Queridos lectores,
La Unión Europea se encuentra en una encrucijada histórica. En las recientes elecciones al Parlamento Europeo la mayoría de los partidos en el Gobierno o con posibilidades de estarlo han recibido un considerable varapalo por parte de los electores, mientras que opciones más radicales se van abriendo camino. La cacareada recuperación económica está a punto de demostrar que no era más que un espejismo; y especialmente en España, donde una conveniente adulteración de estadísticas ha permitido hacer creer que el PIB se recupera vigorosamente mientras que en realidad el consumo interno cae, la producción industrial no está remontando y la balanza comercial empeora mes a mes (las exportaciones ya no son el tan vitoreado "motor económico de España" puesto que claramente desde principios de año las importaciones las superan en valor económico). Pero mucho más allá de las fronteras de Europa ciertos acontecimientos recientes estrangularán aún más la capacidad económica del Viejo Continente durante los próximos años y décadas con consecuencias políticas y sociales que aún pocos se atreven a discutir.
La primera de estas noticias es el anuncio reciente de la firma de un histórico acuerdo entre la compañía rusa Gazprom (arropada por el Gobierno de Rusia) y la compañía china CNPC (controlada por el gobierno de aquel país) según el cual Gazprom se compromete a suministrar 38 millardos de metros cúbicos (en unidades americanas serían unos 1,3 billones de pies cúbicos) de gas natural al año a CNPC a partir de 2018 y durante 30 años. La Unión Europea importó en 2012 14 billones de pies cúbicos de gas natural, de los cuales aproximadamente un tercio (34%) vino de Rusia, es decir, 4,76 billones de pies cúbicos, con lo que el acuerdo ruso-chino representaría alrededor de un 27% del suministro anual de gas ruso a Europa. Está claro que a la Unión Europea le ha surgido un competidor importante por el gas natural ruso. Para poner las cosas en mejor perspectiva, fíjense en la siguiente gráfica de producción de gas natural rusa, sacada como siempre de la web Flujos de Energía y elaborada con datos el anuario de 2012 de BP:
Rusia produjo algo menos de 60 millardos de pies cúbicos de gas natural al día, es decir, unos 21 billones de pies cúbicos al año. El suministro anual actual a la Unión Europea y el previsto a China representan, respectivamente, el 22% y el 6% de la producción anual de gas de Rusia, lo cual deja clara la importancia de estas transacciones y de la dependencia económica mutua entre Rusia y la Unión Europa, la cual la primera está en mejores condiciones de disminuir que la segunda, sobre todo ahora que el problema en Ucrania las ha distanciado. Lo verdaderamente preocupante del acuerdo entre rusos y chinos es su larga duración, máxime si se tiene en cuenta que Rusia parece estar llegando a su particular peak gas. No es fácil encontrar proyecciones sobre la producción futura de gas en Rusia; la única estimación más o menos fiable que he encontrado es la del informe pormenorizado de 2013 del Energy Watch Group; de ahí extraigo esta gráfica con la previsión de producción de gas natural en Rusia.
Como se ve, mantenerse más o menos en una meseta productiva durante los próximos 15 años depende de que se desarrollen una serie de campos ya identificados (Kruzenshten, Shtokmanskoye, Tambey, Yamal y Mar de Barents); más allá, no hay nada ahora mismo y será difícil que haya algo más, teniendo en cuenta que Rusia ya empezó a poner en marcha sus campos de Siberia, los más alejados, hace casi 10 años. Las tasas anuales de declive de la producción de gas natural de los diferentes yacimientos, como se ve, son muy elevadas, siendo típico caídas del 50% en sólo 10 años. Además, como muestra la caída de 2009 (un año después del pico de precios en el petróleo), la producción es muy sensible a la inversión y a los precios sostenidamente elevados. No sería pues extraño que hacia el año 2035, con el acuerdo ruso-chino aún en la mitad de su vida, la producción de gas ruso fuera la mitad que ahora y hacia el tiempo de su expiración tan sólo llegara a ser la cuarta parte de la actual. Incluso contando con un estancamiento del consumo europeo durante esas tres décadas en aquella época Rusia tendría que decidir si exportar todo su gas a la UE o bien dejarlo parcialmente desabastecido y suministrar a su vecino del sur. Con una recesión instalada y sin poder competir con el gigante asiático, es más que probable que Europa tenga todas las de perder en esta situación.
