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miércoles, 29 de agosto de 2012

Intuición versus razón



Queridos lectores:

En una reciente discusión en los comentarios de este blog sobre el mérito relativo de las maneras de abordar la discusión de los problemas ocasionados por el Oil Crash y, sobre todo, la derivación de consecuencias a partir de los hechos observados, uno de los comentaristas se descolgó con una curiosa reflexión. Al decir de esta persona, tiene un mérito predictivo y evaluativo semejante, si no mayor, las aproximaciones basadas en la intuición y la propia experiencia vital respecto a las basadas en el análisis y en la aplicación del proceso lógico-deductivo. El ejemplo que dio para tal aserto es uno de los clásicos: tiene más fiabilidad a la hora de predecir si va a llover que al tío Paco (el moro musa, en su parábola) le duelan los juanetes que no lo que diga el hombre del tiempo por la tele. Dada la recurrencia en este tipo de argumentación del ejemplo de los juanetes o similares en la predicción meteorológica merece la pena detenerse un poco en su explicación detallada, ya que a pesar de ser un ejemplo muy particular podremos extraer varias lecciones generales muy valiosas (en añadidura, parece que la colección de ejemplos del imaginario popular en lo tocante a la ineficiencia práctica de la aproximación científica en la predicción no es tampoco muy extensa).

Los juanetes y otras articulaciones doloridas de los seres humanos parecen ser especialmente susceptibles a los cambios del tiempo atmosférico, aunque tal fenómeno no es en absoluto anómalo o excepcional. No sé si habrán visto Vds. alguna vez una de esas estaciones meteorológicas burdas y simples como aquella del monje de cartulina que con un puntero señala el tiempo que va a hacer y cuya capucha le cubre la cabeza cuando parece que va a llover. 



Si desmontan el ingenio verán que es burdamente sencillo; el aparato consta de poco más que una cerda de crin de caballo en tensión. La cerda reacciona a los cambios de las condiciones físicas del aire: presión atmosférica, temperatura y, mayormente, humedad relativa; y reacciona de la única manera posible para ella: dilatándose o contrayéndose. Como está en tensión, a alargarse o contraerse cambia la posición relativa del puntero y de la capucha que están conectadas a la cerda con un simple engranaje de muelle. 

En un nivel de sofisticación superior están las estaciones meteorológicas digitales; yo tengo una de ésas en casa, con una sonda de medida colocada en el alféizar de la ventana. Estos ingenios miden esas tres variables que antes comentaba (presión, temperatura y humedad relativa) y también formulan predicciones simples (soleado, nublado, lluvioso) para las siguientes 24 horas y también para 48 horas más tarde. En el folleto que la acompañaba cuando la compramos ponía que la estación tiene un nivel de acierto en sus predicciones del 80% a 24 horas y del 67% a 48 horas (lo cual no es nada desdeñable). Y aunque nunca he hecho una estadística tabulada de sus aciertos, mi impresión personal es que efectivamente se mueve en torno a esas cifras.

Así pues, simplemente midiendo la presión, temperatura y humedad relativa del aire en un cierto punto nos podemos hacer una buena idea de lo que va a pasar durante las próximas horas. Eso es así porque las estructuras atmosféricas tienen un gran tamaño, con lo que a pesar de moverse relativamente rápido (típicamente unos pocos kilómetros por hora) tardan en llegar, en pasar y en irse. El efecto más inmediato de la llegada de nubes y de la lluvia es el aumento de la humedad relativa del aire, que es a lo que es más sensible la cerda de crin de caballo y los juanetes del tío Paco. Por su parte, la temperatura tiene un efecto sobre la humedad relativa, ya que a mayor temperatura mayor es la cantidad de humedad absoluta que el aire puede absorber y por tanto una subida brusca de la temperatura disminuye la humedad relativa (y por tanto la probabilidad de lluvia); y al contrario la bajada de la temperatura aumenta la humedad relativa, eventualmente saturando la capacidad del aire de retener este agua y forzando su precipitación (eso es lo que provoca el rocío o que los aires acondicionados echen agua por detrás).  Por último, como ya saben de ver al hombre del tiempo las bajas presiones nos indican la llegada de borrascas, en tanto que las altas presiones son sinónimo de tiempo soleado (no explicaré aquí el por qué: tiene que ver con la asociación de la convección atmosférica con las bajas presiones y el efecto de la aceleración de Coriolis). El tío Paco con sus juanetes sólo mide, cualitativamente, la humedad relativa del aire y quizá un poquito los cambios de presión, y con la experiencia de su dolor seguramente es capaz de acertar un 60 o un 70% de las veces (las veces "falladas" son descartadas por un sesgo perceptual que luego comentaré), lo cual es en todo caso un registro bastante aceptable. Nuestra estación meteorológica nos puede dar un porcentaje de acierto del 80%, el cual es verdaderamente bueno. ¿Y que pasa con la predicción del noticiario de la tele?

