una demostración de autosuficiencia energética (cuando de manera neta los EE.UU. siguen importando un 30% de todo el petróleo que consumen y simplemente exportan el LTO porque no pueden refinarlo en casa, igual que Iran exporta su petróleo pesado, para luego importar productos refinados más caros de precio).


- Bajos precios del petróleo: Durante todo el año 2015 el precio del petróleo se ha mantenido bajo, e incluso se ha reducido ligeramente en las últimas semanas. Esta circunstancia confunde a la mayoría de los analistas. Los analistas "convencionales"  asumían que los productores retirarían petróleo del mercado si el precio era demasiado bajo para conseguir que el precio volviera a subir a la zona de confort, en la idea de que la OPEP mantienen una capacidad ociosa que ya hace algunos años que no tiene. Dado que esto no sucede, estos analistas interpretan que hay una guerra de la OPEP contra el fracking estadounidense (al principio de este episodio de precios bajos, si recuerdan, estos mismos expertos interpretaban que había una guerra contra Irán o Rusia), y mantienen esta opinión a pesar de la evidencia de que los precios bajos están dañando y, peor aún, desestabilizando a los propios países de la OPEP. Pero incluso muchos analistas "peakoilers" están desconcertados por el escenario actual, ya que suponían que el peak oil implicaba un escenario en el que permanentemente el precio del petróleo se mantendría elevado. Las dos visiones se equivocan, por simplistas. Como hemos explicado numerosas veces en este blog, el precio se mantendrá elevado de manera pertinaz solamente cuando se haya eliminado (sin posibilidad de retorno) una porción considerable de la oferta y aún faltan algunos años para esa situación. Ya al comienzo de este blog, hace 5 años, se explicaba que lo natural en las primeras fases del peak oil es que el precio sea fuertemente oscilante. En los medios de comunicación se ha insistido mucho en la idea de que hay "sobreoferta de petróleo", cuando en realidad el problema realmente grave es que hay "subdemanda": las economías de medio mundo, y particularmente China, la fábrica del mundo, están doloridas por haber soportado precios históricamente altos durante tres años, y al final se han acabado resintiendo. Para terminar de complicar el análisis de la situación, el hecho de mezclar bajo el laxo epígrafe "todos los líquidos del petróleo" diversas fuentes de hidrocarburos líquidos, como si todo fuera una y la misma cosa, simplemente añade más confusión, ya que no todas esas sustancias tienen los mismos usos y la misma demanda. Para un análisis en mayor profundidad de la situación actual, les recomiendo releer el post "La espiral", publicado aquí hace algo más de un año.

- Fuerte contracción en el mercado de materias primas: La situación con el petróleo está afectando a todo el mercado de materias primas. Es interesante destacar que este caída generalizada del precio de las materias primas justamente demuestra que el problema no es tanto de sobreoferta como de contracción de demanda: no es tan fácil crear una sobreoferta simultánea de petróleo, cobre, aluminio, acero, carbón etc; sin embargo, si hay una contracción económica en países claves baja su demanda de todo y eso genera una caída de demanda de todas las materias primas y, por tanto, un colapso general de precios. Los problemas que describíamos más arriba, para los países muy dependientes por sus ingresos de las exportaciones de petróleo, se generaliza por tanto a otros países, las cuentas de los cuales dependían en una medida importante de sus exportaciones de carbón (Australia), cobre (Chile), fosfatos (Marruecos), etc.




Imagen de Peter A.G. van Bergeijk
- Año de descenso del PIB mundial: Sí, este es un pequeño detalle que los medios de comunicación han olvidado comentar, y eso que forma parte del último informe de coyuntura del Fondo Monetario Internacional. No es usual que el PIB conjunto de todo el planeta esté en contracción: en los últimos 40 años sólo ha pasado otras 5 veces, en los años 1982, 1997, 1998, 2001 y 2009; en todos los casos, en medio de importantes crisis económicas. La caída de este año es, en términos porcentuales, la segunda en importancia (4,9%, frente al 5,3% de 2009 y muy por delante del 2% de 1982). El que el PIB planetario se contraiga tiene mucho que ver con las pérdidas que registran los países exportadores de materias primas, pero también con el frenazo industrial de China. 


