domingo, 15 de abril de 2012

Actualización sobre el avance de la crisis en Argentina

Queridos lectores,

Tengo varios posts en barbecho, pero también muchos compromisos laborales durante las dos próximas semanas, así que los artículos saldrán pero a un ritmo inferior al habitual. Entre tanto, continuaré publicando aportes que me envían los lectores, como se está volviendo costumbre últimamente.

El post de hoy consiste en recientes recortes de prensa que nuestro lector Gabriel Anz, viejo conocido de esta página, ha ido compilando para que Vds. se puedan hacer una id
ea cabal sobre lo que está pasando en Argentina (tema ahora de moda en España con la pretendida expropiación de la empresa YPF a Repsol). Espero que encuentren esta revista de prensa lo suficientemente interesante e ilustrativa.

Salu2,
AMT



Avance actualizado de la crisis en Argentina

Les acerco un nuevo racconto de noticias tomadas de diferentes matutinos, siendo la noticia más vieja del 05 de Abril de 2012.

Cierro la nota con una noticia relacionada con el hecho de que “La gente se une para… Esperan ayuda oficial…”

Y en relación al párrafo precedente, les cuento una anécdota. Hace unos días, en el barrio colindante a nuestro predio (vivo en área semi-rural), hablando con la presidenta de la Junta Vecinal, me contaba que ante reclamos al municipio para que realicen los trabajos de limpieza y mantenimiento de calles del barrio, obtuvieron como respuesta… -“Piensen en ver la forma de organizarse entre los vecinos, porque el municipio no tiene dinero”.

Saludos a todos,
Gabriel Anz 






 

miércoles, 11 de abril de 2012

Debate: La TRE de la fotovoltaica

Queridos lectores,

Un lector me ha hecho llegar un análisis sobre la Tasa de Retorno Energético de la tecnología fotovoltaica instalada sobre cubiertas. De acuerdo con su análisis la energía consumida en la construcción de las placas se recuperaría en 2 a 3 años, lo cual implica que sobre una vida útil de unos 20 a 30 años la TRE de esta tecnología sería de entre 10 y 15. Otro estudio que hemos mencionado varias veces, el de Pedro Prieto y Charlie Hall, estima que la TRE de parques fotovoltaicos, calculadas empíricamente con datos reales y  considerando un amplio contorno energético, sería de 2,7. Yo conozco los argumentos de una y otra parte y por qué consideran erróneos los postulados de la otra. Dado que tenemos el vídeo de Pedro que enlazo arriba, creo conveniente reproducir aquí los cálculos de mi lector, Jaume Serrasolses, y que Vds. puedan debatir sobre el tema.

Salu2,
AMT
 
La tasa de retorno energética de la tecnología fotovoltaica

La rentabilidad de distintas tecnologías de conversión de energías renovables en electricidad se puede enfocar de muchas maneras. Por ejemplo, bajo la óptica energética (energía obtenida /energía gastada), ambiental (por ejemplo emisiones de GEI por kWh), sociolaboral (empleos por MW instalado), o económico (coste en €/kWh, comparado con otras fuentes de energía).

En esta contribución me centraré en analizar únicamente el primero, o sea la tasa de retorno energético de la tecnología fotovoltaica (FV), la cual ha sido un aspecto muy controvertido, con muchas leyendas urbanas que perviven con el tiempo a pesar de múltiples estudios en sentido contrario. Todos hemos escuchado alguna vez que las placas FV nunca acaban de generar toda la energía que han consumido en su fabricación. ¿Es ello cierto? Vamos a verlo.

La metodología de análisis del ciclo de vida de un material, aparato, tecnología, etc., permite desentrañar algunas dudas sobre su coste energético, de agua, de recursos naturales, de emisiones de GEI, contaminación generada a lo largo de su ciclo de vida, posibilidad de reciclaje al final de su vida útil, etc. Por tanto, los estudios realizados con esta metodología nos proporcionarán los datos necesarios para responder a nuestras inquietudes sobre el tema.

Analizando varios trabajos publicados en revistas científicas se observa que los resultados pueden variar en función, además de los criterios metodológicos, del valor de los parámetros de cálculo. Algunos de los más importantes serían: zona geográfica (varía la radiación solar, la composición del mix eléctrico del país …), las tecnologías analizadas (silicio amorfo, mono-policristalino, CdTe, etc.), considerar instalaciones completas o sólo placas FV, los años de vida considerados, etc.

Los datos ofrecidos a continuación resumen algunas de las conclusiones más interesantes que se pueden obtener de la referencia siguiente: C.M. Fthenakis y H.C. Kim. "Photovoltaics: life-cycle analisys". Solar Energy 85, pp. 1609-1628 (2011)


Para las tecnologías de placa FV más utilizadas en estos momentos los resultados serían


Para silicio cristalino el rango de los datos aportados oscila según distintas fuentes

En conclusión, en zonas soleadas del planeta, el pay-back energético se situaría entre menos de 2 y 3 años, en función de la radiación solar, teniendo en cuenta la energía primaria, no sólo la electricidad gastada en su fabricación, respecto la electricidad generada por la instalación FV conectada a la red a lo largo de 30 años. En cuanto a emisiones de GEI, a cantidad evaluada es muy baja respecto a las fuentes tradicionales (ver tabla más adelante).

Hace treinta años, los sistemas solares requerían 20 a 30 años de funcionamiento para recuperar la energía invertida en su fabricación.

Los cálculos anteriores están realizados a partir del consumo de energía primaria, cuyo valor depende en parte del mix eléctrico adoptado, en este caso la media de varios países europeos. Por ello es significativo analizar los datos de un fabricante de placas FV (REC) que realiza la integridad de su proceso de fabricación en Noruega, donde la energía eléctrica es casi íntegramente de fuentes de energía renovable, esencialmente hidráulica. Por ello sus emisiones asociadas a la fabricación (desde la producción se silicio de grado fotovoltaico, hasta la fabricación de la placa fotovoltaica) son muy bajas (figura siguiente), menores que las otros fabricantes fotovoltaicos.



