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viernes, 6 de marzo de 2020

Según lo previsto




Queridos lectores:

Estos días, la economía del planeta está sufriendo uno de los frenazos más fuertes que se recuerdan, sobre todo por lo repentino. En cuestión de unas pocas semanas, la actividad industrial en la fábrica del mundo, China, ha caído drásticamente. Tal caída se refleja en multitud de indicadores, como es el comercio de materias primas y también en el descenso de la contaminación. Una imagen en particular ha ilustrado muy bien lo que está pasando en el gigante asiático: son imágenes composite del satélite europeo Sentinel 5P, que nos muestran la concentración atmosférica de óxidos de nitrógeno sobre China, a principios de enero y hace unos pocos días.




La razón de este frenazo económico tan salvaje es el dichoso coronavirus.

Antes de ir al análisis económico propiamente dicho, querría dejar claras una serie de cosas sobre mi opinión sobre la epidemia del CoVid-19 que se está extendiendo por todo el planeta.

Como ya comenté en el post anterior, este coronavirus representa sin duda un serio problema de salud pública. Se trata de un germen que está demostrando ser bastante infeccioso, y eso está favoreciendo su rápida extensión geográfica en un mundo tan globalizado como es el nuestro. 

¿Es el CoVid-19 una gran amenaza? Pues no a nivel de la especie humana, pero sí a nivel de los sistemas de salud.

Esta enfermedad está lejos de ser una amenaza a la continuidad de la especie humana. Como muestran los datos que va compilando la OMS, la tasas de mortalidad en la mayoría de los grupos de edad (menores de 50 años) son relativamente bajas, de alrededor del 0,3%, 3 de cada mil, y en un gran número de casos (se suele decir que el 80%) se trata de personas con patologías previas. Además, esa tasa de mortalidad está calculada sobre el número de casos reportados (mortalidad aparente), pero en muchos casos la enfermedad cursa de manera tan leve que mucha gente puede haberla padecido sin saberlo. A falta de un estudio epidemiológico que lo corrobore, se estima que hasta un 80% de los casos de infección por el CoVid-19 no son reportados, lo cual querría decir que se deberían de dividir las tasas aparentes hasta por 5. Por tanto, la mortalidad que va a inducir este virus será muy inferior al crecimiento vegetativo de la población humana y por sí mismo el CoVid-19 no compromete la existencia de la Humanidad. Sin embargo, cuando se habla de los fríos hechos estadísticos conviene recordar que estamos hablando de seres humanos, de carne y hueso, que han muerto y van a morir por esta enfermedad, y cualquier pérdida es siempre lamentable. Además, al igual que pasa con la gripe y otras infecciones causadas por virus de esta familia, también mata a gente perfectamente sana sin patologías previas; a muy pocos, pero también pasa.

Sin embargo, el CoVid-19 supone un problema muy importante para los sistemas de salud. Por un lado, porque la mortalidad (aparente) se dispara en los grupos de edad por encima de los 50 años, llegando a ser del 20% en los mayores de 70 años. Por el otro, porque en todos los grupos de edad genera una gran morbilidad: el tiempo típico para recuperarse completamente de la enfermedad (y no ser infeccioso para los demás) es de unas dos semanas, y hasta el 10% del total de los infectados (reportados) requieren hospitalización, que encima es de larga duración (más de 10 días). Por tanto, si una infección por CoVid-19 se extendiese ampliamente por un territorio colapsaría en nada de tiempo la capacidad del sistema sanitario de darle una respuesta adecuada, y eso redundaría también en mayores tasas de mortalidad. Es por todo ello que el CoVid-19 no puede tomarse tampoco a la ligera.

Teniendo en cuenta la experiencia que tenemos con otras infecciones respiratorias similares, lo más probable es que en las próximas semanas veamos una contención y después una disminución del número de nuevos infectados, a medida que las más altas temperaturas y sobre todo la más intensa radiación UV esterilicen las superficies donde se encuentra el virus, dificultando su propagación. A pesar de que siempre se tienen que mantener todas las cautelas tratándose de una enfermedad nueva, cuyas características epidemiológicas aún no se conocen, parece probable que hacia abril la epidemia esté más que contenida y que en mayo sea algo residual. Cabe, por tanto, tener paciencia y seguir trabajando para contener la expansión del virus.

