Mostrando entradas con la etiqueta resilencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resilencia. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de agosto de 2010

Emociones en una balanza, y esbozo de un llamamiento

Queridos lectores,

Me había propuesto sinceramente dejar pasar un tiempo y acabar con el paroxismo de los últimos días, pero la cascada de comentarios que aún se suceden sobre los últimos posts creo que hacen necesario que haga algunas aclaraciones y valoraciones suplementarias, que espero que sean breves. Para agilizar la escritura de este post, contrariamente a mi costumbre no haré ningún enlace. Así también el texto será más convencional y ligero de leer.

Estos últimos días han sido como un tobogán emocional. De entrada con el post sobre qué podemos hacer a nivel individual y muy centrado en el caso de una lectora que reclamaba ayuda; después, la bomba: un post sobre el peor escenario posible (compatible con ciertos condicionantes cuasi-realistas); por último, un post valorando las reacciones al anterior como una manera de discutir las dificultades que tiene el ser humano para gestionar la incertidumbre. Las reacciones que se pueden encontrar en los comentarios de estos días son de lo más diverso, aunque creo que hay un rasgo que las unifica y diferencia del tono habitual de las réplicas y contrarréplicas que se encuentran en este blog: hay mucha emotividad, muchísimas emociones a flor de piel. Después de meses describiendo de manera paciente y machucona, tediosa incluso, los diferentes informes técnicos sobre el estado de las reservas de combustibles fósiles, hemos llegado a un punto de inflexión, y lo que antes era un sosegado y desapasionado discutir, con periódicas expresiones de lógica preocupación, se ha tornado en un torbellino de sentimientos, con sensibilidades agraviadas, otros contrariados, alguno más que declara que no se volverá a manifestar en público y finalmente quien le ve la gracia al último tándem de posts.

Es cierto que hemos cruzado una frontera, cosa que de algún modo ya avisé. He acabado la primera parte del primer ciclo, que es el análisis de las predicciones sobre producción de petróleo, carbón, gas y uranio. Como en cualquier estudio científico, hay algunas certezas (todas estas materias llegarán a su cénit seguro en las próximas décadas y probablemente en los próximos años, si no lo han hecho ya) y muchas incertidumbres. Las menores de éstas últimas son las de carácter geológico-minero, pues la fecha final puede subir o bajar unos años, pero eso no cambia la sustancia de lo que se discute; las mayores incertidumbres, sin embargo, tienen que ver con la respuesta que el sistema económico, y en última instancia la sociedad, dará a los desafíos que se le plantean. Intentar predecir qué pasará es una tarea inútil, ya que el curso de los acontecimientos depende de factores que no pueden modelizarse matemáticamente. Un ejemplo que doy en la presentación, como muestra de una dirección de adaptación: si se suprime la automoción privada por completo (los casi 1.000 millones de coches y camionetas que hay en el mundo) se reduciría en un 25% el consumo de petróleo, y eso nos puede regalar entre 5 y 10 valiosísimos años para hacer la adaptación. Sin embargo, el peor escenario que yo presentaba hace dos posts tiene un sentido per se: mostrar dónde acabaremos si seguimos como si tal cosa, y tiene la misma función ejemplificadora que mostrar dónde irá a parar un vehículo que llega a una curva a toda velocidad y se sale por la recta tangente. Para algunos lectores, es obvio a dónde se va a parar y mostrar tal escenario es obsceno; sin embargo, otros apuntan a que mucha gente no tiene el tiempo o la imaginación de entender a dónde lleva esta trayectoria estúpida, y eso mismo creo yo. Refuerza esa impresión mía algunas de las preguntas y comentarios que he recibido cada vez que termino la presentación "The Oil Crash"; paradigmáticamente, mucha gente se inquieta por pensar qué pasará con los coches sin pararse a pensar primero qué pasará con las personas. Por tanto, mostrar un retrato de la magnitud del tortazo que nos podemos dar es para mí necesario, para no tener que repetirme con "los coches son irrelevantes, lo importante es el mantenimiento de la sociedad y sus personas".

