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viernes, 13 de julio de 2012

El Plan de la Energía y el Cambio Climático de Cataluña


Queridos lectores,

Desde hace unas semanas está sometido a información pública el documento provisional del Plan de la Energía y el Cambio Climático de Cataluña (la dirección que acabo de enlazar en las palabras precedentes se las trae de lo larga que es y eso me hace temer que este enlace no será válido por mucho tiempo; si lee este post dentro de unos meses y no puede acceder al documento intente buscarlo en la página del ICAEN).

Este documento es muy importante, ya que sirve para fijar la política en materia energética de la Generalitat de Catalunya (Gobierno Autonómico de esta nacionalidad histórica de España). El grueso del documento está dedicado a las medidas correctivas que el Govern de la Generalitat quiere tomar para combatir el cambio climático. Sin embargo, en este documento se habla explícitamente y en mucha profundidad del Peak Oil y sus posibles consecuencias sobre la sociedad y la economía catalanas. Este documento es un nuevo ejemplo de lo que denunciábamos en el post "Público, no publicitado" hace ya dos años: existe una plétora de documentos públicos, dentro y fuera de España, que alertan de la inminencia y gravedad de la llegada del Peak Oil, documentos fácilmente accesibles pero que no son publicitados ni por las Administraciones que los encargan ni por los medios de comunicación, y así existe un debate de cierta intensidad que es público, pero no es publicitado. De esa manera, formalmente se está cumpliendo con el deber de cualquier Administración de informar sobre asuntos de alcance general, y máxime si son de la gravedad del Peak Oil (no olvidemos que la llegada del Peak Oil implica, inexorablemente, que esta crisis no acabará nunca), pero al poner el foco en muchos otros asuntos, comparativamente menores, se evita que el ciudadano de a pie sea mínimamente consciente de que el crecimiento económico ha llegado a su fin, y que una explosión de rabia puede acabar precipitándonos en el colapso. Y así un debate que debería ocupar la primera plana de los periódicos cada día se encuentra relegado a documentos extensos y abstrusos alojados en recónditas esquinas de los servidores de las diversas administraciones...


En lo que sigue haré un análisis somero de la parte que quiero destacar hoy del documento, es decir, la que se refiere a la llegada del Peak Oil y qué se está proponiendo desde la Generalitat para hacerle frente.


El informe actual, aún provisional, es continuista con respecto al del anterior Gobierno (que fue de signo político contrario al actual). Es un gran mérito del Institut Català de l'Energia (ICAEN), que es el organismo encargado de preparar este informe para la Generalitat, haber conseguido que los diferentes partidos políticos acepten la opinión fundada de los técnicos, o quizá el mérito también es de los partidos políticos catalanes, que han entendido que ciertos aspectos técnicos no tienen posible interpretación partidista.

 En la página 14 del documento nos encontramos el desarrollo de los escenarios que definen la prospectiva energética de Cataluña hasta 2030 (PROENCAT 2030). Son seis escenarios, denominados Escenario E1 (BASE), E2 (Voluntarista), E3 (Adaptación Tardía), E4 (Anticipación), E5 (Reactivo) y E6 (Cambio de era). Los escenarios en realidad están duplicados, ya que delante de cada conyuntura del mercado del petróleo se analiza qué pasa según si la actitud de la Generalitat de Catalunya es reactiva a lo que vaya pasando (Escenarios E1, E3 y E5) o si es proactiva, anticipando lo que va a pasar y tomando medidas correctivas (Escenarios E2, E4 y E6). En ese sentido, los escenarios impares o reactivos tienen el objetivo de moralizar sobre qué puede llegar a pasar si no se previenen los peores efectos de la llegada del Peak Oil. Respecto a la coyuntura del mercado del petróleo, los escenarios se agrupan en los que consideran que la producción del petróleo seguirá subiendo hasta 2030 (E1 y E2), los que consideran que se está en un plateau oil o meseta de productiva, en la que la producción está estancada con altibajos y que se producen momentos puntuales de escasez y una tendencia hacia el final de período a que comience el declive terminal de la producción (E3 y E4) y los que consideran que se comienza dentro del período de aquí a 2030 el declive terminal de la producción de petróleo (fenómeno erróneamente denominado peak oil en este informe).


