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miércoles, 26 de octubre de 2016

Tomando aire antes de la inmersión



Queridos lectores,

Los lectores habituales de este blog se habrán dado cuenta de que el ritmo de publicación de posts de mi puño y letra es ahora bastante menor de lo que solía. No es la primera vez que sucede; aparte de los problemas de salud que tuve a mediados de 2014, ha habido otros momentos en la ya dilatada trayectoria de esta bitácora en los que he escrito sensiblemente menos, generalmente por una sobrecarga en mi trabajo habitual. Es nuevamente ésta la razón de mi relativo receso actual; durante las últimas semanas he realizado 6 viajes, sólo uno de ellos relacionado con la divulgación del peak oil, y eso ha afectado mucho a mi disponibilidad para escribir posts (fundamentalmente, por la falta de tiempo para estudiar los temas de los que quiero tratar).


Este repentino incremento de la frecuencia de mis viajes me parece sintomático de un problema que vengo observando desde hace tiempo en mi entorno próximo y que creo que también es trasladable a un contexto más general. En mi caso particular, la mayor cantidad de viajes responde, en parte, a la necesidad de buscar recursos (y principalmente dinero). En España las posibilidades de financiación de la investigación son todavía bastante considerables, pero si uno quiere mantener una estructura estable como es el Barcelona Expert Center se necesita bastante dinero. Aún no hace un año que tuve que desprenderme de la mayoría del personal, delante de la imposibilidad de conseguir dinero para renovarles los contratos; y las tres personas que aún continúan trabajando para el BEC suponen un gasto bastante considerable, el cual afortunadamente estoy pudiendo cubrir justamente complementando el dinero que consigo del Plan Nacional de Investigación y Desarrollo español (que aún es nuestra fuente de financiación fundamental) con el dinero que consigo implicándome en nuevos proyectos financiados con fondos públicos o consiguiendo nuevos contratos con empresas privadas, razón por la cual acabo teniendo una o dos reuniones de trabajo al mes. Si a esto se le une la necesidad de hacer difusión de los productos que estamos ofreciendo en congresos de especialistas, y la participación en foros en los que se están analizando las oportunidades estratégicas y se diseñan los servicios futuros, en algunos meses puedo tener cuatro o más viajes.

Si Vd. ha llegado a este blog sin saber que yo soy científico que trabajo en un centro público de investigación (y que además cometo la felonía de ser funcionario desde hace unos años), leyendo la frase anterior podría quizá creer que trabajo en una empresa; y desde luego las cosas que digo no tienen que ver con lo que uno se espera que sea el mundo de la investigación. Ciertamente, a medida que he ido progresando en mi carrera una parte cada vez más sustancial de mi trabajo ha derivado hacia la gestión, pero hay algo más profundo: la investigación científica, y no sólo en España, está cada vez más orientada hacia la investigación aplicada y a las soluciones industriales desde la perspectiva de la empresa. Incluso si uno trabaja en áreas, como la mía - medio ambiente-, que históricamente ha sido más de conocimiento básico.

Por ejemplo, un proyecto en el que he conseguido hace poco implicarme está encuadrado dentro de una convocatoria pública europea que pretende establecer "servicios climáticos" y explícitamente señala que nuestro objetivo debe ser establecer puentes con las empresas para que puedan sacar beneficio de los servicios que estamos diseñando y montando nosotros. Es una vuelta de tuerca que contiene varias perversiones intelectuales. El ciudadano europeo de a pie se sorprendería de saber hasta qué punto las autoridades europeas y nacionales son mucho más conscientes de la gravedad de los problemas ambientales de lo que muchos creen, y la profundidad terrible con la que todas estas cuestiones han sido ya discutidas tiempo, contabilizadas en frías hojas Excel, todas las conclusiones y consecuencias estimadas. A nivel de la Comisión Europea, la discusión sobre la existencia y extensión del cambio climático (ésa que algunos negacionistas a sueldo se empeñan aún en negar trolleando por internet) fue superada hace mucho, y ya ni siquiera se habla de mitigación de sus efectos, como se hacía hace 10 años, o de adaptación a los cambios, como más realistamente se apuntaba hace 5 años. Ahora de lo que se está hablando es de mejorar nuestros sistemas de predicción para evaluar las grandes transformaciones que inevitablemente se producirán en nuestro entorno en las próximas décadas, establecer servicios que de manera fidedigna anticipen los problemas y estragos que se irán produciendo... y que alguien haga negocio con eso,