Resultado del análisis del ciclo de vida de un kWh generado con estas 9 tecnologías en gramos CO2 eq/kWh.CCGT (ciclo combinado de gas)
Fuente: REC

Otra manera de comparar la tecnología fotovoltaica con otras tecnologías energéticas que se utilizan para la generación de electricidad es sobre la cantidad de materia prima necesaria para producir una unidad de energía, o sea un kWh.
Hace más de 10 años hice una aproximación a este aspecto de la dependencia de recurso natural y la eficiencia de conversión de 5 fuentes de energía: petróleo, carbón, nuclear y solar (fotovoltaica). Los resultados los ilustré con la imagen siguiente.

Publicado en “Tejados fotovoltaicos. Energía solar conectada a la red eléctrica” Editorial Progensa. 2ª edición 2009.

En aquella época toda la producción de silicio para la fabricación de placas FV procedía del rechazo de la industria electrónica mundial. A partir de entonces, el incremento de la demanda de esta tecnología obligó a la industria solar a construir sus propias plantas de producción de silicio de grado metalúrgico o grado fotovoltaico (menos exigente que el de grado electrónico). Sin embargo, la conclusión que se desprende de la imagen no ha cambiado. El silicio (actualmente es el semiconductor más utilizado en la fabricación de células FV) es el elemento más abundante en la Tierra (después del oxígeno), se encuentra en todas partes y su purificación a partir de la arena de cuarzo es un proceso no excesivamente complejo, aunque es intensivo en energía. Como hemos visto antes la amortización de esta energía se puede hacer en menos de dos años. La figura anterior nos muestra que una pequeña cantidad de silicio (la empleada en placas fotovoltaicas de capa fina) puede convertir la energía luminosa del sol en una enorme cantidad de electricidad, muy superior que la que se puede obtener con la misma cantidad de mineral de uranio, y muchísima más que con las energías fósiles tradicionales.

El silicio, aunque no sea renovable, sí es muy abundante, barato, bien distribuido y, además, se puede reciclar. Unido a una energía renovable como la solar, la mejor distribuida de ellas, convierten a la tecnología fotovoltaica en una solución imbatible para la generación limpia de energía eléctrica.

Jaume Serrasolses

viernes, 6 de abril de 2012

La memoria viva


Imagen de pensierolibre.blogspot.com

Queridos lectores,

Natalia me ha hecho llegar un post que, a través de sencillas anécdotas, ejemplifica muy bien algo que muchas veces no miramos con suficiente aprecio y que podríamos perder. Pero ella lo explica muy bien con sus propias palabras, que sea ella quien se lo cuente...

Salu2,
AMT


IN ILLO TEMPORE

El domingo estuvimos mi suegra, mi hija y yo recogiendo espárragos y otras verduras silvestres tales como las cerrajas (Sanchus oleraceus L.) o las collejas (Silene vulgaris). Al volver a casa con la cesta llena de tal deliciosos alimentos y las manos también llenas pero de arañazos y alguna que otra espina clavada, me he acordado de mi amigo Gregorio.

Gregorio murió hace dos semanas con ochenta y dos años. Justo un mes después que su mujer, como les pasa a esas parejas que viven como una sola persona, murió ante la tristeza de sentirse solo en este mundo. No dejaron descendencia.

Con Gregorio y su mujer nos reuníamos muchas veces en la huerta que tenían a un kilómetro del pueblo. Ellos iban cada mañana y cada tarde allí, paseaban por los alrededores para notar los cambios que se producían en la naturaleza , para hacer los trabajos necesarios en la huerta o simplemente, para sentarse a charlar. En más de una ocasión nos cogió la lluvia regresando camino a casa. En más de una ocasión tuvimos que resguardarnos en cualquier sitio que ofreciera cubierta porque era casi imposible continuar hasta que amainase un poco.

De ellos aprendí muchas cosas, a fuerza de insistir y sobretodo por pesada. Algunos conocimientos me los dijeron sólo después de más de cinco años de amistad. Otros muchos, posiblemente la mayoría, se los llevaron a la tumba.

-Gregorio, ¿esta hierba se puede comer?- preguntaba yo.

-¡Bah! Pues si te gusta... ¡cómetela!- solía ser su respuesta.

Después de preguntar lo mismo de diferentes maneras a lo largo de un mes, con suerte su respuesta cambiaba a “si no hubiese comida en las tiendas yo no me moriría de hambre, no. Tu sí.”

-Por eso quiero que me lo digas, Gregorio.- Y quizá en esas él y su mujer intercambiaban una mirada cómplice.

-¿Te gustan las habas?

-Sí, a nosotras las verduras nos gustan todas.

Y entonces su mujer, María, solía decir: “Anda, Gregorio, cógele unas habas y trae también alguna lechuga”. Él se marchaba a coger las habas, llenaba una bolsa, metía una lechuga o lo que fuese que hubiera en aquel momento y la primera degustación solía ser a pie de huerta, en muchas ocasiones con tierra incluída.

-Voy a lavar la verdura en el agua.- Dije en una ocasión.

-En aquella no, que esa no es buena. Detrás de esos arbustos nace un hilo de agua que se puede beber directamente. Ve allí. (Lo que separaba las dos corrientes de agua eran apenas una veintena de metros).

-¿Y ésta por qué no?- Pregunté yo.

-Esa te daría cagaleras. Tú verás.- Fue su respuesta escueta, como siempre.

Quizá antes de que terminase la temporada, mientras volvíamos a casa andando, como en un arranque de inspiración me diría:

-Esa de ahí la puedes comer. Las hojas. El resto de la planta no sirve.

