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viernes, 31 de enero de 2020

¿Seremos ecofascistas?

Queridos lectores:

El maestro Beamspot nos ofrece esta semana un análisis nada cómodo, nada agradable, sobre cómo se está manipulando el problema (real) del Cambio Climático para imponer una política de exclusión social y de favorecimiento de los intereses de las clases dominantes. Un ensayo en tono muy iconoclasta, no para todos los gustos, pero ciertamente interesante.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.
AMT

¿Seremos Ecofascistas? 



 


En los últimos meses se está dando mucha relevancia al cambio climático, con manifestaciones, huelgas estudiantiles y protestas de variada índole, con un nombre relevante por encima de todos: Greta Thumberg.

Se comenta mucho en las redes sociales cómo esta niña de 16 años ha sido invitada a una reunión de la ONU, al foro de Davos, y en otras partes, donde básicamente ha ido leyendo la cartilla a la flor y nata de la diplomacia, las finanzas y el poder político.

Hasta la han nombrado para premio Nóbel de la Paz, que al final no se ha llevado.

Muchos creen, esperan, que sea la fuerza que lleve adelante toda una revolución para frenar, todos juntos, el cambio climático. Ciertamente, los movimientos Fridays For Future (FFF) y Extinction/Rebellion (XR), están captando portadas y muchos minutos en los noticiarios.

Algunos se han extrañado que últimamente se ataca mucho, cada vez más a Greta.

Lo verdaderamente extraño… es que se extrañen.

Obviamente, los que no están de acuerdo (¿en qué? esa es una clave que veremos adelante) no se iban a quedar de brazos cruzados.

Entre los que la atacan, figuran muchos youtubers, una eco-comunista de afilada pluma como es Cory Morningstar, Trump (¿cómo no?), Emmanuel Macron (eso ya es más raro), y otras figuras políticas de renombre.

Pero al menos ha servido para abrir el debate sobre ‘hacer algo para frenar el cambio climático’ y una mayor concienciación para actuar.

Eso me comentaba un compañero de trabajo, camino del concesionario a comprarse un muy ecologista SUV.

Otro, me comentaba que lo que hay que hacer es contratar todos la electricidad a una comercializadora de renovables. Claro que éste ya tiene su SUV y bien que cruza la península varias veces al mes. Justo los fines de semana que no coge un avión para irse a alguna parte.



Así van las ventas de coches por tipo. Habida cuenta que los pesados e inestables SUV son los más contaminantes a la par del tipo con mejores márgenes de beneficio, el clima no sale beneficiado, precisamente.



Esos son dos grandes ejemplos de la concienciación que se estila.

Y es que esos que atacan a la Thunberg, o, mejor dicho, al movimiento que tiene detrás, lo tienen fácil. Muy fácil.

Veamos un par de ejemplos notorios.

El primero se produce justo tras la publicación de ‘Venusianos’: justamente se propone en Alemania, y posteriormente en la reunión del G7 (a petición de Alemania, casualmente), la subida  del IVA a todas las carnes. La propuesta no es menor pues del valor reducido que tiene ahora (depende del país), al valor más alto, que en España se situaría al 21%, y creo recordar que al 19% en ese país que tanto gusta de las salchichas, los schnitzel, el leberkäse y otras comidas muy cárnicas.

Al rato salieron críticas a la propuesta por parte de Der Links (La Izquierda), y además, también y en la misma línea, por AfD (Alternativa por Alemania, digamos que de ‘derechas derechas’). Ambos decían algo que al que esto escribe y suscribe, le parece acertado: que eso iba a mermar y dañar mucho a la población más necesitada, que es la que llega justa a fin de mes, y a quiénes esa subida no les viene precisamente a mejorar su situación.


”No es acerca de privarse de todo. Es acerca de crear algo mejor… Podemos imaginarnos cómo mantener nuestros estilos de vida y la salud del planeta si lo hacemos correctamente.” Cámeron Díaz.
Claro que sí, guapi. Los 8000 millones de habitantes del planeta podemos mantener tu ritmo de vida sin fastidiar el planeta.

Si mencionamos que la idea era destinar esas recaudaciones a ‘mejorar el cuidado’ de los animales, pongamos por ejemplo Wagyu, Kobe, entonces la cosa parecía ‘más noble’.

Ciertamente, los de izquierdas son aquellos que deberían vigilar por la igualdad y que las leyes favorezcan a los que tiene menor poder adquisitivo mientras limitan los beneficios de los que tienen más poder adquisitivo.

Que el nacionalista AfD apoye la misma idea puede llevar a pensar en una nueva coalición social-nacionalista (¿o será al revés?). Desde luego, algo de razón llevan.

Tanto es así, que cierta corresponsal española de gran reputación, en la rueda de prensa en la que el G7 explicó precisamente estas intenciones, notó y publicó en Twitter que en dicha rueda de prensas se agasajó a todos los corresponsales con un suculento banquete a base, fundamentalmente, de cárnicos. Pueden consultar el video que se hizo viral aquí.

Un claro indicativo de cuáles son sus intenciones, ¿no les parece?

Una segunda noticia, está más publicada, va sobre una cumbre sobre el clima en Sicilia, donde 300 “celebrities” estaban invitadas para hablar de cómo concienciar a la población de la necesidad de actuar contra el cambio climático.

El evento se realizó gracias a 114 jets privados, un puñado de cruceros de lujo tamaño portaaviones que gastan tanto bunker o fuel oil extrapesado (y sulfurado) con unas emisiones de 3,3 toneladas de CO2 por hora, y un número indeterminado de helicópteros, limunsinas o Maseratis ‘prestados’ por la organización para que sus invitados pudiesen pasearse por la isla y disfrutar de las magníficas vistas sin desmerecer su status en el lujoso complejo de Verdura Resort cercano al parque arqueológico de Selinunte, patrimonio mundial de la UNESCO.




Villa Verdura Resort. Todo un alarde de austeridad en pos del bien del planeta. ¿Ejemplo a seguir?

De esta noticia, justo al contrario que la del G7, hay muchas noticias en Internet. Al menos, en Google me salen un porrón, tal vez porque Google era el organizador de dicho evento, como los pasados 7 eventos.

Evidentemente, el hecho que el príncipe Henry, Enrique para los amigos, diese su charla descalzo, también tendremos que agradecerle que dijera que solamente quiere tener 2 hijos, hace que todos estos detallitos que he mencionado sobre los Maseratis, yates y jets privados sea una pequeño detalle aceptable. Se ve que el clima va a dejar de cambiar porque su Alteza Real Henry no se calce los pies un día.

En resumen: una parte importante del ‘cambio climático’ es postureo, farándula, pose, moda…… y sobretodo, impuestos.

Sí, sí, I-M-P-U-E-S-T-O-S.  cuya orientación no trata de castigar al que emite CO2, el productor industrial de carne, sino al consumidor. No hay manera de saber fácilmente si el G7 aprobó la idea de cobrarnos impuestos por consumir carne, un consumo que NO emite CO2, ya que éste lo emite la producción industrial de la misma.

Ante la propuesta de comer ‘carne vegana’ deberíamos ser críticos y contrastar tanto por que ha recibido tanto apoyo por parte de los mass media, como que hay de verdad en las críticas que reciben incluso desde informes del IPCC.

Tal vez la realidad nos la evidencie algunos de los accionistas que hay tras esos Unicornios, entre otros encontraríamos a Al Gore (y muchos secuaces) y la defensa de cuyos intereses ha conseguido hacer subir las acciones de empresas como Beyond Meat e Impossible Foods más de un 20% sin que exista ninguna seguridad de que sea comida saludable y ni si quiera que su uso generalizado ayudara a mejorar el clima del planeta.  Los movimientos realizados por esos “inversores” creo que ya son un indicativo de por dónde van los tiros.