La predicción del boletín meteorológico televisivo no es una predicción para mi casa, mi barrio o mi ciudad. Típicamente es una predicción hecha para zonas bastante más amplias, porque lo que se está intentando es capturar el comportamiento del tiempo atmosférico sobre una región grande del espacio. Añádase a ello que la lluvia es un fenómeno bastante intermitente, tanto en el espacio como en el tiempo. Según la orografía y otros factores físicos de la zona donde Vd. viva se encontrará que la predicción televisiva mejora un poco la de la estación meteorológica local (lo más probable) o quizá incluso la empeora un poco (raro, pero en ciertos sitios puede pasar); en general está proporcionando una predicción bastante aceptable sobre una gran área, que incluye muchos sitios donde no hay estaciones meteorológicas que den medidas. Pero es que además la predicción numérica hace algo muy importante: es una predicción cuantitativa del tiempo atmosférico, y no meramente cualitativa. Es decir, nos da cierta idea de cuáles son las temperaturas que podemos esperar, la intensidad y dirección del viento o incluso la cantidad de precipitación esperada. Lo cual es ir mucho más lejos que los métodos cualitativos, entre otras cosas porque puede ser usada para gestionar riesgos (de inundaciones o fuerte viento, por ejemplo).

En realidad, si quiere usar Vd. las herramientas de la predicción numérica para saber el tiempo en su casa y está dispuesto a pagar el suficiente dinero, lo puede hacer. Desde hace años se usan radares y modelos de pequeña escala acoplados a las salidas de modelos de gran escala para predecir con gran exactitud el tiempo en lugares muy concretos (como en Wimbledon, para saber si se podrá jugar o no el partido de tenis del famoso campeonato). Como norma general, el personal podemos pasar con bastante menos precisión (y precio) y lo de la tele ya nos basta, o si no echamos manos de los juanetes del tío Paco. La ventaja de los juanetes del tío Paco es que sólo le duelen cuando la cosa es clarísima, si él ya lo dice: "Cuando me duelen, llueve". Y, sí, si le duelen llueve, y llueve a raudales. Aunque en ocasiones no le dolerán y se echará a llover. Pero para acabar de complicar la discusión, seguramente cuando ya esté lloviendo, aunque él no lo viera venir, sus juanetes le duelen, porque en ese momento obviamente la humedad es bastante grande, así que difícilmente le podrás venir con el cuento de "¿Ve, tío? Ha llovido y no le dolían los juanetes", porque en aquel momento le molestarán y de lo lindo y como le vengas con ésas se quitará la alpargata y no precisamente para enseñarte los doloridos juanetes. En resumidas cuentas, la manera de gestionar la predicción del tío Paco es sesgada (sesgo cognitivo) y garantiza que todo se cuente como acierto, ya que 1) es cualitativa (no nos dice los litros por metro cuadrado ni la fuerza del viento, sólo "va a llover"); 2) el horizonte temporal al que se aplica es bastante indeterminado ("lloverá pronto, antes de mañana a la noche"); y 3) en realidad nunca falla porque si al final llueve, aunque no lo haya anticipado, le dolerán los juanetes. Sin embargo, si se obligara a dar una previsión cada día (y no sólo cuando le duelen los juanetes) de las próximas 24 horas veríamos que acierta del estilo del monje de la capucha. Por el contrario, la predicción numérica es mucho más regular en sus aciertos cualitativos, los produce para toda una región o país y no sólo para un punto, y encima nos aporta información, imprecisa pero útil, sobre muchas variables. Desgraciadamente el sesgo cognitivo juega a favor del tío Paco, porque el planteamiento de su previsión, no sistemática ni cuantitativa, la presenta como mejor aunque objetivamente sea peor. 

Las conclusiones de esta discusión de un ejemplo banal, la predicción intuitiva del tiempo versus la predicción científica, puede extrapolarse a muchos otros ámbitos, particularmente que el uso de casos que favorecen la interpretación intuitiva sean seleccionados en vez de cogerse todos sistemáticamente, y que se contraponga valoraciones cualitativas muy grosera (tipo "Sí" y "No") a otras detalladas y numéricas, que aunque imprecisas aportan más información y capacidad de anticipación.

La intuición de cómo funciona el mundo físico es, en el fondo, una manera no completamente consciente de razonar. Uno intuye las cosas porque las ha visto más veces y ha observado conexiones y correlaciones. Se podría decir que, en base a la propia experiencia, uno ha formulado ciertas hipótesis de partida. Ése es también el modo de proceder de la ciencia; la diferencia estriba en que la ciencia no se queda ahí, sino que contrasta las hipótesis, hace medidas para ver la calidad de lo que se predice,  y en función de las desviaciones observadas reformula las hipótesis y las va mejorando por el método de ensayo y error. El tosco método de los juanetes no es más que una versión beta de un análisis científico, usando instrumentos imprecisos y no calibrados y sin mejora de las hipótesis; un método que ya aporta información útil, pero que sin duda puede ser mejorado.