Por supuesto que esperaba unas reacciones más o menos viscerales al post, y en ese sentido he de agradecer la generosidad y confianza de la gente que abiertamente se ha expresado, porque me han dado la materia prima que necesitaba para construir un alegato en favor de la racionalidad y el sosiego. El comentario de Elisa del otro día también me ha afectado a mí personalmente, porque entre otras cosas me hace profundizar en mis propias contradicciones (como con el buen ojo que la caracteriza me señalaba el otro día mi mujer), y mi inquietud es que cómo se lo tomará la mayoría de la gente cuando el tema del Peak Oil se vuelva de dominio público (lo cual cada día se ve más cerca, teniendo en cuenta las noticias que se van publicando en los diarios británicos y en menor medida en los españoles - La Vanguardia es un ejemplo paradigmático- e incluso los estadounidenses - puedo citar más de media docena de artículos en The Wall Street Journal y The New York Times). El repliegue táctico de Gabriel, que tan activo se mostró estas últimas semanas, me preocupa, ya que siendo el un peakoiler de cierta solera me da la impresión de que está perdiendo la esperanza de convencer a la sociedad. Por otro lado, despertar a la sociedad, movilizar las conciencias, es uno de los objetivos de esta iniciativa (el lema de oilcrash.net es "La urgente necesidad de cobrar consciencia"). Renunciar a divulgar, informar y movilizar es casi aceptar seguir por la línea recta y salirnos en la curva.

Debo hacer aquí dos incisos necesarios. El primero, en respuesta al comentario de Jacobo sobre la excesiva calidad del lenguaje que uso en este blog, que dificulta que se me pueda seguir y hacen mis escritos completamente crípticos al común de los mortales; en suma, mi registro no se adapta bien a mi audiencia. Debo alegar en mi descargo dos motivos que justifican que me exprese como lo hago. La primera, que el objeto de mis ensayos los va a hacer completamente insoportables para mucha gente, no acostumbrada a razonar en términos analíticos; no olvidemos, además, que nuestra sociedad ridiculiza el esfuerzo, sobre todo el intelectual, y ensalza el pasotismo y el desdén. Por tanto, aunque cambie el lenguaje The Oil Crash no será nunca una lectura de masas. Tampoco pretendo que lo sea; como le comentaba ayer a mi amigo PPA por teléfono, TOC es más un manual para profesores que un libro de texto para los alumnos. Y en segundo lugar, creo que un uso cuidado del lenguaje reviste de la seriedad que se requiere los ensayos técnicos, lo cual ayuda a su credibilidad; de alguna manera, un lenguaje formal es la vestimenta adecuada para mi trabajo, del mismo modo que el uso de una ropa adecuada en determinadas ocupaciones ayuda a construir la necesaria imagen de profesionalidad. Por resumir: expresarme de manera coloquial no hará que el público generalmente despreocupado preste atención a estos temas, y sí que me restará credibilidad.

El segundo inciso es sobre mi opinión personal sobre cuál es el curso que seguirá la crisis energética en la que, a mi entender, ya estamos inmersos. A estas alturas creo que debería de estar bastante clara, para cualquiera que lleve algún tiempo siguiendo el blog, pero para lectores como Miuda y quizá otros creo que es importante explicitarla. Yo creo que estamos a tiempo de hacer cambios que nos lleven a una adaptación razonable, aunque al mismo tiempo observo ciertos factores preocupantes que pueden agravar la situación. No tengo una idea clara de qué pasará: mi intuición es que en algún momento del declive que seguramente traerá restricciones en pocos años (2012 como dice Lloyd's, 2014 como dice ahora ITPOES) se impondrán medidas de contingencia que evitarán un agravamiento continuado de la situación ya que, como ya hemos comentado, los poderes políticos conocen y comprenden la situación. Sin embargo, aún conociéndola, la inercia de los intereses corporativos les mueve a ser demasiado conservadores, apostando como mi amigo Hank a que esta crisis es en el fondo pasajera y de algún modo resoluble por los cauces tradicionales, y eso nos llevará a malgastar un tiempo precioso en mejorar nuestra adaptación. Habrá adaptación, que duda cabe, en muchos casos la que improvise gente como Gabriel, como Hortelano y como tantos otros, y por eso el golpe no será tan catastrófico, pero sin un cambio de la sociedad igualmente puede haber mucho dolor y sufrimiento completamente innecesarios y evitables. En añadidura, no podemos descartar que una sucesión de eventos no-lineales, en este mundo tan interconectado, no desemboque en un proceso de degradación más acelerado de lo deseable; mi preocupación mayor en este momento es que si China entra en recesión dejará de comprar deuda de los EE.UU. y de otros países, como España, y puede desestabilizarlos afectando al comercio mundial, a los beneficios de las empresas, de rebote a la exploración y desarrollo de los campos de petróleo y gas que necesitamos solamente para mantener la producción actual, e inducir así una bajada precipitada, económica y no geológica, de la producción de energía y desencadenando el Oil Crash de manera plena. Ciertamente, tampoco podemos descartar que otros factores también no-lineales produzcan el efecto contrario y el declive sea más gradual. De ahí la necesidad de contar con un buen modelo de gestión de la incertidumbre.

