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miércoles, 13 de julio de 2016

Cuatro clavos



Queridos lectores,


Estos días hay un tema que resulta recurrente en las conversaciones que tengo con diversos amigos y conocidos: cuál será, previsiblemente, la evolución económica de España durante los próximos meses. A pesar del tono optimista que se intenta dar desde la mayoría de los medios de comunicación, es evidente que hay ciertas tensiones económicas de importancia ahora mismo, y así un día en una cadena nacional de televisión nos pueden decir que el FMI no descarta que volvamos a entrar en recesión, y al día siguiente, el mismo medio y el mismo presentador nos puede decir, sin despeinarse, que se espera que en España el PIB crezca un 3% este año y cantidades similares en los próximos años. 

La realidad es que en este momento hay no pocos riesgos económicos para España, la mayoría de los cuales comparte con otras economías occidentales pues son de alcance global. Lo más preocupante de los riesgos es su alcance y profundidad, puesto que todos ellos son el resultado de una degradación progresiva de las bases de la economía mundial, a medida que el capitalismo va inexorablemente perdiendo su viabilidad. No es sólo es que estemos explorando nuevos territorios de esta crisis que no acabará nunca, sino que los procesos que ahora comienzan sólo se detendrán para ser sustituidos por otros peores.

Pero analicemos cuáles son estos problemas que se divisan en el horizonte económico español.