Una de las principales críticas se centra en lo llamativo que resulta que los nutricionistas defiendan que comamos el mínimo posible de comidas procesadas, y que nos centremos en hacernos nosotros mismos la comida. Pero esos Unicornios lo que hacen, precisamente, es vender comida ultraprocesada, con muchos ingredientes producidos industrialmente. Esa “carnes veganas” son todo lo contrario de lo que representa una ensalada de vegetales. Es más, la fabricación, el procesado y transporte también emite CO2, así que está por ver realmente que ganancias comporta semejante comida.

Otras críticas se centran en el contenido de Organismos Modificados Genéticament (OMG o GMO), que no hay garantías sobre lo saludables o poco saludables que resulta la ingesta de estos alimentos o su calificación como “fake food”.

Otra cara del mismo proceso es la sustitución del azúcar de las bebidas, que se dice que es malísimo, por edulcorantes procesados que también son productos “refinados” y que aunque se venden como saludables en realidad no son garantía de nada. Pero mientras tanto ya tenemos un nuevo impuesto transversal e “igualitario”, es decir que pagan por igual ricos y pobres.

En resumen, se trata de diferentes maneras de conseguir una población más controlable a través de técnicas de control de la alimentación de la población que son sobradamente conocidas por los expertos en sectas.

Que la dieta vegana es desequilibrada y requiere de suplementos como la vitamina B12 debido a la falta de ciertos nutrientes, es de sobras conocido. Nuestro organismo no está genéticamente adaptado a estas dietas.

Las personas con acceso a un nivel inferior de proteínas son mucho más controlables y a ello se pretende llegar mediante la renuncia voluntariamente al consumo de ciertos alimentos, y en favor de los alimentos producido por determinados sectores alimenticios, resuena en mi cabeza el escándalo de la dieta “Ma.Pi”. Y al mismo tiempo que se incrementa el control sobre la población también se incrementa la presión fiscal indirecta, normalizando la aceptación voluntaria de impuestos que son cualquier cosa menos proporcionales al nivel de ingresos.

Con esta munición, es lógico que los partidarios de Greta vean cómo cada vez la atacan más y más duramente.

Pues lo siento. Tal y cómo ya escribió Antonio Turiel, Greta es irrelevante. No se trata de ella. Ese despilfarro de ideas comentado no lo ha creado ella.

Greta es irrelevante.

Esos que atacan a Greta son irrelevantes.

La cumbre de Sicilia es irrelevante.

El IPCC es irrelevante.

El consenso científico es irrelevante.

El Cambio Climático es irrelevante.

Sí, sí. El Cambio Climático es irrelevante.

Lo realmente relevante, lo muy muy realmente relevante, es QUE HACEMOS ANTE ELLO.

Podemos volver de nuevo sobre la pregunta ¿Hay un cambio climático?

Creo que la gran mayoría de la población está de acuerdo con ello. Yo particularmente lo estoy.

¿Ese cambio climático es creado por el hombre?

Ahí ya hay más desacuerdo, aunque personalmente creo que la fracción del cambio debida al ser humano está entre el 60 y el 80%, pero la seguridad que tengo en esa figura es bajísima.

En cualquier caso, esto es relativamente irrelevante. Hay mucha gente que cree que la participación humana es inferior, aunque pocos que digan que es nula.

A falta de datos fiables, y el IPCC no está precisamente muy claro en este punto (no hay demostración física ni científica ni matemática de qué % exacto es debido a nosotros), este punto creo que tiene que quedar como ‘provisional’.

Pero lo dicho, es irrelevante. No debería serlo, pero lo es.

Es irrelevante porque de lo que se trata, de lo que va todo el movimiento de Greta, así como el de la mayoría de sus detractores, NO es de Cambio Climático.



Das Wetter über Alles.

ESTO VA DE CONTROL, DE AUTORITARISMO Y DE IMPOSICIÓN

Imponer. De esa palabra precisamente se deriva el término impuesto(s).

Imponer. No discutir.

Imponer, no dar explicaciones.

Imponer, no consensuar. Por mucho que hablen de consenso.

Imponer, no dialogar.

Imponer, no evaluar diferentes opciones ni las repercusiones de dichas opciones.

Imponer, no evaluar los costes tanto económicos como sociales.

Imponer, pese a quién le pese, e independientemente de la opinión de la mayoría.

Imponer, nunca escuchar ni aceptar discrepancias.

Unos quieren imponer unas cosas. Otros defienden que se mantenga el orden impuesto (que, de hecho, es algo más flexible).

Pero nadie dialoga (a los españoles nos debería sonar y mucho).

En realidad, nada nuevo.

Anteriormente ya hemos visto algunos de los caminos utilizados para ejercer el control e imponer ideas de forma autoritaria, pero se nos ha pasado por alto una que tiene siglos de vida documentada.

El uso de niños en un debate para conmover a la audiencia y lograr que el público se deje llevar más por las emociones que por la razón. LA PEDOFRASTIA.



Un talante muy dialogante, sosegado, maduro, adulto, tranquilo. Un gran ejemplo.


El uso de la pedofrastia es generalizado en el ejercicio del poder, (nunca va a entrar en el código penal, visto que quienes lo usan, los beneficiarios son precisamente los que hacen las leyes) y el control de la población, y recientemente  se puede ver por ambos lados: la Thumberg, claramente la víctima, es un gran ejemplo, prácticamente calcado del de la Cumbre de Río 1992, de la que se recuerda el discurso, pero no las previsiones que se hicieron entonces, ni de contrastarlas.

Pedofrastia que también se puede ver y casi tocar en gran parte de vídeos de youtubers jóvenes donde se ataca a Greta, con más o menos fundamento, muchas veces además de forma denostable, ataques ad hominem realmente feos, y que están dirigidos al público joven. Es decir, videos pedofrastas, perpetradores de pedofrastia.

¿Qué hay de raro en que se devuelva el ataque con la misma moneda? Ambos lados están al mismo nivel. A ninguno de los dos les interesa el debate realmente, ni el razonamiento, no quieren que la cosa salga del ámbito de los sentimientos y por ello usan a las víctimas más indefensas que hay: los niños.

Saben bien lo que hacen. Este truco, como hemos dicho, tiene siglos.

Y dos objetivos: el primero, llegar a los adultos, especialmente a los padres y abuelos, al corazón, que es el órgano que está más cerca de la cartera.

Visto que algunos personajes escriben sobre esto y encima dicen claramente que hay que incentivar que los colegios ‘eduquen’ a los niños en ‘esos valores’ (los de la cuerda del que escribe, y eso vale por ambos lados), es una clara alusión al adoctrinamiento infantil. Ese es el segundo objetivo.

Eso es tan viejo como la pedofrastia. Casi que es lo mismo, sólo que perpetrado por un cierto tipo particular de personas.

Pero si nos centramos solamente en el canal, los niños y la pedofrastia, también nos quedaremos en lo irrelevante. Una segunda capa de irrelevancia que ya les va bien.

Algunos participantes del foro ya han apuntado hacia el objetivo concreto, lo relevante. El uso del lenguaje (visual y oral principalmente) centrado en la forma en que se dicen las cosas, y el cómo se dicen, en este caso, mucho más que en el contenido del mensaje, que simplemente son ordenes concretas que no se aceptarían dichas de otra forma o modo.

De nuevo, y como no, en ambos lados por igual.

Estas técnicas de expresión, muchas de ellas claramente presentes en el lenguaje comercial, de la publicidad, de la venta a domicilio, de las técnicas de márquetin y de algunas otras más ocultas, tampoco son nuevas.

El hecho de ensalzar unas razones claramente morales (que es el único adjetivo aplicable) por encima de otras, articula una base ideológica sobre la cual esa ‘moral última’ o ‘moral superior’ está por encima de cualquier otra cosa.

