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lunes, 27 de mayo de 2013

Distopía I: primera mecanonosis



[Las personas y situaciones que aparecen en este relato son completamente ficticias. Cualquier parecido con personas o hechos reales será siempre mera coincidencia]

Comenzó como comienzan siempre las grandes tragedias: de una manera banal, anodina, rutinaria...

Acababa el turno de guardia en el Hospital Provincial de Lleida. Los médicos que entraban comentaban con los que salían los casos clínicos de los pacientes que habían llegado a Urgencias durante la noche. Jordi acababa su relato de la noche:

- ... y el paciente del box 3 tiene una neumonía, con derrame pleural bilateral. Le hemos puesto oxígeno y amoxi por vía venosa, a ver si reacciona rápido porque está un poco apurado. Antecedentes de interés: fumador desde hace más de 30 años.

- ¿Ves, Jordi? - le dijo Jose - ya te digo yo que fumar no sale a cuenta. Por las pelas, claro - y le palmeó el hombro.

- ¿Y cómo coño quieres que aguantemos las guardias de 24 horas? Tú porque eres un tío deportista, que corres todas las medias maratones, maratones completas y dobles maratones que te ponen por delante y más que te pusieran; pero los demás, chaval, tenemos que tirar de cafés y cigarros para aguantar este ritmo, y más ahora con los recortes.

- Va, no te piques. Lárgate ya, yo me hago cargo, y ve directamente a la cama, que haces mala cara...

- No, si me parece que tengo fiebre... todavía alguno de éstos me habrá pegado algo.

A las 8 de la noche Jordi ingresaba en su mismo hospital. Neumonía con doble derrame pleural, le dijeron. Le costaba respirar, le dolían los pulmones en cada inspiración. Le extrañó ver que no le ponían en ningún box, sino en una especie de pabellón de campaña al lado del hospital, lleno de militares y todo el mundo con mascarilla.  Le pusieron oxígeno y amoxicilina en vena, y antitérmicos, pero con el pasar de las horas no presentaba ninguna mejoría; al contrario, se sentía cada vez peor. El momento en que se asustó fue cuando vio entrar a Jose. Tumbado en una camilla como él.

- Jose... - murmuró - qué coño haces aquí... - el esfuerzo de medio incorporarse casi le ahoga, y se volvió a estirar.

- Neumonía - tosió Jose - el paciente del box 3... murió hace tres horas.

En ese momento a Jordi se le paró el corazón. Entonces fue el pánico. 

                           ***********

Durante aquella larga jornada que acabó con la vida del paciente del box 3, de Jordi, de Jose y de 50 personas más la reacción de las autoridades sanitarias fue, técnicamente hablando, impecable, de manual. Tan pronto como hubo una veintena de neumonías explosivas como la del paciente del box 3 uno de los médicos más veteranos se dio cuenta de que aquello no era normal y dio la voz de alarma. La aplicación del protocolo de epidemia peligrosa estuvo a punto en menos de dos horas, pero para entonces ya había 50 personas con neumonía en un Hospital completamente sobrepasado por la magnitud de los acontecimientos. Al caer la tarde el Hospital estaba militarizado y la ciudad de Lleida en estado de emergencia. Algunos de los soldados que se ocuparon de la contención en aquellas primera difíciles horas enfermaron a su vez, como se pudo comprobar, por la falta de precaución en el uso de las mascarillas. Aparentemente el aislamiento y un uso correcto de las mascarillas era suficiente para evitar la propagación de la enfermedad, pero los médicos civiles y militares especializados en enfermedades altamente contagiosas y peligrosas llevaban protección integral, con mono aislante y sistema autónomo de respiración. No había para menos: el 95% de los pacientes morían en un plazo máximo de 48 horas desde los primeros síntomas. Fuera lo que fuera eso, era la enfermedad más peligrosa y letal a la que hacía frente la Humanidad desde la Peste Negra.

                          ***********

El Comandante Javier Pérez, médico militar de la máxima graduación en el dispositivo, estaba reunido en el centro de control que habían improvisado en una pequeña carpa lateral. Le rodeaban algunos de los mejores especialistas del país, civiles y militares, en enfermedades contagiosas y del sistema respiratorio, la mayoría de ellos con un amplio bagage en medicina interna, cardiología y otras muchas especialidades. Los primeros análisis de los pacientes vivos y las necropsias no dejaban lugar a muchas dudas sobre la naturaleza de la amenaza a la que hacían frente: se trataba de una nueva especie de neumococo, una especialmente contagiosa y letal. Pero había algo peor: el condenado bicho no respondía a los antibióticos usuales.

- Es un MARSA - terminaba su presentación un reputado neumólogo madrileño - con un amplio espectro de resistencias que cubre la práctica totalidad de los antibióticos comunes y la mayoría de los antibióticos hospitalarios. Sin embargo, está respondiendo bien al... - aquí el especialista usó el nombre comercial en vez del del principio activo. El Comandante Pérez pensó que seguramente el laboratorio que comercializaba ese antibiótico de nueva generación le estaría pagando un par de congresos y quién sabe si las vacaciones a la eminencia que ahora lo presentaba. Interrumpió secamente al orador en ese punto.

- ¿Porcentaje de recuperación? - espetó

- Bueno, el 10% de los pacientes tratados se recuperan plenamente en dos-tres días - su voz temblaba ligeramente.

- ¿Tamaño muestral? - la voz del Comandante era gélida

- Ehh... bueno, sólo hay 200 personas hospitalizadas ahora mismo, y el tratamiento se ha aplicado a 50 personas... - el gran especialista ya no parecía tan seguro de sí mismo.

- ... y se han salvado 5, es decir, sólo 2 ó 3 más de las que lo hubieran hecho sin su maravilloso mejunje. La muestra es excesivamente pequeña, sus resultados no son significativos - el Comandante había ido elevando la voz a medida que hablaba - En definitiva, que no tiene Vd. una mierda. Señor, aquí no estamos para perder el tiempo - hizo una pausa, para retomar hiriente - ni para ganarnos unas vacaciones en Cancún.

- ¡Comandante, me ofende Vd.! - dijo airado el especialista.

- Sr. González Mejía - la voz del Comandante era más gélida que nunca - tengo poder y potestad para ponerle a Vd. bajo arresto militar si así lo considero conveniente, y no dudaré en hacerlo si no hace el  favor de cerrar su puñetero PowerPoint y volver a su sitio - su dedo índice, señalando la silla que antes ocupara el doctor González Mejía, parecía una fusta para espolear caballos.

El Dr. González Mejía abrió la boca como para decir algo, probablemente para protestar por el uso del "Señor" en vez del "Doctor"  -una muestra de desconsideración imperdonable por parte del Comandante - pero se dio cuenta de que el Comandante lo había hecho intencionalmente y que en realidad ya había agotado su paciencia. Aún titubeó delante de su silla vacía, pensando si aguantar la humillación y sentarse o manifestar su rechazo a los modos del Comandante y largarse. Había dos policías militares en la puerta de la carpa. Se sentó.