Hay, sin embargo, otro aspecto de la visión intuitiva de la realidad, de guiarse "por el propio instinto", que va bastante más allá que tener una actitud pre-científica. La persona intuitiva, la que se guía por su instinto, suele ser presentada en el cine y la televisión como el hombre cabal, que no se deja aplastar por el desapasionado raciocinio de científicos sin sentimientos (o directamente malvados) y de potentes pero frías computadoras. No deja ser curioso que en una sociedad tan tecnificada como la nuestra se fomente una actitud pre-científica, casi mágica, para afrontar hechos en ocasiones graves y que requieren de una buena comprensión de qué es lo que está pasando (como es el caso del peak oil). Pero aún así, éste es el mito, el del hombre intuitivo, el del hombre libre, que se impone desde los medios de comunicación y propaganda. El prototipo de ese mito lo representa la escena con la que abro el post: la mítica -nunca mejor dicho- escena de la Guerra de las Galaxias (los españoles siempre tan exagerados en sus traducciones) en la que Luke Skywalker desactiva el sistema computerizado de ayuda al disparo y confía en su capacidad personal, en su intuición, magnificada aquí en la representación de la Fuerza. Y, por supuesto, triunfa. No es casual que la propaganda asociada a la forma de hacer de nuestro sistema económico, al BAU que lo domina, favorezca esa visión intuitiva, puesto que el hombre intuitivo es, esencialmente y por definición, un hombre irreflexivo (¿para qué perder el tiempo en monsergas si él "siente" la respuesta?) e individualista (él se basta y sobra para desfacer los entuertos). Tal protopersonaje es presa fácil de toda la propaganda orientada al consumo sin freno y por tanto sirve bien a un sistema económico el motor del cual es el despilfarro. Así que no es de extrañar que nuestra sociedad decadente vilipendie la reflexión y desprecie la racionalidad, empezando por los que muestren tal inclinación en su tierna infancia (los despectivamente denominados "empollones"). Pero se ha de entender que tal actitud no sólo es infundada, errónea y absurda: además es totalmente suicida.

Nuestra relación con la tecnología en esta compleja sociedad nos hace, en realidad, más vulnerables y no menos. Levantar a ultranza la bandera del individualismo y la intuición cuando los sistemas implicados son complejísimos y con innúmeras interacciones es realmente temerario: una sola persona no puede tomar decisiones tan cruciales con informaciones tan parciales y tanto ruido y sesgo, cuando no ocultación, en la información. Pero nuestros líderes proceden en realidad así, y el tipo de persona que creemos que tenemos que promover al mando es alguien con "visión de conjunto", con "sentido del Estado" y otras memeces intuicionistas, en vez de preconizar un asesoramiento fundado en un gran equipo de especialistas y una toma de decisiones pausada y reflexionada, con una aplicación cauta de las medidas.

Nada de esto. Los actuales líderes y los futuros salvadores de la patria responden y responderán al arquetipo heroico del héroe intuicionista. Pero que una persona asuma esa responsabilidad en nombre de toda la sociedad con el único medio de su intuición y su arrojo a la hora de tomar medidas difíciles nos lleva al riesgo extremo y, si pasa suficiente tiempo, al desastre. Y a veces parece que no recordamos que en este juego sólo tenemos una vida.



Salu2,
AMT

lunes, 27 de agosto de 2012

Teoría de sistemas dinámicos

Queridos lectores,

La batería de posts enviados por los lectores es ya bastante amplia, y espero poder despacharla en las dos próximas semanas. El post de hoy es bastante técnico, pero es fundamental para comprender algunas de las claves de la complejidad y de la dificultad predictiva en muchos sistemas reales. Del solvente puño y letra de Luis Cosin, bienvenidos sean al mundo de los sistemas dinámicos.

Salu2,
AMT


1. Sistemas dinámicos


La dinámica de sistemas es una disciplina relativamente nueva, que ha conocido un desarrollo importante en los últimos años gracias a la informática.

Su objetivo es modelizar, simular y tratar de comprender el funcionamiento de sistemas complejos, donde se dan fenómenos de retroalimentación (es decir, donde un fenómeno es a la vez “causa” y “efecto” de otros).

La mentalidad sistémica rompe con la linealidad del pensamiento causa-efecto y explora la forma en que múltiples fenómenos interaccionan entre sí.

La metodología sistémica se usa cada vez más en el análisis de sistemas ecológicos, sociales, económicos, empresariales...etc. para la toma de decisiones.

Conceptualmente, un sistema dinámico es un conjunto de agentes, que realizan intercambios cuantificables entre sí (materia, información, energía...etc.) de acuerdo a unas reglas o “leyes” que regulan su comportamiento.


Referencias






2. Formalización


La formalización de lo que es un sistema dinámico es relativamente sencilla y fue dada en la década de los 60 por Jay Forrester.

Un sistema dinámico es un conjunto de agentes o partes que intercambian entre sí flujos cuantificables de materia, energía o información de acuerdo con ciertas reglas de funcionamiento.

Cada agente del sistema queda definido por un estado, que es un conjunto de variables (variables de estado) que describen su situación. Por poner un ejemplo “BAU” con el que estemos familiarizados, un almacén puede quedar definido por las cantidades en stock de los diferentes materiales.

ALMACÉN


Stock ítem 1
Stock ítem n











Y unas reglas para comunicarse con el resto de agentes (es decir, con qué otros agentes y a qué ritmo puede realizar intercambios y cómo esos intercambios afectan a su estado).

Por ejemplo, en el caso de un almacén, y siguiendo un BAU muy minimalista, podríamos definir los siguientes intercambios:



Aún se pueden incluir más factores o “agentes” que interactúen con los anteriores: expectativas de clientes, costes de transporte, disponibilidad de ciertos recursos críticos, huelgas, disponibilidad de personal, previsiones de venta de los proveedores…etc.

Estos diagramas pueden alcanzar gran complejidad y no deben leerse “de arriba abajo” o “de izquierda a derecha” sino que cualquer punto y cualquier dirección puede servir de partida para describir un proceso o una interacción.

