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jueves, 5 de julio de 2018

El colapso, según el Primer Ministro de Francia



Queridos lectores:

En mi penúltimo post planteaba (por tercera vez ya) al Presidente del Gobierno de turno de mi país una serie de cuestiones fundamentales sobre el futuro que nos espera en relación a la crisis energética, con la esperanza de que se abra un debate real en el que se analicen de verdad la situación en la que estamos y qué medidas podemos tomar para afrontar en mejores condiciones ese incierto futuro. Un esbozo de cuáles podrían ser esas medidas (preliminar y por supuesto discutible) fue lo que presenté en el último de mis posts, más por satisfacer la curiosidad de algunos lectores que como una vía verdaderamente propositiva. Todas estas discusiones, aunque necesarias, las veo siempre un tanto utópicas y poco realistas, teniendo en cuenta las dificultades del ejercicio del poder en condiciones reales.

Y sin embargo, esta semana hemos podido conocer unas sorprendentes declaraciones del Primer Ministro de Francia, Édouard Philippe, quien de manera inédita en estos lares se avino a participar en un encuentro abierto por Facebook donde respondía a preguntas de los usuarios junto con Nicolas Hulot, un conocido activista ambiental y actual Ministro de Transición Ecológica y Solidaria. Para que mis lectores españoles se hagan una idea, sería el equivalente a que Pedro Sánchez y Teresa Ribera participaran en ese acto, si se hiciese en España.

Lo más impactante de la participación del Premier francés y su ministro ha sido entresacado por Olivier Gruié y publicado en su perfil de Facebook: 



En lo que sigue les hago una transcripción (aproximada, lo que me permite mi nivel de francés) de esos dos minutos y medios finales de la conversación entre estos dos hombres:

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Éduouard Philippe: Termino con esa cuestión general, cuestión filosófica, referente a un libro que cito a menudo y que le gusta a Nicolas, Colapso, de Jared Diamond...

Nicolas Hulot: Collapse

EP: Collapse, en inglés, que muestra cómo debe ser abordada la cuestión del acceso a los recursos, del medio ambiente y de la colaboración con las sociedades que nos rodean, cuando estas cuestiones se vuelven apremiantes y llegan a un punto tal que si uno no toma las decisiones correctas la sociedad entera colapsa, que colapsa literalmente, que desaparece. Y me parece que esta cuestión es obsesionante, a mi me preocupa mucho más de lo que muchos se imaginan: ¿Cómo hacer para evitar que nuestra sociedad humana llegue a un punto en el cual esté condenada a colapsar. Es una cuestión... complicada.

NH (con sonrisa burlona): Ha hecho falta este Facebook life para que me entere que Vd., señor Primer Ministro, había leído...

EP (siguiendo la broma): Eso es porque no estuviste atento...

NH: ... Colapso...

EP (medio riéndose): ...ya que lo cité en mi discurso de Política General.

NH: ... y es muy interesante porque este libro intenta explicar por qué algunas grandes civilizaciones han desaparecido, y el pequeño denominador común, en breve, es la dificultad que han tenido esos pueblos, esas civilizaciones, para tener en cuenta el límite de los recursos de los cuales disponían.

EP asiente con la cabeza.

NH: La escasez es manejable, la penuria se sufre. Y toda la dificultad del siglo XXI es tener en cuenta el hecho en un cierto número de ... (se interumpe a sí mismo, sin acabar la idea) hay recursos renovables y hay que asegurarse su renovación, y por volver a la primera pregunta, aquellos que se regeneran hay que evitar contaminarlos o envenenarlos, pero por los recursos finitos hace falta ser consciente de que...

EP (interrumpiéndole): Y la otra enseñanza del libro (mirando brevemente a la cámara, probablemente siendo consciente de lo que estaban diciendo) es que podemos evitarlo, porque lo que formula el propio libro es que muestra ejemplos de colapso, es decir, de sociedades que no llegan a cambiar y que sufren la penuria, que desaparecen literalmente, que desaparecen, bien... y además muestra sociedades en las que, por la razón X o Y, comprenden que se están aproximando al límite y cambian, y además no por dejar de crecer sino por cambiar el modelo que permite al medio ambiente y a los recursos...

NH (interrumpiendo, a su vez): Hay un punto de no retorno.

EP: Hay un punto de no retorno. El ejemplo en el que funciona bien es el Japón y la reforestación...

NH: Y eso no funcionó en la Isla de Pacua...

EP: Exactamente. Pero hay otros ejemplos. Y se muestra que colectivamente, en cualquier época, hay momentos en los que se elige el camino.

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La charla es bastante más larga (una media hora) y en ella hablan de muchas otras cosas interesantes (como el decrecimiento, o las palabras bastante claras de Nicolas Hulot justo después de este extracto, en el que establece con claridad que Francia va a abandonar el petróleo y abrazar las renovables, y que eso implica necesariamente el decrecimiento) pero el trozo extraído es bastante revelador de muchas cosas.