Podría parecer que los problemas que va a tener Europa con el suministro de gas se podrían resolver confiando más en otros suministradores también cercanos geográficamente, en este caso los países del Golfo Pérsico, que son ricos en gas y petróleo (en España se alimenta la falacia del suministro inacabable desde Argelia, cuando este país ya ha superado claramente su peak oil y su peak gas particulares). Al que piense eso le resultará por tanto desconcertante una noticia aparecida la semana pasada, de acuerdo con la cual el gas comienza a escasear en el Golfo Pérsico. Y es que el gas natural, que durante años fue despreciado en una zona tan abundante en petróleo, ahora empieza a ser muy buscado porque resulta más rentable para la producción de electricidad, y aunque la noticia no lo diga también para dejar más petróleo disponible para la exportación ahora que la producción de petróleo de la OPEP ha llegado a una meseta irremontable. Pero resulta que para producir gas natural se tiene que hacer una inversión en infraestructura de almacenamiento y transporte muy elevada, la cual no siempre es fácil de amortizar teniendo en cuenta los bajos precios del gas comparado con el petróleo (en parte porque el gas es menos versátil: más difícil de manipular y almacenar, más peligroso, etc). En añadidura, como refleja el artículo, las grandes reservas de gas del Golfo Pérsico resulta que tienen más contenido en azufre y por tanto exigen más tratamiento para poderlo utilizar. Todo ello se puede resumir de una manera simple: este gas tiene una Tasa de Retorno Energético (TRE) inferior a lo esperado, lo cual se traduce en que las presumidas como grandiosas reservas de gas natural de la zona no son de manera neta tan grandiosas como se presumía (algo que a los economistas les cuesta horrores de entender). La consecuencia final y real de esta situación es que el Golfo Pérsico, en vez de ser un productor neto de gas natural, va con paso firme a ser un importador neto, con lo cual en vez de aliviar los problemas de Europa incrementa su inseguridad.
Y si Europa quisiera mirar al otro lado del Atlántico, la cosa no está mucho mejor. No detallaré aquí las razones por las cuales es completamente absurdo pensar que EE.UU. podría exportar algún día gas natural a Europa; ya lo hizo Gail Tverberg por mi. Pero es que encima los EE.UU. van a necesitar en los próximos años aumentar sus importaciones de gas natural: dejando al margen el hundimiento de la burbuja del fracking en progreso, resulta que la Agencia para la Información de la Energía (AIE, dependiente del Departamento de Energía de los EE.UU.) está falseando los datos de producción de gas natural en los EE.UU., como se explica en este artículo y se resume con este gráfico:
La franja roja representa toda la sobrestimación de producción de gas natural; lo irónico es que la curva amarilla se obtiene con los datos de producción de cada compañía individualizados... ¡que la propia AIE hace públicos! Como ven, la AIE está contribuyendo a crear una falsa apariencia de bonanza pero el engaño no se podrá mantener por demasiado tiempo. Así que no sólo los EE.UU. no van a proporcionarle más gas a Europa, sino que van a ser otro competidor más por el preciado recurso.
El gas natural, eterna promesa de combustible con menores emisiones de CO2, no es la solución a ningún problema porque su disponibilidad ya se encuentra seriamente comprometida y lo estará más en los años que vendrán; no podemos eludir el peak gas del mismo modo que no podemos eludir el peak oil. Una política energética nacional sensata tendría que tener en cuenta este factor, y también el ocaso del petróleo y el cercano pico del uranio para preparar un verdadero plan de contingencia de cara a una transición (no sólo energética, sino sistémica) que ya no puede esperar.
Salu2,
AMT
P. Data: La cuarta noticia relevante de la semana no tiene que ver con gas, sino con el denominado shale oil (el petróleo ligero que se extrae de rocas poco porosas usando la técnica de fracking). Resulta que recientemente el servicio geológico minero de los EE.UU. ha rebajado su estimación de las reservas en la formación de Monterey, California... ¡en nada menos que un 96%! Han leído bien: las reservas inicialmente estimadas en 15,4 millardos de barriles dicen ahora que son sólo de 600 millones de barriles. Lo grave es que se estimaba que la formación de Monterey representaba el 63% del shale oil de los EE.UU., con lo que las reservas norteamericanas de shale oil son hoy un 60% inferiores a lo que eran la semana pasada... y eso hasta que reevalúen el resto de yacimientos. El ridículo sueño de la independencia energética de los EE.UU. se desvanece por momentos.