Vds. se preguntarán: ¿y qué hago yo en ese mejunje? Pues estoy allí porque es donde está el dinero, tengo tres contratos laborales que mantener y unas líneas de investigación que creo que serán útiles para la Humanidad y que me gustaría desarrollar. Así que vendo parte de mi tiempo por el dinero que me dan desarrollando esas cosas, siempre con una cierta congoja de no estar muy seguro del uso que se les dará. Y lo que me pasa a mi no es ninguna excepción: cada vez más, esto es la norma. Si uno quiere seguir haciendo un trabajo que merezca la pena, si uno quiere poder tener dinero para desarrollar su trabajo, cada vez más tiene que pasar por esta retorcida lógica que todo lo convierte en activos y pasivos, en costes y beneficios, en pérdidas y ganancias....  Hablando con miembros de mi familia, con amigos, con colegas, con conocidos, observo un cierto patrón repetido: en muchas ocasiones, aquéllos que aún tienen la suerte de trabajar están sufriendo un perceptible aumento de la carga que tienen que soportar, en muchos casos acompañada por la (presumiblemente optmizadora) implementación de nuevos estándares de calidad, de nuevos parámetros de medición de la efectividad y la productividad, de un incremento de la valoración meramente económica de cualquiera actividad de la que se trate. Ya no es sólo algo que le pase a aquellos que trabajan en empresas; pasa también en la educación pública, en la sanidad pública, en los ayuntamientos, la policía, los bomberos, los inspectores de Hacienda, los jueces.... en prácticamente cualquier ámbito. Esto está llevando a un incremento del estrés de los que aún trabajan, que notan que las viejas praxis son desdeñadas aunque toda la evidencia muestra que son mejores para los fines que presuntamente se buscaban, en tanto que se imponen otros modos de hacer que de hecho degradan la calidad y hace más difícil la consecución de esos fines, pero que responden mejor a una política de optimización de costes. Y el primer coste a optimizar es el laboral, con lo cual los que aún trabajan son menos y tienen que asumir todo o más del trabajo que había antes. Y eso por no hablar de los que ya no pueden trabajar, que sufren una especie de imagen reflejada y burlona de todos estos problemas.

Si Vd., querido lector, se reconoce en las frases precedentes, déjeme que le diga que éste es un buen momento para detenerse un momento, calmar la agitación que diariamente nos conmueve y respirar profundamente. Si vive Vd. en España, será sin duda consciente de que con la inminente toma de posesión de un Gobierno en plenas funciones (después de casi un año con el anterior interino) será inevitable la aplicación de una amplia serie de fuertes recortes y subida de impuestos. A una escala más europea, las crecientes dificultades de algunas grandes empresas, con varios bancos de bandera a la cabeza, no podrá ser capeada indefinidamente con las medidas de alivio cuantitativo y compra de títulos que lleva ejecutando el Banco Central Europeo a través de sus filiales. A escala global, los malos datos del comercio internacional, los descensos de las exportaciones de grandes productores industriales como China o Japón, la tensión sobre el mercado de materias primas y las dificultades de muchos países demasiado dependientes de las rentas de su exportación (con más de una bancarrota petrolífera en ciernes) plantean un futuro muy incierto para los próximos meses. Con todo, uno de los problemas más graves a medio plazo es el que se deriva de la brusquísima desinversión en el sector de los hidrocarburos, que nos puede llevar a confrontarnos con cuestiones muy difíciles.
 
Así que, querido lector, ahora es el momento de tomar aire, antes de la inmersion.

Salu2,
AMT



Post Data: Varios contribuyentes habituales me han ofrecido una serie de posts que iré distribuyendo durante las próximas semanas; además de la serie ya comenzada por Javier Pérez sobre Los escenarios peligrosos, Beamspot volverá a la carga ampliando su documentada y excepcional serie sobre el coche eléctrico. Además, como saben la época final del año se caracteriza por una serie de posts habituales de gran alcance, comenzando por el que dedicaré a la publicación del informe anual de la Agencia Internacional de la Energía, el World Energy Outlook 2016, a mediados de noviembre, el cual este año promete traer importantes novedades. Permanezcan en sintonía.

sábado, 25 de agosto de 2012

Un día más


Giré la esquina y me quedé parado. ¿Qué era eso? Al acercarme vi lo que era: un gran lazo negro en un cartel pegado en la puerta (el punto rojo no forma parte del cartel; está siempre allí, para evitar que la gente se estrelle contra el cristal).

