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viernes, 13 de diciembre de 2013

Yo, el bautómata



Acabé mi charla como a menudo me pasa, sobre todo cuando el ambiente es demasiado formal, demasiado correcto: con las típicas frases que enfatizan la urgencia y la necesidad de la reacción, y con un llamamiento a no salir de aquella sala y dejar las cuestiones allí suscitadas aparcadas, con las típicas auto-excusas "Sí, es cierto, es grave, pero ahora tengo que ir a casa, y mañana al trabajo y luego...". La gente aplaudió cuando por fin les agradecí su atención, y me hicieron muchas preguntas, muy interesantes todas, que yo respondí prolijamente. Después un pequeño acto más y luego rápidamente debíamos marchar, ya era tarde, tenían que cerrar la sala, el edificio, la discusión... Yo me volví pronto al hotel; tenía mucho trabajo para el día siguiente, para la semana siguiente, para el mes siguiente... Al volver a la habitación me conecté a la wifi, que no era muy rápida: no era lo suficientemente rápida para todo lo que necesitaba descargar, enviar, leer, revisar... Consulté mi agenda con múltiples calendarios en colores diferentes: uno para las cosas de casa, otro para las del trabajo, otro para las charlas, otra para las reuniones, otro para los aniversarios y las fiestas... Una ventana emergente me recordó que tenía cinco tareas urgentes que tenía que atender sin demora, pero di al botón de posponer cuatro, hice la quinta y me programé dos más. Terminé lo urgente y dejé lo importante para el día siguiente; quería dormir por lo menos las cinco horas que mediaban entre apagar el portátil y apagar la alarma de mi despertador.

"A todos nos gusta volar". Esa publicidad que no anuncia nada, que sirve para cubrir el vacío de los aparadores sin publicidad de los aeropuertos, me irrita cada vez más. Me paso horas muertas en el aeropuerto de El Prat (¿cuántas sólo en el último mes?), mirando los carteles, la gente, los paneles informativos, buscando los pocos enchufes lo suficientemente bien situados para que pueda conectar discretamente mi portátil y seguir trabajando un rato más. Yo estoy harto de volar, estoy harto de viajar a ciudades preciosas que nunca visito ni visitaré  y cuya gente no conozco ni conoceré, yendo del hotel a la reunión o acto y de allí al hotel, si hay suerte conociendo en el camino algún restaurante o tasca local con encanto. Mi cabeza está siempre en las mil tareas urgentes, perentorias, que dejo pendientes por estar ocupándome de otra cosa, y ansío poder volver a mis asuntos, a mi lucha de cada día, a intentar arreglar tantos y tantos problemas... Y mi corazón está también a cientos cuando no miles de quilómetros de distancia, con aquellos a los que amo y me aman, aquellos que añoro y me añoran. Son sólo mis brazos los que están en aquella sala pasando las transparencias, sólo mi lengua la que pronuncia aquellas palabras cada vez en una lengua diferente,  sólo mis piernas las que han traído lo que queda de mi cuerpo allí.

Una expresión de fortuna que fue acuñada en un grupo de internet por el que de tanto en tanto paso, "bautómata", designa aquella persona que cree que el BAU siempre se abrirá paso, que todo problema que se presente por complicado que sea siempre será resulto por la mano imperiosa y omnipotente del Mercado, del Estado, de la Ciencia o del demiurgo de preferencia. En el grupo utilizan el término para resumir, para etiquetar, el comportamiento de una persona o colectivo que demuestra un tecnooptismo rayano en la temeridad y una fe inquebrantable en las bondades de nuestro insostenible sistema económico y social. Y aunque es cierto que algunos individuos son tan estereotipados en la defensa de un sistema que creen único, perfecto, inmutable y eterno, no es menos cierto que todos tenemos un lado bautomático, más o menos acentuado; todos formamos parte del sistema y necesitamos seguirle un tanto la corriente para simplemente no ser expulsados de él. Todos los que podemos tenemos un trabajo convencional, deudas convencionales, familias más o menos convencionales, vamos al supermercado o la panadería, compramos ropa, nos cortamos el pelo, pagamos con tarjeta y compramos regalos por Navidad y por los cumpleaños; y las personas cada vez más numerosas, canallescamente excluidas de nuestro sistema, que no pueden hacer estos actos que en realidad son extraordinarios pero que consideramos sencillos y cotidianos, sueñan con poder realizarlos. Con nuestra aquiescencia tácita, con nuestro consentimiento automático, mantenemos y reforzamos este sistema.

