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miércoles, 7 de marzo de 2018

La aniquilación de Yemen



Queridos lectores,

Durante los ocho años de singladura de este blog, en numerosas ocasiones nos hemos referido al riesgo evidente de colapso que corría Yemen por culpa de su prácticamente total dependencia en las exportaciones de petróleo y lo abrupto que había sido el peak oil en ese país, que hacía prever que hacia 2014 ya no exportaría petróleo (como mostraba esta gráfica de Gail Tverberg en 2013):



Javier Pérez escribió una de las últimas notas aparecidas en este blog sobre Yemen, a la cual el puso el significativo título de "Yemen, la próxima guerra". No se equivocó Javier en absoluto al prever que Yemen sería escenario de una guerra próxima, que de hecho estalló el año siguiente al de su artículo, en 2014. Una guerra cuyas causas últimas eran el enorme crecimiento de la población en un país con escasa capacidad de producir alimentos y que por tanto los importaba masivamente, usando para ello los beneficios del petróleo, que estaban menguando rápidamente.

Sin embargo, como suele pasar en estos casos, poca gente reconoce la importancia de estas causas últimas en el problema yemení. La radicalización de la población cuando las cosas van muy mal, que bien anticipaba Javier, ha llevado a la explosión de múltiples conflictos, y las ramas de esos conflictos no dejan ver el árbol del declive enerético. La presencia de multitud de grupos tribales y de viejos intereses contrapuestos en una nación que surgió en realidad de la unión de dos (Yemen del Norte y Yemen del Sur) han hecho de Yemen un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de facciones, hasta seis diferentes, que se disputan el control del país. Por si eso fuera poco, la injerencia de Arabia Saudita (al mando de una putativa coalición de países de la región, y que está fuertemente respaldada por Estados Unidos, Turquía, el Reino Unido y Francia) ha servido para incrementar enormemente el caos, atacando al bando que parecía más fuerte, el hutí, y que hubiera podido hacerse rápidamente con el control de la mayor parte del país si Arabia Saudita no hubiera comenzado sus bombardeos en 2015.

Podría parecer que Arabia Saudita y sus aliados occidentales tenían un gran interés en favorecer al gobierno legítimo del presidente Hadi y evitar el crecimiento de la influencia iraní en la zona (pues nominalmente Irán apoya a los hutíes). Sin embargo, a la luz de los últimos eventos parecería que el mayor interés de esa improbable coalición es mantener, a modo de excusa, una situación de conflicto enquistado mientras se destruye de manera sistemática el Yemen y su población. Algo muy similar a lo que se ha hecho con Siria, donde se ha mantenido el espantajo del Estado Islámico durante tanto tiempo como se ha podido (hasta que Rusia dio un puñetazo al tablero) como medio para justificar el castigo a la población local.

En el caso de Yemen la situación tiene unas dimensiones tan dantescas que se podría casi calificar de genocidio planificado. De los 29 millones de yemeníes, calcula Naciones Unidas que un 75% - unos 22 millones - necesita ayuda humanitaria, incluyendo unos 11 millones que necesitan ayuda urgente para sobrevivir. Hay casi 18 millones de personas que no saben cuándo será su próxima comida, incluyendo más de 8 millones en riesgo de desnutrición. Encima, en un país donde hay poca agua potable se están produciendo brotes de cólera y disentería, que agravan las condiciones de vida de la población.