Dado que además se trata de un retrovirus, que tiene un gran potencial para ir mutando, lo más probable es que el año que viene cepas del CoVid-19 formen parte del pool habitual de virus que infectan estacionalmente a toda la humanidad, como ya pasó con la gripe A. En suma, será un factor más a tener en cuenta en nuestros planes sanitarios, y todo volverá más o menos a la "normalidad" (normalidad que es de una extremada complejidad para los gestores sanitarios, aunque de eso mucha gente no se de cuenta).

Importante como es el CoVid-19, no parece más importante que muchos otros problemas que comprometen el futuro inmediato y a más largo plazo de la Humanidad. Ha habido diversos autores que se quejan de que hasta ahora no se haya dado una respuesta adecuada a la crisis climática, que pone en peligro a toda la Humanidad, pero con el coronavirus se ha podido disminuir radicalmente las emisiones de CO2 en cuestión de pocos días. Se comenta también que no es de esperar que el CoVid-19 mate más que a unos cuantos miles de personas, mientras que la contaminación atmosférica mata a 8 millones de personas al año. Obviamente, la diferencia entre unos y otros es que en el caso del CoVid-19 las medidas que se toman tienen vocación de temporales (todo el mundo cuenta con poder retomar la actividad progresivamente a partir de mayo), mientras que luchar verdaderamente contra las causas de nuestros problemas climáticos y ambientales requeriría cambiar permanentemente nuestro sistema económico. Además, en el caso de los problemas ambientales, la población más afectada se encuentra en países "en vías de desarrollo", y por tanto, siendo cínicos, tiene "poca importancia" en los países más desarrollados.

Hay un aspecto, sin embargo, que querría destacar de la crisis del coronavirus. Estos días hemos sabido que se ha producido una fuerte caída de demanda de petróleo en China, que llega a ser del 20% de su consumo: 3 millones de barriles diarios menos, por tanto. Es una bajada muy fuerte, y eso solo en China. Al albur de la recesión económica mundial que parece estar gestándose como consecuencia de este parón repentino de actividad, es de esperar que otros países reduzcan también su consumo. 

Esta caída repentina del consumo ha tenido consecuencias inmediatas sobre el sector petrolífero, que como sabemos lleva años atenazado por el problema de los bajos precios y los costes crecientes. Por lo pronto, la OPEP ha decido reducir su producción de petróleo en 1,5 millones de barriles diarios para hacer frente a la situación, en un movimiento que parece indicar que ellos están dispuestos a asumir la mitad de la reducción, pero que la otra mitad la deberían asumir el resto de países productores.

La caída de producción de la OPEP, que será asumida principalmente por Arabia Saudita, supondrá un alivio importante justamente para ese país. Como recordarán, en septiembre pasado unos atentados comprometieron seriamente la capacidad productiva saudí, y no era de esperar que se pudiera reestablecer la producción plenamente antes de entre 6 y 9 meses. Para compensar la parte faltante de la producción, Arabia Saudita ha ido tirando del petróleo que tenía almacenado en sus depósitos para cumplir sus compromisos internacionales, pero esa estrategia no podía prolongarse más que unos pocos meses. Así que la llegada del la crisis del coronavirus va a ser más que bienvenida en Arabia Saudita, porque al mismo tiempo le va a permitir avanzar con menor presión en la reconstrucción de sus instalaciones, y por el otro podrá aprovechar este tiempo para recargar sus depósitos. Si la crisis del coronavirus se prolonga dos o tres meses más, seguramente eso será suficiente para que la industria petrolífera de Arabia Saudita pueda recuperarse del todo.

Comentábamos en diciembre del año pasado, cuando enunciaba las previsiones para este año, que lo más probable es que el principio de este 2020 estuviera marcada por un intento de los principales agentes económicos de domesticar la crisis económica que viene larvándose durante los últimos años. La crisis del coronavirus ha dado la ocasión perfecta para pilotar ese aterrizaje, quizá más brusco de los deseado pero probablemente más suave de lo que hubiera pasado sin ningún control. Eso quiere decir que todo va según lo previsto, estamos siguiendo la hoja de ruta que se marcó para este año. Eso implica también que el precio del petróleo se va a mantener bajo, prolongando el daño a las petroleras y en particular al muy maltrecho y a punto de agonizar sector del fracking estadounidense. Y por tanto se hace más probable que en la segunda mitad de 2020 estalle la crisis del petróleo que también anticipábamos. 

Es decir, todo va según lo previsto.