Ser consciente de los propios bautomatismos implica ser crítico con ellos, y ser crítico implica, por coherencia interna, irlos abandonando, aunque sea poco a poco, aunque sea progresivamente. No nos tenemos que autoflagelar: hacemos lo que podemos; pero sin embargo debemos conscientemente adoptar modos de vida más sencillos, humanos y coherentes. Y ésa es una tarea propia que cada uno tenemos que hacer, sin delegar, personalmente. Ésa es una tarea que, por coherencia, yo mismo tengo que hacer. Y de eso hablaré en mi próximo post.

viernes, 14 de junio de 2013

Punto ciego



Queridos lectores,

En el fondo de nuestras retinas todos tenemos un punto ciego. Se llama así porque no hay ningún fotorreceptor en esa zona y, por tanto, no transmite ninguna imagen. Es un verdadero agujero en medio de la retina, lo que técnicamente se denomina un escotoma. La razón de este agujero es por que por esa zona salen todo el "cableado neuronal" (el nervio óptico, en realidad, un haz de neuronas, un mazo de cables) que recoge la imagen codificada por todos los fotorreceptores de la retina y la transmite por medio de impulsos nerviosos hacia el Núcleo Lateral Geniculado y de ahí a la corteza visual. Dado que en este punto está el colector de toda la información visual que capta la retina, forzosamente ocupa una posición bastante central en la misma. Así que en vez de tener una zona sin visión discretamente perdida en la periferia de la retina, donde la densidad de fotorreceptores es menor y la imagen está más difuminada, la tenemos en medio de la retina y muy cerca de la fóvea, el punto de mejor visión. Un problema, por cierto, común a todos los mamíferos.

Tal agujero de datos en una zona tan central no es inocua: al mover nuestros ojos algunos objetos varían muy deprisa, pues pasan de ser visibles a caer dentro del agujero y no verse. Esta intermitencia de los datos visuales podría causar muchos problemas a los animales, que podrían distraerse por el efecto de parpadeo que genera. Sin embargo, las estructuras físicas y neuronales de los mamíferos permiten disminuir enormemente el impacto de esta limitación.

Por una parte, nuestros ojos experimentan micro-sacudidas (movimientos muy rápidos del globo ocular) que permiten a nuestro cerebro integrar en el tiempo la información de una cierta área obtenida desde diversos ángulos (estrategia que nos permite también percibir el color azul en todo el campo visual, a pesar de que los fotorreceptores asociados a este color están ausentes de la fóvea). Yo tengo un amigo que usaba esta misma estrategia en su coche: el limpiaparabrisas del vehículo, que era muy viejo, ya no funcionaba, y cuando llovía las gotas de lluvia que se acumulaban sobre el parabrisas hacían la visión difícil; mi amigo comenzaba entonces a mover la cabeza arriba y abajo, a izquierda y a derecha, para "integrar" los resquicios de imagen que obtenía desde todas esas posiciones y así "construir" mentalmente la imagen de la carretera y de los vehículos que por ella circulaban. La verdad que no sé si todavía tiene el mismo coche viejo porque no volví a montar con él; creo que afortunadamente para él se lo robaron (tampoco funcionaba el cierre de las puertas).

Pero, a pesar de las microsacudidas y la integración temporal de la información visual en ángulos ligeramente diferentes que hace nuestro cerebro, una parte de ese espacio visual vacío no puede ser recuperado. Sin embargo, en la realidad no vemos ese -por otra parte molesto- agujero, y eso se debe a una de las grandes maravillas del sistema neuronal: la plasticidad neuronal. Por la acción de mecanismos cuya discusión alargaría innecesariamente este post las redes neuronales biológicas tienden a maximizar la información que transmiten. La zona del agujero no transmite ninguna información (la señal que viene de allí es constantemente nula). Cada área de la retina es mapeada por unas neuronas de procesamiento que codifican y comprimen la señal, enviando sólo aquello que es relevante puesto que el nervio óptico tienen un ancho de banda limitado y la retina obtiene por segundo más información que la que se puede transmitir. Por tanto, cada una de estas neuronas compila la información de un área de la retina asociadas, llamada campo receptivo de esa neurona. Las neuronas que cubren la zona del punto ciego tienen campos receptivos mayores que las que cubren otras zonas, puesto que todo el área que cae sobre el punto ciego no aporta información, hasta el punto que se acaban creando la ilusión de continuidad entre dos neuronas que se encuentran en realidad a lados opuestos del punto ciego. Desde el punto de vista de nuestro cerebro, no hay tal punto ciego puesto que el espacio vacío es rellenado con una señal artificial, que no es más que una extrapolación de lo que hay alrededor del punto ciego. Esta es la base de algunas ilusiones ópticas, como la que ilustra la siguiente imagen.


