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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Predicciones para 2022


 

Queridos lectores:

Como pasa cada vez que llegamos a finales de diciembre, éste es el momento de enunciar las previsiones que, asociadas a nuestra crisis de sostenibilidad, aventuramos para el año que comienza.

Siempre es un ejercicio complicado y propenso a error el intentar adivinar cómo progresarán las tendencias actuales en un plazo de tiempo tan breve como es un año; sin embargo, este año es mucho más complicado que de costumbre por dos motivos principales. En primer lugar, porque hay una multitud de factores, totalmente confundidos, que están influyendo en la situación de escasez emergente de materiales y energía, y resulta muy difícil dilucidar cuál es el peso relativo de cada uno de ellos, no digamos ya adivinar cómo evolucionarán en tan solo un año. Y aunque resulta tentador pensar que absolutamente todo lo negativo que está pasando depende de la llegada del peak oil y del peak everything, lo cierto es que no es así, y que dependiendo de cada caso hay muchas otras variables que hay que tener en cuenta. Ello no es óbice para que, con toda seguridad, estemos llegando a ese umbral crítico que marca el cenit de producción de las principales materias primas, y ésa es la causa de la segunda de las dificultades predictivas: la llegada del peak everything es un punto crítico o de ruptura, a partir del cual la predicitividad de las tendencias se reduce prácticamente a cero. Como todo punto de transición, supone una crisis y una reorganización, reorganización en la cual las decisiones humanas, mucho más impredictibles que las leyes de la física, tendrán un peso enorme.

Es por ello que no cifro muchas esperanzas en hacer previsiones medianamente acertadas para el 2022. Aún así considero que el ejercicio de aventurar a dónde nos llevan las tendencias actuales es útil, con un objetivo diferente al de prever qué va a pasar: lo que pretendo más bien es advertir qué puede pasar si no se corrigen ciertas tendencias, y que éstas sean corregidas y por tanto los peores resultados sean evitados. Justamente porque es en estos momentos en los que una acción decisiva puede evitar los peores escenarios.

Pero, antes de pasar a las previsiones para 2022, comprobemos qué tal lo hicimos con las previsiones que formulé para 2021 hace ahora un año.

  • La CoVid que no cesa: Esencialmente correcta. A pesar de las vacunas hemos seguido con algunas restricciones, en verano la situación fue mejor y ha habido un repunte al llegar el otoño-invierno. Incluso mi hipótesis de que al final el SARS-COV-2 se integrará en el viroma humano como un virus de menor letalidad parece que está empezando a tomar forma si se confirma la menor letalidad de la variante Omicron, ahora predominante.
  • La crisis económica se agudiza: Parcialmente cierta. Debido a la escasez general de suministros y encarecimiento de la energía, algunas fábricas empiezan a cerrar, en algunos casos temporalmente, en otros permanentemente. Pensaba en un escenario aún peor, pero la previsión no ha sido del todo desacertada.
  • La calma que precede a la tormenta petrolera: Efectivamente el precio del petróleo no se ha disparado: tocó los 85$ por barril durante el verano y luego cayó. El consumo está recuperando niveles de 2019 y es cierto que no se recupera la inversión en nuevos yacimientos. Falta ver si la crisis petrolera estalla en 2022, pero de momento podemos considerar esta previsión acertada.
  • La crisis energética, en las discusiones: Pues sí, ha entrado con mucha fuerza, sobre todo a raíz de los problemas en la cadena de suministros (recordemos que una parte del problema está causado por la carestía de diésel, consecuencia del pico del diésel), la falta de gas y el encarecimiento de la electricidad. La insistencia en los planes de transición energética según el modelo de renovable eléctrica es ahora abrumadora, y muchas empresas se suben al carro de la subvención, sobre todo vía los fondos NextGeneration EU. Previsión completamente acertada.
  • Inestabilidad internacional: 2021 no ha sido sensiblemente peor en este capítulo que los años anteriores. Seguramente Líbano sea el país que peor parado ha salido de este año, y aunque la tensión aumenta en todo el mundo, nadie va a recordar este año especialmente por sus revueltas. A título de curiosidad, éste fue el año del Asalto al Capitolio de los EE.UU., pero en fin, a pesar de eso, es obvio que esta previsión ha sido  errónea.
  • Inestabilidad europea: Efectivamente Europa le ha hecho la puñeta al Reino Unido tanto como ha podido, efectivamente en el Reino Unido los problemas de suministros han sido importantes y efectivamente las protestas por las medidas contra la CoVid se han extendido a las calles de media Europa. Previsión completamente acertada.
  • Inestabilidad española: No había ninguna previsión específica en este capítulo, y la descripción general de los problemas cuadra con lo que hemos visto.
  • Calma chicha catalana: A pesar de que la formación del Govern catalán tuvo los habituales tintes vodevilescos, lo cierto es que, efectivamente, no ha pasado nada en Cataluña, y de hecho hasta las soflamas de los más exaltados han ido perdiendo fuelle. Previsión acertada.
  • Cierre de este blog: No se consideraba probable, y no ha sucedido.

Para mi sorpresa, este año he acertado bastante más de lo que suele ser habitual en mi; también, en buena medida, porque 2021 era un año de transición.

Pasemos, por fin, a las previsiones para este año.

