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viernes, 10 de agosto de 2018

Carta al Presidente del Gobierno: La respuesta


Queridos lectores:

Hace unos pocos días recibí contestación a mi última carta a un Presidente del Gobierno de España. Se tiene que decir que es la primera vez que recibo una respuesta que merezca el nombre de tal (ya lo dicen, a la tercera va la vencida). Además, han tardado poco tiempo en contestar (no llega a dos meses), y ambas cosas son muy de agradecer.

Y sin embargo la respuesta es bastante decepcionante. En mi carta yo discutía una serie de cuestiones sobre la energía, y en la respuesta se discuten otras, también sobre energía. Parece que se habla de lo mismo, pero en realidad se dicen cosas muy distintas. En parte es culpa mía, porque en mi carta no planteaba ninguna pregunta concreta, solo hacía una exposición de conceptos; conceptos que resuenan con el Discurso del Sistema (como dice Beamspot) - y por tanto la respuesta ha sido la previsible, una respuesta que nace desde ese Discurso del Sistema. En suma, ha sido una pérdida de tiempo... o quizá no tanto. Porque en esta ocasión el Departamento de Comunicación con los Ciudadanos (único identificativo que dan sobre quién ha redactado la respuesta) ha considerado conveniente darme una respuesta larga y detallada (aunque accesoria a los temas que yo trataba). Esto es algo positivo, porque tiempo ha mis escritos recibían poco más que un acuse de recibo, "hemos leído con sumo interés sus reflexiones"; en esta ocasión, han considerado que debía de explicarse con más detalle. A ver si la próxima vez hablamos de las mismas cosas...

He considerado la posibilidad de replicarles, pero me ha parecido que no tiene demasiado sentido. Su posición queda muy claramente establecida y delimitada en su respuesta, y estoy seguro que de ahí no se van a mover por más que yo les diga. Así que, para intentar sacar el máximo provecho a este intercambio, he decidido publicar un análisis crítico de su respuesta en este blog, con la esperanza de que eso sí que sea de provecho para Vds., mis queridos lectores. Vamos a ello.

En lo que sigue, iré copiando los párrafos originales de la carta, con otro tipo de letra, color y en cursiva, e introduciendo después de cada párrafo mis comentarios.



Estimado Sr. Turiel Martínez:



Agradecemos la confianza al enviar su escrito al Presidente del Gobierno, en el que traslada sus comentarios y propuestas en materia medioambiental y energética, que hemos leído con interés.

Empezamos mal: lo de "leerme con interés" ya me lo han dicho muchas veces. En cuanto a propuestas, realmente no había tales en mi carta, más allá de no entrar en guerra con Argelia. 



Aprovechamos estas líneas para indicarle que la voluntad de este Gobierno es desarrollar una política en materia de energía y medio ambiente que permita la transición a un modelo productivo y social más ecológico, siendo ésta la función principal atribuida al nuevo Ministerio para la Transición Ecológica.

Bueno, eso es prometedor.



Como usted apunta, la creación de este Ministerio y sus líneas de trabajo expresan la convicción del Gobierno sobre la necesidad de contribuir de forma decidida a impulsar un modelo de desarrollo sostenible que tenga como objetivo fundamental la lucha contra el cambio climático, el uso racional y solidario de nuestros recursos, la apuesta por una transición energética tan indispensable como urgente así como la generación de empleo.



Dejando al margen que alguna expresión que resuena demasiado a BAU ("generación de empleo"), todo lo que dice suena muy bien, y además con aspectos muy positivos (se habla de "uso solidario", se dice que la transición no solo es indispensable sino urgente, se ve la preocupación social...). De momento vamos muy bien.


En este sentido, el Gobierno comparte el criterio en cuanto a la fijación de unos objetivos claros y ambiciosos, para cuya consecución se han definido unos ejes prioritarios de actuación.

Esto comienza a resonar con cosas que hemos oído y leído innumerables veces y que ya no me gustan tanto; tiene un cierto tufo a exceso de normativismo y falta de concreción. Pero démosles una oportunidad de explicarse.



