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viernes, 13 de diciembre de 2013

Yo, el bautómata



Acabé mi charla como a menudo me pasa, sobre todo cuando el ambiente es demasiado formal, demasiado correcto: con las típicas frases que enfatizan la urgencia y la necesidad de la reacción, y con un llamamiento a no salir de aquella sala y dejar las cuestiones allí suscitadas aparcadas, con las típicas auto-excusas "Sí, es cierto, es grave, pero ahora tengo que ir a casa, y mañana al trabajo y luego...". La gente aplaudió cuando por fin les agradecí su atención, y me hicieron muchas preguntas, muy interesantes todas, que yo respondí prolijamente. Después un pequeño acto más y luego rápidamente debíamos marchar, ya era tarde, tenían que cerrar la sala, el edificio, la discusión... Yo me volví pronto al hotel; tenía mucho trabajo para el día siguiente, para la semana siguiente, para el mes siguiente... Al volver a la habitación me conecté a la wifi, que no era muy rápida: no era lo suficientemente rápida para todo lo que necesitaba descargar, enviar, leer, revisar... Consulté mi agenda con múltiples calendarios en colores diferentes: uno para las cosas de casa, otro para las del trabajo, otro para las charlas, otra para las reuniones, otro para los aniversarios y las fiestas... Una ventana emergente me recordó que tenía cinco tareas urgentes que tenía que atender sin demora, pero di al botón de posponer cuatro, hice la quinta y me programé dos más. Terminé lo urgente y dejé lo importante para el día siguiente; quería dormir por lo menos las cinco horas que mediaban entre apagar el portátil y apagar la alarma de mi despertador.

"A todos nos gusta volar". Esa publicidad que no anuncia nada, que sirve para cubrir el vacío de los aparadores sin publicidad de los aeropuertos, me irrita cada vez más. Me paso horas muertas en el aeropuerto de El Prat (¿cuántas sólo en el último mes?), mirando los carteles, la gente, los paneles informativos, buscando los pocos enchufes lo suficientemente bien situados para que pueda conectar discretamente mi portátil y seguir trabajando un rato más. Yo estoy harto de volar, estoy harto de viajar a ciudades preciosas que nunca visito ni visitaré  y cuya gente no conozco ni conoceré, yendo del hotel a la reunión o acto y de allí al hotel, si hay suerte conociendo en el camino algún restaurante o tasca local con encanto. Mi cabeza está siempre en las mil tareas urgentes, perentorias, que dejo pendientes por estar ocupándome de otra cosa, y ansío poder volver a mis asuntos, a mi lucha de cada día, a intentar arreglar tantos y tantos problemas... Y mi corazón está también a cientos cuando no miles de quilómetros de distancia, con aquellos a los que amo y me aman, aquellos que añoro y me añoran. Son sólo mis brazos los que están en aquella sala pasando las transparencias, sólo mi lengua la que pronuncia aquellas palabras cada vez en una lengua diferente,  sólo mis piernas las que han traído lo que queda de mi cuerpo allí.

Una expresión de fortuna que fue acuñada en un grupo de internet por el que de tanto en tanto paso, "bautómata", designa aquella persona que cree que el BAU siempre se abrirá paso, que todo problema que se presente por complicado que sea siempre será resulto por la mano imperiosa y omnipotente del Mercado, del Estado, de la Ciencia o del demiurgo de preferencia. En el grupo utilizan el término para resumir, para etiquetar, el comportamiento de una persona o colectivo que demuestra un tecnooptismo rayano en la temeridad y una fe inquebrantable en las bondades de nuestro insostenible sistema económico y social. Y aunque es cierto que algunos individuos son tan estereotipados en la defensa de un sistema que creen único, perfecto, inmutable y eterno, no es menos cierto que todos tenemos un lado bautomático, más o menos acentuado; todos formamos parte del sistema y necesitamos seguirle un tanto la corriente para simplemente no ser expulsados de él. Todos los que podemos tenemos un trabajo convencional, deudas convencionales, familias más o menos convencionales, vamos al supermercado o la panadería, compramos ropa, nos cortamos el pelo, pagamos con tarjeta y compramos regalos por Navidad y por los cumpleaños; y las personas cada vez más numerosas, canallescamente excluidas de nuestro sistema, que no pueden hacer estos actos que en realidad son extraordinarios pero que consideramos sencillos y cotidianos, sueñan con poder realizarlos. Con nuestra aquiescencia tácita, con nuestro consentimiento automático, mantenemos y reforzamos este sistema.