El Comandante Pérez estaba furioso. Furioso con el despliegue de colores de los pavos reales de la medicina nacional, sí, pero furioso porque la situación se le estaba yendo de las manos. Habían pasado 5 días: 1000 ingresos, 947 fallecimientos. Y la epidemia había comenzado a propagarse fuera de la ciudad de Lleida. Pronto se tendría que decretar el estado de emergencia a toda la provincia, y a él le relevarían por un oficial de mayor graduación aunque probablemente menos experiencia médica. Al menos, le dejarían seguir al frente del equipo médico - o eso esperaba.

- ¿Nadie tiene algo mejor? - la voz del Comandante tronó - ¿Nadie sabe qué hacer para parar esto?

El Comandante se dio la vuelta y miró a la pantalla de proyección, ahora en blanco. No tenían armas con las que luchar, y eran la última línea de defensa antes de la derrota final. Del Apocalipsis...



- Comandante - una voz joven carraspeó - nosotros tenemos algunos resultados alentadores in vitro.

El Comandante se volvió hacia la voz. Era un hombre de unos treintaitantos, con barba bien arreglada y con gafas. Hipsters, les dicen ahora a éstos, si no fuera por la bata blanca que lleva. Le sonaba su cara: era una joven promesa de un hospital universitario de Galicia, le parecía.

- Te escucho, hijo, pero te lo advierto: no me hagas perder el tiempo.

- Hemos usado una combinación de antibióticos convencionales junto con un inhibidor de la actividad encimática. Con la solución conseguimos casi una eliminación del 100% in vitro. Hemos empezado ya las pruebas con organismos modelo, ratas, y la eficacia por administración endovenosa es del 85%. Queríamos pedir permiso para hacer ya ensayos clínicos con pacientes humanos, dada la urgencia de la situación...

- Nada de ensayos. Ponedles ese preparado a los que estén más críticos.

- Pero, señor, no estamos seguros de las posibles reacciones adversas, el inhibidor encimático...

- Es igual. Tratamiento compasivo. No tenemos tiempo. Es un tiro a la desesperada, pero tenemos que hacerlo.


Nadie se atrevió a replicar. El Comandante sabía que muchos de ellos (González Mejía, el primero) explicarían con pelos y señales a la prensa que la culpa era del Comandante Javier Pérez si al final todo salía mal. Y qué más daba: igualmente lo harían, independientemente de sus medidas. Lo importante es que ahí fuera la gente moría como chinches. Era una guerra por ganar, y él era militar.


                           ***********

El Comandante Pérez se levantó de buen humor aquella mañana. Afeitado impecable, una buena ducha (los obreros se duchan por la noche, los cuadros lo hacen por la mañana, pensó, recordando sus días de campamento) y un buen café para comenzar el día. El medicamento preparado por el doctor Solana (la joven promesa gallega) había resultado ser bastante eficaz: la mortandad había bajado del 95% al 30%, y prácticamente al 0% si se cogía la neumonía en sus primeros estadios. Ciertamente había habido reacciones adversas, en un par de casos con resultado de muerte, pero se trataba de pacientes con muy mal estado de salud de base, y en el resto los problemas no pasaban de ser molestias pasajeras que se pasaban al cabo de un par de días.

Pero lo mejor es que hacía 3 días que no se registraba ningún caso nuevo. Los comerciantes y los políticos presionaban para que se levantara el estado de emergencia, pero el Comandante no lo solicitaría al Gobierno hasta que hubiera pasado una semana sin casos nuevos, "¿o es que quiere Vd. asumir la responsabilidad de nuevas muertes?", le espetó al alcalde; éste calló, como también lo hizo toda la comitiva que había venido el día anterior al campamento militar. Insensatos: cantan victoria tras sólo dos días. Ciertamente la incubación de la super-neumonía (como la llamaban en los diarios) era muy rápida; en menos de 12 horas desde el contacto se desarrollaban los primeros síntomas, y sin tratamiento la muerte sobrevenía antes de 48 horas desde el contacto inicial. Realmente esta bacteria es de lo más cabrón que se había encontrado en su vida de médico militar, y eso que había estado en el África central... "En fin", pensó, "esperemos una semanita y después recogemos los bártulos y le dejamos el campo libre a los epidemiólogos".

Porque ahí radicaba el quiz de la cuestión. De dónde había surgido la super-bacteria. No había ningún foco evidente. El primer caso registrado (el que mató a Jordi y a Jose) precedió de muy pocas horas a medio centenar de casos más desperdigados por toda la ciudad. No era como si la gente hubiera acudido a un centro de dispensación de la super-neumonía, no. No había un patrón espacial claro: la gente que se había infectado durante las primeras horas del brote vivían en sitios distantes de la ciudad, no tenían relación entre ellas y no habían acudido a los mismos sitios en las 24 horas precedentes. Eso hizo pensar al principio que, dado lo contagioso de la enfermedad, la propagación había sido entre los pacientes de la primera oleada, pero después se comprobó que los pacientes no eran infecciosos durante el período ventana de 12 horas en el que se desarrollaba la enfermedad. No tenía ningún sentido. Era como si el caso 0 se hubiera movido a toda velocidad por toda la ciudad, salvo por las zonas peatonales. Y después de tal carrera, ¿qué? ¿Por qué no había ido al hospital, si seguramente se debía encontrar horriblemente mal? ¿Estaría muerto en alguna cuneta?

Había una posibilidad inquietante, y es que quizá el caso 0 era portador pero no desarrollaba la enfermedad, y seguiría infectando a aquella gente con la que tratase. El estado de emergencia le habría confinado en su casa, pero cuando éste cesase volvería a salir, a sembrar la muerte por la ciudad y quién sabe si esta vez el brote llegaría a Barcelona, a Madrid, a París, a Nueva York... Peor aún. ¿Y si se trataba de un bioterrorista? ¿Y si lo de Lleida era un ensayo para algo peor?

Calma, Javier, calma. Las cosas estaban tranquilas después de 3 días y la situación está bajo control; incluso, ya hemos desarrollado un fármaco eficaz, con lo que estamos preparados para la siguiente batalla, si es que se trata de un ataque. En ese sentido, el Comandante podía estar orgulloso: se había ganado los galones luchando contra un enemigo implacable e invisible. Pero aún falta cumplir con un último deber: encontrar su refugio, la última trinchera, y exterminarlo si aún su portador, el caso 0, no estaba muerto.

En Madrid y en el extranjero se tomaban el asunto bastante en serio, aunque con discreción. Por eso, al acabar la primera semana el Centro Nacional de Epidemiología envió un equipo con sus mejores expertos, al que progresivamente se fueron incorporando los mejores especialistas que la OMS fue reuniendo. Ahora el siguiente frente era encontrar el origen de la infección.
  