De acuerdo con el PECAC 2020 el escenario más probable (denominado "Escenario Apuesta") es el E4: Anticipativo. Es decir, el plan rector de la política energética catalana acepta que la producción de petróleo ya no puede crecer, y que en algún momento alrededor de 2030 empezará su declive terminal (lo cual ya no es tan sorprendente hoy en día, teniendo en cuenta que la propia Agencia Internacional de la Energía, siempre reacia a dibujar panoramas sombríos, tuvo que reconocer hace dos años que la producción de petróleo crudo ya no crecerá más). En versiones anteriores de este informe se consideraba posible, aunque no probable, que el escenario pasase del E4 al E6: Cambio de Era durante el período analizado.


¿Qué considera el PECAC que debe hacerse dado que su escenario de referencia es el E4, y qué pasaría si no se actuase preventivamente -escenario E3-? Las estrategias para el escenario E4 se enuncian en la página 22 y son desarrolladas en las páginas siguientes. Hay mucho voluntarismo y algunas afirmaciones grandilocuentes pero vacías de contenido ("fomento del I+D+i", "creación de empleo", "desarrollo de un moderno tejido industrial"...), y algunas apuestas absurdas y peligrosas como el coche eléctrico, los biocombustibles o el aprovechamiento a gran escala de la biomasa; de todo lo que se dice, me quedo con "impulso firme del transporte colectivo", "rehabilitación de edificios y viviendas", el incentivo a las energías renovables y poca cosa más. No hay ni la más mínima referencia ni intención de abandonar el BAU, lo cual condena todo el plan ya que la necesidad de crecer continuamente es la que nos aboca al fracaso inevitable. Toda la discusión sobre la reducción del consumo de energía como si fuera una cosa al margen de la actividad económica es absurda, ya que energía es economía y la rentabilidad económica es siempre subsidiaria de la energética. En el informe se habla mucho de mejorar la intensidad energética, cosa en realidad imposible porque el despilfarro es la esencia de la sociedad de consumo, y las mejoras aparentes en intensidad energética del mundo occidental esconden el incremento del consumo en los países a los que hemos externalizado la producción de los bienes que consumimos aquí (¿o no se ha fijado que ahora todo es "made in China"?), con lo que en realidad el consumo total de energía ha aumentado (por el sobrecoste energético del transporte de los productos desde lugares tan remotos) en vez de disminuir. Y lo malo de este esquema de externalización es que cuando la energía se va haciendo cada vez más cara se viene abajo como un castillo de naipes...