La visión fue como una bofetada inesperada, como el hedor del abismo que me sorprendió enfrascado en mis cosas. Estaba absorto por mis pensamientos mientras caminaba hacia el instituto. Primer día en el laboratorio después de las vacaciones, con tantos asuntos pendientes y, de fondo, los primeros síntomas de colapso en mi organización. A pesar del anuncio oficial de que los problemas de liquidez habían sido resueltos, algo me decía que no lo estaban del todo. Después, la inquietud sobre el futuro del trabajo de nuestro equipo. Hacía justo dos días que sabía cuánto nos habían concedido en la última convocatoria de proyectos del Plan Nacional. Un ajuste muy fuerte del proyecto, para el cual ya llevábamos dos meses preparándonos, y además en las partidas destinadas a la contratación de personal un recorte adicional del 27%. No nos podíamos quejar, sobre todo viendo cómo le había ido a los demás; de hecho y siendo honestos nos han tratado muy bien. Recorte importante pero asumible, sobre todo si ahora pido otro proyecto europeo, y si nos colamos en una ITT, y otro dinero que nos viene de la ESA, y con los recientes recortes de salario (con la supresión de la paga extra de Navidad) el dinero se puede estirar un poco más, y... En fin, caminaba haciendo mis cuentas de la vieja. Y luego los estudios científicos que tengo comenzados: "Debería terminar los análisis previos de cinco trabajos durante la semana que viene". Cinco trabajos muy interesantes en los que estoy implicado y cuya continuidad depende de que les pueda dedicar un poco más de tiempo. La semana que viene; hoy no, que tengo mucho trabajo administrativo que resolver. La semana que viene, sí. Llevaba diciendo esta misma frase desde Abril, ¿o era desde Febrero? Creo que en realidad un poco desde Septiembre pasado...

Y al llegar a la puerta ahí estaba. El lazo negro. El símbolo de los recortes, de la muerte lenta de la administración con los recortes que el Gobierno nos está imponiendo para poder salir del marasmo financiero en el que nos estamos hundiendo. Bienvenido de vuelta al trabajo, Antonio. Y ya en el pasillo me encuentro otros carteles; por ejemplo éste colgado de la puerta de mi jefe.


Primera compañera que me encuentro. No sabe si su contrato será prorrogado después del 31 de Diciembre; si no es así su servicio, que sólo cuenta con ella ahora mismo (a su compañera la echamos hace un año), tendrá que cerrar. Yo necesito su ayuda para nuestro nuevo proyecto, y empeamos a buscar soluciones: y si yo te contrato seis meses, y luego fulanito te contrata otros seis con su proyecto, y así vamos alargando la cosa y tú dedicas un poco de tiempo a nuestros proyectos y al tiempo al trabajo normal del servicio... pero necesitaríamos encontrar otros cuatro proyectos para garantizar el trabajo en la duración de los mismos. Ésta es la nueva realidad, la de ir estirando los recursos, a ver si podemos mantener algo parecido a lo que teníamos. No hay tiempo para dejarse llevar por el desaliento. Oye, y cómo es que tienes todas estas cajas aquí en medio. Nada, que iban a hacer obras de remodelación, pero a la empresa que las iba a hacer se le dijo que se pagaría a 180 días y no lo ha aceptado. Ya, digo yo.

Voy a Administración a llevar los comprobantes de mi viaje a Munich, que hice justo antes de las vacaciones. Hola, Jordi; cómo va todo, que tal las vacaciones, etc; la conversación habitual mientras voy haciendo el papeleo que me permitirá cargar en nuestro proyecto el coste del viaje; para usar nuestro dinero, el de nuestro grupo, para hacer el trabajo que se supone que teníamos que hacer. Y al acabar, una frase que me esperaba: "Bueno, no sé cuándo te reembolsarán el dinero". Aún están pendientes de reembolsar viajes hechos en Julio, aún hay algunos problemas de liquidez en el CSIC. Y los pagos a proveedores ahora se hacen a 40 días. En fin. Esperemos que en Septiembre todo se desatasque por fin. Vinga, Jordi, fins després.

