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martes, 15 de julio de 2014

Liberalismo económico como religión



Queridos lectores,

El último post de la semana pasada era un pequeño relato distópico, un cuento ejemplar de los que utilizo para ilustrar en forma más sencilla, como una parábola bíblica, algunos conceptos más teóricos y pesados. El año pasado estos cuentos ejemplares (la serie "Distopía") funcionaron bastante bien y de hecho uno de ellos creció hasta convertirse en una novela corta por entregas ("Un futuro sin más"). Sin embargo, el cuento de la semana pasada (y que abre la serie de este año) ha tenido una recepción bastante mediocre. Tras centenares de páginas escritas por mí en este blog he conseguido ir mejorando bastante mi estilo, pero las razones por las que un determinado post consigue mejor o peor aceptación siguen siendo bastante lejanas a mi entendimiento. Era quizá el post de la semana pasada excesivamente largo (me estuve planteando hacer varias entregas, pero tuve miedo de verme envuelto en la vorágine de redacción y depuración de estilo que fue "Un futuro sin más", que redacté entero en menos de dos semanas); posiblemente, el problema fuera que el tema tratado era de poco interés para el lector habitual del blog (otra visión de un futuro totalitario y mezquino), o quizá que en estas fechas muchos lectores habituales ya están de vacaciones y no es un momento particularmente proclive a meterse tal tipo de deprimente ficción entre pecho y espalda. 


Sin embargo, en ese post yo pretendía introducir la discusión de algunos aspectos que creo que son clave para entender qué está pasando y qué es lo que va a pasar. Quizá conviene en este momento recordar cuál es la función de este blog: no se trata de hacer un mero inventario de nuestra desgracia y lamentarse de lo que se considera inevitable; a mi juicio, nada es inevitable, y si yo dedico tiempo a discutir un determinado tema es porque creo que justamente la acción positiva sobre él puede llevarnos a evitar los escenarios más desagradables. Por eso los relatos que escribo aquí tiene ese corte de "novelas ejemplares": se trata de aprender (y enmendar) por la vía del ejemplo.

El caso es que considero bastante importante poner de manifiesto un problema que vengo observando (por supuesto que no soy ni el único ni el primero en verlo): la progresiva transformación del pensamiento económico dominante - al cual por simplificar llamaremos "liberalismo económico" o "neoliberalismo"- en una religión hegemónica y totalitaria. A veces se dice este tipo de cosas ("El único Dios verdadero es el dinero") de una manera genérica, sin entrar demasiado en el detalle. Justamente en este post (que sería la teoría sobre la que se basa el ejercicio práctico literario de la semana pasada) pretendo mostrar que en realidad el liberalismo económico como doctrina actualmente dominante tiene cada vez más características de religión opresiva e inquisitorial, irracional y antiempírica, represiva y destructora. Justamente es lo que se mostraba en el post de la semana pasada: los Rectores, que antaño eran los asesores económicos del Gobierno, se habían convertido en una casta con todas las características eclesiales (al final del relato, incluso, se autoimponen el celibato obligatorio).

A lo largo del post utilizaré ideas de diversos pensadores económicos cuyas obras conozco muy someramente; no voy a dar referencias porque me costaría mucho encontrarlas. Sin duda alguna, una persona con conocimiento de la historia de la economía y del pensamiento económico podría dar mejor forma a este post, el cual pretende sólo ser una introducción divulgativa al problema.

Para analizar el fenómeno de la progresiva conversión de la Economía Liberal imperante hoy en día en religión debemos prestar especial atención al lenguaje, porque dado que las religiones se mueven en el terreno del pensamiento abstracto el único vehículo que tienen para influir en el mundo es a través de las palabras.

- Lenguaje hegemónico: Hoy en día se presenta el discurso económico como algo indiscutible; es la única verdad posible. Al comienzo de la crisis se discutía aún algunas alternativas (Sarkozy tuvo la osadía de plantear la necesidad de "refundar el capitalismo"), pero ya no es posible. Aunque obviamente existen corrientes de pensamiento económico alternativas (como la economía ecológica o la economía del bien común) están confinadas a reductos académicos o marginalizados. Los representantes de estas alternativas (con alguna notable excepción) raramente aparecen en los medios de comunicación de masas, y cuando lo hacen es en programas de contenido social, como una muestra de diversidad cultural; sin embargo, cada vez que se analiza algún aspecto de la actualidad económica el experto es casi siempre hombre (interesante vinculación con la clásica visión macho-supremacista), impecablemente vestido de traje (el hábito de la moderna religión), de mediana edad (ni demasiado joven para parecer un aventurero ni demasiado mayor para parecer decrépito), aspecto solvente (retórica segura y contundente, gesto adusto, frases cliché mil veces repetidas) y estricto adherente al pensamiento económico imperante. Y aunque afortunadamente en los medios de comunicación alternativos de la red se pueden oír otras voces, tampoco allí hay debate porque los contertulios son de similares pareceres ya que rara vez un economista del mainstream se rebajaría a discutir con ellos (los programas de Radioactividad que yo mismo he grabado suelen ser un sucesivo darnos la razón unos a otros mientras vamos hablando). Es interesante destacar que justamente una de las pocas personas que ha tenido ocasión de confrontar visiones alternativas a las hegemónicas en medios de comunicación de cierto alcance ha sido Pablo Iglesias, del movimiento político español Podemos, y que gracias a que él ha visualizado una alternativa ha tenido un gran éxito en las urnas (y obviamente nunca más se va a cometer ese error de abrir la discusión en un medio).


