Queridos lectores,
El pasado lunes 13 de Noviembre la Agencia Internacional de la Energía (AIE, en lo que sigue) sacó la edición de este ejercicio de su informe anual sobre el estado de la energía mundial, el World Energy Outlook (WEO, para abreviar). Este informe (690 páginas, 70 euros si es para fines de investigación) es esperado con gran expectación, ya que los mejores economistas de la AIE nos muestran en él sus modelos de previsión de demanda futura, y es la base de las recomendaciones que en materia de política energética la AIE hace a los gobiernos y con las que se toman muchas decisiones de futuro.
El informe fue recibido con la fanfarria mediática habitual, entre la que cabe destacar una afirmación hecha por el propio economista jefe, Fatih Birol, durante su presentación a la prensa: los EE.UU. se convertirán en el primer productor de petróleo del mundo hacia 2020, pasando por delante de Arabia Saudita hasta mitades de la década de los 20, y hacia 2030 el país será autosuficiente energéticamente y podrá comenzar a exportar. Diversos lectores me han contactado por e-mail y dejado comentarios en el blog, preguntándome si quizá el milagro que esperábamos ha llegado por fin y que el mundo no se dirige hacia un caos económico-energético. Vaya, que al final se han cumplido los deseos de Jaume Barberà (y los míos propios) expresados al acabar la entrevista de la semana pasada.
Después de unos años de seguir los informes de la AIE uno se ha acostumbrado a ese sentimiento agridulce que dejan, a escarbar detrás de las afirmaciones de corte triunfalista y mirar lo que dicen los datos en realidad, y ver que aún hay noticias positivas pero que los datos también muestran tendencias bastante negativas que no permiten mirar el futuro con confiado optimismo. Este año, sin embargo, el sentimiento es más amargo que el de otros años. Porque las noticias reales, las que nos muestran los datos de la AIE, no pueden ser en realidad peores. La única noticia de corte netamente positivo viene de las expectativas de crecimiento de producción en Iraq, las cuales pueden ser largamente matizadas como comentamos en un post reciente.
Como ya suele ser habitual, el informe está estructurado en diversos escenarios de futuro. La propia AIE se encarga como siempre de aclarar que son escenarios, no previsiones sino más bien tendencias en función de decisiones políticas y otros desarrollos. El escenario central o más probable es el de la implementación de Nuevas Políticas (implementación de políticas proactivas por parte de los gobiernos para mejorar la eficiencia y disminuir el gasto energético), y será el que tomaremos como referencia en esta discusión. Los otros dos escenarios que ya estaban presentes en el WEO 2011 son el de Políticas Actuales (básicamente, un Business as Usual, continuación de las tendencias pre-2010, aunque el curso real de los acontecimientos hacen este escenario cada vez más desfasado) y el de objetivo 450 ppm, llamado así porque lo que se perseguiría en él es estabilizar el contenido de gases de efecto invernadero en la atmósfera en la frontera simbólica de las 450 partes por millón equivalente a CO2. A estos tres escenarios, los mismo del WEO 2011, la AIE añade esta vez un cuarto escenario, Mundo Eficiente, en el que las medidas de eficiencia se adoptan de una manera radical. Este cuarto escenario pretende valorar los efectos económicos de apostar por un mundo mucho más eficiente en su uso de la energía que el actual, con unas dosis de optimismo bastante importante, sobre todo por lo que respecta a sus implicaciones económicas (ya sabemos que el derroche es la base de nuestro sistema económico). Como de costumbre, los escenarios se construyen en base a unas hipótesis de crecimiento económico para todo el globo de un pasmoso 3,5% anual en términos reales, aunque "sólo" de un 2,1% anual para el conjunto de la OCDE y del 1,7% anual para la Unión Europea (página 37). Significativamente, la AIE preve que el precio medio del barril de petróleo (en dólares constantes, es decir, descontada la inflación) se mantenga relativamente elevado, en valores que como sabemos son incompatibles con la recuperación económica según sus propios parámetros (ya hemos comentado alguna vez que la AIE acepta como bueno el límite de James Hamilton, que en dólares de hoy representa unos 90$ por barril). Fíjense en el contraste entre la evolución que la AIE preve para los precios este año y la que preveía el año pasado.