Salu2.
AMT

viernes, 28 de noviembre de 2014

La ilusión del control


Queridos lectores,

Tenía la intención de dedicar al siguiente post a la puesta al día de "El ocaso del petróleo", pero debido a un largo viaje y muchos compromisos no me ha sido posible terminar en tiempo razonable ese análisis (que espero que sea el siguiente post). Adicionalmente, dados los eventos actuales he creído oportuno hacer este breve post, resumiendo algunas ideas muchas veces repetidas en este blog pero que, por lo que parece, no son capaces de penetrar el muro de silencio (paradójicamente, construido con ruido) que imponen los medios de comunicación de masas sobre dos hechos claves en nuestro futuro inmediato: la escasez de petróleo y la desestabilización climática.

Hablo de muro de silencio, y sin embargo los dos temas ocupan bastantes páginas de los diarios e incluso de los noticieros televisivos estos días. Sin embargo, tal despliegue mediático, tal repetición de discusiones y reportajes focalizados sobre estos temas, que presuntamente muestran una pluralidad de puntos de vista, ocultan en realidad los planteamientos más sólidos y que dan la explicación más directa y evidente sobre lo que está pasando.

Veamos primero la cuestión del petróleo. Unos medios y otros explican que la bajada de los precios del petróleo de las últimas semanas son debidas a un exceso de producción, que el mercado está inundado de petróleo y que en realidad lo que está pasando aquí es una guerra comercial entre unos y otros productores, que pretenden hacerse con un trozo mayor de la tarta. En lo que nadie se pone de acuerdo es quién está provocando esa producción excesiva. De acuerdo con algunos reputados analistas, la culpa es de Arabia Saudita, que respondiendo a las solicitudes hechas por los EE.UU. está aumentando su producción (ya que se asume que Arabia Saudita puede aumentar su producción de petróleo tanto como le dé la gana) para castigar a la díscola Rusia y hacerle pagar sus veleidades imperiales, en un movimiento similar al que - según reza el manual de estos expertos - llevó en 1991 a la caída de la Unión Soviética. Según otros analistas tanto o más reputados que los anteriores, lo que sucede aquí es que en realidad Arabia Saudita, molesta con la presunta independencia energética de los EE.UU., ha decidido hundir las explotaciones vía fracking del shale americano, que necesitan un precio por barril superior a 60-80$ para ser rentables. Por último, rizando el rizo, hay un tercer grupo de analistas tambien reputadísimos que nos dicen que en realidad es la propia bonanza del petróleo de fracking americano, cuya producción no cesa de aumentar, la que está causando la actual caída del precio del petróleo; no con la intención de castigar a los otros países sino con la de favorecer a su propia industria, pero obviamente hay víctimas colaterales. Pero independientemente de a qué grupo de analistas pertenezcan, la opinión casi unánime es que la bajada de precios del petróleo ha llegado para quedarse y que va a ser positiva para las economías de los países importadores y particularmente para las de los Occidentales, en tanto que puede poner en aprietos a países como Irán, Venezuela o Nigeria, que tendrán que aprender a vivir en un mundo con un mercado "más competitivo".

No es que las teorías propuestas no tengan ninguna base. El rublo y la bolsa rusa se están desplomando  como consecuencia de la bajada de los precios del petróleo. En los EE.UU. la explotación del fracking se está frenando. Por otro lado, también es cierto que muchos productores de la OPEP sufren con los actuales precios del petróleo. Lo que es radicalmente erróneo de todas las teorías propuestas es que se basan en la ilusión del control: todas ellas se basan en que hay alguien manipulando el precio por su interés, aunque resulta que no hay ningún ganador claro en ese juego. Las mayores empresas del sector están hiperendeudadas, y la bajada de precios las puede hacer quebrar; y muchos países productores necesitan precios altos para poder equilibrar sus balanzas fiscales.