La primera es que en Francia no solamente han creado un Ministerio de la Transición Ecológica (al que se le añade el significativo apellido de "y Solidaria"), sino que han puesto al frente de él a una persona con una visión muy clara y particular del asunto, y bastante diferente de la estándar BAU, un ministro que habla sin tapujos del decrecimiento y que comprende que la transición renovable implica el decrecimiento. Pero yendo aún más lejos, el Primer Ministro comparte en lo sustancial el análisis de su ministro, aunque prefiera pensar que aún hay margen para crecer o, como mínimo, sortear lo peor de lo que nos queda por delante. Más aún, dado que el Primer Ministro es del mismo partido que el Presidente de la República, es de creer que el propio Emmanuel Macron como mínimo considera los mismos problemas que sus subordinados. Vamos, como si aquí el rey Felipe VI comprendiera que sin cambios fundamentales y sin tomárnoslo en serio vamos a colapsar.

La segunda es que las comparaciones pueden ser muy odiosas. ¿Han leído Pedro Sánchez y Teresa Ribera "Colapso" o cualquier otro de los libros que se comentan en esta conversación? ¿Citaría Sánchez en el Debate sobre el Estado de la Nación - el equivalente español al discurso de Política General que comenta Philippe- alguno de estos libros? ¿Comprenden Sánchez o Ribera - o, ya puestos, Felipe VI- todas las implicaciones de lo que se discute aquí? Ya que estamos, ¿cuáles son las referencias ideológicas o científicas que llevaron a Pedro Sánchez a crear el Ministerio de Transición Ecológica (puesto que saberlo nos permitiría entender qué es lo que tiene en mente)? ¿Lo ha hecho por mímesis con Francia? ¿Entiende en qué contexto se ha creado en Francia, con qué personas y en base a qué referencias?

La tercera tiene que ver con la coordinación internacional, sobre todo a la escala europea. ¿Puede Pedro Sánchez coordinarse con Édouard Philippe, si aparentemente discrepan tanto en su análisis de la situación general - no olvidemos que Philippe cita el "Colapso" de Diamond en el mismo Debate de Política General? ¿Podrán coordinarse efectivamente cuando el precio del petróleo vuelva a subir y se desencadene una nueva crisis económica? ¿Estará de acuerdo con algunas de las medidas de choque y limitaciones que el Gobierno francés tiene en mente para afrontar ese momento  - algunas de las cuales de hecho se discuten en el vídeo - o formará frente con otros Gobiernos de signo más conservador que se oponen de plano a la idea de los límites planetarios?

Comenzar un Ministerio de la Transición Ecológica es mucho más que cambiar de nombre y de rango a la Secretaría de Estado sobre Cambio Climático. Es prepararse para hacer frente a los procesos que ya están en marcha y que se van a manifestar con crudeza durante los próximos años, y que van a afectar de manera dramática y transversal a todas las áreas de gobierno. Para poder ejercer un verdadero liderazgo en este tema, lo fundamental es estar bien informado, sobre todo en las cuestiones clave que tan abiertamente discuten el Primer Ministro francés y su ministro del ramo, pero sobre las que los españoles parecen estar más bien in albis. Pedro Sánchez aún está a tiempo de afrontar este asunto con la seriedad que le corresponde, aunque ese tiempo, como nos enseñan nuestros vecinos del norte, se está agotando rápidamente.


Salu2,
AMT

miércoles, 25 de enero de 2017

Descendiendo desde el cenit: el problema eléctrico en España



Queridos lectores,

Durante estos días los medios de comunicación españoles se han hecho eco de una noticia que ha sobresaltado a los consumidores españoles: durante los peores días de la ola de frío, el precio de la electricidad en España se ha incrementado un 50%. Al margen de cómo se acabe trasladando al consumidor la subida del coste de la electricidad mayorista, ese súbito incremento, justo en un momento de mayor vulnerabilidad de la demanda, ha sido interpretado por muchos como un nuevo episodio de latrocinio causado por la tradicional codicia de las grandes compañías eléctricas: se aprovechan de la necesidad, dicen los compadres y las comadres, para subir precios y así hacer su agosto en pleno enero. Y si bien es cierto que las eléctricas españolas no gozan precisamente de muchas simpatías, tampoco las mías, por sus repetidas prácticas oligopólicas y su capacidad para distorsionar el mercado (dictando al legislador, según dicen las malas lenguas, la regulación que luego se acaba imponiendo y que destruye la competencia de los pequeños productores), en el caso concreto que nos ocupa concurren otras circunstancias que convendría tener muy en cuenta, si se quiere comprender no sólo lo que ha pasado estos fríos días del comienzo de enero, sino lo que probablemente va a pasar con una frecuencia cada vez mayor a partir de ahora. Para ello es preciso ir más allá del chascarrillo fácil y comprender que una parte importante de lo que pasa tiene que ver con el proceso de declive productivo de los recursos naturales no renovables que ya ha comenzado y que se irá manifestando con más fuerza a medida que pasen los años. Un punto de vista éste - el del declive energético de nuestra sociedad - raramente abordado en los medios, pero fundamental si queremos entender y saber reaccionar. Con este post inauguro una nueva serie, "Descendiendo desde el cenit", en la cual analizaré fenómenos que se desarrollarán durante estos primeros años después del cenit del petróleo, y trataré de mostrar hasta qué punto son una consecuencia lógica e inevitable del descenso energético y particularmente de la caída de producción del petróleo, carbón, gas natural y uranio.