Nos es grato comunicarle que, en estos momentos el primer eje de actuación, es dotar a España de unos marcos estratégicos adecuados, siendo la prioridad del nuevo departamento, presentar cuanto antes, un proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que además deberá ir acompañada de un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.


Aquí ya se empieza a intuir la tragedia. Por lo que se ha comentado en prensa, el nuevo Gobierno ha renunciado a plantear su propia Ley del Cambio Climático y Transición Energética y lo que ha hecho es rescatar la que ya estaba elaborando el Gobierno anterior, a la cual añadirá varias páginas de enmiendas (veremos en qué quedan). Peor aún, dado que el Gobierno anterior ya había hecho el proceso de consulta ciudadana sobre esta ley (de manera un tanto infausta y con cierta agostidad) el nuevo Gobierno no parece sentir la necesidad de volver a hacer esa consulta mal llamada ciudadana, con lo que veo difícil que la ley llegue a plasmar fidedignamente las preocupaciones del ciudadano de a pie. 


La propuesta es clara: reducir las emisiones en 2030 un 20 por ciento para conseguir la práctica descarbonización en el horizonte 2050, cumpliendo con el compromiso adquirido al ratificar el Acuerdo de París y que asumimos como Estado miembro de la Unión Europea.



Suena bien. ¿Tienen algún plan para hacer eso? Quiero decir, un plan con una base técnica, no normativa. Porque el principal problema para conseguir ese objetivo tan deseable es sobre todo técnico, no normativo. ¿Qué tecnologías vamos a usar para conseguir esa maravilla? ¿Son conscientes de las limitaciones de las fuentes de energía renovable? ¿Son conscientes de que la transición debe ser cuidadosamente planificada y que lo más fácil es seguir caminos erróneos que no llevan a ella? ¿Se dan cuenta que el modelo energético que se está proponiendo/imponiendo no va en la dirección de favorecer al conjunto de la ciudadanía, sino todo lo contrario? Como veremos más abajo, todas las cuestiones técnicas son soslayadas, como si fuera fácil abordarlas desde el plano meramente normativo y, lo más importante, sin modificar esencialmente el modelo económico productivo.


El Plan Integral de Energía y Clima (2021-2030) debe sentar las bases de la transformación de nuestra economía para las próximas décadas, emitiendo señales claras que doten de certidumbre a actores sociales, públicos y privados, que proporcione un marcado impulso a las medidas de eficiencia energética, una alta penetración de las renovables y un progresivo cierre, no traumático, de las instalaciones contaminantes.



Párrafo lleno de buenas intenciones y enormemente parecido a cosas que he leído los últimos 20 años, y que nunca han llegado a nada concreto y tangible. Significativa su preocupación por enviar "señales que doten de certidumbre" a los diversos actores, particularmente los privados; junto con lo del cierre "no traumático" deja bastante claro que no hay la más mínima intención de cuestionar el sistema económico vigente, única cosa que sería interesante abordar desde el punto de vista normativo. El recurso sempiterno a la "eficiencia energética" muestra que están pensando en el imposible de la desmaterialización de la economía (básicamente, el absurdo lógico que cree que podemos encontrar un modo para seguir produciendo más y más pero consumiendo cada vez menos recursos, cosa que de hecho contradice de manera obvia los postulados económicos).

El segundo eje es el del empleo verde y la transición justa, lo que implica la necesidad de prestar una atención particular al proceso de cambio. Es nuestra obligación garantizar la cohesión social y territorial en el contexto de la seguridad energética, promoviendo las medidas concretas que permitan esa transición justa y solidaria de la economía española. 

Este párrafo es muy meritorio y es importante destacarlo. Al margen de sus dosis de (suicida) tecnooptismo, refleja que desde el Gobierno comprenden que la materia que estamos tratando puede crear un problema de justicia social y como mínimo quieren abordarlo. En ese sentido, yo les animaría a fijarse más en las cuestiones técnicas y menos en las normativas, aparte de exhortarles a que se den cuenta de que hace falta un cambio mucho más profundo del sistema productivo, económico y financiero.