Dos días más tarde el Comandante no estaba de tan buen humor. El Gobierno acababa de levantar el estado de emergencia. Aún no se habían cumplido dos semanas después del estallido del brote epidémico, pero hacía 5 días que no llegaba ningún paciente nuevo. El equipo médico estaba horrorizado, los epidemiólogos estaban escandalizados, pero no había nada que hacer. Los negocios tenían que continuar y cada día cerrados eran millones de euros menos de ingresos. Con la rampante crisis económica era imposible asumir más pérdidas económicas. Así que el Gobierno levantó el estado de emergencia un domingo por la tarde, y los negocios abrieron el lunes por la mañana. La nueva oleada de casos de neumonía llegó el lunes por la noche.

Pero esta vez algo era diferente. Ningún caso provenía de la ciudad de Lleida.

                           ***********

Artur y Luis eran dos de los epidemiólogos con más experiencia en el Centro Nacional de Epidemiología. Hacía más de 20 años que se conocían y les gustaba trabajar juntos. Artur era minucioso y apasionado de su trabajo, en tanto que Luis era práctico y expeditivo. Formaban un buen equipo, aunque Artur deploraba a veces el excesivo arribismo de su amigo. Pero lo cierto es que había buena sintonía entre ambos y entre los dos había llevado a cabo muy buenos estudios, sin más ayuda exterior. Claro que en este caso se trataba de un asunto urgente y una cuestión de Estado; así se lo dejó claro el director del CNE antes de salir de Madrid. Urgente y cuestión de Estado: mala combinación.

Luis era de Albacete y por tanto no conocía demasiado el terreno por donde se movían, pero Artur era de Barcelona y su familia materna era de un pueblo de Lleida, así que se conocía bastante bien la ciudad y las comarcas que la rodeaban. Quizá por eso él vio inmediatamente un patrón, una regularidad al leer la lista de  los infectados de la segunda oleada. Mientras los demás miraban profesiones, lugares de trabajo y demás el se fijó en la lista de pueblos de procedencia: Térmens, Balaguer, Camarassa, Tremp, La Pobla de Segur,... y dijo sin dudar.

- Es la C-13.

- ¿Qué quieres decir? - le preguntó Luis.

- Toda esta gente vive alrededor de la carretera C-13. Es la vía más rápida para ir desde Lleida hasta Tremp y la Puebla - dijo Artur de forma desapasionada

- Y por tanto la vía más rápida para bajar hasta Lleida e infectarse - el tono de Luis era un poco burlón, aunque sabía que su amigo habría pensado en eso - Tu observación no es desdeñable, sin embargo; quizá toda esta gente o sus familiares directos convergieron en un único punto de Lleida donde se localiza el foco.

- Si miras la lista de infectados - prosiguió Artur con voz calmada- verás que hay muchos jubilados que hace años que no se mueven de su pueblo. Y de éstos la mayoría desarrollaron la enfermedad durante las 12 horas ventana en las que nadie de su familia les pudo infectar. No, no vinieron a buscar la infección a Lleida. La infección les vino a buscar a ellos a sus casas. A las de todos. La muerte circuló por la C-13.

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La extraña vía de propagación de la enfermedad fue, justamente, la clave para resolver el misterio. Casi todas las personas infectadas habían recibido la visita de un comercial de una conocida marca de calderas de gasoil (el último invierno había sido muy frío y la gente se planteaba pasarse de la leña al gasoil). Comparando con los datos de la primera oleada, resultó que más de la mitad de las víctimas de la primera semana habían recibido la visita del mismo comercial. Habían encontrado al paciente 0.

Un equipo de contención de enfermedades se desplazó al domicilio del comercial Pere Alierta. Era una casa unifamliar en el extrarradio; el sujeto tenía poco contacto con su vecindario y eso explicaría por qué el estado de emergencia había conseguido la contención del brote. Si Pere Alierta era resistente a la bacteria, con su sangre se podría hacer una vacuna y se podría investigar mejor y más rápidamente los mecanismos de la fulgurante propagación del microbio dentro del organismo humano.

Llamaron a la puerta pero nadie abrió. No había tiempo de buscar una orden judicial y el Comandante Pérez, bajo su exclusiva responsabilidad (no se había decretado aún el nuevo estado de emergencia; el Gobierno titubeaba dada la nueva distribución espacial de afectados) autorizó que derribaran la puerta. El equipo de contención irrumpió en el apartamento y se encontró con el comercial, que les miraba con ojos suplicantes, agonizante. El hombre vivía solo, y no había tenido fuerzas ni para marcar el 112.

Murió tres horas más tarde. La autopsia confirmó que se había infectado a principios del lunes, y no antes. Nada en su organismo hacía pensar que fuera más resistente a la bacteria. Habían seguido una pista falsa.


                           ***********

- Un pista falsa. Ya lo ves, Artur. Tu idea era buena, pero era una pista falsa - remachó, casi burlonamente, Luis.

- No puede ser. Los patrones coinciden, el perfil de probabilidad es casi perfecto. Si no es él tiene que ser alguien que viaje con él.

- Él viajaba sólo; los comerciales nunca van acompañados. Además, la empresa está atravesando dificultades económicas importantes: mira qué birria de coche que tiene - señaló a un destartalado utilitario, de unos 20 años, que tenía aparcado en la entrada - este hombre tenía que multiplicarse y cubrir un área muy grande. Todo es mera coincidencia.

Artur no respondía. Pensaba.

- Seguro que se retrasaba con el pago de la hipoteca - prosiguió Luis, mirando a la casa: no era gran cosa, tampoco merecía la pena; el banco no se haría rico con esta operación.

Artur hacía rato que no le oía. Se movía frenético por la casa, rebuscando cajones, abriendo la nevera - vacía. Estaba ahí, pero dónde, dónde, dónde...

- Admítelo - Luis le detuvo - este hombre se infectó en otro sitio, en Lleida. Aún no hemos encontrado el caso 0. No hay compañero infectado. Su única compañía es esa birria de coche diésel.

La mirada de Artur se fijó, por primera vez, en el coche. Y lo vio.

- ¡Eso es, Luis! ¡Eso es! - gritó, eufórico.

- El qué, el qué, el qué - dijo en voz cada vez más alta Luis, pero Artur no le oía. Usando un bastoncillo y con sumo cuidado extrajo una especie de gelatina blanca que colgaba del tubo de escape y la introdujo en un frasco.

- Vámonos cagando leches al laboratorio - dijo Artur - si tengo razón hemos encontrado a nuestro caso 0.

- ¿Qué dices? ¿Quién es esa persona? 

- Quién no - Artur aceleraba por las calles de Lleida- Qué.

                           ***********

El análisis de laboratorio confirmó la sospecha de Artur. La gelatina había sido creada por una colonia del super-neumococo. Cuando desguazaron con sumo cuidado el coche, encontraron que todo él estaba infestado de la bacteria. El coche necesitaba un buen repaso, pero, como era un diésel antiguo - seguramente de segunda mano - a pesar de los grumos de gelatina orgánica que flotaban en el combustible el motor era capaz de quemar e ir tirando. Una parte nada despreciable del diésel salía sin quemar por el tubo de escape, y la bacteria, milagrosamente, era capaz de resistir a la cámara de combustión. Un neumococo vaporizado en el aire junto con el humo de la combustión: mala combinación.