- Lenguaje totalitario: En el lenguaje común se suele identificar "totalitarismo" con "fascismo" y "represión, y aunque van de la mano no son una y la misma cosa; el totalitarismo es más bien una visión filosófica. Una idea totalitaria es aquélla que abarca todas las esferas de las relaciones humanas, y que al final acaba regulando todos los aspectos del día a día, desde el comercio hasta el empleo del ocio, desde el castigo hasta las relaciones sexuales. De acuerdo con la doctrina del liberalismo económico, en la actualidad el regulador único de las relaciones humanas es el mercado: todos los productos de la actividad humana se han reducido a mercancías (commodification, dicen en inglés) y tienen por tanto un valor económico y pueden ser vendidos y comprados en el mercado. Si por ejemplo una compañía ha intoxicado a miles de personas el acento se pone en buscar una indemnización económica, en menor medida en reparar el daño y en ningún caso se prevé una imposición de cargas penales a la persona no física. Ya se ha teorizado sobre esas cargas penales; podría ser la pérdida de libertad (se destituye al consejo de administración y la compañía pasa a ser tutelada durante un tiempo por una gestora judicial) o incluso la muerte (la compañía es liquidada). La idea de la carga penal sobre todos los sujetos jurídicos, no sólo las personas físicas, no es tan disparatada: si las corporaciones han conseguido tener derechos, ¿por qué no habrían de tener obligaciones? ¿por qué no se les puede imponer un castigo si su comportamiento es claramente psicopático y antisocial? De acuerdo con la visión dominante, los errores de la corporación son culpa de su consejo de administración y es por ello que las responsabilidades se han de depurar a nivel personal. Pero en realidad el consejo está al servicio de la corporación y sus accionistas, e intenta cumplir con el mandato que se le ha dado, que es la maximización del beneficio. Así, se observa que los consejos de administración van cambiando (táctica de dilución de responsabilidades) mientras que las compañías actúan de manera cada vez más psicopática. Dentro de la corriente de pensamiento económico imperante, para evitar abrir estos necesarios pero desagradables debates, se pone énfasis en que todo es mercado y todo se regula a través de intercambios monetarios. La mercantilización de todas las esferas humanas se ha hecho progresivamente: primero fue la tierra; después, el trabajo; después, los bienes comunes y en el futuro es previsible que serán las propias personas (esclavitud). Esta lógica perversa de que todo es mercado, de que no hay nada fuera del mercado, lleva a que los pacientes de un hospital o los viajeros de un tren sean ahora "clientes" o, en el mejor de los casos, "usuarios", favoreciendo que la alienación, la privación de la categoría de "persona" o "personal", sea "lo normal", lo habitual, lo comúnmente aceptado, lo que cabe esperar y sin discusión posible. El hombre de la calle ha sido adiestrado para encontrar que, aunque desagradable, sea concebible (e incluso para algunos aceptable) que un hospital escatime a sus pacientes para "aumentar sus beneficios" o "mejorar su gestión". En general, las quejas por mala gestión de la administración pública se dirigen en primera instancia a denunciar la corrupción, el cobro de comisiones o la apropiación indebida o malversación de caudales públicos, pero casi nunca a solicitar un mejor servicio y una actitud más generosa y humana con los administrados, que son los que en realidad pagan estos servicios con sus impuestos. La gran victoria del totalitarismo liberal económico es que todo el mundo acepte que todo viene regulado por el mercado, que todo es monetizable y susceptible de ser convertido en mercancía; más aún, que en realidad todos formamos parte indistintamente de ese mercado, que nosotros somos el mercado (como reza un famoso libro de un economista español que lleva ya impresas muchas ediciones). La realidad es que no todo es mercado y ni tan siquiera el mercado puede regular todas las transacciones económicas (para saber más, lean la serie "Citizen K" del "Acorazado Aurora")