Y en ese terrible contexto de necesidad exterior, perfectamente previsible teniendo en cuenta que Yemen importaba la mayoría de sus alimentos, la coalición internacional que lidera Arabia Saudita ha impuesto un estricto bloqueo de los puertos de Yemen con el pretexto de evitar el desembarco de armas y otros suministros de origen presuntamente iraní que estarían yendo a parar a manos hutíes y de algunas otras facciones consideradas extremistas. Lo curioso es que las condiciones del bloqueo se imponen sobre la cantidad de toneladas métricas que se dejan descargar en los puertos yemenitas. Por ese motivo no son pocos los que dicen que lo que se está ejecutando es una deliberada campaña de exterminio de la población yemenita vía una hambruna deliberada. Entre tanto, los países líderes de la coalición se han embarcado en una masiva campaña de propaganda para contrarrestar las noticias negativas que llegan de Yemen. Pero en realidad lo más eficaz es el ninguneo prácticamente absoluto de la crítica situación del país en los medios de comunicación occidentales, que casi no hablan de esta crisis y lo poco que lo hacen tratan el problema de manera demasiado somera como para que la población occidental comprenda el alcance y la gravedad de lo que está pasando.

La enorme tragedia yemení debería servirnos para aprender varias lecciones valiosas. 

La primera es que los gobernantes de los países más poderosos del planeta son capaces de cualquier cosa por tal de mantener un determinado statu quo, incluso si eso implica la destrucción deliberada de las infraestructuras de un país y la aniquilación de su población. No se puede decir que sea una lección realmente novedosa, pero en pocos casos como en el de Yemen se puede observar con toda su crudeza y plenitud la absoluta falta de escrúpulos con los que esos gobernantes, movidos por espurios motivos, pueden llegar a actuar, y hasta dónde están dispuestos a llegar.

La segunda lección es que, en el proceso global de declive energético, sin duda se va a intensificar la propaganda y la desinformación. Eso es lo que hace que poca gente reconozca los signos de nuestro declive. Incluso en los países occidentales hay un general y progresivo deterioro de las condiciones de vida de la mayoría, pero se justifica esta pérdida material con una plétora de excusas y medias verdades que son comúnmente aceptadas. Y con respecto a los países que están mucho más abajo que nosotros en la curva de declive, se encuentran y difunden en los noticieros confortables explicaciones ad hoc para justificar su degradación y consolarnos pensando que "a nosotros no nos puede pasar eso".

Por último, la tercera lección es que, una vez que empiezan los problemas, las rencillas y conflictos tribales impiden reconocer cuál es la causa última de tanta miseria y dolor. Los problemas se presentan de manera polarizada, típicamente como una dicotomía con dos opciones que en realidad no explican ni resuelven nada, y que llevan a que muchos se comporten como la hormiga que se pasea debajo de la manzana sin nunca encontrarla. Una tendencia, la de las falsas dicotomías y las rencillas tribales, en la que muchos países occidentales parecen estar ya embarcados, y España en ese sentido no es una excepción. Un grave error que nos hace vulnerables y manipulables. Lo cual es preocupante, porque si en algún momento los psicopáticos amos del mundo deciden que nosotros seguimos en la lista de los prescindibles estaremos perdidos. 

Pero, tranquilos, eso que ha pasado en Yemen no puede pasar aquí. ¿Verdad?
 

Salu2,
AMT

martes, 25 de febrero de 2014

Guerras de prestado


Queridos lectores,

Parece que este año 2014 rápidamente degenera hacia una situación de conflicto y violencia generalizados por todo el globo. Por desgracia la violencia es algo muy común en nuestro mundo, en sus múltiples formas, desde las más individuales a las más colectivas; lo grave es que se está extendiendo a países donde hacía tiempo que no se veía (aunque nunca fue olvidada).