  • La CoVid, superada: Aunque es arriesgado hacer esta previsión, todo indica que el SARS-COV-2 está siguiendo el proceso natural de adaptación a su nuevo huésped, el ser humano, y se está volviendo más contagioso pero menos peligroso. Aún es demasiado pronto para cantar victoria, pero este proceso de integración en el viroma humano es el camino natural hacia la superación de esta pandemia. Se da la circunstancia de que los Gobiernos tienen cierta prisa por dar superada esta emergencia y recuperar la normalidad, con lo que, aun cuando las tasas de morbilidad todavía fueran significativas, la tendencia va a ser a ir relegando la CoVid-19 a un segundo plano. Si tenemos suerte y no se produce una mutación peligrosa, hacia el invierno del año que viene se considerará extraoficialmente que la pandemia ha sido superada, y hacia 2023 la OMS rebajará su grado de vigilancia, considerándola como una enfermedad endémica pero de menor importancia.
  • Los problemas de la cadena de suministros se recrudecen: A pesar de los cantos de sirena que repetidamente durante todo 2022 anunciaban el fin de los problemas de la cadena de suministros en pocos meses, los problemas van a persistir para muchas materias primas, aunque no para todas. Lo malo es que algunas de las materias más afectadas son bastante críticas, como el cobre, el acero o el aluminio, por no hablar del carbón o el uranio. Se celebrarán encuentros internacionales del más alto nivel para abordar el problema y se propondrán una serie de medidas para favorecer el comercio y la explotación más económica de estas materias que proporcionarán un alivio ligero y poco significativo. Por el lado de las empresas, las que consigan no cerrar mejorarán sus procesos productivos para no necesitar tantas materias primas. Eso, junto con las quiebras de empresas e incluso de sectores enteros de algunos países, llevará a una caída de precio de las materias primas implicadas, incluso aunque su suministro no haya aumentado significativamente: es la espiral de volatilidad de la que tantas veces hemos hablado. Hacia finales de año se verá que nada ha cambiado, y con la llegada del nuevo invierno y la mayor demanda de gas se verá que vuelven los problemas.
  • Crisis del petróleo: Dada la tendencia acelerada a la caída de la producción de petróleo causada por la fuerte desinversión de los últimos años, el precio del petróleo oscilará con fuerza de 2022, pudiendo llegar a causar no uno sino dos picos de precios: el primero, a principios de año, antes de la primavera, y el segundo, en el segundo semestre. Estos picos se caracterizarán por una subida del precio del barril hasta los 100 dólares, pero probablemente no muy por encima de ese valor. Y es que en la situación actual con la caída de producción de diésel, el precio de este carburante ya se va a disparar por encima de niveles asumibles con un barril de petróleo a 100 dólares. De hecho, se va a hablar mucho, también en conexión con la crisis de suministros, de los elevados costes del transporte y se incidirá mucho en la necesidad de "descarbonizar el transporte", eufemismo para decir "que no dependa del diésel".
  • Crisis del gas: Las dificultades con el suministro global de gas van a ir en aumento, y es que la producción global de gas ya está muy cerca de los valores máximos a los que podrá llegar: estamos llegando al pico del gas. Esto tendrá un impacto muy importante en Europa y en otras regiones, sobre todo en la generación eléctrica. Además, seguirá impactando sobre la industria intensiva en calor, la industria química y en especial la producción de fertilizantes.
  • Crisis de la electricidad: El precio de la electricidad en Europa se mantendrá caro durante todo el invierno, inclusive con algún pequeño incidente de corte de suministro temporal en algún país, pero hacia la primavera la situación mejorará un poco, aunque sin retornar a los niveles de precios de 2019. El verano volverá a mostrar un nuevo incremento momentáneo de los precios, pero el momento complicado llegará en el último trimestre del año, donde viviremos una repetición de lo sucedido durante 2021. En China, India y otros países fuertemente dependientes del carbón continuarán los cortes intermitentes en el suministro eléctrico y las restricciones de uso.
  • Crisis económica: A pesar de todos los esfuerzos, con todo el recorrido problemático que ya tenemos en 2021, no se va a poder evitar que en 2022 debute ya una crisis económica global de grandes proporciones y encima caracterizada por una alta inflación, la peor pesadilla de los economistas. En España es probable un alto repunte del paro, sobre todo si los repetidamente extendidos ERTEs se acaban convirtiendo en EREs.
  • Crisis alimentaria: A los altos costes del transporte y en general del diésel, que está encareciendo el trabajo agrícola, se le va a añadir la mala cosecha del cereal de invierno fruto de la  escasez de fertilizantes que ha caracterizado la segunda mitad de 2021. En Europa y en España no sería de extrañar ver que algunos alimentos básicos como el pan o la leche multiplican su precio por 2 y hasta por 3, pero en otros países menos favorecidos lo que va a haber directamente es escasez de alimentos, que se va a empezar a manifestar a partir de la primavera y estallará con toda su intensidad durante el verano.
  • Revueltas generalizadas: Los problemas con el suministro de alimentos y la crisis económica mundial harán más que probable el estallido de revueltas y crisis humanitarias. El norte de África es una región particularmente proclive a estas revueltas, pero en 2022 no sería de extrañar observar una generalización a prácticamente todas las partes del mundo.
  • Eventos climáticos extremos: Resulta que el otro problemilla de sostenibilidad que tenemos, la Emergencia Climática, no se va a detener, por muy enfrascados que estemos con otras cuestiones perentorias. Dado el ritmo de aceleración de los eventos extremos de los últimos años, es previsible que en 2022 veamos media docena de eventos excepcionales, al estilo de lo que ha pasado en 2021, pero que en esta ocasión uno de ellos sea de verdaderamente gran impacto. La probabilidad marginal de tal evento es pequeña, y por eso esta previsión en concreto fácilmente no tendrá lugar, pero si por desgracia se materializa su impacto se dejará sentir a escala regional y quién sabe si en todo el planeta. Y esto favorecerá y agravará las revueltas.
  • Inestabilidad estadounidense: Con las elecciones de medio mandato en noviembre de 2022, la capitalización del descontento generado por la CoVid por la extrema derecha americana, la radicalización política, el revanchismo narcisista de Donald Trump y la falta de peso político de Joe Biden, es previsible que esas elecciones lleven a un vuelco pro-republicano y un giro a las posiciones más extremas a la derecha de la Cámara de Representantes. Como el objetivo de los nuevos representantes no será favorecer una acción de gobierno sino allanar el camino a su candidato de cara a las elecciones presidenciales de 2024, la política estadounidense puede adentrarse en una ciénaga al lado de la cual los últimos meses de Trump podrían parecer un idílico lago de aguas limpias y tranquilas.
  • Inestabilidad europea: El fracaso de las recetas liberales para encarar la crisis energética y de materiales cada vez más generalizadas forzará algunos debates tensos e incómodos en el seno de la Unión Europea. Los economistas liberales, que dominan las instituciones europeas, no querrán dar su brazo a torcer, pero será cada vez más evidente que su diagnóstico es completamente erróneo y sus recetas inútiles, cuando no contraproducentes. Algunos países europeos tomarán un giro fuertemente nacionalista como contraposición a esta postura de inanidad de las instituciones europeas. Se empezará a ver los primeros indicios de competencia entre diversos países europeos por los recursos escasos.
  • Inestabilidad española: La situación general de 2022 le va a hacer las cosas muy complicadas al actual Gobierno de España. Aunque aún le quedan dos años de legislatura y es difícil que pierda los apoyos que le permitieron constituirse y sacar adelante los presupuestos, las presiones van a ser infames y el presidente Pedro Sánchez deberá valorar cuidadosamente si le interesa adelantar las elecciones para evitar sufrir un desgaste político mayor delante de la derecha. No preveo que se convoquen elecciones, sin embargo, ya que las condiciones  previsiblemente no van a ser favorables en ningún momento del año.
  • Creciente confrontación académica: Dada la evidencia de la gravedad de los problemas que atenazan al mundo, y en vista de que el único plan de salvación que se propone es el Green New Deal entendido como se entiende desde las grandes instituciones públicas, habrá una contestación creciente desde el mundo científico y técnico al plan propuesto. Una contestación que ha sido acallada durante estos años pero que va a comenzar a subir en fuerza, tanto argumental como pública. Las dificultades de ejecución de muchos de los macroproyectos renovables previstos debido a la escasez de materiales va a forzar a abrir este debate robado, y por desgracia el nivel de confrontación no va a ser siempre todo lo correcto y educado que se requeriría. Y todo eso en el año en el que el famoso informe "Los límites al crecimiento" cumple 50 años.
  • Cierre de este blog: Difícil de decir. Yo empiezo a estar demasiado expuesto mediáticamente y lógicamente recibo cada vez más ataques por mi discurso incómodo. No preveo que nadie me fuerce a dejar el blog, pero me costará mantenerlo al día, también por la gran cantidad de charlas y actos en los que participo.

Como pueden ver, mi previsión es que 2022 será un año de fuertes cambios. Dentro de 12 meses nos encontraremos aquí y veremos cuánto de todo esto se ha materializado. Entre tanto, cuídense mucho.

Salu2.

AMT

viernes, 15 de octubre de 2021

World Energy Outlook 2021: Aquí tienen su coartada

 

Queridos lectores:

Se acaba de publicar el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el conocido como World Energy Outlook (WEO), y, como cada año, dedicaremos un post a analizar los aspectos más destacados del mismo. 

Este año, el WEO es especial. Muy especial. 

En primer lugar, al igual que el año pasado, se publica un mes antes de la fecha habitual de publicación. La razón aducida es porque en este WEO se va a poner un énfasis especial en la importante cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP 26, que tendrá lugar en Glasgow a mediados del mes que viene. Está bien que la AIE le dé tanta importancia al clima, pero este tipo de cumbres tienen lugar cada año y hasta ahora nunca se había planteado sincronizar la publicación del WEO con el evento. Quizá, de alguna manera que no sabemos, esta cumbre es especial.

