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viernes, 22 de marzo de 2019

Carta a quienes la puedan leer



Queridos hijos míos:

Os digo "hijos" porque por mi edad bien podríais serlo, aunque mis hijos biológicos sean más jóvenes (tardé en formar una familia, como suele pasarle a tantas personas que se dedican a la ciencia). Sois la gente joven, los que tenéis veintipocos años o menos, que ahora estáis saliendo a manifestaros a exigir que se adopten soluciones a la crisis climática que vosotros no comenzasteis pero que sin duda vais a sufrir con toda su intensidad. Sois los hombres y las mujeres, los chicos y las chicas, que cada viernes os declaráis en huelga en vuestros estudios y salís a la calle a reclamar lo que es de sentido común, lo que es vuestro derecho.

Para los que somos más viejos, de generaciones anteriores a la vuestra, sois nuestra última esperanza de construir un mundo mejor y más justo. Pero como somos más viejos y hemos visto pasar ya muchas cosas, no podemos evitar sentir temor. Por vosotros y por nosotros.

No quisiera ponerme demasiado paternalista y presuntuoso, diciéndoos que solo veis una parte del problema; que el cambio climático, siendo como es grave, no es más que uno de los múltiples problemas ambientales que tenemos; que los problemas ambientales, siendo como son gravísimos, no son más que una parte de los problemas de sostenibilidad a los que se enfrenta la Humanidad. No creo que sea necesario: lo que no conozcáis, ya lo conoceréis; y trataros con la arrogante suficiencia de la gente más experimentada no es la mejor manera de apoyaros, cuando lo que todos deseamos es que triunféis donde nosotros fracasamos.

Sin embargo, os ruego que entendáis nuestros miedos, nuestros temores, igual que el padre teme que el hijo cometa los mismos errores que cometió él.

Cuando yo nací, el Mayo del 68 estaba en sus postrimerías. En los años 60 del siglo pasado, la creciente concienciación estudiantil explotó en un movimiento que fue casi una revuelta, en contra del orden establecido. En contra de los abusos de poder, de los privilegios de clase, de las guerras encubiertas por intereses inconfesables. Este movimiento sacudió en mayor o menor medida todo el mundo occidental, pero fue especialmente intenso en Francia. "Seamos realistas: pidamos lo imposible", decían. Los jóvenes de entonces querían cambiar el mundo, porque se daban cuenta de que el mundo se dirigía hacia un lugar al que no querían ir.

El movimiento se mantuvo con cierta fuerza unos pocos años, mientras los poderes políticos alternaban la represión con la incorporación de algunas reformas - mínimas - buscando hacerse más aceptables. Pero en 1973 comenzó una grave crisis económica, y las ilusiones juveniles tuvieron que ser aparcadas. El idealismo está bien, vendrían a decir, pero ahora tenemos que estar por las cosas serias. Con la actividad económica cayendo en picado y un paro rampante las sociedades occidentales tenían otras necesidades más graves a las que atender. Y con las dificultades que experimentaba el ciudadano de a pie nadie osó continuar cuestionando al poder. Eso tendría que quedar para mejor ocasión. Y así se silenció el grito de una generación. Los años 70 y principios de los 80 fueron años de mucho retroceso en lo social, del "No hay alternativa" a las medidas neoliberales. El sueño del 68 murió.

Años más tarde, cuando yo era un poco más mayor de lo que vosotros sois ahora, hubo un nuevo movimiento, de nuevo fundamentalmente estudiantil, de reacción contra el estado de cosas el mundo. Es el surgimiento de los movimientos antiglobalización de finales del siglo pasado. En aquella época era ya evidente que la globalización de la economía, vendida por los medios de comunicación como el mayor bien deseable, estaba exacerbando las injusticias y la destrucción de la Naturaleza. "Otro mundo es posible", decían los manifestantes. En esa ocasión no hubo negociación, solo represión. Pero aquellos jóvenes de entonces no se arredraron y siguieron manifestándose. Hasta que estalló la burbuja especulativa asociada a las nuevas tecnologías, entonces en plena expansión, lo que se llamó la "burbuja punto com", y empezó una nueva crisis económica. De nuevo, no era momento para perder el tiempo con idealismos. Acto seguido se cometieron los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York y con una nueva legislación antiterrorista global las manifestaciones al estilo de los años precedentes se volvieron imposibles. Una vez más, el sueño de una generación de construir un mundo mejor fue enterrado por el pragmatismo de la crisis económica, con el añadido una vez más de un fuerte retroceso de las libertades individuales en aras de la lucha contra el terrorismo.

Desde entonces, ha habido algunos intentos esporádicos de recuperar el espíritu altermundista, como fueron el 15M en España o Occupy Wall Street en EE.UU. A diferencia de los casos anteriores, estos movimientos de protesta no se acabaron por una crisis económica sino que comenzaron precisamente a raíz de una de ellas, la Gran Recesión de 2008. Y más que como búsqueda de una justicia global para todo  el planeta, surgen como una reacción más local y más egoísta, simplemente denunciando el empobrecimiento de las clases medias. Por eso mismo, en este caso no servían las llamadas al pragmatismo con las que se desactivaron los movimientos de finales de los 60 y 90 del siglo pasado; y solo se ha podido desactivar estos movimientos con la (pequeña) mejora económica de los últimos años.

Y así llegamos aquí. Y así llegamos a vosotros.

Vosotros, que estás viendo que el clima del planeta está cada vez más desestabilizado, mientras que los poderes públicos hablan mucho y pretenden hacer creer que están haciendo algo cuando en realidad no hacen nada. Y una vez más surge un movimiento de reacción, de protesta, que busca cambiar las cosas, que de una vez se haga lo que es debido.

Y yo, y tantos otros como yo, miramos atrás al camino, y nos inunda el temor de que, una vez más, con los argumentos de siempre, se pueda desarticular vuestro movimiento, tan necesario como lo fueron todos los anteriores.



En toda esta historia que os acabo de explicar, hay una clave a la vista y otra que se intenta ocultar. 

La clave a la vista es que los anhelos de cambio y de reforma son siempre ahogados por la irrupción de una grave crisis económica, que obliga al mal llamado "pragmatismo" de aceptar auténticas barbaridades para poder salir adelante, para evitar caer en la miseria.

La clave que se intenta ocultar, o como mínimo maquillar, es que detrás de estas crisis hay siempre el mismo problema: el petróleo.

El petróleo es un recurso finito y del cual depende críticamente nuestra economía, pero, contrariamente a lo que se suele hacer pensar, los problemas con el petróleo no comienzan el día en que se agota por completo. Y es que el petróleo no se produce siempre a la misma velocidad. A medida que vamos extrayendo más y más, lo que queda es más residual y es más difícil de extraer. Por eso, en cualquier país hay un momento en el que se llega al máximo de extracción, o peak oil, y a partir de ese momento la producción de petróleo empieza a caer. Lo cual es un problema grave para ese país, porque tiene que aprender a pasar con cada vez menos petróleo: sus ingresos disminuyen, sus finanzas se resienten y eventualmente entra en crisis.

En 1972 los EE.UU. llegaron a su peak oil. Un año más tarde se desencadenó una crisis global.

En 2001, varios productores importantes llegaron a su peak oil. La producción de petróleo del mundo, que había crecido con fuerza desde 1980, empezó a frenarse, y se produjo una crisis global.

A finales de 2005 o principios de 2006, la producción mundial de petróleo crudo convencional llegó a su máximo. Dos años más tarde, comenzó la mayor crisis económica en décadas. 

Análisis más detallados, como los que ha hecho el profesor James Hamilton de la Universidad de California San Diego, muestran que el petróleo ha estado siempre detrás de las grandes crisis económicas de los últimos cincuenta años.

La última de estas crisis, La Gran Recesión, fue tan profunda que hizo tambalearse el actual sistema económico, hasta el punto de que el propio presidente francés de entonces, Nicolas Sarkozy, llegó a plantear la necesidad de refundar el capitalismo. El caso es que, tras la caída de consumo de petróleo que supuso el inicio de La Gran Recesión, hacia 2011 el consumo se estaba recuperando... pero la producción no. Así que en EE.UU. se sacaron de la manga el petróleo de fracking: un petróleo de baja calidad, demasiado ligero y tan caro de explotar que las empresas que se dedican a ello han perdido dinero desde el principio, apalancándose en cantidades monstruosas de crédito. Un esquema tan absurdo que amenaza con derrumbarse en cualquier momento.

