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martes, 28 de diciembre de 2021

The Oil Crash: Año 16


Queridos lectores:

Hemos llegado, una vez más, a ese momento del calendario donde hacemos balance del año que ahora acaba en términos de las cuestiones que se discuten en este blog, que son los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad y en particular los causados por la escasez de materias primas energéticas. Ha sido este 2021 un año prolijo en noticias, así que sin más dilación paso a hacerles el resumen de aquéllas que, para nuestra discusión, han sido más importantes.

 

- Año de eventos extremos: Si algo ha caracterizado 2021 es la sucesión de eventos considerados poco habituales y de gran impacto. Quizá lo más destacable en España fuera la borrasca Filomena, que colapsó el centro del país durante casi dos semanas el pasado mes de enero, pero fuera de España ha sido una sucesión continua de eventos: la tormenta de nieve de Texas (que colapsó su red eléctrica), las inundaciones de centroeuropa en julio (foto), la "cúpula de calor" en el oeste de Canadá y los EE.UU. (que fue seguida por importantes incendios), las inundaciones en cadena de la Columbia briánica en noviembre, la temporada anormalmente destructiva de tornados en los EE.UU. en diciembre... y todo eso sin contar con los cada vez más evidentes medicanes. Esto, en la parte del mundo más rica y más cubierta mediáticamente; en el resto del mundo les ha correspondido su habitual ración de inundaciones, sequías y desastres varios, pero nadie estaba prestando atención. Sin embargo, ahora que los eventos climáticamente inusuales están aumentando en los países ricos, quizá alguien se está planteando que hay que hacer algo para parar la desestabilización climática del planeta. ¿No? Bueno, hubo la COP26 en Glasgow, según parece. ¿Acuerdos importantes? Pocos, ciertamente. Pero la urgencia sigue ahí.


- Los problemas de la cadena de suministros: En marzo, el Canal de Suez quedó bloqueado durante seis días porque el supercontenedores Ever Given quedó atorado por culpa de una mala maniobra. En ese momento se empezó a oficializar que había algunos problemas con el suministro global de todo tipo de mercancías, aunque si uno escarba en las noticias se pueden detectar algunos problemas ya en 2019. En general, se han buscado todo tipo de excusas para justificar los cada vez más evidentes problemas: la nevada de Texas primero, el incidente del Ever Given después, la aparición de cuellos de botella logísticos ocasionados por el parón del confinamiento (un año antes, no lo olvidemos) impuesto por la pandemia de CoVid... y ya poco más: ésta sigue siendo, meses después, la excusa preferida para explicar lo que está pasando. En el Reino Unido empezó a escasear de todo y la culpa fue del Brexit y después de la falta de camioneros. Los portes marítimos se dispararon, y la culpa fue de los cuellos de botella y después de la falta de contenedores. Pasan los meses y nada se resuelve, todo se cronifica, en algunos casos mejorando un poco, en muchos otros empeorando... Empiezan a faltar algunos metales, madera, se agrava la crisis de los chips, falta plástico...

 

- El impacto del pico del diésel: El problema de fondo que se está agravando y que está agravando la crisis de los materiales es la falta de diésel. Cuando revisamos el problema del pico del diésel este año, vimos que la producción ha caído ya más de un 10% con respecto a los máximos de 2015. Faltando diésel, el transporte tanto terrestre como marítimo se encarece, pero también las operaciones de las muchas minas que no están electrificadas en este mundo, y eso hace que muchos proyectos de minería ya no sean viables. De rebote nos encontramos que se afianzan los picos del carbón (de momento, 2019) y del uranio (2016 y ya fuertemente consolidado), y todo indica que nos acercamos al del gas. Pero es que el encarecimiento de los costes de transporte y extractivos está afectando a todas las materias primas, y también a las elaboradas. Y en particular recordemos que tenemos una gravísima crisis con la producción de fertilizantes nitrogenados, que se añadirá con fuerza el año que viene a la crisis alimentaria ya en marcha por los incrementos de los costes en el sector agropecuario. 


 - Crisis energética global: Debido a la escasez de carbón (causada por una combinación entre la dificultad de aumentar la producción global y los sobrecostes extractivos que está originando el pico del diésel), China e India están sufriendo desde hace meses apagones eléctricos repetidos (y hablamos de dos países que engloban al 35% de la población mundial). La falta de electricidad está afectando a la producción industrial china, y le está llevando a acaparar materiales (cada vez más escasos, como explicábamos) para montar un plan de choque de transición energética (y de paso desviar la atención de la crisis originada por la quiebra de la inmobiliaria Evergrande). Entre tanto, Sudáfrica sufre apagones rotatorios por incapacidad de generar suficiente electricidad por falta también de carbón. Paquistán se ve obligada a usar productos petrolíferos para generar electricidad al tiempo que para su sector industrial porque no consigue comprar suficiente gas en el mercado internacional, y otros muchos países de Venezuela a Líbano, de Kazajstan a Tayikistan, están teniendo serios problemas. Mientras tanto, el coste de la electricidad en Europa se dispara, fruto de la escasez de gas y del mantenimiento del sistema marginalista en la fijación del precio del mercado mayorista, pero hay otros miedos. Todo comenzó cuando la ministra austríaca de defensa (en la foto) anunció que el país debía prepararse para un apagón total que su Gobierno estima que se producirá antes de 2025. Alemania, más discretamente, está preparando a su población para el mismo escenario, y el Gobierno suizo también lo contempla. Algunos miembros del Gobierno italiano empiezan a reconocer su inquietud por tal posibilidad, en tanto que en los Países Bajos se empieza a considerar el escenario por la falta de gas y en el Reino Unido la situación no puede ser más complicada. Solo Francia y España se reafirman en descartar un posible gran apagón. Lo que todo el mundo acepta es que si este invierno es especialmente frío en el Viejo Continente, la disponibilidad de gas natural bajará y el riesgo de apagones, aunque sean de corta duración, se incrementará. 


- El problema de los materiales para la transición: Dado que la crisis energética ya está aquí y ha llegado con fuerza, de repente hay mucha necesidad para hacer la transición energética tanto tiempo postpuesta. Sin embargo, empieza a ser cada vez más evidente que el modelo de transición renovable que se propone (que algunos consideramos inviable) requiere de la disponibilidad de una gran cantidad de materiales los cuales o no son tan abundantes o su producción es limitada, y encima dependen para su extracción de la disponibilidad de grandes cantidades de combustibles fósiles La Agencia Internacional de la Energía (AIE) sacó un informe específico en mayo de este año, según el cual la producción de muchas materias primas debería aumentarse hasta volúmenes absolutamente irrealistas (imagen adjunta). A pesar de las cada vez más evidentes limitaciones de este modelo, la Unión Europea lo apuesta todo a él y ha pisado firme el acelerador con los Fondos de Recuperación y Resiliencia, particularmente con los Fondos NextGeneration EU.