![]() | |
| Previsiones de la evolución del precio medio del barril de petróleo según el WEO 2012 |
![]() |
| Previsiones de evolución del precio medio del barril de petróleo según el WEO 2011 |
Es de destacar que en sólo un año se ha conseguido superar el precio medio del barril récord del año 2008 (la serie representa medias anuales con ventana móvil). Si se fijan (cuidado: la escala vertical de una y otra figura no coinciden), verán que el año pasado, milagrosamente, el escenario 450 hacía posible mantener los precios en el límite de la sostenbilidad económica. Este año, ningún escenario consigue mantenerse en tal nivel debido a la fuerte subida de precios del petróleo (por ser justos, la curva del año pasado debería ser corregida por la inflación de este año para poderlas comparar, ya que los precios del año pasado eran en dólares de 2010 y los de éste en dólares de 2011; en todo caso, la diferencia observada es mucho mayor que el diferencial de inflación). Hay, por tanto, una contradicción implícita en los datos de la AIE, pues los precios en todos los escenarios implican recesión económica forzosa según los propios criterios de la AIE.
Analicemos seguidamente con detalle los cuatro capítulos que son, a mi entender, cruciales en el WEO 2012: el resurgir energético de los EE.UU. que hizo los titulares de la prensa generalista, las buenas perspectivas para la producción de petróleo en Irak, la cruzada por la eficiencia energética y el problema del uso del agua en la generación de energía.
Comencemos por la afirmación de que los EE.UU. serán la nueva Arabia Saudita del petróleo. Realmente es una afirmación un tanto chocante, sabiendo como sabemos cómo ha ido evolucionando el panorama energético en el mundo y en ese país durante los últimos años. Bien es cierto que desde hace unos tres años se está publicitando mucho que en los EE.UU. se ha producido una revolución energética gracias a la introducción de nuevas técnicas de explotación de formaciones de rocas compactas y de esquistos bituminosos (lutitas). Cabe decir que ni las técnicas de explotación ni los recursos que ahora se explotan son realmente nuevos; lo que es nuevo es que salga a cuenta económicamente explotarlos y de esa manera, debido a los altos precios del petróleo. Hace tres años a tal despliegue extractivo se le denominó "la fiebre del gas", ya que en aquel entonces las perspectivas maravillosas eran para el gas natural. La realidad ha mostrado que tales perspectivas para el gas natural eran desmesuradas (como ya comentamos aquí hace dos años) y como consecuencia la rentabilidad de las explotaciones de gas no convencional ha caído en picado (y eso sin hablar de los problemas ambientales que crea la técnica de extracción usada, conocida como fractura hidráulica o hydraulic fracking, o fracking para abreviar). Sin embargo, las cantidades residuales de petróleo o sustancias similares que salen con el gas han permitido que algunas explotaciones tengan cierta rentabilidad precisamente porque el precio del oro negro está por las nubes; mutatis mutandis, el foco de esas explotaciones se ha puesto ahora en la extracción de petróleo y se habla de las maravillosas perspectivas de explotación de los campos de petróleo no convencional en los EE.UU., gracias a sus formaciones de pizarras bituminosas y roca compacta. Pero, ¿es esta tan cacareada revolución del gas y petróleo no convencional lo que está llevando a EE.UU. a ser la nueva Arabia Saudita? La cuestión ya ha sido analizada en profundidad y descartada en otros foros con anterioridad, pero merece ahora la pena detenerse a ver qué dice en realidad el WEO 2012.
La expresión literal del WEO 2012 con respecto a los EE.UU. es que los Estados Unidos superarán a Arabia Saudita y se convertirán en el primer productor de petróleo del mundo hacia el año 2020, y que hacia el año 2035 los EE.UU. serán, de manera neta, autosuficientes energéticamente. Todo lo cual, a la vista de los datos del informe, es cierto, pero para nada representa buenas noticias. Fijense en la siguiente figura, extraída de la presentación a la prensa (documento público).