Para acabarlo de agravar, el petróleo crudo convencional sigue bajando su producción poco a poco, y los hidrocarburos líquidos no convencionales que se han añadido para compensarlo son de tan baja calidad que en su conjunto no son buenos para destilar diésel... y eso está haciendo que la producción de diésel haya comenzado a caer

El diésel es la sangre del sistema, lo que mueve todo el transporte de mercancías. Si la producción de diésel disminuye, el sistema amenaza con derrumbarse. Y esto no es un detalle menor. No es algo que se pueda resolver de manera sencilla.

Con energías renovables, pensaréis quizá, como se dice y se repite en los medios de comunicación. Pues quizá sí o quizá no. Las energías renovables tienen muchas limitaciones, y no bastan para substituir de manera sencilla a los combustibles fósiles. No es evidente que podamos producir la misma cantidad de energía con fuentes renovables como lo hacemos ahora con no renovables, y en todo caso hacer la transición requeriría comenzar desde ya un esfuerzo semejante al de una guerra y durante al menos 30 años.

Por tanto, se tienen que hacer cambios mucho más profundos que lo que se habla. No tenemos alternativas sencillas por delante. No se puede mantener un sistema económico y social como el actual basándose en renovables y coches eléctricos. De hecho, no se puede generalizar el modelo del coche eléctrico. Nada es tan sencillo como se cuenta, y los cambios deberían ser muy profundos, no meramente cosméticos.

Ése es el reto que tenemos por delante. Ése es el reto que tenéis por delante. Y éstas son las dificultades.

Estamos a punto de entrar en otra grave recesión económica, en la que el petróleo y el diésel van a desempeñar un papel central. No podéis dejar que os desactiven con el argumento habitual, el del pragmatismo, ése que dice: "primero resolveremos la crisis económica, después ya vendrá lo demás", porque la crisis económica a partir de ahora será la situación habitual: el capitalismo se dirige a su fase final, porque los recursos empiezan a fallar y no le permiten seguir creciendo. Así que la crisis económica será en breve algo recurrente, continuo, instalado. Pero la crisis ambiental tampoco va a parar, aún menos la de los recursos, ni todas las otras crisis de sostenibilidad. No podemos esperar más, no valen excusas. Y si el sistema no funciona, tendremos que cambiar el sistema.

No os dejéis engañar con los parches que se cacarean desde los medios. Demonizar el coche de diésel solo sirve para ganar unos pocos años, sin resolver el problema real. El modelo de paso al coche eléctrico puede estar pensando para favorecer a los ricos y empobrecer aún más a los pobres. Y algo parecido pasa con determinados modelos de explotación de energías renovables. No hay una evolución simple desde donde estamos hacia donde deberíamos estar. Ir añadiendo sistemas renovables, con la idea de que algo vamos avanzando, no es necesariamente avanzar en la buena dirección. Hay que estudiar bien el problema y hacer propuestas meditadas, pues el problema es complejo. Quien os proponga soluciones simples, tenedlo por seguro, os está intentando engañar. Porque ése es nuestro gran temor: que os intentarán engañar. Os intentarán manipular. Intentarán que defendáis modelos simples que parecen funcionar (que os han hecho creer que funcionan) pero que en realidad perjudican a los más y benefician a los menos. 

Y si descubrís la trampa y reaccionáis ante eso, si sois capaces de proponer soluciones que vayan a la verdadera raíz de los problemas, os atacarán con furia. Es lo mismo que pasó en 1968. Es lo mismo que pasó en 1997. Pero vosotros no sois los mismos que entonces fallamos. Confiamos en vosotros.

Os deseo mucha suerte y mucho coraje.

Mis afectuosos respetos.

Antonio Turiel
Marzo de 2019

viernes, 3 de octubre de 2014

La ficción de la elección



Queridos lectores,

En el curso de una discusión reciente con una persona honestamente convencida por las tesis de ciertas corrientes económicas que simplificando excesivamente llamaríamos "liberalismo económico" una idea que surgió repetidamente fue el concepto de libertad, obviamente en su acepción económica. Y es que una de las ideas centrales del liberalismo económico es que se le ha de dar plena libertad de elección a los agentes económicos para que las relaciones entre ellos vengan mediadas por un mercado, libre por supuesto, como medio más eficiente para la regulación de tales relaciones. Planteada de esta manera, yo no tengo grandes objeciones a esta formulación. Que los agentes gocen de libertad para elegir, no ya en cuestiones económicas sino que en cualquier otro aspecto de su vida - a veces los neoliberales parecen olvidar que hay vida más allá del mercado -, parece completamente deseable, con la única salvedad de que sus acciones deben ser respetuosas con la ley y en particular no deben ser lesivas con los derechos de algún otro. Por otro lado, parece completamente lógico y razonable que en general las relaciones económicas las medie un mercado libre. 

En realidad aquí está parte de la trampa de la frase anterior: el mercado libre es una entelequia. Los neoliberales aceptan que no existe tal mercado libre en la práctica, pero según ellos lo ven eso es debido al exceso regulatorio y las extralimitaciones del Estado, y que lo que hay que hacer es desregular el mercado y minimizar el Estado. En realidad lo que sucede es que, independientemente del Estado, el mercado tiene ineficiencias intrínsecas (como se explicaba en detalle en la serie Ciudadano K del discontinuado Acorazado Aurora), cosa que se conoce y se puede explicar teóricamente desde hace siglos, aunque actualmente los neoliberales escriben ríos de tinta para justificar lo injustificable olvidando deliberadamente todo el trabajo anterior. Por otro lado, como ya explicamos en este blog, cuando los liberales reclaman un mercado libre en realidad por lo que abogan es por un mercado natural, puesto que sin ningún tipo de regulación el mercado tiende a ser la ley de jungla, en los que los más poderosos acaban por la vía de los hechos imponiendo sus reglas, como veremos después en algunos ejemplos. 

El pensamiento liberal se distingue por cuatro características peculiares:
  •  Muchas de sus afirmaciones son de carácter no empírico y no verificable; por ejemplo, cuando se postula las bondades de entes inexistentes y muy probablemente inalcanzables como el libre mercado, la perfecta competencia o la infinita sustitubilidad de los factores de producción.
  •  Se basa en conjunto de ideas abstractas, al margen del mundo físico y en abierta contradicción con él; por ejemplo, la idea de postular y aceptar como beneficiosa la idea del crecimiento infinito en un planeta limitado, o que el mercado se hará cargo de las externalidades, no importa como sean de dañinas, a pesar de la abundante evidencia en contrario.
  •  Siempre encuentra múltiples y complejas explicaciones a posteriori para justificar por qué las cosas no se producen según sus postulados. Ejemplos hay a punta pala: si el empleo sube es según unos gracias a las políticas del Gobierno y según otros debido a la favorable coyuntura internacional; si la balanza comercial es positiva es debido a la mejora del sector exterior, aunque en realidad lo que más cae es el consumo interior, etc. Casi nadie se molesta en examinar los datos que avalen las afirmaciones hechas, y en casi ningún caso nadie se cuestiona que es imposible que todos los países del mundo sean exportadores netos, o que se pueda crecer infinitamente en un planeta finito. Un caso particular del interés de este blog es la evolución del precio del petróleo; casi cada día aparece un sesudo artículo dando la excusa del momento para justificar lo que se denominan "enormes subidas" o "bajadas en picado" del precio, cuando lo cierto es que el precio se ha mantenido en torno a los 100$ desde hace casi tres años. Y aunque ahora ciertamente hay una cierta tendencia a la baja, síntoma de la próxima oleada recesiva, no se puede analizar su evolución día a día sino que se tiene que mirar en el largo plazo, y es que los movimientos significativos se ven en el plazo de meses (excepto cuando se produce un infarto del sistema, como en Julio de 2008 que el precio aumentó de 100$ a 150$ en un mes).
  • Utilizan un lenguaje oscurantista, con términos abstrusos para explicar cosas simples. Además, se abusa de las cantidades relativas (porcentajes) sin ponerlos en contexto y sin dar una idea de cómo ha ido cambiando la cosa con el tiempo. El objetivo es dejar fuera a los no iniciados, hurtar de la vista las discusiones para los profanos, es decir, para los que no comparten esta manera de hacer las cosas y pueden presentar objeciones muy fundadas. Ejemplos hay a porrillo; tomo uno de ellos al azar: "El resultado previsto para PGE en 2009 supone incumplir el objetivo de un superávit del 0,02 por ciento del PIB aprobado para la Administración Central por las Cortes Generales en junio de 2008", según reconoce el propio Gobierno en el proyecto legislativo de los PGE. Un objetivo que fue "fijado en base al contexto macroeconómico recogido en el informe sobre la posición cíclica de la economía española elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda en abril, de acuerdo con los datos disponibles en ese momento""


Todo lo anterior muestra que en realidad la teoría económica dominante es en realidad un pensamiento de tipo doctrinario o, como explicamos, una religión.