Al final, lo verdaderamente interesante del PECAC es el análisis más detallado, escenario por escenario, de qué consecuencias se esperan, presentadas en unas incómodas tablas a partir de la página 278. Los escenarios más interesantes son E3 y E5, y sobre todo el E5, porque por más voluntarismo que pretenda poner la Generalitat lo cierto es que, como cualquier otra Administración, actúa antes de manera reactiva (o "a toro pasado") que no proactiva (es decir, anticipando). Destaco algunos elementos del escenario E5. En la página 279 leemos: "Fragmentación de los mercados globales" (una manera de decir que los mercados globales colapsarían). En la página 280: "En algunos países los conflictos podrían ser muy graves, debido a la situación crítica que representa este escenario. En todo caso, la necesidad primaria de alimentación puede entrar en conflicto con las necesidades económicas del sector energético de la biomasa" (denuncia velada de los biocombustibles, aunque asume que los quiméricos biocarburantes de segunda generación hacen su aparición - se puede ser catastrofista pero no hasta ser realista, vamos). Las páginas siguientes hacen una loa a las posibilidades técnicas de la nuclear de 3ª y 4ª generación (poco creíbles si tenemos en cuenta la evolución hasta ahora y máxime en una situación de crisis económica generalizada) y de otras tecnologías de ahorro y eficiencia, todo muy tecnooptimista (es necesario endulzar este escenario, se ve). En la página 287 se hace una afirmación bastante significativa: "Dado que las políticas medioambientales [ya] no son prioritarias [en este escenario] se reduce la I+D en materia de captura y almacenamiento de carbono y se abandonan este tipo de proyectos". No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación, y máxime cuando en España el único recurso energético no renovable autóctono es el carbón. En las páginas 288-289 se explica que los problemas del petróleo dejarán parte de la demanda insatisfecha (en realidad ya está pasando hoy en día, pero se ve que en el ICAEN no pueden reconocer públicamente los signos de ello) y que eso también causará "disrupciones" en el suministro de carbón y gas, con lo que se ve que comprenden que la explotación de otras materias depende, y mucho, de disponer de petróleo, aunque en la página 292 se da por hecho que la oferta de gas y carbón aumentarán, sin tener en cuenta la inminencia de sus respectivos cenits (del gas y del carbón). En la página 295 se afirma que la OPEP podría estirar sus reservas, a base de reducir su producción, por tal de mantener el control y sus beneficios el mayor tiempo posible (lo cual casa mal con otras afirmaciones optimistas anteriores). En la página 300 se afirma: "La problemática energética adquiere una relevancia tan elevada que pasa al primer nivel de prioridad en la Unión Europea, por encima de las políticas ambientales". En fin, como ven un equilibrio continuo entre querer ser optimista y el atisbo realista de nubarrones importantes en el horizonte...


El PECAC 2020 es un documento político y por tanto tiene las limitaciones de un documento de estas características, que no puede abordar con toda la crudeza la gravedad de la situación. Sin embargo, es un paso importante en el reconocimiento de la importancia del proceso de depauperización que estamos viviendo. Sería necesario, imprescindible, que este tipo de documentos fueran discutidos de manera mucho más pública y se pudiera arrojar más luz sobre aquellos aspectos más dudosos y pasados de puntillas en este Plan. Sobre todo, porque no nos queda tanto tiempo para reaccionar.

Salu2,
AMT

martes, 8 de noviembre de 2011

Construyendo el futuro desde arriba


Queridos lectores,

En el programa de Radio Libertad del pasado jueves Juan Carlos Barba anunció que esta semana hablaríamos sobre las medidas que se deberían tomar para hacer la necesaria adaptación al futuro de La Gran Escasez. Como ha habido un cambio de invitados (yo mismo no podré participar esta semana) es posible que también haya un cambio de discusión, pero el tema en cuestión acabará siendo debatido algún día. Además, es una pregunta muy lógica, que ya suele surgir en las charlas del Oil Crash, y que simplificando y por abreviar se podría formular así: ¿Qué recomendaciones le daría Vd. al Gobierno (o a los Gobiernos) para pilotar el Oil Crash, si le hicieran caso?


Me preocupa bastante meterme en ese berenjenal, el de dar consejos o líneas de actuación, porque más que en otros ámbitos me doy cuenta de mis propias limitaciones o carencias. No sé prácticamente nada de economía y tampoco de las dificultades de gestión de la cosa pública, no digamos ya de cómo legislar correctamente. Un error fatal en cualquiera de ésas y otras direcciones y nuestras mejores intenciones empedrarán el camino del infierno. Pero, por otro lado, no sería honesto de mi parte eludir completamente la responsabilidad de hacer observaciones y sugerencias, que deberán tomarse como eso, meras observaciones crudas que necesitarán, y no poca, elaboración antes de que puedan interpretarse en clave de acción política. Por otro lado, creo que en esta misión, la de definir pautas adecuadas de actuación, los diversos comentaristas que suelen leer este blog aportarán sus diversos puntos de vista y seguramente del debate que un post como éste suscitará se podrán sacar ideas interesantes de cara a lo que podría ser un plan de Gobierno de la transición. Por ello, creo que puede ser útil e instructivo, particularmente para mí mismo, abrir por fin este debate y ver qué cosas podemos sacar en claro.