Cierre el ojo derecho y mire la cruz con el ojo izquierdo, desde una distancia similar a la longitud de su brazo. Sin dejar de mirar a la cruz, acérquese lentamente a la pantalla hasta que el punto desaparezca.



Esta ilusión de rellenado es tan fuerte y sugerente que incluso puede hacernos ver texto escrito donde en realidad sólo hay un espacio vacío. La ilusión se mantiene hasta que intentamos leer ese texto, momento en el cual se desvanece bruscamente (gracias a Sailor he encontrado un ejemplo sacado de este artículo de 1996).


Con el ojo izquierdo cerrado mire el punto negro de la derecha y acérquese progresivamente a la pantalla hasta que desaparezca el punto rojo. En su lugar verá algo parecido a texto rellenándolo - ¡pero no intente mirarlo!




Lo más interesante del caso es que estamos completamente persuadidos de que hay texto con sentido en esa zona, simplemente porque nuestro cerebro ágilmente interpola el texto de los alrededores y nos hace concebir una falsa impresión de seguridad, de predictibilidad. Por supuesto este efecto pasa también cuando leemos cualquier texto; el espejismo de caracteres que vemos de reojo en las líneas por venir es reemplazado por el texto real cuando el foco de nuestra visión se posa sobre ese lugar.


Este fenómeno de interpolación de lo percibido a los agujeros de nuestra percepción es el resultado de los mecanismos generales del procesamiento de la información que tiene implementados nuestro cerebro. Mecanismo, por tanto, que actúa en todas las facetas de nuestro procesamiento sensorial y a veces incluso en el intelectivo.

Hacía esta (larga) reflexión sobre la fisiología de nuestro procesamiento de la información, desempolvando conceptos que aprendí al principio de mi tesis doctoral (es increíble las vueltas que la da la vida y la carrera de un científico), al final de una reunión científica a la que he asistido estos días en la localidad alemana de Hanover. Se trataba de la reunión anual de todas las redes europeas de investigación del área de medio ambiente financiadas por un determinado programa de la Unión Europea; yo presido una de esas redes y por tanto tengo la obligación de acudir. Son dos días intensos en los que uno se reencuentra con colegas de todas partes de Europa y de algunos Estados asociados. Este año, como el anterior, italianos, griegos, portugueses y españoles evocamos nuestras miserias (curiosamente los irlandeses no parecen interesados en este tipo de redes, pues no me encontré ninguno); miserias que resultaban curiosamente similares en los diferentes países. Como novedad de este año pude comprobar que los franceses comienzan a mirar al futuro con pesimismo, e incluso con colega suizo veía importantes nubarrones en el horizonte (según me explicó, Suiza es una economía exportadora, y con el hundimiento de la Unión Europea se podía anticipar que su propio futuro económico no se veía demasiado boyante; problema, por cierto, que comparte Alemania). En fin, dado el clima de crisis profunda, de necesidad de cambio, pensé ir más lejos de lo que suelo en este tipo de encuentros, e intentar introducir el tema del peak oil en las conversaciones, pero suavemente, no llamándolo por su nombre hasta que se hiciera inevitable en la conversación. Como sé que en general es de mal tono en ambientes científicos evocar el problema del agotamiento de un modelo que nos ha procurado tanto progreso y tanto bienestar me limité a seguir la conversación de manera convencional, forzando las cosas lo justo, intentando que mi interlocutor saliera de sus cómodas hipótesis y se confrontase con la dura realidad.