El actual episodio de alza de los precios ha sido motivado tanto por un incremento de la demanda como por una caída de la oferta.

+ Por el lado de la demanda, la cosa parece clara: la ola de frío ha traído temperaturas muy bajas y eso ha motivado que el consumo eléctrico se haya disparado. El silogismo, que pudiera parecer evidente, no lo es tanto, pues en España muchos de los sistemas de calefacción domésticos no son eléctricos; y sin embargo ciertamente ha habido un sensible incremento de la demanda, del que luego hablaré.

+ Por el lado de la oferta, factores coyunturales y estructurales han provocado un descenso de la capacidad de producción eléctrica española, sobre todo por parte de las tecnologías de menor coste. Asumo que ya saben que en España el precio de la electricidad se fija de manera marginalista, lo que quiere decir que en cada momento lo que se tiene que pagar por toda la energía eléctrica generada es el coste de la más cara de las producidas - Dicho de otro modo: el precio de todos los kw·h es el coste del más caro de todos los producidos y consumidos. Entre los factores coyunturales que han retirado de la producción los kw·h más baratos están la falta de viento y de sol que han acompañado y justamente caracterizado la ola de frío. Se ha citado también la falta de agua embalsada (39% de capacidad frente al 55% de hace un año) como factor coyuntural, aunque es difícil saber si la relativamente baja capacidad hidráulica va a ser, en los años por venir y el cambio climático mediante, algo coyuntural o estructural. 



Mucha menos atención se ha prestado a los factores estructurales que están afectando a la oferta, y de rebote a la demanda, y es acerca de eso sobre lo que centraré la discusión del resto del post.

Los dos factores más determinantes que están afectando de manera estructural a la oferta de energía eléctrica en España son la llegada del cenit del gas natural en Argelia, juntamente con su cenit del petróleo, y la llegada del mundo al cenit del uranio.

+ Situación del gas natural en Argelia: Argelia es el principal suministrador de gas natural a España: más del 50% (el porcentaje varía según el año) del gas consumido en España proviene del país norteafricano. Como ya hemos analizado en repetidas ocasiones en este blog, la producción de gas natural en Argelia lleva prácticamente estancada, con ligeras subidas y bajadas, desde hace casi 10 años, mientras que su consumo interno ha seguido una curva creciente y por tanto ha hecho decrecer las exportaciones rápidamente.



 


Pero si la situación de la producción argelina de gas natural es mala, la del petróleo es mucho peor: hace más de 10 años que Argelia superó su cenit de producción de petróleo y la producción del oro negro argelino (muy apreciado por consistir fundamentalmente de petróleos ligeros) está en declive; y al igual que en el caso del gas natural, el consumo interno sube de manera constante y las exportaciones decrecen de manera rápida por culpa del efecto del  territorio exportador.

 

El declive productivo del petróleo (materia prima más cotizada que el gas), juntamente con el escenario de bajos precios para el oro negro en los dos últimos años, han deteriorado enormemente las cuentas del estado argelino e incrementado la tensión interna del país. No sólo eso, sino que como el precio del gas natural está indexado al del petróleo también el valor de las exportaciones de gas ha caído estrepitosamente, una parte por la caída del precio y la otra por la caída de las exportaciones fruto del estancamiento productivo y el incremento del consumo doméstico.

En este delicado contexto, Argelia ha experimentado recientemente dificultades para mantener sus operaciones de exportación con buques metaneros, y en ese contexto se cita que ha habido problemas en las terminales de carga de Béthioua y Skikda. Sin embargo, no se debe perder de vista que la mayor parte del flujo hacia España circula por el gasoducto MedGaz (el 80% del gas que viene de Argelia y el 50% de todo el gas que consume España). Todos estos problemas parecen reflejar más bien la incapacidad de Argelia de mantener las exportaciones al ritmo acostumbrado, cosa que desde una perspectiva económica clásica resulta incomprensible  pero que es completamente lógica desde la perspectiva de las ciencias naturales.

Por culpa de esta escasez de gas natural, su precio en España ha aumentado en un 66% durante el mes de diciembre. Se ha de tener en cuenta que este problema es estructural, y aunque el precio bajará en las próximas semanas cuando vuelvan las temperaturas más moderadas, la dificultad para mantener el suministro en los niveles habituales persistirá, así que la tendencia de base para el precio del gas natural argelino es la de subir, con los altibajos propios de los momentos de mayor o menor demanda.