Ahora mismo uno de los focos más calientes de la atención occidental se sitúa en Ucrania, donde la reiterada ocupación de la calle por un movimiento que esgrime la bandera pro-UE y pro-occidental y que exige un cambio de Gobierno acabó llevando a una sangrienta represión de la policía y la lógica escalada de violencia, que en los últimos días ha llevado al presidente del país a huir hacia la pro-rusa región oriental del país. Muchas capas se solapan en el conflicto en Ucrania, algunas internas (la crisis económica, el paro, la insatisfacción con la falta de reformas desde la Revolución Naranja) y otras externas, con una fuerte carga de juego de ajedrez geopolítico entre Rusia y los EE.UU. (Rusia ve con enorme recelo tener un país pro-occidental en su misma frontera, mientras que Europa ve una gran oportunidad de expandirse hacia el Este y para los EE.UU. cualquier iniciativa que acote el poder ruso es bienvenida). No es ajena a la crisis en Ucrania la entrada en funcionamiento del gasoducto Nordstream en Diciembre pasado. Si hacen memoria recordarán que los últimos inviernos recurrentemente Rusia amenazaba con cortar el suministro de gas natural a Ucrania, pues este país no pagaba los precios que los rusos querían cobrar, y al final le cortaba el suministro unos pocos días pero en seguida tenía que volver a abrir el paso puesto que ese mismo gasoducto que atraviesa tierras ucranianas es el que lleva a un buen cliente, Alemania, y tensar demasiado esa cuerda llevaría a la nación teutona a buscar otras vías de aprovisionamiento quizá más caras pero más seguras. Todo eso se acabó con el nuevo gasoducto, que atraviesa el mar Báltico y va directamente de Rusia a Alemania. No es por tanto casualidad que este año no se haya escenificado el amago de corte de suministro, puesto que los rusos pueden cerrar ya el grifo con tranquilidad y el gobierno ucraniano ha tenido que administrar la escasez como ha podido, a pesar de la crisis y el descontento popular; también es significativo que justamente una de las contrapartidas que ha ofrecido Rusia durante estas confusas semanas es el suministro de gas a Ucrania a buen precio.

Pero volviendo a los sucesos en las calles de Kiev y de otras ciudades ucranianas, es difícil saber con precisión qué pasa porque la información que difunden los medios occidentales está sesgadísima. Parece que una parte de los manifestantes en el Maidán está pertrechada casi militarmente, en medio de una masa de inocentes ciudadanos que sólo quieren expresar su hartazgo con una situación que no mejora (y que al final se retiran al crecer la violencia). El conflicto parece ir degenerando hacia una guerra civil más o menos abierta, de manera similar a lo que pasó en Siria, de dónde tampoco es posible obtener una visión fiable de qué es lo que pasa en este momento (y se habrán fijado que de Siria últimamente casi no se habla en los medios: ha pasado a ser prácticamente un no-tema, a pesar de que obviamente sigue la guerra civil en aquel país).

Al parecer la agitación también crece en Venezuela, aunque de nuevo es muy difícil en Occidente (irónico llamar Occidente a unos países que están más al este o al norte que Venezuela) acceder a una información fiable sobre lo que está pasando actualmente. Al margen de los detalles, casi inasibles desde aquí, de nuevo uno intuye una situación semejante a la de Ucrania: por un lado hay un Gobierno resultante de las urnas que se enfrenta a una situación interna muy complicada que le lleva a veces a huidas hacia adelante y a medidas de carácter autoritario, y por el otro un cierto de nivel de protesta ciudadana azuzada por el descontento y en medio de la cual se camufla una fuerza emergente, de mucho menor tamaño pero cada vez mejor armada, con pretensión de deponer al Gobierno por el medio que sea. Si es un proceso completamente interno o azuzado desde el exterior es complicado de saber, aunque seguramente hay mezcla de ambos: problemas internos de los que agentes externos (y de nuevo muchos dedos señalan a los EE.UU.) intentan sacar provecho.

De entre los diversos factores internos que contribuyen al malestar en Venezuela es importante resaltar la cada vez menos disimulada caída de la producción de petróleo y de sus exportaciones, como muestra la siguiente gráfica (sacada como siempre de la web Flujos de Energía); tengan en cuenta que sólo llega hasta 2012, así que la situación ahora mismo puede ser sensiblemente peor:




Si comparan esta gráfica con la de otros países que se han visto envueltos en procesos semejantes (y que comentamos en el correspondiente post) se diría que a Venezuela le quedan por lo menos cinco años antes de que comiencen los problemas graves con la caída de ingresos del petróleo. Sin embargo, aproximadamente una tercera parte del petróleo que produce Venezuela ahora mismo es crudo extrapesado, de baja Tasa de Retorno Energética (TRE), lo cual quiere decir que la energía neta proveniente del petróleo de Venezuela es bastante menor de lo que indica el volumen bruto, y eso en particular implica que el rendimiento económico es bastante menor de lo que cabría esperar; probablemente este hecho influye en los problemas de la nación caribeña. No casualmente, EE.UU. importa petróleo de Venezuela y tiene gran interés  en que el petróleo siga fluyendo (a pesar de los cantos de sirena que hablan de una falaz independencia energética de los EE.UU.); no es por tanto de extrañar que, en medio de la confusión reinante y quizá en parte provocándola, algunas personalidades políticas estadounidenses estén reclamando ya a Obama que invada Venezuela.

Mientras tanto, Yemen, país en el punto de mira, se acerca con paso firme a su colapso final; son frecuentes los atentados en aquel país, mientras que el poder político trata de frenar su inevitable descomposición con una medida descentralizadora (dividir el país en seis estados confederados, a pesar de su pequeña extensión). Dada la rapídisima caída de las exportaciones de petróleo de un país tan dependiente del exterior el desastre es más que previsible: es una certeza. Siendo un país limítrofe con la crucial Arabia Saudita es obvio que no se permitirá que el país explote descontroladamente, y en algún momento las tropas saudíes, apoyadas por  EE.UU. directa o indirectamente, entrarán en el país, de modo análogo a lo que ya hicieron en Bahrein en 2011 (por cierto, a tiempo para que se pudiera celebrar el Gran Premio de Fórmula 1 de ese año, BAU a ultranza).

Por su parte, Egipto no se ha estabilizado tras las revueltas del hambre de 2011 (cínicamente bautizadas aquí como "primavera árabe") y el ejército se resiste a ceder el poder a la sociedad civil de un país superpoblado (85 millones de habitantes) y empobrecido. Para acabarlo de rematar, los planes de Etiopía, otro país superpoblado (92 millones) y empobrecido, de hacer una presa en el Alto Nilo amenaza con desencadenar una verdadera guerra por el agua (como ya explicamos, otra forma más de las Guerras del Hambre) mientras que en Egipto se privatiza el acceso al agua y se da un acceso preferente a las clases pudientes: una forma, aún más vil, de la Gran Exclusión, en un país sediento y abarrotado. Tantos problemas sólo pueden acabar en desastre. Pero Egipto es un enclave estratégico por la presencia del Canal de Suez, por lo que es de esperar que más pronto o más temprano las tropas extranjeras hagan su aparición al menos en la franja del canal, mientras dejan que el resto del país se suma en el caos y la miseria.

Todos los ejemplos arriba muestran casos de países con graves problemas internos, en todos ellos profundizados por su declive energético (a excepción de Ucrania, todos ellos son o eran hasta recientemente exportadores de petróleo) y en todos ellos grandes potencias extranjeras desempeñan o acabarán desempeñando un papel principal, en ocasiones luchando entre ellas a través de bandos locales. Son las nuevas Proxy Wars o guerras subsidiarias: guerras librados por otros en beneficio no declarado (y a veces desconocido por los propios combatientes) de intereses de las grandes potencias, una tradición que data de los comienzos del capitalismo y que tuvo su auge en el siglo XX. Son las nuevas guerras de prestado que por desgracia parece que van a caracterizar nuestro declive energético.

Pero el problema no son sólo estas guerras de prestado que se van a librar en suelo de los principales productores de petróleo y de otros recursos. Incluso sin llegar a la intensidad de una guerra, la inestabilidad crece a escala mundial. Por ejemplo, la población de un país tan futbolero como Brasil se revuelve contra los dispendios el Mundial de fútbol, odiosos en un país sometido a muchas estrecheces y recortes (de nuevo "La parábola del lago" resulta oportuna). Recuerden también como en Argentina hubo revueltas y saqueos hace sólo un par de meses. Mientras tanto, la economía China se está ralentizando y crece el descontento popular pues se subvierte la base del contrato social implícito (no reclaméis democracia y os dejaremos medrar e incluso enriqueceros si trabajáis duro); es cuestión de tiempo que estalle, también allí, una revuelta.