Papeles. Papeles y más papeles, mails literalmente a cientos que responder. Hace calor en el despacho hoy, está a 29,2ºC. Hace un año que no uso la climatización; sólo abro el ventanuco cuando hace calor y ya está. Es incómodo pero te habitúas. Tiene la ventaja añadida de que así cuando me vienen al despacho a pedir algo no se entretienen demasiado.

Como rápido para volver a los papeles y despachar las cosas urgentes con los pocos colegas que hay. Antes de marcharme pasa por mi despacho una colega, una buena amiga. No ha comido aún, está un tanto agobiada. Durante la noche murieron 150 peces de su tanque, un fallo de la bomba de aireación del agua. El cuarto este mes; hoy en vez de quejase educadamente ha puesto el grito en el cielo (hubieron podido morir todas las especies del acuario, que son miles de individuos) y parece que lo arreglarán. Los problemas de Agosto más la necesidad de apurar lo que nos queda de Tesorería. Business as Usual, el nuevo Business as Usual, no pasa nada.

Me voy al tren, pero antes de subir entro en una farmacia, bien cerquita del Paseo de Gracia, en pleno centro de Barcelona, ya que tengo que comprar un repelente de mosquitos para la niña. Los empleados están un poco distraídos; hay una docena de personas en la tienda pero nadie despacha. Uno de ellos, un chico joven, habla por el móvil. "Sí, estaba muy nervioso. Me dijo: Dame el dinero o saco lo que tengo en la bolsa. Qué sé yo lo que tenía en la bolsa; estaba muy nervioso y había gente aquí; le dí algo de dinero de la caja y salió corriendo. Es sólo dinero, nadie ha resultado herido." La chica que al final reacciona y me atiende me cuenta que acaba de pasar. Quizá fue el tipo con el que me crucé en la esquina. Es el nuevo BAU.

En la estación de Paseo de Gracia  me fijo en algo. Una puerta pequeña (el dintel quedaba debajo de la altura de mis ojos) me llama la atención. O más bien los carteles que tenía adheridos...


Me quedo pensando si será una especie de mensaje que un ente superior me está enviando o si es que mi subconsciente traumatizado sólo selecciona aquellos estímulos que concuerdan con mi visión de la realidad. En fin, tonterías que se le ocurren a uno cuando tiene tiempo para pensar. Subo al tren y me pongo a trabajar otro rato más... hasta que el tren se para en Girona. Si era un mensaje de un ente superior ahora lo entiendo. Incendio entre Celrà y Bordils, el tren no puede pasar. Después del pavoroso incendio del Empordà de hace unas semanas (yo estaba en Figueres y a las 4 de la tarde se hizo de noche, de tan grande que era la nube de humo y cenizas) muchas personas han alertado de que si los incendios de este año son más incontrolables no es sólo por las altas temperaturas y la sequía que nos azota, sino por la disminución de efectivos y medios de las cuadrillas de extinción, de un 40% (ahí es nada).

Renfe se moviliza bastante rápidamente, y después de esperar sólo 20 minutos nos hacen bajar del tren: la parte final del trayecto la haremos en autobús, ya que la autopista no está afectada. Una marea de gente inunda la calle adyacente a la estación, intentando montar en el primer autobús, en el segundo, en el tercero... Yo me voy directamente a éste último. El conductor revisa los billetes, vano intento porque hay demasiada gente y estamos entorpeciendo la circulación por la calle. Como quiera que abre las dos puertas del autobús algunas personas, pocas al principio, más al final, empiezan a entrar, incontroladas, por la de atrás. Yo lo veo rápido y estoy tentado de entrar, pero me digo: "No. Dale una oportunidad a hacer las cosas correctamente, al orden y al civismo". Por supuesto me quedo fuera del bus. Así que cuando llega un cuarto bus no lo dudo, y haciéndome el despistado me cuelo por atrás (no sin antes solicitar amablemente a una señora entrada en carnes que haga el favor de dejar mis costillas en paz). Las caras de los que quedan fuera esta vez son un poema: no parece que esté previsto poner otro autobús hasta que regresen éstos... Llegamos a Figueres con poco retraso dado el follón, sólo una hora y media más tarde de lo esperado...