Eso da permiso, justificación a hacer cosas que de otra manera serían inmorales, inaceptables.

Pongamos por ejemplo a ‘educar’ a nuestros hijos a que, si hace falta, denuncien a sus padres por ‘actos inmorales’, como no reciclar. Ok Boomer.

Eso va directamente a cultivar las diferencias morales, la distinción entre ‘buenos’ y ‘malos’ en base a esa moral última.

Esto fomenta claramente, y como primer paso, la ‘etiquetación’, la discriminación en base a esa etiqueta de ‘buenos’ y ‘malos’, la eliminación de los ‘malos’ del diálogo.

Maniqueísmo puro y duro. Maniqueísmo de base biológica que enlaza con el tribalismo ancestral. Y que afinando un poco más podríamos conceptualizar como de ‘política identitaria’.

 

POLITICA INDENTITARIA

¿Qué es la “política identitaria”?

Como sabéis, trabajo en una fábrica que hace componentes electrónicos para la automoción.

Y voy a contaros un secreto. Pssssst, no se lo contéis a nadie.

El negocio de mi trabajo, el objetivo secreto secretísimo de la multinacional para la que curro, es vender tantos productos electrónicos de la automoción como sea posible.

Resulta que todos los coches llevan de estos productos, como llevan el climatizador, el sistema de audio, asientos, puertas, ventanas y ruedas.

Es más: los coches eléctricos llevan mucha más electrónica, y encima más cara.

Así que a la empresa en la que trabajo, secretamente, le interesa vender cochepilas más que otro tipo de coche.

A mí también me interesa que estos entren y que nos den productos de estos a fabricar. Va en ello mi sueldo.

Lo dicho. Trabajo en el sector de la automoción. Esto me identifica como pro-coches.

Ergo, por definición, por ‘identidad’, yo estoy en contra del cambio climático.

Por supuesto, soy varón, blanco, hetero, europeo, español para más señas, de mediana edad y de clase media – alta, aunque sea un ‘soldado raso’.

Por tanto, según la política identitaria, soy machista, racista, homófobo, elitista, colonialista, retrógrado casposo – conservador, y burgués.


La foto robot de mi DNI según la política identitaria. Aplica a casi la mitad de la población. Sin embargo, no cuadra con las estadísticas de voto. ¿Manipulación?



Evidentemente, haga lo que haga, me guste lo que me guste, diga lo que diga o escriba, opine lo que opine, o vote lo que yo vote, por identidad, me corresponde votar a Vox.

Y si no lo voto (como es el caso), entonces peor: soy un traidor a mi identidad.

Que casi la mitad de casi todos los países (excluyamos el Vaticano) sean hombres, importa un pimiento.

Que la mayoría de españoles, más de la mitad, sean de clase media, importa un higo.

Que la mayoría de españolas y españoles seamos heterosexuales, importa un rábano (o un higo, según el género que cada cual guste).

Que sea un ‘soldado raso’ no importa un carajo. Ese es el concepto de ‘identidad política’.

No puedes hacer nada para escapar de ella… excepto la obediencia y seguimiento ciego de los preceptos de aquellos que la aplican.

Eres culpable hasta que obedezcas se demuestre lo contrario, es decir que acates la disciplina.

Siempre habrá alguna etiqueta o identificación que te hará ‘culpable’ o ‘malo’.

Otra cosa parecida ocurre con los términos, conceptos y valores ‘morales’ de la ‘escala de valores’ de la ‘doctrina’ sobre el Cambio Climático.

Dichos conceptos son deliberadamente difusos, indefinidos, genéricos, inconcretos, imprecisos. Eso permite la libre interpretación por parte de los que dirigen.

Cambio climático: Como estar “contra” el Cambio Climático si el clima cambia de un día para otro!!

Crisis Climática: Aplicar un concepto suficientemente abstracto para poder diluir la culpa entre todos. Ahora ya la culpa de la crisis no la tiene el capitalismo, ni si quiera los políticos; el problema, “la crisis”, es de origen climático; NOS AFECTA A TODOS Y TODOS SOMOS CORRESPONSABLES:

Emergencia climática: El problema, la crisis no permite reflexionar, hay que actuar. URGENCIA!! PRISA!! Lo contrario de lo que el razonamiento impondría.

Migraciones climáticas: Los migrantes ya no son económicos o políticos, son climáticos y como todos somos culpables todos estamos obligados a acogerlos con los brazos abiertos.

Escépticos del cambio climático: malos malosos, malditamente malvados.

Negacionista: aquel que se niega a aceptar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de la doctrina. Dan igual los hechos, son irrelevantes.


”Pero yo nunca he dicho que necesitamos matar, descartar o desmantelar el capitalismo para combatir el cambio climático”. Esto lo cambia todo, ¿no?

Fascismo: todo sistema político que no me gusta, que no es el mío.

Fascista: todo aquel ser que no opina lo mismo que yo, y que no atiende a razones y no se ‘doblega’ ante la evidente superioridad de mi credo-dogma-ideología-gusto-orden, todo aquel que es capaz de discutirme, independientemente de que tenga o no razón.

Aplicar esos conceptos difusos permite reinterpretarlos y adecuarlos a los cambios y gustos del poder establecido.

Este mismo léxico, además, tiene otro tipo de armas arrojadizas verbales que podríamos definir como ‘matapensamientos’.

No sólo se trata de léxico en sí, pero se basan también en la identidad política y se aplica para impedir el razonamiento del adversario. Para impedir entrar en el debate.

Unos cuantos han salido ya en la lista anterior.

¿Que no apoyas el rango de medidas contra el cambio climático que yo propongo? Eres un negacionista climático (y por eso te mereces lo peor).

¿Que tienes un diésel? Eres un criminal, un homicida (y por eso te mereces lo peor).

¿Que te parece que Greta es un producto comercial? Eres un fascista sin corazón (y por eso te mereces lo peor).

¿Que crees que hay que poner límites al uso industrial y las emisiones? Eres un marxista redomado.

¿Que eres europeo? Entonces eres un racista contra las razas indígenas de otras regiones del mundo.

¿Que me pones en evidencia porque soy una celebrity de esas que va en jet privado a un evento contra el cambio climático? Eres un fascista envidioso (y por eso te mereces lo peor).

Como eres ‘malo’, ninguno de tus argumentos y razones importará ya. Simplemente, se olvida y así la fe del que lo lanza cual conjuro, queda debidamente protegida contra todo aquello que le pueda causar una duda, una ‘crisis de fe’.

Como diría un periodista “No dejes que la realidad te estropee un buen titular” que traducido al marketing político pasaría a un “No dejes que los hechos se opongan a tu ideología”

Así resulta que, si como yo, crees que hay un cambio climático, que hay mucho que hacer, que sólo llegaremos a paliarlo, no a revertirlo, y que las soluciones que se promueven (cochepilas, renovables eléctricas intermitentes, gentrificación de los cascos antiguos de las grandes ciudades sufragados por todos nosotros), especialmente las impositivas, no son el camino adecuado, entonces eres un ecofascista (y por tanto, me merezco lo peor).

Y aquí llego al punto al que quería llevarles a todos ustedes, pacientes lectores que han sido tan valientes de leer hasta aquí.

Y es que todo lo que estoy diciendo es viejo y probado, demostrado, utilizado e historiografiado. Se usó extensivamente hace ahora un siglo en Europa, y posteriormente en parte de Asia.

Nazismo, comunismo, Jemeres Rojos, Grandes saltos hacia adelante, fascismo. Todos ellos usaron, sin excepción, estas técnicas. Incluyendo la de la prisa: hay que actuar, no es tiempo de pensar, ya, ya, ya. La casa está en llamas. Corre, actúa.