La otra trampa que se esconde en ese falso concepto de libertad es que la elección no es libre en realidad. Aunque la idea es sobradamente conocida, se suele abusar de ejemplos concretos para dar la impresión de que la gente realmente escoge libremente lo que escoge, cuando en realidad está fuertemente condicionada, con habilidosos trucos de ingeniería social y comercial, a "necesitar" determinados productos que son de su "utilidad". Precisamente éstos tres son los conceptos clave en la discusión sobre la presunta eficacia e idoneidad de los actuales mecanismos de distribución económica: necesidad, utilidad y elección.

En un sistema capitalista como el nuestro, el diseño del sistema se dirige a maximizar el retorno del capital, lo cual implica maximizar el beneficio de cualquier actividad económica. Esto se puede conseguir aumentando precios hasta un cierto punto, pero esta estrategia tiene un recorrido limitado puesto que precios excesivamente altos destruyen la demanda y a partir de un cierto punto también la ganancia. Alternativamente, se puede maximizar el beneficio disminuyendo costes. Aquí hay varias estrategias posibles, una de las cuales es la explotación de economías de escala y el encontrar usos diversos para un producto principal que sea económico de producir. Uno de esos productos cuyo proceso productivo se ha maximizado es el maíz. El sirope de maíz se utiliza en multitud de productos alimentarios para darles gusto, color, valor nutritivo, etc; se sorprendería Vd. de la cantidad de alimentos y otros productos que utilizan el maíz en su producción. Como comentaban en el documental Food Inc, "Todos los productos de un supermercado remiten a un campo de maíz en Iowa". ¿Realmente ha escogido Vd. que todos los productos que hay en el súper estén hechos, entre otras cosas, de maíz? ¿Está Vd. seguro de que es sano añadirle sirope de maíz a prácticamente cualquier alimento preparado que consuma Vd.? ¿O más bien esta proliferación en el uso del maíz tiene que ver con que ha sido muy barato de producir durante todos estos años?

Si Vd. ha seguido la evolución del sector de la alimentación en los últimos años sabrá que en estos momentos aproximadamente el 80% del comercio mundial está en manos de cinco empresas. Este fenómeno no es exclusivo del sector de la alimentación; cada vez menos empresas cada vez mayores controlan una fracción creciente del mercado mundial. Esa concentración de la actividad en manos de muy pocos agentes podría llevar a pensar que de manera natural, en aras de la optimización productiva y el aumento de beneficio, la cantidad de productos diferentes que se ofrecen debería disminuir; sin embargo, basta con ir a un supermercado o a cualquier otro comercio para ver una increíble diversidad de productos, pequeñas variantes de la misma idea. ¿Qué significa esta proliferación de productos? La respuesta es bien conocida: es una estrategia de márketing para incitar al consumo, es sólo un estímulo a las partes más primitivas de nuestro cerebro: en realidad muchos productos son el mismo con diferentes envases. Y esa es sólo una de las estrategias de manipulación de masas para llevarles a consumir más y más. ¿Es Vd. plenamente libre cuando decide consumir en un ambiente creado especialmente para incitarle al consumo?

No sólo el márketing actúa como fuerte condicionante de las decisiones de consumo, sino también los hábitos y las convenciones sociales que se van estableciendo, oportunamente moldeadas cuando se detecta en ellas un mercado potencial ¿Elige la gente tener coche? No siempre; según dónde uno viva y dónde y en qué trabaje tener un coche es imprescindible. Las redes de transporte público no siempre cubren las necesidades de movilidad creadas a la población. ¿Ha elegido Vd. vivir donde vive o se ha visto obligado a ir a determinado sitio en función de su renta disponible y de dónde tiene Vd. su lugar de trabajo? Es un caso típico: persona joven encuentra un trabajo en una gran ciudad y busca algún lugar cercano donde residir, pero lo más cercano que es asequible a su renta está a 20 kilómetros de su lugar de trabajo y si se traslada en transporte público necesita más de una hora para llegar, pero puede reducir el trayecto a 15 minutos si se compra un coche de segunda mano, que le resulta muy asequible (casi nadie tiene en cuenta los costes reales por kilómetro de un coche, incluyendo combustible, amortización del vehículo, seguros, párking, averías, revisiones, multas...). La estructura social favorece determinadas elecciones, que no son sólo socialmente aceptables sino completamente naturales dados los condicionantes.

Yendo a cosas más superfluas: ¿Elige la gente tener móvil? Si uno se pasa fuera de casa muchas horas, tener un móvil es una buena manera de estas siempre localizable por sus seres queridos; además, con los sistemas de chateo electrónico actuales uno puede mantener un contacto con los amigos que le sirve para sobrellevar una jornada cargada de muchos sinsabores y cada vez menos motivaciones. No es estrictamente necesario, pero, ¿qué persona joven elegiría no tener móvil y además del tipo smartphone? Parecería un extraterrestre en su comunidad social. ¿Es una elección verdaderamente libre la de comprar un móvil? Y así la lista de elecciones bastante discutibles se va alargando, en todos los casos condicionados por un ambiente social que le empuja en una dirección determinada: ¿Se elige libremente comprar un piso en vez de alquilar? ¿Elige uno en total libertad la ropa que se pone, o tiende a escoger aquello que es socialmente más aceptado para el estrato en el que uno está? ¿Son completamente libres todas las decisiones que se hacen al comprar alimentos, productos de limpieza, muebles, vacaciones, etc?  Los valedores del libre mercado dirán que a nadie se le pone una pistola en el pecho, y eso es verdad, y también es cierto que cualquier persona puede decidir "salirse de la convencionalidad" y tomar una decisión que choca con las habituales, pero justamente de lo que hablamos es de condicionamiento, no de determinación: desde el punto de visto económico no importa si unos pocos individuos eligen otro camino si la mayoría va por la senda trazada. Hay una cuestión clara desde el punto de vista estadístico: si millones de personas toman decisiones dentro de un arco pequeño de opciones teniendo literalmente millones de posibilidades a su disposición eso significa que realmente no hay tantos grados de libertad como los aparentes, sino muchísimos menos. Realmente, son muy pocos los individuos realmente libres, puesto que desde hace mucho tiempo se mercantiliza la diferencia, y el mercado se apropia de la estética hippie, altermundista, eco, hipster... Se crean diversidad de nichos en el mercado para que aquellos individuos más críticos crean que son diferentes porque están clasificados dentro de una categoría igualmente mercantilizada pero menos numerosa.

Los adalides de las bondades de lo que ellos llaman libre mercado aceptan a veces que efectivamente la influencia social condiciona fuertemente muchas decisiones, pero que en eso el libre mercado no tiene la culpa, sino que es la sociedad, como si fuera un sujeto, quien toma sus decisiones, y como si los agentes económicos no influyeran en moldearlas. Sin embargo, resulta difícil creer tal cosa cuando los medios de comunicación se dedican a difundir continuamente publicidad en cuñas publicitarias y propaganda de un determinado modo de vida en todo el resto de contenidos. ¿Se ha sentido Vd. alguna vez identificado con los modos de vida y consumo de tanta y tanta serie televisiva o película cinematográfica? ¿Ha aspirado a ser como los personajes que tanto le gustan? ¿Se ha fijado que a veces el personaje lleva un tren de vida impropio para lo que deberían ser sus ingresos? La presión social existe, pero ésta se configura también a través de los mass media. En añadido, los medios de comunicación de masas sirven para crear, a veces, cuando es necesario, la ilusión de libertad: en algunos momentos se pone el foco en una pequeña anomalía y se hace creer que tiene una importancia que, a la luz de las estadísticas, no la tiene, todo con el fin de mantener la ilusión de libertad. 