De hecho, toda interacción que pueda ser cuantificable puede formar parte del modelo. Uno de los métodos más usados para identificar factores e influencias es el “brainstorming” o “tormenta de ideas” donde participen tanto personas familiarizadas con el sistema como otras no familiarizadas.

Una vez que estamos razonablemente satisfechos con la lista de agentes y sus interacciones, hay que definir las reglas cuantitativas por medio de las cuales se relacionan entre sí.

Por simplicidad en el tratamiento matemático posterior, suele asumirse que los intercambios son continuos y equiparables a flujos de fluidos (es decir, como si hubiese “entradas”, “salidas”, “depósitos” y “tuberías”).

Así, suele expresarse el flujo instantáneo en un momento dado como una derivada. En el caso anterior, para la variable “Stock ítem 1”, podemos establecer que la variación instantánea es:

d (Stock ítem 1)
_____________ = F(variables de estado del sistema)
d t

Es decir, en todo momento, la velocidad a la que varía la variable (en este caso, el stock del ítem 1) es una función del resto de variables de estado del sistema: tasa de reposición, demanda, tiempo de entrega…etc.

Aquí es necesario apoyarse en mediciones y experimentos en los que se mida el output del agente en función de los diferentes estados posibles.

Una vez definidas las reglas, tenemos el modelo del sistema dinámico, consistente en un sistema de ecuaciones, que debe ser testado frente a observaciones reales (para verificar su capacidad de replicar el comportamiento observado).

La componente matemática, temporal y determinista del comportamiento de los agentes y sus interacciones es fundamental para obtener un modelo capaz de predecir el comportamiento del sistema en situaciones no observadas.


Referencias



3. Grados de libertad y evolución de los sistemas dinámicos


Podemos representar el estado de un sistema en un momento dado como un vector de N dimensiones formado por todos los valores de sus variables de estado:

( x1 … xN )

Sin embargo, debido a las restricciones impuestas, no todas las variables de estado pueden tomar cualquier valor: unas dependen de otras.

Se llama “dimensión” o “grados de libertad”, n, del sistema al número máximo de variables de estado independientes.

De forma un poco grosera, para restricciones que sean independientes:

n = Grados de libertad = número de variables de estado – número de restricciones.

Así, un sistema de 10 variables de estado y 3 restricciones independientes tiene 7 grados de libertad.

Si el sistema tiene dimensión “n” y las variables a partir de n, xn+1 … xN son dependientes de las anteriores, entonces, el sistema queda realmente descrito por el siguiente subconjunto de variables:

( x1 … xn )

Y no necesitamos considerar el resto.

Para cada punto, definimos el vector de la evolución instantánea del mismo desde ese punto como la derivada respecto del tiempo en ese punto.

( dx1 / dt … dxn / dt )

Obtenemos así un campo de vectores. Este campo de vectores puede tener muchas dimensiones y no ser representable.

En el caso más simple, de dos dimensiones (2 grados de libertad) el campo de vectores puede representarse como una “alfombra” de vectores, uno en cada punto:




En cada punto, el vector del campo nos da dos datos:

  • La dirección en la que el sistema evoluciona desde ese punto.
  • La velocidad a la que lo hace (que es la longitud o módulo del vector)

Las curvas cuya derivada respecto al tiempo en cada punto es igual al vector del campo en dicho punto se llaman curvas integrales y dan la evolución temporal del sistema.


Referencias







4. Atractores

Un atractor o sumidero es el comportamiento al que tiende un sistema cuando se deja pasar suficiente tiempo, independientemente de la situación inicial. Es decir es un subconjunto del conjunto de estados posibles que representa un comportamiento límite.

Un sistema puede no tener atractores en absoluto, por ejemplo, si su comportamiento viene definido por un campo de vectores en espiral, de modo que su comportamiento sea alejarse indefinidamente del centro de la espiral.

O puede tener uno sólo, o más de uno. En caso de tener más de uno, su comportamiento límite va a depender de la situación inicial.

Generalmente, los atractores se clasifican en tres tipos:

  • Atractores puntuales: Son puntos tales que, si el sistema pasa suficientemente cerca de ellos, evolucionará acercándose cada vez más a ellos.


Atractor puntual simple

  • Atractores cíclicos: Son conjuntos cerrados (pueden ser curvas cerradas en el plano, toros en un espacio de tres dimensiones…etc.) llamados ciclos límite. Se caracterizan por estar acotados y exhibir un comportamiento cíclico en cada una de las variables (que, sin embargo, no tienen por qué estar sincronizadas entre sí!).


Atractor del sistema de Lotka-Volterra (equilibrio predador-presa)



Atractor del diagrama de fases de Van Der Pol (usado al sintonizar radios y TV)


Atractor en forma de toro de dos dimensiones
(dos variables de estado independientes cíclicas y no acopladas)

  • Atractores “extraños”: Un gran cajón de sastre con “todo lo demás”. El atractor tridimensional de Lorenz, ligado al sistema climático y que es uno de los primeros ejemplos de sistema caótico, es uno de los atractores extraños más conocidos y tiene forma de “alas de mariposa” (de donde viene la expresión “efecto mariposa”).