Yo me apresuraba a cogerla. -”¿Y dónde la encuentro?”.

-La encuentras en el campo. Mirando. Que para eso están los ojos.

En otra ocasión fuimos al monte a coger setas en su compañía, a un lugar que él conocía. Desde la casa de campo abandonada y solitaria subimos con el coche, que había aportado un hombre del grupo, unos cuantos kilómetros cuesta arriba por un camino lleno de curvas sin asfaltar que transcurría en medio de una frondosa arboleda. Después de llenar más de la mitad de lal cesta con las setas que Gregorio encontró, ya que el resto del grupo sólo sumábamos tres setas encontradas, nos dijo:

-¡Bah! No hemos encontrado nada. Subid al coche y bajad hasta la casa que hemos visto. Esperadme allí.

Al ver nuestra cara a mitad de camino entre la sorpresa y la dudas, nos dijo:

-Haced lo que os digo. No quiero que nadie me acompañe. Me estorbaríais.

Uno del grupo trabajaba como forestal, estaba acostumbrado a andar por el campo y se ofreció a ir con él.

-No, no. Me estorbaríais. Sois muy lentos. Sois como niños andando por el monte.

Nos quedamos mirándonos confusos sin saaber qué hacer mientras lo veíamos desaparecer pendiente abajo, entre el espeso bosque, saltando matojos y hierbas como si fuera un chaval de veinte años, y eso que rondaba los ochenta. Así que nos montamos en el coche de nuestro amigo y lo esperamos en el sitio acordado. Apareció a los quince minutos, con cara de satisfacción y una bolsa de setas.

-¡Vámonos!- nos dijo, mientras le mirábamos estupefactos.

Más adelante conseguí un buen libro que trataba de trabajos artesanos, el trabajo con esparto, mimbre, el secado de frutas, etc... y fui a su casa a regalárselo. Me miró raro, me dió las gracias sin coger el libro y se marchó. Su mujer, a la vez, me dió las gracias y me explicó que su marido no sabía leer. “Yo se lo leeré. Sé que le gustará.”

Hoy, recordándolos, me vino a la memoria las conversaciones que teníamos sobre la alimentación en la postguerra, aunque eso daría para otro post. Quizá algún día Antonio me ceda de nuevo este espacio con tanta generosidad como es habitual en él.

José, sin embargo, aún vive. Tiene setenta y cinco años y está acostumbrado a recorrer todos los días, con sol, lluvia, viento o frío, los cinco kilómetros que lo separan del pueblo cercano y de las huertas donde cultiva de modo biológico frutales y verduras. Es habitual que recorra entre quince y veinte km. cargado con pesadas cargas que lleva con un saco de tela a la espalda. Recuerdo un día de tantos que se detuvo frente a nuestra casa para regalarnos melocotones y manzanas. Llovía bastante, aunque él lo soportaba con naturalidad. Habíamos preparado un chocolate caliente, del que se llevó una taza humeante para su casa. José vive con lo indispensable y es respetuoso y educado con todo el mundo, a pesar que en el pueblo lo tienen bastante marginado porque todo lo hace a mano. No utiliza tractor ni otras herramientas a motor. Va andando a todas partes. Recoger la oliva es lo que más le desgasta ya que realiza todos los viajes desde el campo hasta la almazara cargado con su saco a la espalda. Y hace muchos viajes a lo largo del día desde que amanece hasta que se pone el sol.
Un día me lo crucé cuando se marchaba a ayudar a unos vecinos suyos.-”Se hacen mayores, y ellos solos ya no pueden”,- me dijo.

Manuel tiene noventa y dos años y acostumbra caminar unos cinco kilómetros cada día. Muchas veces hemos paseado juntos. Toda su vida vivió en el campo. Hace cincuenta años que es viudo.
Manuel lo mira todo y lo calla todo. Cuando habla, vale la pena escucharle. Siempre tiene algo bueno que decir. Con su mirada inteligente no pierde detalle de lo que ocurre a su alrededor. No me habla de las plantas pero en cada tema que tratamos deja traslucir sus sentimientos hacia lo que ve y lo que vive. Respeta la naturaleza, respeta la vida y se respeta a si mismo. Por eso se cuida,- me dice-. Siente ganas de vivir y no quiere darle ese disgusto a su hija, al menos mientras pueda.

-Por aquí pasaba una fuente de agua muy buena para beber. Este año ha brotado porque llovió mucho, pero es la primera vez que la veo en cuarenta años,- me dijo emocionado mientras miraba el agua como quien mira un hijo perdido.

Pepe es el único pastor que queda en el pueblo. Tiene sesenta y tres años y pastorea cabras y ovejas juntas, según él, porque a las cabras no les importa amamantar a los chotos de otras si hace falta.
A lo largo de los años me lo he encontrado muchas veces por el campo y siempre nos paramos a charlar un rato. Con él hablamos muchas veces de partos, amamantamientos y otros temas del campo y de la vida. Ese día estaba muy enfadado porque alguien había tirado pesticidas en el agua de la acequia para ahorrarse tener que echarle a todo sus campos. Pepe estaba fuera de sí porque había discutido con la gente del pueblo y no había conseguido hacerles entrar en razón.

-¡Si envenenan el agua, todo lo que el agua toque también se llenará de veneno! ¡Y no lo comprenden! Simplemente se han burlado de mi, dice apenado.

Se han burlado de él porque Pepe también es uno de los marginados de este pueblo que sólo tiene ojos para la capital y donde todos desean parecerse a la gente de ciudad.No valoran lo que tienen, no valoran lo que saben ni lo que son, no valoran las riquezas de la naturaleza que les rodea.
Si en algún momento el sistema colapsa, no creo que las gentes de las ciudades lleguen muy lejos en su huida al campo. El agua será el punto de inflexión, el límite que impida que la gente llegue lejos. Acostumbrados a ser trasportados por máquinas, serán muy pocos los que puedan recorrer muchos kilómetros sabiéndo donde es adecuado beber y cargando con el agua imprescindible hasta la siguiente parada.