La falta de libertad de elección no es fruto únicamente de la presión social y de las estrategias de márketing, sino también de la falta de información. Un mercado no puede ser, nunca, realmente libre si todos los agentes que en él participan no tienen la misma información y la misma capacidad de negociación, y ése no es el caso en muchos servicios básicos prestados por grandes compañías. ¿Entiende Vd. el recibo de la luz? ¿Tiene Vd. capacidad para negociarlo? Cuando va al súper, ¿tiene Vd. conocimiento de lo dañinas que son algunas prácticas de producción de los productos que consume? ¿Tiene realmente capacidad de elegir algo mejor, por ejemplo, ecológico? Todo ello es el resultados de un mercado mucho más natural que libre. 

Todo lo arriba expuesto nos ilustra cuál ha sido nuestro margen real de libertad durante las últimas décadas, pero ahora que estamos llegando a los límites del planeta, ahora que estamos inmersos en una crisis que no acabará nunca, un murmullo que se oía desde hace mucho pero permanecía oculto en las capas profundas de la sociedad se hace cada vez más insistente: quizá hay demasiado consumismo, quizá hay que acabar con hábitos de derroche, quizá tendríamos que abandonar lo superfluo. En los últimos tiempos, a medida que la crisis impide al capital alcanzar por medio de la producción sus tasas históricas de regeneración, éste va depauperando las rentas del trabajo y las administraciones públicas para continuar expandiéndose al ritmo habitual (huida hacia adelante con corto recorrido y potencialmente muy explosiva, pero que de momento nos hace avanzar rápidamente hacia La Gran Exclusión). Y en el fondo para favorecer esta expansión interna del capital se insiste en que los ciudadanos tienen que aprender a diferenciar entre necesidades estrictas y consumos superfluos. En algunos casos, se llega a culpabilizar al ciudadano por sus hábitos de consumo, lo que a veces llega al extremo de confundirle sobre el peso económico real de sus elecciones. ¿Cree Vd. que porque disminuya su factura eléctrica un considerable 10% va a mejorar la situación general? Aunque todos los domicilios redujeran un 10% su consumo eléctrico, el residencial es sólo el 10% del consumo total, o sea que ese gran esfuerzo repercutiría un 1% del consumo eléctrico total. ¿Y eso qué más da, además, en un país como España donde hay un exceso de capacidad instalada, donde sobra electricidad y a pesar de ello el consumo baja, porque no es electricidad lo que la sociedad necesita para funcionar, sino ese 80% de energía final no eléctrica y difícilmente electrificable que depende, mayoritarimente, del petróleo? Y, ¿es superfluo el coche? ¿Puede Vd. atender sus obligaciones diarias sin él? ¿Y qué haría sin la nevera, si no puede comprar los alimentos día a día por falta de tiempo? ¿Puede lavar menos ropa, por ejemplo usando el mismo atuendo más de un día seguido; se lo aceptarían en su entorno social y laboral? El hombre, como todos los seres vivos, está adaptado a su hábitat, pero una parte del mismo ha sido creado y recreado por la mano del Hombre y necesita también estar adaptado a él, a su tecno-hábitat, que le resulta tan vital como el hábitat de base propiamente biológica.
En realidad se tiene que intentar mantener la ilusión de libertad para evitar que la gente se revuelva contra lo que hay. La economía está más planificada que nunca: no sólo se planifica la producción, sino que se decide qué nuevos productos tendrán que consumir los ciudadanos. Ésta es la realidad de nuestra economía. Por eso un país comunista como China ha podido hacer una transición tan eficiente hacia el sistema actual: porque, en los aspectos claves, no hay una diferencia profunda; y China tiene además la "ventaja competitiva" de no ser una democracia. Y por eso es tan preocupante que se tome continuamente a China como baremo, como referente con el que compararnos: porque la diferencia más importante entre ellos y nosotros es el grado de autoritarismo.


La única elección real que se puede hacer (y que por tanto se ha de ocultar) es si queremos seguir con el sistema actual o intentamos construir uno nuevo, más igualitario y sostenible, algo diferente a todo lo que ha existido hasta ahora. Ésa es la elección real.





Salu2,
AMT

lunes, 9 de diciembre de 2013

WEO 2013: El límite de la mentira



Queridos lectores,

Como saben, la Agencia Internacional de la Energía tiene como función asesorar a los gobiernos de la OCDE en materia de política energética, con el fin, entre otros, de prevenir y evitar problemas de suministro de petróleo como los que se sufrieron durante los años 70 del siglo pasado. La AIE es reacia a reconocer que el peak oil ya está aquí, puesto que aceptarlo les llevaría a tener que recomendar la adopción de una serie de medidas que van contra nuestra sociedad de consumo en general, contra el BAU, y contra el mantra del crecimiento infinito. Sin embargo, las previsiones o escenarios que cada año hace la AIE, basados en modelos matemáticos que se alimentan con una plétora de datos que recogen sus estadísticos, llevaban desde 2005 pronosticando un rápido aumento de la producción de petróleo que no se acaba de producir, y así, a regañadientes, la AIE ha ido aceptando parcialmente la realidad. Así, en 2010 nos sorprendió con su reconocimiento de que el peak oil del petróleo crudo (el petróleo "de verdad", el que sale del subsuelo con un pozo convencional) fue hacia 2006, con esta gráfica que ha sido desde entonces la comidilla de los expertos de medio mundo:



La situación, dijeron, no era tan alarmante porque el petróleo crudo permanecería en producción constante otros 25 años y los "otros líquidos del petróleo" (un batiburrillo de sucedáneos más o menos equivalentes y algunos petróleos más clásicos pero que requieren formas complicadas de extracción como el fracking) eran capaces de proporcionar ese petróleo extra que necesitamos. En 2012 en la AIE dieron una pequeña vuelta de tuerca más y en su escenario central reconocieron que en realidad la producción de petróleo crudo ya estaba comenzando a bajar.



Yo encontré esa gráfica muy reveladora, porque siguiendo su norma la AIE mezclaba volúmenes de sustancias muy diferentes, cada una de ellas con diferente contenido de energía y algunas mucho más costosas de producir que otras. Ello me llevó a escribir un post, "El Ocaso del Petróleo", en el que analizaba cuánta energía le quedaría de manera neta a la sociedad si se tomaba el escenario central de la AIE quitándole algunas de las hipótesis más infundadamente optimistas, y como recordarán lo que me quedó no era muy alentador:




Este año quise hacer una actualización de "El Ocaso del Petróleo", dada la relevancia del tema tratado, pero en ninguna parte del informe anual WEO 2013 encontré una gráfica sobre la evolución de la producción de petróleo, lo cual me sorprendió un tanto. Encontré, eso sí, una gráfica que ya comentamos, muy reveladora de lo que les pasa por la cabeza a los técnicos de la AIE: cómo creen que evolucionaría la producción de todos los líquidos del petróleo, excluyendo los líquidos del gas natural, "si no se produce una inversión suficiente" (falta de inversión que, por cierto, reconocen que es uno de los males actuales):



Pero ni en las tablas del informe ni en las de la anexa hoja de cálculo con los valores de las salidas de sus modelos se podía encontrar la producción desglosada de los diversos tipos de petróleo; todo lo que encontré fue la siguiente tabla de resumen en el informe:



En la hoja de cálculo sólo aparecen más años, pero el nivel de detalle en cada año es el mismo. Llama la atención esa distinción entre "producción de petróleo" y "suministro de petróleo" (que permite incluir la siempre discutible categoría de "ganancias de refinado") y, curiosamente, que se deje a los bicombustibles fuera de la categoría de producción de líquidos de petróleo (y que, por fin, se les incluya por su equivalente en energía, aunque lo mismo se debería hacer con todas). 

En fin, estaba resignado a no poder actualizar el análisis de "El Ocaso del Petróleo" cuando hace un par de semanas una conferencia de Mariano Marzo en la que estuve me puso sobre la pista para reconstruir esos datos. Lo que no sabía es que mis pesquisas me revelarían que la AIE, en su intento de no alamar a los Gobiernos y a los mercados, está a punto de cruzar una línea roja: la de la mentira pura y dura.