Fíjense que el informe acumula producción de petróleo y de gas (expresados en términos de energía equivalente a la de igual cantidad de petróleo) en un intento de mostrar que en realidad los EE.UU. son, de manera neta, autosuficientes energéticamente. El problema es que gas y petróleo no son perfectamente fungibles (intercambiables) y es dudoso que en un plazo de tiempo relativamente breve como es éste se produzca una rápida sustitución de máquinas que trabajan con derivados del petróleo para que lo hagan con derivados del gas natural. Tampoco se pretende eso: lo que se pretende demostrar es que, de manera neta, los EE.UU. serían energéticamente autosuficientes. Es decir, la energía de una forma que les sobrará en 2035 y que por tanto exportará (gas) equivaldrá a la energía que necesitará importar entonces (petróleo). Tal afirmación ya es de por sí un tanto escurridiza, porque esconde el hecho de que el precio por unidad de energía de petróleo y gas es muy diferente, fruto de la mayor versatilidad (y por tanto, mayor valor añadido) del primero respecto al segundo. Piénsese que un barril de petróleo, hoy en día, no baja de 100 dólares y equivale a una energía de 5,8 MBTU (milion of British thermal units, millones de unidades térmicas británicas), es decir, cada MBTU de petróleo se valora a unos 17,25 dólares como mínimo. Por contraste, los precios del gas natural en Europa rondan los 7 dólares por MBTU (en EE.UU. no llegan a 4 dólares por MBTU). Por tanto, a igual cantidad de energía los EE.UU. tendrían que pagar, a precios de hoy, más del doble por el petróleo que importarían en relación al gas que exportarían (y eso sin contar con los costes añadidos de hacer plantas suficientemente capaces de licuefacción y regasificación para el transporte del gas en buques metaneros).
Dentro del WEO podemos encontrar una gráfica más detallada de la producción específicamente de petróleo:

Si uno se fija en la evolución de la producción de petróleo que muestra la gráfica arriba, se ve que hacia el año 2020 ésta toca su máximo en unos 11 Mb/d. De acuerdo con la AIE, en esa fecha EE.UU. será el primer productor de petróleo del mundo. Pero tanto Arabia Saudita (primer productor hoy en día) como Rusia (segundo productor) han rebasado en el pasado los 10,4 Mb/d y en la actualidad rondan en algunos momentos esas cifras. Por tanto, que los EE.UU. lleguen a ser el primer productor con 11 Mb/d implica que tanto Rusia como Arabia Saudita estarán produciendo como mucho lo mismo que ahora. Es decir, esos dos países, los principales productores de petróleo hoy en día, habrán probablemente sobrepasado su Peak Oil en 2020 y su producción estará ya en declive (con el grave impacto que eso tendrá sobre las exportaciones). En suma, lo que se pretende presentar como una buena noticia en realidad es una noticia pésima. Algunos lectores me argumentarán quizá que en realidad Arabia Saudita estará, como siempre, reservando parte de su producción y que en realidad se puede mantener en esa meseta productiva por un tiempo todavía indefinidamente largo. La cuestión de Arabia Saudita ya fue discutida in extenso, y con respecto a la política de cuotas en la OPEP haré un post en fechas próximas en el que mostraré que en realidad la OPEP no tiene ya capacidad de regular la producción de petróleo a su antojo. Por lo demás, cabe destacar que el innegable declive productivo del petróleo convencional (franja azul oscuro más inferior, y dos cuñas más claras hacia el final del período) se compensa gracias a la contribución de los líquidos del gas natural (franja morada, que también tocan techo en 2020 y que, como sabemos, no sirven para refinar diésel) y al espectacular aumento de la producción de petróleo ligero en formaciones de roca compacta (franja roja). Ése último aumento es muy llamativo porque la producción de este tipo de petróleo aumentaría brutalmente después de una historia productiva más bien ridícula, con un cierto incremento en los dos últimos años. La gran esperanza de los EE.UU. se sitúa en la formación de Bakken, entre los estados de Dakota del Norte y Montana. Sin embargo, la capacidad productiva de esa formación está enormemente exagerada, como muestra Matthieu Auzanneau en su último post (dado el interés de ese post en particular, será en breve republicado aquí, traducido al español). Piensen que el milagro americano reposa principalmente en lo que pase en la formación de Bakken y como ven la historia pasada no refrenda el optimismo de la AIE; así que la historia principal de este WEO se debe tomar con bastante precaución. En un par de años debería estar claro si realmente los EE.UU. están consiguiendo incrementar su producción en Bakken a los niveles soñados o no.