Por supuesto que otros antes, y con mayor mérito y conocimiento, han abordado esta tarea: ahí está por ejemplo el Real New Deal del Post Carbon Insitute. A nivel más local, está el plan de transición construido por la asociación gallega Véspera de Nada (miren en la columna de la derecha de su página web, Medidas fronte ao teito do petróleo), en el que tuve el honor de serme solicitada mi opinión. Yo, sin llegar al nivel de detalle de éste último, quisiera recoger algunas ideas que creo que deberían formar parte de ese plan de transición gobernado desde arriba. He aquí algunas de esas ideas clave:

Abandonar el BAU

Ésta es la más complicada de las tareas a emprender y la que más implicaciones tiene. Tenemos que hacer comprender a nuestros gobernantes que el Busines As Usual, el BAU, la manera de hacer de las últimas décadas, no tiene sentido en un mundo donde los recursos son limitados, disminuyentes y no sustituibles. Lo hemos discutido muchas veces: el acceso cada vez más limitado al petróleo en particular, y a la energía en general implican que esta crisis económica no acabará nunca, porque dentro de nuestro sistema económico tenemos que crecer siempre a un cierto ritmo; ése es el motivo de que nuestra sociedad sea denominada como "sociedad de consumo" y el por qué de tanto despilfarro como hacemos. Nuestros líderes reaccionan en base a una serie de recetas económicas aprendidas durante los últimos cien años, según las cuales el crecimiento es la mejor garantía para conseguir una elevada tasa de empleo y evitar así revueltas sociales, aparte de tener contentos y satisfechos a los poderes económicos e industriales. Toda la actual política de recortes de gasto público y de disminución de prestaciones sociales va dirigia a ahorrar en la parte no productiva de la sociedad para concentrar el flujo económico en las partes productivas, en la esperanza que éstas se revitalizarán, generarán un nuevo ciclo de crecimiento económico y nuevo empleo, y se podrá dar marcha atrás en la política de recortes que tanto intranquiliza al ciudadano de a pie. El problema es que la premisa es falsa: por más recursos que se concentren en el rescate del sector financiero y en aliviar la presión impositiva sobre el sector industrial y de servicios no se conseguirá que la economía vuelva a crecer, porque igualmente cada vez la energía y los materiales consumidos serán más caros y más escasos; y no por falta de inversión en su extracción y producción, sino por las razones físicas y geológicas que tantas veces hemos discutido en este blog. Hay, sin embargo, tanta teoría económica desarrollada ignorando que no se puede crecer siempre que combatir esta falsa idea y auto-convencerse de la necesidad de cambiar de paradigma, de esquema mental, llevará mucho, mucho tiempo.