Atractor de Lorenz para el sistema climático




Atractor de Rossler (útil para describir eqilibrios en reacciones químicas)


Al igual que existen conjuntos atractores, existen conjuntos repelentes. Se trata de comportamientos que el sistema tiende a abandonar y prefiere alejarse de ellos. Un ejemplo es el conjunto de Juliá.

El teorema de Poincaré-Bendixson muestra que un atractor extraño sólo puede darse en un sistema dinámico continuo si éste tiene tres o más dimensiones (es decir, tres o mas grados de libertad).

Para sistemas discretos, existen ejemplos de atractores extraños para 1 y 2 dimensiones.


Atractores extraños para el sistema de Henon-Heiles (sistema discreto)


Muchos atractores extraños conocidos tienen una estructura fractal.

Referencias




5. Orden y caos

(Reconozco que el título de esta sección es un poco pretencioso) Los sistemas dinámicos se clasifican en tres grandes tipos:

  • Estables, cuando tienden invariablemente a uno o más atractores simples (puntos u órbitas de dos o más dimensiones) sin escaparse de ellos.

  • Inestables, cuando no tienen atractores o no todos sus estados iniciales convergen a un atractor.

  • Caóticos, cuando exhiben ambos comportamientos (en función de las condiciones iniciales). Existen atractores, pero a la vez, hay repelentes que los alejan de éstos. El sistema permanece confinado en una zona de su espacio de estados, pero sin tender a un atractor fijo.

De este modo, su comportamiento, aunque determinista, es muy dependiente de las condiciones iniciales, hasta el punto que pequeñas variaciones en las mismas pueden conducir a comportamientos totalmente diferentes. El primer ejemplo conocido de sistema caótico es el sistema climático descrito por el atractor de Lorenz.

Ejemplos de sistemas caóticos son: el Sistema Solar, las placas tectónicas, los fluidos en régimen turbulento y los crecimientos de población.

Referencias










jueves, 19 de agosto de 2010

Gestionar la incertidumbre

Queridos lectores,

Con este post estoy batiendo un récord personal; nunca antes había escrito tres posts en tres días consecutivos y además de esta extensión. Lamentablemente no podré mantener este ritmo en un futuro próximo, así que mejor aprovechar lo que hay en este momento.



Como cabía esperar, mi último post, "El peor escenario posible", ha creado una reacción bastante intensa: en pocas horas tiene ya 18 comentarios de lo más diverso. El tema tratado en ese post es proclive a generar angustia, ya que se trata de delinear un escenario posible en el que todo lo que pudiera ir mal fuera mal, aunque dentro de un orden. Los límites declarados de tal escenario son asumir que los cénits de producción de energía de todos los combustibles fósiles son los más cercanos en el tiempo de entre los que proponen los diferentes análisis y estudios que sobre el tema existen, y que delante de una situación de escasez magnificada como ésta la reacción sea intentar continuar con el Bussiness as Usual (Negocios como Siempre, BAU), o sea, como si tal cosa. Lo que se pretende con este análisis es mostrar la cara más negra que pueden tomar los acontecimientos para, como muy bien indica el comentarista Jose, "para mi es un escenario posible y aleccionador sobre lo que puede ocurrir. Para gente que no tenga mucha imaginación sobre cuánto pueden torcerse las cosas, puede abrirle los ojos". En cierto modo, era también un post-experimento, para suscitar reacciones en los lectores con las cuales construir el siguiente post, éste que ahora leen. Pues aparte de plantear un escenario, posible aunque improbable, de caos y destrucción, quería ver cómo la gente que ya tiene un mínimo nivel de conciencia sobre el problema reaccionaba. Todas las reacciones comparten un rasgo en común: todas eligen un modelo, aunque diferente, de gestión de la incertidumbre sobre el futuro. La cuestión ahora es si esa elección es óptima y racional.


No sorprendentemente, la reacción de mi amigo Hank Rearden (el cual ya se ha identificado como empresario en un comentario anterior, con lo que yo ya no revelo nada) es absolutamente contraria, hasta las vísceras, al planteamiento expresado en este post. Él califica el escenario de imposible, y el primer argumento que da para respaldar esta afirmación de imposibilidad es que las previsiones de producción de materias energéticas no se ajustan a las del informe ITPOES de este año, particularmente porque las espectativas que estoy usando para el gas no son tan malas en el informe ITPOES (para los recién llegados, el Industry Taskforce on Peak Oil and Energy Security es un grupo de trabajo constituido por algunas empresas británicas de importancia para tratar el Peak Oil y exigir a su Gobierno la toma de medidas de mitigación, evidentemente dirigidas a preservar el BAU). Sin embargo, tengo la impresión de que mi amigo ha asimilado aquellas partes del informe ITPOES que mejor cuadran con sus deseos y expectativas. El único análisis en profundidad sobre el gas que hay en el informe en cuestión se encuentra en el capítulo "Opinion A: Chris Skrebowski", que recoge la opinión de uno de los dos expertos designados por el ITPOES. En la página 24 y siguientes el señor Skrebowski analiza la cuestión del gas, valorando pros y contras y analizando el hecho que tiene revolucionada la industria durante los últimos dos años, que es la creciente producción de gas de pizarra en los EE.UU. Sin embargo, el Sr. Skrebowski evoca toda una serie de dificultades y restricciones que amenazan a esas fuentes de gas, como que en particular su producción decae muy deprisa y en poco años se hacen no rentables; su conclusión final es que el gas puede ser una opción a corto plazo, pero que hay no pocas dudas sobre él. Sin salirnos de los análisis que está haciendo la industria, en términos más duros se expresan los autores del informe de Lloyd's, más reciente que el de ITPOES, "SUSTAINABLE ENERGY SECURITY: Strategic risks and opportunities for business". Que nadie se deje engañar por el título; este informe pinta un panorama bastante complicado para los próximos años, y en cuanto al gas, y particularmente el de pizarra, identifica multitud de otros problemas, incluyendo los ambientales y los geoestratégicos. Se puede añadir, incluso, que la presunta "inundación" (glut) de gas en los mercados mundiales por la incorporación masiva del gas de pizarra es un gigantesco espejismo orquestado por la industria para engañar a los inversores, como argumenta Dave Cohen en Decline of the Empire, ya que como Cohen dice, ¿cómo se puede argumentar que la producción ha aumentado un 10% cuando el consumo + almacenamiento ha disminuido ligeramente? Claramente las cifras están manipuladas, y eso aumenta la incertidumbre.