- Lenguaje doctrinal: todas las religiones hegemónicas se vehiculan a traves de un corpus escrito central y un montón de publicaciones complementarias "dentro del canon" que sirven para fijar la doctrina. No se pretende validar el conocimiento revelado con observaciones de la realidad, buscando sus puntos débiles y contradicciones, sino que se seleccionan aquellas verdades que mejor se ajustan a los dictados de la doctrina. Toda publicación que se aparte del canon fijado por los gurús reconocidos queda condenada a la ignorancia y su autor al ostracismo; llama la atención el lenguaje muy agresivo, con frecuentes descalificaciones y en ocasiones insultos, que se utiliza contra lo que se desvía de la recta vía, de la doctrina. Algunos de estos problemas aquejan también hoy en día a algunas ramas de la ciencia, aunque en ningún caso con la virulencia que se observa en la discusión pública de la economía.

- Lenguaje dogmático: La visión liberal de la economía se está convirtiendo en un dogma que no se puede discutir; hay una verdad revelada y no puede ser cuestionada, no hay otra verdad fuera de ella. Si España tiene un problema de deuda pública, la recomendación del FMI es que se tomen medidas que flexibilicen el mercado del trabajo (un eufemismo para pedir que se abaraten los despidos y que se reduzcan los salarios, es decir, para reducir la carga salarial en las cuentas de resultados de los empresarios). Pero no se acaba de entender por qué se pide tal cosa si, en vez de resolver, agrava el problema: la disminución de la renta disponible de los trabajadores deteriora el consumo y por tanto agrava la crisis económica, con lo que disminuye la recaudación de impuestos y agrava el problema de la deuda. En realidad, el FMI "recomienda" ("intimida" sería un verbo más apropiado) tales medidas parar reducir la carga salarial sobre el capital, sin ver que en un mundo sin expansión, en una crisis económica que no acabará nunca, eso sólo lleva al desastre. 


El dogma liberal económico, al ser incuestionable, no puede tampoco evolucionar; las recetas económicas derivadas en una sociedad fuertemente manufacturera son las mismas a aplicar a una economía basada en los servicios, y también las mismas en una situación en que los recursos se están volviendo cada vez más escasos. Pero al igual que las sociedades humanas evolucionan, las teorías económicas necesarias para describirlas con efectividad deben evolucionar. La teoría económica liberal está ya fijada y no evoluciona a pesar de lo cambiante de los escenarios; pero aún,  a pesar de que las fórmulas que propone -y que se están aplicando estrictamente en muchos países occidentales- no están mostrando ningún éxito, se atribuye el fracaso a la falta de empeño de los Gobiernos en implementarlas y se insiste en reiterar su validez, en contra de la experiencia. Justamente como se espera de un pensamiento de tipo dogmático. En el largo plazo, las nuevas corrientes económicas (economía ecológica, economía del bien común) quedarán relegadas a la irrelevancia y pueden acabar perseguidas como lo fue en su momento la herejía cátara.

- Lenguaje esotérico: Dada la profunda banalidad de algunas de las ideas de la teoría económica liberal, resulta imprescindible crear palabras y conceptos que disimulen las ideas y que las revistan de una grandiosidad y un misterio que no tendrían si se expresasen en términos más mundanos. Se habla de la "infinita sustitución de los factores de producción" para decir que, de acuerdo con esta doctrina dogmática, siempre que falte de algo se le encontrará de seguida un sustituto y a precio razonable; se habla de "coste agregado" para decir el coste total (sumando todos los costes implicados) de una operación; etc. Algunos indicadores sintéticos (es decir, puras abstracciones matemáticas o del lenguaje) son tomados como referencia incuestionable, como por ejemplo el PIB (y no se suele explicar por qué el crecimiento del PIB es el único factor que se tiene en cuenta al implementar las políticas económicas ni si la gente, el pueblo, está de acuerdo con que se le dé tanto peso). Dado este lenguaje especial y los conceptos implicados, se hace necesario pertenecer a la casta de iniciados, los economistas, para poder entrar en el debate económico, lo cual consituye una barrera de entrada para los no iniciados y un argumento estándar para descalificar, a veces con insultos, la validez de lo que uno dice sin entrar a contestar el fondo del argumento (yo me he encontrado esta situación algunas veces y generalmente los contraargumentos, cuando son requeridos, son extremadamente endebles, esencialmente del tipo "en el pasado la cosa fue bien" o algún recurso al dogma). Dado que el ciudadano de a pie no entiende lo que se le dice, se ve obligado a delegar completamente la toma de decisiones a los sumos sacerdotes, a "los que entienden". Hay un cierto paralelismo con el esoterismo que rodea a veces a la ciencia, aunque justamente hoy en día se valora mucho el trabajo de divulgación científica, el acercar la ciencia al hombre de la calle, y no tanto hacer divulgación económica (en particular en cuestiones tan polémicas como la creación del dinero).


