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jueves, 13 de mayo de 2010

Acelerando el colapso


Queridos lectores,

Me temo que mi post sobre el pico del carbón se vuelve a aplazar. Los acontecimientos actuales marcan un tempo bien diferente del de mi disponibilidad de tiempo (no olvidemos que mi trabajo no es éste). Afortunadamente, el cénit de producción de carbón es un fenómeno a analizar en la perspectiva de años, así que bien puede soportar que lo postergue aún unos días.

Últimamente este blog habla más de economía (materia de la que no me considero ni mucho menos experto) que de recursos naturales (en la que tampoco soy experto pero me siento más a gusto). Esta dicotomía no es en absoluto sorprendente; al fin y al cabo el tema principal que nos ocupa, en este blog, es el de la escasez de la energía que ya se está desarrollando en nuestra opulenta sociedad y la necesidad de repensar nuestro modelo de consumo de recursos naturales y energéticos en particular. Sin embargo, repensar el consumo de energía significa repensar el consumo y en última instancia repensar el modelo económico. Ya lo hemos comentado: para poder crecer económicamente necesitamos incrementar nuestro consumo de materias primas y de energía (las tan cacareadas mejoras de la intensidad energética son un puro espejismo, porque ocultan que se externaliza la producción más costosa en recursos a otros países como por ejemplo China). Precisamente es esta interrelación entre energía y economía la que hace del Peak Oil un tema difícil de aceptar por los Gobiernos y los poderes económicos.

La noticia que ocupa hoy mi atención es el recorte anunciado en el día de ayer por el presidente del Gobierno, según el cual el salario de todos los trabajadores públicos de todas las Administraciones Públicas tendrán una reducción de sueldo del 5% computable a partir del próximo 1 de Junio. Se puede alegar con motivo que me siento directamente implicado en la cuestión, ya que soy funcionario. Antes de nada, me gustaría hacer un apunte para aquellos que se crean que ser funcionario es un chollo: aún no hace ni dos años que yo lo soy, y eso después de hacer dos carreras "ligeritas" -Física y Matemáticas- en 6 años, más 5 años de doctorado (en Física Teórica), más 3 años de post-doc en París, más 1 año de reincorporado de la Generalitat y más casi 5 años de Ramón y Cajal. Es decir, 20 años de carrera formativa y profesional, cobrando -cuando cobraba- salarios que me permitían llegar, y no siempre, justito a fin de mes (a excepción del período como Ramón y Cajal, en el que el salario era simplemente digno) y trabajando entre 50 y 60 horas semanales (el fin de semana seguía trabajando, of course). Reconozco que ahora me he relajado (ya se sabe, eso de ser funcionario...) y sólo trabajo unas 40-50 horas a la semana (si no contamos el tiempo que dedico al Oil Crash).

Una parte de la población española aplaude la medida, con valoraciones que van desde la apelación a la solidaridad ("Ahora es el momento de que los funcionarios arrimen el hombro"), pasando por el reproche por agravio comparativo ("Hasta ahora habían sido inmunnes a la crisis") hasta llegar directamente a la descalificación sumaria ("Ya era hora de que estos vagos y chupópteros rasquen su bolsillo en dirección a su cartera en vez de en la otra dirección"). Todo este tipo de argumentos facilones y populistas tienen mucho predicamento como idea-fuerza impulsada por aquellos actores políticos y mediáticos que no tienen el más mínimo escrúpulo en usar la demagogia, alentando el odio de los ciudadanos al típico funcionario desidioso y maleducado "de ventanilla" para cargar contra todos los funcionarios (desde la mayoría de funcionarios "de ventanilla" que atienden estoicamente y con diligencia a personas que les tratan con educación variable hasta los policías que vigilan nuestras calles, los médicos y enfermeras que nos curan, los maestros y profesores que nos educan, los funcionarios de Hacienda, los científicos, los militares, los analistas, los informáticos, los estadísticos y así hasta completar un largo etcétera). Llega un momento en que parece que los males del país son una consecuencia necesaria de nuestros funcionarios, cuando en realidad su peso relativo en la población activa es inferior a la de otros países y sus sueldos no son en absoluto competitivos (en mi caso en particular, si hubiera aceptado alguna de las ofertas que tuve hubiera ganado mucho más desde hace mucho más tiempo).