Todo esto nos reporta a otra cuestión clave, y es la de la independencia de los analistas. La gente que trabaja con ASPO u otras organizaciones científicas que analizan la cuestión del cénit de la energía no tiene intereses económicos o corporativos a los que atender; al contrario, tienen todos los estímulos para ser conservadores y prudentes, dala la mala experiencia previa del Club de Roma. Por el contrario, la industria general, la productora de energía en particular y los órganos gubernamentales tienen una malla de intereses cruzados que hace que les sea más difícil reconocer la verdad, cuando la simple aceptación de que las reservas son menores de lo esperado puede hacer caer las acciones de una compañía o aceptar que habrán restricciones generalizadas hundiría las bolsas mundiales. Justamente es por eso que prefiero respaldar mis afirmaciones con informes surgidos del mundo académico antes que del mundo de los negocios, aunque saludo iniciativas como las de ITPOES o de Lloyd's que comienzan a abordar el problema; añádase que estos últimos no hacen el análisis de las fuentes de energía, simplemente toman los datos de la literatura existente, con objetividad y sin aspavientos. En este contexto, me resulta interesante en el comentario de mi amigo Hank la siguiente frase: "supongo que habrás leído también otras cosas que te han llevado a pintar este escenario". Dejando al margen el hecho de que el propio informe ITPOES cita tanto los trabajos de ASPO (en línea con las fechas que yo doy) como los de CERA (el lobby de la industria, que defiende la sumaria estupidez de que la producción de petróleo permanecerá en una meseta durante un siglo, sin respaldarlo con ningún dato objetivo y verificable), no deja de ser reseñable que, siguiendo con mi costumbre de referenciar profusamente, en mi apocalíptico post citaba varios trabajos que permiten fijar la fecha del cénit del gas en 2015. Sin embargo, ese filtro de paso bajo que tiene Hank le impide haber sido consciente de esos enlaces o haber intentado leer lo que hay detrás, no siendo el caso que desmonte su fe en el libre mercado ;) . Ironías aparte, delante de la incertidumbre que suscita la amenaza de la Gran Escasez, Hank decide gestionarla usando aquellos datos que le son más favorables para continuar con el BAU, y de tal manera no intentar adaptarse a la misma. Esta estrategia asegura un daño terrible cuando la Gran Escasez se presente al fin (si no lo está haciendo ya), ya que nunca será el momento de comenzar la adaptación. Llevamos 40 años negando la necesidad de adaptación a un mundo con menos energía.


En una línea relacionada, el comunicante Fernando cree que la producción de gas podrá mitigar los problemas específicos de declive de producción de Venezuela lo suficiente como para alejar el fantasma de la invasión por parte de los EE.UU. El lector atento habrá observado que en la parte geopolítica del escenario que yo planteaba no hacía ninguna mención explícita al impacto de los diversos cénits en la mala adaptación del BAU a ellas. En realidad, la proximidad de todos los cénits me sirve para saber que no habría posible transferencia de recursos entre unas fuentes y otras, así que cada sector debería lidiar independientemente su guerra por la falta de su materia prima, sin poder esperar subsidios de las otras. Esto está implícito en la suposición de que Canadá en un momento dado intentaría reducir su producción de petróleo de arenas bituminosas por una declarada lucha contra el desastre medioambiental; en realidad Canadá lo que haría sería dejar de desviar gas para la síntesis de petróleo a partir del bitumen y usarlo directamente como fuente de energía que ya se estaría haciendo escasa. En los mismos términos, para Venezuela no habría posibilidad de cubrir con una fuente declinante (en ese escenario) como el gas la falta de otra fuente declinante (en el caso de Venezuela, desde el año 2000) como el petróleo. No tiene sentido, además, hacer ese planteamiento en términos locales, cuando Venezuela no está produciendo petróleo para su solo autoconsumo sino sobre todo con vistas a la exportación, y nada indica que debiera hacer diferentemente con el gas, con lo que la escasez global de gas sería tan nefasta para Venezuela como la escasez global de petróleo. En ese sentido nuestro lector Fernando ha decidido gestionar la incertidumbre sobre la Gran Escasez pensando en términos locales, como si tuviéramos compartimentos estancos y en tal casos los recursos de Venezuela, donde él vive, se pueden quedar sin más dentro de Venezuela. Sin embargo, el hambre energética de los EE.UU. puede acabar poniendo un lobo a su puerta, como se comenta en el escenario, y esta estrategia deja a los pobres venezolanos a merced de una contingencia muy desagradable.