Otra cosa que destaca de este WEO es su relativa brevedad. En vez de las 700 y a veces hasta 800 páginas a las que nos tenía acostumbrados la AIE, el WEO de este año es de "solo" 386 páginas. Significa, por tanto, que en esta ocasión la AIE ha tenido que ir mucho más al grano. Hay un buen motivo para esta brevedad. Como norma general, el grueso del trabajo de compilación de datos, correr los modelos que hacen las proyecciones y redacción de un WEO acaba hacia el mes de mayo o junio de cada año, y los tres o cuatro meses anteriores a la publicación se dedican a pulir detalles y maquetar todo el conjunto. Este año, sin embargo, es evidente que se ha tenido que trabajar contra reloj para llegar a la cita prevista. Hace tan solo unos tres meses, la AIE proyectaba que el precio del gas en Europa no pasaría de los 60 €/MW·h, y que la próxima primavera que viene bajaría a los 30 €/MW·h. La realidad ha desmentido esta previsión, y  la nueva situación en Asia con la escasez de carbón está dejando claro que algo se está descontrolando y mucho en el mercado de la energía. Este WEO que hoy se presenta ha tenido que ser en buena medida improvisado en tiempo récord, volviendo a correr modelos y rehaciendo el análisis, para evitar caer en el ridículo de ignorar el desastre en el que estamos actualmente metidos. Tanto es así que, faltando dos semanas para la publicación del informe, la página web del WEO 2021 estaba alarmantemente vacía de todo contenido, y aún la semana pasada solo había dos párrafos genéricos que podían haber sido copiados de la Wikipedia y que valen para cualquier WEO. También es significativo que a los usuarios habituales de este producto no se nos informara de que este año se iba a publicar gratuitamente (a mi me extrañaba que no se abriera el servicio de compra previa faltando ya pocas semanas).

Pero vayamos ya al análisis del informe en sí. Como cada año, lo primero que he hecho es buscar la expresión "peak oil". Como sucede casi siempre, no hay ninguna ocasión en que estas palabras se presenten juntas. Sin embargo, sí que se repite en múltiples ocasiones la expresión "peak on oil demand" (la vieja falacia del pico de demanda de petróleo), que es la manera que los contumaces adalides del libre mercado prefieren pensar que se va a producir nuestro abandono del petróleo; de hecho, "peak" se menciona 35 veces, y en todos los casos asociada a reducción de la demanda o la oferta de alguna fuente de energía, o bien hablando de las emisiones de CO2. Pero, aún más significativo, la palabra "security" ("energy security" es el eufemismo que usa la AIE para hablar de problemas de suministro) está escrita 95 veces, en todos los casos discutiendo posibles desabastecimientos. De hecho, ya en la introducción al informe nos indican que harán un análisis de los riesgos en la seguridad energética asociados a la necesaria transición energética. Empezamos bien. También se comenta que en todos los escenarios la demanda de carbón y petróleo disminuye, pero que es necesario incrementar enormemente la inversión en nuevos sistemas renovables para evitar los riesgos de la transición. ¿La demanda disminuye aunque no exista - según creen en la AIE, por falta de inversión - suficiente capacidad renovable para sustituirla? No tiene ningún tipo de lógica económica: ¿cómo se va a dejar de demandar algo tan esencial como la energía si no hay ningún sustituto disponible? ¿Tenemos que creer que el mundo está tan concienciado por el problema del Cambio Climático que igualmente dejarán de consumir combustibles fósiles aunque eso suponga la ruina económica por falta de energía? No se puede partir de una premisa más absurda, máxime viendo cómo Europa demanda desesperadamente carbón (que tampoco hay) ahora que le falta el gas natural. Ese punto de partida ya es desquiciantemente absurdo y contradictorio con la realidad de los hechos. Y, por cierto, un detalle que ha alarmado a muchos: en este informe la AIE ya no expresa los volúmenes de energía producidos en millones de toneladas equivalente a petróleo (Mtoe) sino en Exajulios (EJ). Como físico, me alegra que se adopte el Sistema Internacional de Medidas para expresar las cantidades, pero uno no puede dejar de pensar si este repentino cambio de unidades no debe de servir para ajustar algunos desfases contables de anteriores informes....

La inmensa mayoría del informe se centra en los compromisos de descarbonización, objetivos de emisiones y cómo cumplirlos con la debida sustitución por tecnologías renovables. Yo no me voy a ocupar de estos temas más que tangencialmente y solamente para trazar qué está pasando en realidad con el suministro de energía. Eso no quiere decir que los problemas ambientales y en particular el Cambio Climático no sean importantes, pero no es el objetivo principal de este blog ni tampoco de este post; el lector interesado podrá encontrar sin duda un análisis detallado de estas relevantes cuestiones en otros lugares. Dado que, como digo, la estructura del informe se centra en estos aspectos, la presentación de los aspectos que refieren a nuestra actual crisis energética está un poco diseminada por todo el informe, y el trabajo que yo voy a hacer en este post es el de agruparlos y tratar se obtener un cuadro coherente de qué está pasando y qué nos está diciendo la AIE en realidad en lo que en principio debería de ser su misión principal.

Como cada año, se establecen diversos escenarios para las previsiones presentadas. Este año los escenarios principales son:

  • Escenario de Emisiones Netas Cero en 2050 (NZE): En este escenario se asume que las emisiones por la quema de combustibles fósiles son compensadas por medidas adecuadas que consiguen que la cantidad de CO2 atmosférico no crezca a partir del año 2050.
  •  Escenario de Compromisos Anunciados (APS): Es este escenario se asume que los compromisos en la lucha contra el Cambio Climático ya anunciados por los gobiernos se acaban llevando a efecto.
  • Escenario de Políticas Anunciadas (STEPS): En este escenario se asume que las políticas ya en marcha y en fase de aprobación tiran adelante. En años anteriores, éste era el escenario de referencia, pero en este WEO la AIE ha decidido no mojarse y no establece explícitamente ningún escenario de referencia.

Aparte de éstos, hay otro escenario menor, continuista respecto al WEO 2020, que es el Escenario de Desarrollo Sostenible (SDS), algo que quedaría a medio camino entre en NZE y el APS de este año. Llama la atención que el Escenario de Políticas Actuales, el BAU ("negocios como siempre") de toda la vida, este año no aparece. Ya no hay BAU.

Todos estos escenarios son producidos mediante un modelo numérico de tipo demand-driven, es decir, dirigido por la demanda (la cual toman de los modelos económicos de la OCDE). Este tipo de modelos son adecuados cuando no hay restricciones en la oferta, y simplemente si hay más demanda de petróleo o de lo que sea aparece rápidamente una oferta para cubrirla. Sin embargo, estos modelos fracasan estrepitosamente a medida que nos acercamos a los límites materiales de nuestro planeta. En los últimos años, la AIE ha hecho un esfuerzo por integrar algunas cuestiones de la dificultad de suministro en estos modelos, sobre todo en lo que al petróleo se refiere, ya que año tras año sus previsiones se alejaban mucho de la realidad. Sin embargo, no han dado el paso aún de modelizar la realidad con modelos basados en la oferta, como MEDEAS. Como veremos al final de este post, esta anomalía les lleva a tener problemas para conciliar lo que les da el modelo y la realidad, que resuelven de una manera bastante peregrina.

Otra consecuencia de que estos modelos sean demand-driven es que se asume que alguna fuente dará la energía necesaria. En los últimos años, y en presencia de los límites físicos cada vez más evidentes en las materias primas, esa fuente son lógicamente las renovables. Los mencionados modelos no están integrando de ninguna manera las posibles limitaciones que puedan tener las renovables, así que el análisis de la evolución de estas fuentes dentro del WEO tiene para mi poco interés: allá está todo lo que haga falta para llegar al objetivo previsto, simplemente. Y aún así, la AIE comienza a comprender que ciertos límites les pueden afectar, y particularmente el de los materiales críticos que se precisan en su construcción.

Al presentar los escenarios, nos muestran una gráfica que compara cómo han evolucionado las previsiones en el escenario STEPS en los últimos 5 años. Creo que es bastante significativa y elocuente. En este WEO 2021, vemos por primera vez que todos los combustibles fósiles llegan a su límite (aunque en el caso del gas, como aún no ha llegado a su pico, lo retrasan artificialmente hasta el 2050). Llama la atención, sobre todo, la brusca caída del carbón, que quizá no sea del todo realista (sobre todo si se usa mano de obra esclava, como acabará probablemente pasando), y la demasiado suave caída del petróleo.