 

- Las protestas contra los macroparques renovables se extienden por toda España: En España, al calor de los NextGeneration y del problema energético, se está viviendo un auténtico boom de nuevos proyectos que pretenden industrializar a marchas forzadas el medio rural, en un intento desesperado de producir la energía que no van a darnos las fósiles en unos años. Pero la gente que vive en esos territorios se dan cuenta de que no tienen prácticamente a ganar, y sí mucho a perder, con estos desarrollos que ahora se plantean, y se han organizado para protestar y hacer oír su voz. En un tiempo récord, centenares de movimientos locales de multitud de pueblos se han coordinado en una plataforma única, ALIENTE, creando una movilización sin precedentes en España. Si la contestación popular a estos proyectos de parques de renovable eléctrica de fuerte carácter extractivista sigue subiendo, los proyectos podrían fracasar, y no solo por la escasez de materiales.


- La CoVid sigue estando ahí: Durante este año hemos aprendido a convivir con una pandemia que nos ha acompañado durante estos doce meses y que nos ha arrebatado a algunos (demasiados) seres queridos. La vacunación masiva (en los países más desarrollados solamente) y la aparente menor peligrosidad de la variante ahora predominante, la Omicron, hacen albergar a muchos la esperanza de que el fin de la emergencia esté cerca. Ojalá así sea.


- Se empieza a escuchar a la ciencia (disidente): Este año también ha sido especial por la cantidad de comparecencias en cámaras legislativas de personas como yo, que proyectamos una imagen alternativa y menos amable de la transición energética y que hablamos de un tema tabú como es el peak oil y el peak everything. En mi caso particular, comparecí telemáticamente en febrero delante de la Comisión Quinta del Congreso de Colombia, y en abril presencialmente delante de la Comisión sobre Transición Energética que se había constituido en el Senado de España (que es la foto con la que abro este post). Pero este año también hemos visto a Antonio Aretxabala comparecer en el Parlamento de Navarra, o a Adrián Almazán (foto) y a Emilio Santiago, hace unos días, en el Parlamento Vasco. Cómo debe estar la situación para que se escuche nuestra voz...


Y hasta aquí este resumen del año. En el siguiente post, como también viene siendo tradicional, abordaré mis previsiones para el año que comienza de aquí en unos pocos días. Las de este año que viene serán probablemente granadas...

Salu2.

AMT

sábado, 5 de junio de 2021

Reseña de "Si el cielo se volviera rojo" ("Si el cel es tornés vermell")

Queridos lectores:

Mi compañero Jordi Solé reseñó hace unas semanas el libro de Cori Calero "Si el cielo se volviera rojo" en su blog "Tempus fugit!" (el cual, por cierto, antes se llamaba "Encara queda temps", pero, ya saben, #NoHayTiempo).

Cori Calero es una periodista del canal televisivo catalán TV3, especializada en temas medioambientales y divulgadora sobre el Cambio Climático. El título del libro parte de una interesante premisa: ¿cómo reaccionaría la sociedad si un día, de repente, el cielo se volviera rojo y se demostrase que la actividad humana tiene la culpa? Sin duda, todo el mundo exigiría que se hiciera algo inmediatamente, y nadie descansaría hasta que nuestro cielo volviese a ser azul. Pues en realidad nuestro cielo se ha vuelto rojo, aunque no lo vemos, porque los gases de efecto invernadero son invisibles y sus efectos son ubicuos pero cada vez menos sutiles.

Dado el interés del libro, aunque esté en catalán, publico aquí la reseña de Jordi Solé traducida.

Salu2.

AMT



Estimadas lectoras:

Este post lo dedico a la reseña de un libro publicado hace muy poco,  escrito por la periodista de TV3 y divulgadora del Cambio Climático Cori Calero. El libro está publicado bajo el sello de TV3, lo cual es de agradecer a la institución : uno de los pocos medios de masas en Cataluña que se hace eco y apoya la divulgación del 'Problema' que actualmente padecemos. 

Lo primero que me llamó la atención es el subtítulo del libro que, por ser subtítulo, no deja de ser lo más importante: para combatir el cambio climático hay que conocerlo. Esto que es tan evidente para un científico, para explicarlo a una audiencia general implica muchas dificultades en la sociedad en la que vivimos, tan acostumbrada a la receta fácil, y muchas veces anestesiada por los opinadores de turno (no todos ni siempre, hay que decirlo y agradecerlo) que aparecen ante grandes audiencias diciendo lo que les parece, superficialidades, sobre un problema muy complejo del que (si lo han hecho) han leído cuatro cosas. Por tanto, el libro, ya sólo con el título, nos dice mucho de lo que encontraremos: un trabajo documentado y muy bien elaborado que logra con éxito un difícil equilibrio entre la complejidad del análisis del problema y sus implicaciones y la simplificación necesaria para que el mensaje llegue.

También hay que decir que, en cuanto al contenido, sigue una muy acertada progresión de más técnico y abstracto a más concreto y personal: una primera parte de explicación detallada, técnica pero bastante divulgativa, una segunda parte más concreta de experiencias periodísticas, otra de entrevistas a activistas y científicos y una última de sugerencias a nivel personal (¿qué podemos hacer cada uno de nosotros?). También, en cuanto al estilo, prima la continuidad, y si la lectora quiere saber más de algún concepto hay cuadros explicativos y referencias al final de cada sub-capítulo.

Finalmente deciros que vale la pena leerlo: para quien sabe, para ver una mirada fresca y comprometida de alguien que ha luchado y lucha por hacer visible lo que, a pesar de la gravedad, es invisible (si el cielo se volviera rojo ...) y para quien quiere saber más, porque explica un concepto complejo de forma muy amena y fluida, es un libro que da muchos datos y fuentes donde aprender más y documentarse y, sobre todo, es un libro vivencial que conecta con nuestra parte más sensible y vital, a pesar de la gravedad del problema que transmite.

Saludos.

SZD

jueves, 27 de febrero de 2020

Reseña de "La bossa o la vida", de Salvador Lladó



Queridos lectores:

Ayer tuve la suerte y el honor de acompañar a Salvador Lladó en la presentación de su libro "La bossa o la vida" ("La bolsa o la vida"), editado por Tigres de Papel. Fueron casi dos horas intensas de conversación y debate muy animadas sobre los temas que trata el libro de Salva (si se me permite el apócope familiar).
 