Otra cuestión no planteada explícitamente en el escenario pero que explica su precipitado ritmo, y que sirve para acrecentar la incertidumbre y para hacer naufragar cualquier hipótesis de adaptación técnica a la Gran Escasez es la insuficiencia de capital y el exceso de riesgo para atacar en los dos frentes fundamentales en los que se basa esa solución técnica: evitar que la producción de las materias energéticas no se desplome rápidamente por falta de inversión y facilitar la transición a gran escala a otros motores y máquinas que funcionarían con un combustible alternativo al usado actualmente. Una de las consecuencias indeseables de la actual crisis financiera acoplada a la económica acoplada a la energética es la falta de fondos para financiar nuevos proyectos que tienen una rentabilidad dudosa para los estándares aceptables para los bancos. Atención al siguiente dato, que suelo dar en mis charlas sobre el Peak Oil: la Agencia Internacional de la Energía alerta que de 2008 a 2009 la inversión en el segmento upstream (exploración y desarrollo de nuevos pozos) de gas y petróleo había decaído un 19%. Algunos indicios que he leído apuntan a que de 2009 a 2010 el descenso sería de hasta un 40%. Es bastante lógico, ya que la volatilidad hace cualquier inversión en prospección demasiado arriesgada (y eso sin contar con el riesgo de accidentes como el de BP en aguas del Golfo de México) y los grandes inversores prefieren productos más clásicos, como bancos, eléctricas o empresas de informática, porque ofrecen mejor seguridad y rentabilidad... error, porque todas esas empresas se irán al garete sin energía, pero el cortoplacismo domina la visión en el mundo de los negocios. Sé que Hank no estará de acuerdo con esta última afirmación, pero tengo tan innúmeros ejemplos de ello y experiencias relatadas por gente bien colocada a la que respeto que estoy completamente persuadido del imperio soberano y absoluto del cortoplacismo sobre la actual gestión empresarial. Hay razones profundas para ello, siendo fundamentalmente la necesidad de rendir cuentas anualmente y de mejorar los resultados de la compañía a corto plazo los principales motores de este comportamiento. Por tanto, la gestión del la incertidumbre por parte de los inversores les lleva a centrarse en los beneficios a corto plazo, aún cuando esto comprometa los beneficios del medio y largo plazo. La incapacidad de aceptar una modificación del BAU (salvo las honrosas aunque limitadas excepciones de ITPOES y Lloyd's) les lleva a ponerlo en mayor peligro con posterioridad.


Hank apunta aún a otra razón por la cual mi ejercicio de geopolítica-ficción es imposible. En primer lugar, por la rapidez con la que se describe el colapso. Estoy de acuerdo; quizá la escala de tiempo a usar no es la del semestre sino el año, aunque eso no suponga un gran cambio. Mi ritmo acelerado responde a una escasez acelerada y simultánea de recursos, la primera parte del escenario, que como ya se ha explicado impide que se puede convertir de manera práctica unos en otros. Se ha de añadir, además, que dados los subsidios del petróleo en la maquinaria usada para la extracción de todos los demás recursos, el más avanzado declive del petróleo favorecerá el declive extractivo de todos los demás, aún cuando geológicamente la producción pudiera mantenerse más elevada. Esta interacción en red compleja hace al sistema más vulnerable y proclive a las reacciones en avalancha. Fuere como fuere, el tempo preciso del ejercicio presentado no cambia la esencia de lo que se dice. Colapsos rápidos, que tienen lugar en el plazo de menos de una década, se han visto en la Historia y se ven cada día en el mundo. El ejemplo que pone Gabriel del yacimiento Loma de La Lata muestra como en pequeña escala una pequeña comunidad puede ser golpeada con fuerza por un cambio radical de la abundancia a la escasez. Que esto pueda pasar a la escala de todo un país o de una civilización no es tan improbable como podría parecer al lector bienpensante occidental; recomiendo a mis lectores la lectura del "Collapse", de Jared Diamond, para encontrar más ejemplos.


En todo caso, mi macabro ejercicio de geopolítica-ficción no pretendía describir ni plazos ni una secuencia necesaria de hechos, sino un curso fatal que no es, ni mucho menos, imposible, aunque sea horriblemente necio (como necio fue el colapso de la Isla de Pascua, y sin embargo ocurrió). Y además de las razones que expuse para justificar la presentación del escenario, está el análisis que ahora propongo sobre cómo gestionar la incertidumbre.