A diferencia de la electricidad, el gas natural sí que es la fuente de energía mayoritariamente usada en España para la calefacción, así que la ola de frío sí que ha repercutido directamente en una mayor demanda de gas, justo en un momento en el que ha habido problemas (relativamente menores, bien es cierto) de suministro. Eso ha llevado a un encarecimiento general del gas natural, y por tanto de la generación eléctrica en las centrales de ciclo combinado que usan gas natural. Sin embargo, la subida del precio del gas no explica por sí sola la subida del precio de la electricidad, puesto que las centrales de ciclo combinado sólo entran en funcionamiento cuando el resto de sistemas de generación eléctrica del sistema ya no pueden cubrir la demanda. Si bien es cierto que la producción de energía de origen eólico, fotovoltaica e hidroeléctrica ha estado bajo mínimos estos días, otro factor venido de fuera explica el por qué del incremento de la demanda y la explosión de precios: Francia.


+ Situación de la producción nuclear en Francia: Como ya hemos comentado en varias ocasiones, la producción de uranio mundial presenta síntomas claros de haber superado ya su cenit y encontrarse en el proceso de declive terminal. No deja de ser curioso encontrarse aún con tantos defensores de la energía nuclear como opción de futuro, a pesar de que no hay signos de que la producción de uranio se esté recuperando (por cierto, no intenten buscar datos sobre la producción mundial de uranio en el Departamento de Energía de los EE.UU.: ya no los hay) y la cosa ya va para varios años - por supuesto, los economistas neoliberales insisten en que se trata de un problema de equilibrio entre oferta y demanda y que simplemente la demanda cayó fuertemente después del desastre de Fukushima; aunque cabría preguntarse por qué entonces se sigue recurriendo al uranio almacenado mayoritariamente en forma de bombas nucleares y la producción de mina sigue decayendo. En todo caso, y yendo ya al caso específico de Francia, ya hace tres años comentamos cómo la intervención militar en Malí respondía al vital interés para el país galo de asegurar sus minas de uranio en Níger, de donde saca la tercera parte del uranio que consume. Dado que además a Francia le ha surgido un competidor sobre el terreno al que no puede echar, China, eso está creando problemas serios de suministro de uranio a nuestros vecinos del norte. Las noticias sobre lo que está pasando exactamente en el sector nuclear francés llegan con cuentagotas, envueltas en mucho secretismo. Hace siete años los sindicatos de trabajadores de centrales nucleares denunciaban que la empresa semipública Areva no retiraba a tiempo los residuos y que retrasaba el suministro de uranio. Poco después supimos que la empresa estaba prácticamente en quiebra y que sería rescatada por el Estado francés. Desde entonces, por uno u otro motivo, de manera permanente más de una cuarta parte de las centrales nucleares galas han estado paradas, siempre alegándose "razones técnicas" (últimamente, según se dice, por la detección de piezas defectuosas, que habría llevado a una detención total de algunos reactores mientras se hacen las oportunas revisiones).

Aunque es difícil confirmar que el problema francés con sus centrales es debido fundamentalmente a los problemas que está encontrando Francia para suministrarse uranio, ésta parece a todas luces la verdadera razón detrás del parón nuclear franés, sobre todo teniendo en cuenta que no es un problema puntual actual sino una cosa que se prolonga desde hace ya unos años y para la cual se van dando explicaciones (o excusas) que van cambiando con el tiempo, como si en vez de ser un problema estructural fuese una sucesión de problemas puntuales. Sea como sea, el caso es que los intercambios eléctricos entre España y Francia han ido aumentando en dirección norte a lo largo de los años, y la demanda en estos últimos días (alrededor de 2 Gw) duplica lo habitual.

Así que en este contexto, ha bastado unos días fríos para que Francia haya tenido que incrementar sus importaciones eléctricas del extranjero, y en particular de España. En Francia, al contrario que en España, la calefacción doméstica es frecuentemente eléctrica, debido al exceso de confianza depositado sobre la energía nuclear en esas latitudes (el 75% de la electricidad producida en Francia es de origen nuclear). Por su parte, España incrementó de manera poco racional su capacidad instalada, superponiendo diversas tecnologías, con lo que la potencia instalada en España, de unos 108 Gw, supera en mucho el máximo de potencia jamas consumida (el récord aún está en julio de 2008, con 45 Gw), y no digamos la potencia media (alrededor de 32 Gw). Aunque la potencia instalada nunca es alcanzable pues nunca todos los sistemas funcionan al 100% (por ejemplo, eólica y fotovoltaica tienen un factor de carga que en España está alrededor del 20%), España tiene bastante más capacidad instalada de la que necesita para su consumo doméstico. Como anticipábamos cuando discutíamos el papel de la línea de Muy Alta Tensión (MAT), el sentido de la interconexión entre España y Francia irá más hacia el último que hacia el primero, como estos días estamos confirmando. El problema es que la situación de déficit eléctrico francés es probablemente estructural, y eso presionará el precio de la electricidad al alza en España de manera bastante persistente, sobre todo en los momentos de mayor demanda.

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Así pues, como hemos visto, dos fenómenos de cenit productivo o pico (el cenit del gas natural argelino y el cenit del uranio mundial) son probablemente los factores de mayor peso que explican no sólo el actual incremento del precio de la electricidad en España, sino que los precios altos probablemente van a persistir, o incluso recrudecerse, en los próximos años.