La reveladora gráfica que mostró Mariano Marzo era la figura 14.8 del último WEO 2013:


Yo también la había visto, puesto que es la única que desglosa la producción de petróleo por tipos, pero en vez de dar la producción total da tan sólo los porcentajes. Hasta cierto punto esta gráfica que de manera artera nos roba la información esencial (la producción total) se la puede considerar una maniobra de encubrimiento lícito de las que suele hacer la AIE. Piensen que la Agencia está sometida a muchas presiones de organismos y Gobiernos diversos para que transmita un mensaje políticamente aceptable, aunque al mismo tiempo tiene que intentar ser fiel a la verdad, que en realidad quiere decir no decir mentiras flagrantes. Eso les lleva a retorcer sus afirmaciones hasta el punto de no decir mentira aunque induzcan a pensar cosas que no son ciertas (por ejemplo, que los EE.UU. exportarán petróleo en 2035). Tales florilegios son un tanto extraños desde una mentalidad mediterránea como la de la sociedad en la que vivo pero cobran perfecto sentido en países donde hay una palabra (inexistente en realidad en castellano) para designar la necesidad de rendir cuentas estrictas por la gestión realizada: accountability. Así pues, la AIE es especialista en no mentir pero sí en camuflar la verdad, no tanto por no revelarla (lo que también sería visto como algo reprobable) como por disimularla con un montón de datos irrelevantes. Incluso sus proyecciones de futuro son "escenarios", de los que en cada informe nos recuerdan que no se deben considerar previsiones sino ejercicios especulativos basados en unos modelos que siguen ciertas pautas. Toda la formulación verbal está dirigida a eludir posibles responsabilidades que se les pudiera exigir en un futuro. Yo respeto el trabajo que hacen en la AIE, porque intentar ser veraz y, más aún, prevenir de los peligros que se vienen, y al mismo tiempo lidiar con las mediocridades de las necesidades políticas de corto plazo es un trabajo muy difícil.

El caso es que de repente yo me acordé que de todas las categorías que aparecen en la gráfica hay una para las cuales se ofrecía en el WEO 2013 una gráfica bastante detallada de su evolución: el Petróleo Ligero de Roca Compacta, LTO por sus siglas en inglés:


Por tanto, si yo tenía a cuántos millones de barriles de petróleo correspondía el LTO cada lustro de aquí a 2035, gráfica 14.11, y al tiempo qué porcentaje representa ese LTO del total de producción, gráfica 14.8, con unas sencillas reglas de tres podría conocer la producción de cada tipo de petróleo durante esos años y de acuerdo con el propio escenario de la AIE.

No les aburriré con todos los detalles del procedimiento, nada elaborado por lo demás: midiendo las alturas en píxeles de las barras de los gráficos (al estilo de lo que ya hice en "El Ocaso del Petróleo") y mediante reglas de tres deduje con cierta aproximación cuál había sido y se espera que sea la producción de LTO (en millones de barriles diarios, Mb/d) durante los años en cuestión:

2012   1,96
2020   4,66
2025   5,70
2030   5,90
2035   5,57

Por cierto que como ven la AIE espera que este tipo de petróleo llegará a su cenit sin ser jamás más de un 6% del petróleo total producido. Haciendo algo análogo con la gráfica 14.8 se tiene los siguientes porcentajes según el tipo de petróleo y año:


                  Crudo  NGL  Pesado LTO    Otros   Total
========================================
Año 2012    79,1    15,1     02,2    02,2     01,4    100
Año 2020    72,4    16,2     04,4    05,0     02,0    100
Año 2025    69,9    17,1     04,9    05,6     02,5    100 
Año 2030    67,4    17,9     05,5    06,1     03,1    100
Año 2035    66,3    17,7     06,8    06,2     03,0    100


Dado que para el año 2025 no hay datos he efectuado una interpolación lineal de los porcentajes entre 2020 y 2030, que como veremos no introduce demasiado error.

Usando la información de la producción de LTO extraída de la gráfica 14.11 obtengo que los valores de producción de los diversos tipos de petróleo serían:


                  Crudo  NGL  Pesado LTO    Otros   Total
========================================
Año 2012    70,5    13,4     02,0    02,0     01,2    89,1
Año 2020    67,5    15,1     04,1    04,6     01,9    93,2
Año 2025    66,4    16,2     04,8    05,2     02,4    95,0
Año 2030    65,2    17,3     05,3    05,9     03,0    96,7
Año 2035    59,5    15,9     06,1    05,6     02,7    89,8


O, en forma de gráfica:




Fíjense que aquí yo no estoy estimando el contenido energético de las categorías de petróleo (esta gráfica correspondería con la primera de las gráficas de "El Ocaso del Petróleo", la del volumen total), y aunque no incluye aún ni las (discutibles) ganancias de proceso ni los biocombustibles, la variación esperada de los mismos de 2030 a 2035 es mucho más pequeña que la caída de casi 7 Mb/d. Fíjense que yo simplemente estoy cruzando los datos de la AIE: esto es lo que su gráfica mostraría si la hubieran representado en coherencia con los porcentajes recogidos en la figura 14.8. En suma: los datos de la AIE nos indican, por primera vez para esta agencia, la llegada del Peak Oil en volumen, lo cual es un hito aún cuando la fecha indicada, 2030, es poco realista con lo que ahora sabemos.

Sin duda mi método implica cierto grado de error; sin embargo, al comparar mis previsiones con los datos del Anexo A (recogidos parcialmente en la tabla 14.1 que abre el post) se ve que este error es generalmente pequeño excepto para el año 2035 precisamente:

Diferencia porcentual de mi estimación respecto a los valores del Anexo A, tomando éstos como referencia

                   Crudo     NGL     No conv.      Total
=====================================
Año 2012   +1,6%    +5,5%     +4,0%         +2,3%
Año 2020   -0,3%    +2,0%      +1,9%         +0,4%  
Año 2025   -0,3%    +1,9%      -0,8%              0%
Año 2030   -0,5%    +3,0%        0%            +0,2%
Año 2035   -9,0%    -10,1%     -4,0%          -8,4%     


Como es de esperar, el error relativo es típicamente mayor cuando más pequeña es la cantidad a la se le aplica. El año 2012 tiene alguna anomalía, posiblemente resultado de alguna revisión estadística de los datos de la Tabla 14.1 posterior a la elaboración de la gráfica 14.8, pero los años del 2020 al 2030 son bastante coherentes con mi estimación, lo cual es lógico porque no se revisan continuamente los escenarios. Las diferencias del año 2035 son muy grandes y metodológicamente difíciles de justificar, al ser la producción prevista de LTO aún bastante elevada (el error de la estimación también aumenta al disminuir el valor que estimo para la producción de LTO). Está claro que los valores del año 2035 han sido manipulados.

Hagamos ahora el ejercicio inverso: tomemos que los valores del Anexo A (lo que recoge parcialmente la tabla 14.1) son correctos y que también lo son los valores porcentuales de la gráfica 14.8; ¿qué valores de producción de los diversos tipos de petróleo nos resultarían? Pues los siguientes:

                  Crudo  NGL  Pesado LTO    Otros   Total
========================================

Año 2012    68,9     13,2   1,9        1,9      1,2      87,1
Año 2020    67,2     15,0   4,1        4,6      1,9      92,8
Año 2025    66,4     16,2   4,7        5,3      2,4      95,0
Año 2030    65.0     17,3   5,3        5,9      3,0      96,5
Año 2035    65.0     17,4   6,7        6,1      2,9      98,1


y en forma de gráfica



En suma, que para que se pueda dar en 2035 los valores totales de producción de petróleo no sólo tiene que aumentar el LTO; en realidad aumentan también los pesados, los NGL y, lo que al final es más importante, el petróleo crudo - que al fin y al cabo representa el mayor porcentaje de la producción- se mantiene estable en 65 Mb/d de 2030 a 2035. No por casualidad ésa es la marca que la AIE fijó como nivel de producción hacia 2035 en su informe del año 2012. Da la impresión de que de manera artificial se ha mantenido el nivel de petróleo crudo fijo en esos 65 Mb/d a los que llega en 2030, y que no se ha aumentado por encima de ese valor porque tal cambio de tendencia en la producción de petróleo crudo resultaría difícil de justificar.