  1. Impacto del Brexit. Aparentemente las clases dirigentes del Reino Unido (y también las europeas) han interiorizado que la salida del Reino Unido de la Unión Europea es un proceso irreversible. Para pesar de todos los que abogan por la repetición de un referéndum cuyo resultado creen poder revertir, lo cierto es que volver a celebrar el referéndum seguramente exacerbaría los ánimos e incrementaría el rechazo a la UE. El proceso de salida, por tanto, parece irreversible. Aunque a muchos efectos prácticos el Reino Unido no abandonará la UE (puesto que el Reino Unido firmará multitud de acuerdos comerciales para preservar un cierta status comercial con la UE), lo cierto es que el Reino Unido recuperará la plena soberanía en cuestiones económicas, fiscales y de circulación de personas. Con el Reino Unido fuera de Europa, existe el riesgo de que el país se decante claramente por ser un paraíso fiscal, como ya apuntábamos antes del referéndum, lo cual parece confirmarse con el reciente anuncio de la reducción de la fiscalidad a las empresas radicadas en las islas. No es sólo esta competencia desleal con Europa casi desde su corazón (que, no nos engañemos, ya se producía en parte con el régimen especial que se le aplicaba a la City londinense) la que va a complicarle la vida a España. En el corto plazo, la salida del Reino Unido de la UE implica que España pasa de ser un receptor neto del presupuesto europeo a ser un contribuyente neto, lo cual ampliará la lista del "debe" español en un momento en que se le está aplicando un expediente por déficit excesivo. Pero es que además los mercados financieros están castigando más en estos días a las economías periféricas del euro que al propio Reino Unido, en una demostración de que el gran capital ve más viable un Reino Unido fuera de la UE que una España o una Italia sufriendo por mantenerse dentro de ella. Justamente, con las otras dificultades crecientes, el peligro de un contagio de los abandonos de la UE, sobre todo por parte de economías más competitivas que la española, aumentaría la presión negativa sobre España. 
  2. Deutsche Bank: La evolución del principal banco de Alemania durante los últimos meses ha sido ciertamente traumática; en más de una ocasión se ha comparado la evolución del precio de sus acciones al de Lehman Brothers en los meses previos a su quiebra.
    Aparte de la mayor o menor arbitrariedad de esta comparación, lo cierto es que DB encadena unos meses muy aciagos con multitud de noticias muy negativas. El secreto a voces de DB es su exposición a derivados financieros dudosísimos, por valor, dicen algunos, de unos 60 billones de euros (para que se hagan una idea, eso es más de 20 veces el PIB anual de Alemania). Si los alemanes se aplicaran a sí mismos el criterio que hasta ahora ha primado en la Unión Europea con los problemas de los sistemas bancarios de Grecia, Italia, Irlanda o España, según el cual cada estado ha de rescatar sus bancos, las compensaciones del Tratado de Versalles iban a parecer una broma de colegiala. Resulta obvio que si el DB llega en algún momento a quebrar, una parte importante de su deuda quedará impagada (con repercusiones a escala global), mientras que el resto de la deuda sería repartida por toda la zona euro y posiblemente por la UE (de nuevo, la salida del Reino Unido parece muy oportuna, y la tentación de nuevas salidas sería aún mayor). Curiosamente, la prensa especializada se centra estos días en los  problemas (comparativamente bastante menores) de los bancos italianos, supongo que porque es un problema más tratable que el del primer banco alemán. ¿Y qué pasa con los bancos españoles? La banca española también es señalada en algunos momentos, ciertamente no con la misma insistencia que la italiana aunque han circulado algunas noticias bastante negativas (por ejemplo, las referentes a la ampliación de capital del Banco Popular). De cómo se afronten, sobre todo desde el punto de la equidad, la crisis del DB por un lado y las crisis bancarias periféricas por el otro depende algo tan crucial como la afección o desafección de los ciudadanos de  Grecia, Italia, España o Portugal al proyecto europeo.
  3.  La desinversión petrolífera: De este problema  ya hemos hablado en repetidas ocasiones en este blog (por ejemplo, en el post "Pasándose de frenada"). Hay un problema muy serio con la desinversión de las empresas dedicadas a la explotación de petróleo. Estas compañías que, no lo olvidemos, perdían dinero a espuertas antes incluso de que el precio del petróleo cayera, no podían continuar invirtiendo como solían y de hecho están contrayendo sus inversiones de manera brutal (un 20% de 2014 a 2015, y se espera que más de un 25% este año con respecto al 2015). Conviene no olvidar que durante los últimos 30 años la inversión global en exploración y desarrollo de nuevos pozos de petróleo y gas se había multiplicado, en términos reales, casi por 10, como muestra la siguiente gráfica:
    En la misma gráfica se ve que desde 2005 las ganancias en la producción de petróleo han sido bastante marginales y sólo rebrotaron un poco a partir de 2011 gracias al petróleo ligero de roca compacta (LTO) que se ha explotado en EE.UU. con la técnica del fracking. Justamente, el mayor peso en la nueva producción de esos hidrocarburos de baja calidad y alto coste es lo que estaba arruinando a las compañías, aún cuando el precio del barril de petróleo se situaba en los 100$. Con el precio actual en casi la mitad, muchas compañías están quebrando y las que sobreviven están paralizando drásticamente sus actividades de búsqueda y desarrollo de nuevos yacimientos. La desinversión ha sido tan fuerte que ya se da por descontado un retroceso de la producción de petróleo en varios millones de barriles de petróleo diarios durante 2016 y 2017, simplemente teniendo en cuenta el tiempo que se tarda en poner en marcha un yacimiento. En este contexto, en tanto que la demanda, aunque estancada, se mantenga, es seguro que el precio del petróleo va a subir como un cohete en algún momento de los próximos meses. Cuando eso suceda, el precio será demasiado alto como para que la economía general lo pueda tolerar demasiado tiempo, y eso generará nueva recesión y precios de nuevo bajos, para mayor desgracia de las compañías petrolíferas: es la maldición de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda que tantas veces ya hemos comentado. El futuro corresponde a un precio del petróleo volátil, que nunca estará a un nivel satisfactorio al mismo tiempo para productores y consumidores. Lo único que puede evitar ese repunte y posterior caída de los precios del petróleo es que se desencadene una nueva oleada recesiva global por los dos motivos enumerados más arriba, lo cual lo único para lo que serviría es para agudizar la agonía de las compañías productoras de petróleo y que el retroceso de la producción fuese aún más agudo. En suma, que podría postergar el latigazo de precios durante unos meses, so pena de hacerlo más grave. De todos, éste es el riesgo que me parece mayor, pues atenta contra las bases físicas de nuestro sistema económico y acelera la velocidad de nuestro declive energético, el cual puede arrastrar consigo el derrumbe de muchos estados y llevarnos a un punto desde el cual hacer las transformaciones necesarias sea mucho más difícil.
  4. Los problemas de España: Los lectores españoles han oído hablar mucho estos días de las penalizaciones que la UE está estudiando imponer a España por causa de su déficit excesivo en 2015. A parte de la multa que finalmente se pueda imponer a España (de hasta 2.000 millones de euros), se tiene que recordar que España tiene que acometer unos recortes para ajustar su déficit a lo exigido de por lo menos 10.000 millones de euros. Lo cual quiere decir que el próximo Gobierno de España tendrá que acometer toda una nueva serie de recortes en las partidas de su presupuesto y previsiblemente la mayor parte del peso de estos recortes recaerá sobre las partidas sociales. Esto acrecentará el malestar social en España, ahora más latente pero siempre presente. Con el resto de problemas enumerados más arriba, parece claro que España se va a montar en una montaña rusa económica de la cual convendría prevenir a la población para evitar falsas esperanzas que no se van a cumplir. Esto es particularmente importante para el gobernante Partido Popular, que previsiblemente seguirá en el poder después del resultado de las últimas elecciones en las que mejoró su apoyo electoral. Si ahora viene una nueva marejada económica, el PP puede ver deteriorarse a ojos vista su soporte social y encontrarse dentro de cuatro años (o antes) en una situación que hoy en día parece impensable. Desgraciadamente, la estrategia más probable que se va a seguir es la de la huida hacia adelante, confiando en que los problemas se habrán solucionado y olvidado para cuando toque convocar nuevas elecciones. En el contexto actual, tal estrategia no sólo parece desacertada, sino que puede precipitar a España en brazos de un caudillo populista que pudiera emerger en este tiempo y que supiera canalizar el descontento popular, al estilo de lo que ha hecho el Frente Nacional en Francia o el UKIP en el Reino Unido.