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martes, 27 de mayo de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
La España buena y la España mala
Mientras completo un largo periplo por España y Francia que me ha tenido casi una semana fuera de mi hogar, en la media penumbra de este tren regional francés que poco a poco me lleva de vuelta a casa, tengo por fin tiempo para reflexionar sobre todas las cosas que han pasado estos días y poner en orden algunas de las cuestiones sobre las que hemos discutido con los asistentes a las charlas sobre la crisis energética que he conseguido intercalar en medio de mis actividades más bautómaticas. Me detengo un rato para tomar aire y perspectiva; son muchos los pensamientos que se agolpan en esta cansada y dolorida cabeza mía. Vuelvo una vez más a las discusiones más sombrías que he mantenido, las cuales se centran en el futuro de Cataluña, de España, de Europa, del mundo...
Cataluña será independiente en un futuro no muy lejano.
Lo digo sin pena ni alegría, sin anhelarlo ni rechazarlo: yo no soy catalán y no deseo la independencia, pero entiendo perfectamente que muchos de los amigos que he hecho tras diez años de vivir en Cataluña hayan acabado deseando la independencia. El cambio en la postura de esta gente, que de estar más o menos cómodos en España han acabado por desear marcharse de este país sin moverse de su casa, se ha operado insensiblemente, alentado por un cúmulo enorme de frustraciones que han llegado a su máximo con la crisis económica que ha destrozado familias y empresas, y el hartazo con la corrupción política, la inoperancia del Estado y que se gobierne en favor de los más poderosos. Ninguno de esos problemas son exclusivos de Cataluña: pasa lo mismo en el resto de España y también en otros países. Sin embargo, mientras en mis viajes por España detecto una cierta resignación mezclada con desesperanza, un cierto derrotismo que niega que las cosas puedan mejorar puesto que no se divisa ningún partido que pueda cambiar tan nefasto rumbo, en Cataluña los promotores del independentismo han actuado con mucha astucia y han sabido canalizar el descontento popular en un proyecto ilusionante. "Que Cataluña sea independiente y las cosas comenzarán a ir bien", vienen a decir, "Abandonemos ese nido de pobredumbre que es España, gestionemos nuestro futuro y nuestro dinero, y las cosas por fuerza nos irán mucho mejor". Y así mucha gente que había perdido, al igual que en el resto de España, la esperanza de que las cosas pudieran mejorar, han encontrado en esta apuesta, en este proyecto político, una nueva ilusión. La gente habla de la independencia de Cataluña en las cafeterías, la gente se reúne en masa para manifestarse en la calle o hace una larga cadena humana con ese fin. Los ciudadanos toman la calle y se reconocen como partícipes de un proyecto colectivo, común, una promesa de mejora si Cataluña coge las riendas de su futuro y sale de una vez este barco que se hunde en su miseria y que se llama España.
Dicen las encuestas de la televisión catalana que de celebrarse hoy un referéndum un 54% de los catalanes votarían que sí a la independencia, frente un 26% que votarían que no y un 20% que a día de hoy aún no saben qué votarían. En suma, que los que quieren la independencia no sólo son mayoría sino que duplican a los que se oponen a ella. Yo no sé hasta qué punto estos datos están adulterados, pero mi experiencia del día a día me indica que no están muy desencaminados. Quizá la gente que votaría que sí no lleguen a la mitad de la población, pero la impresión que a mi me causa escuchando conversaciones, hablando con unos y con otros, es que ya son mayoría, y que su número sólo puede crecer a medida que las cosas inevitablemente empeoren. Y en este contexto el presidente del gobierno autonómico de Cataluña, Artur Mas, ha pactado con varios partidos celebrar un referéndum sobre la independencia el día 9 de Noviembre de 2014.