Por ello la Ley de Cambio Climático debe acompañarse de una estrategia para la transición justa con la que respaldar solidariamente a los trabajadores de sectores particularmente afectados por cambios hacia una economía baja en carbono o que sufran de manera especial o particular los impactos del cambio climático.



Nada que objetar por principio, pero sin concreción esas frases son un tanto vacías. ¿Qué, concretamente, pretenden hacer para evitar esos males a esos trabajadores? No se trata de bajar a un nivel asfixiante de detalle, pero sí dejar claro por dónde, concreta y claramente, se quiere ir.

Junto a estos dos grandes ejes, hay una serie de cuestiones urgentes en el conjunto de las áreas de actuación del Gobierno, a algunas de las cuales se ha referido en su escrito. Entre ese paquete de medidas urgentes se considera que es imprescindible recuperar una apuesta decidida por las energías renovables, el ahorro y la eficiencia energética, revisando toda la normativa que ha impedido su despliegue.


Aquí ya queda claro que no saben por dónde van. Habrá algunas cosas que la normativa habrá impedido u obstaculizado, pero hay otras cosas que han hecho que la "apuesta decidida por las energías renovables" y "el ahorro y la eficiencia energética" no hayan conseguido los objetivos que se pretenden, como por ejemplo la caída del rendimiento económico de los sistemas renovables una vez se han explotado los mejores lugares, las restricciones que pone la Termodinámica al incremento de la eficiencia, la inexistencia de ahorro real en un sistema orientado a la producción, la Paradoja de Jevons... Creer que todo es fruto de la normativa restrictiva anterior es no entender el problema y condena cualquier iniciativa al fracaso seguro (y encima no entenderán por qué fracasan).



En lo que se refiere a las subvenciones a los combustibles fósiles mencionadas en su comunicación, le transmitimos nuestra intención de acometer un análisis serio al respecto, con un calendario de eliminación de esas subvenciones, en línea con las recomendaciones del G-20.


El tema de las subvenciones a los combustibles fósiles demuestra la escasísima comprensión del problema energético de las sucesivas instancias gubernativas. Como tantas veces ha explicado Pedro Prieto, en realidad es la energía fósil la que subvenciona el conjunto de las actividades económicas; de no ser por esas fuentes de energía abundantes y de bajo precio todo el actual despliegue de la sociedad industrial simplemente nunca habría sido posible. En un país donde el precio de los carburantes lleva más de un 60% de impuestos y donde numerosos tributos cargan la posesión de vehículos motorizados, hablar de "subvención a los combustibles fósiles" es un tanto paradójico. Bien es cierto que el carbón nacional está subvencionado a pesar de su escaso uso y rentabilidad, pero justamente aquí es donde es más difícil que se hagan cambios reales (y aparte de las razones de "estabilidad social" en la zona afectada, por el hecho de que el carbón es un recurso estratégico para España, sobre todo si en no tanto tiempo las cosas vienen mal dadas). Resulta además bastante cínico hablar de las subvenciones a los combustibles fósiles cuando las recomendaciones del G20, como las de la Agencia Internacional de la Energía, apuntan mayoritariamente contra los países productores, que ciertamente subvencionan el consumo de sus propios nacionales y ésta es generalmente la única manera de redistribuir las rentas de la producción de combustibles fósiles. Al apostar por un objetivo aparentemente loable (quitar las subvenciones a los combustibles fósiles) en realidad se apuesta porque los pobres paguen por la gasolina lo mismo que nosotros, y como no podrán así habrá más para nosotros. Como digo, un ejercicio de cinismo que nuestro Gobierno, si entiende la situación, debería rechazar. 



Este Gobierno está comprometido con las energías verdes asumiendo los compromisos europeos relativos a las centrales térmicas, sin olvidar que somos conscientes de la casuística que rodea a la reestructuración y modernización de la industria del carbón, así como de las consecuencias sociales y regionales que éstas llevan aparejadas.  En todo caso, deberá esperarse a los escenarios del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima para una mayor precisión con respecto a fechas máximas de cierre.