De todos estos problemas, como digo, el más grave en el medio y largo plazo es el de la producción de petróleo en descenso por la falta de inversión. Es muy importante que los analistas y los autoproclamados expertos dejen de mirar el dedo del precio y miren la Luna de la producción. El precio puede mantenerse bajo aún durante un tiempo, lo cual sería síntoma de una demanda estancada o en leve retroceso, mientras que la producción va cayendo y probablemente lo haga de manera irreversible. Contrariamente a lo que suelen afirmar muchos "expertos", cuando la producción de una materia prima sin sustitutos conocidos y con una demanda bastante inelástica comienza a escasear, el precio no se mantiene continuamente alto sino que va haciendo picos no muy prolongados de precios muy altos, seguidos por amplios valles de precios bajos. Desde hace 6 años hemos explicado este fenómeno en este blog, y es parte de la espiral de destrucción de oferta-destrucción de demanda que antes comentaba. Este problema puede acelerar el declive energético de nuestra civilización, lo cual quiere decir el declive y eventual derrumbe de la misma. Nada está escrito en piedra y nada nos impide reaccionar, antes de que la bancarrota petrolífera arrase a los productores, antes de que los efectos nolineales nos lleven donde no queremos ni tenemos por qué ir. Pero para eso hay que superar la teoría económica clásica y empezar a reaccionar: hay alternativas y hay medios para evitar lo peor. Lo único que nos falta hoy en día es comprender el problema y, más importante, tener la voluntad de querer cambiar las cosas.
 


Salu2,
AMT

miércoles, 24 de febrero de 2016

Pasándose de frenada



Queridos lectores,

Hace dos años explicábamos desde esta página (ver "El colapso de la producción") que se observaba una pésima tendencia en la política de inversiones de las empresas petroleras privadas más grandes del mundo. Debido a la baja rentabilidad, tanto energética como económica, de las fuentes de hidrocarburos líquidos no convencionales (a los que abusivamente se conoce como "petróleos no convencionales"), estas compañías estaban emprendiendo un agresivo camino de disminución de la inversión en exploración y desarrollo de nuevas explotaciones de hidrocarburos líquidos. A principios de 2014 se preveía, de acuerdo con algunos analistas, un descenso de la inversión de esas 9 compañías de más del 25%.



Unos meses más tarde, en julio de 2014 el Departamento de Energía de los EE.UU. sacaba un informe que comentamos en el post "La ilógica financiera". De acuerdo con ese informe, las 127 compañías más grandes del sector del petróleo y del gas estaban endeudándose a un ritmo de más de 100.000 millones de euros desde 2011, es decir, en aquel momento ya llevaban 3 años perdiendo dinero a ese ritmo.


No es una coincidencia que la emergencia de esas pérdidas mil millonarias coincide en el tiempo con el despegue de la producción del Light Tight Oil en los EE.UU., es decir, del petróleo que se extrae mediante la técnica del fracking.




Lo interesante del caso es que también ese período 2011-2014 también corresponde con el de precios del petróleo, en términos reales, históricamente altos, sólo superados por el pico de precios de julio de 2008 que supuso el tiro de salida de esta crisis económica que no acabará nunca.




Combinando la información de esas gráficas se intuye que la irrupción del petróleo de fracking principalmente y de otras fuentes de hidrocarburos, igualmente caros de producir, ha supuesto un incremento del endeudamiento de las empresas productoras, que no han querido trasladar todo el coste de producción a los consumidores, sabiendo después de la experiencia de 2008 que la economía mundial no puede soportar precios muy por encima de los 100$ por barril sin colapsar. El problema es que la economía mundial no puede soportar 150$/barril durante un corto período de tiempo, pero tampoco soporta precios de 100$/barril durante tres años, y así desde finales de 2014 la demanda de petróleo se mantiene débil, sobre todo en China y Europa, llevando a una caída generalizada de precios de todas las materias primas y particularmente del petróleo.

Todas estas cuestiones, y las graves implicaciones que tienen para el futuro (destrucción de oferta de petróleo ahora, destrucción de la economía productiva después, en ciclos cada vez más rápidos) las hemos analizado con cierta frecuencia desde este blog. Ya en 2010 mostraba un simple modelo conceptual que nos permitía aventurar que el precio del petróleo sufriría vaivenes bruscos a lo largo de los años.