Ya por acabar, la cuestión final es: ok, ya sabemos que las reservas declinan o lo harán en breve, y ya sabemos que si no se hace nada podríamos colapsar. ¿Qué hacemos, pues, cuando resulta que la sola contemplación del Oil Crash repugna al entendimiento y puede asustar a la gente? Pues delante de una noticia negativa, lo importante es saberla presentar de manera positiva, por increíble que parezca. No le ofrezcas a la gente un mundo de terror y desesperación; al contrario, invítala a participar en un proceso constructivo y desafiante, en un reto colectivo comparable a la construcción de las pirámides, por el cual seremos recordados por las generaciones futuras. De igual manera que la sociedad inglesa fue enardecida por los discursos de Churchill llamándoles a resistir hasta la muerte en pro de una Gran Bretaña heroica y mejor, así nosotros hemos de construir un alegato que saque lo mejor de nosotros mismos y de nuestra sociedad, que nos haga luchar por un futuro brillante y más justo.

Señores lectores, recojan las velas de las tempestades emocionales de los últimos días y usen el impulso de ese torbellino para ayudarnos a escribir esa arenga, ese alegato. Yo compilaré los inputs que me den, y espero que el OCO redacte con todo ello una declaración, para que sea su bandera y la de Vds., la de todos nosotros.

Salu2,
AMT

martes, 17 de agosto de 2010

Correspondencia con los lectores: Hay Esperanza


Queridos lectores,

Mi intención era que el siguiente post fuera sobre el peor escenario que se puede producir sobre la escasez de energía y sobre la peor reacción posible delante de ella. En vez de soplar una vez más las trompetas de la catástrofe, como me dicen mis detractores, lo que pretendo es poner el dedo en la llaga sobre qué actitudes interesa evitar a toda costa (aunque siempre habrá algún tonto o interesado que tomará el ensayo como muestra de predicciones que yo hago y que no se cumplen). En fin, en eso estaba cuando una comunicante anónima ha escrito de madrugada el comentario que sigue más abajo a mi post "Retazos de una crisis global". Dada la importancia (y hasta diría urgencia) de lo que ella suscita, creo que es conveniente que hoy le dedique mi post; así habrá una de cal y otra de arena, hoy esperanza y mañana catástrofe (en realidad, vislumbramiento de la catástrofe como método para evitarla y traer la esperanza; pero ésa será discusión de aquel post, no de éste). He aquí el comentario de Elisa:

Estimado Antonio:

Soy una mujer de mediana edad, con estudios básicos y tres hijos que siempre digo que son los mejores, pero es porque soy su madre. Llevan adelante sus estudios sin mucha brillantez. Ya van para tres años que estoy divorciada, me quedan 15 años por pagar de la hipoteca de mi piso. Y mi trabajo, gracias a dios lo conservo, no me da mas que un sueldo para vivir muy ajustada. Esta es una radiografía rápida de mi situación, y aunque mirado desde fuera puede parecer dura, yo estoy contenta con mi vida.