Hay muchas personas que aún tienen conocimientos ancestrales que pueden trasmitir al que tenga paciencia para escuchar, pero cada día mueren muchas de esas enciclopedias andantes sin que nuestra sociedad les de el lugar y el valor que merecen.
Aún queda tiempo. Aprovechémoslo.

domingo, 1 de abril de 2012

Día de huelga


Imagen de www.unfotografo.es

Queridos lectores,

La semana pasada no estuve en España. Fui a hacer algo importante, previsto desde hace meses, a luchar una vez más en Europa... pero no les puedo contar más detalles. El caso es que no estuve la jornada de huelga general, probablemente una de las jornadas más decisivas para el futuro de España, y por eso no puedo narrar en primera persona qué sucedió. Pero uno de los lectores sí que estuvo, estuvo en el meollo de los acontecimientos de Barcelona, y ha accedido a escribir su crónica de ese día.

Les dejo, una vez más, con Ferran Fontelles.

Salu2,
AMT
 

29 de marzo de 2012. Huelga general. Barcelona.

Los días previos fueron tensos, irritantes, nerviosos. Se cocía algo. El ambiente llevaba macerando varias semanas, meses, pero fue la víspera cuando se empezó a notar que el día siguiente iba a ser un día largo, muy largo. Se empezó a notar la electricidad estática que emana de una buena parte del pueblo: indignado, aturdido, enrabiado, arruinado o deprimido. Alterado, vamos. Me fui a dormir recordando el cortado que hice en el bar de siempre. “Mañana abrimos, no os preocupéis, aquí no pasan los piquetes y si pasan, no la lían”. Cerré los ojos. Me dormí.

Me levanté hacia las ocho y media. Salí a la calle. Di una vuelta antes de ir a por el café. Tenía mucha curiosidad de ver como empezaba el día en mi zona. Crucé el semáforo: creí ver pocos coches. No sé si me traicionó el subconsciente, o es que había menos de lo normal (luego entendí que con Diagonal y Ronda de Dalt cortadas intencionadamente, quizás eso tenía explicación física). El bar estaba abierto y vacío. ¿Esquiroles? Supongo, pero, ¿no estaban en su derecho también? Es que al final del día hasta dudaba de cuales eran los derechos de los que abrían y los de los que estaban en huelga, cuales eran las diferencias entre autónomos o trabajadores sujetos a un jefe, si se puede llamar piquete a gente que aprovecha para robar pequeñas cosas... Llegó un hombre, pidió un café con un poco de coñac, y explicó que unos piquetes le habían hecho cerrar (su oficina de inmobiliaria, precisamente). El seguimiento de la “vaga” (huelga) era desigual en mi barrio: partes que parecían transmitir normalidad seguidas de tiendas más o menos cercanas entre sí cerradas. TaTaTaTaTaTaTaTaTaTa... el primer helicóptero del día, a media mañana. Me hice la comida. Puse la televisión: fallaba el señal a ratos. Miré Internet: iba un poco más lento de lo común. El Gobierno hablaba de “normalidad” a esas horas. La única clase que tenía ese día estaba suspendida. La profesora ya avisó de que secundaba la huelga, argumentando que estaba preocupada, que veía como el dinero de su Departamento peligraba, y que no iba a venir a dar clase. “He visto el barrio, he comido, he seguido el breve parte informativo que dieron por la TV.. ¿qué hago aquí en casa?” pensé. “Voy a ir al centro, donde está convocada la manifestación. Mier--, servicios mínimos en transporte público”. Cogí la chaqueta y salí andando. 

Durante la larga caminata, fui observando distendido qué tiendas estaban cerradas y cuales no. La gente andaba en mi dirección. Todo normal. Escuché una conversación cercana “No sé cuales sindicatos han convocado la huelga, pero estoy en el paro, y con tal Reforma Laboral no pinta bien la cosa”. Iban a la manifestación, sin duda. Luego me enteré de que fueron varias las marchas que se emprendieron separadamente para llegar al mismo punto. Llegué a los aledaños de la Plaça Catalunya (corazón catalán del Movimiento 15-M del año pasado, punto de celebraciones del Barça también, quizás el punto más amplio y céntrico de la ciudad). Estaba en una calle cercana. A partir de aquí el relato tiene tres partes: la que viví, la que pensé y la que leí.
La que viví. Llegué y vi un mosaico generacional, personas de distintas etnias y estatus. Gente de todo tipo. Padres con sus niños. Gente que iba a título individual. Gente con su grupillo. En silencio. Gritando alguna que otra consigna. Con y sin pancartas. Con música. Leí “Nuestro Presi: Atur Más” en lugar del correcto Artur Mas, President de la Generalitat (atur es paro en catalán). El ambiente era cordial. Las conversaciones entre gente que no se conocía eran habituales. “La culpa es de la corrupción y de la nula planificación de las obras públicas y de su viabilidad” decía un hombre a otro. “Acaban de echar mi compañero de curro! ¡Qué fuerte! ¡Estoy flipando!” decía a su novia un chico con la cara descolocada. “Vivíamos por encima de nuestras posibilidades pero lo de ahora tampoco hay derecho”. Y de repente... “Orgulloso de estar, entre el proletariado, es difícil llegar a fin de mes y tener que sudar y sudar... pa' ganar nuestro pan”. Me quedé helado. Una señora que podría ser perfectamente mi abuela cantando el Vals Del Obrero, del grupo Ska-p ( un grupo con un público potencial de una generación más joven respecto a la mujer que lo cantaba tan felizmente). Estaba de repente cerca de la marcha de los “Iaioflautas”, un grupo de gente mayor, curtida, que se sintió ofendida (imagino) tras el 15-M, cuando parte de los medios empezaron con lo de “perroflautas por aquí, perroflautas por allá” intentando desprestigiar tal movimiento, y decidieron que también ellos debían hacer notar su malestar. Pensé: “tiene miga el asunto que se manifiesten los que consiguieron tales derechos ahora que peligran”. 