Estos vaivenes extremos, sin encontrar nunca un precio intermedio conveniente para todos, iría en función de quién estuviera colapsando en ese momento, si los productores de petróleo (precios muy bajos)  o si los consumidores (precios muy altos). En octubre de 2014, con el colapso de precios ya en marcha, expliqué con más detalle el proceso en el post "La espiral", mostrando entre otras cosas que la OPEP no le había declarado ninguna guerra a nadie porque en realidad había reducido ligeramente su producción en aquel momento. Recientemente, sintetizaba todas estas conclusiones de nuevo, en el post "El rumor del peak oil", en el cual también explicaba que la fuerte desinversión actual implicará una caída muy brusca de la producción de petróleo en un horizonte de uno o dos años con consecuencias funestas para nuestra economía. Ahora más que nunca cobra sentido la advertencia que en 2013 hizo la AIE sobre cómo evolucionaría la producción de petróleo si no había una inversión suficiente: se preveía una caída casi a la mitad hasta 2020, y a menos de la cuarta parte en 2035: 


 
Cabe decir, además, que si uno mira la producción total de petróleo (convencional más no convencional) parece que podría efectivamente haber llegado a su máximo en 2015, que era la fecha que yo daba como más probable en mis charlas al menos desde 2011.

Hago esta recapitulación de hechos simplemente para evidenciar que lo que está pasando y lo que va a pasar era algo perfectamente previsible y de hecho predicho desde hace algunos años, no sólo desde The Oil Crash sino por multitud de analistas, todos ellos venidos del campo de las ciencias naturales como la Geología, la Física, la Biología o las Matemáticas, o de ramas técnicas como la Ingeniería. Sin embargo, a pesar de la contundencia de los argumentos y de los hechos, nos encontramos con que el discurso predominante es el discurso económico, que busca explicaciones basadas en el mero dinero, sin comprender que el dinero es la representación del valor y no el valor en sí mismo. Pero el mayor problema con el discurso económico no es lo ramplón y parcial de sus explicaciones, sino su cortoplacismo. En el entorno en que nos encontramos, la única preocupación actual de los grandes inversores es buscar cómo salir de la burbuja del fracking, la cual en realidad había empezado a mostrar grietas hace dos años, pero nadie quiso abandonar la fiesta demasiado pronto. Se siguió adelante, confiando en que la inversión permitiría continuar la explotación del fracking hasta que ésta fuera rentable, sin entender que para que lo fuera los precios debían ser mucho mayores y eso era insoportable para la economía. En suma, que la burbuja del fracking estaba, inevitablemente, condenada a explotar.

En este preciso momento la burbuja está explotando con toda su intensidad, con una media de tres quiebras de empresas por semana, y con más de un fondo buitre dando vueltas en torno a compañías de mayor tamaño como Chesapeake Energy Corporation, la más grande de las que apostó por el fracking y el segundo productor de gas natural de los EE.UU. Las compañías, todas, están reduciendo sus actividades de exploración y desarrollo al máximo, despidiendo gente prácticamente cada día (10.000 despidos en Pemex, otros tantos en Shell, 3.500 millones de dólares de desinversión en Statoil, y muchos más ejemplos si tienen ganas de buscarlos). Para mí es especialmente representativo el caso de la española Repsol, pues conozco directa e indirectamente gente con vinculación a esta empresa. Cuando hace un par de años yo comentaba sobre la inviabilidad del fracking y las malas perspectivas para el negocio y para la economía en general, mi punto de vista era desdeñado por mi oyente, en medio de la euforia que proporcionó a la compañía el cobro por la expropiación de la argentina YPF (de la cual en realidad no podían sacar mucho más). ¿En qué invirtieron el dinero? En comprar Talisman, una firma especializada en las también poco rentables arenas asfálticas de Canadá. Tan sólo un par de años después, Repsol se ve encarando un futuro incierto y de muchos recortes, y por lo que he oído los despidos ya han comenzado. Ya nadie se ríe de mis previsiones.

La conclusión es que el cortoplacismo de estas empresas, dirigidas por consejeros delegados que sólo son capaces de mirar a los resultados del trimestre en curso, o como mucho el del siguiente, es lo que las está llevando a tomar medidas demasiado radicales y energéticamente suicidas para nuestra sociedad. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el conjunto del sector petrolífero (no ya las empresas privadas que comentaba al principio, sino todas ellas), después de dos años de práctico estancamiento en la inversión total en exploración y desarrollo, recortó su inversión un 20% en 2015. Pero lo peor es que la AIE prevé un recorte adicional del 16% este año 2016. Y por primera vez la AIE está claramente hablando de que se está poniendo en riesgo la seguridad del suministro de petróleo de los próximos años, pues los fuertes recortes no permitirán reponer el declive natural de los pozos actualmente en producción.