"La bossa o la vida" es un libro que aborda el problema de la emergencia climática y su conexión con los límites del crecimiento y con la insostenibilidad del capitalismo. En muchos sentidos, es un libro muy necesario en el momento actual. Como comenté durante la presentación, el libro es una colección de aciertos, tanto de forma como de fondo.

Comenzando por las cuestiones de forma, en una decisión que considero editorialmente muy acertada, el libro tiene un formato pequeño y muy manejable, que en estos tiempos de twitter y las prisas ayudan a que sea leído mientras vas en el autobús o en el metro. Es un libro que invita a que lo leas en todas partes, en esa lucha titánica que tiene hoy en día la lectura de libros frente a las pantallas de los móviles.

El estilo de Salva es muy parecido a como es él en la vida real: cada cierto número de frases de más o menos contenido técnico intercala alguna expresión más coloquial o resume lo que acaba de decir de una manera desenfada, lo cual contribuye a que el lector, sobre todo el más joven, no pierda la sintonía, no pierda el sentido de interpelación. Porque este libro ha de hablar a todas las personas, porque tiene cosas muy importantes que decir. Siendo Salva, como es, un científico, huye del lenguaje engolado y a veces grandilocuente de la ciencia, y apuesta por un lenguaje más sencillo y cercano aunque sin abandonar nunca el rigor técnico. Y eso es otro acierto de este libro.

Otro hueco que viene a cubrir el libro de Salva es el idioma. Está escrito en catalán. No serán pocos los que piensen que eso es un hándicap, porque le resta lectores potenciales al libro. En realidad es exactamente al revés: al estar escrito en catalán, lengua que no tiene tantas obras que aborden este tema (desde luego, hay muchas menos que en castellano), el libro se hace más cercano a aquellos lectores que hablan en catalán, piensan en catalán, aman en catalán... y justamente en este momento lo que necesitamos es acercarnos a todos los que nos quieran y puedan oír. La idoneidad de tener libros de referencia en catalán, como en gallego, vasco y cualquier otra lengua, me parece obvia justamente desde la génesis de este blog: mi objetivo fue siempre acercar la información que era abundante en inglés a las gentes que usan mi idioma y para las cuales el inglés es una barrera. De hecho, hace algunos, años, cuando mis análisis ganaron en profundidad e interés general, me pidieron que continuara el blog pero escribiendo en inglés, y yo me negué, porque justamente era difícil encontrar buena información en castellano. Y aunque todos los catalanes hablen castellano, no les interpela de la misma manera un libro escrito en una lengua que conocen que un libro escrito en su lengua materna.

"La bossa o la vida" es un libro rabiosamente actual. Cuando habla de los diversos problemas ambientales y de sosteniblidad de padecemos, no se refiere a hechos muy distantes en el tiempo, sino que evoca noticias de hace pocos meses, semanas en algunos casos. Es, por tanto, un libro puesto al día, que habla de lo que está pasando ahora mismo, y por eso mismo constituye una buena referencia del momento actual.

La estructura del libro sigue un hilo de razonamiento lógico, comenzando por las motivaciones del autor, siguiendo por la discusión del problema del cambio climático, enmarcando éste después en el contexto más general de los límites del crecimiento y su conexión con la lógica crecentista del capitalismo. Continúa el libro discutiendo las dificultades raramente mencionadas de la transición ecológica, poniendo el foco en la energética, y de ahí pasa a discutir las diferentes alternativas a la evolución de nuestra sociedad enfrentada a los límites del crecimiento: desde el suicida BAU, que nos empuja inevitablemente al colapso, pasando por el Green New Deal, posible antesala del ecofascismo, y la más razonable alternativa del ecosocialismo. El último capítulo lo consagra Salvador Lladó a la discusión de un decálogo de propuestas para dirigir la transición necesaria y suficiente.


En resumen, "La bossa o la vida" es un libro corto (unas 140 páginas de tamaño cuartilla) pero sorprendentemente intenso y lleno de detalles, de fácil lectura y una buena referencia para comenzar a comprender a qué nos enfrentamos.


Salu2.
AMT

jueves, 23 de enero de 2020

Temporal y permanente




Queridos lectores:

Eso que ven en la imagen de arriba es una escultura denominada "David y Goliat", que se encuentra en la Plaza de los Voluntarios de los Juegos Olímpicos, muy cerca del lugar donde yo trabajo. Antes presentaba un aspecto muy diferente, como se ve en la siguiente foto: la cara se levantaba unos cuantos metros respecto al suelo.



Sin embargo, estos días España (y sobre todo su costa Mediterránea) se ha visto azotada por un fuerte temporal, lo suficientemente fuerte como para merecer un nombre y todo: Gloria. Esta tormenta ha traído lluvias torrenciales (en forma de nieve en las zonas de montaña e interior) y fuertes vientos, y la estatua en cuestión no ha podido resistir estos últimos.

No es la única cosa que no ha podido resistir la inclemencia del tiempo. La vía del tren que recorre la comarca del Maresme ha sido destruida en un buen tramo y se tardarán meses en reestablecer el servicio ferroviario en esa zona. Numerosos ríos se han desbordado, algunas poblaciones han quedado aisladas o casi aisladas, hay decenas de evacuados, locales y viviendas inundados, carreteras cortadas... Yo mismo he tenido problemas para viajar desde mi localidad de residencia, Figueres, hasta mi lugar de trabajo, en Barcelona (y eso que afortunadamente Figueres ha sido poco castigada por este temporal). Una zona que ha llamado poderosamente la atención de la opinión pública es el Delta del Ebro, frágil ecosistema formado en la desembocadura del río Ebro que es un centro de importante actividad económica por sus arrozales y mejilloneras. Debido a la regulación del río Ebro, que le sustrae sedimentos al Delta, hace años que éste se encuentra en retroceso y en una situación muy precaria, a pesar de los esfuerzos de los responsables de la zona por preservarlo. Pero una sola tormenta como Gloria puede deshacer en cuestión de horas el trabajo de años: en estos momentos la mayoría del Delta se encuentra sumergido, y cuando las aguas se retiren podremos valorar cuál es el grado de erosión que ha sufrido la zona y cuánto es recuperable.