Para justificar esta debacle (aún excesivamente edulcorada, porque petróleo y gas bajarán más deprisa), se nos anuncia que todo va a hacer una transición rápida hacia la electrificación, por supuesto de origen renovable. Pero incluso en el escenario más drástico, el NZE, la electricidad solo representa el 50% de todo el consumo de energía final en 2050 (y solo el 30% en el APS). Eso explica por qué aún se tiene que dar una visión moderada de la caída del consumo de combustibles fósiles. La AIE pone el énfasis en que se tiene que invertir mucho más dinero en energías renovables y, sobre todo, en "tecnología limpia", que es como denomina a las tecnologías para el aprovechamiento de la electricidad renovable. Como sabemos, el mundo está estancado en torno a un 20% del consumo de energía final de manera eléctrica, y está siendo difícil aumentar ese porcentaje; y aunque es viable un cierto incremento, es muy discutible que se pueda llegar nunca no al 100% eléctrico, sino superar ni tan solo el 50%. En ese sentido, la AIE reconoce la dificultad de implementar "tecnologías limpias" en el transporte de larga distancia y la industria pesada, y por ello incide en la necesidad de más innovación en esas áreas, como si investigar más fuera necesariamente a dar exactamente el fruto que desearíamos.

En la página 165 encontramos una figura que resume cuál es la evolución prevista para el total de energía primaria consumida según los diversos escenarios.


Como se ve, incluso en el escenario STEPS (que otros años se consideraría de referencia) la producción de energía de fuentes no renovables ya habría tocado techo, aunque se le asume una caída suave hasta 2050; y toda la energía que falta para seguir creciendo la aportan las renovables. Los otros dos escenarios son mucho más interesantes: en el APS se ve un escenario de caída de las fuentes no renovables moderadamente rápida, mientras que en el NZE la caída es brusca, rapidísima. Eso es muy conveniente, porque si al final es esto último lo que sucede (por los problemas de inversión que se comentan más abajo), se dirá que el mundo está siguiendo el escenario NZE, solo que estará faltando la necesaria inversión en renovables y que por tanto hace falta poner más dinero en ellas: ésta es precisamente la música que está tocando la AIE desde hace unos meses. Llama la atención también que el escenario NZE es uno claramente decrecentista, y es que aunque el volumen de energía renovable crece de manera absolutamente inverosímil, aún así hay un descenso de la cantidad de energía total. En el informe se justifica esto diciendo que las mejoras en eficiencia y el mejor rendimiento de la electricidad hacen que con ese volumen haya más que suficiente (se asume una mejora de la intensidad energética de al menos del 2,5% anual en esta década - como referencia, España ha mejorado menos de 1% anual en los últimos 20 años), pero a estas alturas ya sabemos que descenso energético implica, en el medio y largo plazo, descenso económico. 


Sinteticemos ahora los principales hallazgos referentes a la cuestión de la seguridad energética, los combustibles no renovables y los materiales críticos:


Seguridad energética:

En la página 64, el WEO se hace eco de la reciente carrera de precios de todas las materias primas energéticas no renovables.



Reconocen que esta subida de precios es debido a que la oferta no está siendo capaz de cubrir la demanda. Más sorprendente aún, reconocen que la inversión en exploración y desarrollo de yacimientos de petróleo y de gas en los últimos años ha ido a la baja,
como venimos alertando en este blog desde hace años. De manera contradictoria, nos dicen, se invierte cada vez más en vehículos con motor de combustión interna y se expande la infraestructura de distribución de gas. Encima, la CoVid-19 ha agravado la tendencia a la desinversión en petróleo y gas (cosa que también habíamos notado aquí). La subida de precio de los combustibles fósiles genera impulsos contradictorios para la transición: por un lado, hace las renovables más competitivas económicamente (en realidad, eso es dudoso, porque se encarecen todas las materias primas y también las que se usan para fabricar paneles y aerogeneradores), pero por otro incentiva a que los gobiernos den subsidios para aliviar la factura energética y teóricamente favorecería la inversión en fósiles (cosa que sabemos que no está pasando desde 2014 debido a que sería invertir a pérdidas).

Conscientes como son de que hay un problema grave con las materias primas energéticas, la AIE ha hecho un análisis de sensibilidad de cómo afectaría un shock de precios en 2030 a las economías familiares. El problema es que se quedan en franjas de precios muy modestas y estiman que el impacto en la factura de los hogares sería de un incremento de los gastos en energía del 25% en las economías avanzadas y de un 35% en las emergente en el caso del escenario STEPS; en NZE es muy pequeño porque, como dicen, las renovables tienen costes marginales tendiendo a cero (son aparentemente inmateriales). Como por desgracia no usan un modelo integrado tipo MEDEAS, son incapaces de ver que una subida de precios de la energía, incluso moderada como la que proyectan, acaba impactando en los precios de todas las otras cosas, deteriorando aún más la economía familiar. Por tanto, el loable esfuerzo de analizar este problema acaba siendo un ejercicio claramente fallido.

Pero en la AIE no son ajenos a una realidad que se está mostrando más dura y esquiva. Por eso, en la página 68 hay una discusión muy interesante en la que se reconoce que su modelo por construcción solo puede representar cambios suaves, pero sin embargo la transición puede ser drástica y volátil, con altos riesgos asociados a lo que denominan "desajustes en la inversión", es decir, que no se realice la inversión donde se debería. Por supuesto que sigue habiendo una inversión creciente en renovables y una decreciente en fósiles (que ha caído un 60% desde los máximos de 2014, pero que todavía es grande); sin embargo, se necesitaría más, mucha más inversión para evitar problemas. Lo que la AIE no entiende es que en realidad, la enorme inversión adicional que se requiere para evitar esos problemas no se realiza en ninguna parte,  ni en los fósiles ni en las renovables, por falta de rentabilidad. 

Resulta muy ilustrativa la gráfica que nos muestra el WEO sobre la evolución reciente de la inversión en exploración y desarrollo de petróleo y gas, por un lado, y en sistemas "de energía limpia" por el otro lado. Sobre todo porque esa gráfica muestra una clara intención de engañar y confundir, que desde mi punto de vista es casi delictiva.


Mirando esas gráficas, uno podría tener la impresión de que la inversión en petróleo y gas se ha mantenido bastante estable en los últimos años hasta la llegada de la CoVid, en tanto que la inversión en "energía limpia" es muy constante. La realidad es bastante diferente.

La clave consiste en mostrar solo lo que pasa a partir de 2016. Si uno abre el foco (por ejemplo, con esta gráfica de Rystad Energy) uno ve que hasta 2014 la inversión en petróleo y gas crecía a buen ritmo, para luego descalabrarse en el paso de 2014 a  2015 y en el de 2015 a 2016. Si se mira la gráfica hasta 1998, se vería que de 1998 a 2014 la inversión se había multiplicado por 3.

De hecho, la gráfica de Rystad nos proporciona más información interesante: después de 2016, se inicia un proceso de caída más lenta en todo el mundo excepto en los EE.UU., donde se produce una subida vigorosa (el ruinoso fracking) que compensa la caída del resto. Y en eso llega la CoVid y el fracking comienza a hundirse. Cabe también destacar que una parte sustancial de la inversión no-fracking es para el mantenimiento de yacimientos existentes, no para buscar nuevos, así que la caída de la parte dedicada específicamente a exploración es probablemente mayor del 60%.