- Lenguaje abstracto: Una de las características definitorias del lenguaje económico imperante es la independencia del empirismo. Se argumenta que los datos dan la razón a ciertos razonamientos y para ello se definen cantidades abstractas, índices de bienestar o algún valor de referencia, que en general se usa para argumentar que son consecuencia de la implementación de las políticas liberales. Dado que no se aíslan otros factores (como por ejemplo el progreso tecnológico o la introducción de ciertas prácticas, como por ejemplo de cultivo o industria) resulta complicado saber cuál es el efecto específico directamente atribuible a la doctrina y cuál se habría producido igualmente sin ella. Este problema, que no es exclusivo de la economía (la dificultad para aislar las causas que dan pie a un fenómeno para poder evaluar el impacto de determinadas variables en él), se resuelve aquí típicamente con afirmaciones del tipo "es evidente que...", que en esencia lo que demuestran es que se quiere obtener lo que se había supuesto de partida (lo lógico en una situación así es intentar falsar la dependencia supuesta). La introducción de índices y conceptos abstractos tiene la ventaja de que uno puede defender que las cosas están mejorando aunque no lo estén haciendo, en una actitud que tiene reminiscencias de la escolástica medieval.


- Negación de la realidad: Una derivada del pensamiento meramente abstracto y alejado de la realidad, incluso despectivo hacia ella, es la negación de la realidad cuando ésta no se ajusta a los dictados de la doctrina. Hace poco salió publicado un artículo de George Monbiot (aparecido en blog de The Guardian), de provocador título: "Por qué los liberales deben negar que hay cambio climático, brevemente". La cuestión es simple: si los liberales defienden que el derecho fundamental es el de la propiedad privada y que el mercado es el único mecanismo regulador, la existencia de externalidades que afectan negativamente a la propiedad de otros implica que los perjudicados tienen derecho a reclamar una compensación e incluso el cese de la actividad lesiva con su propiedad. Dado que esto implicaría la imposibilidad de muchas actividades industriales, que en el fondo son el sustento material al que sirve esta doctrina, los liberales deben negar que pueda haber ningún efecto ambiental dañino. Así, por tanto, no es de extrañar que el negacionismo sea norma entre los neoliberales, y que se inventen términos despectivos para los científicos que con mayor conocimiento que ellos investigan el cambio climático y otros problemas ambientales. No deja de ser cómica la porfía con la que esta gente, con nula formación científica, discuten conceptos complicados de climatología o meteorología, que "creen entender" o que creen que los malvados científicos están manipulando - ¿por qué? ¿para qué?; eso no importa, hacen daño a la doctrina y por tanto debe ser duramente atacados.

Los ejemplos de negación de la realidad son numerosos en las filas de los neoliberales. A modo de ejemplo: a medida que los problemas con el suministro de petróleo se están haciendo más evidentes se recurre a las viejas falacias (por ejemplo, insistir en cómo de grandes son las reservas sin querer mirar qué está pasando con la producción), y es que ya sabemos que los economistas no entienden el Oil Crash. Los esfuerzos por huir de la realidad energética están llevando a un creciente uso de un lenguaje falseado y particular que describe muy bien Kurt Cobb, donde la escasez se disfraza de abundancia y el estancamiento de crecimiento.

El problema es, al final, que se toma el medio por el fin; las políticas neoliberales se plantean para intentar una forma particular de recuperar el crecimiento, pero, ¿para qué queríamos el crecimiento, en primer lugar? Nadie se cuestiona que el crecimiento no puede ser el fin, sino una abstracción para lo que verdaderamente se desea: más empleo, más bienestar, más prosperidad general y particular... Se aplican medidas de austeridad sin querer ver los efectos no deseados que comportan, basándose en ideas abstractas, etéreas, sin sentido. Pero es que al final la tal recuperación nunca llega, no está llegando ni llegará nunca; se intenta vender los repuntes puntuales como demostración de una recuperación duradera que simplemente no está ahí. Y en el enésimo esfuerzo por negar la realidad se falsea si es necesario el PIB, con lo que al final no resulta posible comprobar si alguna política concreta es exitosa o no. Otro día comentaremos el caso de cómo se está manipulando las cifras de PIB en España; ahora quería destacar una gráfica muy curiosa sobre el consumo eléctrico de los EE.UU., publicada en la página web algo sensacionalista Zero Hedge:


Dado que el consumo de electricidad es muy inelástico, suele ser un buen indicador de la actividad económica. Que en los EE.UU. el consumo de electricidad esté estancado, salvo las variaciones con las estaciones del año, desde 2005 nos indica que el PIB de ese país no ha podido crecer tanto como se dice. Y es que, por tal de huir de la realidad del estancamiento económico, cualquier estrategia es buena.