- World Energy Outlook 2015: Decrecimiento, a su pesar. Como ya explicamos en su día, en el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el World Energy Outlook (WEO) de este año, se reconoce explícitamente y por primera vez que el máximo de producción conjunto de carbón y petróleo se alcanzará antes de 2020 (según nomenclatura de la AIE, será un pico de demanda). Es bastante increíble que tal pico se deba a la demanda si se tiene en cuenta que no se están produciendo mejoras tecnológicas tan fuertes como para justificar esos cambios ni las energías que teóricamente deberían reemplazar lo estén consiguiendo; en realidad, el pico es, en consonancia con lo que la AIE mostraba en previos WEOs, un pico de producción: no se puede continuar aumentando la producción, que llega a un valor máximo, y a partir de ahí empieza a decrecer. El WEO 2015 también nos mostró  que se consolida el observado descenso en la producción de crudo convencional, que todavía cae a ritmo moderado pero con visos de acelerarse en los próximos años. Conviene recordar que Europa ya está en niveles de consumo de energía primaria de 1995, pero de acuerdo con este nuevo informe se le anticipa un descenso adicional del 12% en los próximos 25 años, que será del 10% para el Japón y un práctico estancamiento para los EE.UU. La afirmación de que en estas circunstancias el PIB va a seguir aumentando (ver gráfica adjunta), contradiciendo toda la evidencia histórica y sin que haya habido ningún espectacular avance tecnológico que lo justifique, no deja de ser un desesperado brindis al Sol.


- La crisis del diésel: Uno de los grandes escándalos industriales de este año ha sido el de los motores diésel de los  Wolkswagen, que estaban trucados para dar buenos números en los tests de emisiones (un secreto a voces en el sector). Este escándalo no sólo hace daño a una de las mayores empresas alemanas y europeas, sino que también supone el disparo de salida para la desaparición del diésel como combustible para la automoción privada. La sombra del pico del diésel planea cercana, y aunque es pronto aún para saber si hemos llegado a la máxima producción absoluta de diésel la más que probable llegada al peak oil arrastrará con mayor rapidez el declive de la producción de este carburante que es fundamental para la automoción europea.




- Crisis de los refugiados: Mareas de personas comenzaron a llegar a mediados de este año a Europa, provenientes de Oriente Medio y especialmente de la zona de Siria... Bueno, en realidad, las mareas de personas llevan años llegando a Europa aunque generalmente se les califica de "inmigrantes", a veces acompañados del adjetivo "ilegales"; pero este año el conflicto de Siria simplemente ha aumentado este flujo con un trasfondo dramático de guerra... Bueno, en realidad muchos de los inmigrantes que han llegado a Europa durante estos años lo hacían huyendo de la guerra y la represión en sus países de origen; recordemos los éxodos de libios, tunecinos y egipcios de hace tan sólo dos años (y de los cuales ya no se habla, a pesar de que la situación dista mucho de haberse calmado en esos países, especialmente en Libia). Quizá el problema es que en Siria el conflicto está en su apogeo... Tampoco, la guerra civil en Siria lleva siguiendo su curso cruel desde hace unos cuatro años, aunque hasta ahora Turquía hizo de tapón, construyendo enormes campos de refugiados en su frontera, y ahora ha empezado a dejar circular a los que huyen de la barbarie ¿Qué es, por tanto, lo que ha hecho tan diferente esta crisis humanitaria de las anteriores? Dos factores: por un lado, la pujanza del Estado Islámico ha desplazado a gente que hasta ahora había sido capaz de aguantar en sus casas; por el otro lado, la crisis de los refugiados (de la cual, por cierto, ya no se habla más, entre otras cosas porque el volumen de desplazados, en el contexto de lo grande que es Europa, no crea realmente problemas) ha resultado bastante conveniente para crear un estado de opinión pública favorable a nuevas aventuras bélicas en la zona. Zona crítica, pues las últimas grandes reservas de petróleo están allí, concretamente en el norte y centro de Irak. Una vez que se ha comprobado que el petróleo caro no es bueno para la economía, se busca desesperadamente los últimos lugares donde se pueda extraer petróleo barato - si es que realmente se puede extraer de forma barata y no es una quimera.