El momento en que más bacterias eran vaporizadas en el aire era al arrancar; el coche lanzaba un humo negro y letal que apestaba a las pobres personas que, por educación, habían acompañado al comercial hasta la puerta. Por eso las personas que vivían en pisos no se habían infectado. Por desgracia, algunos transeúntes se había visto expuestos a los gases del coche, ampliando así el círculo de muerte. El propio Pere Alierta había tenido la suerte de no infectarse hasta aquel fatídico lunes; quizá dejó el coche en marcha, quizá lo metió en un garaje, quizá se agachó a mirar algo en el tubo de escape...

Luis acababa su explicación delante del Comandante y del Ministro de Sanidad, desplazado a Lleida para la ocasión - y para las cámaras de los fotógrafos. Habían quedado que sería Luis, como siempre, el que haría la presentación pública - Artur era un poco torpe en contextos como aquél, "tan oficial", y sacaba de sopetón cuestiones inconvenientes. La presentación iba como la seda. El Ministro sacaba pecho: un médico español había encontrado el remedio en tiempo récord - suerte que aún no había terminado su contrato Ramón y Cajal-, dos especialistas españoles habían identificado el foco inicial, que encima era completamente inusual... Los sistemas de ciencia y salud españoles eran de los mejores del mundo.

- Cómo se ha formado el super-neumococo - proseguía Luis - es todavía un misterio, aunque relativo. Las estaciones de servicio se ven obligadas a utilizar muchos biocidas - antibióticos, en realidad-  para evitar la proliferación bacteriana en sus depósitos. Como bien saben, de vez en cuando tienen que alternar los diferentes biocidas porque, de tanto usarlos, las bacterias de los depósitos se vuelven resistentes. Si no se incorporase biodiésel al carburante esto no pasaría, pero actualmente por ley el 7% de la mezcla en Europa y el 15% en los EE.UU. tiene que ser biodiésel. Así que en su gasolinera se está librando continuamente una lucha por mantener la infección del combustible a raya. Infección debida a microorganismos que afectan a los humanos y que ahora afectan a las máquinas porque les damos alimento de humanos (el biodiésel se deriva de grasas vegetales) - la última frase se la había escrito Artur, como todas las anteriores, y la leyó casi sin darse cuenta, bajando la voz al final. El Ministro torció el gesto. "Maldita sea, Artur, me la has jugado, ya tuviste que colar una impertinencia".  Artur esbozó una media sonrisa irónica, adivinando el pensamiento de su amigo.
 
- Pero - prosiguió, prestando más atención a lo siguiente que iba a leer en las notas de la presentación-  como las máquinas no tienen sistema inmunitario, se las tiene que ir medicando a ciegas y no son capaces de eliminar los residuos orgánicos en su interior. Sólo es cuestión de tiempo que, a fuerza de combinar antibióticos, una cepa sea lo suficientemente resistente a todos. Teóricamente tras varias decenas de generaciones (lo que representa entre días y semanas, en el caso de una bacteria) la bacteria ha evolucionado tanto que pierde la capacidad de infectar seres humanos. Sin embargo, algún proceso de recombinación entre bacterias, ya en el depósito de la estación de servicio, ya en un coche, podría dar lugar a una superbacteria. Poco probable, ínfimamente probable en realidad; pero estamos repitiendo este experimento miles, quizá millones de veces, a escala mundial. Si tal eslabón evolutivo es posible, es cuestión de tiempo que se acabe produciendo. Es lo que ha pasado aquí. Lo sucedido, trágico y terrible como ha sido, ha demostrado que los sistemas de respuesta y alerta sanitaria españoles funcionan y son eficaces. Por otro lado, esta tragedia revoluciona nuestra concepción de las enfermedades infecciosas y abre una nueva vía para la investigación en enfermedades infecciosas y la biotecnología, disciplinas en las que España es un país puntero..." La presentación de Luis seguía ya con sus propias notas, y el Ministro sonreía, ufano. Era el momento para que Artur saliera afuera, a tomar aire.



                           ***********


- Esto es como una zoonosis - decretó Luis - pero en vez de animales como vectores de la transmisión tenemos máquinas.

- Una mecanonosis - musitó Artur, de mala gana pero inconscientemente siguiendo la broma a su compañero.

- ¡Exacto! ¡Una mecanonosis! - euforia de Luis - por fin hemos encontrado el término para acabar el informe.

El informe, pensó Artur. El dichoso informe. Más de 10.000 personas muertas en tres frenéticas semanas y lo único que le importaba a Luis era el puto informe. Como mínimo a Artur le quedaba el consuelo de que habían parado la epidemia antes de que se propagase de manera explosiva por todo el país, quién sabe si por todo el continente o por todo el mundo. Sintió un escalofrío. La casualidad había querido que la bacteria fuera muy rápida en causar la muerte. ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido igualmente letal pero su período de incubación y desarrollo de síntomas hasta la muerte hubiera sido más lento, pongamos una o dos semanas? En ese período de tiempo prácticamente todo el mundo podría haberse infectado. Sacudió la cabeza. Mejor no pensarlo.

- Hay que clausurar inmediatamente todas las gasolineras para hacer análisis e inspecciones - dijo al fin - y seguramente los de arriba tendrán que plantearse prohibir el uso de biocombustibles... - lo último lo dijo con media mueca, casi un rictus- ...hay demasiado dinero en juego, seguro que buscarán alguna excusa para no hacerlo...

- ¡Mejor para nosotros! - dijo Luis, cada vez más eufórico, delante de la mirada atónita de Artur - ¡ahora tendremos trabajo a espuertas! ¿Te das cuenta, Artur? Miles de gasolineras por revisar, centenares de miles de análisis por realizar. Tendrán que darnos proyectos, becarios, aparatos... ¡dinero, Artur, dinero! Esta epidemia nos va a permitir volver a la primera división de la investigación microbiológica.

Artur tenía la opción de darle un puñetazo en la cara a su amigo o la de irse a vomitar al baño. Escogió la segunda.


Antonio Turiel
Figueres, 27 de Mayo de 2013

martes, 21 de mayo de 2013

El gran error de los biocombustibles



Queridos lectores,

Desde hace ya un par de décadas en la mayoría de los países occidentales es obligado por ley que una parte de lo que suministran los surtidores de las estaciones de servicio sea lo que la ley denomina biocombustible. Por biocombustible se entiende un líquido de origen vegetal que puede suplir al menos parcialmente los convencionales carburantes de origen fósil. El porcentaje de la mezcla que legalmente debe ser biocombustible de acuerdo oscila desde el 7% que obliga la Unión Europea hasta el 15% que rige en muchos estados de los EE.UU.