El tema del impacto ambiental de las centrales térmicas es sin duda importante, aunque poco tiene que ver con las cuestiones que yo planteaba. El Gobierno se está planteando un plan de cierre escalonado en el tiempo de estas centrales para evitar el malestar social que generará en las zonas donde representan fuente de trabajo sin tener en cuenta que quizá el problema acabará siendo, dentro de una década o dos, uno muy diferente, la imposibilidad de que funcionen por falta de material para quemar. Sin introducir esta variable (el agotamiento de los combustibles fósiles) en la ecuación, el plan de actuación puede ser muy poco realista y bastante inútil.  



A todo lo anterior se suman algunos otros aspectos que consideramos fundamentales para modernizar la industria de nuestro país: el tratamiento dado a la cogeneración, la regulación del autoconsumo para poder eliminar las barreras administrativas y económicas que impiden su desarrollo, y el impulso a la eficiencia energética.


Por las razones que explicaba Beamspot en su post "La bomba fotovoltaica de riqueza", el modelo de autoconsumo y generación distribuida por el que parece que se está apostando podría ser bastante insolidario y desventajoso para el conjunto de la ciudadanía, con lo que el Gobierno haría bien en ser cauto sobre este tema y analizarlo con profundidad, en particular en los aspectos que refería Beamspot y que no se suelen tratar en la discusión del autoconsumo. Otrosí, hay que entender que no solo son las barreras administrativas y económicas las que han dificultado su desarrollo; también hay barreras físicas y termodinámicas, algunas infranqueables, con lo que es importante no pecar de exceso de soberbia reglamentista (no porque lo regulemos cambiaremos las leyes de la física) - y lo mismo reza para la eficiencia energética.



Finalmente, queremos reiterarle nuestro compromiso con la necesaria transición ecológica de nuestra economía y confirmarle que desde el Gobierno se está trabajando intensamente para poder ir adoptando algunas medidas concretas, precisas, que faciliten ese cambio sustantivo.

Estoy expectante, aunque lo cierto es que veo tics y orientaciones similares a otras que he visto en el pasado y que tan infructosos han sido hasta la fecha.



Estamos seguros de que este esfuerzo conjunto permitirá que España se sitúe en el camino de la neutralidad de carbono a mitad de centuria junto a la modernización de sus estructuras económicas y sociales, adecuadas a lo que se espera de un país occidental en el siglo XXI.

Sinceramente, no sé lo que se espera de un país occidental en el siglo XXI, pero me temo que mis expectativas son muy diferentes de las de la mayoría. Cabe añadir que si no cesamos en las emisiones de CO2 bastante antes de 2050 (de hecho, deberíamos suprimirlas por completo ya, y todo el mundo) el cambio climático será catastrófico, con lo que entiendo que asumen que sus actuaciones van a ser poco eficaces para el fin que se dice pretender.



Agradeciéndole sus aportaciones, nos mantenemos a su entera disposición para cualquier asunto que desee plantear y le hacemos llegar un cordial saludo,



Departamento de Comunicación con los Ciudadanos

Gabinete de la Presidencia del Gobierno

Edificio Semillas - Complejo de La Moncloa
Avda. Puerta de Hierro s/n - 28071 Madrid




En resumidas cuentas: da la impresión de que el Gobierno sí que interioriza la importancia de emprender cambios de calado en materia energética, al menos por la parte que tiene que ver con el cambio climático. Sin embargo, los plazos que se plantea y los objetivos que se fija están lejos de ser los adecuados para hacer frente correctamente a ese problema. Si a eso le añadimos que a efectos prácticos omiten el riesgo que supone el peak oil y la llegada de los otros cenits productivos anejos (inclusive el del cobre, tan necesario para la solución renovable) se puede decir que el planteamiento del problema energético por el Gobierno español es, a día de hoy, muy insuficiente. Aún están a tiempo de rectificar y ser más ambiciosos, aunque dada su debilidad parlamentaria y que la mayoría de los demás partidos entienden el problema energético aún peor se hace difícil albergar muchas esperanzas de que por una vez se haga lo correcto.