O más bien lo estaba. Hace unas semanas, ayudando a mi hija con un trabajo, descubrí tu blog y después de leerlo casi todo, seguí leyendo todo lo que he encontrado en español, tanto en Internet como en la biblioteca. Y estoy aterrorizada. He ido al medico y me ha dado unas pastillas para dormir, recomendándome que no lea nada del tema. Me gustaría dejar de leer, y me gustaría mucho mas no haber leído nunca tu blog. Entiendo perfectamente a la gente que no quiere saber. Pero no puedo dejar de pensar en esto. Mi hija dice que hay una página especializada en ayudar con los problemas psicológicos que crea la noticia del peakoil, pero esta en ingles y no la entiendo. Además yo no quiero ayuda psicológica, yo necesito una solución, una salida, una esperanza. Tal y como lo describes, a la siguiente subida del petróleo mi empresa cierra, el gobierno no tiene dinero para seguir pagando a los parados, el banco se queda con mi piso... Yo ya no tengo familia en el pueblo, ni siquiera en la ciudad y eso de la transición que he leído parece cosa de hipis. Tú eres un hombre inteligente y seguro que me puedes ayudar con alguna idea. Algo que yo pueda hacer y que me de una salida en un futuro tan horrible.


Un abrazo.

Elisa.

Querida Elisa,

En primer lugar quiero agradecerte que hayas escrito y hayas compartido tus inquietudes con nosotros. Sin tu comentario, yo habría seguido directamente en la línea dura de intentar desmontar con argumentos racionales la repetida e infundada fe de nuestra sociedad en un futuro siempre mejor (ejemplificada en mi amigo y sparring dialéctico Hank Rearden). Estoy centrado en mostrar por qué las cosas no pueden seguir como hasta ahora, sin darme cuenta de que lo que seguramente una parte importante de esos lectores que por aquí pasan en silencio cada día está demandando es una solución o, como mínimo, una esperanza. Hay esperanza, Elisa, y podemos adaptarnos; podemos hacerlo, pero para ello debemos primero entender a qué hacemos frente y después actuar en consecuencia.

Ayer estuve tomando un café con Quim y con Jordi, dos compañeros y blogueros que están enlazados en la columna de arriba, y nuestra conversación fue, esencialmente, horriblemente deprimente, mucho más de lo que se transluce en nuestros ya de por sí negros escritos. Sin embargo, yo no estoy ni mucho menos deprimido. El tema del Peak Oil es duro, sus consecuencias son potencialmente nefastas, pero aún no hemos perdido y aún es tiempo para cambiar las cosas. Y las cosas por fuerza cambiarán, cuando ya sea evidente que no se puede seguir por este camino.


Nuestros líderes políticos están perfectamente al corriente de la situación; aparte de los comentarios que están al principio del post "Retazos de una crisis global" tengo diversa información más o menos confidencial que confirma que conocen y entienden el problema. Lo que sucede es que nadie quiere, por el momento, asumir el coste político de aceptar públicamente que se ha de pasar de una sociedad de bienestar a una de necesidad. Sin embargo, llegado el momento se tomarán medidas destinadas a garantizar el acceso a las necesidades básicas. El único problema es que no se deciden a lanzarse ya por esta senda, están esperando una señal clara e inequívoca. Posiblemente sea cuando el barril de petróleo vuelva a estar en el entorno de los 150 dólares... Y para entonces tu situación económica personal puede estar muy deteriorada, y al fin y al cabo si me estás haciendo este llamamiento es para que te ayude.

Yo no tengo la solución para tus problemas y dudas; ni siquiera la tengo para los míos. Y, sin embargo, últimamente amigos y conocidos, sabiendo de este tema, me llaman para preguntarme sobre qué hacer con sus vidas, y me consultan antes de tomar decisiones muy transcendentales sobre su futuro. Esto me produce cierta ansiedad, porque tengo miedo de condicionar la toma de decisiones clave para el futuro de otros cuando yo no poseo una bola de cristal, no puedo ver el futuro, no puedo tener ni dar seguridad a nadie sobre qué es lo que va a pasar ni cómo; por Dios, si yo mismo me encuentro en una encrucijada de muchas dudas y mucha indecisión. Pero si algo me ha enseñado la vida es que en determinados momentos no puedes dudar, y aún cuando te juegues la vida y tu futuro hay que decidir: con la cabeza, con serenidad, con frialdad, sí; pero también con arrojo y valentía. Quizá lo perdamos todo, pero al menos lo habremos intentado.