Ser consciente de los propios bautomatismos implica ser crítico con ellos, y ser crítico implica, por coherencia interna, irlos abandonando, aunque sea poco a poco, aunque sea progresivamente. No nos tenemos que autoflagelar: hacemos lo que podemos; pero sin embargo debemos conscientemente adoptar modos de vida más sencillos, humanos y coherentes. Y ésa es una tarea propia que cada uno tenemos que hacer, sin delegar, personalmente. Ésa es una tarea que, por coherencia, yo mismo tengo que hacer. Y de eso hablaré en mi próximo post.

sábado, 26 de octubre de 2013

España ante el abismo en 117 palabras

Imagen de http://esquemacritico.blogspot.com


Este mediodía he visto el telediario. Como no tengo tele, ha sido una experiencia interesante, vista desde fuera. Y una noticia me ha llamado la atención: "Récord de turismo extranjero. 46 millones de turistas. 4 de cada 5 vinieron por avión".

BAU en estado puro. Vamos a remontar. No hay mal que cien años dure.

Al mismo tiempo, estamos en el descenso del peak oil. Los vuelos baratos tienen los días contados, y buena parte del tráfico que no sea de elite no le queda mucho más. Si el 80% del turismo viene en avión (una parte nada despreciable, en vuelo barato), y ese medio se va a restringir... ¿Qué va a ocurrir con la economía española?


JotaEle

jueves, 13 de diciembre de 2012

Una visión continuista sobre el ajuste de la estructura productiva

Queridos lectores,

No contento con el varapalo de su anterior intervención, mi amigo y empresario CGA me ha transmitido un nuevo artículo, éste sobre una cuestión de más calado como es la de cómo ajustar nuestra estructura productiva a una situación de escasez. Hay unos cuantos puntos del artículo en los que discrepo bastante de su opinión, pero con la voluntad de que The Oil Crash sea un foro de debate en el que se puedan oír todas las opiniones que con el debido respeto y buena fe quien esté concienciado del problema de los recursos naturales exponga he decidido dar curso al artículo. Les ruego, eso sí, que al discutirlo no caigan en la descalificación obvia por descontado, pero también que intenten ir un poco más lejos de exponer aquello que falla y que propongan cómo hacerlo más razonablemente. 

Además, creo que el punto de vista de CGA seguramente es próximo al de algunos lectores de este blog, empresarios y cuadros directivos, que normalmente no opinan y por ello creo que el debate constructivo sobre esta visión en particular puede ser interesante y productivo dentro de la necesitada evolución social.

Espero que esta vez el experimento de debate funcione mejor que la última.