- Internacionalización de la guerra en Oriente Medio: El año comenzó con una extensión y generalización de la guerra en Yemen, para la cual se creo ad hoc una alianza militar de países árabes liderada por Arabia Saudita para mediar en el conflicto. Esta coalición sería el germen de la coalición que después tomaría parte en la guerra en Siria e Irak, dirigida a frenar los pies al Estado Islámico, el cual comenzó a aumentar su control del territorio de ambos países. Esta coalición no fue muy efectiva, entre otras cosas porque Arabia Saudita ha financiado y financia Estado Islámico, y la coalición ha servido más que nada para hacer el paripé. Delante de ello, se forma una nueva coalición de países occidentales liderada por los EE.UU. y en la que participan varios países europeos (pero curiosamente la OTAN no), que de momento tampoco se ha hecho demasiado. Bueno, sí, le han cambiado a Estado Islámico el nombre por algo más peyorativo (en árabe), Daesh. Curiosamente a ninguno de los que estaban al mando de las operaciones se le había ocurrido hacer cosas tan tontas y obvias como, por ejemplo, bombardear las largas colas de camiones que transportan petróleo desde Siria e Irak hasta Turquía y así cortar una de las vías principales de financiación y suministro del Estado Islámico. Eso fue de lo primero que hizo Rusia, en cuando se involucró por su cuenta y riesgo en el conflicto (toda vez que al cuestión en Ucrania, aunque lejos de estar resuelta, parece ya estar fuera del foco de discusión internacional y Rusia puede abandonar el grupo de apestados). Lamentablemente, tal movimiento táctico obvio (bombardear las columnas de camiones) le ganó a Rusia que Turquía derribase uno de sus aviones. Ya no se habla de nada de esto en los medios de comunicación occidentales, pero el conflicto sigue su curso y las operaciones sobre el terreno son, por decirlo suavemente, delicadas, con tantos países no siempre bien avenidos (y no sólo lo digo por Rusia) con fuerzas sobre el terreno.


- Atentados de París: Mucho se ha hablado de los terribles atentados de París; este 2015 nos ha traído a los occidentales el amargo recordatorio de saber que nosotros no estamos exentos de sufrir en nuestros hogares los horrores de la barbarie y la muerte en masa. Hay muchas cuestiones pendientes relacionadas con los atentados en los que nadie ha querido escarbar; como ya comenté en su momento, el hecho de que los asesinos fueran europeos se ha pasado por alto con una ligereza alarmante. Y resulta terrible e insultante para la memoria de las víctimas que se instrumentalice su dolor para justificar la escalada bélica en Oriente Medio y para aumentar la represión interna en casa para fines no relacionados (por ejemplo, para evitar las manifestaciones contra la farsa de la Cumbre del Clima). El año 2015 nos deja también una preocupante retahíla de atentados en Líbano, Turquía, Malí y media docena más de países que quizá no sean tan telegénicos como Francia (mención aparte merece el tiroteo en San Bernardino, en plenos EE.UU.), pero que por su contexto hacen temer una escalada de descontento global y más y mayores acciones violentas en los próximos años.