Imagen de www.cgtbarcelona.org

 Vi varias situaciones graciosas y pancartas ingeniosas, cuando de repente oí alguien con un “ya la lían”. De repente me fijé (poco observador yo...) que salía humo negro de no sé qué calle. Había visto varias brigadas de los Mossos d'Esquadra (cuerpo de policía de Catalunya), pero estaban estáticos, erectos, inmóviles. No había visto disturbio alguno hasta el momento. La gente se quedó donde estaba, pero algunos empezaban a desfilar andando. Sabía como acabaría aquello, y me sumé a ellos: no quería tener que correr. Hasta aquí lo vivido.

Imagen de www.noticias.lainformacion.com

Quería coger el metro, pero me fui a pie: prefería andar otra hora más que subirme y estar como una anchoa dentro. Tampoco hacía mal tiempo ni era demasiado tarde. Pensaba mucho. Qué debe estar pasando. Si han empezado ya las cargas policiales. ¿Y los niños, abuelos y gente de bien que acababa de ver? ¿Y mis conocidos? ¿Qué factor es el culpable de que siempre acabe la cosa igual? Al cabo de unos cientos de pasos mi reflexión interna pasó por varias formas intermedias hasta llegar al Peak Oil, otra vez más, otro día más... ¿Y si la gente supiera la que se nos avecina energéticamente hablando? ¿Y si nos lo contasen cómo es sin más? ¿Cuál va ser el futuro? ¿Qué parte de los manifestantes se quedan solo con el “la culpa es de ZP o de la corrupción o de la evasión o de.....” y qué parte también sabe que hay algo más, algo más estructural? ¿Si ya estamos como estamos, hasta donde llegaremos, donde está la línea? ¿Que será del mundo, que será de mi? Y cuando ya tenía un barullo mental considerable, cuando las piernas me andaban solas, casi místicamente mi subconsciente se puso en alerta: el portal de mi casa, casi me lo paso de tanta abstracción.

Lo que leí. Llegué a casa, precalenté el horno para hacer una pizza y me senté en el sofá. Las redes sociales ardían ya con vídeos, fotos y comentarios de lo vivido en Plaça Catalunya y Barcelona en general. Empecé a ver vídeos que colgaba la gente en Internet. Me quedé un poco alterado: me enteré de que los Mossos de Esquadra (tras pillajes, actos vandálicos y fechorías varias de una gente que no sé que concepto deben tener de manifestación...) empezaron a usar gases lacrimógenos con el fin de dispersar a la multitud. Dicho gas se había usado de forma muy poco continua en los últimos años, señal de que fue una tarde intensa. Vi varias fotos de gente que estuvo allí con cámaras, de porrazos, de persecuciones, hasta una foto de una madre protegiendo a sus hijos de una carga de los Mossos, con las caras de los niños llorando aterrados o el vídeo donde se pega a un hombre que iba con muletas. 


Imagen de 20minutos.com


Quizás ya rizó el rizo otro vídeo donde aparecen unos bomberos enseñando a los Mossos moratones de porrazos y donde se oye a un bombero gritando “...además trabajamos juntos, somos compañeros”, y que acaba con la policía lanzando más gas lacrimógeno, para finiquitar el asunto. Me enteré de que hubo varios detenidos y pensé “como siempre, van a detener los pocos que han pillado. Qué más da lo que exactamente hicieron. Qué más da si lo hicieron con motivo de liarla solamente, o con el afán de cambiar la sociedad, o con ánimo solo de bloquear el acceso a Barcelona: son los que pillaron, unos pocos, buenos o malos, de los que estaban cerca del meollo en un momento incómodo. Pero ya los tienen, los cabecillas de turco. Y ya más adelante se empezaron a oír voces de la casta política. Que si merecen sanción digna, de que si deberían merecer penas al estilo kale borroka (¿al nivel de terroristas?), de que si “la huelga no recibió suficiente respaldo como para que el Gobierno de España deje de tomar las decisiones correctas (ministro alemán de finanzas Wolfgang Schauble dixit). Frases como la del conseller de Interior Felip Puig respecto los heridos “Ya no vale decir yo pasaba por allí”. Imagino que será el caso de los que han sido operados por rotura de bazo, tras patada de Mosso. Fotos de sangre y sudor y pancartas y enfrentamientos. Vídeos de choques, de llantos, de gritos y de pena. Llegó un momento ya que cerré el ordenador. Abrí la única lata de cerveza que me quedaba y me estiré en el sofá. Dónde vamos, dónde iremos a parar. Qué queremos. Qué hemos conseguido con la huelga. Qué ha ido bien, qué no. Qué nos queda por hacer. ¿Se enquistará tal nivel de violencia? ¿Irá a más por ambas partes? Hasta que al final, miré el techo y pensé: por hoy basta. Mañana volveremos con la “huelga”, ni que sea a título individual. Ya que, según creo, esta crisis no acabaránunca, al menos dentro del actual paradigma. Me puse en la cama. Estaba muerto de cansancio. Cerré los ojos y me dormí.

Ferran Fontelles, estudiante universitario

viernes, 30 de marzo de 2012

Interrelación entre desindustrialización, crisis económica y de recursos.

Imagen de http://www.unife.org

Queridos lectores,

Esta semana tenemos un privilegio especial. Manuel Rey, bien conocido de los oyentes de Burbuja Radio, se ha ofrecido para hacer un post relacionado con el tema anterior, sobre las dificultades reales, concretas y conocidas de mantener un sistema industrial en una situación de escasez de recursos. Les dejo con él.