Salu2,
AMT

 
EL AJUSTE DE LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA
Hola a todos,
En un comentario del 13 de noviembre de 2012 20:04 de AMT a la entrada “Localizando la producción, globalizando las ideas” explicó los motivos por los que consideró de interés contar con la posición de un empresario* no negacionista del Peak Oil.
Ese comentario es el que motiva la siguiente entrada**, en la que intentaré describir como entiendo yo que se ajusta la economía y algunas de sus implicaciones en relación a los temas que habitualmente se debaten en este blog.
Debo aclarar que soy lo que soy, un empresario preocupado por las implicaciones económicas del Peak Oil, y no tengo preparación científica ni en materia de energía ni de economía. Esta entrada no es por tanto nada más que una opinión personal (en la que trato también de alejarme de cuestiones ideológicas).
*yo pecador, me confieso ante ustedes…
**Prometo no convertirme en habitual de esta sección (para consuelo del corrector de estilo oficial, Rubik)
La estructura de la producción***.
El análisis de las actividades productivas en una economía es muy complejo, y para explicarlo debe procederse haciendo una construcción mental, que paso a describir.
Debemos comenzar dándonos cuenta que el mundo real cambia constantemente. Las escalas de valores de los individuos, la tecnología y la cantidad de factores (recursos) disponibles están en permanente cambio, que impulsan a la economía en diferentes direcciones.
Las escalas de valores de las personas cambian, y pasan a dejar de demandar un bien para demandar otro. La tecnología cambia y los factores se usan en diferentes maneras.
El “problema económico” consiste en asignar los escasos medios (recursos) a diferentes fines para satisfacer de de a mejor manera posible las preferencias y necesidades (es decir, la demanda) de los consumidores finales.
Voy a utilizar un gráfico para ilustrar la construcción aunque debe tenerse en cuenta que la complejidad de las interrelaciones entre escalas de valores, tecnologías y factores difícilmente puede capturarse gráficamente.
Como se puede observar la producción es sí misma está compuesta por múltiples estadios diferentes. Cada estadio de producción tiene como resultado un producto que puede convertirse en recurso (entrada) para otro estadio productivo o ser directamente un producto de consumo final.
Dichos estadios de la producción están a su vez muy interrelacionados entre ellos mismos, la disponibilidad de los factores y las demanda final, aunque se puede argüir que pueden ordenarse en “capas” en función de “lo cerca” que el producto resultante de cada estadio está del consumo final.
***Para una descripción detallada y completa se pueden consultar los apartados homónimos de los libros ”Money, Bank Credit and Its effects on the economic system” de Jesús Huerta de Soto y “Man, Economy and State with Power and Market” de Murray N. Rothbard. Huerta De Soto y Rothbard son importantes representantes de la Escuela Austriaca de Economía pero encuentro que su descripción del funcionamiento de la estructura de la producción es válida independientemente de la ideología de cada quien.
Implicaciones.
A continuación paso a utilizar este simple pero útil modelo para mirar desde otra perspectiva conceptos que son muy populares en el blog, con la esperanza de que pueda contribuir al diálogo y comprensión mutua entre los seguidores.
BAU. El “Business as Usual” es mi “palabro” favorito de este blog, aunque nunca he estado completamente seguro de lo que se quiere decir con él. Tengo la impresión de que para muchos seguidores del blog BAU quiere decir directamente “sistema capitalista”.
En cambio mi opinión es que, en realidad, BAU se refiere a una situación de equilibrio en la estructura de producción, es decir, una situación en la que ni la configuración de la demanda, ni los distintos estadios de producción ni la disponibilidad de los factores cambia.
Es por eso por lo que se comenta la inevitabilidad del agotamiento del BAU: porque el Peak Oil supone un cambio en la disponibilidad de los factores (energía) que no puede compensarse como un ajuste en los estadios de producción (tecnología e inversiones). Dicho de otra manera: resulta imposible de satisfacer la configuración de la demanda existente hasta ese momento.
Asumiendo tales premisas el modelo deja claro que es lo que tiene que cambiar: la configuración de la demanda existente, es decir: la preferencias o escala de valores de la población.
Creo que, aunque expresado de otra manera, el párrafo anterior coincide con las opiniones mayoritarias de los seguidores que vienen a reclaman un cambio de valores y comportamientos por parte de los agentes económicos (personas individuales, organismos, administraciones, empresas, gobiernos, …).