En realidad lo que pasa es algo muy simple, y que hemos explicado en este blog desde sus comienzos: el petróleo no es una materia prima más. El petróleo es la principal fuente de energía del mundo y la más versátil, difícil de substituir en muchos usos; y la energía no es una mercancía más, puesto que la energía es la precursora de la actividad económica y no al revés. La escasez manifiesta del petróleo (como reconoce de forma cada vez más elocuente aunque a regañadientes la propia Agencia Internacional de la Energía) genera una espiral de inflación-destrucción de la demanda-deflación-destrucción de la producción y vuelta a empezar, que va a causar que cada vez haya menos producción de petróleo disponible aunque potencialmente se pudiera producir más; como repite incansable Gail Tverberg no es una cuestión de que haya o no petróleo, sino de que nos podamos permitir pagarlo. Y es que la escasez de petróleo asequible no genera precios altos, sino volatilidad: subidas y bajadas repentinas de su precio. También desde los principios de este blog explicábamos que lo que cabe esperar para la evolución del precio del petróleo es algo así:

El modelo banal que usaba entonces para discutir la evolución ulterior  del precio del petróleo ha resultado compartir muchas características de lo que ha ido pasando en los años posteriores; y sin embargo hoy en día se escuchan muchas voces diciendo que eso del peak oil es una tontería justamente porque está cayendo el precio del petróleo, cuando justamente la volatilidad salvaje era lo esperable al llegar el peak oil. Como explicábamos con mucho detalle en el post "La espiral", la actual caída del precio del petróleo es, sobre todo, fruto de la caída de la demanda y no de un gran aumento de la oferta. Aquellos analistas que están señalando a Arabia Saudita como la culpable de la actual caída de precios que empezó el pasado mes de Septiembre deberían de saber que en realidad ese país disminuyó su producción en Septiembre y volvió a disminuirla (como hizo el conjunto de la OPEP) en Octubre. Que en la reunión de hace unos días la OPEP haya anunciado que no recorta las cuotas de producción no significa, como malinterpreta la mayoría de los analistas, que quieren que el precio baje aún más, puesto que las cuotas fijan un máximo, no un mínimo: cualquier país de la OPEP puede producir por debajo de cuota si así lo desea y en realidad es lo que están haciendo. El mensaje que envía la OPEP con ese mantenimiento de cuotas es que no quieren ser ellos los que asuman en solitario el esfuerzo de estabilizar los precios. Y aún así, lo están intentando en parte, produciendo por debajo de cuota, lo que les lleva a sufrir puesto que sus ingresos caen por debajo de sus gastos y algún país podría reventar en el proceso, lo que dispararía de nuevo el precio del petróleo y agravaría la recesión global en curso, que es la causa real de la caída de la demanda y por ende de la bajada del precio. 

En realidad, la producción de petróleo se ha vuelto enormemente inelástica y variaciones en la demanda relativamente pequeñas provocan variaciones enormes del precio, como explica Euan Mearns en este post:


El efecto del peak oil sobre los precios es exactamente ese: oscilaciones salvajes como reacción a movimientos relativamente pequeños. La contracción económica global que según parece está comenzando explica esa pequeña caída de la demanda que está provocando esa gran caída del precio. En realidad todo se entiende mucho mejor si en vez de mirar al precio va uno y mira a la producción, como ya explicamos. La realidad es que incluso contando todos los hidrocarburos líquidos que más o menos asimilamos a petróleo la producción total no aumenta desde hace meses.
 
 
Y sin embargo cuando más evidente es que algo grave está pasando, más porfían los analistas en decir que es un determinado país el que está manipulando el mercado, e incluso llegan a decir que se tiene que intervenir contra él.

El otro grave hecho que se está manifestando con más fuerza estos días es el de la desestabilización climática. Nevadas inusualmente copiosas en el Norte de los EE.UU., inundaciones inauditas en Israel y Gaza, y en este preciso momento un gran temporal de viento y lluvia está comenzando a azotar España. Algunos boletines meteorológicos locales hablan de un gran temporal de levante, cosa que era bastante habitual en la costa mediterránea española a finales del verano pero no en el último tercio del otoño en el que nos encontramos. El contexto general de las informaciones meteorológicas, a pesar de la proliferación de alteraciones climáticas profundas en este país (como las ciclogénesis explosivas que afectaron la cornisa cantábrica el último invierno o el anómalo verano que hemos vivido en el tercio norte de la península ibérica), es de intentar hacer encajar estas anormalidades en el contexto de la predicción meteorológica estándar, lo cual es cada vez más aberrante y más incomprensible. En realidad, como explica Robbert Scribbler se están produciendo cambios muy profundos en la corriente de chorro polar (sí, esa misma que mencionábamos en el post más destacado de este blog, "Un año sin verano"), tan profundos que ahora ya no gira en torno al Polor Norte sino, empequeñecida, alrededor de Groenlandia. Y la actual tempestad en España es consecuencia de uno de los bucles que nos envía el mínimo groenlandés, como se ve en el siguiente mapa de vientos sacado del post de Scribbler:


Cada vez es más flagrante que los cambios de nuestro clima se están acelerando, cada vez pasan más cosas inusuales y de mayor intensidad y gravedad, y sin embargo la actitud mayoritaria de las agencies estatales de predicción meteorológica es la de informar como si lo que pasase es un tiempo un poco extraño pero dentro de la variabilidad natural y esperable, y para nada vinculable al cambio climático. Se trata, sobre todo, de transmitir una imagen de tranquilidad y de que no hay de qué preocuparse, de que todo está bajo control...
 