Pero, dejando al margen estas consideracions ab initio, querría mostrar cómo las medidas adoptadas van en la dirección contraria a la necesaria y cómo acelerarán el proceso de colapso en las fases ulteriores a la primera (ver "Las cinco fases del colapso" de Dimitri Orlov). Mis observaciones son las siguientes:

1.- En primer lugar, los recortes se aplican a todos los trabajadores públicos de todas las administraciones, y no sólo a los funcionarios. Esto, por tanto, incluye los trabajadores laborales, fijos y eventuales, muchos de ellos contratados con sueldos y garantías laborales ya bastante precarias. Estamos, por tanto, incidiendo con fuerza en un segmento bastante débil del mercado laboral.

2.- Oía esta mañana en el noticiero del Canal 24h de TVE (a las 6 de la mañana no hay muchos telediarios) que los trabajadores públicos de todas las administraciones (contando funcionarios y laborales) son 2.659.000 personas. Sobre una población activa de unos 23 millones de personas (números a grosso modo) esto representa aproximadamente el 11.5% de la población activa. Ahora bien, con un 20% de paro como tenemos ahora, esta masa laboral representa casi el 14.5% de los trabajadores que están efectivamente trabajando.

3.- El recorte de masa salarial será en media del 5% (menor para los sueldos menores y mayor para los sueldos mayores). El impacto sobre el consumo de estos asalariados causado por este recorte será varias veces mayor; en primer lugar, porque muchos de estos asalariados tienen gastos fijos que no pueden disminuir (hipotecas, créditos al consumo, alimentación, vestido, cuidado de niños y mayores, etc). Si en media estos asalariados destinan a gastos fijos la mitad de sus sueldos (bastante optimista es esta estimación si hablamos de los salarios más bajos, pero puede ser compensada por los salarios más altos; ya sabemos que la estadística es la más limpia de todas las mentiras), este 5% de reducción de sueldo supone un 10% de reducción de la otra mitad del sueldo que se puede usar en gastos discrecionales (ya saben: tomarse un café, ir a un restaurante o al cine o de vacaciones, comprar un DVD,...). Pero dado que se anuncian futuras congelaciones de sueldo para los trabajadores públicos, y que en una misma unidad familiar habrá trabajadores públicos y privados, y la seguridad laboral de los privados está en un brete, es probable que nuestros probos trabajadores públicos acaben ahorrando un poquito y disminuyendo aún más sus gastos discreciones, digamos que hasta un 15%.

4.- Si el 14.5% de los trabajadores en activo reducen su consumo en un 15% quiere decir que el consumo total en España caerá, de manera directa, más de un 2.1%. Esta caída del 2.1% del consumo causará más recesión, más paro, y a su vez más caída del consumo, completando el círculo vicioso... más crisis, en suma. Por tanto, reducir el sueldo de los funcionarios de manera brusca en este momento significa un ahorro inmediato para el Estado, pero vía la caída del consumo la economía se contraerá aún más, aumentará el paro (más carga financiera para el Estado vía el subsidio de desempleo) y disminuirá la recaudación de impuestos. A falta de un análisis pormenorizado del impacto, me da la impresión de que no es muy buen negocio. Y si creen que mi cuenta sobre el impacto directo en el consumo es exagerado, tengan en cuenta que no he considerado el impacto de otras medidas tomadas ayer, como la congelación de las pensiones, la eliminación del cheque bebé, etc. Lo más probable es que el impacto directo sea mayor, y el indirecto vaya Vd. a saber.

5.- En añadidura, el malestar creciente entre los trabajadores públicos hará que aumente la conflictividad laboral, con paros, huelgas, menor motivación, etc disminuyendo la productividad y reduciendo aún más la generación de riqueza, agravando los problemas. Al tiempo, disminuirá la credibilidad del Estado, sobre lo cual comentaremos más abajo.