Sólo es un día más.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Retazos de una crisis global


Queridos lectores,

Repetidas veces durante estas semanas algunos lectores, amigos y hasta familiares me piden que aporte pruebas fehacientes de que realmente se está desarrollando ya la mayor crisis energética de la Humanidad (o, al menos, del mundo occidental). Mi deformación profesional como científico hace que tal petición me resulte chocante: en este cuaderno de bitácora me dedico hasta la extenuación a hacer repetidos análisis de los datos aportados por los diversos entes internacionales e incluso por compañías privadas cada vez más preocupadas por la que se nos viene encima, y para mí esos análisis son más que elocuentes. Sin embargo, me doy cuenta de que para mucha gente las numerosas gráficas y proyecciones, y los argumentos más o menos técnicos que aporto son prácticamente inútiles por dos motivos fundamentales. El primero, que nuestra sociedad se ha vuelto tan cínica que estamos acostumbrados a que se pueda defender, incluso en las altas instancias políticas, una posición y su absolutamente contraria, y en ambos casos respaldados por toneladas de datos y sesudos análisis; faltando por tanto la honestidad de no negar la evidencia y no intentar falsear la realidad a nuestra conveniencia, la gente se siente perdida, de tanto más si no son capaces de seguir la discusión técnica. Al final, en nuestro mundo la verdad material se vuelve cuestión de opinión y hasta si dos más dos suman cuatro es argumentable. El segundo argumento (que es todavía más demoledor) es que si el problema tuviera la gravedad que aquí y en otros foros repetidamente se denuncia, el comportamiento de nuestros líderes seria de una absoluta e inaceptable irresponsabilidad, en primer lugar por ocultarlo y en segundo lugar por no tomar las medidas adecuadas para adaptarnos; el corolario natural de todo esto es que suponer tal comportamiento por parte de nuestros políticos implica creer que hay una inverosímil gran conspiración en marcha y reduce por tanto a los proponentes del Peak Oil a una pandilla de locos conspiracionistas. Delante de esto yo suelo argumentar que en realidad nuestros líderes están perfectamente al tanto de qué pasa, lo que sucede es que están buscando salidas falsas porque cuesta aceptar que la sociedad actual tendrá que reorganizarse por fuerza de arriba a abajo, y aquí suelo destacar varios hechos significativos. Por ejemplo, que Obama nombró como Secretario de Estado (es decir, Ministro) de Energía a Steven Chu, que aparte de ser premio Nobel de Física fue director del Lawrence Berkely National Laboratory y que no sólo conoce bien el problema del Peak Oil sino que ha hablado numerosas veces (antes de ser Secretario de Estado, claro está) de él; como muestra, esta presentación de 2005; la transparencia 16 habla por sí sola. Otro ejemplo: en el Reino Unido se están tomando el tema más que en serio y son legión las iniciativas que desde el ámbito público y privado se están tomando, y ya discutidas en posts anteriores: "Algunos gobiernos cambian el rumbo", "Algo se mueve en Inglaterra" y "Vientos de transición". Y bien, si pensamos en España, está la muy significativa pregunta que Gaspar Llamazares presentó delante del congreso (registro aquí). Con respecto a la pregunta que yo mismo formulé al Presidente (bueno, en realidad otra, más personal, que envié desde la web de la Moncloa), recibí la siguiente respuesta:



Como dice Quim: "Bueno, por lo menos ahora puedes decir que sabes que Zapatero está al corriente del problema". Por otro lado, seguramente algunas comunidades autónomas se están planteando el problema (y el que quiera entender que entienda).

Entiendo, de todos modos, que lo que la gente quiere ver son indicios inequívocos de que efectivamente se está desarrollando esa crisis energética de la que tanto hablamos. Me resulta curioso que, en medio de las malas noticias que sobre la evolución económica local y global arrojan los diarios cada día, sea justamente en este momento que se me pida una mayor confirmación, una mayor clarificación; pero está claro que la gente aún cree en el discurso mainstream de que la crisis económica tiene su origen único en unas manipulaciones especulativas de unos banqueros muy malos, y no en el hecho de que hemos topado con los límites de los recursos del planeta. Pero, en fin, como quiera que en las últimas semanas se han sucedido numerosas noticias que muestran que la crisis energética se agudiza, creo que está bien resumirlas aquí. Y, como verán, la mayoría salen de los propios medios de comunicación de masas...