Esto, en principio, tiene poco que ver con el “sistema capitalista” o el sistema de organización económica que se prefiera. Evidentemente el sistema que se elija tiene sus implicaciones económicas, pero todos tienen que permitir que la estructura de la producción se ajuste si las circunstancias cambian.
Por supuesto hay quien puede creer que el sistema de organización económica que se elija, por ejemplo el capitalista, determina la configuración de la demanda y que por tanto es imposible modificar la demanda bajo el mismo sistema de organización económico. Lo dejo ahí … para mi es una creencia que no comparto en absoluto.
Libre mercado vs planificación central
Sin querer meterme en camisa de once varas voy a tratar de describir sin sesgo ideológico de ningún tipo (a ver si soy capaz) que implicaciones tiene este modelo conceptual respecto de dos casos extremos de organización económica.
En el caso de la planificación central (extrema) es un comité (vamos a decir que de sabios) quien define la configuración de la demanda y de los estadios productivos. La disponibilidad de muchos de los factores le viene dada al igual que determinadas necesidades de los consumidores finales (alimento, cobijo, …). Es el órgano central de planificación quien decide como debe responder la estructura productiva a cambios en dichos condicionantes.
En el caso del libre mercado son todos agentes los que libremente**** determinan cuáles son sus demandas y cuáles son los estadios productivos que deben desarrollarse y cuáles no (en función de su rentabilidad).
Quiero señalar que los dos sistemas son, a priori, capaces de ajustar la estructura de la producción a las condiciones cambiantes externas. Otro tema distinto, en el que no voy a entrar en esta entrada, es cuál es más eficiente haciéndolo o cuál está basado en los principios éticos verdaderos y cuál no.
****Algunos podrán argumentar que no se actúa con libertad porque las personas actuamos inducidas por las campañas de marketing, el espejo social, etc.
Infinita sustituibilidad (de los factores)
Otro de los argumentos en contra del BAU es el de que los economistas consideran que todos los factores son sustituibles, de manera que si en un momento dado el producto A deja de estar disponible (bien sea en términos absolutos o relativos) siempre habrá un producto B que pueda utilizarse para producir el producto de consumo Z.
La crítica que se hace desde este blog es que la energía es un factor muy especial (como lo puede ser la labor) y transversal a toda la estructura de producción y que su agotamiento no tiene posibilidad de sustituirse por nada.
Aquí simplemente quiero señalar que enfocarse en los productos de consumo (Z) no es relevante para analizar la sustituibilidad, sino que se debe analizar siempre desde la perspectiva del consumidor final. Por ejemplo puede haber un problema para producir el producto Z porque utiliza el factor A (que ha dejado de ser accesible) pero en cambio el factor B permite producir el producto Y que es sustitutivo del Z.
Por ejemplo, ir a una obra de teatro puede ser sustitutivo de comer en un restaurante bonito. Comer en un restaurante requiere de ciertos factores que no se utilizan en una obra de teatro, en cambio desde la perspectiva del consumidor (pasar un rato entretenido con una buena compañía) pueden ser perfectamente sustituibles.
PIB y crecimiento
Otra de las cuestiones recurrentes en el blog es el tema del crecimiento, si el PIB es o no es un buen indicador de la actividad económica etc.
Bueno, mi impresión es que el PIB es un NEFASTO indicador de la actividad económica. Aquí casi voy a citar literalmente a Rothbard:
El motivo es que la forma de calcularlo exagera de manera enorme la importancia del consumo en la economía y proporciona la FALSA impresión de que la parte más significativa de la producción nacional existe en términos de productos y bienes de consumo, en vez de en bienes intermedios y duraderos (es decir aquellos que aún formando parte de los estadios de producción están más alejados del consumo final).
Esta esto explica también porqué la mayor parte de los agentes económicos (economistas, empresarios, inversores, políticos, periodistas, funcionarios, público en general), tiene una idea distorsionada de cómo funciona la economía. Así pues creen que el sector de consumo final es el más grande de la economía y que la mejor forma de impulsar el desarrollo económico de un país es estimular el consumo y no la inversión.
Si se tomase como indicador la suma de todos los productos y servicios existentes, y no solo los de consumo de un año dado, nuestra percepción respecto de lo que es crecimiento sería muy diferente. Quizás también así se disipasen nuestros temores respecto del crecimiento exponencial, porque lo que en realidad es acojonante (y perdón por el exabrupto) es el incremento exponencial del consumo.
Espero no levantado muchas ampollas. Que sigan ustedes con salud.