Desde el Gobierno central de España se percibe este desafío como una boutade de Artur Mas, sin comprender que si éste está al frente del proceso independentista es porque el movimiento por la independencia de Cataluña le arrastra, no porque él lo lidere. Mientras tanto, el movimiento independentista catalán va recabando discretamente apoyos por toda Europa. El Gobierno de España cree tener la situación controlada por el flanco europeo por las declaraciones muy medidas de algunos comisarios europeos que avisan de que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea y tendría en todo caso que solicitar el ingreso, sin darse cuenta de que las cancillerías del resto de Estados europeos (que son las que al final toman las decisiones) permanecen extrañamente calladas, y cuando se les pregunta directamente siempre responden que es un asunto interno de España. A partir de esa errónea sensación de seguridad que les da el falso apoyo europeo a las posiciones del Gobierno central, los diarios españoles descuentan el fracaso de la iniciativa catalana, basándose sobre todo en dos razones: porque el referéndum catalán es ilegal en el ordenamiento jurídico español y porque de consumarse finalmente la independiencia de Cataluña España quedaría dentro de la UE pero Cataluña estaría fuera, y para que fuera admitida todos los países tendrían que votar a favor pero, dan por hecho, naturalmente España se opondría. Asumiendo que fuera de la UE Cataluña se arruinaría, confían los medios españoles en que en última instancia el referéndum fracasaría porque el catalán, pueblo pragmático, no será tan suicida. Zanjado el asunto tras algunos comentarios despectivos dirigidos a los irresponsables que la prensa española cree que están al frente del desaguisado, los medios se centran en otros asuntos de más enjundia e importancia para el futuro de España.
Y sin embargo yo tengo la impresión exactamente contraria. No puedo saberlo con certeza, pobre de mi, un punto diminuto perdido en medio de una marea humana que me arrastra de un lado a otro; pero mis impresiones apuntan en la dirección completamente opuesta. De entrada el argumento de la ilegalidad de la consulta y en última instancia de la separación es completamente espurio. Por supuesto que separarse de España es ilegal con respecto a las leyes españolas, pero eso no quiere decir que sea ilegítimo: si la mayoría de un territorio quiere separarse resulta difícil de justificar desde un punto de vista moral, que no legal, que no se les tenga que escuchar. Además, no es nunca la legalidad del territorio abandonado la que impide o detiene la secesión: seguramente que cuando los países de Sudamérica se independizaron de España lo hicieron violando la ley española, lo cual llegados a ese punto es completamente irrelevante; lo que verdaderamente cuenta es la legitimidad, la voluntad mayoritaria de ser y actuar así. Tampoco importa si hay una justificación histórica o no para independencia, ni siquiera que el argumento "España nos roba" tiene grandes dosis de falsedad. Se puede intentar convencer a la gente, pero no oponerse a su determinación.
Por tanto, el único argumento que podría servir para parar a los catalanes es el de la ruina económica por quedar excluídos de la Unión Europea. Y sin embargo el sonoro silencio de los Gobiernos "amigos" indica que quizá pese a la grandilocuencia de la prensa ibérica (grandilocuencia semejante a la empleada cuando daban por hecho que Madrid sería sede olímpica) el desenlace no va a ser el previsto. De hecho, y si se mira la cuestión fríamente, la decadente Unión Europea podría tener buenas razones para desear una Cataluña independiente y en la UE.
España es un problema para la UE. Con altos niveles de endeudamiento, alto paro y actividad económica cayendo en picado, España es demasiado grande como para dejarla caer y liquidar después los restos al estilo de lo que se ha hecho en Grecia. El nivel de endeudamiento de España es tan elevado que se tiene que mantener a toda costa el diferencial de la deuda española respecto a la alemana tan bajo como se pueda, porque si no los intereses de la deuda harían peligrar la estabilidad financiera de España y al final la de toda Europa. Reestructurar la deuda española, separando la parte asumible y condonando la considerada impagable, tampoco es viable porque la confianza en la solvencia financiera de España desaparecería por muchos lustros y elevaría las dudas sobre la de otros países, inclusive alguno tan grande como Francia, lo cual haría tambalearse toda la UE. Pero si no se hace nada igualmente la deuda española combinada con su actividad económica en caída libre llevará a la quiebra de las finanzas de este Estado. La situación de España es por tanto demasiado peligrosa para la UE.