El ser humano está poco preparado, por naturaleza, a gestionar la incertidumbre. Delante de una situación de peligro, nuestros niveles de adrenalina se disparan, el ritmo cardíaco se acelera, la glucosa circula rápidamente para poder dar energía a nuestros músculos, que se tensan. Todo nuestro cuerpo se prepara para pasar a la acción, en una previsible lucha por la vida. Qué pasa, sin embargo, cuando el fatal enemigo no aparece inmediatamente, y van pasando las horas y los días y las semanas y los meses... Incapaz de soportar tal carga, nuestro cuerpo se relaja al cabo de unos minutos, pero nuevas señales de peligro desencadenan de nuevo la reacción descrita arriba. Y así durante horas, días, semanas, meses... el resultado es el estrés. Así como la reacción de preparación para el ataque es útil y evolutivamente ventajosa, un exceso de reacción daña el cuerpo, el corazón sobre todo. Nuestro cerebro superior nos ha proporcionado vías de escape al estrés, que son la base de muchos mecanismo psicológicos de defensa: si el problema es terrible pero tiene una gran escala de tiempo lo mejor es no estresarte y vivir tranquilamente. Éste es el mecanismo que nos permite por ejemplo vivir tranquilamente aún con la certidumbre de nuestra propia muerte. Este mecanismo puede ser conveniente para el individuo, al menos a corto plazo, pero sin duda es perjudicial para la especie; sin embargo, transcender del individuo a la especie es un paso aún más complicado para nosotros. Por otro lado, la necesidad somática de no someter el cuerpo a más estrés del que puede soportar confrontada a una mente consciente que comprende la realidad que le rodea lleva frecuente a producir un estado conocido como disonancia cognitiva; esencialmente, es esa disonancia la que hace que Hank lea sin ver la evidencia que se acumula en contra de la posición que somáticamente le es más aceptable. En mi entorno observo repetidamente esta actitud de disonancia cognitiva cuando el tema del Peak Oil se pone sobre la mesa, que van desde la ironía (bien ejemplificada por el comentarista GA con unas gotas de cinismo) hasta el cambio automático de tema (a veces uno llega a observar una especie de reset en la persona interpelada, en la que la persona vacila uno o dos segundos y mueve rápidamente sus párpados, mientras su sistema operativo neuronal carga el nuevo tema del que hablar).


Gestionar la incertidumbre implica un esfuerzo de racionalización superior, de cierto desprendimiento material y, hasta cierto punto, de alcanzar un nirvana intelectual. Poder mirar las cosas de manera distante, como si no fueran con nosotros, como si fueran un problema de lógica completamente teórico y abstracto de cualquier realidad que nos pueda afectar.

Gestionar la incertidumbre implica asignar a cada evento un valor de probabilidad (en función de cuán probable es que ocurra finalmente) y otro de impacto (en función de cómo afectará a nuestras vidas) y seguir una estrategia destinada a minimizar el impacto negativo de un evento tal; nuestra estrategia es simplemente una colección de pesos estadísticos (números positivos que sumados dan uno) y su eficacia simplemente consisten en multiplicar cada peso por la probabilidad e impacto del evento relacionado, y hacer la suma. Es sólo eso. Un ejercicio de matemáticas, de aritmética elemental. Chris Martenson propone en la parte final de su Crash Course un ejercicio de este estilo, todavía más simple, basado en variables categóricas y no numéricas.


Gestionar la incertidumbre es, por tanto, minimizar el riesgo, lo cual implica un esfuerzo para luchar contra ciertas disonancias cognitivas habituales: dado que el Peak Oil implica una realidad desagradable y la pérdida de las comodidades actuales, la reacción natural es la negación, manifestada de diversas maneras: desde la más irracional (negarse a hablar del tema) hasta la más racionalizada (pensar que los informes negativos están sesgados o exagerados, actitud ésta ejemplificada nuevamente por mi pobre amigo y continuo sparring Hank Rearden. Nota: Hank, espero que me perdones por darte tanta cera. He de reconocer públicamente la gran utilidad de Hank al asumir naturalmente el rol de contraparte dialéctica, porque eso nos permite progresar en la discusión y corregir errores). Sin embargo, si de riesgo estamos hablando lo natural es minimizarlo; si una cosa tiene poca probabilidad pero un alto impacto (por ejemplo, un accidente en una central nuclear), lo lógico es intentar disminuir su probabilidad al máximo y al tiempo disponer tantos mecanismos paliativos como sea posible para cubrir esa eventualidad. Eventualmente, si el impacto resulta inaceptable dado el beneficio de nuestra acción, aún cuando el evento desfavorable sea muy improbable lo natural es rechazar la misma acción (ejemplo que pongo siempre: te doy esta manzana a cambio de que con una posibilidad entre un millón tu familia sea masacrada. Respuesta: quédate con tu manzana). No se puede negar que llegar al Peak Oil con una sociedad mal adaptada supone un riesgo cuya probabilidad es difícil de cuantificar (aunque cuanto más tiempo pase esta probabilidad será mayor, hasta que llegue a ser una certidumbre), pero lo que es indiscutible es que su impacto puede ser catastrófico, en función de lo mal adaptada que esté la sociedad y lo errónea que sea su respuesta (y éste era el objeto del ejercicio de "El peor escenario posible": evaluar el peor impacto para la sociedad). Por tanto, lo razonable es superar nuestra natural repulsión al Peak Oil, superar la parálisis actual e ir tomando las medidas necesarias para adaptarnos. No debemos cargar esta responsabilidad sobre los hombros ajenos (aunque siempre se puede pedir consejo, como hizo Elisa) ni tampoco debemos continuar engañando a la sociedad ocultándole los hechos como se preguntaba retóricamente Gabriel, ya que eso dificulta si no impide su adaptación; esa negación a gran escala en los medios de comunicación de masas es lo que nos lleva a esta sociedad actual tan mal preparada. Sobre estas medidas para gestionar el riesgo seguiremos hablando en posts futuros.


Salu2,

AMT