Y a fe mía que no faltaron ocasiones durante los dos días que duró la reunión. Los diversos proyectos que se expusieron hablaban de la difícil gestión de los recursos y los residuos de manera continuada. Varias veces se mencionó los problemas que causará el crecimiento de la población mientras la productividad agrícola ya no crece; en al menos un tres presentaciones el tema central era el agua, su gestión y su escasez - una ponente llegó a decir que la propia OCDE considera la escasez de agua un problema más urgente que el cambio climático. El cambio climático, por supuesto, ocupaba un lugar central en más de un tercio de las presentaciones. Las evidencias científicas que se presentaban eran abrumadoras. Todas las presentaciones, incluso las más técnicas, hablaban de límites, de problemas que no se estaban pudiendo dominar con la tecnología. Pero todas ellas, invariablemente - y la mía no fue una excepción - hablaban de nuevas técnicas, de nuevos métodos, para resolver problemas que cada vez son más viejos y más acuciantes. Lo teníamos delante pero no éramos capaces de verlo.

Intenté el acercamiento a la cuestión desayunando con un colega que se dedica al estudio de sistemas de gestión de la energía renovable. Él estaba preocupado porque durante la última década la temperatura global no ha aumentado al mismo ritmo que las décadas anteriores, en contradicción con los modelos climáticos. Pensé que la cuestión le preocupaba por el posible destino de esa energía faltante (de hecho, comentamos sobre trabajos recientes que indican que ese calor faltante se está acumulando en el océano profundo y puede provocar una alteración de las corrientes profundas mucho más rápida y abrupta de lo esperado), pero en realidad su temor se centraba en la posible pérdida de apoyo político por parte de la UE a la lucha contra el cambio climático, que llevaría una pérdida de interés por las energías renovables. Realmente, cada uno ve aquellos aspectos del problema que le tocan más de cerca. El caso es que yo le comenté que, en mi opinión,  el compromiso de la Comisión Europea con las energías renovables iba más allá de la lucha contra el cambio climático, y que la cuestión de la seguridad energética no era despreciable. Le comenté, entonces, que la producción de petróleo está experimentando problemas; pero él me respondió que gracias al petróleo de esquisto explotado con la técnica del fracking los EE.UU. iban a ser autosuficientes tan pronto como 2020. Yo le aclaré que en realidad la fecha que se suele mencionar es 2035, que en todo caso esa afirmación es una falacia, y que en realidad tal balance positivo sólo será posible, de acuerdo con en el informe de la Agencia Internacional de la Energía donde se hace esta propaganda, con una caída del consumo de petróleo del 32%, cosa que sólo pasará si EE.UU. se hunde en una recesión profundísima. Tales afirmaciones por mi parte le dejaron un tanto perplejo, pero a pesar de comprobar que yo estaba bastante documentado sobre el tema volvió a la cuestión del cambio climático y su conexión con la producción renovable. Mirar a la cruz le ofrecía más seguridad que arriesgarse a ver qué caía sobre su punto ciego.

En la cena de otro día me senté al lado de otro colega, una gran persona de muy agradable trato y un vasto conocimiento sobre el estado del mundo y una amplia cultura. La verdad es que conversar con él era una delicia porque siempre se podían aprender muchas cosas; además, es un hombre que ha viajado mucho y ha mirado los diversos lugares donde ha estado con cierta visión crítica, con lo que sus observaciones son perspicaces y penetrantes. Para mayor abundamiento, se trata de una persona con experiencia en ámbitos más allá de los académicos, con lo que en vez de atrincherarse en su torre de marfil se dedica a ir a cosas prácticas, a cosas que funcionan, y dejarse de ensimismamientos técnicos. En ese sentido me parecía un interlocutor ideal para hablar de estos temas, sobre todo cuando el sistema que él había presentado requería - y él era consciente de ello- grandes cantidades de energía. Justamente por ahí, provocándole ("Creo que lo que has explicado hoy es un poco utópico", le dije) discutimos sobre el concepto de TRE, el cual le pareció completamente natural; de hecho, en el análisis de los sistemas que ellos hacen lo incorporan explícitamente aunque no con ese nombre. Hablando sobre la imparable ascensión de China, yo le dejé caer mi primer torpedo real: "¿Y de dónde saldrá el petróleo necesario para alimentar el crecimiento de China?". Cómo no, la respuesta fue otra vez de los esquistos americanos, no sólo en forma de petróleo sino también del gas. Ahí, dada la proximidad con mi interlocutor, fui tajante: "No hay tal boom del gas natural; todo eso que se dice es mentira". Su sorpresa delante de mi afirmación fue grande, y yo remataba la faena con datos cuando otro colega, al oír lo rotundo de mis palabras, se metió en la conversación, que rápidamente derivó hacia temas más ligeros. Luego, durante el curso de la cena, el tema de los límites planeó varias veces sin que nunca entráramos a fondo, y al no ver en mi interlocutor intención de volver al tema de de dónde saldrá el petróleo para China lo dejé correr. Confío, dada la especial sensibilidad e inteligencia de este individuo, que volverá a este tema. Pero de momento los modismos convencionales no nos permitieron hablar seriamente de la cuestión.