- Año del cambio climático: La temperatura media del planeta ha batido todos los récords durante todos los meses de este año, y el ascenso de las temperaturas con respecto a los niveles pre-industriales se sitúa ya en torno a 1ºC. Éste ha sido un año especial, pues tenemos un fenómeno de El Niño especialmente intenso (seguramente, el mayor desde la era instrumental) y eso probablemente  hace que la signatura térmica sea algo más intensa este año y al tiempo que lo será menos el año que viene. El caso es que todo el Hemisferio Norte está viviendo unas temperaturas muy inusuales, con un invierno muy suave en toda Europa y en los EE.UU. Los fenómenos extremos han sido también muy frecuentes: desde los trenes de tempestades tropicales en el Pacífico (hasta 3 huracanes de categoría 4 se vieron al mismo tiempo) hasta la llegada el Huracán Patricia, el más intenso jamas registrado de acuerdo a ciertos parámetros, a las costas del Pacífico mexicano (afortunadamente sin demasiadas consecuencias, gracias a la orografía mexicana). Su vecino del norte no ha sido tan afortunado, y así, mientras en California la sequía continúa siendo una gran preocupación, las lluvias torrenciales han asolado la ribera norte del Golfo de México y las altas temperaturas actuales han traído una de las temporadas más intensas de tornados que se recuerdan en las llanuras de los EE.UU. Entre tanto, en Groenlandia la gran cantidad de agua filtrada por el deshielo hasta la roca base hacen temer un colapso violento de parte de la plataforma de hielo groenlandesa (con la consiguiente aceleración de la subida del nivel del mar) y en la Península Antártica se desarrolla un drama similar. Los repetidos cráteres observados en la tundra rusa parecen estar asociados a la liberación explosiva del metano atrapado durante milenios en el permafrost, en tanto que en muchos lugares de la plataforma continental el agua "bulle" con la liberación continua de burbujas de metano atrapadas en los ahora desestabilizados clatratos. La cobertura de hielo ártico estuvo cerca de mínimos al final del verano boreal, en tanto que la extensión del hielo marino antártico está siendo muy elevada por motivos poco tranquilizadores (desplazamiento de las precipitaciones de nieve y adelgazamiento de la capa de hielo continental). El año ha sido, además, pródigo en fenómenos inusuales, tanto ciclogénesis explosivas en momentos y lugares poco habituales como el persistente tiempo anticiclónico que acompaña a Europa durante las últimas semanas. El último episodio preocupante de la crisis climática global este año son las tremendas anomalías de temperatura en el Polo Norte (que son nada menos que 40º C más cálidas de lo habitual; en vez de estar bajo cero, la temperatura se está manteniendo alrededor de los 0ºC, el punto de fusión del hielo, y eso hace que la cobertura de hielo no se recupere tanto como otros años en invierno). Añadan a eso la insólita tormenta Frank, que con vientos de fuerza huracanada azotará los próximos días Islandia y el Reino Unido. El año que viene, cuando empiece a remitir el actual episodio de El Niño, podremos juzgar cuánto de lo que ha pasado este año se consolida como tendencia.


- Año de la COOP 21: Este año se celebró en París la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima, en una ciudad perfectamente blindada contra las protestas y bajo un estado de shock (y de excepción) causado por los atentados de dos semanas antes. Desde instancias políticas se dice que la cumbre ha sido un éxito, ya que por primera vez más de 180 países reconocen que el cambio climático es un problema y firman un documento donde se comprometen a hacer algo para remediarlo. El problema es que no hay ningún compromiso concreto ni cuantificable en ese documento: en la mente de todos los mandatarios pesa demasiado el temor a afectar la economía de sus respectivos países. A pesar de lo vacío del compromiso de los gobernantes mundiales, la aceptación unánime del cambio climático hace que soplen malos vientos para los negacionistas, que progresivamente se están viendo obligados a replegarse, en espera de mejores tiempos. Al tiempo, partiendo de la iniciativa inicial de "Desinvertir de los combustibles fósiles" comienza a coger fuerza la idea de que una transición al 100% renovable no sólo es posible, sino económicamente rentable y relativamente fácil de conseguir. En los sobreentendidos está la clave: es obvio que en el largo plazo nuestro sistema económico será 100% renovable sin duda alguna, pero la cuestión es si podremos mantener un sistema industrial de un tamaño semejante al actual mantenido por estas fuentes. Ése ha sido el debate de la última semana en este blog y a él me remito.