 
Los números que este año tenía que presentar la AIE eran tan difíciles de hacer cuadrar que, por primera vez que yo recuerde, alguien ha tenido que alterar los números a mano para ocultar la verdad. Alguien ha tenido que mentir para que no se vea lo que ya no se puede disimular: que la carestía de petróleo ya emerge incluso en los modelos tan optimistas respecto a nuestro futuro que usa la AIE. Ya no se puede jugar más con los parámetros y conseguir que el modelo se ajuste a los datos presentes y al tiempo ofrezca unos datos esplendorosos sobre un futuro que sólo se aguanta sobre el papel. Ya ni eso se puede conseguir, y alguien ha tomado una decisión de gran calado, como es la de mentir pura y directamente, al estilo de lo que se suele hacer y continuamente algo más al sur.

Si esta información llega a trascender es de esperar alguna rectificación de la AIE, algún desmentido, una fe de errores que tratará de cuadrar lo incuadrable (pues para que no se observe la caída de la producción alguna categoría de petróleo tiene que aumentar su producción de manera poco razonable). A los técnicos que les toque arreglar este desaguisado me gustaría recordarles que, al final, alguien tendrá que rendir cuentas por esas manipulaciones, las cuales serán peores y más difíciles de hacer cada año que pase. Deberían pensar que, quizá, no les merece la pena jugarse su buen nombre, su honorabilidad y hasta su libertad por una causa que no sólo está perdida, sino que ni siquiera es justa.


Salu2,
AMT

jueves, 26 de septiembre de 2013

La buena dirección


Queridos lectores,

Últimamente estoy asistiendo a movimientos de ciertos colectivos (como Greenpeace o el CMES) que diagnostican con gran certeza la gravedad de la crisis energética asociada a la carestía y escasez de combustibles fósiles y de uranio, y que proponen un escenario fantástico, con grandes beneficios económicos y sociales, basado en la explotación de las energías renovables. La repetida afluencia de estos mensajes, avalados por extensos y aparentemente detallados informes, ha dado lugar a varios debates dentro de nuestra pequeña asociación, el Oil Crash Observatory (OCO). A muchos miembros del OCO, con quienes he debatido frecuentemente los datos que se aportan a lo largo y ancho de este blog, les causa extrañeza el simplismo de tales posiciones: quienes defienden de una manera tan entusiasta y acrítica las energías renovables casi nunca hablan de límites a su explotación, limitaciones de materiales o de capital, o de la baja TRE que tienen en algunos casos (que incluso sería menor en ausencia del petróleo). 

Sin embargo, otros miembros del OCO (posiblemente tantos como los anteriores) consideran que quizá quienes proponen estas "soluciones" - generalmente gente muy instruida y que conoce los problemas anteriormente descritos sin duda - están intentando conseguir un cambio político y que a pesar de lo conceptualmente erróneo de su estrategia desde el punto de vista técnico no dejan de ser pasos en la dirección correcta, en "la buena dirección". Incluso he llegado a oír decir a alguna persona a la que aprecio que quizá lo que debemos hacer es decir, o como mínimo consentir que se digan, estas mentiras piadosas; en suma, dejar que la gente crea que se va a poder mantener el BAU (cosa que sobradamente sabemos que es imposible) y mientras tanto se van haciendo las inversiones necesarias que, cuando se produzca la inevitable transición desde el modelo económico actual basado en un crecimiento indefinido ya imposible al nuevo modelo de estado estacionario, los medios para procurarnos energía estarán ahí para salvarnos del colapso (escenario completamente indeseable). Un reciente post publicado en Cassandra's legacy ha ido un poco más lejos aún: incluso aceptando que la TRE de las renovables pudiera ser demasiado baja para mantener una sociedad estructurada como la nuestra o que su dependencia de los combustibles fósiles no permite actualmente considerarlas una alternativa energética, la abundancia relativa que aún disfrutamos de petróleo debería invertirse en poner a punto estos sistemas que nos ayudarán en todo caso durante nuestra transición energética, y posiblemente por el camino diseñaremos los sistemas energéticos renovables que, ésos sí, permitirán a nuestra sociedad llegar a un estado sostenible.

Es notorio que yo pertenezco al primer grupo del OCO, y en numerosas ocasiones he expresado mis dudas sobre la viabilidad de las "soluciones renovables" que se plantean. Tal falta de fe en el nuevo paradigma renovable es vista desde algunos de los sectores proponentes como una desafección, casi como una traición, a una causa común; en alguna ocasión se nos ha llegado a decir que "contaminamos el debate energético", dando pues a entender que nuestra posición no es "pura"; en suma, que no aceptamos la posición ortodoxa que de algún modo debería ser la única que legítimamente podríamos adoptar. Peor aún, en las discusiones internas del OCO se ha llegado a plantear que a pesar de nuestras dudas tendríamos que hacer una apuesta inequívoca por estos modelos de sociedad basados en energía renovable, porque de otro modo, simplemente analizando y explicando las limitaciones de los sistemas de generación renovable igual que analizamos y explicamos las limitaciones de las fuentes de energía no renovables, estamos haciéndole el juego a las petroleras, que usan nuestros estudios y ensayos para tener aún más argumentos para atacar a las renovables en su afán de que nada cambie y seguir ganando dinero a mansalva hasta que todo reviente. En resumen: que siendo tan puristas estamos consiguiendo un efecto perverso y de alguna manera somos cómplices con la prolongación del actual sistema.

En realidad es lo contrario. Seguramente estos colectivos pro-renovables pretenden hacer eso: concienciar y avanzar. Pero la realidad es que no hay avance alguno y que esta dirección es completamente contraproducente. Sé que decir estas cosas no me grangeará muchos amigos en un campo que debería ser afín, pero a veces conviene aclarar bien las posiciones de cada cual para evitar acabar en sitios adonde uno no quiere ir en realidad. Yo no comulgo con este nuevo programa de progreso por tres motivos principalmente: de integridad, moral y técnico.

La primera cuestión es la integridad de quienes nos dedicamos al estudio y divulgación de estos problemas. Como científico mi opinión puede ser oída por mis conocimientos de tipo técnico, que yo debo aplicar neutralmente al conocimiento de la verdad y difundir el conocimiento que obtenga a la sociedad. La gente no tiene interés en saber qué dice el ciudadano Antonio Turiel, sino qué dice el científico Antonio Turiel. En tanto que técnicos tenemos que transmitir los datos de la manera más clara y honesta posible, evitando sesgos. Esto es muy difícil, e inevitablemente las opiniones y los prejuicios personales acaban produciendo cierto sesgo, aún cuando uno se esfuerce en evitarlo; el más obvio pero también el más sutil es el sesgo de agenda (hablar sólo de las cosas que a mi me interesa hablar). Por ello es importante mantener cierta pluralidad; por ejemplo, yo busco publicar en este blog posts de otras personas, incluso algunos con los que no estoy de acuerdo, con la única exigencia de que estén bien fundados argumentalmente. Del contraste y debate de opiniones bien fundadas técnicamente se puede construir una visión más clara y racional de la realidad, la cual ninguno de nosotros abarca, y sólo con la ayuda de todos podemos tener una buena estimación de dónde estamos y hacia donde vamos. Partiendo de esos postulados, los llamamientos a que nos apliquemos cierta autocensura, escondiendo o incluso manipulando los datos que muestran que las alternativas renovables no son tan buenas o factibles, chocan de plano con el rol que se nos supone. Si yo comienzo a deliberadamente sesgar mis datos induciré a la gente que confía en el juicio técnico del científico Antonio Turiel a adoptar la agenda política del ciudadano Antonio Turiel. Eso es claramente un abuso de autoridad, puesto que uno era solamente escuchado como referente técnico, y al proceder de esta manera lo que estamos haciendo es, simple y llanamente, engañando y manipulando. Desde la ética profesional tal actitud es inaceptable.