Pero es que en realidad nada está bajo control, y ése es el problema real. Es muy duro saber que se vive en un mundo que nadie controla, sobre todo cuando uno es consciente de que nuestra indolencia de las pasadas décadas han hecho que nuestra economía y nuestro mismo hábitat se comporten ahora de una manera caótica y desordenada, anticipando muchos problemas en el futuro. En el caso de los recursos, es enorme la tentación de construir una fantasía tranquilizadora, en la cual hay un villano sacado de una película que está complicando las cosas y al que hay que derrotar para que todo vuelva a su estado normal. El problema de este discurso causal, de esa ilusión de que en realidad todo está bajo control (aunque sea el control de las manos equivocadas), es que en el corto plazo proporciona la esperanza de que las cosas se van a arreglar (el villano va a entrar en razón y cederá a las presiones razonables de "los nuestros"), pero si los problemas asociados con el estado de las cosas no disminuyen al final se acaba produciendo un "efecto boomerang" y la población e incluso las élites acaban reclamando una actuación decidida contra el villano como forma de arreglar el problema de una vez por todas (vean, por ejemplo, lo que refería Ugo Bardi con motivo de una reciente comparecencia suya delante del Parlamento Europeo). Básicamente, acaba habiendo una turba que exige linchar al malvado al que le echan la culpa de todos sus males, cuando realmente el pobre diablo tiene sus propios problemas y lo que está pasando no es culpa suya. Y la situación es bastante más grave si ese espurio villano al que queremos linchar es en realidad un país con armamento nuclear como Rusia.

La situación no es mucho mejor respecto a la desestabilización climática. Aquí no se trata de aplastar a un enemigo, sino de pretender que no hay ningún problema, mientras la situación es cada vez más preocupante e incluso algunas personas pierden la vida por no saber reaccionar delante de eventos que superan por su magnitud a lo que se esperaban. Aquí el enemigo es real (el cambio climático) pero imposible de combatir por medios convencionales y por ello se opta por ignorarlo mientras va llevándose su peaje de muertes y destrucción, el cual pasa con sordina por los medios. La ilusión del control pasa, en este caso, por dar por normal y asumible la desgracia creciente.



En ambos casos, la fe ciega en el poder omnímodo del hombre nos lleva a creer que controlamos procesos que escapan por completo a nuestro control, e incluso a nuestra comprensión simplemente porque no queremos mirarlos con objetividad. Como sociedad, somos obsesos del control, y no nos damos cuenta de la pequeñez de la Humanidad delante de los enormes procesos que hemos desatado. Solamente si por una vez fuéramos capaces de mirar a la Naturaleza de manera más sencilla y humilde, aceptando nuestras limitaciones, podríamos adoptar estrategias simples que reducirían tanto mal. Pero, obsesionados por el control del cual en realidad carecemos, seguimos ciegos caminando hacia un desenlace que podría llegar a ser fatal.

Mañana volaré de vuelta a casa; espero que las tormentas de estos días no me impidan llegar a mi hogar. Tengo ganas de regresar y poder estar de nuevo con los míos, ahora y durante los tiempos oscuros que nos aguardan.

Salu2,
AMT

lunes, 23 de junio de 2014

Revista de prensa."El viejo orden petrolero se impone". El País, domingo 22 de Junio de 2014



Queridos lectores,

Varios lectores me han pedido que haga una crítica razonada de un artículo que acaba de aparecer en el diario El País, firmado por los señores Gualtieri y Bolaños, en el que se hace un rápido repaso de la situación energética actual partiendo del hecho de la rápida subida del precio del petróleo de los últimos días y llegando a diversas conclusiones, muchas de las cuales pueden inducir a error al lector cuando no son ellas mismas directamente erróneas. Tratar de desmontar todos los artículos llenos de tópicos y de graves confusiones que publican los medios de comunicación sería una tarea ímproba, aparte de inútil puesto que los blogs y páginas web que se dedican a la divulgación del peak oil y la escasez de energía no tienen ni de lejos el alcance de los medios de comunicación convencionales. Sin embargo, de vez en cuando resulta conveniente desmontar detalladamente alguna de estas piezas de desinformación o de mala información para mostrar algunas falacias recurrentes, ya que eso ayudará al lector avezado a hacerlo por sí mismo con futuras piezas periodísticas de semejante jaez que a partir de ahora menudearán a medida que nos adentramos en la siguiente fase del descenso energético inevitable de nuestra sociedad.