Es relativamente normal sufrir borrascas de cierta intensidad cada cierto tiempo, pero se tiene que reconocer que Gloria no es una borrasca normal. No lo es por la magnitud de las pérdidas que ha causado (empezando por la vida de 10 personas), pero aún menos por su génesis. Como borrasca, Gloria es una depresión (baja presión atmosférica) bastante mediocre, pero lo que ha intensificado sus vientos y su actividad es la presencia de un anticiclón, éste sí completamente anómalo y de gran intensidad, centrado en las Islas Británicas; ese mismo anticiclón que estuvo semanas cocinándose sobre la Península Ibérica y que trajo nieblas persistentes y temperaturas inusualmente altas para el momento del año. Mientas el anticiclón siga allí, y con una temperatura del mar tan anómala como la que tenemos en el Mediterráneo Occidental, cualquier pequeña borrasca que se nos acerque se puede convertir en otra tempestad de primera magnitud. Un escenario que sería mucho peor si lo que se acercase fuera una verdadera borrasca, por ejemplo de origen atlántico.

Éste es uno de los factores que los servicios de emergencia y protección civil aún no contemplan seriamente de caras al futuro que se nos viene: qué pasará el día en que se concatenen dos episodios de esta magnitud. Ya de entrada hay la tendencia a considerar episodios como el de Gloria como "eventos que pasan una vez cada 35 o 50 años", aún cuando hay la fundada sospecha de que este tipo de fenómenos se están intensificando y se están haciendo más frecuentes por culpa del Cambio Climático. Es muy difícil de saber si Gloria es un efecto directo del Cambio Climático o es algo completamente fortuito que sucede con la periodicidad previsible o bien si es un evento normal pero intensificado por el Cambio Climático. Para aseverar que hay una tendencia climática se suele considerar que se necesitan al menos 30 años de registros que avalen esta tendencia, y si es un cambio de tendencia se necesitan al menos 60 años. La intensificación de los extremos climáticos es un efecto previsible del Cambio Climático, pero solo podría haber tenido un peso relevante durante los últimos 15 o 20 años: aún poco tiempo para poder asegurar que, efectivamente, este tipo de eventos se está haciendo más frecuente y/o más fuerte. En mi experiencia personal, desde que yo llegué a Cataluña en 2002, he vivido numerosos temporales de Levante más o menos "normales" porque este tipo de temporal es habitual a finales de verano y principios de otoño, aunque a decir verdad están ocurriendo cada vez más tarde y siempre acompañados de un Mediterráneo cada vez más cálido (lo cual incrementa las lluvias, por la evaporación del agua del mar). Aparte de Gloria, he vivido dos episodios bastante extremos: un temporal de nieve que tapizó toda Cataluña un 10 de marzo de 2010:




Y un temporal de levante muy fuerte el 30 de noviembre de 2014 que afectó especialmente a la comarca donde vivo y que entre otros efectos notables dejó un gran agujero en la Rambla de 
Figueres.




En ambos casos, como también ha pasado con Gloria, quedamos incomunicados un par de días. Juzgando por los destrozos que han causado estos tres episodios que comento, muchos de ellos inéditos en la comarca, y que se han concentrado en solo 17 años uno podría pensar que, efectivamente, hay algo que se está acelerando y que se está volviendo más extremo.  Y eso que me estoy centrando en solo tres episodios que afectaron a una zona muy pequeña: si uno toma una perspectiva espacial más amplia (y más apropiada en términos climáticos) y se centra en Cataluña, el número de episodios crece dramáticamente, hasta el punto de que actualmente es raro el año en el que no se produce un evento extremo en alguna parte de Cataluña (sin ir más lejos, el pasado otoño la zona de Tarragona sufrió la peor parte de otro temporal de levante que dejó grandes destrozos, por ejemplo en la zona del Francolí).

Hoy los servicios de emergencia empiezan a suspirar de alivio porque el actual episodio ya está acabando. Sin embargo, ¿qué pasará cuando concatenemos dos episodios completamente seguidos? Estoy convencido de que los responsables de emergencias se han dado cuenta ya de que estos eventos ya no son de uno cada 35 años, sino de uno cada 5 años como mucho, y presionan a sus responsables políticos para que les doten de recursos adecuados para hacer correctamente su fundamental labor. Sin embargo, dudo mucho que contemplen seriamente la posibilidad de que se concatenen dos, no digamos ya tres, de estos eventos. Y sin embargo, cada día que pasa nos acercamos más a esa eventualidad. Será en ese momento, quizá, cuando comprendamos que necesitamos otro tipo de respuesta a lo que se nos viene encima.

Justamente en el día de ayer, el Congreso de los Diputados de España aprobó la declaración de Emergencia Climática. El propio Gobierno ha anunciado que una parte importante de las medidas que va a tomar durante los 100 primeros días van a tener que ver con la Emergencia Climática y con la Transición Ecológica; de hecho, para demostrar que se toman el asunto en serio han nombrado a la ministra del ramo Vicepresidenta, aunque sea Cuarta. Sin duda una buena declaración de intenciones, pero, ¿comprende el Gobierno el alcance real del reto, o las medidas que tome serán más bien cosméticas y de corto alcance?

Una idea que va surgiendo con fuerza, en vistas de lo colosal del reto del Cambio Climático, es la de la Adaptación Profunda. Se acepta ya que no podemos parar el cambio climático, y también que ni siquiera podemos mitigarlo de manera significativa. Solo nos queda, pues, adaptarnos. La Adaptación Profunda lleva esta idea más lejos y propone abandonar a su suerte aquello que no será posible (o no sale a cuenta) salvar y centrarse en lo más importante. Es una idea que está consiguiendo bastante adhesión por parte de los partidos de la derecha española, e incluso el líder del PP, Pablo Casado, se refirió a ella en una ocasión. La Adaptación Profunda consiste en aceptar que hemos perdido la partida y que por tanto se va a intentar minimizar los daños, concentrando los cada vez más escasos recursos en aquello que sea salvable.

Dejando al margen algunas interpretaciones odiosas e interesadas, el concepto de Adaptación Profunda es correcto; nótese, por cierto, que la Adaptación Profunda no excluye el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (se tiene que intentar no hacer el problema aún más grave de lo que ya lo es). La Adaptación Profunda implica mirar al problema del Cambio Climático de manera adulta, aceptando que los sacrificios son inevitables, y que una parte importante de estos sacrificios es el abandono a su suerte de ciertas infraestructuras, e inclusive de algunos núcleos de población. No es el de la Adaptación Profunda un discurso amable y edulcorado, para todos los públicos, con final feliz; pero es lo que hay. Quien pretenda hacer creer que podemos hacer otra cosa está engañando a los demás o engañándose a sí mismo.