Pero aún hay más. De acuerdo con el último Oil Market Report, los EE.UU. tuvieron un consumo medio de petróleo 19,01 millones de barriles diarios (Mb/d) durante el año 2011, bien por debajo de los 21 Mb/d que se llegaron a consumir en 2007. Sin embargo, la segunda parte del milagro estadounidense (ser exportador neto de energía hacia 2035) reposa sobre una inquietante suposición: una caída sostenida del consumo de petróleo en ese país. Esto se puede constatar en la gráfica que muestra como las importaciones de petróleo de los EE.UU. se irán reduciendo en los próximos 25 años, desde unos 9,5 Mb/d ahora hasta poco más de 3 Mb/d. Es decir, los EE.UU. importarán 6,5 Mb/d menos que ahora.
La parte del león de esa reducción se la lleva no el aumento (un tanto fabuloso) de la producción de petróleo autóctono, sino la mejora de la eficiencia en la demanda, la cual llegará a representar casi 4 Mb/d de los 6,5 Mb/d que se tienen que reducir las importaciones. Es una mejora en la eficiencia del consumo de petróleo extraordinaria. De hecho, es tan extraordinaria que nunca se ha observado una cosa así en el planeta Tierra. Después de los shocks del petróleo de los años 70 los países de la OCDE, especialmente los de Europa y Japón, mejoraron mucho su eficiencia energética, lo cual suposo que el crecimiento de la demanda de petróleo fue más lento en esos países, pero no que la demanda disminuyera. De hecho, la demanda sólo ha disminuido con ocasión de crisis económicas intensas (cosa que en realidad ya sabemos, dada la retroalimentación entre crisis energética y económica). Así pues, la AIE hace sus previsiones a partir de un fenómeno nunca observado, no en los términos que ellos lo describen. Para mi la única forma de conciliar las previsiones de la AIE con la realidad es que se esté diciendo que los EE.UU. están abocados a un descenso energético intenso, con una consecuente crisis económica de dimensiones de depresión o peor.
Las cosas están, pues, bastante claras: se está hablando de un descenso energético rápido y profundo, y no sólo para los EE.UU., sino para el conjunto de la OCDE. En ese sentido las perspectivas para la Unión Europea son bastante malas. De acuerdo con los datos de la tabla anexa al informe, la UE pasaría de tener una demanda (de nuevo se juega con las palabras: como si la demanda no se hubiera ajustado a la oferta, como si la demanda respondiera realmente a los deseos de los consumidores) total de energía primaria de 1.713 Millones de toneladas equivalente a petróleo (MToe, por sus siglas en inglés) a sólo 1.670 en 2035, de acuerdo con el escenario central, con un decrecimiento promedio del 0,1% anual. Desglosando por categorías el consumo de petróleo caería de 569 Mtoe a 417 Mtoe (caída del 27% en 25 años, un 1,2% anual) y lo que más sube es la bioenergía (de 130 Mtoe a 231 Mtoe) y las otras renovables (de 22 Mtoe a 119 Mtoe); a destacar que la energía nuclear permanecería prácticamente constante. En el caso de los EE.UU., y a pesar de su presunto resurgir energético, su demanda también se vería reducida al pasar de 2,214 MToe en 2010 a 2,187 en 2035. Como ya hemos comentado, el consumo de petróleo pasaría en el caso de los EE.UU. de 805 Mtoe en 2010 a 558 en 2035, una disminución del 31% que se traduce en una caída del 1,5% anual; y de nuevo son la bioenergía (que pasa de 90 Mtoe a 209 Mtoe) y las otras renovables (de 18 Mtoe a 101 Mtoe) las que toman parcialmente el relevo. Sin embargo, en el conjunto del mundo la demanda de energía