viernes, 24 de agosto de 2012

Hombre versus biosfera

Queridos lectores,

El siguiente post invitado ha sido escrito por Juan Carlos. Este post enlaza bien con el anterior, en el que se planteaba una parábola sobre nuestra gestión de los recursos y la conexión con la degradación ambiental era muy directa. En este post Juan Carlos hace una reflexión sobre nuestra relación con nuestro hábitat,  la biosfera. Les dejo con Juan Carlos.

Salu2,
AMT
 
Seguir en el BAU inevitablemente nos lleva a una colisión con los límites que nos impone el entorno. Hay unas fronteras ecológicas que nos imposibilitan la mejora permanente de esta civilización. El sistema socio-económico es únicamente un subsistema contenido dentro de un sistema, la biosfera, y ésta tiene sus propias normas, sus propios ciclos que no deberíamos alterar. Estamos luchando, sin ser muy conscientes de ello, contra el medio que nos da la vida, con la prosaica finalidad de impulsar más este subsistema imperfecto. 
 
La entropía mide la cantidad de energía que ya no se puede aprovechar transformándola en trabajo. Un aumento de la entropía supone una disminución de la energía disponible. Derrochar como hasta ahora la riqueza natural que compone los depósitos de baja entropía, que es la materia y la energía con alto grado de orden y disponibilidad, reduce la viabilidad de este subsistema económico-social.

Los residuos que deja esta civilización son un problema insoslayable que genera contaminación. El reciclaje de todos los desechos industriales es imposible desde el punto de vista de la Termodinámica, según el Segundo Principio, la energía no puede reciclarse y la materia no puede reciclarse completamente. Significa que en todo proceso de reciclaje por muy eficiente que sea siempre tendrá un porcentaje de materiales que se perderán para siempre del proceso productivo.

La capacidad de carga del planeta actualmente está muy por encima de lo que la naturaleza puede soportar. Las ciudades han esterilizado la veinteava parte del total de las tierras aprovechables. La superficie ocupada por las ciudades, por las carreteras, por los aeropuertos, por los nuevos embalses hidroeléctricos ha provocado la disminución de las tierras disponibles a la vez que la población se expande. El crecimiento de las ciudades se realiza generalmente en detrimento de las mejores tierras; la superficie de todas las ciudades del planeta es superior a la superficie de Francia. 
 
Existe un permanente aumento de las necesidades de agua dulce en esta civilización contemporánea, especialmente en las naciones con un importante desarrollo industrial. Son necesarios grandes volúmenes de agua para satisfacer las necesidades tanto en la industria, como en la agricultura tradicional, en la extensiva y en la explotación de tierras semiáridas con ayuda de la irrigación. El suministro de agua dulce es ya un problema considerable y llegará a serlo aún más en el futuro ante la demanda creciente de este elemento. Las cantidades de agua dulce disponibles en la biosfera son escasas, y su localización geográfica está mal distribuida. 
 
Existe un deseo manifiesto de crecer económicamente para mantener unos niveles de vida impensables hace apenas una centuria, hay un deseo evidente de preservar el conocimiento y la tecnología eclosionada durante este intenso período de la energía de los combustibles fósiles que ha permitido llegar al hombre hasta los escalones más altos de civilización. Pero… ¿es posible mantener estos desproporcionados niveles de desarrollo sin continuar agrediendo el entorno donde vivimos? 
 
Somos capaces de imaginar tecnologías muy complejas como la fusión nuclear pero sin embargo no nos preocupamos con el mismo ahínco para restaurar el desequilibrio que generan en la naturaleza estos nuevos inventos. A modo de ejemplo, el hombre ha diseñado y construido centrales nucleares y termoeléctricas pero frente a este desarrollo tecnológico surgen efectos secundarios no deseados como la contaminación térmica en lagos, ríos y mares que incita la proliferación bacteriana del vibrio causante de infecciones y enfermedades desde la gastroenteritis hasta el cólera. En los ecosistemas acuáticos, la alteración de uno o dos grados centígrados puede afectar al sistema reproductivo de los peces o los anfibios, los cuales son muy sensibles a las variaciones de temperatura. 
 
¿Cómo encajar nuestro insaciable sistema productivo dentro de un ecosistema frágil y cerrado? Esta civilización, a diferencia de las anteriores, ha llegado a un punto en donde la biosfera que alberga toda la vida del planeta se encuentra en peligro real de deterioro irreversible. 
 
No pretendo dar la apariencia de un ecologista ultra que se opone al progreso del hombre, bonanza construida con esfuerzo y habilidad. Los avances y conocimientos que ha alcanzado el ser humano en estos dos últimos siglos son un triunfo para nuestra especie, en mi opinión, son el canto del cisne de esta civilización compleja, pero… ¿A qué precio estamos consiguiendo tal hazaña? ¿Es posible continuar sine die con esta prosperidad sin dañar irremediablemente la biosfera? La biosfera ha sido el hogar de cientos de miles de especies a lo largo de la historia, ha sido un jardín apenas explorado y explotado hasta hace no mucho tiempo y que actualmente es objeto de un abuso sin precedentes debido justamente al increíble avance de la ciencia y de la técnica, las cuales han posibilitado el empleo intensivo de grandes máquinas que horadan la Tierra agotando vertiginosamente los limitados recursos que yacen en ella. Ni el agua, ni la tierra, ni el aire se salvan de la transgresión del hombre moderno con objeto de mantener y si cabe ampliar esta civilización que lo arrasa todo como una gran tormenta, como un caballo desbocado que no puede detenerse. 
 