No todas las infraestructuras podrán salvarse, es igual cuántos recursos destinemos a ello. Es poco probable que se pueda salvar el Delta del Ebro. Es  probablemente imposible mantener el trazado de la vía del Maresme catalán, tan cerca del mar. Hay algunos pueblos de la costa o demasiado cerca de barrancos y torrentes que ya están condenados, total o parcialmente. Hay carreteras que van a desaparecer, al ceder el terreno donde se asientan. Hay edificios que no serán capaces de resistir muchos más temporales como éste, ya solamente por la fuerza del viento. Hay una gran parte del mobiliario urbano que no está preparado para una repetición frecuente de estos episodios... Delante de estas duras realidades, no será difícil encontrar tal o cual estudio de ingeniería o un arquitecto que alegará que todo eso son paparruchas, que técnicamente se puede ejecutar tal o cual intervención, por medio de la cual se puede evitar la destrucción o la inutilización de una infraestructura en concreto. Ésa no es la cuestión, sin embargo. La cuestión real es si merece la pena hacer esa intervención, si merecerá la pena repetir esa misma intervención (porque, no lo duden, ninguna intervención es definitiva, y menos sobre aquellas infraestructuras en riesgo), usando cada vez más recursos a medida que se repitan e intensifiquen los episodios. Y también, si no sería más honesto centrarse en aquellas infraestructuras que también están en riesgo pero que son mucho más fundamentales. Mientras no se haga una discusión honesta sobre lo que podemos y no podemos hacer, mientras que no se integre de manera real y efectiva lo que significa el Cambio Climático más allá de la palabrería política hueca, mientras no se comprenda la naturaleza real del reto que tenemos por delante, no solo malgastaremos recursos presentes, sino que pondremos en peligro los recursos futuros y, muy probablemente, distribuiremos la carga que se nos viene encima de una manera injusta e insolidaria.

Señores y señoras que se dedican a la política: la Emergencia Climática era esto. Es tomar decisiones desagradables y con una efectividad no garantizada, porque el mundo tras el Cambio Climático no es un lugar de certidumbres, sino uno de inquietud y de zozobra. No podremos estar seguros de estar haciéndolo bien, ni siquiera sabremos si lo que funciona solo lo hará por un tiempo. No podemos estar seguros de acertar, pero al menos podemos intentar ser lo más justos y honestos posible a la hora de gestionar lo que queda.

Señora alcaldesa de Barcelona: No vuelva a erigir el monumento de la Plaza de los Voluntarios de los Juegos Olímpicos. Seguro que algún machito herido en su orgullo insistirá en volver a ponerlo en pie, con más hormigón y más acero y más reforzado, queriendo de alguno modo desquitarse por el correctivo que nos ha dado la Naturaleza. No caiga en ese error. Aceptemos humildemente el coscorrón, y comprendamos que los próximos años traerán desafíos mucho más importantes para esta ciudad que intentar mantener de pie una monumental vela enfrentada al viento. Quizá, mejor que desmantelarlo, lo mejor sería dejarlo así, Goliat caído que creía que podía desafiar al viento, para recordarnos lo que nos creíamos y lo que realmente somos.


Salu2.
AMT 

P. Data: Mis sufridos lectores se habrán dado cuenta de que llevaba tres semanas sin escribir en el blog, y seguramente especulaban sobre mis motivos. La razón es que estas semanas estaba acabando de escribir mi primer libro de ensayo sobre energía. Hace unos días se lo entregué por fin al editor (con cierto retraso sobre la fecha prevista) y, si todo va bien, será publicado dentro de unos meses.

lunes, 30 de diciembre de 2019

The Oil Crash: Año 14

Irónico, ¿no les parece?

Queridos lectores:

Como cada año por estas fechas, haré un breve resumen de los eventos más destacados que han sucedido durante el año que ahora se acaba, incidiendo en aquellos aspectos que tienen más que ver con los problemas de sostenibilidad que nos plantea el progresivo agotamiento de las materias primas no renovables, y más particularmente el agotamiento del petróleo. Dado que este año estoy más ocupado que de costumbre, este resumen será, también, más breve y más directo.


- El shale aún aguanta: Con 50 quiebras más durante este año 2019, y con Cheaspeake en la cuerda floja a pesar de haber conseguido un acuerdo de última hora para no quebrar, el shale oil continúa aguantando. ¿Por cuánto tiempo más? Teniendo en cuenta sus pésimos resultados económicos, hace años que el sector en su conjunto debería haber quebrado, así que es obvio que se mantiene en pie por consideraciones que no son exclusivamente financieras. Hay un interés que es político en que el shale oil continúe, y que no solo es de los EE.UU.: sin la contribución del petróleo de fracking, la producción total de petróleo del mundo llevaría ya unos años cayendo. Necesitamos el fracking para mantener la ficción de que nuestro estilo de vida se va a poder mantener; pero como el fracking es una ruina, alguien tiene que pagar el agujero económico que deja, y ese alguien son, por supuesto, las clases medias que se ven depauperadas a través de recortes sociales y salariales. Es difícil prever cuánto tiempo más se podrá aguantar este bombeo de rentas y, sobre todo, cuanto tiempo más la geología de los yacimientos de shale oil podrán seguir dando rendimiento, puesto que se agotan muy rápido y los mejores sitios ya han sido explotados. En eso estamos.

- La AIE disfraza sus previsiones: Así como en su informe anual del 2018 la Agencia Internacional de la Energía (AIE) fue muy clara sobre la inminente (2025) llegada de diversos picos de precios del petróleo debido a su falta, este año ha intentando disimular la realidad tanto como ha podido. La única gráfica que muestra que incluso contando con unas previsiones poco creíbles sobre el descubrimiento de nuevos yacimientos la producción de petróleo se estancaría está oculta en entre las 800 páginas largas del informe, y es la figura 3.5 que acompaña a estas líneas. El problema es inminente, pero en esta hora crítica la AIE ha decidido esconder la cabeza debajo del ala, al menos este año. Quizá el peor momento para ser cobarde.

- Aumenta la conciencia de la necesidad de reducir las emisiones de CO2: Durante este año, se ha hecho muchísima propaganda institucional sobre el grave problema ambiental que causan las emisiones desbocadas de CO2 asociadas a la actividad industrial. Es un tema que se he repetido hasta la saciedad, aumentando la conciencia sobre el problema en la sociedad occidental (pues no es esto un fenómeno global, contrariamente a lo que se pretende hacer creer aquí). Lo curioso es que se está insistiendo mucho en las actuaciones presentes y planes de futuro de las empresas para reducir sus emisiones, como si realmente estuvieran haciendo algo, y se pone el acento en los esfuerzos que tienen que hacer los ciudadanos. Se habla mucho de reducir el consumo, pero de manera muy particular el consumo de carne y la reducción de emisiones asociadas a la movilidad. Respecto a lo último este año, justamente, se han anunciado planes drásticos para reducir las emisiones en las grandes ciudades (Madrid Central, Zona de Bajas Emisiones de Barcelona...), que pretenden favorecer un tipo de movilidad que no es más sostenible pero sí más insolidario, y sospecho con la cuestión de la ingesta de carne pasa algo parecido. Es un despertar de la conciencia ecológica, sí, pero sesgado y dirigido en una dirección muy concreta y no necesariamente la mejor.