Salu2,
AMT

 
Interrelación entre desindustrialización, crisis económica y de recursos.

Por Manuel Rey

Este artículo viene a colación del debate mantenido en el Grupo de Debate sobre Energía en Facebook (http://www.facebook.com/groups/157095551027528/ ), en relación a la noticia publicada en Reuters, http://uk.reuters.com/article/2012/03/13/us-nuclear-safety-iaea-idUKBRE82C0IQ20120313, respecto a los retos en materia de seguridad y fiabilidad que plantean las extensiones de vida útil de las plantas nucleares en todo el mundo.

Este problema, que afecta no sólo a las plantas nucleares, si no a todas en general, nos lleva a un debate más amplio y relacionado con la temática que trata el presente blog. La crisis económica que estamos padeciendo, unida a la crisis de recursos, lleva a muchos gobiernos y empresas a tomar decisiones, entre ellas, las de extender la vida útil de instalaciones más allá del plazo para el que fueron diseñadas, sin embargo, esto plantea cuestiones de diversa índole que este artículo tratará de introducir y explicar a los lectores, en especial a aquellos no familiarizados con el diseño y mantenimiento de plantas industriales.

Empecemos con las clases de ingeniería mecánica y de sistemas, con un ejemplo sencillito, ¿tu coche es más fiable cuantos más años tiene? NO, y esto es así porque es un máquina que ha sido diseñada con una vida útil, sometida a un programa de mantenimiento que se desglosa en revisiones, sustituciones y ajustes, sin embargo, hay partes de tu coche que no son económicamente sustituibles, puesto que el coste de reparación supera fácilmente el valor del vehículo. Cualquiera ha experimentado que, a partir de cierta edad, su coche falla más que una escopeta de feria, y se ve obligado a cambiarlo, porque de las averías pequeñas y fastidiosas, se acaba en las grandes y costosas.


Ahora vayamos a las plantas industriales en general, y a las nucleares en particular, en este caso hablamos de sistemas mecánicos varios órdenes más complejos que tu coche, que requieren de programas de mantenimiento muy intensivos. estas plantas son tan complejas que requieren de subdivisiones para poder operarlas y mantenerlas (sistemas eléctricos y de fuerza, hidráulica, electrónica, turbinas, reactor, QHSE, proveedores, oficina técnica), esto a su vez se desagrega en conjuntos menores, por ejemplo, en el aérea de electricidad tienes equipos distintos para operar AT/MT/BT (Alta, media y baja tensión), en generación los equipos de turbinas se subdividen en equipos de electricidad, hidráulica, operadores de turbina, en modelos muy grandes se llegan a dividir incluso en equipos que gestionan los tramos de alta y baja presión.

Los programas de mantenimiento implican operaciones constantes, periódicas de corto, medio y largo plazo en mantenimiento continuo, luego tienes las paradas anuales, las bianuales, las de 4 años y las grandes paradas de planta. La planta a su vez se divide en unidades, operadas por sus propios equipos, que requieren coordinación desde la ingeniería que la diseñó, a las empresas que la construyeron, así como los contratistas de mantenimiento.

   
Ninguna planta nuclear o de otro tipo, como sistema mecánico que es, tiene una vida útil infinita, y esto es debido a que hay partes de la misma cuyo coste de sustitución es prohibitivo. Da igual lo perfectamente mantenida que tengas la planta, cuando los "main" llegan al final de su vida, hay que bajar el machete.
 
Una división de la ingeniería se dedica precisamente a gestionar la extensión de vida útil de plantas y su transformación (se conoce como refurbishing), la razón para hacerlo es siempre la misma, no hay presupuesto para construir una nueva, y se trata de extender la vida de las existentes, asumiendo que la curva de costes se te dispara, al igual que en tu coche, el "conjunto-planta" cada vez tiene más fallos, requiere intensificar los recursos que gastas en mantenimiento ordinario, preventivo y predictivo, y eso al final te va directo al coste de MW.


Ninguna planta en operación, del tipo que sea, puede mejorar su fiabilidad con el tiempo, entre otras cosas porque esto ya queda marcado en la ingeniería conceptual y básica, tiene la que tiene, y la incorporación de mejoras es un 90% corrección de errores "as built" (en España somos más finos, le llamamos "apuntacagada"), y el 10% restante son pequeños retoques derivados de cambios de normativa en HSE, o grandes cambios impuestos de desastres como Chernobyl o Fukushima. 


Una vez superas la vida útil, el día a día de mantenimiento es un sindiós, entre que la propiedad no quiere tirar dinero en una planta a punto de finalizar su ciclo, y que los costes de operación y mantenimiento se te disparan, el cierre siempre viene por lo mismo: accidente.

Centrándonos en las plantas nucleares, son con diferencia las más difíciles de transformar, al resto de plantas las metes en parada y cambias lo que quieras, eso depende de las ganas de quemar millones que tengas, en nuclear, todo lo que supone el conjunto reactor-circuito de refrigeración es una pesadilla, porque tienen la curiosa propiedad de ser radiactivos, lo cual sienta muy mal a los operarios, salvo a Homer Simpson, que por alguna extraña razón es inmune.

Estos problemas son sólo la parte fácil, el estrés térmico y de radiación que sufre toda esa unidad acaba con cualquier material si les das tiempo, es por ello que la vida útil de una nuclear no sale de un grupo de físicos tirando dados, sale de un potaje infernal (agua a alta temperatura+radiación+presión), contra el que no pueden ni los reactores superpijos que se montaron los americanos y los rusos en sus submarinos, portaaviones y cruceros, esas plantas se construyeron sin mirar el coste, incorporan titanio a parrote (supongo que conoces el coste de este material), pues bien, los accidentes sufridos en estas plantas han sido muy graves, una buena parte debidos a errores de cálculo en fatiga de materiales, hasta el titanio se vuelve quebradizo como el cristal en ese entorno, en el caso de los rusos, se equivocaron por un 60% del tiempo calculado, y las tripulaciones se lo siguen agradeciendo desde el fondo del mar.