El súbito incremento del precio de la energía eléctrica ha causado conmoción en los medios y en la opinión pública española. Las alarmas han saltado y los medios y los agentes sociales, aparentemente en defensa de los intereses de los ciudadanos, han reclamado una rápida y decidida intervención del Gobierno español para frenar la escalada de precios. Tal revuelo se justifica posiblemente más por el interés (quién duda que legítimo) de la industria que por el de los usuarios domésticos: al fin y al cabo, España es un país industrializado con una industria moderna que usa más una forma de energía muy especializada y útil como la electricidad en vez de otras más básicas y primarias como el gas o el petróleo. Alimenta el resentimiento del sector industrial saber que, a pesar de la gran capacidad instalada, España sigue teniendo una electricidad cara, y que los múltiples movimientos del oligopolio eléctrico influyendo a los gestores políticos han perjudicado, o así se ha percibido, la competitividad industrial vía abaratamiento de la electricidad.

Es en este contexto que el ministro español de la cartera de Energía (y de un par de cosas más no necesariamente relacionadas ni armonizables) haya anunciado una auditoría del sistema para detectar dónde se han producido los "fallos del mercado eléctrico", y propone entre otras medida la designación de un "creador del mercado", que en analogía a lo que pasa con el mercado financiero se encargaría de favorecer la eficiencia de los intercambios, llevando a una competencia perfecta y un abaratamiento de los costes. Dejando al margen la pertinencia del nombramiento del  "creador del mercado" (la empresa Gunvor), pensar que los problemas descritos más arriba se solucionan favoreciendo la competencia por medio de una especie de tutor (que a alguien cargará las minutas de su trabajo) es no sólo no comprender la naturaleza del problema, sino que en realidad pretende solucionar un problema que no es el que tenemos y creará otros de nuevos (particularmente, cuando se exijan responsabilidades?

¿Cuál puede ser la respuesta al reto que se plantea? No ya para hacer frente al problema puntual planteado estos días, sino a una situación en la que las circunstancias actuales serán constantes y más graves que las actuales. Es obvio que movilizar al máximo la capacidad de generación eléctrica es la medida más simple y directa, una "respuesta adecuada del mercado" a una situación de demanda creciente en un contexto de oferta limitada. Sin embargo, el problema irá a peor probablemente, y será necesario limitar al máximo la entrada de centrales de gas de ciclo combinado porque el gas será muy caro. En un momento dado, se planteará la necesidad de acotar o limitar la cantidad de energía eléctrica exportada hacia Francia. ¿Comenzarán a reivindicar los ciudadanos y empresas españolas que "la electricidad española es para España"? Tal "nacionalismo energético" no es, en esencia, demasiado diferente del "nacionalismo industrial" que está planteando Donald Trump en los EE.UU. con la revocación de los poco populares tratados de libre comercio y con la promesa de relocalizar la industria americana, cargando fuertes aranceles a los productos extranjeros (y particularmente chinos) si fuera preciso. ¿Va virar España hacia una posición ultranacionalista en temas de electricidad, de manera que garantice su competitividad económica y su bienestar? ¿Se impondrá por la fuerza de la ley cuotas para que las compañías eléctricas españolas no puedan exportar a su gusto hacia otros países que están dispuestos a pagar más? Al fina y al cabo, la imposición de cuotas en muy sencilla, pues basta con controlar Red Eléctrica Española, que es la empresa única que se encarga de la gestión del transporte de electricidad. Las cuotas se podrían establecer de manera explícita, o por medio de onerosos peajes impuestos a cada kilovatio·hora que atraviese la frontera. Pero, ¿y qué va a pasar con el gas natural? Argelia va a seguir teniendo dificultades para mantener sus exportaciones, y estas dificultades serán cada vez mayores. A Argelia le interesa vender su gas a quien mejor pague, y ése es probablemente antes Francia que España, pero el gasoducto mediterráneo pasa por España. ¿Va a entrar España en una serie de conflictos recurrentes por el transporte del gas argelino, al estilo de los de Ucrania con Rusia? ¿Se acabará produciendo una escala militar entre ambos países, a la que se sumaría Francia para defender sus propios intereses?


El mundo tras los cenits funciona de manera muy diferente a cómo funcionaba antes, pero por desgracia esta cuestión no se trata en las discusiones que se ven en los diarios y la televisión. Delante de los problemas que están aflorando, se insiste una y otra vez en parches economicistas y mercantilistas que no van a la raíz; se habla de mercado y de eficiencia sin identificar un problema más básico, bien descrito desde las ciencias naturales pero incomprensible para la escuela dominante de los economistas: que la disponibilidad de recursos naturales tiene un límite y no es que estemos llegando a él, sino que lo estamos rebasando. La falta de comprensión de este problema puede llevar a precipitarnos en las peores consecuencias. Es por ello indispensable hacer un análisis tranquilo y sosegado, pero sobre todo objetivo.