No copiaré literalmente todo el artículo, el cual pueden encontrar siguiendo este enlace: "El viejo orden petrolero se impone".

El subencabezado deja claro lo que nos va a transmitir el artículo: "La escalada del crudo por la guerra iraquí renueva el temor por la gran dependencia de Europa de las zonas inestables y la necesidad de avanzar en alternativas". Transmite las que a mi parecer son las dos ideas erróneas clave del artículo: en primer lugar, que el problema de depender de zonas inestables es sólo de Europa, y el segundo que existen ya disponibles alternativas viables a gran escala al petróleo. Como iremos explicando, ambas ideas son radicalmente falsas pero están en consonancia con la propaganda que difunde una parte de la industria.

Todo el primer párrafo está trabado con precisión para transmitir toda una colección de tópicos sobre el petróleo. Se nos dice que seguimos los dictados de la OPEP, sin nunca mencionar que ésta extrae menos de la mitad del crudo que se consume en el mundo y que en realidad ya no tiene capacidad de modular los precios. Alude a continuación a que la OPEP manda a pesar, dice, de "la apuesta por las energías renovables, la moda de los coches híbridos o las técnicas de explotación alternativa como el mentado fracking", que según los autores no están teniendo el impacto adecuado en disminuir nuestra dependencia de la OPEP porque son demasiado caras, están verdes o falta la voluntad política que las respalde. Esas tres características, enunciadas en ese orden, muestran claramente la intención del artículo: dado que nadie atribuye al fracking ser caro (a pesar de que en realidad no es rentable) ni el estar verde, queda claro que el problema del fracking es la falta de voluntad política. Esto enlaza con la entradilla: si Europa está acogotada por las veleidades de la OPEP (y de Rusia, que se dice de pasada a pesar de que en realidad el 46% del petróleo consumido en Europa es de origen ruso) es porque falta voluntad política para apostar por el fracking. En suma, tenemos aquí otro artículo que tomando un tema de actualidad va dirigido a defender esta burbuja financiera antes de que acabe de reventar y sea ya invendible.

A continuación nos explican que de momento el precio del petróleo no sube demasiado porque la economía de los países desarrollados aún no sube, pero que "en cuanto la recuperación se afiance, las preocupaciones por los posibles cortes de suministro y la escalada de precios pesarán como una losa sobre las naciones desarrolladas y emergentes". El primer argumento es cierto a medias, como muestra este gráfico:


Gráfico del post http://ourfiniteworld.com/2014/05/21/the-connection-between-oil-prices-debt-levels-and-interest-rates/ de Gail Tverberg
En realidad, después del infarto económico masivo de 2008 y la recuperación paulatina del precio durante 2009 el precio del barril de  petróleo se ha mantenido casi siempre por encima de los 90$ y durante los dos últimos años por encima de los 100$ frecuentemente. Los 7 dólares de repunte de la semana pasada no son despreciables, pero obviamente la cosa no estaba demasiado barata antes. De hecho, ese tipo de redactados sirve para que al lector medio, que no sigue para nada la evolución del precio del petróleo, le parezca que el precio era "normal" hasta hace unos días y ahora esté muy elevado. Por otro lado, respecto a la segunda frase sirve para meter miedo, útil para defender ciertas opciones como el fracking, e introduce un concepto que en unos años será moneda común: interrupciones del suministro, recuperación económica tan ansiada que descarrila por el alto precio del petróleo. ¿A qué esperamos para sacarnos de encima esta losa? A continuación nos habla sin entrar en detalles, de los planes para "lograr una mayor independencia energética" de los EE.UU. (de nuevo, el fracking) y el resto de América (¿de qué hablamos aquí? Fracking en Argentina, aguas profundas en Brasil, extrapesados en Venezuela... YPF, Petrobras, Pemex y Petróleos de Venezuela están intentando encontrar inversores estratégicos que no encuentran pues las compañías multinacionales ya no quieren perder más dinero), y que China hace sus apuestas energéticas. Los únicos sin un plan son los europeos, según se desprende.