6.- Aunque la gente que carga contra "los funcionarios" no se dé cuenta, los salarios públicos son una de las referencias para la fijación de los salarios en todo el sistema productivo (y no al revés). Si los salarios públicos bajan habrá un estímulo añadido para reducir los salarios privados. Por tanto, aquella gente que carga contra otras personas que son trabajadores como él, en vez de atacar la raíz del problema, está atacando sus propios intereses sin darse cuenta: primero, porque al disminuir el consumo en general su área de actividad acabará por verse afectada; y segundo, porque con el tiempo su propio sueldo disminuirá como reflejo de la bajada de los sueldos públicos.


Como se analiza en un post reciente del Acorazado Aurora, una de las funciones del Estado es la asignación: el Estado es un agente económico más, es la mayor empresa del país, y con sus salarios dinamiza la economía. Como hemos visto, negar este efecto conlleva un agravamiento de la crisis en varios frentes. ¿Cómo se explica, por tanto, que se tome una medida que en el corto plazo puede ser beneficiosa pero que será dañina sin duda en el medio y largo plazo? Básicamente, es una medida desesperada por intentar salvar el sistema financiero. Que la situación del sistema financiero es desesperada la evidencia un reciente artículo de Alberto Montero Soler. Se ha pasado de puntillas sobre el hecho de que de los 750 millardos de euros comprometidos in extremis el domingo pasado por el Ecofin para "blindar el euro", 250 millardos provienen del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución controlada por los EE.UU. Como apunta Alberto Montero, esto significa una renuncia a la soberanía europea en el núcleo central del euro, con consecuencias hoy imprevisibles, pero poco halagüeñas. Por lo demás, se ha valorado la operación como un éxito dado el fuerte repunte de las bolsas (en especial la española), pero si se miran las cosas con un poco de perspectiva se verá que tras poner 750 millardos de euros sobre la mesa el IBEX 35 está hoy 400 puntos más bajo que hace diez días. Es decir, hemos puesto todo el dinero que podíamos y nuestra soberanía monetaria, y así estamos "sólo" un poco peor que el lunes de la semana pasada.

Cito con frecuencia el análisis de Dimitri Orlov de cómo sobreviene el colapso de las sociedades modernas. Orlov se basa en su propia experiencia sobre el desmoronamiento de la Unión Soviética y de otras sociedades modernas (los famosos "Estados fallidos"). El colapso según Orlov tiene cinco fases: colapso financiero (las finanzas del país y la bolsa se hunden, acabando en una suspensión de pagos), colapso mercantil (dada la nula fiabilidad del país, se le suspenden las importaciones y toda la producción ha de ser local, en lo que se pueda), colapso del Estado (la falta de recursos y de fiabilidad del Estado conduce a su pérdida de credibilidad, primero, y de relevancia después, y la gente se organiza en pequeñas comunidades locales, dejando de pagar impuestos y conduciendo a la desaparición efectiva del Estado), colapso de las comunidades (la falta de recursos críticos -agua, alimentos- lleva a la destrucción de las comunidades y la gente se organiza en clanes familiares, luchando entre ellos por los recursos escasos) y colapso de la familia (todos los individuos luchan entre sí, el canibalismo es frecuente, la especie se extingue o sobrevive en pequeños grupúsculos aislados). Insiste Orlov en que no es necesario recorrer todos los escalones del colapso; de hecho, en la Unión Soviética consiguieron detenerlo en la fase 3: colapso del Estado. También es cierto que en una situación de colapso global no se podrá confiar en la ayuda externa para detener el proceso (ya que todos los países sufrirán en mayor o menor medida este colapso), y por tanto se debería de dotar a cada estado de estructuras resistentes y lo más autosuficientes posible para que puedan aguantar por sí mismos el embate.

Las medidas que ayer se anunciaron pretenden reducir el déficit público pero, más que nada, contentar a los mercados. Pero como indica Orlov, intentar detener las fases 1 y 2 del colapso (financiero y mercantil) requiere muchos recursos y posiblemente lo mejor es no intentarlo. Pues justamente es lo que se está haciendo aquí, intentar parar el colapso financiero, pero esto es sólo un parche, igualmente acabará por colapsar, y entonces echaremos en falta los recursos que ahora desperdiciamos. ¿Qué vendrá después? Si tienen valor, échenle un vistazo a cómo es un colapso, en este mismo blog.

Salu2,

AMT