Salu2.
AMT

miércoles, 13 de junio de 2018

Carta al Presidente del Gobierno



Excelentísimo Sr. Presidente del Gobierno de España:
 
Le ruego que me disculpe por robarle unos minutos de su tiempo, que sé que es escaso y valioso.

Mi nombre es Antonio Turiel, y soy Científico Titular de OPI con destino en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, en Barcelona. Soy físico y matemático de formación, y doctor en Física Teórica, con 20 años de experiencia postdoctoral. Mi investigación se centra en la oceanografía por satélite y también en el estudio de los recursos naturales, particularmente los energéticos. Desarrollo también una intensa tarea de divulgación sobre los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, y particularmente sobre los retos que supone el inevitable decrecimiento energético al que estamos ya abocados.

Hace 13 años que la producción de petróleo crudo convencional llegó a su máximo histórico (hecho que reconoce hasta la propia Agencia Internacional de la Energía), y después de unos años de estancamiento la producción comenzó un suave declive que empieza ahora a acelerarse. Estamos hablando de casi el 80% de todo el petróleo (propiamente, hidrocarburos líquidos) que se consume en el mundo. El petróleo es una materia energética indispensable y fundamental para el funcionamiento de la economía global: representa un tercio de la energía total consumida en el mundo, y en el caso de España es más de la mitad del total de energía.

Desde hace años y particularmente desde 2005 se han introducido fuentes alternativas de hidrocarburos líquidos para intentar paliar el pico del petróleo crudo convencional. Primero fueron los biocombustibles, después los petróleos extrapesados de Venezuela y las arenas bituminosas de Canadá, y desde 2010 tenemos el auge del fracking en los EE.UU. Pero todas esas fuentes tienen una capacidad de producción muy limitada, son parches con fecha de caducidad y que en un lustro o dos no podrán compensar la fuerte caída de la producción de crudo convencional. Además, todas esas fuentes (amén de los problemas ambientales que causan) tienen muy escaso rendimiento, tanto económico como energético, y han causado una fuerte descapitalización y endeudamiento del sector de las petroleras, como alertaba el Departamento de Energía de los EE.UU. ya en junio de 2014. Son, verdaderamente, petróleos subprime. Y al igual que en 2007-2008, se ha inflado una enorme burbuja especulativa alrededor de esos petróleos, burbuja que puede explotar en cualquier momento y sumirnos en una nueva recesión global. 

La huida hacia adelante de los productores, sobre todo en los EE.UU. y apoyados por la desregulación que ha introducido el presidente Trump, ha llevado a una paradójica situación: mientras en la mayoría del globo los productores de petróleo llevan años desinvirtiendo en los proyectos más costosos y arriesgados, centrándose en los que son verdaderamente rentables aunque eso suponga finalmente un descenso de la cantidad de petróleo disponible, en Norteamérica (EE.UU., Canadá y México) la inversión ha seguido aumentando por tal de mantener la ilusión de que podemos mantener los actuales niveles de producción de petróleo, mientras los inversionistas se exponen a cada vez mayor riesgo (con ramificaciones que se extienden hasta Europa, siendo Deutsche Bank, con su gigantesca exposición a derivados financieros dudosos, el monstruo dormido). En la actualidad, Norteamérica, que produce solo el 20% de todo el petróleo mundial, invierte más en explotación, exploración y desarrollo que todo el resto del mundo, que produce el 80% restante. Un desequilibrio de tamaña magnitud no puede durar mucho tiempo, y menos cuando los lugares más productivos del fracking americano ya han sido explotados (pues duran muy pocos años) y casi todas las regiones de fracking estadounidenses están ya en declive. Sí, los EE.UU. consiguieron doblar su producción de petróleo en muy pocos años, pero es algo efímero y cuyas consecuencias se van a pagar muy severamente en forma de una crisis financiera global. Crisis que podría sobrevenir antes de que Vd. acabe la legislatura, y si no sabe reaccionar delante de ella será a Vd. a quien, injustamente, le cargarán las culpas en España.