A continuación, se reconoce sin incidir demasiado en los inquietantes detalles, en los problemas de Libia, Nigeria o Irán; por cierto risible lo de que Irán "aún está tocado por las sanciones internacionales"; está claro que estos periodistas no reconocerían qué es el peak oil de un país aunque les mordiera una mano:

Gráfico de Flujos de Energía (http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html), elaborado con dados del BP Annual Review 2014
Después, un par de mentiras o errores en una sola frase: "Los saudíes, primeros productores mundiales de crudo, han conseguido ajustar bastante la extracción a la demanda del mercado y controlar los precios". Primera mentira o error: el primer productor mundial de crudo es Rusia; Arabia Saudita es el primer exportador. Segunda mentira o error: Arabia Saudita ya no controla nada. El año pasado puso en producción los últimos grandes campos que le quedaban por explotar y que no explotaba por sus enormes costes e inconvenientes: Shaybah, Khurais y Manifa. Y ya está: ya no le queda más, y con eso se ha podido mantener cerca de la raya de 10 millones de barriles diarios (Mb/d) de petróleo. Pero el campo supergigante de Ghawar (que él solito producía el 6% de todo el petróleo del mundo y más de la mitad de la producción de Arabia Saudita) ya ha iniciado su declive, así que el futuro no es precisamente brillante para el reino wahabita. Por tanto, se está intentando proyectar una imagen de tranquilidad y de control que para nada casan con la realidad.

Pero a continuación nos comienzan a comentar sobre los problemas en Irak y nos dejan ver que era un país productor importante y que de algún modo, pese al control que tiene la OPEP sobre precios y producción, no podemos prescindir de él, y de hecho se reconoce que según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la mayoría de la nueva producción de la OPEP tendría que venir de allí (el falso eldorado iraquí, como ya comentamos). Este trozo del artículo se remata con la clásica confusión entre reservas y producción.

Empieza entonces una fase diferente de este largo artículo, consistente en describir (y alabar) el milagro de la producción de petróleo norteamericana. De paso y de rondón, se deja caer que la reforma energética en México será beneficiosa para ese país (cosa que no todo el mundo ve tan clara). Por cierto que hay un detalle que demuestra que los autores entienden bastante bien de lo que hablan, pues en los parráfos que versan sobre la OPEP usan la palabra "crudo", pero hablando de los EE.UU. dicen "petróleo", que en realidad quiere decir "todos los líquidos del petróleo", una espuria categoría contable que inventó la AIE para maquillar la realidad, y que tanto incluye petróleo crudo como biocombustibles, líquidos del gas natural y otros sucedáneos por malos que sean. Los párrafos sobre los EE.UU. concluyen con una comparación, por supuesto negativa, con Europa (ignorando por qué la experiencia americana no es exportable a ninguna otra parte del mundo, confundiendo gas y petróleo como ya es habitual, y haciendo oídos sordos al reciente análisis de Bloomberg que muestra que las empresas que se dedican al tight oil de fracking - mucho más rentable que el shale gas que se explota del mismo modo- están en quiebra técnica).

Encuentro especialmente grave la siguiente frase: "El repunte del precio del petróleo por las razones de casi siempre (un conflicto geoestratégico en Oriente Próximo)". Según esta línea de razonamiento, la escasez de recursos no tiene nada que ver con esos "conflictos geostratégicos" y que suba el precio del petróleo, cuando en realidad todo está acoplado. Cuando sea indisimulable que la producción de petróleo baja en todo el mundo se atribuirá a "esos conflictos geostratégicos", como si al resolverlos las cosas fueran a ser como antes, confundiendo así causa y efecto.

Los autores muestran más claramente sus preferencias en el siguiente párrafo: "Embarcada en la política de recorte de emisiones contaminantes [...] la apuesta energética de buena parte de la UE en los últimos años ha descansado en el despliegue de las renovables, incentivado con dinero público, y en el gas natural, como alternativa más eficiente y menos contaminante que el carbón." (cursivas mías). Después explican los autores los, a su entender, impactos negativos en el precio de la electricidad de la inversión en renovables y lo rematan tergiversando el contenido del último World Energy Investment Outlook de la AIE que comentamos hace poco en este blog, al dar a entender (por yuxtaposición de argumentos, sin poner nunca un adverbio causal para que nadie les acuse de mentir: curiosa esta forma de redactar) que el mayor precio de la electricidad en Europa está relacionado con la inversión en renovables,  cuando en realidad lo que denunciaba la AIE es la inviabilidad del sistema tarifario europeo.