Salu2,
AMT

domingo, 17 de noviembre de 2013

Diario de trinchera: Malaise

Imagen de The New Yorker: http://www.newyorker.com/online/blogs/movies/2013/03/glad-to-be-unhappy-the-french-case.html

Frío.

La primera cosa que sentí al poner el pie en Francia fue frío. Mucho frío. Frío como hacía tiempo que no sentía. Y eso que sólo estaba en Narbona, que tiene un clima mediterráneo; cuando llegase a mi destino final, Burdeos, en plena fachada atlántica, ¿qué tiempo me iba a encontrar? Ciertamente las temperaturas tan benignas que estábamos teniendo en Cataluña estos días no son normales, pero me chocó el fuerte contraste con Narbona.

Había dejado el primero de los cuatro trenes que tenía que tomar, y aproveché que en ese cambio de trenes tenía un poco más de tiempo para comprar algo de beber y así acompañar la comida que traía de casa. Ya no tuve el resto del viaje tiempo de curiosear como suelo en los quioscos, para ver las noticias que enmarcan los titulares del país vecino; las correspondencias eran muy justas y en cada cambio de tren me tenía que concentrar en no perder el siguiente. Aproveché el rato para repasar la tesis de la que iba a ser jurado esa misma tarde, la tercera en Francia este año, y para ir leyendo la cuarta, que tendré que ir a juzgar dentro de un mes.

La lectura de tesis fue tranquila, sin grandes sobresaltos; un buen trabajo, bien presentado, sobriamente defendido. Très honorable sin gran discusión. Me sorprendió ver mucha menos gente de lo habitual. El piscolabis de después de la lectura también era mucho más comedido que el que había visto 10 meses antes en el mismo lugar.

Era el momento de la conversación informal con los otros miembros del jurado, todos ellos franceses, que discurrió por los derroteros previsibles, hasta que en un momento comenzamos a hablar de la situación general de España. No habían oído hablar de la gran cadena humana que en Cataluña reclamó la independencia el 11 de Septiembre pasado ("la democracia en mi país comenzó a morir cuando las noticias que nos llegaban de fuera eran cada vez más escasas e irrelevantes", diría Jan Palermo). Yendo ya al detalle de cómo nos afecta a los investigadores este amargo declinar de la economía española yo les conté algunas de las miserias actuales de mi centro. Pues resulta que después de todas las penalidades que explicaba en un post reciente finalmente el Gobierno aprobó a mediados de Octubre un crédito extraordinario al CSIC para "rescatarlo" (del hoyo donde ellos mismos le habían puesto), y de nada menos que 70 millones de euros, que era lo que necesitábamos para cubrir todos nuestros agujeros de este año. La alegría de haber recibido por fin el "rescate" ("rescate" anunciado a bombo y platillo a la prensa) duró menos de un semana, cuando desde la Organización Central del CSIC se comunicó a los centros que sólo recibiríamos 27 millones (casi lo que el CSIC gasta en un mes), con la advertencia de que ya no llegará nada más este año; esto ha obligado a tomar medidas extremas en todas partes y en particular en mi centro, medidas que más temprano que tarde tendrán consecuencias graves (disculpen que no sea más explícito pero no quiero perjudicar aún más a mis compañeros). Yo iba desgranando detalles escabrosos de lo que ahora mismo es nuestro día a día mientras mis colegas me miraban con estupefacción, alguno incluso con rabia contenida. Y es que a pesar de la distancia económica, social y cultural comienzan a ver que quizá un día las mismas miserias les lleguen a ellos.

La conversación se iba animando, y así pude sondearles sobre su opinión sobre el futuro de Francia. Confirmando mis impresiones de mis viajes recientes, hay un pesimismo creciente, y un algo inconcreto que indica que Francia está bajando a buen ritmo. Abuelos que le dan cheques con pequeñas cantidades a sus hijos, como regalo de cumpleaños para los nietos, pero que les ruegan que esperen un mes para cobrar. Mercados donde ya hace tiempo la gente va a la compra y compra una manzana, o una pera, o medio melón; y donde comienza a aparecer gente que quiere comprar media manzana. Tiendas y restaurantes que ya no aceptan el pago con cheques, lo cual para un país como Francia supone un síntoma clarísimo de degradación: desde hace décadas pagar con cheque es un rasgo distintivo en Francia; antes de la invención de las tarjetas de crédito y de débito los franceses usaban los cheques para pagarlo todo, y es aún común pagar así aunque sea un simple café en un bar. Teniendo eso en cuenta, que no se acepten cheques en algunos locales significa que se han encontrado demasiados cheques sin fondos, lo cual es una temeridad en Fracia: la ley francesa, para apoyar el comercio, castiga de manera muy estricta el extender cheques sin fondos. Temeridad fruto de un mal cálculo, o de la misma desesperación.