La segunda cuestión es moral. Si yo manipulo a la gente para hacerles creer que las cosas son mejores de lo que son, que se creará un montón de "empleo verde" y volveremos a ser ricos, a pesar de que los datos no apuntan hacia eso en absoluto, en el fondo me estoy arrogando una superioridad moral sobre aquella gente a la que manipulo. A veces he llegado a oír decir que la gente no es capaz de tomar las decisiones que más le convienen y que por tanto se les ha de conducir engañados por el camino a la sostenibilidad. Tal postura equivale a tomar al común de la ciudadanía por niños o por borregos, por personas sin criterio ni juicio propio; y que nosotros, los técnicos, los científicos, tenemos la responsabilidad y la obligación de decidir por ellos. Nuestra superioridad técnica, por tanto, se convierte en superioridad moral. El hecho de ser sumos sacerdotes de la religión civil del progreso (John Michael Greer dixit) nos da a los ojos de los feligreses de ese credo esa superioridad moral, y aquellos de nosotros que profesan esa misma creencia creen también que somos moralmente superiores y que no sólo tenemos el derecho, sino también el deber, de conducir a nuestro pueblo por el desierto de la transición a la tierra prometida de la sostenibilidad.
Sin embargo, no somos moralmente superiores, en nada lo somos. Somos humanos como los demás, con las mismas pasiones y pulsiones, virtudes y defectos. Yo no me siento capacitado para decirles a los demás qué es lo que tienen que hacer; yo sólo les puedo dar mis datos y mis opiniones, y después que cada cual, como adulto, decida. Que yo, Sumo Sacerdote del Progreso, me reconozca humano y limitado, y moralmente equivalente al resto de la Humanidad, es tomado por los más integristas de esa religión civil como una traición (lo decíamos más arriba: una desafección y una afrenta), y por eso mi veleidad de compartir el fuego del conocimiento con el resto de los humanos me hace impuro (contamino el debate energético). Quizá los zelotes de esta religión ruegan a sus dioses para que la ingeniería de regeneración celular con células madre avance lo suficiente como para que mi hígado se regenere eternamente y pueda así ser devorado por un águila (deseo seguramente compartido con los seguidores de un pequeño culto más afín de lo que se creen, el que venera al dios Tesla). Por concluir este punto, el mayor riesgo de esta visión extrema del intelectualismo moral es que cuando se verifique que nuestra ciencia y nuestra tecnología por humanas son falibles y que en todo caso no pueden transgredir los límites del mundo natural, ya sean los geológicos o los de la Termodinámica, las masas arrastradas por este culto se volverán contra él clamando venganza, y derribarán en turbamulta los moais de la Ciencia (ya se escuchan clamores contra otra antigua religión que mucho ha defraudado, la Economía).

La tercera de las cuestiones es técnica. Se suele argumentar que el futuro de la energía es la producción renovable, y estoy de acuerdo que así será, en un porcentaje mayor del 90%, dentro de cien años. Durante este siglo la Humanidad sufrirá un descenso progresivo de la disponibilidad de combustibles fósiles y uranio, descenso que en ocasiones se acelerará por el colapso de algún productor importante. Por poner una fecha, hacia el 2100 el consumo no renovable será marginal. Entre hoy y ese futuro que tendrán que vivir nuestros nietos, y si no se toman las medidas adecuadas, habrá países que colapsarán hasta la práctica extinción de sus poblaciones - justamente el tipo de cosas que queremos evitar y que es la razón fundamental de ser de este blog. Sin embargo, el hecho de que en un futuro no tan lejano dependamos de las energías renovables no quiere decir, en absoluto, ni que la cantidad de energía que extraeremos de ellas sea vagamente comparable a la actual ni que los medios de producción de energía sean precisamente los que se están postulando hoy en día. Dejando al margen el aprovechamiento directo de la biomasa, todos los sistemas de captación de energía renovable ponen su acento en la producción de electricidad, y todos ellos se basan en un músculo industrial, una capacidad de producción masiva de bienes y servicios, que se sustenta en las energías fósiles de hoy. Eso plantea multitud de serios inconvenientes. Por lo que respecta a la electricidad, los problemas son bastante serios. Hacer sistemas de almacenamiento de electricidad a escala masiva es bastante complejo, aparte de poco eficiente. La producción de electricidad a partir de las fuentes renovables es también poco eficiente (un aerogenerador aprovecha un 20% de toda la energía del flujo que pasa por sus aspas, una placa fotovoltaica típica de las actualmente instaladas un 15% de toda la radiación solar incidente, una central hidroeléctrica puede aprovechar un 30% de la fuerza mecánica del agua). Con los planteamientos a gran escala actuales, la producción de electricidad implica gestionar una red compleja, más grande y más compleja a medida que se produjera más electricidad renovable. No está garantizado el suministro de materiales críticos como el cobre. La conversión de electricidad a usos no eléctricos es muy difícil, en algunos casos casi imposible; y en aquellos usos más sencillos pueden aparecer muchas limitaciones técnicas, como las que aquejan al esperado y diletante coche eléctrico. Y todo eso sin contar con la larga discusión que se ha mantenido en este blog, dentro de la serie "Los límites de las renovables", sobre la incapacidad de los sistemas que actualmente se plantean, de llegar a cubrir más que una pequeña fracción de todo nuestro consumo de energía primaria (atención: de energía primaria, no de energía eléctrica). En realidad, todo el planteamiento de grandes instalaciones de producción eléctrica renovable construidas con una gran fuerza industrial apoyada en combustibles fósiles y orientada a la distribución sobre una gran red eléctrica no es más que la quintaesencia del BAU; una vez más estamos hablando de un modelo orientado al control económico de las grandes corporaciones que, cuando quieren, barren de un plumazo cualquier aspiración de autoconsumo o producción a pequeña escala. Es un modelo ineficiente, basado en el crecimiento, que implica un gran consumo de energía fósil y de materiales y que, simplemente, nunca pasará de un nivel muy lejano al del consumo total de energía actual. En suma, los grupos que promueven con la mejor de sus voluntades este tipo de sistemas están, ellos sí, haciendo la cama a grandes intereses económicos. Además, focalizar el esfuerzo inversor de manera decidida en estos sistemas que probablemente acabarán siendo inviables (por costes de operación y de materiales) en unas pocas décadas implica, entre otras cosas, un elevado coste de oportunidad (pues seguramente salía más a cuenta invertir en proyectos menos megalomaníacos pero más útiles para el largo plazo) y una gran pérdida de resiliencia (ya que los recursos se emplean en mantener unas infraestructuras que cada vez costará más mantener, hasta hacerlas inviables) en un momento de degradación de la capacidad de inversión. 


Igual que el economista clásico cree que el ingenio humano puede crear los recursos necesarios (cornucopia), el paladín de las renovables cree que el ingenio humano conseguirá indefinidamente sistemas de generación cada vez menos costosos y más eficientes (curva de aprendizaje). Ambas actitudes son la expresión acabada de un BAU que resiste a morir, y son ambas completamente infundadas, basada en una experiencia pasada de muy corto recorrido (150 años en el caso de los primeros, unas pocas décadas en el caso de los segundos). No existen fundamentos técnicos, científicos o lógicos que justifiquen ninguna de las dos hipótesis, ni la cornucopia ni la ilimitada curva de aprendizaje, y sin embargo se desdeña y ridiculiza a quien lo pone en cuestión.


El fanatismo en las posturas y la simplificación de las cuestiones complejas acaba llevando a plantear un debate sesgado, unidimensional: o se es partidario de las energías fósiles o se es partidario de las energías renovables de manera acrítica, con la actual configuración. Desafortunadamente el mundo es multidimensional, y hay otras direcciones en las que el debate puede moverse, ya que las dos propuestas dadas como alternativas no describen la realidad entera, y no son ni siquiera la mejor opción que tenemos. 

No todo es ceguera ni todo está perdido. A veces conviene recordar que hay economistas que se toman muy en serio las limitaciones de nuestro sistema actual, y que en sus trabajos y modelos integran el sistema económico dentro del sistema ecológico del que formamos parte, y así consideran tanto los insumos como los residuos dentro del valor económico; esta gente, todavía un poco marginalizada pero con un peso creciente, están poniendo las bases de la teoría económica de nuestro futuro. Del mismo modo existen, aunque pocos, partidarios de las renovables que comprenden que los actuales sistemas  son, como dice Pedro Prieto, sistemas no renovables de generación de energía renovable. Existen mejores maneras de aprovechar la energía renovable que la mera producción de electricidad a gran escala, y suele ser con sistemas que no requieren materiales complicados ni gran capacidad industrial; se trata de producir electricidad cuando sea necesario, y cuando no aprovechar más eficientemente la energía renovable con sistemas más sencillos y más eficientes, de alta TRE. Pero eso implica, forzosamente, una deceleración, puesto que la mayor causa de ineficiencia es la rapidez excesiva, el culto a la potencia que tan necesario es para mantener un sistema que todo derrocha. La apuesta por el BAU renovable es sólo otra distracción para intentar mantener la economía del crecimiento, por mantener esa potencia, ese derroche, cosa que no será nunca posible. Pero tenemos conocimientos técnicos y medios para conseguir mantener un nivel de vida semejante al actual, sólo que más lento. Lo que realmente nos hace falta es construir un sistema económico que no priorice la creación de valor, sino asegurar el bienestar a la Humanidad. El problema no es técnico: es social. Es por eso que tenemos que pasar de la idea a la acción.