El último día volvía al hotel desde el restaurante donde cenamos, caminando, bajo una intensa lluvia, acompañado de una colega de cierto rango dentro de la jerarquía europea. Hablamos de todo un poco, aunque yo sabía que era una conversación con muchos límites. Cuando detentas una posición dentro de la burocracia europea tienes que ser muy cuidadoso con lo que dices porque una indiscreción o una frase que se preste a malas interpretaciones puede ocasionar muchos problemas. A pesar de ello, la conversación permitió llegar hasta comentar los recientes disturbios en Estambul (mi interlocutora era turca). Hablando sobre los indignados en España, el futuro de Europa y demás yo lo dije bastante abiertamente: "Creo que ignoramos el problema fundamental de la escasez de recursos. Estoy convencido de que Europa no podrá levantar cabeza, no podrá salir de esta crisis porque le faltará, entre otras cosas, fuentes de energía". Mi colega caminaba en silencio, mirando hacia adelante, sin decir nada, bajo la lluvia que nos calaba. El hotel ya estaba cerca. Yo no estaba diciendo nada esencialmente diferente a los problemas que habíamos oído enunciar durante los últimos dos días, pero mientras que las presentaciones científicas que habíamos oído se centraban en propuestas de soluciones técnicas o abogaban por "profundizar en el estudio de los problemas", yo planteaba simple y llanamente la imposibilidad de salir de la trampa donde hemos caído. Esperé aún algunos segundos alguna reacción, antes de proseguir: "Creemos que Europa tiene que forzosamente salir de la crisis, cuando en realidad no queremos entender que no existe una salida convencional para la misma. En Europa no se aceptará esta realidad hasta que Alemania no entre, ella misma, en una recesión profunda". Aquí mi interlocutora no pudo evitar asentir, con una media sonrisa. Llegamos al hotel y ella se despidió cortésmente, agradeciéndome la compañía y la conversación.

No estamos tan ciegos. Solamente es que no queremos dejar de mirar a la cruz, porque sabemos que cuando giremos la vista aparecerá una verdad inaplazable e incómoda.

Salu2,
AMT 

[Puede discutir sobre este post y temas relacionados en el Foro OilCrash]

sábado, 26 de noviembre de 2011

¿Por qué es el crecimiento económico tan popular?

Queridos lectores,


En esta ocasión es un honor para mí presentarles la traducción al español (realizada por Carlos Valmaseda) del último post de Ugo Bardi. Este post fue publicado en inglés en el blog del profesor Bardi, "Cassandra's legacy".


Les dejo con Ugo Bardi. Salu2,
AMT


Cuando el nuevo Primer Ministro italiano, Mr. Mario Monti, pronunció su discurso de aceptación al Senado, hace unos días, utilizó el término "crecimiento" 28 veces y ni siquiera una términos como "recursos naturales" o "energía". No es el único que ignora la base física de la economía mundial: el coro de expertos económicos en cualquier lugar del mundo gira en torno a esta palabra mágica, "crecimiento". Pero, ¿por qué? ¿Qué es lo que hace de este único parámetro algo tan especial y tan amado?
leyenda


Durante los últimos años, el sistema financiero dió al mundo una señal clara cuando los precios de todos los productos naturales crecieron hasta niveles nunca vistos anteriormente. Si los precio son altos, tenemos un problema de oferta. Dado que muchas de las materias primas que usamos no son renovables -el petróleo, por ejemplo- es al menos razonable suponer que tenemos un problema de agotamiento. Sin embargo, la reacción de los líderes, políticos y expertos económicos de toda clase fue -y sigue siendo- ignorar la base física del sistema económico y promover el crecimiento económico como la solución a todos nuestros problemas: cuanto más, mejor. Pero, si el agotamiento es un problema real, debería ser obvio que el crecimiento solo puede empeorarlo. Después de todo, si crecemos consumimos más recursos y esto acelerará el agotamiento. Por tanto, ¿por qué están nuestros líderes tan obsesionados con el crecimiento? ¿No pueden entender que es un error colosal?¿Son estúpidos o qué?