- Sin embargo, los Gobiernos son incapaces de llegar a algún acuerdo productivo sobres las emisiones de CO2: Este año ha tenido lugar la Vigésimo Quinta Conferencia de Partes en la Convención de Naciones Unidas sobre el Clima, la cual inicialmente debería haber tenido lugar en Chile pero que finalmente se celebró en Madrid. Había una gran expectativa creada en torno a esta conferencia eminentemente política, comenzando por la repetición de eslóganes ("Es tiempo de actuar") como por la conferencia preparatoria celebrada en septiembre en Nueva York. El hecho de que la conferencia se desplazara de Chile a España en tan breve plazo de tiempo provocó muchos desajustes y requirió de una alta capacidad de improvisación. Pero, a pesar de tantas expectativas y tantos esfuerzos, la conferencia acabó sin ningún acuerdo merecedor de tal nombre, tan vagos fueron los puntos acordados entre las partes. Quizá ejemplificó mejor que nada la distancia entre lo que se necesitaba y lo que se hizo la odisea de la activista Greta Thunberg, quien se encontraba en la otra punta de EE.UU., a punto de emprender un largo viaje en tren hasta Chile, cuando se enteró de que debía cruzar de nuevo al Atlántico en menos de un mes para poder llegar a tiempo a Madrid. Lo consiguió, pero obviamente fue en vano. A estas alturas, sabemos que para poder hacer algo útil tendríamos que afrontar una drástica reducción de la actividad industrial en un tiempo récord, cosa que los poderes económicos no van a aceptar.

- Los extremos climáticos se agudizan: Mientras nuestros líderes son incapaces de llegar a un acuerdo útil, los problemas ambientales se van agudizando. En particular, durante este año hemos vivido unos incendios terribles en California, Brasil y Australia. No se puede asegurar que estas calamidades estén per se asociadas al Cambio Climático, en primer lugar porque un incendio forestal no es en sí mismo un evento climático, aunque este tipo de desastres es favorecido por las condiciones meteorológicas adversas que se agravan justamente por el Cambio Climático. En todo caso, todo apunta a que, efectivamente, se está produciendo una aceleración de efectos que muy probablemente están asociados al Cambio Climático, y no tenemos tiempo para quedarnos mirando a ver si es así o no.

- Los poderes económicos reaccionan para evitar la crisis económica: Llevamos un año anticipando que se acerca una crisis económica, y sin embargo no acaba de estallar. No solo eso, sino que los últimos indicadores reflejan una ligera mejora de la situación. Y aunque los problemas estructurales persisten, está claro que se está haciendo lo imposible para evitar, o retrasar al máximo posible, la llegada de la crisis, tomando todas las medidas económicas y financieras que son precisas. Medidas que se están tomando a escala global, lo cual está llevando a muchos países al borde del estallido social, porque, obviamente, la carga se está distribuyendo de manera poco homogénea.

- Las revueltas estallan por medio mundo: Durante este año hemos vivido estallidos sociales de alta intensidad en Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, Chile, Irán, Irak... En otros países, como Venezuela o Argelia, se mantiene una situación de tensión e incertidumbre, de vacío de poder, que ya hace años que se prolonga. Otros muchos países, como Nigeria, Somalia, Sudán del Sur o Filipinas, sufren manifestaciones públicas y revueltas de mayor o menos intensidad haciendo raramente la portada en los diarios de los medios de comunicación occidentales. Un denominador común a todas estas revueltas es la protesta contra la degradación de la calidad de vida y las medidas de austeridad. Una situación que tiene mucho que ver con el progresivo descenso de la base material que sustenta la sociedad industrial; en particular, el aumento de la inestabilidad en América del Sur no tiene nada de extrañar si tenemos en cuenta que la región ha superado ya su máxima producción de energía y que ya no es capaz de satisfacer su consumo interno.

- El Brexit se hace inevitable: Saltando de continente y yendo a la rica Vieja Europa, una buena parte de las preocupaciones de este año se han centrado en la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una salida a la que al final la primera ministra Theresa May se veía abocada a su pesar; su avance hacia el Brexit arrastrando los pies le costó al final su cargo, siendo sustituida por el mucho más ultra Boris Johnson. Éste intentó toda una serie de maniobras para forzar una salida abrupta del Reino Unido y, siendo finalmente incapaz de salirse con la suya, convocó unas elecciones en las que logró una mayoría más que suficiente, lo cual ratifica que a pesar de todo lo que se ha dicho lo más probable es que la mayoría de la población del Reino Unido sí que quiere el Brexit, e inclusive una salida rápida, dando un portazo y sin cerrar todos los detalles de los acuerdo con la Unión Europea. Las consecuencias de esta salida, programada ya inexorablemente para el 31 de enero de 2020, son difíciles de prever, pero la Unión Europea ya se prepara para tomar todo tipo de represalias contra el Reino Unido, como escarmiento para que nunca más otro socio se decida a abandonar ese privado club.

- El laberinto español: En el caso concreto de España, la situación política ha sido alambicada durante este año y actualmente es bastante complicada. Comenzó el año con un Gobierno socialista con carácter bastante interino, nacido de una moción de censura contra el anterior gobierno conservador en la que se aliaron una gran diversidad de partidos para desbancar a los conservadores, acosados por multitud de escándalos de corrupción. En abril, el Partido Socialistas consiguió un buen resultado, aunque aún se quedaba lejos de la mayoría absoluta, y no le pareció conveniente cerrar un pacto con el más izquierdista Podemos, mientras que las opciones de pacto por su derecha eran más complicadas. Esas elecciones parecieron certificar el desastre del conservador Partido Popular y el irresistible ascenso del liberal Ciudadanos, mientras que la ultraderecha entraba por primera vez en el parlamento español de la mano de Vox. Las elecciones municipales y autonómicas de un mes más tarde mostraron que el Partido Socialista no podía aflojar su discurso españolista, ya que los partidos de derecha recuperaron parte del terreno perdido y consiguieron algunas alcaldías y comunidades autónomas importantes. Al final, después de meses de negociaciones infructuosas España se vio abocada a unas nuevas elecciones, en noviembre, en las que la dura sentencia para los líderes catalanes que promovieron el referéndum independentista se proyectaba ominosamente. Al final, el Partido Socialista se quedó prácticamente igual, Podemos retrocedió, el Partido Popular recuperó terreno, Ciudadanos se estrelló y Vox culminó su irresistible ascenso hasta la tercera fuerza del país. En este caso, el Partido Socialista sí que quiere pactar con Podemos, pero ahora se quedan más cortos que en abril y necesitan llegar a acuerdos con más partidos, y en particular con los partidos independentistas, si quieren evitar pactar con la derecha. Con los líderes independentistas condenados ya a prisión firme, la actitud de los partidos independentistas es más agresiva y piden concesiones importantes, mientras que los partidos de derecha cierran la pinza con una retórica inflamada. Y para complicar la situación, la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha permitido al antiguo president de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, conseguir la condición de eurodiputado y con ella la inmunidad parlamentaria; además, es posible que el líder del otro gran partido independentista, Oriol Jonqueras, actualmente en prisión, pueda ser liberado en fechas próximas, complicando aún más la ecuación. El próximo curso político promete ser escarpado.