La independencia de Cataluña brinda una interesante escapatoria a este problema, si la UE permite que Cataluña se independice y una vez constituido el nuevo Estado se presiona a España para que acepte su ingreso en la UE. No es una tarea difícil: España sigue y seguirá necesitando del dinero europeo para mantener su banca y sus finanzas, e incluso aunque renunciara a conseguir más financiación del Banco Central Europeo no puede devolver toda la deuda ya contraída en su plazo de vencimiento. Una simple amenaza de que el BCE podría cerrar el grifo del dinero y España al día siguiente votaría a favor del ingreso de Cataluña, "por un sentido de la responsabilidad del que carecen nuestros vecinos del Este". La televisión pronto explicaría el necesario pragmatismo de la aceptación del ingreso de Cataluña en la UE: con una larga frontera común poner aduanas y aranceles, dado el intenso intercambio de mercancías, sería costosísimo e ineficiente; además, al usar Cataluña aún el euro y haber en ese territorio deudas y obligaciones nominadas en la divisa común europea las pérdidas por su conversión forzosa a una nueva divisa catalana, por supuesto muy devaluada, serían muy onerosas, sobre todo para las empresas españolas con intereses en Cataluña, "y no podemos permitir que encima de irse lo hagan sin pagar", como diría algún profesional de las tertulias. Sin embargo en la negociación del reparto de la deuda justamente Cataluña podría liberarse de una parte que en puridad le correspondería, endosándosela a España con la bendición de los observadores nombrados por la Comisión Europea, el BCE y el FMI para tutelar el proceso. De ese modo se lograría la cuadratura del círculo de reestructurar la deuda española sin que cundiese el pánico en los mercados, "ya que la situación de Cataluña es completamente excepcional".
Por supuesto que la situación de Cataluña no tiene nada de excepcional. La progresiva descomposición de los Estados tiene toda la lógica con la progresiva inviabilidad del sistema capitalista del que se nutren y al cual nutren, inviabilidad ocasionada por entre otras cosas la rápida disminución de las materias primas disponibles y particularmente la del petróleo. Pero una manera posible de alargar la agonía de este sistema consiste en disgregar los territorios más productivos, capaces de asumir una porción razonable de la deuda y seguir adelante con ellos, mientras que el resto de la deuda va quedando en territorios cada vez menos productivos, iterando el proceso de disgregación hasta que se han separado todos los territorios productivos y queda uno sólo, improductivo, cuyas finanzas quiebran. Es la misma lógica del llamado "banco malo", que es un banco creado ad hoc para asumir todos los activos de rentabilidad o liquidez dudosa de otros bancos. Se trata, pues, de separar los países en su parte buena y su parte mala.
La segregación de Cataluña y el voto positivo de España a su ingreso en la UE tendrá un efecto desestabilizador sobre la sociedad española semejante al desastre del 98. Toda la grandilocuencia de la prensa española riéndose del referéndum catalán se tornará en rictus unos meses más tarde al contemplar estupefacta la entrada del nuevo Estado en Europa. Cataluña ya está, probablemente, perdida para España; pero España debería aprovechar este mazazo del destino para, en vez de encerrarse en rancios esencialismos, emprender un proceso de profunda regeneración política, económica y social. De no hacerlo así la alternativa podría ser que al final haya varias Españas buenas productivas y una España mala que sufra por las deudas de todos.
Esta noche es fría y oscura en Francia. Aún quedan unas horas para llegar a casa...
Antonio Turiel. Diciembre de 2013.
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viernes, 18 de noviembre de 2011
Antes de la ola
| "Aquellos que están dispuestos a sacrificar su libertad por su seguridad no se merecen ni la una ni la otra". Benjamín Franklin. |
Queridos lectores,
Uno de los fenómenos más intrigantes que vive a caballo entre la oceanografía y la geología es el de los tsunamis, principalmente los de origen sísmico. Un desplazamiento transversal de una falla en el fondo marino, con la enorme energía que libera, puede desplazar toda la masa de agua que tiene encima una distancia no muy grande, quizá 50 centímetros, puede que un metro. El problema es que el desplazamiento afecta a toda la columna de agua, que puede tener cuatro o más kilómetros de altura. La onda generada por la mera gravedad se propaga a velocidades de cientos de kilómetros por hora, en ocasiones -si el terremoto tiene lugar en aguas muy profundas- llegando casi a velocidades supersónicas. Cuando esta onda se acerca a la costa, la pendiente del suelo marino induce un efecto conocido como somerización (shoaling): la onda solitónica se rompe y se descompone en diversos paquetes, los cuales se propagan a velocidades mucho más pequeñas (algunos kilómetros por hora) pero por el agolpamiento del agua su altura crece y crece. Por eso es mucho más seguro esperar un tsunami en alta mar, donde la ola, de algunos centímetros, pasará sin hacer mayor mal, en tanto que en la costa su altura llegará tener varios metros, en algunos casos tantos como 15 (hay documentados casos históricos de tsunamis monstruo de hasta 50 metros de alto) y capaces de penetrar en tierra firme varios kilómetros, arrasándolo todo con su enorme potencia y presión. Justo antes de que la primera ola de un tsunami llegue a costa el agua del mar se retira rápidamente varios kilómetros, revelando un fondo rocoso de aspecto irreal. Algunas personas quedan fascinadas por el fenómeno y se quedan mirándolo embobadas sin entender que, si en aquel momento apretasen a correr tierra adentro, quizá consiguieran alejarse lo suficiente o ganar tierra lo suficientemente elevada como para sobrevivir; son esos pocos minutos vitales antes de la llegada de la primera ola. Otra cosa que la gente suele desconocer es que la primera ola no es casi nunca la mayor, y a veces sucede - como en el tsunami de Hawai del 1 de Abril (día anglosajón de los inocentes) de 1946- que la gente baja a la playa a ver qué ha pasado durante la media hora que pasa entre la primera y la segunda ola, aumentando horriblemente las bajas humanas cuando la segunda ola - que ésta sí suele ser la mayor - descarga toda su violencia sobre los pobres infelices.