Elisa, yo no puedo resolver tus problemas, ni darte una panacea para todos tus males. Soy humano, y como tal sometido a error y a incertidumbre. Sin embargo, creo que aunque no tengo la solución que me pides sí que te puedo dar consejos, y es incluso mi obligación hacerlo. Lo que ahora te diré son consejos basados en la prudencia y en la sensatez, y quizá alguna de las cosas que ahora te diga sea errónea o no se aplique en tu caso; no antepongas mi opinión a tu propio juicio sobre las cosas, se crítica y toma lo que te sea útil y desecha lo que te estorbe. No te puedo dar ninguna garantía de que lo que ahora te cuente sea plenamente eficaz, y no puedo responsabilizarme sobre las consecuencias que puede tener seguir mis consejos, ni ante ti ni ante esos otros lectores que ahora esto leerán. Hacedme caso a vuestro propio riesgo.


Lo primero y más importante que tengo que decirte es que, Elisa, eres una mujer afortunada, ya que tienes un activo inestimable: tienes tres hijos. Quizá ahora no lo veas o no lo vean, pero ellos serán el mayor apoyo que tendrás, y tú lo serás para ellos. Lo primero que tienes que hacer es una catarsis familiar y discutir serenamente sobre qué es el Peak Oil y qué es lo que va a significar para vuestras vidas. Por los datos que das en tu mensaje (te quedan 15 años de hipoteca, ayudabas a tu hija con un trabajo del cole relacionado con la energía, se puede valorar su rendimiento en los estudios) imagino que tus hijos son pre-adolescentes o adolescentes, lo cual quiere decir que se puede hablar con ellos. Quizá alguno de tus hijos pase o quiera pasar de todo y seguir jugando con su PlayStation; en tal caso plantéale cómo será su vida cuando haya sólo una o dos horas de electricidad al día o cuando la PSP IV valga 10.000 euros. Quizá te sorprendas del sentido común y la entereza con la que abordan el problema. Intenta no abordar el problema de una manera radical, fanática o ansiosa: esto te puede causar problemas con tu ex-pareja cuando los niños, como es natural, le pregunten cuál es su opinión al respecto. Por el contrario, pon el problema en el contexto de la crisis actual de la que tanto llevan oyendo hablar durante los dos últimos años, los numerosos recortes que están haciendo los Gobiernos y Administraciones Públicas, el riesgo que tienes de perder tu trabajo con el consiguiente riesgo de perder el piso (esto seguro que les conmueve, ya que todos necesitamos nuestro huequito). Hazles ver que las cosas con su padre seguramente irían igual de mal, porque es un problema sistémico, de toda la sociedad. A los que sean más mayores y tengan espíritu critico, recomiéndales que lean éste y otros blogs, que busquen información, que se documenten (tu hija está bastante concienciada ya; ¡te ha buscado una página para ayuda a peakoilers deprimidos y todo!). Inicialmente los chavales propondrán tecno-fantasías al estilo de Hollywood que nos salvarán; cuando lean más verán que realmente no hay milagros (ésta es una de las funciones de este blog) y que no pueden confiar en un deux ex machina que todo les solucione. Después se desesperarán y dirán que total ellos no pueden hacer nada, así que hay que cruzarse de brazos y dejar que papá Estado o quien sea arregle la cosa, si es que tiene arreglo. Aquí se les tiene que hacer ver que igualmente esto no evitará que pierdas el trabajo, el piso, que acceder a la electricidad y hasta el agua potable se vuelva difícil y caro, etc. Una vez llegado a este punto, lo que se impone es pasar a la acción; tomar las riendas de nuestra propia vida y buscar la mejor manera para adaptarse.