Y así terminamos el repaso de las noticias de este año. En breve, formularé mis predicciones para el año que viene.


Salu2.
AMT

viernes, 17 de mayo de 2019

Respuestas a la emergencia



Queridos lectores:

Estos días de atrás estuve en Milán, en la gran conferencia que organiza la Agencia Espacial Europea (ESA) cada tres años, el Living Planet Symposium (Simposio del planeta vivo). La sesión inaugural del congreso contó con la participación de altos cargos de la ESA, algunos representantes políticos y un chico joven cuya presencia allá en el estrado, al lado de gente tan trajeada e imponente, resultaba un tanto chocante. Cuando por fin tomó la palabra, se identificó como un integrante de Fridays for future (FFF, Viernes por el futuro), el movimiento de protesta en defensa de la preservación del clima que está arrastrando a miles de jóvenes estudiantes por toda Europa y que pretende presionar a los representantes políticos para que tomen medidas decididas para combatir realmente el cambio climático. "La casa está en llamas", nos decía.

Observo con cierto recelo el creciente protagonismo de FFF, en detrimento de muchas otras organizaciones que llevan trabajando mucho tiempo y con más solidez en los mismos temas, o de otras también de nuevo cuño pero con planteamientos que son menos del gusto de nuestros dirigentes (por ejemplo, Extinction Rebellion). Me parece extraordinariamente positiva la capacidad de FFF de haber movilizado a mucha gente joven en tan poco tiempo, dándoles un proyecto ilusionante y motivador; pero el exceso de protagonismo que se les está dando -inmerecido por su falta de experiencia- me hace temer que el poder político y económico pretende manipular a FFF en su propio beneficio. Quizá no directamente, quizá no para hacerles decir lo que quieren oír; pero posiblemente sí desvirtuando el mensaje de FFF, de modo que con la excusa de que "están haciendo caso a los jóvenes" realmente implementen las medidas que quieren desplegar y que no son precisamente lo que FFF reclama. Para muestra, un botón.

Hace unos días, Cataluña se unía a otras regiones europeas y declaraba el "estado de emergencia climática". Con esta declaración, la Generalitat catalana reconoce que el cambio climático es una amenaza real y presente, contra la que hay que tomar medidas inmediatamente, y en ese sentido propone una serie de actuaciones que ahora analizaremos.

Se ha criticado que la declaración del Govern es más estética que efectiva, ya que, por ejemplo, no propone un calendario concreto para la puesta en marcha de esas medidas. Sin embargo, a mi ese problema me parece mucho más pequeño que el hecho de que las medidas propuestas no son verdaderamente adecuadas ni van a la verdadera raíz de los problemas.

Hay que comenzar por entender una cosa. No estamos viviendo una situación de emergencia climática; en realidad, lo que tenemos es una situación de emergencia energética. El problema ambiental (en general, no solo el cambio climático) es grave y reclama medidas urgentes, pero no es una emergencia. Lo que sí que es una emergencia es hacerle frente al descenso energético que ya tenemos no delante sino bajo nuestros pies. Lo que verdaderamente plantea una emergencia seria para los próximos años es el anunciado declive de la producción de petróleo, el peak oil, como reconoce la propia Agencia Internacional de la Energía.

 
Y como consecuencia de lo anterior, lo que ya está a punto de poner de rodillas al sistema de transporte mundial, base de toda la economía globalizada, es el descenso de la producción de diésel.



El declive rápido del petróleo y el aún más rápido de algunos combustibles que de él se derivan nos lleva  una verdadera situación de emergencia (fíjense en este artículo de Financial Times de esta misma semana), que reclaman una actuación ya mismo. Una actuación que de momento está consistiendo en endosar el peso de estos problemas de manera desigual entre países y dentro de cada país, pero que en pocos años más reclamará que se tomen medidas más drásticas.

Es, por tanto, el descenso energético la verdadera emergencia, y se está utilizando el problema del cambio climático, que ciertamente es grave y reclama medidas urgentes, para justificar actuaciones que en realidad van más conducidas a afrontar el problema del peak oil que el del cambio climático. Eso en sí no sería problemático porque ambos problemas necesitan de medidas similares, pero justamente al ningunear que hay un problema energético el planteamiento que se está haciendo conduce a un modelo de transición que no es ni justo ni igualitario. Peor aún, amparándose en la emergencia climática se pretende hacer un verdadero trágala con cosas que no resistirían el más mínimo análisis si se examinasen desde la perspectiva de la verdadera emergencia, la energética.


Examinemos con algo de detalle qué medidas propone el Govern de la Generalitat para hacerle frente a esta emergencia que han declarado.