crecería un espectacular 35% de 2010 a 2035 (de 12,730 Mtoe a 17,197 Mtoe), debido principalmente al enorme crecimiento de China (cuyo consumo se incrementa un 60%, pasando de 2,416 Mtoe a 3,872 Mtoe), India (un 145%, pasando de 619 Mtoe a 1,516 Mtoe) y Oriente Próximo (un 62%, de 624 Mtoe a 1,012 Mtoe). América Latina, África y resto de Asia también conocen incrementos espectaculares en términos porcentuales, aunque más modestos en términos absolutos; Rusia crece apreciablemente (un 23%) y Japón pierde bastante (un 10%) En suma, el escenario que plantea la AIE es uno de descolonización energética, en el que la energía pasaría a estar distribuída de manera más igualitaria que ahora entre las naciones del mundo, y en el que los países occidentales se conformarán con implementar medidas de austeridad y racionamiento mientras sus economías se estancan y languidecen, y al tiempo hacen una inversión sin precedentes, y contradicha por los actuales acontecimientos, en energía renovable. Creo que a todo lector le resultará evidente que tal escenario es una quimera, a juzgar por la conocida política exterior de los países que tendrían que ceder su parte del pastel.
Con respecto al segundo gran capítulo del WEO, las maravillosas perspectivas de la producción petrolífera en Irak, ya hicimos un post explicando las limitaciones de su propuesta, y a él me remito.
Para entender el contexto del tercer capítulo que quiero destacar, el de la eficiencia energética, la pieza clave en el puzzle que monta la AIE es el espectacular aumento de producción de energía de origen renovable que espera la Agencia. La AIE reclama, como ya hizo el año pasado, un fuerte incremento de las subvenciones a este sector estratégico para favorecer su despegue. Sin embargo, la tendencia actual es a una disminución de la contribución tanto pública como privada, posiblemente por el hecho no considerado por la AIE de que los sistemas de captación de energía renovable que se están intentando implementar son, muy probablemente, meras extensiones de los combustibles fósiles. El WEO da bastante importancia a la denominada bioenergía (biomasa y biocombustibles). Ya hemos comentado otras veces que la biomasa tiene limitaciones. Así, no se puede sacar leña de un bosque a un ritmo de comprometa su viabilidad, y además está el problema a largo plazo de la pérdida de fósforo si los residuos de la quema no vuelven a la Tierra (algunos historiadores creen que si la antigua y fértil Mesopotamia es hoy el desértico Irak fue debido, en parte, a la progresiva pérdida de fósforo por el cultivo durante miles de años). Y con respecto a los biocombustibles, sus Tasas de Retorno Energético son muy bajas y hay pocas perspectivas de que mejoren a corto plazo: un estudio de 2010 (parte 1 y parte 2) mostraba que por ejemplo el etanol de maíz en los EE.UU. tiene una TRE de 1,07± 0,2; otro estudio sobre la soja argentina indica una TRE inferior a 2 para todos los tipos de cultivo considerado, sólo mejorable incluyendo el rendimiento de los subproductos (usados, fundamentalmente, para alimento animal) pero sin llegar en ningún caso al valor límite de 10. El factor TRE es perfectamente desconocido para los economistas de la AIE (y ya sabemos por qué), que sólo piensan en términos monetarios, y no se dan cuenta de que en realidad el aumento de la producción biocombustibles no supone un aumento de la energía que le llega a la sociedad. Por tanto, apoyar el despegue energético en la bioenergía es un error suicida.