Obedece. Paga. Acata.

Shock. Histeria.

Ario/otra raza, o comunista/cualquier otra ideología económica, proletario/kulak, chino/uigur (si, y eso es actual), etc. Hay gran cantidad de ‘etiquetas’ o ‘identidades’ que se han usado, pero todos estos han aplicado exactamente el mismo tipo de técnicas.

La situación hoy en día aplica exactamente al tema del cambio climático. Y a muchos más.

Se está forzando la radicalización de la población. Se la obliga a sentir en vez de a razonar, pasando por encima del pensamiento, el diálogo, la planificación y la crítica.

Se exacerba la necesidad de los adolescentes de pertenencia a un grupo o ‘tribu’ para acentuar los sentimientos tribales. Incluso de volverse contra sus padres (“Ok Boomer”).

Se apela a las conversaciones con un elevado tono y carga emocional para incitar al ‘cerebro reptiliano’, a los sentimientos, a las partes más primitivas de nuestro sistema nervioso, a que actúen, a que tomen una decisión binaria, maniquea: eres presa o depredador, come o huye, blanco o negro, bueno o malo.

Si después es necesario, el sistema nervioso superior y más avanzado, ya racionalizará y buscará los argumentos para dar soporte a una decisión que se ha tomado en un nivel mucho más primitivo, antiguo, ancestral.

La neurociencia actual explica unos conocimientos que tienen siglos y que se han ido mejorando y perfeccionando con la tecnología y el conocimiento, la psicología, pero que no son nuevos.

Se está aplicando una doctrina comunicativa que pretende radicalizar y atrapar a la sociedad entre dos fuegos cruzados, ambos radicales, ambos minoritarios.

¿Cuál es la sorpresa? Me preguntaran algunos.

Pues que una mayoría de población no se siente representada ni por los secuaces de Greta ni por sus detractores. De hecho, la mayoría piensa como yo, que sí que hay un cambio climático, que nos estamos cargando el planeta, y que hay que hacer algo, pero que el planteamiento no nos parece el correcto, las soluciones, las imposiciones carecen de lógica.

Que nos suban el IVA de la carne que los mismos políticos dan a los periodistas (¿sería eso entonces un tipo de soborno?) mientras nos dicen al populacho que comamos gusanos e insectos, tal y como recomienda la FAO.

Que nos crujan a impuestos por tener un coche, aunque sea uno de segunda mano, o un modesto Dacia, mientras que subvencionan y dan privilegios a aquellos que pueden permitirse un Tesla de 80.000€. Pagarles la electricidad mientras están aparcados en una plaza en la que no podemos poner nuestro coche sin pagar, probablemente ni podemos siquiera acercarnos, mientras además de la electricidad gratis, también tienen la plaza gratis durante todo el día. Peajes gratis. Eso a alguien que gana una pasta gansa para gastarla en cochazos que son de lujo y que están en el 12.5% (el octavo) superior de los coches vendidos por precio.

No nos parece lógico ni razonable.

Que se demuestre que en Noruega la aplicación de estos privilegios no hace otra cosa que bombear dinero de las clases pobres, que tienen que ir en transporte público a un trabajo, pero que llegan tarde porque su carril bus está lleno de cochepilas, de sus jefes que llevan el cochepilas de turno.

Que un país donde el 25% de mayor poder adquisitivo tiene 17 veces más coches que el 25% inferior, y que hace que se adopten políticas que les permiten dejar de mezclarse con el populacho, ya sea en los transportes públicos u en otros servicios. Una élite que una vez se compra ese segundo o tercer coche, el utilitario eléctrico (que mayormente es comprado por quién ya tiene uno o dos térmicos), con el que hace un 40% del kilometraje como mucho olvida al resto de la población y solamente se ocupa de como preservar sus privilegios.

Hace ya tiempo que vengo diciendo que esto del cochepilas, y también el autoconsumo, las renovables eléctricas intermitentes, y ahora ese plan de reurbanizar las almendras centrales de las grandes ciudades con el dinero de todos para el privilegio de unos pocos, con la excusa del cambio climático, se ha convertido en una lucha de clases encubierta y favorecida precisamente por aquellos que, dicen, luchan por la igualdad y la reducción de las diferencias de clase y de salariales, la ‘izquierda del cava y el caviar’.





Como de costumbre, hacen lo contrario de lo que predican.

El viejo lema de las instituciones religiosas “Haced lo que os digo, no lo que hago”. Hipocresía en estado puro.

Una hipocresía que se está interiorizando por los que estamos en el lado que ‘recibe’ los varapalos mientras nos gritan que somos ‘malos’. Los soldados “rasos” formamos esa mayoría que cada vez se siente menos identificada con ninguno de los mensajes (activistas climáticos y negacionistas). Somos esa mayoría que está empezando a despertar del sueño y las falsas promesas del sistema.

Por eso, de momento, la gente se cansa de que la insulten a la cara, que le tomen el pelo, que los juzguen por el grupo en el que se mueven y no por su valía personal. Una mayoría cada vez más desafecta que está cansada de que la acusen, la insulten, la humillen, la idioticen, y encima le enciendan el odio.

Todo esto cansa, y causa desapego. La polarización funciona…-- durante un tiempo. Pero estar permanentemente enfrentándose es cansino, agotador. Y mentalmente muy muy peligroso.

Una moda que no tiene mucho recorrido mientras se tenga la barriga llena. Algo que deja a una gran mayoría desamparada políticamente, y que generalmente es causante del desapego político y de la abstención.

Una moda que, sin embargo, se vuelve muy peligrosa cuando las estrecheces empiezan a arreciar. Una moda que exige que cada vez se sea más y más radical para seguir forzando la radicalización. De ahí el despegue de Vox en las últimas elecciones.

Hace ya mucho tiempo empecé a escribir una serie sobre el discurso del sistema, de la que se han publicado ya las dos primeras partes, y desde entonces estoy enfrascado en la tercera, la mayor, la que explica precisamente todo esto.

Uno de los objetivos de escribir, es que me ayuda mucho a aclararme las ideas, dejar aparcado a un lado el sentimiento, mientras pongo a trabajar las partes más evolucionadas del cerebro, que son precisamente las facultades que hacen falta a la hora de escribir.

Ayuda a pensar, a aclarar las cosas.

Enfrascado en ese ‘mensaje’, en ese discurso, cada día que pasa me doy cuenta de lo extenso y enrevesado que es. Y entre las cosas que he ido descubriendo, está una obvia, que más o menos entendí justo en las mismas fechas en que uno de mis referentes, John Michael Greer, publicaba exactamente el mismo desenlace: este movimiento ambientalista es una moda que en pocos años va a pasar.

Igual que el monofuturo en el que hasta ahora hemos creído, y que vemos cómo se va desvaneciendo.

Justo antes que se conociese el caso del Google Camp y sus 114 jets privados.

Todos aquellos que tienen dificultades para llegar a fin de mes y ven como la factura de la luz no para de crecer, por gentileza de las renovables (¿pero, no iban a bajar dicha factura?), que la carne se pone por las nubes y les cuesta llega la barriga de sus hijos, a los que ven cómo los adoctrinan, mientras se quitan de encima un coche por el que no conseguirán ni un duro por ser ‘sucio’, y que no tienen claro que coche comprarse porque no pueden permitirse uno ‘limpio’, mientras sospechan que los ‘sucios’ que aún se venden podrían quedar obsoletos legalmente en breve, mientras el coste de mantenimiento los hace casi tan prohibitivos como los ‘limpios’.

Gente que ve como el transporte público sigue denostado y cada vez sale más caro. Gente que vive de un turismo que ven cómo cada día que pasa está más amenazado, y que son más del 20% de la población asalariada.