¿Por qué se introdujo esta obligación de mezclar los carburantes de origen fósil con un pobre sucedáneo, con menor poder energético y que, como veremos, acarrea muchos problemas? Hubo, en su momento, una motivación principal: disminuir la dependencia del exterior. La idea que tuvieron los legisladores era que nuestros agricultores occidentales acabarían cultivando nuestro propio combustible. Sin embargo, como muestran numerosos estudios la Tasa de Retorno Energético (TRE) de la mayoría de los biocombustibles es tan baja que en realidad eso de "cultivar nuestra energía" es un negocio ruinoso. Tan ruinoso que hasta ahora la adición de biocombustibles estaba subvencionada por los Estados, en la espera de que la tecnología se desarrollase lo suficiente como para que la rentabilidad energética subiera y con ella la rentabilidad económica, y al final el esfuerzo realizado hubiera merecido la pena.

Sin embargo, lo que ha pasado en la práctica es que, al calor de la normativa que por un lado obliga a la adición de biocombustibles y que por otro lado la subvenciona, ha surgido una gran industria a escala global, destinada al cultivo a gran escala de diversas plantas para la producción de biocombustible. Por cierto que conviene aclarar ya que el nombre más correcto para estas sustancias es agrocombustible, puesto que el prefijo "bio" podría dar a entender que son productos naturales y hasta cierto punto respetuosos con el medio ambiente y/o con la biodiversidad, mientras que en la realidad se trata de productos derivados de la actividad a gran escala del sector  agroalimentario y cultivados industrialmente. Y justamente por razón del uso de las técnicas de gran escala que se requieren para poder cubrir tal nivel de demanda es por lo que la TRE es tan baja: para producir los 2 millones de barriles diarios de "biocombustibles" (agrocombustibles en realidad, insisto) que se generan hoy en día en el mundo se utilizan una enorme cantidad de fertilizantes, pesticidas, tractores, cosechadoras y diversas máquinas de procesado, con un gran insumo de energía; un auténtico dislate energético pero que hasta ahora podía ser marginalmente rentable -con las subvenciones- puesto que hasta ahora la energía era barata.

Como se ha denunciado frecuentemente, la producción de agrocombustibles compite con los usos alimentarios, llegando a situaciones aberrantes. Por ejemplo, en 2011 EE.UU. desvió el 43% de la producción de maíz para bioetanol - con una TRE de 1 (!!), mientras que a nivel de todo el mundo el 6,5% del grano cereal y el 8% de los aceites vegetales se destinaron a agrocombustibles (como explica el investigador Tim Searchinger). Argentina cultiva ahora grandes cantidades de soja destinadas a la exportación y la producción de biodiésel (y con una TRE que no llega  a 2), la producción de bioetanol de caña de azúcar de Brasil sólo es marginalmente rentable y el único gran cultivo realmente rentable a escala global es el del aceite de palma proveniente de Indonesia y Malasia (aunque es difícil que pueda mantenerse en el largo plazo pues las prácticas de cultivo que se usan no son nada sostenibles). Y mientras, gracias a que se desvían estos alimentos para dar de comer a los coches de los ricos los pobres se mueren de hambre.

Por si eso fuera poco, la introducción de agrocombustibles genera problemas nuevos, a veces de especial gravedad. Por ejemplo, el etanol de origen vegetal es corrosivo (como en realidad lo son la mayoría de los compuestos derivados de petróleo), lo cual obliga a introducir más inhibidores de la corrosión. Por otro lado, el biodiésel no es perfectamente equivalente al petrodiésel: su molécula es polar y más higroscópica, con lo que con más facilidad puede acumular agua. Este agua disminuye el poder combustible de la mezcla, pero además genera un problema aún peor: en esa interficie demasiado a menudo proliferan colonias de bacterias y otros microorganismos, generando una gelatina que puede producir obstrucciones en el motor, y que si llega a los inyectores pueden causar una avería muy grave. Para evitar reclamaciones, los propietarios de las estaciones de servicio hacen tratamientos periódicos de sus depósitos de diésel con biocidas, los cuales esencialmente son antibióticos - no negarán que es una gran gran ironía: por quitarle la comida a los hombres y dársela a las máquinas hemos conseguido que las máquinas padezcan enfermedades de hombres. Añadan a esto que algunos biodiéseles, como el de aceite de palma, tienen puntos de fusión bastante altos, con lo que a temperaturas moderadamente frías solidifican y causan problemas semejantes - lo cual obliga al gran distribuidor de carburante a tener un ojo sobre la previsión meteorológica a varios días vista a la hora de decidir su mezcla (y si Vd. tiene un coche de diésel, no se extrañe que en días repentinamente fríos el coche tenga una considerable merma de potencia). Todos estos problemas, en suma, suponen un incremento notable costes añadidos. A veces, para evitar la escalada de costes, algunos controles indispensables con la actual complejidad de los carburantes (controles de contaminación microbiana en las cubas de combustible o de separación de los elementos de la mezcla) simplemente no se hacen con consecuencias ocasionalmente fatales. Para acabarlo de agravar, el Gobierno de España ha retirado recientemente la subvención a los biocombustibles pero mantiene la obligatoriedad de tener un 7% en la mezcla final. En suma, todos estos problemas redundan en mayores costes que generalmente son soportados por el último eslabón de la cadena de distribución, las estaciones de  servicio, que en un contexto de demanda decreciente y costes crecientes pueden verse abocadas al cierre (como le está pasando a muchas en España y probablemente en otros países de la OCDE).

¿Hay alguna buena perspectiva técnica sobre los biocombustibles, que justifiquen estas penalidades actuales? En realidad no. Un reciente y muy extenso estudio sobre biocombustibles realizado por el Ejército de los EE.UU. muestra que no sólo los actuales biocombustibles son un contrasentido energético, sino que hasta los proyectados biocombustibles de segunda generación (que provendrían de la fracción celulósica de los vegetales o de las algas marinas) siempre tendrán TREs muy bajas.