Volviendo ahora a la gráfica del WEO, lo que nos dice la AIE es que en el escenario STEPS se recuperaría una buena parte de la inversión que había en 2014; no toda, pero como un 80%. Eso no solo es improbable: es imposible, porque las compañías ha comprendido que invertir más en petróleo es perder dinero. Incluso la inversión del escenario NZE es harto improbable, porque la tendencia es a ir decreciendo aún más la inversión, aunque en principio más gradualmente. La AIE sesga la información para transmitir un mensaje completamente engañoso. Y si la presentación está sesgada en el caso de la inversión en petróleo y gas, qué decir de la gráfica de la derecha: baste decir que dos tercios de eso que llaman "energía limpia" son biocombustibles, que por cierto de limpios no tienen nada porque se obtienen con medios de agricultura industrial, con gran consumo de energía fósil y generando un efecto de doble contabilidad. De hecho, miren qué párrafo más curioso nos encontramos en la página 69:

"El hecho de que no se requieran nuevos campos de petróleo y gas en el Escenario NZE no significa que limitar la inversión en nuevos campos nos conducirá a los resultados de la transición energética de este escenario. Si la demanda se mantiene en niveles más elevados, esto llevará a tensiones de suministro en los próximos años, aumentando los riesgos de precios más alto y más volátiles. No está claro que los precios más altos desencadenen respuestas de suministro de la misma manera que en el pasado. Un impulso político fuerte para reducir la demanda de petróleo y gas en línea con la trayectoria prevista en el escenario NZE es por tanto clave para conseguir las reducciones profundas de emisiones y minimizar el riesgo de tensionamiento del mercado".

Es decir, que no es tan sencillo como limitar la inversión en nuevos campos porque la demanda se puede mantener alta y entonces tendremos un shock de precios (situación en la que estamos ahora mismo con el gas y el carbón, con consecuencias visibles para todo el mundo, y como en la que podemos estar pronto con el petróleo). Así que hay que tomar medidas políticas para reducir el consumo. ¿Qué medidas son éstas? Será interesante de ver.

Antes de acabar esta sección, querría reproducir aquí un párrafo que se encuentra en la página 249, que recomiendo leer cuidadosamente a aquéllos que interpretan los modelos de la AIE como una especie de predicción completa dado un conjunto de condiciones de partida. 

 "Por diseño, los escenarios en este WEO describen procesos suaves y ordenados de cambio. Los mercados, las tecnologías y la políticas energéticas se adaptan los unos a los otros y evolucionan en una dirección mutuamente consistente. Los precios siguen una trayectoria suave, el comercio internacional de la energía se asume libre de fricción geopolítica y el ascenso de las tecnologías de energía limpia ocurre en paralelo con un declive gradual de la inversión en combustibles fósiles siempre disponibles. En la práctica, las transiciones energéticas pueden ser una cuestión volátil y desarticulada, caracterizada por intereses en competencia, desajustes del mercado y políticas stop-go [con puntos de parada y de arranque]. La distribución desigual de las ganancias y pérdidas de las transiciones puede profundizar las grietas existentes en la economía política global o crear algunas nuevas. El cambio puede tener cantos afilados, y traer riesgos para la seguridad energética con él".


Es decir, la propia AIE es perfectamente consciente de que sus modelos demand-driven son completamente incapaces de describir la complejidad de los cambios abruptos que se nos vienen encima, y la descripción puede ser particularmente mala si se producen fenómenos no lineales (lo más probable en este momento de incipiente crisis energética).

 

Petróleo:

Como comentábamos al principio, los diversos escenarios para la producción de petróleo muestran grandes diferencias sobre las estimaciones de su evolución futura, aunque todos comparten el hecho de que estaríamos pasado o a punto de pasar el pico de producción, calificado aquí de "pico de demanda" (como es lógico que consideren, ya que sus modelos son demand-driven, aunque sea erróneo).

En la página 221 comienza una interesante discusión acerca del futuro de la producción de petróleo. Se nos comenta que de acuerdo con el escenario NZE no se requiere inversiones en nuevos yacimientos de petróleo desde 2021, lo cual es afortunado teniendo en cuenta la radical caída en inversión que comentábamos hace un momento. También se nos recuerda que sin ninguna inversión adicional, la producción de petróleo de los campos existentes caería a un ritmo del 8-9% anual, lo cual supone una bajada excesivamente rápida incluso en el escenario NZE, y se propone medidas de inversión en los campos existentes para que la caída sea más lenta. Esto es bastante preocupante: hace 11 años, la caída de producción en los campos existentes estaba alrededor del 5% anual (aún recuerdo cómo Alb me criticaba por dar el dato que él calificaba de alarmista, cuando era de la propia AIE). Hacia 2015 el ritmo de caída anual se situaba en el 6%, y en 2018 estaba ya cerca del 8%. Que ahora esté llegando al 9% nos indica el grado de envejecimiento de los campos actualmente en explotación: a un ritmo del 9% anual, la producción sin nueva inversión podría caer alrededor de un 40% al cabo de 5 años. En todo caso, invertir en campos existentes para ralentizar la caída es algo habitual y que por supuesto lleva haciéndose desde hace años, o sea que no hay nada anormal aquí, salvo constatar que efectivamente los campos existentes están envejeciendo rápido.

Es también significativo que, discutiendo de petróleo, se incluyan los biocombustibles. No porque se incluya en esta categoría, ya que es usual considerarlos "petróleos no convencionales", sino porque cuando conviene se les hace contar en la categoría de "energía limpia". La AIE constata un importante aumento de la producción de biocombustibles en todos los escenarios.

Este aumento es muy preocupante, porque en la actualidad el 5,5% del grano cereal y el 8% del aceite vegetal que se recolecta en el mundo se destina a la producción de biocombustibles, y ésta se ha mantenido desde hace más de 10 años en unos magros 2 millones de barriles diarios (2 Mb/d), a comparar con los 95,5 Mb/d que se producían en total de todos los líquidos del petróleo en 2019. Las tasas de crecimiento que propone la AIE son muy grandes en todos los escenarios, y el riesgo de que eso repercuta en una mayor competencia de estos combustibles por los alimentos es enorme. De poco sirve que la AIE aclare que el mayor parte del aumento venga de los biocombustibles "avanzados": el aumento hasta 2030 de los biocombustibles tradicionales (es decir, los que provienen de alimentos) es muy considerable. Además, no existe ninguna tecnología hoy en día que proporcione de manera comercial "biocombustibles avanzados", que teóricamente son los que se consiguen procesando las partes no comestibles de las plantas, por lo que el riesgo de que lo faltante se tome de alimentos es considerable, y una total imprudencia que se considere aquí, máxime teniendo en cuenta todas las crisis alimentarias de los últimos años y la actual crisis de los fertilizantes.


Gas:

De acuerdo con los escenarios de la AIE, se espera que el gas natural esté próximo a llegar a su pico productivo en todos los escenarios excepto en el de STEPS, aunque incluso en éste muestra una tendencia al estancamiento. En APS y NZE el descenso de producción de gas natural se presenta muy acusado.


Lo interesante es ver, según esos escenarios, cómo se va a conseguir ese descenso de producción y por tanto de consumo. La AIE nos da una elocuente gráfica que lo explica para el escenario APS.

Es decir, en ese escenario la gran caída de consumo se produciría en el uso de gas en edificios de Europa y los EE.UU., y en el sector de producción de electricidad de los EE.UU. La idea obviamente es que en estos dos sectores se va a recurrir masivamente al uso de electricidad renovable. Desafortunadamente, el uso del gas en edificios es principalmente para producir calor, y la electricidad no es generalmente (bombas de calor aparte) lo más eficiente para producir calor.


Carbón:

Las perspectivas para el carbón en el WEO son terriblemente malas, cayendo en cualquier escenario.