El WEO de este año hace un foco intenso, casi un grito desesperado, llamando a la eficiencia energética. La afirmación de que se tienen que hacer las cosas de manera más eficiente, que es muy de sentido común, choca con la realidad de nuestro sistema económico y productivo. En una economía de libre mercado el derroche es una necesidad económica, como ya explicamos en su día. Las medidas de ahorro energético nunca tienen éxito si la economía está en expansión (y ya tenemos décadas de experiencia en ese sentido), porque siempre hay un incentivo económico a consumir más energía y si tú decides voluntariamente renunciar a consumir tanta energía otro tendrá más disponible para aumentar su producción y su ganancia económica. Y al revés: medidas de ahorro impuestas férreamente mediante leyes aseguran el retroceso económico de una nación. Entiéndase siempre: dentro de nuestro paradigma económico; nadie dice que con otro sistema económico y productivo no se pudiera implementar efectivamente el ahorro energético. Otro tanto de lo mismo pasa con la eficiencia, de acuerdo con la famosa paradoja de Jevons de la que tanto hemos hablado aquí. Por tanto, si los economistas de la AIE están apostando por la eficiencia y el ahorro para poder atender el consumo energético mundial, están diciendo que o bien una parte del mundo va a cambiar de sistema económico o bien se va a sumir en una crisis económica sin fin. Llama la atención el foco que hace la AIE sobre las seis medidas de carácter político que se deben tomar para conseguir esta Ítaca de la eficiencia energética:
- Incrementar la visibilidad de la eficiencia energética, a base de medirla mejor y revelando sus beneficios económicos
- Hacerla más asequible con nuevos modelos de negocio y financiación adecuada
- Convertir la eficiencia energética en un tema común (mainstream), incentivando las tecnologías más eficientes y penalizando las menos.
- Haciéndola real a base del monitoreo, verificación y actividades de refuerzo
- Haciéndola efectiva mediante medidas de gobernanza y capacidad administrativa a todos los niveles
Resumiendo: hacerle muy buena propaganda y después obligar a ella mediante medidas legislativas y persiguiendo las desviaciones. En definitiva, estas medidas son una imposición blanda de medidas de racionamiento, poco compatibles con un sistema de libre mercado. Si estas medidas se adoptan (como posiblemente tendrá que ser el caso), nuestro sistema evolucionará de la actual economía de aproximadamente libre mercado (en realidad, los oligopolios la desvirtúan bastante) a una economía intervenida y prácticamente planificada. De ahí a una dictadura falta sólo un paso (que quizá se tome por el camino).
Por último, quería destacar que el WEO de este año dedica un capítulo especial a la conexión entre consumo de agua y de energía. El capítulo discute extensamente la necesidad de usar agua en la producción de energía, sobre todo en plantas eléctricas, y cómo el bucle se cierra en muchos países en situación de estrés hídrico usando la energía para obtener agua dulce. Hay un mapa que resulta bastante revelador acerca de en qué países va a haber los problemas más gordos (y, lamentablemente, España está entre ellos, pero también el Reino Unido y Alemania):
La AIE estima que el 15% de toda el agua dulce consumida en el mundo en 2010 se usó en la producción de energía de todos los tipos, y en el escenario central esperan que suba al 18% del total (o un porcentaje mayor si la disponiblidad global de agua disminuye como consecuencia del cambio climático y la degradación ambiental en general). El WEO hace un análisis detallado de cuatro países que pueden tener importantes problemas con el suministro de agua: China, India, EE.UU. (a escala local, sobre todo asociado a la producción de, precisamente, el petróleo ligero de roca compacta) y Canadá (por los efectos de contaminación).
Me dejo muchos temas en el tintero, pero este primer análisis aborda la mayoría de los aspectos fundamentales. Después de todo lo explicado, valore el lector cuáles de las noticias positivas del WEO de este año se pueden considerar realmente positivas, simplemente leyendo los datos. Llevo cuatro años mirando con detalle estos informes anuales, y ciertamente esta vez es la que más negras impresiones me transmite.
Salu2,
AMT