Pero los agrocombustibles tienen tres ventajas de tipo más político: 

- Sirven para convertir gas natural en algo parecido al petróleo.  Efectivamente, la mayor parte del consumo de energía en los cultivos industriales se debe al uso fertilizantes, los cuales consumen grandes cantidades de gas natural. Con esta estrategia podemos paliar parcialmente la falta de petróleo (que, recordemos, ha comenzado ya su ocaso). Pero esta estrategia no está exenta del problemas, al contrario: Por un lado, la producción máxima de agrocombustibles es muy limitada, teniendo en cuenta las necesidades de tierra cultivable, agua y fertilizantes; es difícil que jamás llegue a superar los 4 millones de barriles diarios (Mb/d; frente a los 90 Mb/d de todos los líquidos del petróleo que se consumen en todo el mundo ahora mismo). Por otro lado, el pico del gas está a la vuelta de la esquina (incluso contando con la estafa del gas de esquisto explotado mediante la técnica de fracking - estafa de la que hace ya dos años y medio advertíamos en este blog)


- Ayudan a mantener la ficción de que aquí no pasa nada. Efectivamente, gracias a esos 2 Mb/d que aportan a día de hoy podemos, por una parte, transferir energía del gas a energía asimilada a petróleo, y por otro lado en las estadísticas de producción de petróleo contamos dos veces una cierta cantidad (porque contamos el petróleo que va a los tractores, cosechadores, etc y después los barriles de agrocombustibles producidos, aunque ya sabemos que la TRE es prácticamente de 1 en muchos casos, es decir, que la energía consumida para la producción de los agrocombustibles es más o menos igual a la energía que éstos poseen). Y a medida que aumentemos nuestra producción de agrocombustibles podremos mostrar una cantidad mayor de barriles diarios producidos, aunque en realidad la energía que poseen sea igual o inferior a la que se ha consumido, y así la energía neta que llega a la sociedad sea en realidad la misma o menor. Eso sí: puede que maquillemos las estadísticas de producción de petróleo, pero al aumentar la producción de agrocombustibles agravamos el problema del hambre en el mundo.

- Son una pieza importante en la mayoría de los mitos y exageraciones sobre el futuro de la producción de petróleo en los EE.UU.: Lo analizaremos con más detalle en el próximo post; baste decir aquí que los agroocombustibles son una proporción apreciable de lo que se supone que va a subir la producción de todos los líquidos del petróleo de los EE.UU. (asumiendo también que los problemas de producción agrícola no se agravarán, lo cual es dudoso). Lo más divertido es que se pretende hacer creer que la base del futuro energético presuntamente brillante de los EE.UU. son los petróleos de esquisto, cuando esos escenarios asumen que los agrocombustibles tendrán una producción mayor. ¿Qué pasa aquí? Que se tiene que mantener las expectativas sobre el petróleo de fracking mientras no estalle la burbuja.


Si se fijan, las tres motivaciones destacadas más arriba son completamente espurias y cortoplacistas, y en modo alguno responden a las razones que en su momento llevaron a la implantación obligada de los agrocombustibles. ¿Por qué se mantiene, entonces, una estrategia tan errada? ¿Por qué no se hace una reevaluación de objetivos contrastada con datos reales? Mientras no se haga eso iremos tensando otro sector más, éste ya muy comprometido, aumentando el riesgo de colapso repentino y sistémico.



Salu2,
AMT

sábado, 26 de febrero de 2011

Medidas de urgencia del Gobierno Español para el ahorro energético - 25 de Febrero de 2011.

Conflicto evidente entre lo que se quiere y lo que se puede.


Queridos lectores,

Esta última semana le ha tocado a Libia llegar al punto álgido de su revuelta del hambre (y antesala del caos). Es el primer país exportador de petróleo que se ve afectado por la crisis de legitimidad de los regímenes políticos del mundo árabe (el primer país productor de petróleo en ser afectado, Egipto, dejó de ser exportador en 2009 y actualmente destina sus casi 600.000 barriles diarios de producción al autoconsumo por parte de sus 80 millones de habitantes - aunque sólo sea la cuarta parte del consumo per cápita español). Mientras, aún no está claro quién ganará la incipiente guerra civil libia y si el régimen que de ella emerja será capaz de resolver las grandes desigualdades sociales que alimentaron la revuelta, so pena de recaer en ella (la misma duda que en Túnez y en Egipto), a medida que el conflicto se encona crece el riesgo de que la infraestructura petrolera del país se vea gravemente afectada; en los peores escenarios posibles, un Gadafi enloquecido y casi derrotado podría cumplir su amenaza de destruir las infraestructuras de explotación petrolífera, o bien la falta de un poder incuestionado podría llevar dentro de unos meses a la lucha entre las diferentes tribus -que conforman lo más parecido a un tejido social que tiene Libia-  a un conflicto armado a varias bandas y sumir el país en el caos; en cualquiera de estos dos negros escenarios la producción de petróleo caería a cero y el conflicto arrojaría un aún más terrible balance de sufrimiento y destrucción para el pueblo libio. Entre tanto, cada vez más analistas denuncian que la falta de reacción de la OPEP, que no está aumentando de manera significativa su producción para compensar el faltante libio, se debería a que Arabia Saudita no posee toda la capacidad ociosa (cantidad de petróleo adicional que se podría producir antes de 30 días y por un período de al menos 90 días) de la que presume. Existe, además, un problema de fungibilidad: el petróleo libio es de bajo contenido en azufre, en tanto que el excedentario saudí lo es de alto y no se puede procesar en las mismas refinerías.

En este escenario de incertidumbre, con los precios del barril de petróleo crudo cada vez más próximos a los máximos históricos (ayer el barril de Brent llegó en algún momento a los 120 dólares) y con los precios de la gasolina y diésel que ya están en sus máximos de 2008 (debido, entre otros factores, a la presión extra de China que está comprando cantidades crecientes de estos combustibles en el mercado internacional), el Gobierno español ha decidido aprobar hoy un paquete de medidas de urgencia para evitar que el incremento de la factura petrolífera acabe por llevar al país a unos niveles de deuda que, dada la confianza de los inversores internacionales en España, serían inasumibles. En lo que sigue hago un análisis somero de estas medidas y una primera valoración de su impacto. Dado que temo que en el futuro podrían ser necesarias más medidas de este tipo he incluido la fecha de las mismas en el título; Dios dirá lo que nos depara el futuro.

Lo primero que llama la atención es que las medidas propuestas, que son de cierto calibre, no hayan sido consensuadas con otros países europeos para ser tomadas por todos ellos al alimón. Formando España parte de un espacio económico común, no parece tener demasiado sentido que tome decisiones unilateralmente y sin esperar a consensuar una posición con sus socios económicos. Tal urgencia a la hora de regular en un país que no se ha caracterizado por ser de los más proactivos a la hora de tomar medidas anti-crisis transmite una cierta angustia a un servidor que estas líneas escribe; no sé si en este caso han pretendido demostrar que por una vez podíamos anticiparnos a los problemas o es que ciertamente el impacto de la subida continuada del petróleo y los carburantes estaba a punto de pasarle una factura letal a España. Tendremos que esperar a ver qué acogida le dan los líderes europeos a nuestras medidas.