Ayer la prima de riesgo de los bonos del Tesoro españoles respecto a los alemanas llegó, según nos dicen, a los 500 puntos básicos. Eso quiere decir que la rentabilidad que se da a estas emisiones de deuda españolas es un 5% mayor que a la de los títulos equivalentes germánicos. Como la información que dan los medios es siempre brutalmente incompleta y oscurantista, nunca tengo claro a qué se refieren exactamente: no sé si estamos hablando de bonos a un año, a cinco o a diez, o de todos a la vez. Entiendo además que este spread respecto a los títulos alemanes se está observando en el mercado secundario -es decir, los particulares que poseen deuda española la están vendiendo a otros particulares con un cierto descuento (porque evidentemente no pueden renegociar las condiciones expresadas en el título de deuda). Lo cual, si lo piensan un poco, es todavía más grave que que se le exija a España colocar su deuda con un mayor tipo de interés (cosa que ya pasa, pues la emisión de deuda suele seguir a la evolución del mercado secundario: España no puede conseguir dinero más barato de lo que percibe el mercado que se le tiene que cobrar). Es más grave porque, en suma, los tenedores de deuda española que la están vendiendo están aceptando cierto porcentaje de pérdidas (quizá no pérdidas reales, pero sí sobre sus expectativas de ganancia), y eso en suma quiere decir que la credibilidad de España como estado solvente está cayendo.
Pero, en fin, este no es un blog propiamente sobre economía y no tenemos por qué perdernos en estas cuestiones. Lo interesante del movimiento observado ayer es que la deuda española llega a los niveles que motivaron el "rescate" de Grecia o que forzaron un "cambio de Gobierno" en Italia la semana pasada. Aquí en España estamos a sólo dos días de una elecciones generales que todas las encuestas preconizan que ganará el conservador Partido Popular con una holgada mayoría absoluta; su líder, Mariano Rajoy, ya ha anticipado que se tendrán que tomar medidas adecuadas para intentar sanear las cuentas españolas, dando a entender que vendrán más recortes en prestaciones sociales y salarios que los que se han producido en el último año. Tampoco podría decir, por coherencia, otra cosa, ya que por ser diletante en la aplicación de tales medidas el primer ministro italiano Silvio Berlusconi fue fulminado por la mediáticamente denominada troika europea -yo pensaba que las troikas eran de tres, pero ahora he aprendido que se puede hacer con dos; de hecho sólo una basta - y se sobra (todos los sentidos de esta última frase, particularmente los más ariscos, son buscados deliberadamente: vivan las lenguas latinas).