Tal vez queramos demostrarnos a nosotros mismos que el hombre está por encima de la naturaleza, ubicado en el centro del universo y predestinado por algún ente divino a romper cualquier barrera que se interponga en sus sueños de superioridad, incluso poniendo en peligro todos los ecosistemas del planeta y su misma supervivencia. ¿Vanidad, orgullo o necedad? Tal vez un poco de los tres cosas. 
 
Juan Carlos

lunes, 19 de marzo de 2012

Qué es el BAU

Imagen de http://www.thwink.org. Adivinen a qué corresponden esas bonitas curvas en color.

Queridos lectores,

Últimamente va siendo norma común entre los comentaristas aludir al BAU (abreviatura de bussiness as usual, "negocios como de costumbre" o "negocios como siempre", en inglés) como forma de referirse al sistema económico y productivo actual, con todos sus vicios y defectos, los cuales nos acabarán llevando todos al abismo del colapso y, si nos descuidamos, de la extinción. Sin embargo, fuera del contexto de este blog la expresión tiene un significado diferente, y que aunque llevado a sus extremos implica, por supuesto, la destrucción de la biosfera y de nosotros mismos, conviene aclarar de qué estamos hablando y saber diferenciar dónde radica el mal de hacer negocios como siempre. Simplemente, porque un posicionamiento maniqueo anti-BAU nos puede llevar a un extremo tanto o más negativo de lo que nos ha supuesto el BAU.

La expresión Business as usual ha sido habitualmente atribuida a Winston Churchill por su mención en un discurso sobre la determinación del pueblo inglés de no rendirse durante la Primera Guerra Mundial y seguir el normal curso de sus vidas; sin embargo, se ve que la expresión ya era común hacia 1800. BAU significa que la actividad económica, comercial y financiera sigue su curso normal, su cotidiano quehacer; originalmente se usaba para recalcar que se continuaba operando normalmente después de una dificultad (un incendio, un accidente), pero con el tiempo se ha usado para simplemente decir "estado normal de los negocios". Tanto es así que es normal cuando se diseñan escenarios de prospectiva uno de los escenarios se denomine BAU, lo que en este contexto quiere decir: "continuando con las tendencias actuales", y este escenario se suele tomar como la referencia respecto a la cual mejorar o no empeorar. Por ejemplo, en el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía se suele dar un escenario BAU de evolución del consumo de la energía en los años venideros. Por tanto, BAU en muchos casos quiere decir, simplemente, seguir haciendo lo que ya estábamos haciendo, prolongándolo de manera lógica. ¿Qué es, por tanto, lo que está mal del BAU, de ese hacer negocios como siempre?

El mal no está tanto en hacer negocios, ya que hacer negocios forma parte esencial del ser humano en tanto que ser social. Nadie es plenamente autosuficiente y una diversificación razonable del trabajo aumenta la eficiencia y la productividad. Lo cual no es ya deseable por aumentar la producción (que es en lo único que se piensa hoy en día y lo que lleva a tanto despilfarro), sino porque es la única manera de cubrir todas la necesidades. Es por ello que tampoco es razonable, ni deseable ni en realidad factible que todo el mundo vuelva al campo a cultivar. Una vez que se garantice alimentos suficientes para toda la población, el objetivo ha de ser cubrir otras necesidades específicas, y al tiempo mejorar la productividad de las existentes, empezando por las agropecuarias. De hecho, si se quiere hacer una buena gestión de los recursos escasos se tiene que diversificar y especializar la mano de obra, como la Historia nos muestra con tanta frecuencia al observar civilizaciones pasadas; y es que, una vez más, no hace falta reinventar la rueda. A partir del momento en que la actividad productiva es diversa y no todos producen de todo surge la necesidad del comercio, lo que acaba llevando al dinero y a los negocios. Pero eso en sí no es inflacionario sino connatural a la actividad humana desde tiempos inmemoriales, y puede ser perfectamente sostenible como a lo largo de la Historia así generalmente ha sido.