Gente que vemos (incluso llevamos años diciendo) que el cochepilas no va a sustituir el coche normal, que la gente va a ir a pie o en patinete chino, y que el futuro de la automoción europea está más negro que el petróleo, y que somos el 10% de la población asalariada.

Gente que se dedica al transporte y ven como, tarde o temprano, el hecho que generen el 60% de NOx y muchas emisiones de CO2 les va a pasar factura, a la vez que la economía se enfría. Otro 5% de empleos. Cabe añadir aquí transportes portuarios (el 7.6% de NOx de Barcelona) y aeroportuarios.

Un 35% de gente que ve peligrar su futuro laboral antes que su futuro medioambiental. Algunos vamos a tener que elegir entre morir de hambre ahora porque no pueden pagar una comida nutritiva porque contamina o morir por ‘calentamiento global’ dentro de 20, 30, 40 años (ni el IPCC dice que el cambio en 10 años sea catastrófico), van a tomar una decisión.

Ciertamente, en España nadie se muere de hambre. Y dudo que eso suceda en 20 años. Pero no hace falta llegar a extremos para que la gente se conciencie que el futuro, este presunto ‘futuro verde’, no es para ellos.

Hace más de cien años, el premio Nobel Svante Arrhenius (creo que pariente de Greta, por cierto) ya avisó que los efectos secundarios de la sociedad, nominalmente las emisiones de CO2, podían pasar factura en el futuro.

Ciertamente, los efectos secundarios que se obviaron en su momento por ser negligibles en frente de los beneficios son los que nos han llevado aquí.

Efectos secundarios que también tienen las renovables, como por ejemplo el impacto ambiental de la hidroeléctrica, o la eólica. Problemas de intermitencia. Efectos secundarios que los partidarios minimizan igual que hicieron en su momento con el tema de los combustibles fósiles.

Problemas secundarios, físicos, medioambientales, económicos, sociales, que muchos que los que nos hallamos atrapados en el fuego cruzado, pedimos que se nos explique cómo no nos van a llevar a otra situación similar en el futuro.

Problemas que, al denunciarlos, nos sitúan no en el lado de los negacionistas (no pueden, creemos en el cambio climático), sino en el de los eco-fascistas, a ojos de aquellos de defienden, intentan imponer, cierto tipo de ‘soluciones’.

Problemas que están empezando a calar en esa mayoría de la población que no es radical ni en uno ni en otro sentido.

Problemas que nos conciencian que hay más de un futuro posible, y que tanto unos como otros bandos se están montando su Bizancio mientras nos empujan al resto hacia Somalia.

Esa concienciación es lo que me está sorprendiendo. Y sin embargo, ni es rápida, ni gratis. El costo es brutal.

La mejor manera de acabar con una causa, es defenderla por las razones equivocadas.




Cuando este asunto pase de moda, dejará un poso positivo, pero también una herida negativa que no cicatrizará.

El poso positivo es que la gente empieza a tener claro que para cualquier acción diaria, hay que tener en cuenta el medio ambiente, el planeta, la sostenibilidad. Que la sociedad actual es insostenible.

Y que es muy necesario el pensarse bien, muy bien, estudiar a fondo, un debate adulto, sobre cómo debe ser esa sociedad del futuro.

Un poso que será la base de otra sociedad, todavía por ver, muy lejos de las generaciones actuales, en otro momento de la historia. Otra sociedad posible, que surja de las ruinas de esta, tras hacer tabula rasa de la sociedad actual, que morirá por las heridas que va acumulando día a día, autoinfligidas.

Y es que el discurso del sistema lo que está haciendo es sembrar líneas de falla, líneas de fractura, rupturas y descosidos en el tejido social.

El ambientalismo es uno más, como lo es también el conflicto de moda en la península ibérica.





Va prendiendo fuegos, radicalizaciones, sentimientos negativos, resentimientos.

Amplían el catálogo de fuegos para que cada uno de nosotros escoja el suyo.

Fuegos que van ardiendo lentamente en nuestro interior, esperando a que caiga el próximo varapalo económico, alimentados ya por un crecimiento anémico, sectorial, de múltiples velocidades, por barrios y clases sociales.

Un crecimiento que es un reflejo de una TRE cada vez más baja, de un problema físico, termodinámico, de retornos y recursos decrecientes, que nos aboca, queramos o no a un decrecimiento económico generalizado.

Una situación que favorece estos fuegos que son convenientemente atizados por unos grupos aspirantes al poder y que no tienen ningún escrúpulo en hacer lo que sea para obtenerlo. Fuegos que no apagan aquellos que están en el poder que constatan que el teatrillo social para mantenerse en su puesto es cada vez más difícil de mantener.

Fuegos que se avivan por el uso y abuso del poder por parte de aquellos que lo tienen, sin miramientos ni escrúpulos, para mantenerse en el poder y alejar a los pretendientes que lo acosan, sin importarles lo más mínimo aquellos que estamos por debajo: somos deplorables, carne de cañón, generadores de prole que acaban con ‘sus’ recursos. Irrelevantes como personas, como el cambio climático. Neomalthusianismo.

Fuegos que se avivarán a medida que la economía vaya fallando.

Fuegos que prenderán a lo grande cuando alguien apriete el gatillo.

Fuegos que atizan el odio.

Sembrad odio y recogeremos cadáveres.





Deseo equivocarme.

Beamspot.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Tres preguntas






Queridos lectores,

Hace unos días participé en unas jornadas que, con el significativo título de "Senderos de Transición" habían organizado desde el partido político Podemos en la ciudad de Mérida. Dado que en su corto tiempo de vida (sólo dos años) Podemos tiene el notable mérito de despertar pasiones y por algún motivo provocar posiciones muy enconadas entre no pocos españoles, déjenme que les diga que yo no milito ni simpatizo con partido político alguno y particularmente no lo hago con Podemos, y que si acepté participar en estas jornadas lo hice con el espíritu de aportar a la discusión de los problemas que se tratan en este blog. Justamente porque mi posición no es partidista y porque creo en la vocación de servicio público (a la que particularmente me obliga mi condición explícita de funcionario, esto es, de servidor público), creo que es mi deber dar asesoramiento a todo partido o asociación legalmente establecida en España. De hecho, en los seis años largos que llevo haciendo divulgación del problema del peak oil o pico del petróleo he tenido contactos con diversos partidos, y he llegado a hacer charlas divulgativas para partidos tan alejados en el espectro político como pueden ser Convergència i Unió e Iniciativa per Catalunya (en dos ocasiones, en ambos casos). Incluso comparecí una vez delante de la Comisión de Energía del Parlamento Vasco a instancias de un partido muy denostado en España, Bildu (cabe decir que la petición me la cursó el Parlamento Vasco, no Bildu); y para más inri el Parlament de Catalunya solicitó mi comparecencia para la discusión de la ley catalana contra el Cambio Climático a instancias de la tampoco demasiado popular en España Candidatura d'Unitat Popular, CUP (comparecencia a la que no podré asistir por hallarme de viaje, pero que cubrirá mi compañero Jordi Solé en representación del OCO). Personalmente no tengo nada contra ningún partido legalmente establecido, y me siento obligado por todo aquél que requiera mis servicios; y nada me gustaría más que que aquellos partidos a los que aún no he dado asesoramiento alguno (e.g., PP, PSOE y Ciudadanos) requiriesen mi presencia, algo que haría encantado. Y es que, como he comentado muchas veces, el peak oil es un tema transversal y no tiene posible interpretación partidista (otra cosa son las políticas para hacerle frente, en las cuales los partidos son lógicamente soberanos).