¿Y qué pasa en Europa Occidental? Grecia sufre, Portugal padece, Italia desvaría, Irlanda parece bastante tranquila, Francia languidece, Alemania espera... Y en cuanto a España, algunos días diría que estamos haciendo una cuenta atrás colectiva, silenciosa, que no sé muy bien hacia dónde nos lleva.


Salu2,
AMT

miércoles, 23 de octubre de 2013

Yemen en el punto de mira

Imagen de http://enfocando.es. Atardecer en Sanna.


Queridos lectores,

Javier Pérez me ha enviado este pertinente análisis sobre un país que tiene por desgracia todas las papeletas para colapsar en un plazo muy breve: Yemen. Lo interesante de Yemen es que es otro país más que ilustra el colapso de los exportadores, y nos da ideas de lo que puede suceder en los próximos años con tantos otros países.

Les dejo con Javier.

Salu2,
AMT

Yemen, la próxima guerra

Hablar de una guerra cuando ya se ha producido puede ser muy interesante, por los análisis que requiere sobre la situación de las fuerzas, los apoyos y los suministros, pero en mi opinión es mucho más relevante, y también más sensato, recorrer el mundo lupa en mano en busca de los lugares donde pueden generarse conflictos.
La intención original debería ser intentar evitarlos, pero como eso no está entre nuestras posibilidades, debemos conformarnos con analizar sus causas de modo que comprendamos qué es lo que subyace en esta clase de enfrentamientos. Con esto, quizás, exista alguna posibilidad de detenerlos antes de que alcancen la masa crítica que conduce a la guerra y, si no es así, al menos no tendremos que soportar la constante oleada de simplificaciones que los atribuyen a hechos y mecanismos sociales que en realidad son consecuencias y nunca causas.
Vamos a ver el caso. 
La situación en Yemen:
La república de Yemen es un país musulmán que ocupa parte del sur de la península de Arabia. Lo rodean el mar rojo, el golfo de Adén y el mar arábigo. Limita en tierra con Óman y Arabia saudita. Su capital es Saná. Hasta aquí,  lo que puede encontrarse en cualquier enciclopedia.
Yemen es un país tradicionalmente pobre y dividido en distintas etnias (especialmente los Hashid y los Bakil). El enfrentamiento entre el partido único (Congreso General del Pueblo),  y la rama Yemení de los Hermanos Musulmanes, es constante. El Congreso General del Pueblo ha sido durante décadas el rostro político de una dictadura laica mientras los Hermanos Musulmanes prefieren un gobierno más islámico, pero no está claro todavía si más democrático.
Desde enero de 2011, y coincidiendo con la generalización y extensión de las protestas en el mundo árabe, comenzaron los disturbios en Yemen, centradas en derrocar a del poder a Ali Abdullah Saleh, que había ocupado ininterrumpidamente el poder desde 1978. A pesar de que Saleh intentó calmar a los manifestantes, finalmente las fuerzas armadas dispararon contra la multitud en una céntrica plaza de Saná, matando al menos a 50 personas.
Aunque el Gobierno aseguró no tener nada que ver con estos disparos, este baño de sangre fue el desencadenante de la caída de Saleh, y el inicio de una etapa de inestabilidad donde han cobrado importante fuerza los líderes tribales, convertidos poco a poco en señores de la guerra. Lentamente se fueron fortaleciendo también diversos grupos armados islamistas de todo signo. Existen muchas diferencias entre ellos, pero en Occidente suelen ser agrupados bajo la denominación general de Al Qaeda, sin entrar en mayores distinciones. 
La caída del dictador no ha ayudado en absoluto a mejorar la situación de la población, ni en lo económico, ni en lo referente a paz social y la seguridad de la población. Los ataques terroristas contra civiles se suceden con cierta frecuencia y el país parece a punto de estallar.
La importancia geostratégica de la península de Arabia, donde cualquier conato de revolución islamista podría extenderse a la vital Arabia Saudita hace que los servicios de inteligencia de los países occidentales trabajen prácticamente a destajo en territorio yemení intentando buscar una estabilidad que no tienen ni idea de cómo alcanzar.
Causas:
Desde mi punto de vista, las causas de este conflicto hay que buscarlas más allá de los temas políticos. En teoría,  la política es un intento de buscar soluciones a problemas previos y, en este caso, esa definición describe perfectamente el orden de los acontecimientos. 
-1- En primer lugar, sólo un 1% de la superficie total del país es irrigable. Con esta geografía física, Yemen tiene que importar actualmente el 95% de sus cereales y el 82% de todos los alimentos consumidos en el país. Y lo que aún es peor: son datos abiertamente reconocidos por el Gobierno yemení. O sea, se trata de un problema alimentario.
¿Y cómo se ha llegado a esta situación? Veamos la gráfica de la evolución demográfica, que es verdaderamente reveladora
Aunque la gráfica llega sólo a 2008, la cifra actual ronda los 24 millones de habitantes. Tenemos, por tanto, un país que en 1980 contaba con menos de 10 millones de habitantes y que hoy, treinta y pico años después, duplica ampliamente esa cifra, sin que sus desiertos se hayan reducido y sin que su territorio ni su riqueza haya aumentado. La demanda interna ha permitido a la economía crecer a buen ritmo durante unas décadas, pero llegado el momento del colapso financiero general, la base del país se ha demostrado demasiado endeble para soportar una población semejante. Pues sí, otra vez el problema del Lebensraum, pero de momento encapsulado en una sola nación, sin traspasar fronteras.
-2- El 90% del total de exportaciones del país procede del petróleo. De esta misma fuente petrolífera procede el 74% de todos los impuestos recaudados por el gobierno, ya sea en forma de cánones a las explotaciones petrolíferas o impuestos sobre el refino o el consumo. Y aquí estamos ante el nacimiento de un Estado fallido, por la incapacidad del Gobierno de controlar y aprovisionar un territorio.
Tenemos, por tanto, que la casi totalidad de los alimentos que comen lo yemeníes se están pagando con petróleo, al igual que los gastos del Gobierno, ya sea en seguridad, infraestructura o los escasos servicios que presta.
Y ahora, sabido esto, echemos un vistazo a la siguiente gráfica:
 