Si después de todo esto, tienen motivos todavía para ser optimistas o les quedan dudas, sinceramente ya no sé qué más decirles; sólo, que se queden a la escucha de los próximos acontecimientos.

Salu2,

AMT

jueves, 13 de mayo de 2010

Acelerando el colapso


Queridos lectores,

Me temo que mi post sobre el pico del carbón se vuelve a aplazar. Los acontecimientos actuales marcan un tempo bien diferente del de mi disponibilidad de tiempo (no olvidemos que mi trabajo no es éste). Afortunadamente, el cénit de producción de carbón es un fenómeno a analizar en la perspectiva de años, así que bien puede soportar que lo postergue aún unos días.

Últimamente este blog habla más de economía (materia de la que no me considero ni mucho menos experto) que de recursos naturales (en la que tampoco soy experto pero me siento más a gusto). Esta dicotomía no es en absoluto sorprendente; al fin y al cabo el tema principal que nos ocupa, en este blog, es el de la escasez de la energía que ya se está desarrollando en nuestra opulenta sociedad y la necesidad de repensar nuestro modelo de consumo de recursos naturales y energéticos en particular. Sin embargo, repensar el consumo de energía significa repensar el consumo y en última instancia repensar el modelo económico. Ya lo hemos comentado: para poder crecer económicamente necesitamos incrementar nuestro consumo de materias primas y de energía (las tan cacareadas mejoras de la intensidad energética son un puro espejismo, porque ocultan que se externaliza la producción más costosa en recursos a otros países como por ejemplo China). Precisamente es esta interrelación entre energía y economía la que hace del Peak Oil un tema difícil de aceptar por los Gobiernos y los poderes económicos.

La noticia que ocupa hoy mi atención es el recorte anunciado en el día de ayer por el presidente del Gobierno, según el cual el salario de todos los trabajadores públicos de todas las Administraciones Públicas tendrán una reducción de sueldo del 5% computable a partir del próximo 1 de Junio. Se puede alegar con motivo que me siento directamente implicado en la cuestión, ya que soy funcionario. Antes de nada, me gustaría hacer un apunte para aquellos que se crean que ser funcionario es un chollo: aún no hace ni dos años que yo lo soy, y eso después de hacer dos carreras "ligeritas" -Física y Matemáticas- en 6 años, más 5 años de doctorado (en Física Teórica), más 3 años de post-doc en París, más 1 año de reincorporado de la Generalitat y más casi 5 años de Ramón y Cajal. Es decir, 20 años de carrera formativa y profesional, cobrando -cuando cobraba- salarios que me permitían llegar, y no siempre, justito a fin de mes (a excepción del período como Ramón y Cajal, en el que el salario era simplemente digno) y trabajando entre 50 y 60 horas semanales (el fin de semana seguía trabajando, of course). Reconozco que ahora me he relajado (ya se sabe, eso de ser funcionario...) y sólo trabajo unas 40-50 horas a la semana (si no contamos el tiempo que dedico al Oil Crash).

Una parte de la población española aplaude la medida, con valoraciones que van desde la apelación a la solidaridad ("Ahora es el momento de que los funcionarios arrimen el hombro"), pasando por el reproche por agravio comparativo ("Hasta ahora habían sido inmunnes a la crisis") hasta llegar directamente a la descalificación sumaria ("Ya era hora de que estos vagos y chupópteros rasquen su bolsillo en dirección a su cartera en vez de en la otra dirección"). Todo este tipo de argumentos facilones y populistas tienen mucho predicamento como idea-fuerza impulsada por aquellos actores políticos y mediáticos que no tienen el más mínimo escrúpulo en usar la demagogia, alentando el odio de los ciudadanos al típico funcionario desidioso y maleducado "de ventanilla" para cargar contra todos los funcionarios (desde la mayoría de funcionarios "de ventanilla" que atienden estoicamente y con diligencia a personas que les tratan con educación variable hasta los policías que vigilan nuestras calles, los médicos y enfermeras que nos curan, los maestros y profesores que nos educan, los funcionarios de Hacienda, los científicos, los militares, los analistas, los informáticos, los estadísticos y así hasta completar un largo etcétera). Llega un momento en que parece que los males del país son una consecuencia necesaria de nuestros funcionarios, cuando en realidad su peso relativo en la población activa es inferior a la de otros países y sus sueldos no son en absoluto competitivos (en mi caso en particular, si hubiera aceptado alguna de las ofertas que tuve hubiera ganado mucho más desde hace mucho más tiempo).