Elisa, tú ya sabes lo que es el Peak Oil y eso te hace infinitamente más adaptable que el 99% de la población que ni sabe lo que es ni quiere saberlo. En los momentos duros que vendrán en los próximos meses tú sabrás dar una lectura más correcta de qué es lo que está pasando y tomarás las decisiones más lógicas sabiendo que estamos viviendo el Oil Crash, que no son las mismas que las decisiones lógicas convencionales, las de un escenario de "todo sigue igual". Por otro lado, esto es una carrera de fondo, y aunque los indicios apuntan a que el proceso se está acelerando, hay infinidad de eventos que pueden acelerar o retardar el desarrollo de los acontecimientos, y antes de que la situación se vuelva más o menos caótica pueden pasar bastantes años; ciertamente, también pueden faltar sólo meses. Tú debes seguir con tu vida normal, tu trabajo normal, tus horas de sueño normales, y al tiempo empezar a tomar progresivamente medidas adecuadas para adaptarte a una situación de carestía, sin estresarte, sin agobiarte pero sin dudar. No volverte loca por la angustia de esta realidad pero ser coherente y tomar decisiones meditadas al respecto.


La primera adaptación que has de emprender es la de reducir tu exposición, principalmente financiera. Es difícil saber el curso que seguirán los tipos de interés durante los próximos meses, pero en el momento en el que el petróleo suba y los precios de la energía hagan que todo se encarezca, las autoridades monetarias seguramente darán la respuesta estándar: a más inflación, mayor tipo de interés. Te quedan 15 años de hipoteca, imagino que debía ser como mínimo a 20 años y posiblemente a 25 años (a 30 años es dudoso, hace 15 años se daban pocas hipotecas así). Eso quiere decir que tu hipoteca es vieja y por tanto la repercusión del interés sobre tu cuota no es muy elevada; deberías hacer un cálculo (ya tienes un ejercicio para el mayor de tus hijos, y así podrá ver más de cerca cómo es el mundo real) sobre cuánto te ha de subir la cuota si tu tipo de referencia pasa del actual al 8%, por ejemplo (es un caso extremo; si se llega a tales tipos la sociedad explotará). Si la repercusión en la cuota mensual de tal subida es pequeña, como me imagino (digamos un 10% de subida de la cuota; por ejemplo, pasaría de 700 euros a 770 euros) entonces no merece mucho la pena que hagas nada respecto a tu hipoteca: podrías intentar amortizar plazos para acortar la vida de la hipoteca, pero es más que dudoso de que acabaras antes de que el Oil Crash se manifieste en plenitud; por otro lado, amortizar capital no tendría mucha influencia en la cuota mensual en este caso. Por el contrario, si una subida del 8% del tipo de interés te implica una repercusión importante sobre la cuota (digamos más del 10%) te tienes que plantear ir reduciendo capital, tanto como puedas.


Otra cuestión clave es la reducir los gastos. Es impresionante lo que se puede llegar a ahorrar con cambios simples de hábitos que no afectan sustancialmente a tu calidad de vida. Coge todas tus facturas mensuales y ordénalas de mayor a menor, y plantéate dónde puedes ahorrar más. Si la/s factura/s de teléfono/s son muy importantes, plantéaos llamar menos o buscar planes adecuados; si el gasto principal es el gas, cambiad los hábitos de uso del agua caliente (poned reguladores de caudal en los grifos, la ducha, etc). Si la asignación periódica a los chavales representa un buen mordisco, habla con ellos y hazles ver que tienen que ayudar a la economía familiar. Si alguno de tus hijos tiene suficiente edad para trabajar, anímale a que coja un empleo por horas (en un McDonald's, en una ferretería, donde sea) que pueda compatibilizar con sus estudios; así, ellos se sienten importantes por contribuir a la economía familiar y aprenden a valorar el dinero y el esfuerzo que cuesta conseguirlo. Has de pensar también que los precios de los carburantes pueden dispararse; por tanto, hay que vigilar la calefacción y el aire acondicionado, y por supuesto intentar ser lo menos dependientes posible del coche. En fin, esto son algunas ideas; seguramente tú misma podrás encontrar la vía más apropiada en esa dirección.


El dinero que consigas ahorrar debe dirigirse a dos fines. Uno, a mantener un fondo de contingencia para cubrir imprevistos (reparaciones u otros). Dos, para comenzar a implementar vuestro propio plan de adaptación. Eso implica, en esencia, cultivar. Sí, suena a estrafalario, suena a cosa de hippies como tú dices, pero es necesario. Si tenéis poco espacio, comenzad por cultivad tomates en el balcón, luego intentad ir hacia otro tipo de cultivos (yo estoy pez en esto, no sé: leguminosas, me imagino). Aprended a hacer compostaje. Todo eso son sólo parches, pero os permitirá ir aprendiendo las artes básicas de la jardinería, que en un futuro no muy lejano os serán útiles.