Siendo honestos, es Vd. el tercer presidente al que me dirijo para explicarle el problema de pico del petróleo. Sus predecesores acusaron recibo de mi carta y la despacharon con promesas de aumento de la inversión renovable, anuncios de las medidas legislativas destinadas al mercado eléctrico y la automoción eléctrica, y votos al ahorro y la eficiencia. Lo cierto y verdad es que todo eso, aunque útil en principio, no sirve para abordar el problema que se plantea; a veces ni siquiera va por la buena dirección. Lo cierto es que, ocho años después de mi primera misiva (al presidente Rodríguez Zapatero) el sector renovable está empantanado en España, la electricidad representa, hoy igual que ayer, poco más del 20% de la energía final consumida en España (frente al 50%, ayer y hoy, del petróleo), el coche eléctrico sigue siendo algo muy minoritario y el ahorro y la eficiencia no han hecho nada por cambiar la situación. Podrá Vd. creer que si en esencia nada ha cambiado en estos ocho años es porque no ha habido una voluntad política suficientemente firme y que Vd. sí que lo conseguirá, allí donde sus predecesores fracasaron, y es posible que tenga razón. Sin embargo, hay razones de peso que explican el fracaso pasado, razones que pueden también pesar en el futuro: las renovables también tienen sus límites, energéticos y económicos; se orientan excesivamente a la producción de electricidad, que es un mercado saturado en España porque es difícil convertir ese casi 80% de uso energético no eléctrico en eléctrico y en particular el coche eléctrico probablemente no es una solución de masas, y ahorro y eficiencia son inútiles en un sistema económico orientado a la producción y el consumo. El problema que se plantea no es nada sencillo, y tienen mucho más de tecno-científico que de jurídico. No sabemos si hay un camino hacia el 100% renovable - esperamos que sí - pero sí que hay muchos caminos imposibles. Intentemos no transitarlos.

El hecho es, Sr. Presidente, que nos abocamos a una crisis profunda y grave, y de las decisiones que tomemos ahora dependerá completamente lo que podamos hacer en el futuro. Ahora es tiempo de reaccionar. Y, sobre todo, Sr. Presidente, huya de las sirenas de la guerra, particularmente cuando la situación en Argelia se complique. En la era del declive energético, no hay nada que ganar en la guerra, salvo el descrédito y la degradación moral.

No quería acabar esta carta sin felicitarle particularmente por la creación del Ministerio  de Ciencia, Innovación y Universidades y del Ministerio de Transición Ecológica, al frente de los cuales ha puesto a personas conocidas por su capacidad y competencia. En mi caso particular estoy de enhorabuena, ya que ambos ministerios tocan de lleno mi actividad y son una gran promesa de futuro, que todos deseamos que se cumpla. 

Confío en Vd., Sr. Presidente. Nuestro futuro está en sus manos.

Atentamente.

Antonio Turiel
Científico Titular del CSIC

viernes, 11 de mayo de 2012

Carta al presidente del Gobierno




Excelentísimo Sr. Presidente del Gobierno de España,

Le ruego que me disculpe por robarle unos minutos de su tiempo, que sé que es escaso y valioso; y en virtud de ello supongo que apreciará que vaya directamente a la cuestión y no pierda el tiempo en formulismos.

Mi nombre es Antonio Turiel, y soy Científico Titular del CSIC, con destino en el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona. Soy físico y matemático de formación y doctor en Física Teórica con 14 años de experiencia postdoctoral. Trabajo en el Área de Recursos Naturales del CSIC y mi trabajo de investigación se centra en la explotación oceanográfica de los datos de satélite y el estudio de la turbulencia. Aparte de este trabajo de investigación, hago también una intensa tarea de formación y divulgación sobre los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, y particularmente sobre los retos que supone el inevitable decrecimiento energético al que estamos ya abocados.