Un nuevo orden social

Una vez que se comprende que el BAU no puede seguir funcionando, se tienen que reestablecer las prioridades, porque la prioridad hasta ahora ha sido siempre el crecimiento ya que de él dimanaban las soluciones a todas demás necesidades como corolario. Si no hay crecimiento, se tiene que volver a hacer política de verdad y decidir qué se tiene que hacer y cómo. A mi entender la primera prioridad es la de garantizar el empleo de forma generalizada como medio fundamental para que se preserve la paz social - entiéndase: emplear a la gente para que se pueda ganar la vida dignamente. Algunas personas opinan que la paz social no es importante, que lo único que le interesa a los poderes económicos (que usan a los líderes políticos para implementar su agenda) es ganar cada vez más dinero, aunque para ello tengan que someter por la fuerza a toda la población. Sin entrar a discutir si ésa es o no la intención de estos poderes económicos, tal método es poco sostenible en el largo plazo: en la actualidad su poder económico se basa en vender muchos productos a mucha gente, pero si la gente pierde capacidad económica por estar desempleada o subempleada es evidente que los beneficios caerán en picado, y muchas grandes empresas se hundirán, como de hecho lo están haciendo ahora (¿o cuál creen Vds. que es el futuro a corto plazo de BMW o a más largo plazo de Apple?). Otra cosa diferente es que algunas personas bien situadas intenten garantizarse una posición de señores en un nuevo orden feudal que podría sobrevenir, aunque a mí me parece que, análogamente a lo que pasó en la Edad Media, si sobreviniera el caos anticipado por los proponentes de este futuro tiene más posibilidades de convertirse en un neo-barón un capitán de un grupo de comandos de élite en el paro que no un orondo banquero agitando fajos de devaluados dólares o enlarbolando carísimas e inútiles piezas de oro y plata. Pero, en fin, supongamos que nuestros líderes han comprendido la imposibilidad del BAU y buscan aquello que es socialmente más conveniente. Como digo, la primera cosa a hacer es establecer un sistema que dé empleo a todo el mundo, y eso dentro del contexto de una economía que no crece. Lo que no parece fácil, aunque no es necesariamente imposible.

Economía estacionaria 




Si los insumos no pueden crecer y, como parece, la desmaterialización absoluta de la economía no es un objetivo factible (y, sobre todo, efectivo) a corto plazo, está claro que en un momento determinado la economía debe dejar de crecer y volverse estacionaria, es decir, de tamaño constante, y eso probablemente después de un período de decrecimiento. Una economía estacionaria tiene unos planteamientos diferentes que una en crecimiento. La fuerza de trabajo no puede modificarse sustancialmente a lo largo del tiempo, ni el número de fábricas, ni en general los medios de producción. Peor aún, se debe establecer algún tipo de planificación de gran escala (no sobre las actividades particulares pero sí sobre el consumo general de recursos) para evitar que se produzcan grandes descompensaciones. Ser competitivo al tiempo que se imponen restricciones de uso es una tarea que se me antoja muy complicada. En todo caso, las variables a controlar son físicas (energía consumida, toneladas de material) y no monetarias. Posiblemente la mejor unidad monetaria de esta economía es la energía de procesado, o mejor aún, la exergía.


Función del trabajo 


Se ha de repensar el trabajo y su función social, y el grado de satisfacción que se podrá dar a las necesidades humanas, las reales y las percibidas. Es fundamental garantizar comida, agua, abrigo y alojamiento a la población; es conveniente y pertinente darle también educación y sanidad. A partir de ahí, lo natural es dejar a la gente desarrollar su iniciativa personal, por buenas y poderosas razones; el cómo tendrán que decirlo gente con más capacidad y conocimiento. Lo que no es fácil ni trivial es garantizar la producción por medios sostenibles de esas necesidades básicas. Es, por tanto, importante identificar los recursos locales y las capacidades locales de producción, y ver cómo mantener redes suficientes para el comercio de aquellos productos en los que cada región sea excedentaria o deficitaria. Teniendo acceso cantidades decrecientes de petróleo y gas en el medio plazo, y a ninguna cantidad en el largo plazo, es importante decidir cómo se va a poder mantener la mecanización del campo y del transporte. Se ha de estimar cuál es la cantidad de biocombustible que es razonable producir sin poner en compromiso la alimentación humana y animal, y dónde sale a más a cuenta producirla. También se tiene que decidir cuántos animales pueden razonablemente mantenerse, cómo se ha de distribuir la población sobre el territorio, cómo evitar la erosión del suelo, cómo asegurar el acceso al agua para riego y para consumo humano y animal, cómo potabilizarla y sanearla teniendo menos acceso a productos químicos especializados y así un larguísimo etcétera de cuestiones técnicas que requieren largos y especializados estudios, y que deben ser adecuadamente coordinados.