Sin embargo, nadie va a actuar decididamente para evitar ese riesgo. Al contrario: se va a profundizar en él, simplemente porque los grandes bancos han invertido demasiado dinero en apuestas arriesgadas, en fracking y otros activos de muy baja calidad. La exposición directa a créditos dudosos en el sector de la energía suma varias decenas de miles de millones de dólares, y eso sin contar con los productos financieros derivados. En este caso, el banco que parece estar en el punto de mira es Deutsche Bank, pero si éste cae arrastrará a otros muchos, en un efecto dominó que no tendría nada que envidiar a la caída de Lehman Brothers en 2008.

Y a pesar de la acumulación de signos, de que ya estamos comenzando el descenso energético, de que estamos entrando en una recesión global, de que la incapacidad de gestionar algo tan crítico como la estabilidad de la inversión en producción de hidrocarburos líquidos lleva a oscilaciones tremendamente destructivas, de que en algún momento de este año o el siguiente el precio se disparará y agravará la nueva ola recesiva, de que con nuestra necedad sólo estamos agravando el problema... a pesar de eso, los análisis que vemos en los medios continúan con la misma absurda cantinela que induce a pensar que nada pasa, y no faltan algunas voces aquí y allá que dicen que lo del peak oil ha quedado desmentido, justo en el preciso momento que lo hemos superado.

La Historia quizá nos juzgará con dureza por nuestra falta de juicio, por nuestra falta de previsión. Actualmente, en pleno estado de pánico que disimulan tan bien como pueden, los conductores de este tren han presionado con demasiada ansiedad y demasiada fuerza el freno y el vehículo que nos lleva  a todos está derrapando. Ahora vendrá una nueva oleada recesiva, más recortes y malestar social, al cabo de poco precios del petróleo por las nubes y un agravamiento de la crisis, después precios por los suelos y más contracción. Estamos entrando en una fase de aceleración de la destrucción económica, absolutamente autoinfligida. Si no quisimos parar la fiesta cuando era evidente que el fracking no iba a ninguna parte, ahora no deberíamos, de manera infantil, pararlo todo de golpe. Pero es lo que estamos haciendo. Los frenos están clavados y el coche ya está derrapando. Sólo podemos rezar para que no choquemos contra un muro.


Salu2,
AMT 

P. Data: Mientras tanto, en el Océano Ártico, la capa de hielo ha detenido su crecimiento anual, a falta de menos de un mes para que acabe la estación y comience el deshielo. Nunca antes había pasado una cosa igual, al menos no desde que se tienen registros, y encima la cobertura de hielo está en mínimos históricos. Pero pocos están mirando en esa dirección.

 

viernes, 15 de enero de 2016

El rumor del peak oil



Queridos lectores,

Este año 2016 ha estado marcado por una noticia que ha ocupado una porción apreciable del siempre disputado tiempo telenoticiado: la volatilidad de la bolsa de valores china. En el Imperio del Medio se han vivido días de grandes bajadas, hasta el punto que la sesión se tuvo que suspender en un par de jornadas, al superar las caídas el 7%. La bolsa china venía de tener una evolución bastante mediocre en 2015, y por lo que parece todos los problemas acumulados son cada vez más evidentes en 2016. Las bolsas occidentales han acusado el impacto con caídas acumuladas que son la mitad de las chinas, pero demostrando que la evolución del gigante asiático tiene mucha influencia en lo que pasa en el mundo.

Pero, ¿qué pasa en China? Simplemente, que China, la fábrica del mundo, está acusando con fuerza la caída de la demanda mundial de todo tipo de bienes. Cosa lógica, si se tiene en cuenta que el desapalancamiento de la deuda iniciado en 2008 ha ido progresivamente minando la renta disponible de las clases medias (vía disminución de prestaciones y vía degradación de la calidad del trabajo asalariado). Y esa clase media, cada vez más empobrecida, compra menos cosas y consume menos.

Durante los primeros meses de 2015 la planificación del flujo de mercancías a escala mundial siguió los patrones dictados casi al unísono por cuanta consultoría económica de este mundo: la demanda seguiría creciendo, la demanda de bienes seguiría por los cauces previstos. Sin embargo, la demanda bajó y los productos y materias primas empezaron a almacenarse, porque lo que salía era menos que lo que entraba. Es un fenómeno generalizado en todo el mundo. Eso ha llevado a una drástica disminución del comercio mundial. El Baltic Dry Index (un índice que mide la cantidad de materias primas que se desplazan por el mar) está en mínimos que no se habían visto en un par de décadas (ni siquiera en 2008), y en general el comercio por carretera, tren, avión, etc está en valores muy, muy bajos (por ejemplo, el comercio entre China y África, su principal suministrador de materias primas, cayó un 40% el año pasado). Indicio de que el comercio mundial está sufriendo un gran bajón, y que estamos entrando en una gran recesión global.