Efectos de la radiación sobre acero inoxidable (Fuente: Cambridge University)


Para terminar, una falla grave en esa unidad te deja ko la planta, si aún es nuevecita, puede compensar el coste, pero en una planta vieja, es cierre asegurado, las plantas españolas ya han tenido varios avisos, ninguno que implicara riesgo real para la población, pero sí han sido incidentes serios desde la operativa, esta situación no puede hacer si no empeorar, dada la coyuntura económica que vivimos, la paralización de nuevos proyectos y la inercia natural de las compañías a alargar los ciclos de las plantas, en espera de una mejora económica que se retrasa indefinidamente. El agravamiento de la crisis de recursos que tan ampliamente se analiza en este blog contribuye negativamente a este problema, disparando los costes de mantenimiento en unas plantas ya de por sí viejas.


lunes, 26 de marzo de 2012

La degeneración industrial

Imagen de http://sightsandlights.blogspot.com.es

Queridos lectores,

Hoy me he quemado el dedo. Abrí el gas para poner a hervir las lentejas y tardé quizá uno o dos segundos más de lo estrictamente necesario. Demasiado. La llama de la cerilla ya había llegado a la yema de mi índice, y prácticamente al tiempo que la acercaba al fogón tuve que empezar a agitar el fósforo para que se apagara. Una anécdota trivial, como ven, un pequeño incidente cotidiano sin la mayor importancia. Sin embargo, a veces las situaciones triviales esconden cambios más profundos y de mayor importancia de lo que podría parecer. Lo cierto es que la última caja de cerillas que he comprado lleva cerillas más cortas; bastante más cortas, como un tercio menos en longitud o así. No sólo eso: los palos parecen más delgados. No sé si es por un cambio de marca o un cambio de modelo de fabricación de la misma marca: las cerillas las cojo en el súper, siempre en el mismo sitio, y nunca me he fijado de qué marca son. La verdad es que en ese sitio sólo hay un tipo de cerillas, así que tampoco podría escoger aunque quisiese. Y, en el fondo, ¿qué más dan unas cerillas? Simplemente, debo ser más cuidadoso a la hora de encender el fuego. No es un gran cambio.

Últimamente me estoy quedando sin pantalones vaqueros. Quiero decir, en un estado decente. Antes un vaquero me duraba en buenas condiciones un par de años. Bueno, cuando digo antes quiero decir hace unos diez años o así; mucho antes que eso, cuando yo era niño, la tela de los vaqueros era tan gruesa que cuando los otros niños jugaban a darte latigazos en el culo con las cuerdas de las peonzas no tenías que preocuparte el día que llevabas vaqueros, porque aquello era impenetrable, y esto vaqueros duraban más que el tiempo que aún te valían por talla. En fin, el caso es que ahora los vaqueros no me duran nada. Es cierto que no voy a tiendas pijas donde te puedan vender lo más fashion y, posiblemente, de mejor calidad, pero en fin, sigo yendo a los mismos sitios que antes iba, y ahora me encuentro que prácticamente después del primer lavado la trama del pantalón se comienza a deshilachar. El caso es que tengo un par de vaqueros que no tienen ni un año pero que podrían utilizarse perfectamente de vestuario para "La noche de los muertos vivientes". Bueno, también es cierto que un par de vaqueros no son tan caros (aunque últimamente cuestan más) y tampoco pasa nada por renovarlos un poco más frecuentemente. Además, puedo usar otro tipo de pantalones... el caso es que hace poco compré un par de pantalones de tela, en una tienda de una marca conocida, con un tacto muy agradable, muy finitos, casi vaporosos. De tan vaporosos que el primer día que hizo tramontana (viento fuerte y frío propio de estas comarcas) mientras estaba con la nena en el parque el pantalón se heló y se rajó. Bueno, no pasa nada, tampoco es tan caro...

Son dos ejemplos cotidianos tomados al azar entre tantos otros: ese billete de metro o de tren cada vez más delgado y endeble, esa oferta cada vez más restrictiva en los supermercados, esa herramienta con mango de plástico que se rompe en la primera hora de usarla, ese paraguas que se dobla al recogerlo, esos zapatos que se desencolan antes de que acabe su primera estación, esas botellas y cartones de paredes cada vez más finas... Todos estos ejemplos ilustran un fenómeno subyacente que cada vez más está tomando carta de naturaleza, y que va más allá de la obsolescencia programada a la que ya nos habíamos acostumbrado. Son destellos, síntomas, de un fenómeno nuevo, de un cambio más profundo: la degeneración industrial.

Hasta ahora, los productos estaban diseñados para durar un cierto tiempo para obligarnos a cambiarlos cada cierto punto y así mantener la producción y el crecimiento exponencial de la economía; como ya hemos discutido, ésa es la razón de tanto despilfarro. De una manera consciente o inconsciente todos sabemos ya que éstas son las reglas del juego, pero como tal frenética actividad de comprar, usar y tirar mantenía la economía en marcha y en el fondo nos garantizaba mantener un nivel de renta que permitía seguir este juego no nos había importado mucho, y así los habitantes de los países que se auto-denominan "civilizados" han llegado a encontrar "normal" que se tenga que cambiar de vestuario cada año o dos, de ordenador cada 3, de coche cada 5 y de casa cada 10. Y tienen razón en denominar a esta práctica "normal" porque es la que por la vía de hecho ha llegado a ser la norma o costumbre, en realidad impuesta.