 


Una de las razones que, según la AIE, explicaría la caída de la demanda es la rápida retirada de centrales térmicas de carbón. Sin embargo, como muestran en la gráfica que sigue, la edad media de las plantas en la China y en la India (los dos grandes consumidores de carbón del mundo) está en torno a los 11 años, cuando estas instalaciones tienen una vida útil de 30 años, que se puede extender fácilmente una o dos décadas más. Y como nos dice el WEO, dos terceras partes de la potencia instalada en térmicas de carbón está en Asia, así que lo que hagan China e India es clave. En medio de la actual crisis del carbón, es difícil de creer que chinos o indios retirasen de grado sus centrales: más bien su problema es que no van a tener carbón para alimentarlas, pero no porque no querrían hacerlo.



Uranio:

Rompiendo con la tradición de los WEOs anteriores, en el caso del WEO 2021 se contempla una gran expansión de nuevas plantas de energía nuclear en todos los escenarios, siendo apoteósica en el caso del escenario NZE, que consigue duplicar la capacidad instalada actual.

Caben destacar diversas cuestiones de esta gráfica. La primera es que la nueva potencia crece de una manera absolutamente vertiginosa en todos los escenarios: tengan en cuenta que la potencia de las nuevas plantas es la suma de las dos franjas de color más claro; las franjas verde oscuro y azul oscuro corresponde a las plantas actuales, que serán decomisionadas a ritmo creciente en los próximos años. Otra cuestión interesante es que mirando la gráfica de la energía total que vimos antes, Figura 4.1, no se ve en el escenario una expansión de la energía nuclear como la que daría a entender la Figura 4.24. La clave está en que esta última figura habla de potencia instalada, pero no de energía producida.

Y eso nos lleva a la cuestión clave: ¿qué uranio se supone que se va a usar en esas centrales nucleares? Pues está claro que se está asumiendo que no van a emplearse a su máxima capacidad. Si uno busca la palabra "uranio" en el WEO se encuentra la sorpresa de que hay cero resultados. Por algún motivo, la AIE considera que no es importante hablar de la producción del combustible que consumen las centrales nucleares, ésas mismas cuya instalación acelerada prevé para los próximos años. En 2014, último año en el que la AIE se dignó a incluir una gráfica sobre la producción de uranio, se observaba un panorama muy desalentador: una caída continua de la extracción de uranio de mina solo compensada por el uso de las reservas secundarias (el uranio extraído de más en las décadas precedentes, mayoritariamente almacenado en forma de bombas nucleares que ahora se están desmantelando) y por la puesta en marcha de unas milagrosas "minas identificadas" (pero no en explotación). Y a pesar de las dos cosas, hacia 2025 empezaría a faltar uranio si el consumo de uranio seguía subiendo como estaba previsto.

Los datos de los años transcurridos desde 2014 nos muestran que, en realidad, estamos peor. De hecho, si uno mira los datos más actualizados sobre la producción de uranio de mina vemos que la producción sólo consiguió superar la marca de las 60.000 toneladas en 2016, y desde entonces hemos entrado en un declive productivo continuo que, obviamente, no ha permitido hacer crecer la demanda.



Se da la circunstancia de que, al igual que con el petróleo, el carbón y el gas, la inversión en minas de uranio también está cayendo desde hace años y más últimamente, así que no se ve de qué manera la producción podría aumentar. No lo va a hacer, el pico del uranio fue en 2016, y como consecuencia la producción de energía nuclear nunca a va a superar ese máximo histórico y progresivamente se irá alejando de él. Sabiendo esto, podemos entender cómo compaginar las gráficas 4.1 y 4.24: la AIE está asumiendo que ese descenso de la producción de uranio va a ser lo suficientemente lento como para mantener una producción de energía nuclear bastante constante a pesar de que va a aumentar la potencia instalada (es decir, algunas centrales estarán ociosas una parte de su tiempo). Es la manera habitual de la AIE de pretender hacer ver una cosa mientras dice otra.


Materiales críticos:

Las necesidades de materiales críticos, cuyo precio se está disparando, es un aspecto analizado en este WEO. Una figura que ha causado cierto revuelo es la siguiente:


Lo que muestra la figura de la derecha es el factor por el cual se multiplicará la demanda de ciertos materiales usados para la fabricación de coches eléctricos en el escenario NZE, bajo dos hipótesis: que se use la química más eficiente para las baterías, o que se opten por químicas menos eficientes pero que no demanden tantos materiales críticos. Como ven, la demanda de litio podría multiplicarse por 130 con respecto a la actual. Si bien es cierto que la gráfica se refiere a la demanda actual específicamente para coches eléctricos, en el texto nos aclaran que la demanda de litio para todo uso se multiplicaría por 100, y la de níquel y la de cobalto se multiplicaría por 40. Éstos son valores completamente absurdos: es completamente imposible que la producción llegue a esos valores tan desproporcionadamente gigantescos, entre otras cosas por la falta de petróleo para su extracción, pero para seguir porque no hay suficientes reservas de estos materiales, ni la producción puede sostenerse en valores tan elevados. Solo por eso deberían de comprender que el escenario NZE no tiene ningún viso de credibilidad, pero es que el resto de los escenarios también tienen problemas graves en este capítulo, sin llegar a la extremalidad del NZE.

En el informe se menciona también los problemas de costes asociados al uso de la plata en las placas fotovoltaicas, o de tierras raras en los aerogeneradores (neodimio, disprosio) pero sin discutir los posibles problemas de abastecimiento que también aquejan a estos materiales. El WEO se limita a hacer una comparativa de costes totales de las placas, aerogeneradores, baterías, etc antes y después del actual incremento de precios en 2021, y llega a la conclusión de que son incrementos moderados (el mayor sería un modesto 16% para las placas fotovoltaicas). Hacer un mínimo análisis del riesgo de interrupción de suministro en estos materiales críticos parece que no entra en la imaginación de la AIE, a pesar de que estas consideraciones se encuentran en el capítulo que discute la seguridad energética.

 

 

Hidrógeno:

Demostrando el grado de desesperación al que estamos llegando, este WEO da un grado de protagonismo al hidrógeno que no había tenido en los WEOs anteriores. No volveremos a incidir en la absurdidad termodinámica del hidrógeno y el riesgo de que su explotación lleve a una depauperación colonial de la mayoría del mundo excepto una pequeña metrópoli. Aun y todo, incluso en el escenario más extremo, NZE, se asume que la producción y consumo de hidrógeno en 2030 serán bastante modestos, menos de 20 EJ (en frente de los 570 EJ de consumo total de energía primaria en el mundo actualmente). Pero lo más curioso es que cerca de la mitad de ese hidrógeno se produciría a través de gas natural con captura, secuestro y utilización de carbono - otro absurdo termodinámico.


 

El desastre que viene:

He dejado para el final la que sin duda es la gráfica más importante de este WEO 2021, porque tiene tantas implicaciones que si la hubiera puesto más arriba hubiera eclipsado todo el resto de la discusión.

La gráfica en cuestión es ésta:


En primer lugar, es necesario de dar el contexto en el cual esta gráfica aparece. Es en el último capítulo del WEO, en el que se discute el problema de la seguridad energética. En los párrafos en los que está inscrita, se discute la necesidad de que se mantenga una inversión como mínimo en el mantenimiento de los yacimientos existentes para poder verificar el escenario NZE, y se está hablando del riesgo que no haya ni siquiera esta inversión, en consonancia con lo que se ha vivido estos últimos años. Recordemos que la AIE lleva avisando desde 2013 que podría haber problemas con la falta de inversión: en el WEO de 2013 publicó está gráfica sobre el efecto que tendría no invertir:

En el WEO de 2018 introdujo una extensísima discusión sobre cuánto petróleo podría llegar a faltar debido a la desinversión en búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos, y avisó que en 2025 podría llegar a faltar hasta el 34% del consumo de petróleo y que se producirían varios picos de precio, en una de las ediciones más sinceras hasta este momento.