El viaje de vuelta fue más tranquilo, con correspondencias más largas, y estuve curioseando los diarios; incluso tuve la tentación de comprar un par de ellos. Los diarios de la derecha avisan de que la mayoría de la población quiere elecciones anticipadas mejor que una simple crisis de Gobierno, mientras algunos semanarios indican como "deshacerse del (presidente) Hollande desde arriba", y le representan como un monarca absoluto, con corona de oro y capa de armiño. Los medios de izquierda ponen el énfasis en el alza de impuestos prevista para el próximo 1 de Enero, dando el consuelo a la mayoría de la población de que si bien los impuestos suben para todo el mundo lo hacen de manera muy fuerte para las grandes rentas, que tendrán que pagar hasta el 70% de sus ingresos... lo cual origina no pocos debates y problemas (y quizá el encono de la derecha contra el "Rey Hollande"). La revista de curiosidades prácticas incluye en su número de esta semana una guía sobre cómo no privarse de nada (comida, espectáculos, electrónica... diría que algunas "necesidades básicas" no lo son tanto) y pagar mucho menos (mi consejo: una manera de ahorrar dinero es no comprando esta revista). Y como cosa curiosa, trae un reportaje sobre cuánto vale el Ejército. La orgullosa Francia cuestionándose su Ejército, qué cosas...

En la modesta habitación de mi hotel hacía frío, así que tuve que encender la calefacción. Eléctrica, como suelen serlo en Francia. Francia apostó hace décadas por una fuerte electrificación de la energía doméstica, confiada como estaba en su apuesta nuclear. Pero como ya sabemos hay problema últimamente con el uranio: el pico del uranio parece inminente y Francia tiene problemas de aprovisionamiento en algunos enclaves críticos para ella. Y aunque la desgracia de Japón ha liberado tensión sobre el mercado de uranio (Japón cerró todas sus centrales nucleares después del tsunami de 2011 y el desastre de Fukushima) el último envío de material nuclear desde Rusia a EE.UU. dentro del programa Megatons to Megawatts (recuerden que la mitad del combustible nuclear consumido por los EE.UU. hoy en día viene de Rusia con ese acuerdo) es el preludio de graves problemas para Francia, que a partir de ahora sufrirá para encontrar uranio. Eso, en medio de un proceso de descenso, la industria en progresiva decadencia, el malestar social creciendo... Las cosas pintan mal para el futuro de nuestros vecinos del Norte,


Cuando volví a Figueres y pisé de nuevo suelo (de momento) español sentí frío. Por fin el mal tiempo había llegado a mi casa. Hacía frío, mucho frío.

Frío.



viernes, 25 de enero de 2013

El canto del gallo




- A fin de cuentas - dije yo- si Francia ha entrado en Malí es por el uranio; lo sabes, ¿no?

- Claro que sí. Todo el mundo lo sabe.

Caía la noche, fría, lluviosa y oscura, sobre Burdeos. Me quedé mirando a mi amigo y antiguo jefe. Él miraba al suelo, y prosiguió con voz tranquila:


- Francia tiene 89 centrales nucleares, 59 de ellas comerciales. El 83% de la electricidad es de origen nuclear. No podemos prescindir del uranio.

No dije nada y seguimos caminando. Viví varios años en Francia y aprendí entonces a interpretar esa curiosa muestra de cinismo y pragmatismo con la que los franceses de a pie aceptan algunas barbaridades que hace su Gobierno de turno en pro de la France...

                       *   *   *  *   *

Desde hace varias semanas Francia está en guerra. Varios miles de soldados y decenas de vehículos blindados han sido enviados raudos al frente de batalla en Malí. Objetivo: evitar el avance del frente islamista que se rebeló en el norte del país después de la caída de Gadafi en Libia, so pena de que el país se convierta en un nido de yihadistas que amenace el mundo occidental. O ésta es, grosso modo, la explicación oficial.


Gadafi se mantuvo en el poder con unidades mercenarias formadas a partir de las tribus tuareg del desierto, y al caer el dictador libio esos mercenarios, con adiestramiento y pertrechos militares, se refugiaron con sus primos del lado maliense. En Malí y en Níger desde hace muchos años periódicamente se han levantado grupos armados que reivindican mejores condiciones de vida para los tuareg; esta vez, sin embargo, sus capacidades militares eran sensiblemente mejores. En poco más de un año los tuareg han tomado el control de dos tercios del país, sin que el débil y corrupto ejército maliense pudiera hacer gran cosa para detenerlo. Que el problema tiene carácter de guerra civil lo evidencia también que no pocas unidades del ejército maliense se hayan pasado al otro bando, y muestra también que el gobierno de Malí no tiene el apoyo incondicional de su poblaciónDe hecho, antes de que Francia comenzase el bombardeo el 11 de Enero ambas facciones habían acordado un alto el fuego y estaban negociando un acuerdo de paz. Sin embargo, Francia ha pretendido presentar el conflicto interno como una batalla en pro de la democracia y contra el integrismo islamista, y ha organizado una coalición de países africanos como fuerza defensora para no aparecer como la vieja metrópoli que continúa interfiriendo con los asuntos de su ex-colonia; incluso, ha conseguido una resolución de la ONU para justificar la intervención. El apoyo de sus aliados, sin embargo, ha sido tibio. Más allá de unas palabras de apoyo de los EE.UU. y algunos aviones de carga de sus aliados europeos, Francia se ve sola luchando en Malí mientras las fuerzas de la coalición africana no acaban de llegar. El hecho es que Francia comenzó a desplegar sus tropas sin esperar a nadie más, delante de la tesitura de que el Gobierno maliense cayese y los grupos tuareg se alzaran con el poder.