- En España, año de la recuperación...: Esta cantinela se ha repetido hasta la saciedad, y según las últimas estimaciones el PIB ha crecido un 3,2% durante este año. Buena parte de este crecimiento se ha financiado mediante crédito contratado por el Estado y tiene fundamentos económicos muy débiles. Si uno mira las cifras de empleo se llega a la conclusión de que el año no ha sido tan positivo como uno desearía, y el porcentaje de paro registrado se mantiene aún demasiado alto (más del 20% de la población activa). Si uno tiene en cuenta además los cambios en la población activa (especialmente ilustrativa es la figura 2 de la última newsletter de Jeremy Grantham), la situación de España no es nada buena, ya que se está consolidando una situación en la que el paro es estructuralmente elevado y sin visos de descender si no es por la vía de la emigración.

- ... y electoral: Este año 2015 ha visto en España cuatro citas electorales trascendentales: las autonómicas en Andalucía en marzo, las elecciones municipales en mayo, las autonómicas en Cataluña en septiembre y por último las elecciones generales en diciembre. Todas ellas se han interpretado siempre en clave de elecciones generales y se ha extrapolado abusivamente de ellas resultados que no siempre se podían interpretar de esa manera. Así, si las elecciones andaluzas parecían demostrar que el nuevo partido de izquierda Podemos perdía fuelle, las  elecciones municipales indicaron un giro bastante radical, justamente hacia coaliciones donde Podemos tenía un gran peso específico: las tres mayores ciudades de España (Madrid, Barcelona y Valencia), y también otras muchas, son ahora gobernadas por movimientos alternativos a los partidos políticos tradicionales. Con las espadas en alto se llegó a las elecciones autonómicas de Cataluña, donde estos comicios, anticipados, se plantearon como un plebiscito sobre la independencia de Cataluña, con los dos principales partidos independentistas, de izquierda y derecha, coaligados en Junts pel sí para intentar poner en marcha una hoja de ruta hacia la independencia. El resultado electoral fue de una gran victoria de la coalición transversal independentista, que juntamente con la formación también independentista - y como repetidamente nos recuerdan los medios, "anticapitalista" - CUP tiene la mayoría absoluta del parlamento. Los días que siguieron a las elecciones catalanas se pasaron discutiendo si el independentismo tenía o no la mayoría de los votos de la población catalana (cosa que se podría haber sabido si hubieran dejado celebrar la consulta que no fue el año anterior), y las semanas posteriores han transcurrido en un vodevil un tanto grotesco para saber si la CUP apoyaría la reelección de Artur Mas como president de la Generalitat o no, con un final dramático durante estos días: el domingo pasado se celebró la asamblea nacional de la CUP para decidir si se apoyaba la investidura de Mas y cómo se hacía en su caso,

y después de horas de votación y debate, en la última y decisiva votación exactamente la mitad de los votantes votó a favor y la otra mitad en contra. Si no se ponen de acuerdo antes del 6 de Enero (fecha muy bien escogida, es el Día de Reyes en España) se tendrán que celebrar nuevas elecciones en marzo. Máxima tensión, pues. En general los partidos españoles de implantación nacional han hecho mucha chanza de la situación de ingobernabilidad en Cataluña, pero las elecciones generales del pasado 20 de diciembre en España nos han llevado a una situación mucho peor que la catalana, ya que el ascenso de los partidos denominados de nuevo cuño ha llevado al fin del bipartidismo y a una gran fragmentación política y dejan el país en una inédita situación de ingobernabilidad (a no ser que el PSOE se autoinmole favoreciendo el gobierno del conservador PP). A día de hoy no se ve ninguna coalición posible que permita un Gobierno en España y, así las cosas, la posibilidad más probable es una repetición de elecciones generales hacia el mes de abril.



Esto es lo que ha dado de sí el resumen del año. Preparémonos ya para lo que nos puede deparar el 2016.


Salu2,
AMT