Como pasó durante la última gran recesión, en 2008, el precio del petróleo ha bajado mucho, cotizándose en la actualidad el barril de Brent por debajo de los 30 dólares, menos incluso de a lo que llegó en 2008. Tal caída precipitada traerá consecuencias muy negativas para el sector, pues al contrario de 2008, cuando el precio del petróleo cayó fuertemente de julio a diciembre para luego ascender relativamente rápido y estabilizarse en unos 100 dólares el barril a finales de 2009, en esta ocasión la bajada hace más de un año que dura y está minando la economía de los países productores de materias primas y no sólo de petróleo. Por ejemplo, en los EE.UU. acaba de quebrar la segunda mayor empresa productora de carbón de ese país, y no precisamente porque los EE.UU. se estuvieran descarbonizando sino porque sigue la tendencia contractiva general. Pero donde se huele a sangre en los EE.UU. es en el sector de la producción de petróleo, y especialmente en aquellas empresas que habían apostado fuerte al fracking. Aparte de la próxima quiebra de Chesapeake, una empresa de mediana importancia, que muchos analistas descuentan para principios de 2016 (sus acciones han caído un 80% durante el último año, en paralelo a sus ingresos), otras importantes empresas del sector podrían quebrar durante 2016. Aún no se apunta a ninguna de las grandes, pero obviamente van a sufrir durante este año y en paralelo reducen sus gastos para intentar sobrevivir el mayor tiempo posible. 

El problema no se circunscribe a los EE.UU.; por ejemplo, BP acaba de anunciar que despedirá al 15% de su personal ocupado en la división de exploración y desarrollo, unos 4.000 trabajadores. Y el problema no sólo afecta las compañías privadas; por ejemplo, hace poco que supimos que Pemex despedirá a 13.000 trabajadores. Algunas compañías, sobre todo las más grandes y diversificadas, recurren a la venta de los activos más dudosos, consiguiendo así el doble beneficio de hacer efectivo y disminuir el riesgo, y se centran a partir de ahí en sus activos más seguros; generarán menos dinero, eso es verdad, pero con mucho menor riesgo. Sin embargo, compañías como las que se dedican al fracking no tienen nada bueno que ofrecer y buscan desesperadamente más financiación con la que mantenerse a flote, en tanto que algunas contratan vergonzantes campañas de relaciones públicas para hacer creer al público general que el fracking aún es rentable (cuando, en realidad, nunca lo fue).

Es en este contexto de lucha por la supervivencia que se tiene que entender el reciente anuncio de que Arabia Saudita hará una oferta pública de acciones de su compañía nacional de petróleos, Aramco, la más grande del mundo. Mientras se dilucida el marco de esta privatización (se habla de que sólo saldría a la venta la división que se encarga de las refinerías), crece la tensión bélica en la zona. Dejando al margen lo que está pasando en Siria e Irak, ya no es sólo el creciente enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán: la guerra que Arabia Saudita mantiene en Yemen no tiene visos de acabar (y en ocasiones los rebeldes yemenitas tienen la osadía de golpear a Arabia Saudita en su propio territorio); al tiempo, Arabia Saudita mantiene la situación de protectorado de facto en Bahrein (país que "liberó" manu militari en 2011). Toda esta carga militar de Arabia Saudita agudiza peligrosamente los problemas económicos derivados de descenso de ingresos por la venta de petróleo, lo que le ha obligado a reducir prestaciones sociales y a aumentar el coste del carburante en el reino. El potencial desestabilizador de estas medidas es enorme; ¿se imaginan Vds. qué consecuencias tendría que estallase una revuelta en Arabia Saudita? 



Desde una perspectiva meramente económica, lo grave de la situación actual es la pertinaz contracción de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos petrolíferos, y no sólo en los no convencionales. Justo en este momento, cuando más que nunca se tendría que aumentar la inversión en exploración y desarrollo (upstream) porque cada vez los yacimientos son más difíciles de encontrar y de explotar, encadenamos una racha de años de contracción en la inversión muy fuerte en el sector petrolero. De acuerdo con la Agencia Internacional de la energía, la inversión en upstream
se redujo un 15% en 2014 con respecto a 2013, y un 20% adicional en 2015 con respecto a 2014. Y aquí no se acaba la mala racha, sino que la propia AIE está proyectando un nuevo descenso del 15% en 2016. A nivel mundial cae el conteo de rigs (cabezas perforadoras); el problema ya no es la catastrófica caída del número de rigs activos en los EE.UU., sino que la caída comienza a ser monumental (un 50%) al nivel del mundo entero.