- Fanatismo: Y es que los neoliberales también tiene sus fanáticos: desde el Tea Party americano y las derechas ultraliberales a ambos lados del Atlántico hasta los ahora llamados anarco capitalistas o an-caps, provenientes de esa desquiciada ideología que se disfraza de estrambótica escuela económica autodenominada la escuela austríaca (Chemazdamundi hizo un análisis certero y cruel de la misma que les recomiendo). Son los fanáticos del neoliberalismo los que por ejemplo amenazan a los que ellos denominan "calentógos" por pretender, con el pretexto de la ciencia del cambio climático, imponer lo que ellos consideran un estado socialista o algo peor. Estos fanáticos, cada vez más acosados por una realidad que les ha vuelto la espalda, radicalizan su postura y se reafirman en el dogma.


Como hemos visto, de acuerdo con los indicios que muestro más arriba la teoría económica neoliberal imperante hoy en día tiene cada vez más los rasgos de una religión totalitaria. No se trata solamente de denunciar este intento de imponer un totalitarismo dogmático que puede acabar imposibilitando cualquier tipo de mejora; se trata de comprender cómo actúa para ponerle freno con argumentos. Lo último que necesitamos, en una situación en la que la disminución de los recursos favorece la implantación de regímenes autoritarios, tener una ideología totalitaria disfrazada de ciencia que acabaría ayudando a nuestro sometimiento, como de hecho ya está haciendo.

Salu2,
AMT

viernes, 7 de febrero de 2014

Revista de prensa: Vicenç Navarro en Dominio Público, 6 de Febrero de 2014


El Catedrático de Ciencias Políticas Vicenç Navarro ha publicado en el día de ayer un artículo en el blog Dominio Público titulado "Los errores de las tesis del decrecimiento económico". Varias personas me lo han hecho notar y me han pedido que haga una crítica formal y fundamentada del mismo. No es la primera vez que algún lector me solicita algo parecido. Por lo general los lectores me piden que desmonte algún artículo hábilmente escrito por un gestor de fondos con intereses en algún sector energético en el cual se hace una burda y descarada engañosa publicidad de su producto; contestar a esos artículos es un ejercicio de futilidad, porque el público objetivo de los mismos nunca leería un blog como éste. Sin embargo, el artículo del profesor Navarro no es una grosera manipulación de la realidad sino un ejercicio intelectual honesto para sentar las bases de la discusión de una cuestión candente, y los lectores de ese medio podrían ser también sensibles a lo que aquí se escribe. Como quiera que además me siento aludido por el párrafo final de su artículo, he creído que merecería la pena discutir aquí el artículo del profesor, siempre desde el respeto a su trayectoria profesional e intelectual.

En su artículo el profesor Navarro detalla por qué cree que el movimiento por el decrecimiento es un error y por qué hablar de escasez de recursos es una falacia, lo cual es respetable;  sin embargo resulta un tanto más impertinente y le hacen flaco favor al profesor los calificativos un tanto despectivos que les dedica a Paul Ehrlich y a Florent Marcellesi, en el caso de éste último destacando que ahora es una figura política (candidato más votado en las primarias de Equo para las elecciones europeas). Justamente hace unos meses hubo una activa discusión entre Florent Marcellesi y el profesor Navarro, que parecía más o menos zanjada, y por ello resulta un tanto extraña esta extemporánea crítica (realmente Florent es la única personalidad española que cita); cabe preguntarse si la razón de esta descarnada crítica viene de la relevancia política que podría estar ganando el Sr. Marcellesi.

Pero yendo a la sustancia argumental del artículo de Vicenç Navarro, el profesor hace una reivindicación del trabajo de Barry Commoner y en un cierto momento el profesor Navarro se queja de que se le identifique a él con posturas productivistas cuando lo que él sostiene es el verdadero socialismo (bien dice que "socialismo no es capitalismo de Estado), en el que lo que se busca es satisfacer las necesidades humanas, y que por supuesto el destino de los medios de producción no es neutral sino que viene determinado por el tipo de sistema económico. Hasta ahí creo que la coincidencia entre lo defendido por el profesor Navarro y el Sr. Marcellesi sería absoluta. Sin embargo, el profesor Navarro se revuelve contra la noción de que el crecimiento económico pueda estar limitado por los recursos, lo cual atribuye a una posición "conservadora" (palabra que usa queriendo decir "reaccionaria" o "de derechas"), y a partir de ahí se mete en una serie de consideraciones, algunas de ellas de carácter técnico, en las que desafortunadamente demuestra no estar demasiado bien informado.