¿Qué es lo que urge de tal manera a Francia en Malí? No es el petróleo ni el gas, materias de las que las cantidades potencialmente explotables en el país no son significativas y que se pueden obtener más fácilmente en otros lugares. No es tampoco los metales preciosos en los que el país es rico. No. Lo que en este momento urge a Francia a actuar es el uranio, en una doble perspectiva a corto y a largo plazo. A largo plazo, la explotación de las minas de uranio de Malí será clave para saciar el hambre gala del material sobre el que pivota todo su modelo industrial, y del que a menudo se enorgullecen puesto que la energía nuclear se considera autóctona (a pesar de que el combustible de base, el uranio, se consigue fuera del país). Las cantidades de uranio son significativas pero no grandiosas (se piensa que en Falea hay 5.000 toneladas de uranio natural, el equivalente a 10 recargas -una cada 18 meses- de una central nuclear de 1 GW) y ni siquiera se ha pasado de la fase de exploración; sin embargo, esas futuras minas serán imprescindibles algún día. En el corto plazo, sin embargo, por lo que Malí es crítico es para el transporte del uranio de Níger -no confundir con Nigeria-, éste sí clave para la industria francesa: un tercio del uranio que consume la antigua metrópoli sale de territorio de Níger. Y los recursos en uranio de Níger sí que son importantes, de los mayores del mundo:




Francia ha sufrido muchos contratiempos en Níger que, como Mali, es una antigua colonia suya. Durante años los Gobiernos de Níger fueron dóciles y permitieron la explotación de su uranio a bajo precio y sin tener que asumir el desgaste medioambiental -la mayoría de minas son de cielo abierto- que generaba, degradando las condiciones de vida del pueblo nigerí, quien estuvo sometido manu militari cuando fue preciso. Eso ha generado frecuentes revueltas, huelgas y crecientes dificultades para la explotación de las minas por el hostigamiento armado de grupos separatistas en las prospecciones cerca de la frontera con Mali. De hecho, algunos expertos opinan que la necesidad de reforzar la seguridad de las minas está detrás de la precipitación en la actuación francesa, y los hechos lo confirman directamente.


A las dificultades de explotar el uranio nigerí se le ha unido desde hace unos años una competencia sobre el terreno con China, quien ha conseguido algunas concesiones mineras en Níger y expande rápidamente sus operaciones en ese país. Incapaz de echar a un país tan poderoso, la compañía francesa Areva ha optado por buscar vías de colaboración en algunos proyectos mineros, también buscando abaratar costes. De modo que el recurso que Francia tan desesperadamente necesita es cada vez más escaso, caro y peligroso de explotar, y encima ahora lo tiene que compartir.


Toda esta penuria de nuestros vecinos del norte tiene un contexto general a escala mundial nada halagüeño: el uranio se está volviendo caro y escaso. De momento, se está viviendo un relativo estancamiento de su extracción: de acuerdo con los datos de la Asociación Nuclear Mundial 2012 es el segundo año seguido en que la extracción mundial de uranio ha descendido (54.660 toneladas en 2010, 54.610 en 2011 y 52.221 en 2012). Aunque tales oscilaciones en la producción son frecuentes en la serie histórica y el desastre de Fukushima ha disminuido levemente la demanda de uranio, sigue habiendo un salto considerable entre el uranio extraído y el consumido, que hasta ahora se cubría con el uranio reaprovechado de las cabezas nucleares rusas desmanteladas de acuerdo con el programa Megatons to Megawatts. Desafortunadamente, el programa expira este mismo año 2013 y no se renovará, con lo que se espera un déficit de uranio de en torno al 22% del suministro actual. En este contexto sorprende la caída de la extracción de uranio y se anticipa un escenario de problemas de suministro bastante serio; quizá, la llegada precipitada del temido pico del uranio. Y en ese mercado cada vez más tensionado del uranio es donde Francia se está jugando su raison d'être.



Esta guerra de Francia es una más de las guerras por los recursos, semejante a otras anteriores y a otras que la  seguirán. Lo único que la diferencia a ésta y seguramente a las que vendrán es el grado de desesperación del bando agresor. La Francia industrial que resurgió con fuerza en el siglo XX ahora agoniza; su estado financiero no es tan bueno como presume y posiblemente sea pronto blanco de los mismos buitres que no han dejado de acechar a España aunque ahora se pretenda lo contrario.

Francia se juega una parte importante de la supervivencia de su modelo industrial en asegurarse el suministro de uranio nigeriano y maliense. Si ahora falla, el desfalleciente tejido económico e industrial francés ya no podrá costear otra guerra. Esta guerra es el canto del orgulloso gallo francés. Quizá el postrero.

Salu2,
AMT