Aclarado este tema, y dado el contexto de la conferencia, quise darle al final de mi charla una orientación un poco diferente a la que suelo dar a todas mis conferencias. Dado que en la sala había personas con responsabilidades políticas a un nivel superior al de las que suelen asistir a mis charlas, quise confrontarlas a tres cuestiones concretas, tres preguntas que yo me hago y que veo que ineludiblemente exigirán una respuesta por parte de nuestros poderes políticos durante los próximos años. Estas tres preguntas son incómodas y con consecuencias bastante desagradables, pero no nos va quedar más remedio que hacerles frente en algún momento, y vale más que estemos preparados para ellas, y que hayamos pensado cuál es la mejor respuesta que darles, antes de que el tiempo se agote y por las prisas desemboquemos en malas soluciones.

Estas tres preguntas requieren un análisis más detallado del que se podía hacer en una charla de 45 minutos en la que se habían dicho muchas otras cosas. Mientras que la primera cuestión es relativamente sencilla de entender, las otras dos requieren de la introducción de algunos conceptos no del todo evidentes para el profano en la discusión sobre la energía, y por ello merecían una discusión prolija. Por ese motivo, y por lo trascendental de estas cuestiones, he creído oportuno rescatar esas tres preguntas y plantearlas con más detalle en el post de hoy, por si en algún momento le resultan de utilidad a alguien.

Éstas son las tres preguntas que planteé:


  1. ¿Vamos a invadir Argelia? 
  2. ¿Vamos a apostar por el crecimiento económico como única vía para resolver el problema del desempleo? 
  3. ¿Vamos a apostar por explotar fuentes de energía con bajo rendimiento energético?

En lo que sigue, tomaré cada pregunta y la pondré en su contexto.

1.- ¿Vamos a invadir Argelia?

El problema, por supuesto, no se circunscribe a Argelia; la tentación de resolver el problema de la falta de disponibilidad de recursos manu militari es elevada, y lo será más cuando la opinión pública de los países occidentales cuestione a sus gobiernos por su falta de eficacia a la hora de resolver los graves problemas económicos que nos acucian. Pero el caso de Argelia es emblemático para España, puesto que mi país importa más del 50% del gas que consume de ese país norteafricano. Hace ya algún tiempo que desde Francia (país también interesado en el gas Argelino) se observa con preocupación el progresivo descenso de las exportaciones de gas desde Argelia (que se transporta a través de un gaseoducto que recorre el lecho marino desde Argelia hasta España y después continúa su recorrido por el Levante español hasta la interconexión con Francia). Desde el país galo se ha interpretado que el descenso de las exportaciones obedece primordialmente a la falta de una inversión suficiente en la exploración de nuevos yacimientos, y por eso ha promovido varias iniciativas de financiación de upstream del gas argelino, últimamente incluyendo entre las opciones la quimérica explotación del gas de lutitas o shale gas mediante la económica y energéticamente ruinosa técnica del fracking.

La realidad es mucho más simple: la producción de gas argelino lleva ya mucho tiempo estancada y con cierta tendencia a la baja, y eso ya era así incluso cuando los precios internacionales del gas natural eran elevados. Básicamente, Argelia ha superado su peak natural gas.


Como muestra la gráfica anterior, la producción no sólo no aumenta desde el año 2000, sino, como suele pasar en los países exportadores el consumo interno ha ido subiendo como consecuencia de la progresiva industrialización (una vez superada la cruenta guerra civil de los años 90 del siglo pasado), lo que ha llevado a una caída sostenida de las exportaciones de gas.

Para acabar de agravar la situación en Argelia, la producción de petróleo ya hace mas de 10 años que superó su propio pico productivo, y de nuevo el aumento del consumo interno está favoreciendo un rápido decrecimiento de las exportaciones.


Desde las instancias públicas y privadas españolas y francesas (con la empresa Gas Natural a la cabeza, en el caso de España) existe una constatada dificultad en asimilar que lo que está pasando con la producción de hidrocarburos en Argelia es un fenómeno conocido que debe más a la geología y a la termodinámica que a razones económicas, políticas y sociales, y de ahí la creciente presión para que Argelia liberalice la explotación del petróleo y el gas natural. Si añadimos a la caída natural de la producción de hidrocarburos en Argelia los actuales bajos precios entenderemos que Argelia está ahora mismo situación económica muy delicada: la exportación de hidrocarburos representa más del 90% del total y también más del 90% de la renta nacional. En lo que va de año Argelia acumula un déficit comercial de 11.000 millones de dólares, a añadir a una cantidad similar el año pasado, mientras que el PIB de Argelia pasó de 213.000 millones de dólares en 2014 a 168.000 millones en 2015. Aunque el grado de endeudamiento de Argelia puede parecer envidiable visto con la perspectiva de los países occidentales, el país norteafricano no tiene las posibilidades de éstos para financiar sus déficits (pues en este mundo alguien tiene que producir para que los demás consuman) y eso está provocando un enrarecimiento de la escena política argelina que, a decir de algunos, recuerda a los años previos a la guerra civil que estalló en 1991.

Si, por desgracia, se cumplen las peores previsiones para Argelia, ¿qué va a hacer España? Cuando comiencen las luchas internas por los últimos despojos de la riqueza fósil, ¿qué partido tomará España? ¿Participará en una campaña militar, probablemente del brazo de Francia, para - dirán - "traer la democracia a Argelia" al tiempo que garantizan que no se interrumpa el flujo de gas natural? (y si la industria del país acaba un poco machacada y deja más gas disponible para la exportación tampoco iría mal, ¿verdad?). ¿O comprenderá que lo que está pasando en Argelia es inevitable y que una campaña militar con una cínica excusa no sólo no va a revertir lo inevitable, sino que lo va a agravar?

Desde un punto de vista humanitario, está claro que llevar nuestras armas y soldados a sembrar más terror y dolor más allá de nuestras fronteras es una atrocidad. Desde el punto de vista geopolítico, implicarse en tal tipo de agresión, aparte de desencadenar una nueva crisis de refugiados, inestabilizaría toda una región limítrofe con España y seguramente alimentaría un nuevo rencor contra nuestro país y lo convertiría en blanco de nuevos atentados. Pero incluso dejando todo eso al margen, desde el punto de vista económico es probablemente un error mayúsculo, pues al coste económico y humano de la aventura militar le seguiría, probablemente, el colapso de la delicada industria de hidrocarburos argelina. En ese sentido, creo que el caso de Libia es ejemplar. No recuerdo con qué excusas se decidió que Gadafi había dejado de ser el amigo leal en que se había convertido a principios del siglo XXI para volver a ser el tirano cruel que se le consideraba en los años 80 y 90 del siglo pasado, y tampoco por qué era tan urgente acabar con él. Lo que sí sé es que si el objetivo era hacerse con el control de la producción petrolífera de aquel país (bastante apreciable, sobre todo por que gracias a las décadas de embargo la calidad del crudo libio aún era muy buena) el resultado ha sido un fiasco absoluto.





La penosa evolución reciente de la producción de petróleo crudo en Libia debe mucho a la desintegración social que acompañó la caída de Gadafi, y también a lo exigente que es el mantenimiento de las infraestructuras petroleras, que además se convierten en blanco fácil de las facciones enfrentadas. Un conflicto abierto en Argelia fácilmente acabaría llevando la producción de hidrocarburos de aquel país al mismo pozo donde está ahora la de Libia. Incluso una campaña relativamente exitosa, como la que hizo EE.UU. en Irak a principios de este siglo, conllevó una caída de producción bastante importante de la cual Irak aún no se ha recuperado del todo (y ahora se ve afectado por la implantación del Estado Islámico en su territorio). Por tanto, el resultado más probable de la intervención militar franco-española sería precipitar el problema de la escasez de energía en España y Francia. Incluso siendo cínicos, la militar es una solución completamente errónea y una respuesta absurda que no está a la altura del problema.