La primera cuestión que se tendría que aclarar es por qué defiende o le interesa el crecimiento económico al profesor Navarro si, como ha dicho, no es productivista y busca satisfacer las necesidades humanas. Las necesidades humanas no son necesariamente crecientes; pueden ser cambiantes, pero no deberían ser más crecientes de lo que sea la población humana, y en última instancia la población del planeta deberá estacionar (no creo que el profesor Navarro sostenga la máxima bíblica del "Creced y multiplicáos"). Así que cuando el profesor Navarro habla del crecimiento económico que parece buscar debería explicitar al crecimiento de qué él se refiere. No creo que esté pensando en el crecimiento del PIB ni de cualquier otra variable que mida la producción porque, como él dice, no es productivista. Así pues, creo que el profesor se refiere al crecimiento de la satisfacción de las necesidades humanas, algunas de las cuales son materiales y otras son inmateriales. El sistema capitalista en el cual vivimos sí que busca maximizar la producción y por ende la extracción de recursos; como explicaré más tarde dentro del sistema capitalista estamos llegando a las máximas tasas extractivas de algunos recursos, particularmente los energéticos, las cuales vienen determinadas no sólo por factores económicos sino también geológicos y termodinámicos. No sólo eso, sino que los recursos renovables también tienen limitaciones no superables con las que también comienza a vérselas el sistema capitalista, por lo que al final no es esperable que se pueda seguir aumentando la disponibilidad de energía sino que ésta por fuerza tendrá que disminuir en el futuro. La disponibilidad de energía disminuirá si seguimos en un sistema capitalista porque los límites que se ha encontrado éste son técnicamente infranqueables, y disminuirá también si fuéramos capaces de cambiar a un sistema plenamente socialista puesto que no es tan eficiente en la extracción de recursos como el capitalista, ya que no es ése su objetivo: no lo es el de incrementar la producción sino el de satisfacer las necesidades humanas, como hemos dicho. Así pues, la disponibilidad de energía será en cualquier caso decreciente, algo que desde una perspectiva socialista no tiene por qué necesariamente ser malo ya que justamente la alternativa socialista necesitará mucha menos energía que la capitalista.


Que los recursos son finitos es algo que no debería ni ser materia de discusión. Vivimos sobre la superficie de un planeta que es aproximadamente una esfera de 6.366 kilómetros de radio. La cantidad de materia sobre su superficie es finita, y en cuanto a la tercera dimensión sólo somos capaces de arañar y con mucha penalidad unos pocos kilómetros de la corteza terrestre. Incluso la energía que nos arriba del Sol, inmensa como es, es una cantidad finita cada día. Así pues no tiene sentido discutir si los recursos son finitos: obviamente lo son, al menos hasta que abandonemos este planeta (algo que contrariamente a lo que creen muchas personas no va a pasar próximamente). Como los recursos son finitos (no sólo los metales y los combustibles fósiles - en el caso de los últimos no sólo son finitos sino agotables-, sino también el agua y hasta la superficie disponible) es obvio que cualquier tipo de crecimiento que requiera de una base material tendrá que detenerse llegado un momento. Así pues, no se puede defender que el crecimiento económico, en tanto que comporte una componente material, pueda ser indefinido. Lo que sí que tiene sentido por tanto es discutir cuándo se producirá el momento en el cual el crecimiento no puede proseguir. Ésta ya es una cuestión técnica, en la cual intervienen la Geología, la Física y también la Economía, y es lo que discutiremos a continuación; y es que los límites realizables, como veremos, son mucho menores que lo que los límites ideales que uno podría tratar extrapolando los datos de concentración de cada material en la corteza terrestre sacados de la wikipedia. En todo caso, la discusión de los límites es una cuestión técnica, basada en datos y en la experiencia, y no una cuestión de mera opinión.


Sin embargo, es frecuente observar que cuando alguien señala la finitud de los recursos  - y éste es un error en el que el profesor Navarro también cae - se le descalifica colgándole la etiqueta de "malthusiano", como si decir que hay una imposibilidad física a crecer sin límites (aunque se reconoce el problema del impacto ambiental) fuera equivalente a decir "vamos todos a morir". En suma, que si no aceptamos que el crecimiento pueda seguir por siempre somos unos apocalípticos (aún me encuentro gente que va diciendo por ahí que mi discurso es apocalíptico, aún cuando yo diga explícitamente lo contrario - qué sé yo mismo de lo que yo pienso; quien lo sabe es un opinador anónimo en internet, oiga).