  • Simplificación administrativa: Para la Generalitat, una de las barreras en la transición energética es el fárrago administrativo al que tienen que hacer frente las diversas medidas (no explicitadas) que deberían reducir las emisiones de CO2 y conducir a la transición energética. Si bien es cierto que en España los trámites administrativo resultan a veces redundantes y generalmente pesados, eso es así igual para cualquier actividad. La insistencia en las diversas leyes, tanto de ámbito estatal como autonómico, en esta "simplificación administrativa" específicamente para estos fines (cuando debería desearse para todas las actividades) hace pensar, más bien, en un deseo de eliminar controles y favorecer ciertos negocios, probablemente oligopólicos, en los que ya se está pensando.
  • Incrementar incentivos y priorizar políticas: De nuevo muy inconcreto, con el único aspecto de contenido que es que se habla explícitamente de "desnuclearización" - esto puede resultar inapropiado para algunos sectores, pero es una consecuencia lógica del cada vez más indisimulable "pico del uranio". De nuevo, esto parece más bien preparar el desvío de recursos públicos a esta "lucha", lo cual puede favorecer, según el modelo renovable al que se dice tender, el acaparamiento por unos pocos.
  • Priorizar en las políticas aquellas opciones de menor impacto climático: El sobreénfasis en la parte "climática" del problema más amplio, el ambiental, es bastante preocupante, porque es bien conocido que algunas de las opciones tecnológicas ahora denominadas "verdes" tienen un alto impacto ambiental, generalmente porque implican el uso de materiales (por ejemplo, tierras raras) que se explotan en condiciones de verdadera devastación ambiental. Aunque, claro, no aquí sino a miles de kilómetros de distancia. De momento.
  • Adoptar medidas para detener la pérdida de biodiversidad y para recuperar ecosistemas: Nada que objetar al fin perseguido, pero esto es algo que se quiere desde hace décadas y nunca se ha hecho nada efectivo. ¿Qué se va a hacer esta vez que vaya a dar un resultado diferente? ¿O es que este punto -muy breve, encima - se pone aquí para figurar?
  • Identificar y acompañar aquellos sectores de la economía que tienen que hacer la transición para que se adapten, promoviendo la economía circular y los puestos de trabajo verdes: Casi se podría decir "todo mal" en este punto. En primer lugar, no hay un solo sector de la economía que no tenga que hacer la transición. Que se plantee que se tienen que identificar ya nos da una idea de que lo que se pretende es solo centrarse en algunos aspectos, que por supuesto son aquellos que se van a ver más comprometidos: la industria del automóvil, el transporte por carretera, la minería del carbón y las centrales térmicas asociadas,... y seguramente poco más. Existe la impresión de que realmente no hay que transformarlo todo, solo algunas cosas clave, al menos durante los primeros años: aquellas cosas a las cuales el peak oil va a golpear primero. El problema es que el declive de la producción energética, si se mantienen las previsiones, puede ser demasiado rápido y entonces esta idea de "evolución lenta" puede fracasar estrepitosamente. Y lo de promover la economía circular es un brindis al Sol: una economía verdaderamente circular, por definición, es incompatible con el crecimiento exponencial que necesita el sistema económico actual, y nadie se está planteando seriamente abandonar el paradigma capitalista tal y como se concibe hoy en día; y ejemplo de eso mismo es la referencia a los puestos de trabajos verdes: se está pensando en el capitalismo verde, una falacia en sí misma pues nada que crezca indefinidamente puede estar en verdadero equilibro ecológico. No se quieren abordar los cambios realmente necesarios, solo poner parches para aguantar unos años más.
  • Adoptar medidas para reducir los impactos sobre los colectivos más vulnerables tanto al cambio climático como a la transición energética: Aunque lo que se dice no deja de ser un brindis al Sol (¿Qué medidas? Si se conocieran, ¿no se estarían aplicando ya?) lo verdaderamente interesante de este punto es el reconocimiento de que la transición energética va a perjudicar a determinados colectivos, que típicamente serán todos aquellos que dependan en mayor o menor medida de los coches, pero que en general acaban siendo toda la clase media por el sobreesfuerzo económico que se tendrá que hacer para pilotar una transición que puede estar más pensada para los intereses de las clases pudientes que para los de las trabajadoras.
  • Asumir un nuevo modelo de movilidad urbana: Se menciona explícitamente el clásico transporte público (ya saturado en las grandes urbanas y sin posibilidad real de progresión); pero se introduce también el vehículo compartido (una necesidad creciente de las clases medias, dada la tendencia al encarecimiento del coche), la micromovilidad (bicicletas y patinetes, a veces eléctricos, que es por donde claramente va a ir la apuesta de movilidad de las grandes ciudades para las clases medias) y los vehículos de emisiones cero (verbigracia coches eléctricos, que serán los vehículos de las clases pudientes).
  • Declarar estratégicas las instalaciones fotovoltaicas más avanzadas: Ésta es una de las propuestas más curiosas, porque, ¿qué quiere decir que sean "estratégicas"? Sin duda, que gozarán de ciertas subvenciones y privilegios, que solo estarán al alcance de personas de alto status socioeconómico - lo que denunciaba Beamspot en su artículo sobre la bomba fotovoltaica de riqueza.
  • Desarrollar una estrategia para la implantación de sistemas fotovoltaicos y eólicos: Aquí se ve que el modelo en el que se piensa es en el capitalismo verde: vamos a cambiar fósiles por renovables. ¿Alguien les ha dicho que las renovables tienen límites y que aunque se consiguiera hacer la transición requerirá mucho esfuerzo y se tendrán que modificar los objetivos de la sociedad, y en particular abandonar la idea del crecimiento económico? ¿Que planificar esa transición es algo muy complejo, que requiere mucho estudio previo (como lo que hacemos con el proyecto Medeas)? ¿Que acumular sin más nuevos sistemas de generación no es necesariamente ir en la buena dirección?
  • Hacer cada año un pleno monográfico sobre el cambio climático en el Parlament: Eso en sí no es malo; hará falta ver la calidad de las discusiones.
  • Revisar la legislación para detectar qué normas favorecen las emisiones de CO2: Ya se lo digo yo: todas. Al menos, todas las de carácter económico. Desde el momento en que el objetivo de la política económica sea el crecimiento, se necesitará siempre consumir cantidades crecientes de energía (pues el ahorro y la eficiencia no sirven si el objetivo es crecer por culpa de la Paradoja de Jevons).

En resumen: muchas expresiones de buena voluntad y muchas medidas que intentan parchear un sistema económico que hace aguas pensando en una sustitución energética que nunca podría ser completa de la manera que se plantea pero que sí que favorecerá las desigualdades, tal y como se plantea. Lo peor que es con estos planteamientos todos tendremos que aceptar esa manera injusta de repartir el esfuerzo de la transición, en aras de ese objetivo mayor, como sacrificio para poder superar la "emergencia climática".

¿Qué se tendría que hacer?

Habría que empezar por reconocer la verdad. Habría que empezar por decir que tenemos una crisis energética que amenaza nuestra estabilidad como sociedad y que se va a desarrollar con mucha intensidad durante los próximos años. Habría que empezar a decir que hay que hacer cambios profundos, no simplemente cosméticos. Habría que explicar que una verdadera propuesta de futuro ha de contener una reforma radical de toda la sociedad, empezando por el sistema financiero y productivo. 

No se trata de adoptar ningún plan propuesto por alguna parte, pero al menos se tendría que empezar a discutir seriamente sobre los problemas y las posibilidades. La alternativa es no hacer nada, es decir, dejar que el plan actualmente trazado siga su curso y que por tanto nos lleve a algo bien concreto. Algo que no nos va a gustar.

Salu2.
AMT