¿Realmente queremos eso? ¿Vamos a permanecer pasivos mientras ciertas mentes pensantes encerradas en sus despachos lejos de la realidad deciden que ésta es la manera?  ¿Nuestros representantes políticos van a votar a favor de semejante barbaridad y semejante error? El debate aún no se ha planteado, y probablemente faltan algunos años para que se plantee. Incluso, con un poco de suerte, Argelia esquive ese fatal destino, pero quizá otro país se convierta en blanco. En todo caso, la pregunta seguirá siendo vigente: ¿creemos realmente que la militar es la solución a los problemas energéticos?



2.- ¿Vamos a apostar por el crecimiento económico como única vía para resolver el problema del desempleo?

Esta cuestión no es nueva, y lleva muchísimos años, décadas incluso, planteándose, pero desde un punto de vista diferente al que quisiera comentar. Históricamente se ha discutido muchísimo, y de manera a menudo enconada, sobre la conexión entre crecimiento y creación de empleo. Desde el punto de vista del capital hay la necesidad de contar siempre con un "ejército laboral de reserva" (es decir, cierta cantidad de parados) para garantizar que los salarios sean los adecuados, entiéndase aquí en términos de productividad del capital y para el sostenimiento del propio sistema. Desde el punto de vista del trabajador, se cuestiona cómo se ha repartir la ganancia generada por el trabajo, y en última instancia cuál debe ser la función de la economía y si el capitalismo debería ser sustituido por un sistema económico controlado por los propios trabajadores y no por el capital. Esta cuestión, planteada ya desde los primeros tiempos del socialismo, formó parte de la discusión de los partidos de izquierda hasta la generalización de los partidos socialdemócratas (cosa lógica pues, por definición, la socialdemocracia no cuestiona la economía de mercado ni algunos otros fundamentos del capitalismo). La socialdemocracia reconoce la gran capacidad del capitalismo para generar riqueza (entendida como producción) y bienestar (entendido como acceso a los bienes de consumo) y acepta no cuestionar la organización capitalista de la sociedad a cambio de garantizar unas condiciones laborales y vitales dignas para toda la población, lo que generalmente se conoce como "Estado del bienestar". Esto implica que los partidos socialdemócratas hacen suyos algunos de los objetivos del capital si con ello mejoran las condiciones de los trabajadores, y en particular que la única vía para crear y sostener el empleo es conseguir un crecimiento permanente. Por su lado, los partidos situados en la franja derecha del espectro, también por definición, se alinean aún más con los objetivos del capital.

Como he dicho en la introducción, no voy a entrar en las cuestiones ideológicas, perfectamente aceptables o rebatibles en función de las preferencias personales. Sin embargo, sí que voy a entrar en las cuestiones lógicas, y aquí hay una que es fundamental: si el crecimiento económico es físicamente posible a partir de ahora. Desde una de las primeras entradas de este blog hemos sostenido que la crisis económica no acabará nunca dentro del actual paradigma económico simplemente porque en una situación de descenso energético el crecimiento no sólo no es posible sino que tiene que ser forzosamente negativo. La razón del inevitable declive económico siguiendo el modelo actual es la innegable relación entre el volumen de la economía (medido generalmente por el Producto Interior Bruto o PIB) y su huella material (tanto energética como de otras materias primas y elaboradas). Por ejemplo, la siguiente gráfica (tomada del blog Our Finite World de Gail Tverberg) muestra cómo ha evolucionado el PIB mundial respecto al consumo de energía.

 
Imagen del artículo "is it really possible to decouple GDP growth from energy growth?"



En algunas ocasiones ciertos economistas tratan de argumentar, utilizando estadísticas parciales, que se puede conseguir una desmaterialización fuerte o como mínimo débil de la economía, de manera que se puede llegar a crecer incluso disminuyendo el consumo de energía y/o materias primas, básicamente gracias al ingenio humano y la innovación tecnológica. Pero, como ya discutimos con cierta extensión en este blog, la pretendida desmaterialización de la economía es completamente falsa, y en muchos casos lo que oculta es un proceso de devaluación interna, es decir, de disminución de salarios y destrucción de la clase media. 

De hecho, si se fijan en la gráfica de arriba lo que se observa es que a partir del año 2000 el consumo de energía ha crecido al mismo ritmo relativo que el PIB (y también bajado, durante la recesión de 2008-2009), mientras que antes del 2000 la energía crecía a un ritmo algo más bajo. Es decir, desde el año 2000 la cantidad de energía necesaria para producir un dólar de PIB global es mayor que antes del 2000, contrariamente a lo que se pretende hacer creer con las estadísticas parciales. La razón de este empeoramiento real de la intensidad energética mundial hay que buscarla en la globalización y la deslocalización: al llevar las fábricas a otros países con menores salarios se ha incrementado el gasto energético de transportar las materias primas a la fábrica del mundo, China, y luego transportar los productos finales hasta los consumidores. Y es esa misma deslocalización la que ya estaba presionando los salarios a la baja y favoreciendo la devaluación interna, antes incluso del declive energético. 

¿Qué evolución creemos que tendrá la economía global cuando el descenso energético se empiece a manifestar con fuerza en los próximos años? A tenor de los datos (y de estudios como los de Gaël Giraud), el único rumbo que le espera al PIB es el descenso, a veces puntuado por pequeños repuntes (por introducción de mejoras en eficiencia, particularmente al relocalizar ciertas actividades) pero en general se observará un descenso de la producción. Pero si la producción baja, si se mantuviera la misma cantidad de trabajadores la productividad (por trabajador o por hora) bajaría también, forzosamente. Por tanto, el descenso energético y económico mundial (que acabará arrastrando a España más pronto que tarde) llevaría, si no se cambia el modelo económico y social, a un incremento del paro y a un aumento del número de excluidos socialmente.

Por el momento, nuestros cuadros dirigentes han decidido optar por esperar al crecimiento, cuando todos los indicios razonables muestran no sólo que no vendrá de manera duradera sino que la tendencia general será al decrecimiento. Hablo de tendencia porque por supuesto habrá naturales fluctuaciones estadísticas arriba y abajo a lo largo del camino del descenso, y soy perfectamente consciente de que cada vez que el PIB repunte durante cada vez menos trimestres seguidos se celebrará como "el inicio de la recuperación". Pero al margen del fluctuante camino del PIB hacia su disminución inexorable, lo que parece más claro es que el proceso de devaluación interno y de degradación social continuará su curso. Esto es especialmente peligroso para la estabilidad social, pues justamente los últimos estudios sobre las causas del colapso social de anteriores civilizaciones muestran que el colapso no sólo sobreviene por dificultades de acceso a recursos o ambientales, sino por una tendencia al distanciamiento entre la minoría dirigente y el proletariado interno (por recuperar la expresión de Arnold Tonybee): si se rompe el contrato social por el cual la primera garantiza un nivel mínimo al segundo, el andamiaje social acaba por romperse por pérdida de apoyo en la base.

¿Es esto lo que vamos a contemplar, pasivamente, mientras esperamos que vuelva un crecimiento que a estas alturas seguramente ya es física y lógicamente imposible? ¿No deberíamos empezar a trabajar ya en una organización social diferente, capaz de crear trabajo sin necesidad de crear crecimiento e incluso en decrecimiento? El mayor problema de empezar a investigar tal posibilidad es que implica abandonar las bases fundamentales del capitalismo, y a día de hoy ningún partido político osa cuestionarlas tan abiertamente (incidentalmente, recordemos que el comunismo tampoco es la solución) 



3.- ¿Vamos a apostar por explotar fuentes de energía con bajo rendimiento energético?