Calificar a quien señale que los recursos disponibles son finitos de "malthusiano" es de entrada un error de concepto. Mathus defendía que la población siempre crece a un ritmo exponencial mientras que los recursos lo hacen a ritmo aritmético, y que por tanto siempre se llegaba a una sobrecarga poblacional y a un colapso. Por un lado, ninguna de las dos hipótesis de Malthus es correcta; por el otro, señalar que los recursos son finitos no es equivalente a decir que un colapso es inevitable. De hecho, la rama de la ciencia que estudia la interacción entre los seres vivos y los recursos finitos de su entorno se llama Ecología, y justamente la Ecología nos muestra como la mayoría de las poblaciones (incluso las humanas, de las cuales se ocupa la Antropología) llegan a un equilibrio con sus recursos disponibles. En realidad, la propuesta socialista de Navarro resuena bastante con la de una sociedad en equilibrio ecológico. Y bien es cierto que en algunas circunstancias (por cambios del clima, por disminución de los recursos, por exceso de éxito de una especie) algunas poblaciones colapsan; tanto la Ecología en el caso de las especies animales como la Antropología en el caso de las civilizaciones humanas estudian estos colapsos y nos enseñan vías para evitarlos. Por supuesto que podemos llegar a colapsar en mayor o menos medida si actuamos de una manera completamente necia (por ejemplo, intentando mantener a ultranza un sistema basado en el crecimiento infinito como es el capitalismo), pero el colapso es siempre una opción; se podría decir que el colapso no es una necesidad sino una necedad. Y justamente la sociedad socialista que propone Navarro podría ser una vía para evitar ese colapso.


Argumenta el profesor Navarro que el comienzo y desarrolllo de la presente crisis económica no tiene nada que ver con el petróleo, lo cual es una afirmación bastante osada, pues si bien es completamente extremista afirmar que la actual crisis está sólo causada por la escasez de petróleo, no lo es menos afirmar que no tiene absolutamente nada que ver cuando, por ejemplo, la producción de petróleo crudo del mundo se ha vuelto inelástica desde el año 2005, como muestra el artículo de Murray y King en Nature, 2012 de donde saco la siguiente gráfica:




De hecho el profesor Navarro parece desconocer todo lo referente a lo que está pasando con el petróleo. Por ejemplo, que en el año 2010 la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció que la producción de petróleo crudo (más del 80% de todos los líquidos asimilados a petróleo que se consumen en el mundo) había tocado techo en 2006, o que en 2012 admitió que la producción de petróleo crudo ya estaba empezando a caer. Peor aún: en su último informe la Agencia Internacional de la Energía alertaba de que se tendrían que redoblar los esfuerzos en inversión petrolera so pena de que la producción pueda caer en picado en relativamente pocos años:



Por supuesto el problema que sin darse cuenta describe la Agencia Internacional de la Energía es el de la caída de la Tasa de Retorno Energético (TRE) de las fuentes de petróleo o asimilados que nos van quedando disponibles, lo que se traduce en que el petróleo por explotar sea cada vez más caro hasta el extremo de que a veces no salga rentable extraerlo, independientemente de la inversión que se quiera realizar o del presumible progreso tecnológico que debería abaratar costes (pero que no lo hace). Nada nuevo: ya sabemos que los economistas no comprenden el concepto de la TRE. 

Da la impresión de que el profesor Navarro no se ha dado cuenta de que ya hay problemas serios con el petróleo porque para él eso se tendría que manifestar como un precio exorbitantemente alto, sin tener en cuenta que en realidad hay un techo máximo para el precio del petróleo a partir del cual comienza la destrucción económica y que de hecho en realidad el precio del petróleo se encuentra actualmente y durante la mayoría de esta crisis en máximos históricos, justo al nivel del umbral del dolor para nuestras economías.