En realidad el verdadero mal del BAU está en el como siempre, cuando, además, no siempre se han hecho así los negocios, es decir, buscando sólo y contínuamente ganar más y más dinero, creciendo siempre exponencialmente. Ha sido posible hacer negocios de esta manera cuando hemos conseguido saltarnos a la torera los límites que nos marcaba férreamente las limitaciones en las cosechas, la escasa productividad, etc. Con la llegada de la Primera y la Segunda Revolución Industrial nuestra productividad aumentó dramáticamente gracias al ingente flujo de energía del carbón primero y luego del petróleo, y más tarde con la Revolución Verde los campos aumentaron de manera inimaginable su productividad. Esto hizo que el hombre pudiera actuar durante un tiempo como si no hubiera límites, ya que su proceso de expansión, hasta entonces muy limitado por los condicionantes físicos, fue imparable durante casi dos siglos. Dos siglos, a escala humana, es mucho tiempo: son unas seis generaciones de seres humanos, tiempo más que suficiente para que se pierda la memoria viva de otros tiempos y bastante largo como para que se mitifique y trivialice la tradición oral de un pueblo, sobre todo si es desarraigado de sus orígenes (éxodo a las ciudades). También es tiempo más que suficiente para que unas colonias inglesas se conviertan en la nación más poderosa del mundo, y para que sus facultades de economía y escuelas de negocios den lecciones a todo el planeta de cómo se ha de gestionar esta abundancia sin fin. Lo malo es que las premisas de estos economistas se basan en un momento histórico concreto, la explosión de los combustibles fósiles, y como ya no queda nadie vivo que haya conocido otra manera de hacer, y la bonanza dura tanto tiempo como para hacer pensar que no tiene por qué no ser permanente, pues se ha asumido que es permanente y toda la teoría económica moderna se basa en tal hipótesis. Esto llevó a montar un sistema económico esencialmente inflacionario porque se apoya en un sistema financiero intrínsecamente expansionista, basado en el crédito con interés. El dinero que se te presta hoy tendrá que ser devuelto en cantidad aumentada mañana, y encima has de sacar suficiente para vivir. Eso resulta muy difícil de conseguir si la economía no crece, y por tanto las cosas van bien cuando la economía crece, de manera percentual (exponencial) y a buen ritmo, de modo que se devuelven sin pena los créditos y todo el mundo es feliz. Sin embargo, si no se puede seguir produciendo más, si los recursos del planeta no son capaces de sostener la apuesta... entonces sobreviene una crisis, esta crisis, que no puede acabar nunca.

Así pues, el problema no proviene tanto del deseo de los seres humanos de vivir mejor o de sacar fruto a su industriosidad y capacidad inventiva, sino el haber montado un sistema muy eficiente y rápido en la explotación de recursos que no ha sido capaz de incorporar la economía como parte de un ecosistema, como parte de un sistema vivo, con sus insumos y sus execrencias, sus entradas y salidas dentro de un sistema cerrado, global, el planeta Tierra. Cuando el Ser Humano comprenda que es un ser vivo más, un animal más, que forma parte de un hábitat complejo que él mismo prefigura, y que sus acciones no pueden extenderse sin límites, entonces podrá adoptar un sistema económico en la línea de la economía ecológica o de los estudios en economía estacionaria que le podrá llevar a su plenitud. Mientras no pase eso, los recursos se continuarán repartiendo ineficientemente y causando desigualdades.

Por tanto, querido lector, la próxima vez que alguien le pregunte qué es lo criticable del BAU, ya sabe cuál es la respuesta: "lo de siempre".

Salu2,
AMT

P. Data: Hablando de BAU, este martes día 20 a las 19:00 doy una charla en la Biblioteca Sagrada Família de Barcelona, dentro del acto de inauguración de una exposición organizada por la Asociación Catalana de Cultura Científica. Mi presentación no tiene absolutamente nada que ver con el peak oil o los problemas de sostenibilidad, sino con mi trabajo BAU, y más concretamente sobre mi patente sobre procesamiento de imágenes y otras señales digitales. Vayan si quieren, verán imágenes chulas y retazos de lo que es hoy la investigación en España; eso sí, no me pregunten por el Peak Oil, que ese día no toca ;)