Otra cosa relevante es la educación de tus hijos. Es posible que te plantees que algún día alguno de ellos vaya a la Universidad. Si es así, es importante entender que en un mundo en el que todo será escaso ciertos estudios y especialistas son un lujo que no nos podremos permitir. Esto es cierto incluso, aunque en menor medida, para los itinerarios de Formación Profesional. Aunque la decisión ha de ser siempre tomada por tus hijos, es importante que sepan que no todos los estudios llevarán a un empleo o tendrán utilidad, independientemente de cómo hayan sido las cosas en los años y décadas pasadas. Vamos a un mundo diferente con unas necesidades diferentes.


En el medio plazo es importante que intentes constituir una comunidad. Sé que esta parte es la más difícil, pero también es necesaria. Seguramente en tu barrio hay más personas pasando por situaciones difíciles, y que encima no entienden qué está pasando aunque intuyen que algo va mal, profundamente mal, y sin embargo esperan que esto todavía pueda arreglarse (cosa que no va a pasar). Esa gente, abandonada a su suerte, son parte del problema, ya que en la ira de sentirse abandonados acabarán atacando a los que tienen al lado (y no a los de arriba). Al mismo tiempo, esa gente es parte de la solución, ya que con ellos podrás constituir una sociedad de mutuo apoyo: todos estáis en el mismo barco y si queréis salir de ésta os tenéis que ayudar entre todos. Los que no tengan trabajo pueden ofrecer sus horas a los demás y recibir bienes o servicios a cambio (bancos de horas). Esto favorece el espíritu de cohesión y disminuye el riesgo de estallidos. Por otro lado, si conseguís llegar a tener cierta fuerza, y cuando las cosas vayan peor, podéis intentar montar huertos comunales, explotados por los vecinos del barrio en solares abandonados y tierras periféricas. No será sencillo, pero todo es empezar.


Hay un blog que te quiero mencionar, porque creo que te podrá dar mucha luz en los momentos más negros. Lo escribe con admirable constancia Sharon Astyk, y se llama "El libro de Casaubon"; lamentablemente, está en inglés, pero creo que tu hija podría leértelo, quizá incluso para toda la familia, haciendo traducción simultánea. Al principio será un poco penoso, pero a medida que el nivel de traducción de tu hija mejore puede ser una experiencia grande, intensa. Sharon Astyk es una mujer admirable, y sus escritos transpiran compasión y comprensión, y habla con sencillez de la adaptación, de cómo hacer frente a los retos que nos esperan, de cómo no desesperar, de los sentimientos. En medio de miles de blog masculinos con sesudos análisis de duras aristas que desgarran la piel del alma, leer a Sharon es como encontrar un oasis en medio del desierto... y sin embargo ella habla de los mismos temas, y con gran profundidad analítica; pero ella refleja unas emociones más cálidas, más humanas y más humanizantes. Además, "El libro de Casaubon" es un gran tratado de jardinería sostenible, de cómo adaptar la casa para que consuma menos energía, de como reaprovechar los materiales. Está adaptado a la realidad americana y por eso no todo lo que propone tiene una directa e inmediata aplicación a otros contextos, pero aún así es muy interesante.


Otra cosa que seguramente es muy útil es que alguien venga a hablaros del Peak Oil en tu ciudad o barrio. Me tratas de tú, lo cual me sugiere que seguramente seas española y probablemente vives en España. Yo paso con cierta periodicidad por Madrid, y según y cómo podría intentar acercarme a algún otro lado, así que quizá yo mismo podría dar esa charla; en este caso, tú tendrías que contactar con tu Ayuntamiento o con una asociación vecinal para organizarlo. Si miras en la columna de la derecha tienes suficientes datos como para saber cómo contactar conmigo personalmente, no a través de comentarios del blog (y si no mira el primer post de este blog; seguro que esa hija tan espabilada que tienes te dice cómo).

Eso es más o menos todo.

Mucha suerte y un abrazo,

Antonio