 


En el WEO de 2020 aumentó ese posible faltante hasta casi el 50%, y lo hizo como este año, mostrando cuál debería ser el suministro según dos escenarios y comparándolo con cuál sería el declive si se invierte o no en mantener los yacimientos actuales.

 



Si se fijan, en realidad se muestra exactamente la mismas curvas que en la gráfica de 2018, solo que rellenando el espacio hueco para que dé mejor impresión y sin remarcar cuál es el tamaño del faltante. Es como si le hubieran dado unos rotuladores a un niño para que rellene el espacio entre las franjas de producción y las de demanda. En suma, la situación es la misma que en 2018, con datos actualizados que muestran una situación algo peor, pero se presenta de una manera maquillada con el objetivo de decir sin decir, de poner los datos sin reconocer la realidad.

Y llegamos a 2021 y nos encontramos con esta gráfica:


Lo primero que hay que hacer notar es que en estas gráficas se presentan 3 escenarios, y no 2 como en las anteriores. Esto es importante porque la franja verde de estas gráficas no se identifica con la segunda franja de suministro de las dos anteriores. En 2018 y 2020, la segunda franja correspondía a cómo realmente caía la producción de los pozos existentes, teniendo en cuenta que se invierte en su mantenimiento. En el WEO 2021 está franja incluye, además, la puesta en funcionamiento de algunos yacimientos nuevos, de acuerdo con el escenario NZE. No son muchos, pero amortigua un poco la caída, sobre todo los primeros años, y en todo caso permite disimular la anomalía de este tipo de gráficas.

Y es que estas gráficas no tienen sentido en una discusión comparativa de escenarios. ¿Por qué? Porque no existe ningún escenario que se llame "Sin inversión en yacimientos de petróleo/gas" o "Solo con inversión de mantenimiento en yacimientos de petróleo/gas". Y sin embargo, las franjas asociadas aparecen en esas gráficas. ¿Por qué? Porque es un escenario implícito. La AIE ya ha detectado que la inversión en búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos no es correctamente descrita por su modelo demand-driven. Por eso, año tras año, sus previsiones de crecimiento de la producción de petróleo se han ido revisando a la baja (desde aquellos 120 Mb/d que vaticinaban para 2035 en el WEO 2007 hasta los poco más de 100 Mb/d en 2050, y solo en el escenario STEPS (los otros escenarios mostrando una caída), que nos dan ahora. El modelo de la AIE no puede integrar la falta de inversión, y para poder dar una referencia la AIE incluye esas franjas extra, para saber dónde estamos. El año pasado, la caída desde el máximo de producción de petróleo hasta el valor de 2025 era casi del 50%; este año se sitúa en el 42%, más acorde con el valor anunciado de declive de la producción del 9% anual para los campos existentes. Una caída mayor querría decir que se estarían abandonando campos actualmente en producción, y eso debía parecer demasiado radical. La AIE nos muestra, por tanto, qué es lo peor que podría pasar (si se eliminase toda inversión en la producción de petróleo y gas) y lo compara con qué pasa si se gasta lo mínimo. Eso justifica la introducción del escenario NZE, a pesar de la aberración que implica a nivel de materiales como discutimos arriba, pero que permite camuflar el curso posible de la producción de petróleo, en la que solo se inviertiese en conservar los campos existentes y un mínimo en nueva explotación. Eso también explicar por qué no hay un escenario de referencia: si las cosas evolucionan como en el escenario NZE, se dirá que la ambición climática del mundo es muy grande y se está invirtiendo en petróleo y gas lo que corresponde a este escenario, y que únicamente faltaría hacer la inversión que toca en renovables... la cual, como sabemos, no podrá llegar a los niveles demenciales requeridos. Pero la AIE ya tiene su coartada: nadie les podrá culpar de no haber avisado. Lo peor es que probablemente nos quedaremos por debajo de la franja aquí atribuida al escenario NZE, viendo el clima de generalizada desinversión y los problemas cada vez mayores en las cadenas de suministro global.

El otro aspecto preocupante de esta gráfica es que nos muestra, por primera vez, un curso negativo para la producción de gas natural. La franja del NZE nos muestra un pico del gas produciéndose antes de 2030, en línea con lo esperado y que hemos comentado con cierta frecuencia. Es la primera vez que la AIE da un paso en el reconocimiento de que se va a producir un pico en la producción de gas natural, aunque ellos lo denominen un pico de demanda.

Y la última cosa curiosa de esta gráfica es que no han considerado relevante mostrar este mismo desglose con el carbón. Lo cual es extraño, porque en todo el informe se han referido de manera análoga a los tres combustibles fósiles. La razón fundamental, a mi entender, de esta inexplicable omisión es que lo que le pase al carbón le interesa fundamentalmente a China y a India, que no son países de la OCDE. Básicamente, este informe es para dar excusas a los gobiernos de la OCDE, que es para los que trabaja la AIE.

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En conclusión, este extraño WEO solo ha servido para presentar el relato con el que a partir de ahora se va a explicar la crisis energética ya en marcha. Cuando la producción de petróleo, gas y carbón vaya bajando se dirá que se ha producido el previsto "pico de demanda", necesario para cumplir con los objetivos previstos en la lucha contra el cambio climático, y se insistirá en que hay que paralelamente aumentar la inversión en renovables, aunque ésta nunca llegue en el volumen requerido. Colocando hábilmente la sordina, eso sí, en que para extraer los materiales que se requiren para ese colosal despliegue renovable se necesitan esos mismos combustibles fósiles cuya producción va a disminuir y no precisamente por nuesta ambición climática

La narrativa ya está preparada. Ahora falta saber si la opinión pública occidental la compra o no.

Salu2.

AMT

miércoles, 24 de febrero de 2016

Pasándose de frenada



Queridos lectores,

Hace dos años explicábamos desde esta página (ver "El colapso de la producción") que se observaba una pésima tendencia en la política de inversiones de las empresas petroleras privadas más grandes del mundo. Debido a la baja rentabilidad, tanto energética como económica, de las fuentes de hidrocarburos líquidos no convencionales (a los que abusivamente se conoce como "petróleos no convencionales"), estas compañías estaban emprendiendo un agresivo camino de disminución de la inversión en exploración y desarrollo de nuevas explotaciones de hidrocarburos líquidos. A principios de 2014 se preveía, de acuerdo con algunos analistas, un descenso de la inversión de esas 9 compañías de más del 25%.



Unos meses más tarde, en julio de 2014 el Departamento de Energía de los EE.UU. sacaba un informe que comentamos en el post "La ilógica financiera". De acuerdo con ese informe, las 127 compañías más grandes del sector del petróleo y del gas estaban endeudándose a un ritmo de más de 100.000 millones de euros desde 2011, es decir, en aquel momento ya llevaban 3 años perdiendo dinero a ese ritmo.


No es una coincidencia que la emergencia de esas pérdidas mil millonarias coincide en el tiempo con el despegue de la producción del Light Tight Oil en los EE.UU., es decir, del petróleo que se extrae mediante la técnica del fracking.




Lo interesante del caso es que también ese período 2011-2014 también corresponde con el de precios del petróleo, en términos reales, históricamente altos, sólo superados por el pico de precios de julio de 2008 que supuso el tiro de salida de esta crisis económica que no acabará nunca.




Combinando la información de esas gráficas se intuye que la irrupción del petróleo de fracking principalmente y de otras fuentes de hidrocarburos, igualmente caros de producir, ha supuesto un incremento del endeudamiento de las empresas productoras, que no han querido trasladar todo el coste de producción a los consumidores, sabiendo después de la experiencia de 2008 que la economía mundial no puede soportar precios muy por encima de los 100$ por barril sin colapsar. El problema es que la economía mundial no puede soportar 150$/barril durante un corto período de tiempo, pero tampoco soporta precios de 100$/barril durante tres años, y así desde finales de 2014 la demanda de petróleo se mantiene débil, sobre todo en China y Europa, llevando a una caída generalizada de precios de todas las materias primas y particularmente del petróleo.