La medida que más se ha destacado en la prensa española es la reducción del límite máximo de velocidad de 120 kilómetros por hora (posible sólo en autopistas y autovías) a 110 kilómetros por hora. De esta medida se destaca al tiempo que es temporal e indefinida, lo cual es intrínsicamente contradictorio (una medida indefinida no tiene un marco temporal fijado, se decidirá según el curso de los acontecimientos, y por tanto no se puede asegurar si será temporal o no). El Gobierno afirma que con esa medida se podrá reducir el consumo de gasolina en un 15% y el de diésel en un 11%. No sabemos en qué informes técnicos se basan para hacer esta aseveración, la cual es difícil de contrastar y de cuantificar. Por una parte, además de las pérdidas por fricción con la carretera siempre presentes, dependiendo del coche a velocidades superiores a unos 80 kilómetros por hora se ve sometido a una deceleración causada por el arrastre turbulento (drag), el cual depende entre otros factores de su coeficiente aerodinámico y del cuadrado de la velocidad a la que se intenta mover. Dado que a esas velocidades esta fricción turbulenta es la contribución dominante a la resistencia al movimiento del vehículo, una reducción de velocidad del 8,33% como la propuesta implicaría la reducción del 16% del consumo de energía para igualdad de otros factores y un mismo trayecto (recuerden: trabajo es fuerza por distancia, y con el acelerador lo que hacemos es compensar el trabajo de fricción contra el movimiento del vehículo). Sin embargo, dependiendo del coche la relación de par motor es mejor para la velocidad de 120 km/h que para la de 110 Km/h, con lo que al ir a 120 km/h, respecto a 110 km/h, se mejora algo el consumo por este concepto. Esas diferencias de par deben ser las que justifican la diferencia referida por el Gobierno entre el impacto sobre el ahorro de esta medida según si el coche sea gasolina y diésel. Una observación interesante: la menor eficacia de esta medida sobre los coches diésel (paradójicamente, por el mejor aprovechamiento de su par motor) da un incentivo político a que, en un futuro, se imponga un límite inferior de velocidad a los coches diésel respecto a los de gasolina; téngase en cuenta que en la actualidad hay una presión superior sobre el mercado mundial del diésel que sobre el de la gasolina, ya que China, cuyo consumo es más industrial que recreativo, compra cada vez más (¿quizá esa presión adicional sobre el gasóleo ha favorecido ciertas noticias recientes que destacan el carácter más contaminante de los coches de diésel?). Sin embargo, en el mundo real hay otros factores que influencian en un sentido u otro las posibles ganancias de eficiencia por trayecto:  las especificidades del motor, el estado de conservación del vehículo... y sobre todo el estilo de conducción. El blog EcoLab nos aporta ciertos datos que apuntan a que puede haber una ganancia signficativa, allá expresada en términos de reducción de emisiones de CO2, con esta disminución de velocidad. Sin conocer la fuente técnica que justifica las decisiones del Gobierno, es posible que haya una disminución de consumo y que se mueva en los márgenes que propone el Gobierno.



Una cuestión diferente es la eficacia de esta medida. En España la gente tiende a conducir a entre 130 y 150 km/h en las autopistas; 130 km/h es típico por que queda dentro del rango de incertidumbre de los radares y así evitas una multa. Un buen amigo me apunta que quizá sea eso lo que se pretenda: que la gente deje de circular a 130 y pase a circular a 120 (siempre abusando de la inexactitud del radar) lo que implica un ahorro de combustible aún mayor y que quizá sirva para justificar las cifras del Gobierno. Sea como sea, no parece verosímil que tenga mucho efecto si no hay un serio despliegue de medios para su control, y eso exacerbará la impopularidad de la medida, que será vista como recaudatoria. En cuanto a la economía de la medida, algunos argumentan con razón que dado que los impuestos representa más de dos tercios del precio del carburante y por tanto 2/3 del ahorro es en realidad redistribución de renta, dado el coste de oportunidad de ir más lento la medida es, en realidad, económicamente negativa. Otros medios más beligerantes con el Gobierno denuncian todo el paquete de medidas como ineficiente ya que impide el libre arbitraje del mercado. La realidad es que esta medida sólo tiene sentido como medida de racionamiento parcial para el uso del coche en largas distancias, con lo que no se está buscando eficiencia económica, sino contención del consumo para evitar la mayor de las ineficiencias del mercado:  el desabastecimiento, aunque al ser la medida local sólo puede combatir los efectos locales que provocan desabastecimiento. Como ya comentamos en su día, hacer convivir un sistema de libre mercado con racionamiento puede acabar por desestabilizar un Estado, así que eso también tiene que pensarse muy bien.



La segunda de las medidas, la reducción de un 5% de los billetes de la compañía estatal de ferrocarriles, RENFE, en sus trayectos de Cercanías y Media Distancia, pretende incentivar indirectamente el ahorro de combustible usado en coches que transitan por las ciudades. En lugar de operar por la vía del racionamiento del caso anterior, se opera por la vía de la subvención. Sin duda una ineficiencia forzada del mercado, y seguro que con el mismo espíritu: evitar el desabastecimiento. Se tendrá que ver el coste económico para el Estado de tal medida. Curiosamente, no se extiende la reducción a los tenes de Larga Distancia, dejando claro que esta medida complementa a la anterior (*).


Por último, la tercera de las tres medidas anunciadas es de la que menos se ha hablado y, sin embargo es la más grave de las tres: el Gobierno forzará "elevar hasta el  7% el porcentaje de biodiésel en las gasolinas y gasóleos que hasta ahora era del 5,8%" (sic). Dejando al margen el mal efecto que hace el error técnico (sin duda que lo que deben de querer decir es el "porcentaje de biocombustibles"; mezclar gasolina con biodiésel no creo que sea una buena idea), esta medida es un auténtico desastre. Lo curioso es que probablemente haya tenido una buena acogida por la sociedad, obnubilida ésta sobre todo por la pérdida del paraíso del "límite de 120", a tenor de los comentarios que leo por todas partes; a fin de cuentas, ¿no son los biocombustibles el futuro?. La realidad muestra que, de las tres medidas, ésta es la que tiene más aristas y efectos indeseados, algunos de los cuales habrán quizá pasado desapercibidos al propio Gobierno:

  1. Esta medida supone una subvención al sector de producción de biocombustibles, ya que por ley se les tendrá que comprar una producción mayor de la actual. Falta saber si pueden reaccionar tanto en tan poco tiempo, y si esa improvisación tendrá graves consecuencias en otros sectores.
  2. Esta medida supone también un racionamiento implícito: el bioetanol y el biodiésel suelen tener, en media, un 70% de la energía de sus equivalentes fósiles, con lo que al pasar del 5,8% al 7% del volumen la energía de la nueva mezcla pasará del 98,26% del equivalente fósil actual (el 98,3% del contenido calorífico de la gasolina y diésel convencionales) al 97,90%; una pérdida del 0,36% del contenido calorífico fósil y una disminución relativa a la mezcla actual del 0,37%. Es una pequeña pérdida, pero es una pérdida al fin y al cabo: su coche hará un 0,37% menos de kilómetros.
  3. La más grave de todas las consecuencias es que la mayor demanda de biocombustibles española introducirá todavía más presión en el mercado internacional de alimentos; como explica este artículo del Washington Post, la consumo de cultivos para biocombustibles en el mundo el año pasado supuso el 6,5% del grano mundial y el 8% del aceite vegetal. Si hasta Krugman reconoce que el precio de los alimentos ha sido el detonante de los conflictos en el Norte de África, apostar por esta vía, que encima tiene una TRE muy baja (con lo que no se está ganando energía, y aparte otros problemas que ya discutimos) es una insensatez. Sobre todo teniendo en cuenta, como vimos, que aumenta el riesgo de transición abrupta y caótica a escala global.