La producción de los pozos yemeníes declina rápidamente por razones naturales y por falta de inversión en abrir nuevos yacimientos, mucho más caros, y con crudo de inferior calidad. Al mismo tiempo, la economía yemení, consume cada vez más petróleo, dejando menos barriles para la exportación.
Lo que se puede exportar, obviamente, es la diferencia entre la producción y el consumo interno. Y viendo la gráfica nos hacemos claramente una idea de lo que está pasando con las finanzas del país: no pueden seguir comprando alimentos, que se encarecen, y el Gobierno está prácticamente en bancarrota, por la incapacidad de recaudar impuestos.
Así las cosas, y por estas CAUSAS, los grupos tribales, únicos que pueden dar cierto soporte real a la población, recuperan su fuerza, al tiempo que la debilidad financiera del Gobierno permite ocupar su lugar en amplias zonas del territorio a toda clase de señores de la guerra y líderes radicales.
Y no, no es ni su religión ni su carácter: es el común, viejo, infatigable hecho humano de que cuando las cosas van mal, la gente se radicaliza.  Si por el momento se mantiene la paz, una paz endeble, es sólo por el chorro de dinero que inyectan en el país las monarquías del Golfo, temerosas de que las revueltas se extiendan. Pero esto no puede durar mucho ni, de momento, se vislumbra una solución pacífica.
Javier Pérez  (www.Javier-perez.es)