Le escribo porque, en mi calidad de servidor público, creo que una función importante que debo cumplir es la de alertar sobre los retos que deberá afrontar la sociedad española, especialmente aquellos que supongan riesgos mayores poco abordados. Y después de unos años investigando el problema de la creciente escasez de recursos energéticos estoy convencido de que no se está abordando correctamente desde las instancias públicas, en parte por las complejidades técnicas del problema, y en parte porque la nueva situación entra en profunda contradicción con las bases de nuestro sistema económico, financiero y productivo y por tanto se hace odiosa de aceptar por parte de los expertos económicos.

La situación es, al final, bastante simple. Hemos llegado a un punto en el cual no podemos aumentar mucho más la cantidad de energía disponible anualmente para las actividades humanas en este planeta. Peor aún, teniendo en cuenta que todas las materias energéticas no renovables (petróleo, gas natural, carbón y uranio) siguen una curva de explotación que siempre tiene una fase terminal de declino, que todas ellas están ya cerca de su máximo productivo -si no lo han pasado ya- y que las renovables no pueden ni de lejos ofrecer la misma cantidad de energía, estamos abocados a un descenso energético prolongado y de gran magnitud. En el caso del petróleo crudo, por fin en 2010  la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció que superó su máximo productivo en 2006, y que actualmente la producción total de petróleo sólo puede crecer si lo hace la de petróleos sintéticos (arenas bituminosas, biocombustibles, líquidos del gas natural, petróleos de esquisto...), que son petróleos de menor poder energético, mayor coste energético de producción, menos versátiles para el refino y encima de producción limitada ya que dependen de la disponibilidad en grandes cantidades de otras materias, en particular gas y agua, cuyo flujo no siempre se puede aumentar.

Estos problemas con el petróleo crean una situación de impasse histórico. El petróleo no es fácilmente sustituible por otras fuentes de energía y el coche eléctrico nunca será desplegado a gran escala. Se espera además que el gas natural llegue a su máximo hacia 2020, incluso contando con los no convencionales (el más destacado actualmente el gas de esquisto o shale gas, el cual tiene muy baja rentabilidad energética y por tanto económica). El carbón llegará a su máximo productivo en esta década, y en cuanto al uranio su cenit productivo se espera para entre 2015 y 2035, aunque estudios recientes se decantan más por la primera fecha. Añádase a eso que el potencial eólico teórico de la Tierra en su conjunto no llega ni a la catorceava parte del consumo energético global, que las placas fotovoltaicas tienen un rendimiento energético insuficiente para mantener una sociedad (como se sabe, la energía que recupera una sociedad ha de ser unas 10 veces superior a la que se invierte en su extracción, so pena de entrar en una espiral de colapso económico), que la hidráulica ya está al límite de explotación en Occidente, que las otras renovables (geotérmica, mareomotriz, undimotriz,...) tienen un potencial limitadísimo, y que en materia energética no hay milagros a la vista. El panorama que se dibuja para los próximos años es, por tanto, muy sombrío, puesto que energía es economía y faltando energía esta crisis económica no acabará nunca.

No sólo los técnicos como yo están alertando del problema. Ya en 2010 la compañía aseguradora Lloyd's (la mayor del mundo) presentó un informe en la Chatham House británica alertando de una posible interrupción global del suministro de petróleo (y sus graves consecuencias) en 2013. Personalidades internacionalmente reputadas del mundo de los negocios (como el inversor Jeremy Grantham) alertan de que los problemas con el suministro de materias primas son estructurales e irresolubles. El propio Fondo Monetario Internacional ha comenzado a considerar que los problemas de suministro de petróleo no se resuelven mediante una mera regulación de oferta y demanda, sino que los factores geológicos modulan la respuesta y pueden inducir una recesión (como muestra un documento de trabajo reciente). Incluso en el Banco de España un estudio reciente sobre el problema de la energía neta llega a la conclusión de que la geología domina sobre las señales del mercado y que nos podemos estar adentrando en una época de escasez. Y por no hablar de los cientos de documentos en que se analiza el problema de la inminente escasez de petróleo por el Departamento de Energía de los EE.UU., el Servicio de Inteligencia Militar de los EE.UU. (y también el alemán) o diversos think tanks de la industria.