Salu2,
AMT

miércoles, 3 de agosto de 2011

Positivismo, simbolismo, pensamiento positivo y pensamiento mágico

El rótulo dice en catalán: "Apretar para parar una guerra"

Queridos lectores,

Un rasgo característico de la sociedad occidental que hace más difícil intentar explicar una mala noticia como la que constituye la llegada del Peak Oil es el excesivo recurso al llamado pensamiento positivo (estaba pensando en poner un enlace aquí para explicar lo que es el pensamiento positivo, pero lo cierto es que internet está lleno de ejemplos, elija el lector el suyo). Según los abogados del pensamiento positivo, si uno decide tomar una actitud positiva en la vida y de cada situación es capaz de ver el lado positivo, entonces su situación personal mejorará inexorablemente. Lo contrario también sería cierto: si uno es un cenizo, entonces las cosas le irán cada vez peor. 

Lo cierto es que hay parte de razón en estos enunciados; así, si uno se esfuerza por conseguir algo es más probable que lo consiga que si asume que fracasará, y en este último caso la actitud  pesimista actúa como profecía autocumplida. Sin embargo, no se debe llevar demasiado lejos esta actitud, porque en vez de adoptar una actitud razonablemente proactiva y tomar las riendas de la propia vida se cae en un extremo pernicioso, el del pensamiento mágico. El pensamiento mágico consiste en creer que por el simple hecho de desear algo este algo se cumplirá. El pensamiento mágico en adultos es una expresión de infantilismo o de trastorno mental, ya que se basa en la incapacidad de comprender un mundo complejo y en el deseo irracional de que sea controlable de una manera simple, con palabras o acciones sencillas. Evolutivamente el pensamiento mágico es seguramente un gran paso adelante, porque introduce la idea clave de causalidad que permite empezar a comprender los mecanismos que rigen el mundo, aunque yerre en la atribución de las causas que corresponden a los efectos. Sin embargo, con el surgimiento de la Ciencia y, sobre todo, del método científico hemos aprendido cómo discernir qué es causa, qué es efecto y qué no está relacionado - no es casualidad que quienes se alejan de la Ciencia caen en la magia, la superstición y la superchería.


Y curiosamente en nuestra sociedad tan tecnificada el pensamiento mágico es rey, hasta el punto de que no lo reconocemos aunque nos asalte cada día en los detalles más nimios. Quizá parte del problema venga de nuestra relación con la tecnología, y quizá en parte de la necesidad sistémica de que los ciudadanos sean ignorantes y acríticos, que dejen de ser ciudadanos para ser meros consumidores... seguro que los comentaristas encuentras otras múltiples razones que añadir a éstas. Lo divertido del caso es que el pensamiento mágico suele introducirse a través del pensamiento positivo, llevándolo hasta un extremo absurdo del cual vemos ejemplos cada día en la televisión. Para añadir escarnio al insulto, en ocasiones se designa al pensamiento positivo por "positivismo", cuando el positivismo es prácticamente lo contrario (una escuela de pensamiento que afirma que el único conocimiento verdadero es el científico). A veces me pregunto si tal confusión no es precisamente buscada, un intento más de prostituir conceptos y confundir a la población...

Un ejemplo de ese tipo de pensamiento positivo que acaba siendo mágico, y en el que espero que los lectores reconozcan tantas y tantas iniciativas que nos rodean hoy en día, nos lo brinda otra vez la localidad en la cual resido. Hará un par de años, quizá más, apareció adosado a una pared del Ayuntamiento el interruptor que ven en la foto de arriba, junto con un cartel que dice: "Apretar para parar una guerra". La verdad es que nunca supe a qué respondía tal montaje; supongo que debe ser algún tipo de performance artística que contaría con el beneplácito del consistorio. Por lo menos, en contraste con lo que describía en el post anterior, esta obra de arte tendría seguramente un presupuesto modesto. Lo que me llamó la atención la primera vez que lo vi fue la ligereza tan estúpida y occidental con la que se trataba un tema tan grave como la guerra. Como si porque alguno de nosotros, apretando un interruptor, tuviéramos el poder de parar alguna guerra en algún rincón ignoto del planeta. Ya me imagino que la intención del creador de este montaje sería más bien hacernos reflexionar sobre la necesidad de tomar una parte activa para detener tantas y tantas guerras que están teniendo lugar en este mundo sin que nuestra opulenta sociedad de aquí se aperciba en absoluto, pero el simbolismo, por más interesante que sea en sí, no puede substituir a la acción. ¿Cuántas veces hemos vistos campañas bienintencionadas como ésta, pidiéndonos firmar o ejecutar de alguna otra forma poco onerosa y de escaso compromiso personal alguna acción de descargo de nuestra conciencia? Estamos tan acostumbrados a estas cosas, tan alienados, que llegamos a creer que estas actividades de pensamiento positivo tienen por sí mismas un efecto real (pensamiento mágico) y no sólo eso sino que además ésta es la única manera de reaccionar delante de estos problemas que nos transcienden en su enormidad. Acaba siendo un recurso facilón: alguien organiza no se sabe muy bien qué, pero que suena a comprometido, a positivo, y como borregos hacemos eso y sólo eso. Es cómodo y es nuevamente una delegación de nuestra ineludible responsabilidad personal a una autoridad demiúrgica infalible, omnisciente y benevolente.


Pero, hablando de simbolismos, hubo otra cosa que me llamó la atención, que sucedió unos pocos meses más tarde. Y es que el embellecedor exterior y el propio mecanismo del interruptor habían desaparecido, como refleja la foto que muestro arriba. No sé si algún vándalo lo arrancó, o si el Ayuntamiento decidió desmontarlo por algún motivo tras un plazo prudencial (aunque me llamó la atención que no lo terminaran de desmantelar completamente, eliminando rótulo y todo). El caso es que en la actualidad es un símbolo mejor que el anterior, porque muestra al tiempo de lo arriba comentado la inutilidad del gesto, vacío, sin mecanismo ya.


En el post anterior algún comentarista mencionaba que la actuación del Ayuntamiento de Figueres con la cubierta fotovoltaica de la Plaça de Catalunya era la correcta porque por lo menos apostaba por las renovables. Aparte de que es dudoso de que esa concreta actuación sea realmente una apuesta por la energía renovable (léanse los comentarios del post, que los hay notables y muy bien documentados), el problema es de nuevo conferirle demasiado poder a los símbolos. Los símbolos conceptualizan y sintetizan realidades vastas, complejas; de algún modo las resumen, al igual que la palabra "vaca" resume nuestro conocimiento sobre las características de ese mamífero, resumen que ya no hace falta repetir porque nuestro oyente, que comparte nuestro código, ya conoce. El problema comienza cuando se pervierten los símbolos y se pretende hacer creer que tienen un contenido que no es real. Pensar que cualquier cosa que suene a inversión en energía renovable es correcto porque en este momento de escasez energética lo que necesitamos son medios renovables es engañarse, y mucho; esas ideas pueden acabar siendo los coletazos mortales de una sociedad industrial que no es capaz de reponerse a la llegada del Peak Oil. No basta con invertir en energías renovables, hay que hacerlo con sentido y con intención de resolver problemas, no de agravarlos dilapidando los escasos recursos que nos quedan. Puestos a abusar de los símbolos, me quedo con este otro interruptor, que se encuentra en un edificio de la Rambla:



En catalán el letrero dice "Apretar para olvidar"




Lástima que como con su hermano del Ayuntamiento el mecanismo del interruptor también haga tiempo que se perdió.

Salu2,
AMT