Pero, dejando al margen estas consideracions ab initio, querría mostrar cómo las medidas adoptadas van en la dirección contraria a la necesaria y cómo acelerarán el proceso de colapso en las fases ulteriores a la primera (ver "Las cinco fases del colapso" de Dimitri Orlov). Mis observaciones son las siguientes:

1.- En primer lugar, los recortes se aplican a todos los trabajadores públicos de todas las administraciones, y no sólo a los funcionarios. Esto, por tanto, incluye los trabajadores laborales, fijos y eventuales, muchos de ellos contratados con sueldos y garantías laborales ya bastante precarias. Estamos, por tanto, incidiendo con fuerza en un segmento bastante débil del mercado laboral.

2.- Oía esta mañana en el noticiero del Canal 24h de TVE (a las 6 de la mañana no hay muchos telediarios) que los trabajadores públicos de todas las administraciones (contando funcionarios y laborales) son 2.659.000 personas. Sobre una población activa de unos 23 millones de personas (números a grosso modo) esto representa aproximadamente el 11.5% de la población activa. Ahora bien, con un 20% de paro como tenemos ahora, esta masa laboral representa casi el 14.5% de los trabajadores que están efectivamente trabajando.

3.- El recorte de masa salarial será en media del 5% (menor para los sueldos menores y mayor para los sueldos mayores). El impacto sobre el consumo de estos asalariados causado por este recorte será varias veces mayor; en primer lugar, porque muchos de estos asalariados tienen gastos fijos que no pueden disminuir (hipotecas, créditos al consumo, alimentación, vestido, cuidado de niños y mayores, etc). Si en media estos asalariados destinan a gastos fijos la mitad de sus sueldos (bastante optimista es esta estimación si hablamos de los salarios más bajos, pero puede ser compensada por los salarios más altos; ya sabemos que la estadística es la más limpia de todas las mentiras), este 5% de reducción de sueldo supone un 10% de reducción de la otra mitad del sueldo que se puede usar en gastos discrecionales (ya saben: tomarse un café, ir a un restaurante o al cine o de vacaciones, comprar un DVD,...). Pero dado que se anuncian futuras congelaciones de sueldo para los trabajadores públicos, y que en una misma unidad familiar habrá trabajadores públicos y privados, y la seguridad laboral de los privados está en un brete, es probable que nuestros probos trabajadores públicos acaben ahorrando un poquito y disminuyendo aún más sus gastos discreciones, digamos que hasta un 15%.

4.- Si el 14.5% de los trabajadores en activo reducen su consumo en un 15% quiere decir que el consumo total en España caerá, de manera directa, más de un 2.1%. Esta caída del 2.1% del consumo causará más recesión, más paro, y a su vez más caída del consumo, completando el círculo vicioso... más crisis, en suma. Por tanto, reducir el sueldo de los funcionarios de manera brusca en este momento significa un ahorro inmediato para el Estado, pero vía la caída del consumo la economía se contraerá aún más, aumentará el paro (más carga financiera para el Estado vía el subsidio de desempleo) y disminuirá la recaudación de impuestos. A falta de un análisis pormenorizado del impacto, me da la impresión de que no es muy buen negocio. Y si creen que mi cuenta sobre el impacto directo en el consumo es exagerado, tengan en cuenta que no he considerado el impacto de otras medidas tomadas ayer, como la congelación de las pensiones, la eliminación del cheque bebé, etc. Lo más probable es que el impacto directo sea mayor, y el indirecto vaya Vd. a saber.

5.- En añadidura, el malestar creciente entre los trabajadores públicos hará que aumente la conflictividad laboral, con paros, huelgas, menor motivación, etc disminuyendo la productividad y reduciendo aún más la generación de riqueza, agravando los problemas. Al tiempo, disminuirá la credibilidad del Estado, sobre lo cual comentaremos más abajo.