La parte final del artículo es un cúmulo de despropósitos y se pasa de las medias verdades a las mentiras como puños. El siguiente párrafo es un buen ejemplo que seguidamente analizaré en detalle:

"Más llamativo es el impacto indirecto del fracking estadounidense en la UE. No solo el precio del gas es ahora más caro en Europa que en EE UU (casi tres veces más), sino que el mercado europeo se ha visto inundado con el carbón de importación que EE UU ya no necesita. La consecuencia es que muchas plantas de carbón europeas vuelven a generar electricidad a buen ritmo, mientras hibernan las relucientes centrales de ciclo combinado a partir de gas. Es decir, que el futuro inmediato es más contaminante de lo que se preveía."

Como explicaba el geólogo Dave Hughes en su artículo en Nature, el shale gas en los EE.UU. perdió 13.000 millones de dólares sólo durante 2012, debido a que el modelo de negocio de estas compañías dependía de seguir aumentando su producción y reservas para conseguir más financiación; eso hace que el precio del gas en los EE.UU. sea, casualmente, tres veces inferior al mínimo para que sea rentable. 

Por otro lado, el mercado europeo no se ha visto "inundado" con el carbón que los EE.UU. no quieren: el mercado americano del carbón es, desde siempre, prácticamente doméstico y la cantidad exportada siempre ha sido bastante marginal, fluctuando considerablemente de año en año:


Lo que está pasando es que Alemania sobre todo está recurriendo más al carbón porque el carbón de mayor calidad es más barato por caloría producida que el gas natural (cosa que no es de ahora, sino de siempre), sobre todo si uno es mediambientalmente menos riguroso. Y Alemania hace esto para ser más competitiva económicamente, dejando al lado discursos sobre la preservación del medio ambiente. Y si se importa más carbón es sencillamente porque la producción de carbón alemán está cayendo, porque también existe el peak coal, aunque esto los articulistas prefieren ignorarlo, como a los demás picos:



Los párrafos siguientes son una apología del fracking en territorio europeo, primero directamente y luego indirectamente al aludir a que los costes son inferiores si produces tu hidrocarburo en casa. Después, se evoca el peligro chino y su compra de activos por todo el mundo. Acaba el artíclo por fin concluyendo que Occidente (y eso incluye a los EE.UU.) seguirá siendo dependiente del petróleo en el futuro próximo, lo cual es otra vuelta de tuerca, más indirecta, para que el lector acepte que necesitamos el fracking. Como guinda del pastel, y poniendo en clara perspectiva qué es este artículo que hoy comentamos,  nos encontramos una cita de Simon Wardell, del IHS Energy, antes IHS CERA, una agencia de consultoría energética conocida por su visión cornucopiana y por ser la mayor fuente de desinformación en energía a nivel mundial, como ya comentamos en su día. IHS cuenta con mucho peso en la prensa americana, a pesar de que sus previsiones son horriblemente malas y su registro patético, pero son muy buenos haciendo lobby (en realidad, representan a los intereses de las industrias petroleras, que son quienes lo financian) y así todo el mundo se hace eco de sus mentiras (se ve que ahora El País también).

Acabo mi crítica por donde comienza el artículo: el título, "El viejo orden petrolero se impone". El título evoca muchas cosas, no las mismas dependiendo del lector: que hay un "viejo orden" que se sobreentiende que se tiene que subvertir, porque es corrupto como todos los que nos atan pero que por desgracia "se impone", y ese viejo orden atañe al petróleo, petróleo que casi todo el mundo sabe que es muy importante para la economía aunque no se sabe por qué (y en realidad nadie se lo va a explicar). Como se empieza hablando de la OPEP, el título favorece que el lector medio tenga la reacción de decir: "vaya, los de siempre fastidiando". En fin, como se ve y en resumen, todo un ejercicio de mala prensa, mala información y errores mezclados con manipulación desde el título mismo. Teniendo en cuenta el cuidado con el que los periodistas manejan muchas de las sutilezas del tema y evitan escribir falsedades directas, lo triste es que no dediquen su conocimiento a una mejor causa (quizá no tan bien pagada).

Salu2,
AMT