Evolución histórica del precio del barril de petróleo en dólares constantes de 2012. Del post http://ourfiniteworld.com/2014/01/29/a-forecast-of-our-energy-future-why-common-solutions-dont-work/  , del blog Our Finite World de Gail Tverberg

En realidad el nivel actual de precios y el relativo estancamiento de la producción de todos los líquidos del petróleo está llevando a una transferencia de renta petrolífera de los países occidentales a los emergentes, sin que sea el resultado de una mejora en eficiencia energética; algunos países como EE.UU. y Alemania han financiado energéticamente esta huida hacia adelante con más gas y más carbón, mientras que el resto simplemente se están hundiendo económicamente:


Consumo de petróleo en la OCDE (curva azul) y en el resto del mundo. Imagen del post http://ourfiniteworld.com/2014/02/06/limits-to-growth-at-our-doorstep-but-not-recognized/, del blog Our Finite World de Gail Tverberg


En otro pasaje de su artículo, el profesor Navarro hace una vaga defensa de la energía renovable basándose en tendencias históricas observadas en algunos Estados de los Estados Unidos, en lo que es una práctica habitual en los economistas (tomar tendencias del pasado y asumir que se mantendrán indefinidamente en el futuro sin pararse a pensar si tales tendencias tienen límites o fechas de caducidad). Parece no tener en cuenta que los grandes sistemas de producción de energía renovables sólo producen energía eléctrica, pero en el mundo la energía eléctrica es sólo el 10% de la energía final consumida y el restante 90% es muy difícil de electrificar. Por lo demás, parece que el profesor Navarro ignora que el potencial renovable del planeta Tierra es finito y está bastante por debajo de nuestro consumo fósil actual, cosa que se ha discutido en muchos artículos de este blog (en la serie "Los límites de las renovables") y que por tanto no existe una fuente de energía renovable inagotable sino que más bien las que hay son muy limitadas.

Hacia el final del artículo el profesor Navarro esboza una ingenua queja en contra de lo que el denomina el "determinismo energético". Afirma Navarro que la energía no condiciona todo lo demás; pues en realidad sí, por supuesto que la energía condiciona todas las actividades económicas, como también las condicionan las bases materiales. Para producir bienes y servicios se necesitan consumir materiales; para elaborar y transformar esos materiales, o transportarlos, se necesita energía. La economía no puede abstraerse de sus bases materiales pues somos series materiales. Yo no voy a comprar entes espirituales o inasibles (aunque algún supersticioso quizá sí lo haga); yo compraré mercancías que se puedan comer, vestir, equipar, tocar, usar... Incluso los servicios, que son en sí mismos inmateriales, tienen una base material: si compro un crucero el barco que me transporta; si contrato un servicio de asistencia a gente mayor habrá una persona de carne y hueso que tendrá que desplazarse, comer, vestir... Y así como la base material de la economía es evidente para todo el mundo y difícil de discutir, la energía es más inasible para el no educado. Pero todo es al final materia y energía. La energía es la que da la capacidad de transformar, de producir. Cuando sólo existía el factor trabajo toda la energía la propocionaba el obrero (endosomática), pero ahora la mayoría de la energía es de fuentes externas (exosomática). El problema con la energía es que es ese fluido invisible del que durante el último siglo hemos podido disponer a bajísimo precio. Hace 100 años los albañiles que construían un edificio sabían muy bien el ingente esfuerzo que costaba levantar ladrillos y vigas; hoy en día, una cuadrilla diez veces menos numerosa de albañiles hace mejor el trabajo en diez veces menos tiempo. No pensamos en la energía porque durante mucho tiempo la hemos tenido prácticamente regalada, pero por desgracia cada vez más vamos a irnos dando cuenta de lo que cuesta mover, transformar, producir a medida que nuestra disponibilidad energética disminuya. Así pues, por supuesto que la energía condiciona todo lo demás; pero no determina todo lo demás. La energía nos pone límites a lo que podemos hacer, pero dentro de esos límites lo que al final hagamos, mejor o peor, viene por supuesto determinado -ahora sí- por las políticas que se adopten.

Querría acabar mi crítica al artículo del profesor Navarro señalando una expresión que usa varias veces a lo largo de él: "Ecologista conservador". Como ya he mencionado más arriba, Navarro usa la palabra "conservador" queriendo decir "reaccionario" o "de derechas" (soporte a su infundada acusación de que el decrecimiento sirve al capitalismo). Supongo que para él su antónimo es "progresista" (el mito del progreso del que también hemos hablado aquí mucho: el tecnooptimismo). En realidad el ecologista es, por definición y en sentido propio, conservador, puesto que lo que pretende es conservar: conservar el Medio Ambiente, conservar la diversidad, conservar un hábitat digno para las especies animales, incluida la humana... No hay nada negativo en querer conservar cuando aquello que se preserva es bueno. Querer cambiarlo todo en todo momento, el progreso por el progreso sin reparar en su coste, es una actitud destructiva y sin sentido: el progreso sólo tiene sentido si es verdadero progreso humano, y no mera destrucción por la destrucción, algo que genera mucho PIB pero poca felicidad. Y es que uno debe ser cuidadoso con las palabras que usa, particularmente cuando califica (o descalifica) a los demás.

Antonio Turiel.
Febrero de 2014.