Tenemos, pues, unas elecciones generales que cambiarán radicalmente el signo del partido gobernante, de socialista a conservador, en un país donde se percibe que la derecha es mejor gestora y que por tanto podrá capear mejor la difícil situación económica. En realidad da igual el resultado, porque después de ver lo que ha pasado en la fatuamente democrática Unión Europea durante las últimas semanas, con Grecia e Italia, queda claro que las decisiones no se toman en cada país, y mucho menos reside el poder en el pueblo soberano: nuestros nuevos gobernantes harán lo que se les diga, y punto. Tal situación conllevará una desilusión creciente del pueblo español con la ya muy desacreditada clase política, desilusión que se puede tornar ira cuando la nueva recesión que ahora comenzamos aumente los niveles de paro del 21,5% actual al 25 o 26% en un par de años. Y, sin embargo, lo único que estamos haciendo es seguir un camino conocido: el del colapso. Por cierto que, a propósito del colapso, Dimitri Orlov ha revisado recientemente su modelo de cinco fases de colapso (financiero, comercial, del estado, de la comunidad y de la familia), y su conclusión no puede ser más decepcionante: según él, parece que el gran empeño de los estados por detener el colapso financiero - que debería haberse expresado en toda su magnitud hace dos o tres años- causará que el colapso financiero sobrevenga al mismo tiempo que el comercial, y eventualmente que el del Estado, arrastrado éste por el peso descomunal de la deuda asumida en el rescate financiero. En suma, que su modelo todavía era demasiado gradual y suave comparado con el curso abrupto al que nos arrastra el BAU (Business as Usual). Una nueva muestra de que el descenso por el lado derecho de la curva de Hubbert estará dominado por los efectos no-lineales. Y los eventos actuales en Grecia apuntan a que, efectivamente, el colapso financiero se producirá al tiempo que el comercial: Grecia ha tenido que recurrir a Irán como su suministrador principal de petróleo (gracias, Ángel, por la referencia), ya que otros países no se fían de la solvencia griega. El descenso que nosotros los españoles empezamos, siguiendo el camino de griegos, irlandeses, portugueses e italianos nos llevará desde nuestro pretendido "Primer Mundo", al cual arrogantemente nos creíamos pertenecer por propio mérito, hacia el Segundo o el Tercero en el que hemos sumido sin importarnos un bledo al resto del planeta; y de poco nos servirá que hace un par de años nos codeáramos con los ricos y poderosos: éstos tienen ahora sus propias preocupaciones y les estorbamos en este momento.
Estos días hasta las elecciones son como el mar que se retira antes de la primera ola de un tsunami: hay una extraña e irreal calma mientras una sombra vaga y ominosa se forma en el horizonte. En realidad, si conocemos un poco de Historia y de cómo se ha practicado la economía en el siglo XX sabemos qué va a pasar en España. A partir del lunes se empezará a decir lo que ahora se calla: que es urgente tomar ya medidas para contener el gasto, que es intolerable que el déficit español se desvíe del objetivo (fijado para este año en el 6% y que podría llegar al 8%), etc. Es posible que el Gobierno socialista, en funciones hasta Enero cuando tomará posesión el nuevo Gobierno, se vea obligado a tomar ya algunas medidas drásticas, medidas que en todo caso adoptará el PP cuando entre: bajar de inmediato el sueldo a los trabajadores públicos -otra vez; quizá un 10% en esta ocasión-, recortar aún más en Sanidad, Educación y, ay, en Obra Pública -porque Alemania y Francia están muy sensibilizadas con esos aeropuertos muchimillonarios sin pasajeros y otras estúpidas infraestructuras infrautilizadas hechas durante la época dorada del ladrillo. Habrá, posiblemente, una subida del IVA y seguro una reducción generalizada de subvenciones y ayudas (en lo que a mí me toca, becas de investigación y proyectos). Todo esto llevará a una mayor contracción económica y más paro, con lo que se recaudarán menos impuestos y se tendrá que pagar más en subsidios - en algún momento se hablará de reducir el subsidio de desempleo y el salario mínimo. Y eso en un contexto donde los productos básicos subirán de precio y los no básicos bajarán mientras se liquida el stock, para después volver a subir. En suma, nos iremos haciendo más pobres, más pobres...
El sol se oscurece: la ola ya le tapa, ya la tenemos aquí. En algún sitio tenía que escribir algunas verdades en medio de tantas mentiras como se dicen. No son "rescates" lo que se les aplica a los países, son liquidaciones; no son "cambios de Gobierno por Gobiernos tecnocráticos", son golpes de Estado en el que se da las riendas al matón de nuestros acreedores, que se asegurará que sus patrones reciben su dinero aunque nosotros nos arruinemos; no es austeridad, es ruina creciente; no será orden publico sino represión; no será interés común sino particular; no será recuperar la senda del crecimiento sino adentrarse en la del empobrecimiento; no hay crecimiento sino el fin del crecimiento. Sólo nos queda el pobre consuelo de que estas olas acabarán llegando a Berlín y a Nueva York.
Ya llega el agua.
Salu2,
AMT
Postdata: Efectivamente, este post no va de energía, pero tenía que escribirlo.
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