Esta cuestión es más sutil, la más sutil de las tres. Dado lo que se ha comentado en la pregunta anterior, parecería que incluso aceptando la necesidad de reorganizarnos socialmente lo mejor que podemos hacer ahora mismo es apostar por poner a punto tantos sistemas que nos proporcionen energía como sea posible, tanto a corto plazo para preparar la transición como a medio plazo para facilitar la misma. Sin embargo, el incremento de la producción de energía bruta no significa necesariamente un incremento de la producción de energía neta; más incluso, llegados a cierto punto la producción bruta aumentará mientras que la neta disminuirá. Las consecuencias de apostar por aumentar la producción energética a toda costa sin pararse a valorar si es de la suficiente calidad tiene consecuencias que no son tan visibles, pero que pueden ser tan catastróficas como el mero descenso energético.

El concepto clave de esta discusión es la Tasa de Retorno Energético (TRE). La TRE es la relación entre la energía bruta producida por una fuente a lo largo de su vida útil respecto a la energía consumida para la producción. De ese modo, una fuente de alto rendimiento energético tiene una TRE muy elevada, en tanto que fuentes de menor rendimiento tienen TREs cada vez más cercanas a 1. El valor 1 representa el momento en el que no se gana energía ni se pierde con la explotación de un determinado recurso energético. Un valor de TRE inferior a 1 quiere decir que el sistema no es una fuente de energía, pero aún así podría ser interesante como sistema de almacenamiento de energía (por ejemplo, con el hidrógeno o los biocombustibles) o para la producción de formas de energía de alta calidad (por ejemplo, electricidad); en todo caso un valor de TRE inferior a 1 implica pérdida energética en la transformación y por tanto (con algunos matices) no es un caso que deba considerarse al hablar de fuentes de energía.

El concepto de la TRE ha sido discutido en medios académicos desde hace algún tiempo. Hay cierta controversia sobre el método de cálculo empleado para la estimación del valor de la TRE de un sistema dado (por ejemplo, hace ya unos años que colea una polémica por la estimación que dieron Pedro Prieto y Charles Hall para el caso de la fotovoltaica española). Parte de esa discusión tiene que ver con la definición de los contornos de los sistemas, qué debe incluirse y qué no como gasto energético y, relacionado con ello, qué energía en particular debería de ser contabilizada tanto en el denominador como en el numerador. Por último, se discute también cuál es el valor límite de la TRE media que permiten mantener una sociedad (la TRE media de las fuentes de energía de una sociedad es una media ponderada, y se define como la suma de las energías proporcionadas por todas sus fuentes dividido por la suma de las energías consumidas en la producción de todas esas fuentes).

Al margen de estas cuestiones técnicas, y de si podemos o no conocer con suficiente exactitud el valor de la TRE, lo que es indiscutible es que cuando se comienzan a explotar fuentes con un rendimiento energético menor se tienen que desviar cada vez más recursos a la mera producción bruta de energía. Incluso aunque no sepamos evaluar correctamente la TRE para diagnosticar el problema, esa mayor necesidad de energía en la producción quiere decir que cada vez se destinan más recursos y trabajo de personas a la mera producción de más energía bruta, y que queda menos energía para otras cosas, eventualmente para poder mantener ciertas actividades que hoy consideramos esenciales.


Déjenme recuperar una figura que presentaba Louis Arnoux en la serie de tres posts que republicamos aquí traducidos.




La tabla resume una visión bastante extendida (si bien no unánimemente aceptada) de las consecuencias que tiene para una sociedad usar fuentes de energía con determinadas TREs demasiado bajas. Lo que es discutible en esta tabla no son tantos los efectos de la disminución de la TRE media, sino cuáles son los valores límite para que se puedan sostener las diversas cosas que forman parte de lo que consideramos el Estado de Bienestar; hay quien opina que se puede mantener un sistema educativo y sanidad teniendo una TRE media de 5, mientras que otros consideran que como mínimo debería ser de 10, o incluso más elevada. Pero al margen del valor numérico preciso, todo el mundo (al menos, el académico) está de acuerdo que a medida que la TRE media disminuye se pierde acceso a servicios sociales hoy en día considerados logros irrenunciables.

El problema de la TRE media en disminución es que cada vez se consagran más recursos a la mera producción de energía, y eso acaba suponiendo el retorno a formas de explotación del trabajo humano rayanas en el esclavismo. Hay un par de cuadros que a Ugo Bardi le gusta mencionar al hilo de esta discusión que creo que son bastante ilustrativos, y que se encuentran bajo estas líneas.

El primero se llama "L'Alzaia", de Telemaco Signorini. En él se ve un grupo de hombres unidos con un arnés a unas cuerdas de las que tiran con todo su cuerpo, como si fueran animales de tiro. Los hombres seguramente siguen un camino de sirga, y lo que están jalando es una barcaza que no aparece en el cuadro.

"L'Alzaia", de Telemaco Signorini


El segundo cuadro es "Transportista de barcaza del Volga, y se ve el mismo tipo de escena, sólo que en este caso sí que se ve el barco (y también es más patente la expresión de desolación de los que jalan de él)

"Transportistas de barcaza del Volga", de Ilya Repin


En la época de estos cuadros se usaban los ríos para transportar todo tipo de mercancías, y algunas veces lo que se transportaba era simplemente carbón. A pesar de que ya se conocía la máquina de vapor, el carbón que se extraía en ciertas zonas de Europa (como Italia) era de poca capacidad calorífica (y por tanto de baja TRE), y si se usara para alimentar un motor a vapor la mayoría del carbón se quemaría simplemente para el transporte de la gabarra que lo llevaba. Por tanto, para que saliera a cuenta transportarlo para su uso final, era preferible descoyuntar unos cuantos seres humanos arrastrando la gabarra. De ese modo, los destinatarios finales de ese carbón aún podían aprovechar el poder calorífico de ese carbón de menor calidad.

Ése es justamente el riesgo de explotar fuentes energéticas de baja TRE: que la producción total de energía puede aumentar, creando la falsa sensación de progreso, mientras que se va desmontando todo el Estado del Bienestar por falta de energía neta para mantener los lujos que éste proporciona. Al tiempo, con la caída de la TRE media se precisa que cada vez más gente trabaje en las actividades relacionadas con el aprovechamiento energético y en condiciones cada vez más penosas para que sea cada vez una proporción más minoritaria de la sociedad quien pueda aprovechar sus ventajas. Desde el punto de vista del rendimiento del capital, la estrategia de aumentar la producción de energía aunque sea a costa de usar fuentes de TRE cada vez más baja puede proporcionarle beneficios, con tal de que se eliminen los usos discrecionales de la energía (el Estado del Bienestar) y eventualmente se mejore la productividad por trabajador a base de empeorar sus condiciones laborales (trabajo semiesclavo).

¿Vamos a apostar por aumentar la producción energética bruta con fuentes de rendimiento cada vez más bajo? Es decir, ¿vamos a apostar por el desmantelamiento del Estado del Bienestar y de las condiciones laborales de la mayoría para crear un monstruo que necesita cada vez más energía para automantenerse, como si la generación de energía por la generación de energía fuera un fin en sí misma y no un medio? ¿O vamos a intentar generar menos energía bruta total pero con mejor rendimiento, de modo que no se esclavice a un mayor número de personas para alimentar el monstruo energético, y vamos a darle a la energía neta resultante el mejor aprovechamiento posible, aunque eso signifique suprimir las tasas de interés a las que el capital está acostumbrado?


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Como digo, no podemos evitar las cuestiones que he planteado, y no responderlas explícitamente es una forma de escoger una respuesta. Una que es básicamente continuar en la misma dirección que llevábamos, la cual, dadas las circunstancias y por las razones que he expuesto más arriba, es probablemente la del desastre. Dejar de mirar a otro lado e intentar encarar estas cuestiones mientras todavía estamos a tiempo me parece una cuestión prioritaria.

Salu2,
AMT