Imagen de http://peakoilbarrel.com/international-rig-counts-2/


Aunque la mayoría de los analistas económicos no lo perciben, es bastante obvio que nos estamos encaminando a marchas forzadas hacia una escasez de petróleo que no sólo es inminente, sino que será irreversible. La combinación entre desinversión en la hoy en día imprescindible reposición de pozos y las quiebras de las empresas que explotan los recursos de hidrocarburos líquidos más caros de producir (cuyo porcentaje sobre la producción mundial es ya del 10% y debería crecer durante los próximos años simplemente para mantener la producción total constante) garantizan no sólo que nunca recuperaremos el nivel de producción de 2015 (esto es, el peak oil se produjo el año pasado), sino que el descenso a partir de aquí será bastante rápido.


La quiebra de las empresas que explotan yacimientos de hidrocarburos diversos no hace desaparecer el recurso, naturalmente. Sin embargo, sí que nos habla de la difícil viabilidad de la explotación de ese recurso a los precios que realmente la economía se puede permitir. Pero es que demás esas quiebras sí que hace desaparecer algo fundamental: inversores dispuestos a arriesgar su dinero en un negocio que, de repente, ya no parece tan seguro como siempre había parecido. Por eso, de manera real, la quiebra de empresas petroleras implica la desaparición efectiva de toda la producción actual que se estaba produciendo antieconómicamente, simplemente porque se tenían muy buenas perspectivas para el futuro. Y ése es un porcentaje creciente de todo el petróleo que se puede producir...

Estamos delante, por tanto, de un rápido descenso de la producción de petróleo que se irá evidenciando en los próximos años. ¿Y qué es lo que se cuentan en los medios sobre la situación actual? Poca cosa. Pocas veces se atreven a advertir que de mantenerse los bajos precios actuales habrá una fuerte escasez a la vuelta de un par de años. La inmensa mayoría de los análisis económicos que podemos leer  apuestan a que el precio se mantendrá bajo en el medio plazo, es decir, durante los próximos 2, 5 o incluso 10 años. Es obvio que no entienden nada de lo que está pasando (¿serviría de algo recomendarles, una vez más, nuestra guía?). E incluso algunos se permiten de vez en cuando hacer chanzas sobre la "ridícula teoría del peak oil", a su entender desmentida por los bajos precios del petróleo.

Desde una perspectiva economicista, el peak oil debería traducirse en precios permanentemente altos. Ésta es una visión simplista, propia del pensamiento económico liberal, que no entiende el papel de la energía en la economía. Lo más curioso es que no pocos de los estudiosos del peak oil llevan años afirmando que la llegada al máximo de producción del petróleo lo que genera es volatilidad en el precio (yo mismo lo decía en el quinto post que escribí en este blog, el 3 de febrero de 2010). En mi caso concreto y para más inri, cuando la fase de precios altos se prolongó un poco más de lo esperado me criticaron porque no acababa de llegar la bajada de precios que pronosticaba (ver post del 28 de marzo de 2014, seis meses antes de que empezase del actual episodio de precios bajos).  Lo volveré a repetir, una vez más: el problema de la escasez de petróleo no es que el precio suba mucho de manera permanente. Para que el precio se mantenga permanentemente alto el petróleo tiene que convertirse en un artículo de lujo y dejar de ser lo que es ahora, es decir, el motor de la economía, y aunque algún día llegaremos a esa situación, aún estamos lejos de ese momento. En los próximos años lo que caracterizará al precio del petróleo es una volatilidad brutal, a medida que profundicemos en la espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta. No es simplemente decir que el precio del petróleo a veces sube y a veces baja, no. La cuestión es que durante ciertos períodos se mantendrá demasiado alto, de manera que dañará la economía en general, y después se mantendrá demasiado bajo, dañando a las compañías productoras. Esta oscilación salvaje, sin término medio (la mayor parte del tiempo el precio o será muy alto o será muy bajo, situándose en valores intermedios sólo en su rápido camino hacia arriba o hacia abajo), es lo que caracterizará la evolución del precio durante los proximos años, con un período de repetición típico que en el post de 2010 estimábamos en unos 3 o 4 años, aunque a medida que se acelere el descenso de producción los ciclos de subidas y bajadas serán cada vez más rápidos. Fíjense en la gráfica (completamente cualitativa) que Dave Cohen dibujaba ahora hace 8 años:


Y fíjense qué ha hecho el precio del petróleo en los últimos 10 años:



Como ven, hasta el 2011 la forma cualitativa de ambas gráficas era muy similar. En 2011 se introduce masivamente el fracking en los EE.UU., y a pesar de ser un negocio ruinoso se consigue mantener los precios un poco por encima de los 100$/barril pero sin romper el techo de 149$/barril de 2008. Sin embargo, 100$/barril es un precio demasiado alto para no acabar perjudicando a la economía en general en el medio plazo. Con la forzada estabilización del fracking hemos postergado la caída de precios unos 3 años, pero ahora nos encontramos con una economía dañada (como muestran los datos que doy al comienzo del post) y unas compañías petrolíferas sobre-endeudadas y quebrando (como ya alertábamos en septiembre de 2014). Así pues, nos hemos ahorrado uno de los ciclos de 3 años, pero lo hemos hecho a costa de poner en una situación precaria a nuestras empresas petroleras y por tanto en este momento estamos teniendo a la vez una fase de destrucción de demanda y de oferta. 

Es importante resaltar que desde el punto de vista de la evolución del peak oil no hemos ganado absolutamente nada: produciendo a pérdidas hidrocarburos subprime como el LTO de fracking o el de las arenas bituminosas hemos mantenido el nivel total de hidrocarburos durante estos años, pero ahora la caída será más abrupta y nos iremos directamente al punto de la curva donde deberíamos estar si se hubiera explotado solamente lo que era económicamente rentable; o quizá más abajo, porque en el proceso hemos dañado el balance de empresas y explotaciones que podían ser viables. Y lo que es peor: lo abrupto de los cambios hace más probables los conflictos geopolíticos y las guerras por los recursos, porque los economistas que asesoran a los gobiernos de todo el mundo no comprenden la situación y ven fantasmas de "guerras de precios" e "intentos de desestabilización" donde lo que hay es fundamentalmente el imperio de la pura y dura termodinámica y una mala comprensión de la realidad económica por quienes se dicen sus especialistas. 

Por ese motivo, todos los que predicen escenarios de precios bajos del petróleo a 5 años vista se equivocan sin duda: los precios se mantendrán bajos este año hasta que estalle una nueva guerra o quiebren suficientes empresas del sector, y al bajar la oferta el precio se disparará, agravando la crisis económica global en ciernes (recuerden que el año pasado el PIB global se contrajo un 5%). Se iniciará así el siguiente ciclo de la oscilación del precio, que será más duro que el anterior porque los inversionistas, escaldados, no volverán tan rápido a invertir en las petroleras. 

Lo más triste de este proceso es que nadie mirará a la producción de petróleo, al hecho de que ya está decayendo para nunca más recuperar los niveles actuales y para seguir una tendencia general a la baja con pequeñas repuntadas transitorias. La obsesión economicista por el precio hará que se ignore la variable que es en realidad fundamental, pues la energía es el verdadero motor de la economía, en tanto que el dinero (entre otras cosas) es sólo representación del valor y no el valor en sí mismo. Las raras veces que se comente que la producción ha bajado los economistas saldrán diciendo que se debe a la recesión y que cuando salgamos de ésta la producción volverá a subir, poniendo así el carro delante de los bueyes, ignorando que el problema es que está disminuyendo la cantidad de energía asequible para propulsar este sistema, incapaces de comprender que hay que cambiar el paradigma económico completo para adaptarlo a una realidad en la que ya hemos chocado contra los límites del planeta.

Pues sí, señores, las consecuencias del peak oil eran éstas, lo que hace tiempo que yo denomino el oil crash:  la imposibilidad de nuestra sociedad de mantener el sistema actual, una vez que hemos llegado al cenit de producción de petróleo. Es a esto a lo que se parece, es a esto a lo que huele y a lo que sabe. Y esto sólo es el comienzo: si no lo entendemos y no comenzamos a tomar desde ya medidas para adaptarnos vendrán guerras, escasez, desabastecimiento... Yo personalmente hace tiempo que apuesto por que España se meterá en aventuras militares en varios países y particularmente en Argelia, cuando allí estalle la guerra civil actualmente en ciernes; guerras que agotarán más rápidamente a España y que nos hundirán con mayor celeridad en el fango. 

Pero, repitámoslo una vez más: nada de eso es necesario, no necesitamos hundirnos en la miseria, no está escrito en piedra que nuestro destino inevitable sea el colapso. No es verdad. Aún podemos cambiar el rumbo de las cosas. Debemos decir y decirnos la verdad a la cara, pasar de la idea a la acción, hacer propuestas de futuro. Es posible. Hagámoslo.

¿No lo oyen? Es el rumor del peak oil. Apresurémonos, antes de que sea un fragor, antes de que la previsible avalancha nos arrastre.


Salu2,
AMT