A nivel político los movimientos son amplios fuera de nuestro país. La última Administración Bush encargó el llamado Informe Hirsch, el cual analizaba el problema del Peak Oil y advertía de sus graves e inminentes consecuencias. La presente Administración Obama tomó muy en serio el reto, como se refleja en la elección del Secretario de Energía, el Dr. Steven Chu, premio Nobel de Física y director del Lawrence Berkeley National Laboratory hasta su nombramiento como Secretario de Energía; el trabajo del Dr. Chu se centraba en la seguridad energética de su país y ya en 2006 alertaba sobre la posible llegada del Peak Oil para 2010. Los movimientos en el Reino Unido son de especial amplitud, con una comisión parlamentaria especial para tratar de este problema y contactos frecuentes con la industria y los expertos. Incluso en Francia, el Primer Ministro François Fillon reconoció en la Asamblea Nacional en Abril del año pasado que la producción de petróleo ya sólo puede decrecer. En cuanto a España, el peak oil ha sido abordado en multitud de documentos públicos, desde el anterior Plan de la Energía de la Generalitat de Catalunya hasta en las deliberaciones de la Comisión Nacional de la Energía sobre la Ley de la Economía Sostenible presentada por el anterior Gobierno. Hay, literalmente, cientos de documentos donde se alerta sobre la inminencia y gravedad del problema, pero éste es un debate público pero no publicitado.

Y es precisamente esta falta de publicidad la que seguramente le está haciendo más daño hoy en día al debate político y desgastando en demasía a los gobiernos. Porque el problema del descenso energético no puede ser abordado de una manera convencional. Porque la crisis energética no se manifiesta como una escasez directa de energía, sino en una progresiva falta de capacidad de acceder a la misma y una destrucción económica continuada por falta de viabilidad de los negocios. La crisis energética, que ya está instalada entre nosotros, mina la viabilidad de nuestro sistema económico y por ende de nuestra sociedad.

Entiendo que sus asesores le aconsejan que tome más y más medidas de austeridad para garantizar el retorno a la senda del crecimiento, pero el problema es que el crecimiento es ya físicamente imposible, por escasez de la energía necesaria para ir a más; como mucho podemos aspirar a mantenernos y en el peor de los casos a ir decreciendo lentamente, arrastrados por el descenso energético. Resulta difícil refutar que el petróleo ha entrado en una nueva era, la del petróleo caro, la del petróleo difícil, la del petróleo incompatible con el desarrollo económico. Incluso el más entusiasta de sus asesores comprenderá que hay un grave problema estructural simplemente echándole un vistazo a la gráfica de elasticidad de la producción de petróleo (sacada, por cierto, de un artículo publicado en Nature este mismo año).


Extraído de  Murray & King, Nature 481, 433435; 2012

La realidad, Sr. Presidente, es que vivimos un momento histórico que nadie sabe de cierto cómo encarar, y que por ello mismo la actitud general delante de él es la de negarlo. Pero negarlo sólo nos hunde más y más en esta crisis económica que no puede acabar nunca. Y como por desgracia ya está comprobando a Vd., Sr. Presidente, le harán responsable de un proceso del que no tiene la culpa y contra el que no puede hacer nada con los medios convencionales, con los medios que hasta ahora se han adoptado. Pero delante de esta crisis última, la de los recursos, podemos reaccionar, podemos amortiguar sus efectos; podemos, sí, pero planteando las cosas de una manera muy diferente a como se ha hecho hasta ahora.

No puedo decirle qué es lo que debe hacer; es Vd. el Presidente y yo sólo un simple servidor público. Sólo me permito sugerirle que preste una atención preferente a la cuestión de la crisis energética y que comprenda hasta qué punto es la causa última y fundamental de las dificultades que estamos viviendo y de las que viviremos. Estoy seguro de que a partir de ahí entenderá más claramente por dónde debemos seguir.

Confío en Vd., Sr. Presidente. Nuestro futuro está en sus manos.


Atentamente,

Antonio Turiel

Científico Titular del CSIC