Planificación y limitaciones en el acceso a los recursos 


La finitud de los recursos y, más importante que eso, la limitada disponibilidad de los mismos por imposibilidad de incrementar su producción (y distribuirla desde los productores), implica que para empezar que se debe abandonar ciertos usos crematísticos de los recursos no renovables (aquellos que los queman o los dispersan hasta hacerlos irrecuperables), incluso de aquellos recursos no renovables para los que aún no se ha encontrado un uso de interés general - en prevención de que en el futuro pudieran ser importantes. Se tendrá que asegurar tanto la economía como el reciclaje de materiales, lo cual implica cambiar diseños para facilitar la reparación y la recuperación de materiales, aunque ello implique producir bienes menos eficientes que los actuales; y eso implica un esfuerzo de ingeniería a gran escala en toda la sociedad, repensando completamente todos los ciclos de vida.

Un punto complicado es la necesaria planificación más o menos centralizada del acceso a los materiales, tanto los agotables como los renovables, porque hasta los últimos tienen límites y mal gestionados pueden deteriorarse y disminuir (de lo cual tenemos muchos ejemplos hoy en día, desde la erosión del suelo cultivable hasta la extinción de las pesquerías). Lo ideal sería dejar al libre mercado la regulación de este acceso, pero la experiencia nos demuestra que, quizá por la imperfecta psique humana, el libre mercado suele llevar a desequilibrios y abusos de poder de aquellos que más tienen, que pervierte el mercado de libre en cautivo de sus intereses. Pero un sistema de planificación también es propenso a abusos, sobre todo si los gestores y asociados se aprovechan de su posición para recibir prebendas o favorecer sus propios intereses. No parece haber una solución simple aquí.


Libertad e información: democracia plena


Uno de los grandes problemas que tiene nuestra sociedad occidental es la tendencia a la opacidad en los asuntos clave de la gestión política; peor aún, se ha conseguido que una parte importante de la población interiorice que algunos asuntos son demasiado complicados como para que la opinión de un ciudadano corriente pueda contar. En realidad, lo lógico es informar a ese ciudadano para que pueda emitir una opinión formada, en vez de prescindir de ella; y además, no es verdad que las grandes líneas conceptuales sean tan complicadas de entender como muchas veces se quiere hacer creer: muchas veces se magnifican los siempre abstrusos detalles para que parezcan lo sustancial en vez de lo accidental. Hace falta una gestión honesta que plantee los grandes ejes políticos resumiendo los detalles y las dificultades, sin necesidad de embarullar torticeramente las discusiones (que es lo que hacen hoy en día nuestros políticos y que hace que sobre un mismo asunto saquen estadísticas aparentemente contradictorias aunque en realidad describen lo mismo, para mayor confusión del público general).


Es importante que en un futuro complejo y que en algunos momentos implicará importantes sacrificios la gente tenga una conciencia clara de cuáles son los verdaderos problemas y que pueda comprobar, sin fanfarria ni cortinas de humo, que las medidas que efectivamente se están tomando están llegando a buen puerto, y aquellas que se revelen erróneas puedan ser corregidas rápidamente sin aspavientos ni denuncias cruzadas. En suma, es importante implicar más a los ciudadanos, a ese pueblo del que emana la única soberanía, en la gestión y en la decisión, lo cual sólo se puede conseguir si la información se trasmite clara y verdadera, y no se confunde o distrae con mil tonterías sin cuento.


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Verá el lector que este programa de actuación es muy vago y general, sin centrarse en los detalles; aún así, implica cambios estructurales profundos a hacer en nuestra sociedad, cambios los cuales serán muy difíciles de acometer partiendo desde donde partimos. Sólo con mucho tesón y con información se puede intentar dar la vuelta a la situación y avanzar en la dirección del cambio necesario, un cambio que no han de protagonizar ni los políticos profesionales de hoy en día ni los técnicos como yo, que sólo somos auxiliares, sino el propio pueblo.




Salu2,
AMT