Como siempre, las cosas no son tan simples. Uno de los errores más comunes que podemos hacer en esta vida es suponer que la gente que no está de acuerdo con nuestras ideas es estúpida. No, aquí se aplica la regla de que para todo lo que existe hay una razón. Por lo tanto, hay una razón para que el crecimiento sea promovido como la cura universal para todos los problemas. Y, si profundizamos en la materia, podemos encontrar la razón en el hecho de que la gente (los líderes como todos los demás) tienden a privilegiar las ganancias a corto más que a largo plazo. Déjenme explicarlo.

Comencemos con la observación de que la economía mundial es una inmensa reacción con múltiples vías dirigida por los potenciales termodinámicos de los recursos naturales que utiliza. Básicamente, estos recursos son combustibles fósiles no renovables que quemamos para proporcionar energía a todo el sistema. Tenemos buenos modelos que describen el proceso. El más temprano se produjo en los 70 con la primera versión del estudio
"Los límites al crecimiento". Estos modelos se basan en el método conocido como "dinámica de sistemas" y tiene en cuenta stocks de recursos altamente agregados (es decir, promediados sobre clases muy diferentes). Ya en 1972, los modelos mostraban que el agotamiento gradual de menas de alto grado y el incremento de una contaminación persistente provocarían que la economía detuviese su crecimiento y a continuación disminuyese; muy probablemente durante las primeras décadas del siglo XXI. Estudios posteriores del mismo tipo generaron resultados similares. La crisis presente parece reivindicar estas predicciones.

Por tanto, estos modelos nos dicen que el agotamiento y la contaminación se encuentran en la raíz de los problemas que tenemos, pero nos dicen poco sobre el caos financiero que estamos viendo. No tienen un stock llamado "dinero" y no realizan ningún intento por describir cómo afectará la crisis a diferentes regiones del mundo y a diferentes categorías sociales. Dada la naturaleza del problema, esta es la única opción posible para hacer la modelización manejable, pero es también una limitación. Los modelos no nos pueden decir, por ejemplo, cómo deberían actuar los políticos para evitar la bancarrota de estados enteros. Sin embargo, los modelos se pueden entender en el contexto de las fuerzas que mueven el sistema. El hecho de que el sistema económico mundial sea complejo no significa que no siga las leyes de la física. Por el contrario, es mirando estas leyes como podemos tener una visión de lo que está sucediendo y cómo podríamos actuar sobre el sistema.

Hay buenas razones basadas en la termodinámica que hacen que las economías consuman recursos al ritmo más rápido posible y con la eficiencia más alta posible (véase  este documento de Arto Annila y Stanley Salthe). Por lo tanto,el sistema industrial intentará explotar primero los recursos que proporcionen el retorno más alto. Para los recursos productores de energía (como el petróleo) el retorno se puede medir en términos de retorno de energía por energía invertida(TRE o EROEI). En realidad, las decisiones en el sistema no se toman en términos de energía sino de beneficio monetario, pero los dos conceptos se puede considerar que coinciden en una primera aproximación. Ahora bien, lo que sucede cuando se consumen los recursos no renovables es que el EROEI de lo que queda disminuye y el sistema se hace menos eficiente; esto es, los beneficios bajan. La economía tiende a hacerse más pequeña mientras el sistema intenta concentrar el flujo de recursos allá donde se puedan procesar con el grado más alto de eficiencia y proporcionar los beneficios más altos; algo que normalmente se relaciona con las economías de escala. En la práctica, la contracción de la economía no es la misma en todas partes: los sectores periféricos del sistema, tanto en términos geográficos como sociales, no pueden procesar los recursos con la suficiente eficiencia; tienden a ser apartados del flujo de recursos, a disminuir y finalmente a desaparecer. Un sistema económico que se enfrenta a una reducción en el flujo de recursos naturales es como un hombre que se muere de frío: las extremidades son lo primero que se congela y muere.