En resumen, el Gobierno español le está comenzando a ver las orejas al lobo; reacciona ahora con la esperanza de que la coyuntura futura le permita replegarse a un escenario más cómodo (lo cual quizá pase, efectivamente, después del siguiente pico de precios, el segundo, pero sólo hasta el tercero). Sus propuestas pueden quedarse cortas y generarán efectos indeseados. Es evidente que una cosa de tanto calado debería ser estudiada con cuidado; por ejemplo, como hizo la Agencia Internacional de la Energía hace años con su informe "Ahorrando petróleo cuando estamos apurados" (léanlo si tienen tiempo, es muy interesante, sobre todo viniendo de un organismo que asesora a los Gobiernos de la OCDE sobre estos temas). o las Cámaras británicas con sistema como de los TEQs, o cuotas comerciables de energía.

Respecto al ciudadano de a pie: Impresión de ineptitud e improvisación del Gobierno. Y en cuanto a los peakoiler, inquietud. Tendremos que seguir vigilantes.


Salu2,
AMT

(*) (Actualización 26-II-2011, 22:30): Un lector me ha comunicado privadamente que la medida no puede extenderse a la Larga Distancia por culpa de las normas de defensa de la competencia de la Unión Europea.

viernes, 23 de abril de 2010

Los límites de los biocombustibles / el pico del fósforo


Queridos lectores,

Hace tiempo que quiero dedicarle un poco de tiempo al análisis de la opción energética que representan los biocombustibles, pero falto de tiempo siempre lo voy aplazando y los temas se me acumulan, así que haré un repaso rápido. Ahí va:

  1. Los cultivos energéticos en latitudes medias como la nuestra tienen un rendimiento termodinámico (EROEI) inferior a uno. Es decir, por cada unidad de energía (típicamente fósil) total inyectada en el terreno (con la maquinaria, los fertilizantes, los pesticidas...) se recupera menos de una unidad de energía (típicamente se obtienen EROEIs de 0.8:1, 0.8 unidades recuperadas por cada unidad invertida). Pueden consultarse las gráficas de Charlie Hall, por ejemplo en el informe "Buscando un milagro", de Richard Heinberg. Para que sean rentables de verdad (sin subvenciones públicas) hace falta reprovechar el grano residual (en el caso del maíz) como alimento para ganado, con rendimiento escaso y dudosa seguridad alimentaria (se usan productos químicos bastante agresivos que podrían pasar a la cadena alimentaria). En consonancia con estos resultados, un estudio reciente dice que se gana más energía neta destinando los cultivos para alimentos que destinándolos para producir biocombustibles.
  2. Solamente en Brasil con la caña de azúcar se consigue un rendimiento mediocre pero al menos con un valor mayor que uno. Eso sí, las condiciones de explotación son extraordinariamente penosas y el método de explotación, con una sobreexplotación del suelo con un monocultivo, insostenible, llevando a una erosión del suelo que puede llegar a ser irreversible. Esto se vende como el milagro brasileño, pero puede convertirse en su pesadilla. Pueden encontrar más datos aquí.
  3. Las plantas terrestres tienen un factor de conversión por función clorofílica bastante ineficaz, en torno al 1% (5% en el caso de la caña de azúcar), pero las algas marinas son bastante más eficaces. Eso sí, aún no se ha conseguido un método de aprovechamiento con rendimiento termodinámico superior a uno, incluyendo los métodos basados en bioreactores. Hay grandes esperanzas en las algas, aunque es dudoso que jamás den grandes rendimientos termodinámicos, y desde luego lejos de los EROEIs de 10:1 que se creen necesarios para mantener una sociedad similar a la nuestra.
  4. Los cultivos para biodiésel podrían tener sentido, de todos modos, ya que sin ellos simplemente la aviación no sería posible. Hay una buena gráfica sobre densidad energética en una presentación reciente de Steven Chu, secretario de EE.UU. de Energía, que se puede encontrar aquí; véase que el fuel para aviones requiere una densidad de 32 Megajulios por litro (compárese con los 0.9 Megajulios por litro de las baterias de litio). Por cierto que les recomiendo la presentación de Chu, a pesar de su tecnooptimismo, porque les dará una buena radiografía de en qué piensa el gobierno de EE.UU. Usaríamos por tanto el biodiésel como un carrier, un portador de energía como lo es la electricidad o el hidrógeno, pero siendo más estable y transportable, y un EROEI de 0.8:1 quiere decir que sólo perderíamos el 20% de la energía convertida, lo cual es muy bueno para un carrier. O sea que hacer biodiésel puede ser, de todos modos, útil, siempre que obtengamos la energía de otras fuentes. Sin embargo, esto plantea dos graves problemas que abordo en los puntos siguientes.
  5. El desvío de cultivos para biocombustibles (biodiésel y bioetanol) implica disminuir la superficie cultivada para alimentos. En el Acorazado Aurora encontrarán lo que esto va a implicar en términos de cómo funciona el mercado, pero no hace falta imaginar, podemos recordar: durante 2008 hubo graves problemas alimentarios en el mundo, con subidas del precio del maíz récord que causó problemas en México, a medida que se destinaba más maíz para hacer etanol para cubrir la falta de petróleo que llevó al pico del precio en Julio de 2008. ¿Queremos que para sacar el coche más millones de personas se mueran de hambre?
  6. El problema más grave de todos es el del uso del fósforo. Por una parte es un problema ambiental (el arrastre del fósforo crea proliferaciones de algas tóxicas (HABs) en estuarios, matando la vida marina), aparte del deterioro del suelo por el monocultivo. Pero es que resulta que el mineral de fosfato, que es de donde se está sacando el fósforo para los cultivos en todo el mundo, es también un recurso mineral agotable. Y su pico fue... en 1989. Lo más triste del problema del fósforo es que es bien conocido desde hace un siglo o más; si hasta Aldous Huxley lo comenta en sus novelas (como en "Un mundo feliz"). El pico del fósforo daría y merece otro post en sí mismo, pero es tan profundo y deprimente (la agricultura, y por ende, nuestro suministro de alimentos depende del fósforo) que es mejor dejarlo para momentos ulteriores. Pueden encontrar mucha información sobre la cuestión en Energy Bulletin, más concretamente en este enlace. Curiosamente, el problema del pico del fósforo comienza llegar a los medios de comunicación convencional. Que no cunda el pánico: podemos -y de hecho debemos- reaprovechar el fósforo de nuestras heces. Huxley es todavía más radical y propone reaprovechar los cadáveres...
En resumen, los biocombustibles no serán una fuente de energía, pueden causar muchos problemas ambientales y de seguridad alimentaria, aunque pueden ser útiles para ciertos usos. Pensemos bien cómo queremos usarlos, porque ya nada en este mundo es gratis.

Salu2,

AMT