Sin embargo, el proceso al que nos enfrentamos ahora es de una naturaleza muy diferente. Aquí no se trata de maximizar el ciclo productivo y su rentabilidad, sino algo más perverso y dañino. Sucede que con el hundimiento de la clase trabajadora en estas primeras fases de la Gran Exclusión el consumo está cayendo, y el idolatrado equilibrio entre oferta y demanda que permite fijar el precio se está desplazando a la izquierda a medida que la demanda cae y los precios se ven obligados a hacer lo propio. Sin embargo los grandes industriales, que tienen ya en marcha un sistema de producción a gran escala con grandes fábricas y enormes redes de distribución, tienen demasiada inercia estructural como para poder responder con agilidad a los cambios. En el caso de algunos productos más caros (de mayor valor añadido) la demanda se ha destruido para nunca más volver; es el caso, por ejemplo, de los coches: la mayoría de la gente que ha dejado de poder mantener un coche nunca más volverá a tener uno. En este caso la única solución para el industrial es reducir la producción, lo cual implica cerrar fábricas y echar a gente a la calle (retroalimentando la destrucción de demanda en general, ya que un trabajador menos es un consumidor -o varios- menos). Sin embargo, hay otros muchos productos cuya demanda latente sigue siendo elevada pero que no se expresa en demanda real simplemente porque la gente no se puede permitir según qué precios. Éste es mayormente el caso de los productos de primera necesidad, como los alimentos o la ropa. En ese caso, el industrial lógicamente intenta reducir el precio de venta de sus productos, ya sea por la vía de reducir sus margenes de beneficio (lo cual va contra sus intereses) o por la de reducir sus costes. Para reducir costes puede rebajar el salario a sus trabajadores, pero tal estrategia tiene un recorrido limitado y además cuando menos cobren sus trabajadores menos consumirán (de nuevo el terrible dilema del capitalismo). Así que en el largo plazo la mejor y única estrategia pasa por reducir los costes esencialmente productivos. Lo ideal es que esta reducción llegase por una mejora sin límites de la eficiencia, pero la Termodinámica es en eso muy obstinada (en un post futuro abordaremos el papel de la entropía como suprema y tiránica soberana de nuestro mundo) y el margen de mejora acaba siendo escaso o nulo. Por tanto, lo que queda al final es la simple disminución del aporte material, del consumo de materias primas en la producción, sobre todo ahora que con los albores del Peak Everything (el pico de todo, o Gran Escasez) cada vez son más caros. El industrial va así progresivamente degradando la calidad de sus productos, intentando llevarlos al límite de la inmaterialidad pero por el camino malo (nada que ver con la tan cacareada y nunca vista desmaterialización de la economía).

Lo perverso de este mecanismo de progresiva degradación de la calidad de nuestros objetos cotidianos es que varias décadas de convivencia con la obsolescencia programada nos han hecho muy sumisos a este tipo de procesos de degradación. Aceptamos pues como "normal", porque sigue la vieja norma de la obsolescencia programada, que todo sea de calidad deficiente y que tenga que ser reemplazado periódicamente. Sí que podemos percibir que el ciclo de obsolescencia es ahora más breve, pero como en general los ciclos de obsolescencia se han ido reduciendo con el tiempo es también normal interpretarlo como parte del BAU, de la manera habitual de proceder. Sin embargo, en esta ocasión se está forzando el ciclo de obsolescencia hasta extremos ridículos, como en el caso de las cerillas con el que abría el post y como con tantos otros ejemplos que seguramente el lector podrá encontrar, lo cual evidencia que el motor de estos cambios no es tanto la aceleración del ciclo productivo sino la desesperación por reducir costes. La mayoría de la gente confía sumisa en las bondades del "sistema", del BAU, en su quehacer y asumen implícitamente que con esta aceleración de la obsolescencia el capital fluirá más rápido y tendrán suficiente renta como para mantenerse en esta rueda. Nada más lejos de la realidad. La progresiva degradación de los bienes de consumo común es en realidad un peldaño más en el descenso a La Gran Exclusión.
 
La degeneración industrial lleva consigo muchos otros efectos negativos, en particular la pérdida de la capacidad industrial y de la economía de escala. La producción de muchos bienes hoy en día es posible solamente porque se producen a escala masiva gracias al uso intensivo de la energía barata. Al irse degradando la renta disponible de los consumidores todas estas empresas irán colapsando y perderemos progresivamente el conocimiento y la capacidad de producir industrialmente muchos productos finales, pero no sólo eso, también la capacidad de producir muchas materias intermedias necesarias en diversos procesos industriales y que de hecho necesitaríamos para poder montar nuestro sistema energético alternativo basado en energía renovable con el que soñamos y que seguramente no vamos a ser capaces de permitirnos. En suma, perderemos la base industrial, el músculo productivo necesario para emprender cualquier tarea industrial.


Llegará un momento en que algunos industriales avispados empiecen a ofrecer productos que, simplemente, estarán bien construidos, probablemente de manera más artesanal; pero, eso sí, a su precio. Será en ese momento en el que sabremos cuál es el precio real de las cosas. Y es que estos nuevos productos hechos a la vieja usanza no serán baratos, y aunque surgirán para dar respuesta a una masiva demanda de tener objetos de calidad suficiente acabarán siendo productos prácticamente de lujo. Como lo fueron, de hecho, a la antigua usanza: la gente antes no renovaba el mobiliario de su casa, sino que como mucho compraba algún mueble durante su vida y los armarios, camas, cómodas y demás pasaban de generación en generación. Y en ese momento la gran mayoría de la población se dará cuenta de hasta qué punto ha descendido su nivel de vida, hasta qué punto nos habíamos ido haciendo pobres sin darnos cuenta. Una vez más, como en la metáfora de la rana y el agua hirviendo.


Salu2,
AMT