Entonces, ¿cuál es la función del sistema financiero, también conocido simplemente como "dinero"? El dinero no es una entidad física, no es un recurso natural. Tiene, sin embargo, un rol fundamental en el sistema como catalizador. En una reacción química, un catalizador no cambia los potenciales químicos que dirigen la reacción, pero puede acelerarlos y cambiar la vía preferida por los reactivos. Para el sistema económico, el dinero no cambia la disponibilidad de recursos o su rendimiento energético pero puede dirigir el flujo de recursos naturales a las áreas en las que son explotados más rápidamente y con más eficiencia. Esta asignación del flujo normalmente genera más dinero y, por tanto, tenemos una típica retroalimentación positiva (o "aumento"). Como resultado, todos los efectos descritos anteriormente van más deprisa. El agotamiento se puede enmascarar temporalmente aunque, normalmente, a expensas de más contaminación. A continuación podemos ver el colapso abrupto de regiones enteras como puede ser el caso de España, Italia, Grecia y otras. Este efecto se puede extender a otras regiones a medida que el agotamiento de recursos no renovables continua y el coste de la contaminación aumenta.

No podemos ir contra la termodinámica, pero podríamos al menos evitar alguno de los efectos más desagradables que se originan por intentar superar los límites de los recursos naturales. Este punto ya fue examinado en 1972 por los autores del primer "Límites al crecimiento" sobre la base de sus modelos pero, finalmente, es solo una cuestión de sentido común. Para evitar, o al menor mitigar el colapso, debemos parar de crecer. De esta forma los recursos no renovables durarán más y podremos utilizarlos para desarrollar y usar recursos renovables. El problema es que frenar el crecimiento no proporciona beneficios y que, en la actualidad, las renovables no proporcionan todavía beneficios tan grandes como los de los combustibles fósiles que quedan. Por tanto, al sistema no le gusta ir en esa dirección -tiende, más bien, a ir hacia los beneficios más altos a corto plazo, con el sistema financiero facilitando el camino-. Esto es, el sistema tiende a seguir usando recursos no renovables, incluso con el coste de destruirse a sí mismo. Forzar al sistema a cambiar de dirección solo se podría conseguir mediante algún control centralizado pero eso, obviamente, es complejo, caro e impopular. No es sorprendente por tanto que nuestros líderes no parezcan entusiasmados por esta estrategia.

Veamos, en cambio, otra posible opción para los líderes: la de "estimular el crecimiento". ¿Qué significa esto exactamente? En general, parece significar el usar el sistema de impuestos para transferir recursos financieros al sistema industrial. Con más dinero, las industrias pueden permitirse pagar precios más altos por los recursos naturales. Como consecuencia, la industria extractiva puede mantener sus beneficios, en realidad incrementarlos, y continuar extrayendo incluso recursos caros. Pero el dinero, como hemos dicho, no es una entidad física; en este caso solo cataliza la transferencia de recursos humanos y materiales al sistema extractivo a expensas de subsistemas como la seguridad social, la sanidad, la instrucción, etc. No sin dolor, por supuesto, pero puede dar al público la impresión de que los problemas se están solucionando. Puede mejorar los indicadores económicos y puede matener un flujo de recursos lo suficientemente grande como para evitar el colapso completo de las regiones periféricas, al menos durante algún tiempo. Pero la atracción real de estimular el crecimiento es que es la forma más fácil: empuja al sistema en la dirección en la que quiere ir. El sistema está preparado para explotar los recursos naturales al ritmo más rápido posible, esta estrategia le da nuevos recursos para hacer exactamente eso. Nuestros líderes puede que no comprendan exactamente lo que están haciendo, pero seguro que no son estúpidos: no van a ir a contracorriente.

El problema es que la estrategia de estimular el crecimiento solo compra tiempo (y lo hace a un precio alto). Nada que hagan los gobernantes o los financieros puede cambiar la termondinámica del sistema mundial. Todo lo que pueden hacer es desplazar recursos de aquí para allá y eso no cambia la dura realidad del agotamiento y la contaminación. Por tanto, empujar el crecimiento económico es solo una solucion a corto plazo que empeora el problema a la larga. Puede posponer el colapso pero al precio de hacerlo más abrupto en la forma conocida como el  Precipicio de Séneca. Desgraciadamente, parece que vamos exactamente por ese camino.


Este post fue inspirado por un excelente post sobre la situación financiera escrito por Antonio Turiel de título "Antes de la ola"