6.- Aunque la gente que carga contra "los funcionarios" no se dé cuenta, los salarios públicos son una de las referencias para la fijación de los salarios en todo el sistema productivo (y no al revés). Si los salarios públicos bajan habrá un estímulo añadido para reducir los salarios privados. Por tanto, aquella gente que carga contra otras personas que son trabajadores como él, en vez de atacar la raíz del problema, está atacando sus propios intereses sin darse cuenta: primero, porque al disminuir el consumo en general su área de actividad acabará por verse afectada; y segundo, porque con el tiempo su propio sueldo disminuirá como reflejo de la bajada de los sueldos públicos.


Como se analiza en un post reciente del Acorazado Aurora, una de las funciones del Estado es la asignación: el Estado es un agente económico más, es la mayor empresa del país, y con sus salarios dinamiza la economía. Como hemos visto, negar este efecto conlleva un agravamiento de la crisis en varios frentes. ¿Cómo se explica, por tanto, que se tome una medida que en el corto plazo puede ser beneficiosa pero que será dañina sin duda en el medio y largo plazo? Básicamente, es una medida desesperada por intentar salvar el sistema financiero. Que la situación del sistema financiero es desesperada la evidencia un reciente artículo de Alberto Montero Soler. Se ha pasado de puntillas sobre el hecho de que de los 750 millardos de euros comprometidos in extremis el domingo pasado por el Ecofin para "blindar el euro", 250 millardos provienen del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución controlada por los EE.UU. Como apunta Alberto Montero, esto significa una renuncia a la soberanía europea en el núcleo central del euro, con consecuencias hoy imprevisibles, pero poco halagüeñas. Por lo demás, se ha valorado la operación como un éxito dado el fuerte repunte de las bolsas (en especial la española), pero si se miran las cosas con un poco de perspectiva se verá que tras poner 750 millardos de euros sobre la mesa el IBEX 35 está hoy 400 puntos más bajo que hace diez días. Es decir, hemos puesto todo el dinero que podíamos y nuestra soberanía monetaria, y así estamos "sólo" un poco peor que el lunes de la semana pasada.

Cito con frecuencia el análisis de Dimitri Orlov de cómo sobreviene el colapso de las sociedades modernas. Orlov se basa en su propia experiencia sobre el desmoronamiento de la Unión Soviética y de otras sociedades modernas (los famosos "Estados fallidos"). El colapso según Orlov tiene cinco fases: colapso financiero (las finanzas del país y la bolsa se hunden, acabando en una suspensión de pagos), colapso mercantil (dada la nula fiabilidad del país, se le suspenden las importaciones y toda la producción ha de ser local, en lo que se pueda), colapso del Estado (la falta de recursos y de fiabilidad del Estado conduce a su pérdida de credibilidad, primero, y de relevancia después, y la gente se organiza en pequeñas comunidades locales, dejando de pagar impuestos y conduciendo a la desaparición efectiva del Estado), colapso de las comunidades (la falta de recursos críticos -agua, alimentos- lleva a la destrucción de las comunidades y la gente se organiza en clanes familiares, luchando entre ellos por los recursos escasos) y colapso de la familia (todos los individuos luchan entre sí, el canibalismo es frecuente, la especie se extingue o sobrevive en pequeños grupúsculos aislados). Insiste Orlov en que no es necesario recorrer todos los escalones del colapso; de hecho, en la Unión Soviética consiguieron detenerlo en la fase 3: colapso del Estado. También es cierto que en una situación de colapso global no se podrá confiar en la ayuda externa para detener el proceso (ya que todos los países sufrirán en mayor o menor medida este colapso), y por tanto se debería de dotar a cada estado de estructuras resistentes y lo más autosuficientes posible para que puedan aguantar por sí mismos el embate.

Las medidas que ayer se anunciaron pretenden reducir el déficit público pero, más que nada, contentar a los mercados. Pero como indica Orlov, intentar detener las fases 1 y 2 del colapso (financiero y mercantil) requiere muchos recursos y posiblemente lo mejor es no intentarlo. Pues justamente es lo que se está haciendo aquí, intentar parar el colapso financiero, pero esto es sólo un parche, igualmente acabará por colapsar, y entonces echaremos en falta los recursos que ahora desperdiciamos. ¿Qué vendrá después? Si tienen valor, échenle un vistazo a cómo es un colapso, en este mismo blog.

Salu2,

AMT