Todas estas cuestiones, y las graves implicaciones que tienen para el futuro (destrucción de oferta de petróleo ahora, destrucción de la economía productiva después, en ciclos cada vez más rápidos) las hemos analizado con cierta frecuencia desde este blog. Ya en 2010 mostraba un simple modelo conceptual que nos permitía aventurar que el precio del petróleo sufriría vaivenes bruscos a lo largo de los años.




Estos vaivenes extremos, sin encontrar nunca un precio intermedio conveniente para todos, iría en función de quién estuviera colapsando en ese momento, si los productores de petróleo (precios muy bajos)  o si los consumidores (precios muy altos). En octubre de 2014, con el colapso de precios ya en marcha, expliqué con más detalle el proceso en el post "La espiral", mostrando entre otras cosas que la OPEP no le había declarado ninguna guerra a nadie porque en realidad había reducido ligeramente su producción en aquel momento. Recientemente, sintetizaba todas estas conclusiones de nuevo, en el post "El rumor del peak oil", en el cual también explicaba que la fuerte desinversión actual implicará una caída muy brusca de la producción de petróleo en un horizonte de uno o dos años con consecuencias funestas para nuestra economía. Ahora más que nunca cobra sentido la advertencia que en 2013 hizo la AIE sobre cómo evolucionaría la producción de petróleo si no había una inversión suficiente: se preveía una caída casi a la mitad hasta 2020, y a menos de la cuarta parte en 2035: 


 
Cabe decir, además, que si uno mira la producción total de petróleo (convencional más no convencional) parece que podría efectivamente haber llegado a su máximo en 2015, que era la fecha que yo daba como más probable en mis charlas al menos desde 2011.

Hago esta recapitulación de hechos simplemente para evidenciar que lo que está pasando y lo que va a pasar era algo perfectamente previsible y de hecho predicho desde hace algunos años, no sólo desde The Oil Crash sino por multitud de analistas, todos ellos venidos del campo de las ciencias naturales como la Geología, la Física, la Biología o las Matemáticas, o de ramas técnicas como la Ingeniería. Sin embargo, a pesar de la contundencia de los argumentos y de los hechos, nos encontramos con que el discurso predominante es el discurso económico, que busca explicaciones basadas en el mero dinero, sin comprender que el dinero es la representación del valor y no el valor en sí mismo. Pero el mayor problema con el discurso económico no es lo ramplón y parcial de sus explicaciones, sino su cortoplacismo. En el entorno en que nos encontramos, la única preocupación actual de los grandes inversores es buscar cómo salir de la burbuja del fracking, la cual en realidad había empezado a mostrar grietas hace dos años, pero nadie quiso abandonar la fiesta demasiado pronto. Se siguió adelante, confiando en que la inversión permitiría continuar la explotación del fracking hasta que ésta fuera rentable, sin entender que para que lo fuera los precios debían ser mucho mayores y eso era insoportable para la economía. En suma, que la burbuja del fracking estaba, inevitablemente, condenada a explotar.

En este preciso momento la burbuja está explotando con toda su intensidad, con una media de tres quiebras de empresas por semana, y con más de un fondo buitre dando vueltas en torno a compañías de mayor tamaño como Chesapeake Energy Corporation, la más grande de las que apostó por el fracking y el segundo productor de gas natural de los EE.UU. Las compañías, todas, están reduciendo sus actividades de exploración y desarrollo al máximo, despidiendo gente prácticamente cada día (10.000 despidos en Pemex, otros tantos en Shell, 3.500 millones de dólares de desinversión en Statoil, y muchos más ejemplos si tienen ganas de buscarlos). Para mí es especialmente representativo el caso de la española Repsol, pues conozco directa e indirectamente gente con vinculación a esta empresa. Cuando hace un par de años yo comentaba sobre la inviabilidad del fracking y las malas perspectivas para el negocio y para la economía en general, mi punto de vista era desdeñado por mi oyente, en medio de la euforia que proporcionó a la compañía el cobro por la expropiación de la argentina YPF (de la cual en realidad no podían sacar mucho más). ¿En qué invirtieron el dinero? En comprar Talisman, una firma especializada en las también poco rentables arenas asfálticas de Canadá. Tan sólo un par de años después, Repsol se ve encarando un futuro incierto y de muchos recortes, y por lo que he oído los despidos ya han comenzado. Ya nadie se ríe de mis previsiones.

La conclusión es que el cortoplacismo de estas empresas, dirigidas por consejeros delegados que sólo son capaces de mirar a los resultados del trimestre en curso, o como mucho el del siguiente, es lo que las está llevando a tomar medidas demasiado radicales y energéticamente suicidas para nuestra sociedad. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el conjunto del sector petrolífero (no ya las empresas privadas que comentaba al principio, sino todas ellas), después de dos años de práctico estancamiento en la inversión total en exploración y desarrollo, recortó su inversión un 20% en 2015. Pero lo peor es que la AIE prevé un recorte adicional del 16% este año 2016. Y por primera vez la AIE está claramente hablando de que se está poniendo en riesgo la seguridad del suministro de petróleo de los próximos años, pues los fuertes recortes no permitirán reponer el declive natural de los pozos actualmente en producción.

Sin embargo, nadie va a actuar decididamente para evitar ese riesgo. Al contrario: se va a profundizar en él, simplemente porque los grandes bancos han invertido demasiado dinero en apuestas arriesgadas, en fracking y otros activos de muy baja calidad. La exposición directa a créditos dudosos en el sector de la energía suma varias decenas de miles de millones de dólares, y eso sin contar con los productos financieros derivados. En este caso, el banco que parece estar en el punto de mira es Deutsche Bank, pero si éste cae arrastrará a otros muchos, en un efecto dominó que no tendría nada que envidiar a la caída de Lehman Brothers en 2008.

Y a pesar de la acumulación de signos, de que ya estamos comenzando el descenso energético, de que estamos entrando en una recesión global, de que la incapacidad de gestionar algo tan crítico como la estabilidad de la inversión en producción de hidrocarburos líquidos lleva a oscilaciones tremendamente destructivas, de que en algún momento de este año o el siguiente el precio se disparará y agravará la nueva ola recesiva, de que con nuestra necedad sólo estamos agravando el problema... a pesar de eso, los análisis que vemos en los medios continúan con la misma absurda cantinela que induce a pensar que nada pasa, y no faltan algunas voces aquí y allá que dicen que lo del peak oil ha quedado desmentido, justo en el preciso momento que lo hemos superado.

La Historia quizá nos juzgará con dureza por nuestra falta de juicio, por nuestra falta de previsión. Actualmente, en pleno estado de pánico que disimulan tan bien como pueden, los conductores de este tren han presionado con demasiada ansiedad y demasiada fuerza el freno y el vehículo que nos lleva  a todos está derrapando. Ahora vendrá una nueva oleada recesiva, más recortes y malestar social, al cabo de poco precios del petróleo por las nubes y un agravamiento de la crisis, después precios por los suelos y más contracción. Estamos entrando en una fase de aceleración de la destrucción económica, absolutamente autoinfligida. Si no quisimos parar la fiesta cuando era evidente que el fracking no iba a ninguna parte, ahora no deberíamos, de manera infantil, pararlo todo de golpe. Pero es lo que estamos haciendo. Los frenos están clavados y el coche ya está derrapando. Sólo podemos rezar para que no choquemos contra un muro.


Salu2,
AMT 

P. Data: Mientras tanto, en el Océano Ártico, la capa de hielo ha detenido su crecimiento anual, a falta de menos de un mes para que acabe la estación y comience el deshielo. Nunca antes había pasado una cosa igual, al menos no desde que se tienen registros, y encima la cobertura de hielo está en mínimos históricos. Pero pocos están mirando en esa dirección.